Bueno. Aquí voy de nuevo. Con el ánimo por el suelo... Y tremendo desgano. Y haciendo tiempo mientras espero la S9... y trato de hacer una coherente S8 de todas mis anotaciones y capítulos a medio escribir en los que estoy trabajando muy de a poquito.

Ya les había advertido que esta historia era muy hurt/comf más tirando a drama, de modo que para aquellos lectores que se estén preguntando ¿cuándo viene lo bueno? ¿cuándo va a pasar algo?, les diré: falta bastante.

Aprovecho para agradecer a la gente que ha estado leyendo mis primeras dos historias. Espero que hayan sido de su agrado. Están invitados a dejar sus comentarios, aún si son negativos. Pero eso ya lo he dicho hasta el cansancio y ni yo misma sigo ese consejo. :)

¡Saludos!


Perfidia

Ejecutar un plan maestro de esta envergadura era un asunto delicado. Se requería planificación, logística, tiempo y en este caso en particular una infinita paciencia. No podía dar ni un paso en falso. Y si bien ya no respondía a esa chiquilla caprichosa de Lilith, no tenía dudas de que nadie mejor que ella conocía el cielo y el infierno y las intenciones y objetivos de ambos lados. Aunque estuviese muerta tenía que seguir el camino que le había marcado. Porque su voluntad era cambiar las reglas del juego, y esa era una idea terriblemente atractiva. Porque a Lilith no le faltaba inteligencia. Lo que le había jugado en contra era ese espíritu infantil que traía del Edén. Sus caprichos y debilidades lo habían arruinado todo. Pero él continuaría. Y aún más. Había mejorado los planes.

Había recibido mucha ayuda. De Gabriel más que de ningún otro. Él le había puesto las cosas mucho más sencillas. Erika aún no superaba su muerte, y para colmo, ahora había perdido al bueno de Cas. Y ella, una vez más, era uno de las principales eslabones de la cadena de incidentes que derivaron en esa pérdida. Sonrió para sí mismo. Se lamentaba de no poder enviar tarjeta de agradecimiento a ninguno de los dos. La culpa que Erika sentía la estaba corroyendo. Aunque no de la manera que él esperaba. Ella era increíblemente fuerte. Tenía un gran espíritu. No se doblegaba con facilidad. Ahora se veía como un obstáculo, pero Crowley estaba seguro de que sería el punto más fuerte sobre el cual apoyarse más adelante. Y era sin duda lo que la había traído hasta él. Tal como Lilith lo había dicho. Eso, y el instinto natural de desobediencia que habitaba en su sangre.

Disfrutaba de su compañía, más allá de que muchas veces le sacaba de sus casillas. Daba gusto trabajar con ella. Era un gran orgullo para él. Y a duras penas conseguía controlar el deseo de presumirla frente a todos. Pero no podía. Tenía que ser paciente. Tenía que resguardarla de sus enemigos, pero principalmente de ella misma. Erika era demasiado lista. Y tenaz. No le creía. Y no se rendiría hasta averiguar lo que tramaba.

Y ahora era el momento para cavar profundo. Ella estaba desbordada, y con la guardia baja. Porque cuando superase lo de Castiel, que sin duda lo haría, volvería a estar alerta. Pero no quedaba mucho por hacer. Solo aguardar el quiebre definitivo. Y ante semejante recompensa casi todo era tolerable.

Pero, ¿cuál sería la gracia de tener una dulce princesita obediente a su lado? Si hubiese sido así, él la hubiese descartado rápidamente por mero aburrimiento. Erika era eficiente pero también temperamental, desobediente, grosera, reacia e instintiva y todo eso era lo que él amaba de ella. Le entretenía los desafíos e interrogantes que le presentaba. Cada día era una caja de Pandora con esa muchacha.

Ella se veía a sí misma como una oveja descarriada. Los demás la veían de la misma forma. Pero Erika estaba lejos de ser eso. Ella era una loba feroz, hambrienta y peligrosa, suelta en mitad de ese rebaño al que creía pertenecer. Con la influencia correcta sería capaz de guiarlo o tal vez se las comería a todas.