Disclaimer: Una vez más, y empiezo a aburrirme de ello, One Piece no me pertenece. Ahora me iré a llorar a un rincón.

Esta historia, como me suele pasar, ha salido de la nada y se ha puesto muuuuy pesada con que la escriba. Como es corta, cuatro capítulos, he decidido hacerlo y aprovechar el tiempo que me dará (que coincide con el que tardaré en acabar de publicar "Vidas") para organizarme un poco y avanzar con mis siguientes historias ^^

Antes que nada, un par de cosas que quiero que tengáis en cuenta al leer:

1) Como la escribí antes de que saliera el capítulo 700, no sabía que Law nunca ha estado en Dressrosa, así que eso os lo podéis tomas como una licencia artística.

2) Aquí voy a suponer dos cosas con respecto a la relación entre Law y Doflamingo: la primera es que Law está con él desde muy pequeño (pongamos que desde la edad que tenía cuando Oda lo dibuja en esa preciosa imagen de los Supernovas de niños, unos nueve años), y la segunda es que lo que quiera que Doflamingo hizo para cabrearlo todavía no ha pasado.

3) Tened en cuenta que Law es un adolescente, y por lo que sabemos sus habilidades sociales no son muy normalitas (basta con ver sus modales xD).

Y, sin más dilación, dentro fic.


Parte uno: Iniciación

Trafalgar Law era un inteligente joven de diecisiete años que estudiaba medicina en una prestigiosa academia situada en una de las islas más grandes del North Blue. A Law le hubiese gustado estudiar en Drum, pero al rey de ese país se le había ido la cabeza y había decidido expulsar o asesinar a todos los médicos de la isla, así que Law había acabado en la academia.

Jodido loco ignorante.

Ese día Law estaba en su habitación, ignorando al estirado de su compañero de cuarto, que estaba alardeando de las maravillosas vacaciones que iba a pasar con su familia en una de las cálidas islas del sur del North Blue.

En la academia la mayoría de los alumnos eran niños mimados de familias ricas, y como Law nunca hablaba de sí mismo algún listo había decidido que el chico debía ser de una familia pobre que estaba haciendo grandes sacrificios para poder pagarle los estudios, así que toda esa panda de imbéciles había cogido como costumbre el restregarle sus maravillosas y privilegiadas vidas por la cara. Que Law no les contradijera los animaba a seguir, haciéndoles creer que tenían razón.

A Trafalgar Law, durante los días de clase, una de las cosas que más le costaba era contenerse para no mostrarles cuan equivocados estaban, por mucho que quisiera ver las caras de todos esos idiotas al saber que, mientras ellos se quedaban en aquel aburrido mar, Law iba a pasar las vacaciones en una isla tropical del Nuevo Mundo. Pero el chico sabía que los contratiempos que vendrían con que se supiera que era el protegido de un Shichibukai superaban a cualquier satisfacción que pudiera obtener de hacer callar a los imbéciles en ese momento.

Así que Law memorizaba sus nombres y caras y juraba que se vengaría de todos ellos, por mucho que para ello tuviera que diezmar la población de médicos del mundo. Tampoco sería una gran pérdida.

-Deberías cerrar la boca antes de que tu lengua sea amputada por error -le espetó Law al chico, consiguiendo que se callara inmediatamente.

Si Law se había ganado fama de algo además de pobre en aquel lugar, era de psicópata. Una reputación perfectamente comprensible después de que lo pillasen en un laboratorio vacío con un gato medio descuartizado en una mesa. Si no le hubiesen interrumpido el experimento, habría sido mucho más divertido.

Los alumnos decían que el director no lo había expulsado por pena, Law sabía que era más bien por miedo, después de todo el hombre sí que sabía quién pagaba su escolarización. Y puede que Law disfrutase un poco demasiado al recordárselo sutilmente cada pocos días.

Cerrando su maleta, Trafalgar Law se sentó en la cama que era suya por toda la duración del curso a esperar, pues sabía que no vendrían a por él hasta que todos sus compañeros se hubieran marchado.

-¿Qué pasa, pobretón? ¿Tus padres no tienen dinero para venir a buscarte? -Preguntó el otro chico, al parecer habiendo olvidado ya su amenaza anterior.

-Oh, nada de eso -respondió Law, fingiendo indiferencia. Entonces metió la mano en el bolsillo y sacó el objeto que había robado el día anterior de uno de los laboratorios. -Solo quería hacer un poco de repaso.

Al chico le faltó tiempo para salir corriendo al ver el bisturí y Law se echó a reír al ver la mancha que comenzaba a extenderse por sus pantalones mientras salía de la habitación a toda prisa.

Pasaron casi dos horas antes de que dejasen de oírse las voces de alumnos, padres y profesores por la ventana, y para entonces ya hacía rato que Law se había quitado los zapatos y estaba tirado en la cama releyendo uno de sus libros de texto.

-No pareces muy ansioso por irte.

Law se sentó de golpe en la cama, dejando caer el libro a su regazo y encontrándose de frente con el Shichibukai Donquixote Doflamingo, sentado en el alfeizar de su ventana.

-¿No sabes usar una puerta como las personas normales?

Doflamingo se rio.

-¿Y cuándo he sido yo una persona normal, eh, Law?

Law sonrió, cerrando el libro y echándolo a la maleta abierta.

-Pues también es verdad -concedió.

Doflamingo apoyó los pies en el suelo y se puso en pie dentro de la habitación, aprovechando que la academia era un edificio antiguo de techos altos. El hombre se acercó a él y le revolvió el pelo. Law se maldijo por haber guardado el gorro, por muy verano que fuera e hiciera calor.

-¿Qué tal todo, chaval?

Law se encogió de hombros.

-Bien, tengo las mejores notas del curso y no me he metido en líos.

-¿Y lo del gato? - Preguntó Doflamingo sin perder la sonrisa.

-Puramente por motivos académicos -respondió Law, demasiado acostumbrado al hombre como para inmutarse porque supiera lo que pasaba allí. -Me ceñí al material quirúrgico, si eso es lo que te preocupa –añadió.

Doflamingo estalló en carcajadas de nuevo y se dejó caer sobre la cama. Law aprovechó para volver a cerrar su maleta.

-¿Y qué es lo que te tiene tan cabreado? -Preguntó Doflamingo, serio de golpe.

-Nada -respondió secamente Law.

-¿Oh? ¿En serio?

-Son tonterías de críos, déjalo.

-Como quieras -accedió Doflamingo, poniéndose en pie. -Vamos, el barco nos espera.

Law asintió y cogió sus zapatos del suelo para ponérselos. Doflamingo se los quedó mirando, seguramente preguntándose qué hacía el chico poniéndose unos zapatos con cinco centímetros de tacón, por ancho que este fuera. Eran algo a lo que Law le había cogido el gusto hacía un par de meses y que había "olvidado" mencionar por Den Den Mushi. Finalmente debió decidir que daba igual y se giró hacia la puerta, saliendo de la habitación. Law cogió su maleta con una mano y lo siguió.


Al decir Doflamingo que el barco los esperaba, Law había pensado que, como en años anteriores, el hombre había venido a recogerlo con un navío de Dressrosa y parte de la gente a la que La conocía allí a bordo.

No se había esperado un puñetero barco de pasajeros.

Estuvo tentado de preguntarlo si había perdido la cabeza, pero entonces recordó con quién estaba y que probablemente Doflamingo nunca había tenido dicha cabeza en el sitio para empezar, y decidió dejarlo estar.

Siendo el tío pomposo y extravagante que Law conocía, Doflamingo había reservado la suite más lujosa de todo el barco, que tenía dos dormitorios innecesariamente recargados y provistos de enormes y comodísimas camas, y un espacio común amueblado como una sala de estar.

No había contado con algo así, pero Law supuso que le vendría bien. Después de todo, ese verano iba con un plan en mente, además de pasárselo bien y poner en práctica sus poderes en gente distraída.

Law dejó la maleta en la que sería su habitación durante los tres días que le quedaban al trayecto del barco, y decidió ponerse en marcha. Se planteó por un momento sacar el gorro y ponérselo, pero a Doflamingo parecía gustarle su pelo y tal vez eso pudiera jugar en favor de Law.

El hombre estaba estirado en uno de los sofás de la sala común de la suite, copa en mano, cuando Law salió de la habitación.

El chico se plantó juntó al sofá y esperó a que Doflamingo lo mirara, algo que no tardó demasiado.

-¿Pasa algo? –Preguntó, dejando la copa en una mesita baja cercana.

-Quería pedirte algo –respondió Law, forzándose a no sonar nervioso. Antes muerto que demostrar que le había costado tiempo decidir aquello.

Incluso tras las gafas, Law pudo sentir la mirada de Doflamingo instándolo a seguir.

-Desde hace algún tiempo me siento atraído por los hombres, pero como todos los que me rodean de normal son gilipollas no he hecho nada al respecto, y quería pedirte que me enseñes algunas cosas sobre ese campo.

Aquello sonaba razonable, ¿no? Law conocía lo suficiente a Doflamingo como para saber que al Shichibukai le iban tanto hombres como mujeres.

La propuesta no debió haber sido tan razonable, después de todo, porque Doflamingo comenzó a descojonarse pasados unos segundos de silencio.

Algo abochornado, aunque no lo admitiría ni muerto, Law se giró y fue a marcharse, pero un brazo alrededor de su cintura se lo impidió y se encontró a sí mismo sentado en el regazo de Doflamingo, que, aunque no tan escandalosamente como antes, aún se reía.

-No te ofendas, hombre –dijo Doflamingo, realmente divertido, y le pasó el otro brazo por los hombros. –Solamente tú podrías hacer sonar aburrida una propuesta tan tentadora.

Law fue a protestar, pero entonces cayó en lo que Doflamingo acababa de decir y cambió de opinión.

-¿Eso es un "sí"?

Doflamingo volvió a reírse.

Llevando una mano al mentón de Law, le ladeó la cabeza para mirarlo y, pasando el pulgar por el labio inferior del joven, preguntó:

-¿Te han besado alguna vez? Porque si lo han hecho voy a tener que rastrear al desgraciado y cargármelo.

Law negó ligeramente con la cabeza. Conocía bien lo extremadamente sobreprotector que podía ser el hombre sobre el que estaba sentado, y sino que se lo preguntaran al tío que había tratado de aprovecharse de Baby 5 el año pasado y casarse con ella. O a cualquiera de aquella ciudad, i a eso vamos.

-Bien… -murmuró Doflamingo, inclinando la cabeza hacia delante, y sorprendió a Law al capturar sin más sus labios en un lento beso.

Reponiéndose, el moreno trató de seguir los movimientos de los labios del rubio con los suyos, correspondiendo torpemente al beso, que fue aumentando en intensidad hasta que Doflamingo, llevando una mano a la cabeza de Law, le hizo inclinarla y con la lengua lo instó a abrir los labios, entrando a explorar su boca. Law se movió y las narices de ambos chocaron.

-Au –protestó el chico, separándose y llevándose una mano a la nariz.

Doflamingo se rio, frotándose distraídamente el lugar del golpe.

-No, desde luego no te habían besado antes –comentó, ofendiendo con ello a Law, que se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada.

-A ver si te aclaras: dices que si alguien me ha besado te lo cargas y luego te ríes de mí por no tener experiencia.

Sin dejar de reírse, Doflamingo le revolvió el pelo con una mano.

-Aw, no te enfades. –Y Law se estremeció cuando le lamió juguetonamente el lóbulo de una oreja. –Ya cogerás práctica –resolvió el hombre, llevando una mano al torso de Law y comenzando a acariciarlo por encima de la camiseta.

Law levantó la cabeza y volvió a besarlo, decidido a no darle ningún golpe esta vez. Moviéndose con cuidado, se colocó a horcajadas sobre el regazo del rubio, tratando de separarse lo menos posible y, mientras este seguía acariciándolo por encima de la ropa, Law comenzó a explorar tímidamente su pecho descubierto por la camisa abierta que llevaba.

Pronto Law se encontró sin aliento, aunque mucho más confiado en los movimientos de sus labios y lengua, besando a Doflamingo con ganas y tratando de ocultar en el beso los gemidos que las caricias habían comenzado a arrancarle. Cuando la mano del hombre rozó su miembro a través de la tela del pantalón, el moreno se encontró separándose e incapaz de contener el gemido más fuerte hasta el momento.

-Qué sensible eres –comentó Doflamingo, volviendo a tocar su hombría.

Law se mordió el labio.

Sin apartar la mano, y comenzando a trazar lentas formas sobre él, Doflamingo acercó de nuevo los labios a la oreja de Law y, tras volver a lamerla, habló:

-¿Vas a contarme ya lo que te tenía de mal humor antes?

-N-No… -jadeó Law, apretando con fuerza los hombros del rubio. Y ni siquiera le había quitado la ropa todavía.

-¿Seguro? –Insistió Doflamingo, sin dejar de mover los dedos.

-No era… nada… -Insistió Law, comenzando a mover las caderas contra aquella mano.

Doflamingo retiró la mano y cogió a Law de los hombros, levantándolo y, para sorpresa de este, dejándolo en pie en el suelo.

-Bueno, pues, vuelve cuando quieras contármelo –dijo casualmente, levantándose.

-¡¿Qué?! –Gritó Law, estupefacto.

Ignorándolo, el rubio comenzó a andar hacia la salida de la suite.

-¡No puedes dejarme así! –Gritó Law, siguiéndolo hacia la puerta.

Riéndose, Doflamingo la abrió, salió y volvió a cerrarla en la cara del chico, no sin antes dedicarle una sonrisa que decía a gritos "mira si puedo".

-¡Jodido cabrón! –La gritó Law a la puerta, dándose la vuelta para volver a su habitación.

El muy imbécil iba en serio, eso Law lo sabía, y no tenía la menor intención de ceder.

Solo era una tontería, y podía arreglárselas solo.

En los últimos años se había vuelto muy hábil con las manos.

Continuará