Hola, acá tienen el segundo Cap. Voy a tratar de actualizar seguido, quizás se me complique, ya qué el lunes empiezan las clases, y voy a tener qué esforzarme ya qué el año pasado me lleve muchas materias u_u

Les agradezco MUCHO a Renton-Torston, a Espartano y a Mileydiari por dejar Reviews (Sus Reviews me hacen feliz :D) y por tomarse el tiempo de leer mi Fic. También les agradezco a quiénes lo leen anónimamente, me hace muy feliz saber qué alguien lee lo qué escribo.

En fin :) , How To Train Your Dragon no me pertenece, pertenece a Cressida Cowell y/o Dream Works. Yo sólo me divierto escribiendo acerca de los personajes porqué no tengo vida social.

La secundaria.

Las lágrimas no son señal de debilidad.

Astrid se levantó de la cama refunfuñando, cómo todos los días. Recogió sus cosas e hizo lo mismo de siempre, bajó las escaleras, ignoró a su madre y salió a esperar el transporte qué la llevaría al lugar qué más odiaba, la escuela.

Al otro lado de la calle, en una casa pintada de blanco con tejas marrones de aspecto deteriorado, vivía Hipo Haddock, el joven castaño de ojos verdes era el vecino de Astrid.

Hipo recién se había levantando, estaba algo despeinado, pero ya estaba vestido. El castaño revolvía el desorden de su alcoba, buscaba su bolso, pero con libros tirados por aquí y por allá, ropa en el suelo y papeles revueltos no la hallaba.

-¡Aquí está!- Gritó victoriosamente cuando la encontró.

Bajó corriendo y al abrir la puerta vio qué Astrid ya se había subido al transporte y qué este se estaba yendo ¡Sin el! No pensaba ir caminando, llegaría tarde por décima vez en el mes, decidido a subirse salió corriendo detrás del transporte, tal cuál cómo lo había hecho el lunes pasado, todos se habían reído de el ¡Incluida Astrid, la chica de sus sueños! Aunque había llegado a tiempo, fue una escena embarazosa.

Finalmente logró alcanzar el transporte y subió a él. Buscó a Patapez, pero el joven robusto estaba sentado con Finna Leiffson, no iba a interferir entre ambos, Patapez estaba enamorado de ella desde qué ambos tenían memoria "Por lo menos el sí tiene oportunidad con la chica de sus sueños" Pensó Hipo. Decidió buscar un lugar vacío en donde sentarse, para su mala suerte, el único vació era al lado de Astrid.

-Hola, Hola, Hola Astrid- Repitió con nerviosismo.

-Hola Hipo, siéntate, está vacío. Brutilda hoy no viene a la escuela.-

Hipo se sentó al lado de Astrid, y con la mirada en el suelo comenzó a juguetear con sus manos. Astrid lo miró por un instante, volteó su cabeza hacía la ventanilla y trató de esconder su sonrisa. Hipo era torpe y despistado, pero todo eso de algún modo lo hacía ¿Adorable? Astrid últimamente pensaba bastante en él, y cuando lo hacía, todo lo demás le daba igual. Aquél lunes pasado comprobó qué sentía, algún tipo de afecto hacía Hipo.

El resto del día transcurrió normal, Patán coqueteando con Astrid, Astrid ignorándolo y golpeándolo. Astrid y Heather Arnar discutiendo, y por último, Astrid en detención por intentar golpear a la morena.

Cuando Astrid llegó a su casa vio un auto negro estacionado en la puerta de su garaje, maldijo, y divisó por la ventana a su madre abrazándose y riendo con él. La rubia se marchó de ahí inmediatamente. Hipo observaba la escena desde la casa de enfrente, el castaño salió corriendo detrás de Astrid.

La encontró sentada en el parque, bajo la sombra de un árbol con su cabeza escondida entre sus manos. Oyó un sollozo. ¿Astrid Hofferson, llorando? Eso era algo imposible.

Hipo se acercó a Astrid, la rubia levantó su cabeza y le dirigió una mirada con amargura.

El joven de ojos verdes se sentó al lado de la rubia, y esperó qué ella lo golpeara, pero para su sorpresa, ella no lo hizo. Sólo volvió a bajar la cabeza.

-A-Astrid- L a llamó Hipo.

-¿Qué quieres?- Contestó con un tono de voz tembloroso.

-No sé qué es lo qué te pasa… pero, quiero… quiero qué sepas, qué voy a quedarme contigo para consolarte hasta qué se te pase.- Ni bien terminó de hablar, Astrid se levantó y se echó a los brazos de Hipo. Astrid comenzó a llorar otra vez. Hipo jamás la había visto tan… vulnerable. La chica ruda de la escuela llorando en sus brazos, era una situación bastante extraña.

-Siento qué se olvido de papá.- Astrid rompió el silencio. –Lo está remplazando con él ¡Con ese maldito idiota!- Astrid se abrazó con más fuerza a Hipo, lo qué causo un ligero sonrojo de parte del castaño.

-Sé qué perder a un padre es difícil, yo perdí a mi madre, lo sabes. Y si de algo te sirve, yo estaré siempre… apoyándote, vivo en frente de tu casa, no estoy muy lejos.- La consoló.

-Debes pensar… qué soy débil por estar llorando cómo una idiota ¿Verdad?-

-No, jamás, Astrid, las lágrimas no son señal de debilidad.-

Astrid se separó de Hipo y se limpió las lágrimas.

-Gracias, por… estar conmigo…- Dijo la rubia con una sonrisa.-Se está haciendo tarde, vayamos a casa.-

Y dicho esto, ambos se levantaron y caminaron hasta sus respectivas casas. Hipo acompañó a Astrid hasta la puerta de su casa y se despidió haciendo un gesto con la mano.

-Oye, Hipo.- Lo llamó Astrid, Hipo se acercó, y la rubia le plantó un beso en la mejilla.- Eso… es por consolarme. Gracias.- Sonrió y entró a su casa. Dejando atrás a un aturdido y sonrojado, pero muy feliz Hipo.


Espero qué les haya gustado el Cap. Supongo qué voy a estar actualizando en la semana.