Aquí de nuevo gracias al reto de 5 Días Declaraciones Extrañas- Especial de San Valentín del Foro ¡Siéntate! de Inuyasha.

Uff el título es largo, en fin brevemente cuento de que se trata el reto: Escoger una pareja (SesshRin), nos dan cinco objetos (Manzana, Bufanda, Chocolate, Ropa Interior, Hechizo) mencionar uno por cada capítulo (Sip, serán 5) hacerlo durante cinco días seguidos (Empiezo hoy xD) y divertirse (yo me estresé escribiendo, Rin será la que se divierta acá)

Bueno habiendo aclarado todo les dejó mi fic y el bendito disclaimer donde digo que los personajes no me pertenecen sino a nuestra amada Rumiko Takahashi y su extraordinaria mente. Disfruten!

Manzana

Primera noche de luna nueva, y Sesshomaru volvía de nuevo al Sengoku. Aquello no podía estar sucediendo, era la quinta noche seguida y en total la décimo cuarta vez que regresaba a tierras humanas en lo que iba del verano y no entendía la razón por la que lo hacía.

"Mentira", su subconsciente le gritaba a horcajadas la respuesta a tan vaga insinuación de duda, inclusive era estúpido preguntarse por qué estaba en el Sengoku, sólo le bastaba girar su cabeza sobre el pueblo para ver una casa en particular y suponer quién estaba dentro. Intentó excusarse volviendo su cabeza hacia la luna nueva. Inuyasha es humano ahora, no hay quien la cuide.

"Mentira". Frunció el ceño nuevamente, desde que la Shikon no Tama desapareció hacía ya varios años, ni siquiera un insignificante demonio pasaba por la aldea; Inuyasha no era entonces su excusa perfecta. Ahora sólo le quedaba preguntarse por qué continuaba como un pútrido cobarde observando la cabaña desde la distancia; la respuesta era sencilla: quería verla. Sin embargo aquello resultaba un poco más complicado.

Hablar de cambios drásticos no iba con él; su semblante serio fue igual desde pequeño, su temple y agudeza para controlar sus poderes siempre estuvo a raya desde que tenía consciencia y su ímpetu de querer superar a su padre lo tenía arraigado desde hacía varios cientos de años; Sesshomaru no era una persona de cambios drásticos definitivamente… hasta Rin, y no por el hecho de cambiar su apreciación por los humanos, al menos sólo por ella, en tan poco tiempo sino por la serie de acontecimientos en los últimos dos años.

Su camino era largo, siempre lo supo y aunque Naraku se hubiese puesto en su trayectoria, aún su marcha por conquistar las Tierras del Oeste y Suroeste que pertenecieron alguna vez a su padre siempre fueron su objetivo principal. Pero desde hace varias lunas aquello había cambiado.

Lo intentó, definitivamente lo intentó: dejar a Rin para siempre y seguir su viaje como lo había hecho desde hacía décadas; pero fue simplemente imposible, cada cinco o seis lunas nuevas tomó la costumbre de visitar a Rin, era lógico, razonable incluso hasta algo detallista de su parte tomando en cuenta que a veces le llevaba algún presente. Sin embargo, aquella manía fue tomando poco a poco más su atención, desde el momento en que terminaba una batalla y resultaba asqueado de tanto grito de guerra y de tanta sangre que automáticamente volteaba su rumbo al Sengoku; poco después eso no era suficiente. Cada que reunía demonios y planeaba estrategias de guerra terminaba regresando a la aldea para corroborar si Rin estaba bien o para despejare de las horas que gastaba modificando una y otra vez su plan de batalla, excusas que a Sesshomaru le servían. Pero cada que miraba a la ya no tan pequeña Rin, lo único que lograba era un diminuto pensamiento en la mente, que le resonaba constantemente como espina en el corazón o como ruido sordo en la mente… ¿Qué era esa vaga sensación de querer retenerla con él?

Bien es dicho que si los problemas se evaden en el presente, se vuelven a topar en el futuro multiplicados y para Sesshomaru no era la excepción. ¿desde cuándo necesitaba una sonrisa? No tenía ni la más mínima idea… ¿desde cuándo necesitaba una voz? Ni siquiera se lo quería preguntar, ¿desde cuándo necesitaba? "Necesitar" era una palabra muy fuerte para un sentimiento, pero era lo único que cazaba como pieza en el rompecabezas de su ajetreada mente que se había vuelto a perder viendo la luna. El raciocinio no le alcanzaba a comprender la razón ilógica de por qué había decidido por cuenta propia no dejar pasar ninguna luna nueva sin ver a su protegida, a la niña que había dejado hacía cuatro años en el Sengoku y qué, por milagro aún lo recordaba, Pff ¿y como no recordarlo si sus visitas eran irracionalmente continuas?

-Sesshomaru-

Aquella voz lo sacó de su patética meditación que en situaciones anteriores lo había llevado casi al borde de la muerte al perder la concentración en batalla; y ahora, inclusive le había hecho disminuir los sentidos de tal forma que ni siquiera pudo advertir la presencia humana que se encontraba delante de sus ojos. Guardó la compostura y fingió calma mientras le lanzaba una mirada fría a la sacerdotisa que tenía enfrente.

-¿qué quiere?-

-curioso, yo te iba a hacer la misma pregunta- replicó la anciana Kaede mientras le sonreía, cuestión que ignoró totalmente el youkai.

-Hmp- su paso elegante se dirigió en camino contrario a la persona que tenía delante, pero una pregunta lo hizo detenerse en seco.

-¿no te la llevarás?- A pesar de que Sesshomaru no la viera, la dulzura en la voz de la señora podía denotar una gran sonrisa; aunque aquello sería antagónico, ¿acaso le pedía quitarle a su aprendiz, o mejor dicho, a su ahijada?

-yo no vine a llevármela- respondió secamente

-¿y por qué has venido todos estos días entonces?-

-no tengo por qué responderle-

-pero sí tienes qué responderte eso a ti- Su rostro monótono denotó exalto al escuchar las palabras de Kaede, ¿acaso había escuchado sus pensamientos? Imposible, sin embargo, aquella duda en su subconsciente la había estado evitando esas últimas noches…

-En mi opinión Rin es muy joven aún pero…- espero por unos segundos que Sesshomaru voltease a verla, no había que ser una sacerdotisa para saber que ni siquiera tuvo que esperar un segundo para la reacción de Sesshomaru.

-Lo mejor sería que te la lleves- Dicho esto le dedicó una sonrisa a Sesshomaru y volteó de regreso para el sengoku. El youkai estuvo a punto de preguntarle por aquella petición tan extraña pero su orgullo no lo permitiría y aunque lo negara aquella opción que la sacerdotisa le dio le cayó como agua en desierto pues un ímpetu impulsivo le indicó que fuese ya mismo ha llevarse a su protegida, pero tan pronto dio el primer paso, retrocedió cayendo en la cuenta que era medianoche y aquello era una demostración explícita de la "subyugación" hacia la persona que se había aparecido de la nada a decirle incoherencias que le habían turbado más la mente. Decidió esperar en uno de los claros de la luna dentro del bosque a que pasara la noche, convenciéndose a sí mismo una vez más que se la llevaba porque era lo mejor para ella… ¿o para él?

Por su parte, con su lento andar Kaede regresó tranquila a su casa, con cada paso que daba, poco a poco una lágrima resbalaba casi imperceptible por su mejilla. Sonrió para sí, ¿Qué era lo que le pasaba?, debería estar feliz, si sabía que su pequeña Rin siempre había querido irse con él, y ahora gracias a ella eso podía suceder.

Se limpió la lágrima que le llegaba hasta la barbilla con la manga de su kimono y vio una vez más la cabaña que compartía con Rin y que ya se encontraba cerca; levantó su rostro como la mujer fuerte que siempre había sido e intentó convencerse a sí misma que eso también era lo mejor, la decisión ya estaba tomada y ya todos lo sabían, sólo le había quedado hacérselo saber al aludido…

-después de todo… él la necesita más que yo- Su sonrisa se desvaneció completamente…

SxR

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-Y vino la bruja mala vestida como pordiosera y le ofreció una … ¡¿manzana?!- El grito ensordecedor de las hijas de Sango hizo que Rin votara el libro mientras Sango le gritaba a las gemelas que se taparan las orejas y arruyaba al bebé que se acababa de sobresaltar.

-¿Y ese libro de Kagome es para niños?- pregunto consternada Sango mientras lanzaba el libro caído con sus pies hacia una esquina de la habitación.

-Sí pero jamás pensé que fuera tan…-

-¡Mamá! Dime que no se murió- gimió Kaname que alcanzó a oír las últimas palabras de Rin, y su rostro amenazaba con empaparse de lágrimas.

-Etto, yo…- Pero antes de poder contestarle vio que Rin volvía a tomar el libro lanzado y rápidamente, tratando de evadir los dibujos que mostraban la manzana e intentando ver el final feliz logró encontrar la página que buscaba

-¡aquí está!... y la princesa fue despertada por su príncipe azul con un suave beso en los labios que rompió el hechizo de la bruja y así, encontrándose el uno al otro con la mirada, supieron que serían felices juntos por el resto de sus vidas. Fin.- La pequeña se limpió las lágrimas mientras volvía a sonreír lo que hizo que Rin y Sango suspiraran un poco tranquilas.

-recuérdame no pedirle más libros prestados a Kagome-

-descuida yo se lo haré saber personalmente- Dijo enfadada Sango mientras salía con las gemelas de la casa de Rin hacía la cabaña de su ya no tan querida amiga.

Ya una vez sola, se remitió a tirar inmediatamente el libro a la fogata de la cabaña, a veces Kagome podía ser muy imprudente. Debía ser conocido tanto aquí como en la tierra de Kagome que el comer una manzana te daba una de las muertes más horribles cuyo primer síntoma era la parálisis completa del cuerpo dejando a la víctima en estado vegetal a tal punto que poco a poco comenzaba el cuerpo a descomponerse llevando un proceso de putrefacción como si la persona en realidad estuviera muerta aunque no lo estaba.

¡Aquello era un hecho que todo ser humano conocía! Y mencionarlo siquiera era una blasfemia. Al parecer la última noche con las niñas había sido un fracaso pero de aquello Rin no se lamentaba mucho; es más, inclusive le daba cargo de consciencia pensar que en realidad ya no quería esperar ni un minuto más para que fuera la madrugada del día siguiente y así dejar el Sengoku; aunque en realidad todos en la aldea se lo habían hecho más fácil; nadie excepto Kohaku se había enojado o entristecido por la noticia inesperada de la anciana Kaede…

-Kohaku…- dudó por un segundo en salir de la cabaña para ir a buscarlo; después de todo, seguía siendo su mejor amigo; pero aquello no era factible, primero porque tenía que empacar todo lo que se llevaría con Sesshomaru y segundo, todavía seguía molesta con el chico por casi obligarla a que se quedase en la aldea y rebajarse a hablarle puras idioteces sobre Sesshomaru que si bien cuando comenzaba a hablar mal de él, Rin automáticamente se hacía la sorda cuestión que tomaba como costumbre con aquel chico cada vez que Sesshomaru se iba después de una corta visita.

Definitivamente eso sería algo que nunca comprendería de los hombres, o de los humanos por decirlo así, si es cierto que llevaba ya varios años viviendo en la aldea acostumbrarse a las personas a su alrededor era un poco difícil: entender a Kagome y Sango con sus conversaciones de adultos, o entender a Kohaku cuando ni siquiera él podía sostenerle la mirada, o siquiera hablarle a alguien de la aldea que rápidamente se alejaban de ella por la relación con cierto yokai y claro la "desgracia" que acarreaba ser aprendiz de sacerdotisa, por ejemplo, una de ellas consistía en conectarse con las almas del otro mundo, cuestión que resolvió Kaede argumentando que parte del poder del Meido Seiki que la revivió fue transferido a ella; en otras palabras, Rin era el fenómeno andante de la aldea.

Razones habían de sobra para que quisiera irse aunque no olvidaba que el grupo de Inuyasha la había sabido querer en ese tiempo.

-Rin, regresé- La pequeña salió de sus pensamientos para encontrar a una Kaede con un semblante triste falsamente disimulado por una sonrisa pero que, para una joven tan distraída como Rin, fue desapercibida aquella expresión.

-Ancianda Kaede, ¿en dónde estaba? Ya es de noche.-

-Terminando de atar cabos sueltos- Kaede fue directamente a acomodarse a la par de la fogata para resguardarse del frío invierno que amenazaba con cubrir el Sengoku pero apenas hubo colocado sus manos cerca del fuego notó un libro carbonizado que sirvió como madera.

-¿y eso?-

-Ah, es un libro que trajo Kagome de su época-

-de seguro te lo dio con mucho cariño, ¿y se puede saber cuál es la razón por la que esté allí?

-etto, trataba de una chica inocente…

-¿y eso qué tiene de malo?

-pues… comió… una manzana.- La expresión inmutable de Kaede se sobresaltó un poco al oír a su aprendiz pero, analizando de quién provenía el libro, solamente se limitó a sonreír.

-Parece que Kagome no sabe ser prudente aún.-

-creo que no- rió por lo bajo aún un poco temblorosa de sus palabras. –aunque al final la historia terminó bien-

-¿a sí?

-sip, al parecer con un beso se despertó la muchacha, aunque eso es ridículo-

-Emm ¿por qué lo dices?-

-no existe prueba alguna que un ser humano haya sobrevivido a la mordida de eso ¿verdad?

-en realidad…- Kaede se ruborizó un poco al recordar cierto hecho de su pasado cuando la inocente era ella y tuvo que ser abruptamente salvada por un hanyou novio de su hermana.

-¿anciana Kaede?.. –¿me escucha anciana Kaede?

-Ah, sí sí sí, lo siento Rin a veces una anciana se recuerda de los errores de su vida.- Movió varias veces su cabeza tratando de borrar la imagen mental de hace ya más de cincuenta años.

-Rin…-

-sí anciana Kaede-

-nunca comas una manzana…-

Continuará… obviamente :D arigatou por leer y más si dejas review ;) *¬*