Capítulo 7: Cornucopia de placeres femeninos

Martes por la tarde, me encontraba en la sala de archivos en el trabajo cuando mi brutal, teléfono del espacio sonó y vi que la pantalla decía: Edward.

Él había llamado el día anterior (obviamente tenía mi número ya que compró mi teléfono). Lo programé después de que llamó, y lo había hecho tarde, diez y media. Ya estaba en la cama leyendo o intentando leer y tratando de no estar decepcionada de que no hubiera llamado o alternativamente, enojada de que no lo hubiera hecho. Contesté pensando que no debería ya que parecía que él jugaba conmigo porque me imaginé que si llamaba tan tarde era porque, bueno jugaba conmigo.

Pero él no lo hacía. Lo supe instantáneamente cuando escuché el sonido del club en el fondo tan alto que apenas podía escucharlo. Y sus primeras palabras fueron una descripción breve pero concisa del hecho que había tenido, mierda viniendo todo el día y tenía poco tiempo para hablar en ese momento pero quería conectar conmigo. El factor gruñón de su voz estaba en los niveles superiores de mi limitada experiencia así que sabía que esto era frustrante como el hecho de que nuestra conversación actual tenía que ser corta, apresurada y por su parte, gruñida en voz muy alta.

Ahora era una hora y media hasta la hora de salida, ni siquiera veinticuatro horas desde su última llamada que en el Manual del Jugador Imbécil obtuvo penas severas a menos que no fueras un Jugador Imbécil.

Tomé la llamada, lo puse en mi oído y dije suavemente:

-Oye.

-Oye, nena—dijo suavemente de regreso y ese hormigueo golpeó mi espalda y se extendió hacia el norte de nuevo. Luego se detuvo cuando el preguntó bizarramente-: ¿Quién es Dick?

-¿Perdón?

- Dick. ¿Quién es él?

-Uhm… - murmuré, tirada por una pregunta que no entendía y que por lo tanto no sabía la respuesta.

-Vecino, nena—aclaró.

-Oh—se hizo la luz-, Dick.

-Si. Dick. ¿Quién es él?

De repente me pareció que nuestra conversación no era solo extraña sino divertida.

No compartí eso. Pregunté:

-¿Cómo conoces a Dick?

-No conozco a Dick pero eso no es sobre lo que estamos hablando, Estamos hablando sobre como tú lo haces.

-Es mi vecino. Vive al otro lado del pasillo—le expliqué.

- ¿Un amigo?

¿De qué se trata esto?

-Uh… no. Y ahora sé que tú no conoces a Dick porque si lo hicieras, no preguntarías eso. Ahora, ¿por qué estas preguntando acerca de Dick?

-Mandé una mierda (cosa) a tu casa. La última vez con el teléfono, envié a Kathleen. Ella entiende porque va pero tiene tantas cosas pasando, que a veces no presta atención a la mierda de afuera. Dijo que el sistema de llamadas fue reactivado y que solo siguió golpeando los botones del directorio hasta que alguien contestó y aceptó la entrega. Como estaba ocupada, no prestó mucha atención de quién lo aceptó. El chico que envié con la mierda hoy, hizo lo mismo pero él es un chico y para ciertas cosas, los chicos se preocupan más como por ejemplo este chico noto la cara de Dick cuando recibió esta entrega sabiendo que era para ti. Por suerte, un tipo llamado Charlie apareció cuando mi chico se estaba familiarizando con Dick, dijo que era el tipo de mantenimiento, tenía una clave de acceso y pondría la mierda en tu lugar. Le dijo a Dick que se largará y después de que Dick se fue, Charlie le dijo a mi chico que si él tenía más cosas para ti que no debería, bajo ninguna circunstancia, dárselas a Dick. Luego le dio sus datos de contacto así como una lista de personas en tu edificio en la que él debería confiar para tomar entregas. Mi chico me reportó esto a mí así que me gustaría saber acerca de Dick.

Dios, amaba a Charlie.

Y también me pregunté: ¿Qué mierda me estaba enviando Edward?

Me lo pregunté demasiado, claramente y lo supe cuando la voz de Edward vino a mí con impaciencia:

-Isabella. Infórmame de Dick

- Dick es esa carga que cada chica soltera que vive sola en un ligeramente sórdido complejo de apartamentos padece. Es el espeluznante, vecino fuera de forma que vive al otro lado del camino.

-¿Él te hace sentir incomoda?

-Uh…si. Es Dick.

-Entonces es tiempo de que Dick se mude.

Mi cuerpo se quedó completamente inmóvil pero de alguna manera me las arreglé para conseguir que mi boca forzará un:

-¿Qué?

-Es tiempo… que Dick… se mude.

Su voz suave y profunda no era firme.

Era acero.

-Edward—susurré.

Edward me cortó.

-Voy a enviar a un chico hoy para que comparta con Dick sus nuevos planes de reubicación. También voy a llamarte más tarde. ¿Cuándo se va tu último cliente?

Parpadeé repetidamente al alto, cuadrado mostrador donde hice mi catalogación y no hablé.

-Bella, nena, alguien me necesita. ¿Cuándo se va tu último cliente?

-Nueve, ella no se siente habladora—dije con voz entrecortada-. Nueve y media regularmente después de que ella comparte una copa de vino conmigo.

-Te llamaré después de las nueve y media. Hasta luego, nena.

Luego se había ido.

Dejé caer mi mano con el teléfono en el mostrado al que seguía mirando.

Dick tenía planes de reubicación porque a Edward no le gustaba que viviera al otro lado del pasillo de alguien espeluznante.

-Mierda—susurré.

-¿Qué?—preguntó Beth, una de las chicas de recepción, entrando.

La miré y susurre:

-Nada.

Me miró fijamente y luego se movió hacia mí y me miró más de cerca.

-Por Dios, Bella. ¿Está todo bien?

Y para que, en la agonía de una locura temporal comprensible, espeté:

-Tengo un nuevo novio. Es asombroso. Protector. Y da miedo. Y él regularmente me asusta al ser todos a la vez.

Su rostro se extendió en una sonrisa enorme.

-¿Tienes un nuevo novio?

-Un nuevo novio que es asombroso, protector y que da miedo. Sobre todo lo último una gran parte del tiempo.

-Genial—dijo como si no me escuchará o debería decir, ella me escuchó selectivamente.

-Beth, dije que él da miedo—le recordé.

-Amiga—dijo, moviendo su mano en el aire-, cuenta tus bendiciones. Cualquier tipo enganchándose a ti tiene que tener más que su parte justa de miedo. Él no lo hace, el nuevo tipo que da miedo, asombroso, protector va a robarte nada más, sacarlo de debajo de su nariz. Así que, mi consejo, monta el asombroso y protector e ignora al que da miedo. –Sus ojos se estrecharon-. A menos que… ¿él te hace cagarte de miedo?

Decidí dejar de compartir y empezar a mentir.

-No.

Su sonrisa regresó.

-Muy bien. Dile que tiene que venir y llevarte a almorzar. Avísame. De esa manera, puedo reunir a todas las chicas en la recepción para darle una buena nota y cuando vuelvas, entregaremos nuestro veredicto.

Desafortunadamente, mi boca decidió empezar a compartir de nuevo por lo que dijo:

-Él es pura cruda, belleza agresiva masculina de la cabeza a los pies.

Ella parpadeó. Luego sonrió con esa sonrisa enorme de nuevo.

Yo y mi gran boca.

Beth dejó algunos papeles en mi bandeja con una despedida de:

-Hasta más tarde, preciosa.

Luego se apresuró a salir para compartir el jugoso bocado de cotilleo que le ofrecí muy, muy estúpidamente.

Posterior a esto me puse a pensar en lo lindo que sería vivir sin el constante desasosiego de encontrarse con Dick en algún lugar del edificio y tener que encontrar una forma educada de salir de su presencia.

Luego me pregunte como el chico de Edward convencería a Dick de irse.

Entonces decidí no pensar acerca de eso.

Después de que lo hice, me preguntaba acerca de mi misma que no iba a pensar en eso cuando sabía que debía hacerlo. Y no solo eso, debería preguntarme acerca de un hombre que podría y haría las cosas que Edward claramente no tenía ningún problema en hacer.

Entonces alguien más entro y dejó un montón de cosas en mi bandeja de entrada así que dejé de pensar acerca de todo eso ya que tenía que ponerme a trabajar.

Después del trabajo, llegué a mi apartamento sin ningún encuentro con Dick. Esto no pasaba con frecuencia. Ni siquiera regularmente desde que Dick estaba dedicado a lo que fuera la mierda espeluznante que hiciera en su apartamento y menos dedicado a asustar a sus vecinos acechando en los pasillos o asustando a la población general de la ciudad al unirse a sus números. Pero aun así me consideré con suerte y de nuevo enterré el impulso de dar vueltas en mi cabeza al hecho de que mi nuevo novio iba a sacarlo de mi vida. Cómo iba a hacer eso. Como era eso moralmente no aceptable. Y el hecho de que mi nuevo novio claramente era mi nuevo novio y él ni siquiera me había besado aún.

Todos estos pensamientos volaron de mi cabeza después de que cerré las tres (dos nuevas) cerraduras en mi puerta y me dirigí a mi apartamento en búsqueda de la mierda que Charlie puso aquí de lo que el chico de Edward le entregó.

Entonces me congelé a medida que llegué a la par de mi sofá y vi la gran cantidad de bolsas brillantes en él.

Dicho sea, mi sofá era asombroso. Era estampado de flores, femenino pero era un estampado genial y ya que era la única cosa en la habitación que estaba florida, funcionaba (aunque el resto era bastante femenino). Como de costumbre, lo compré en una venta y como tenía un pequeño rasgón en uno de los cojines, el precio se redujo seriamente. Pero yo solo lo volteé y, ¡voila! Sofá perfecto.

Y en ese momento, era aún más perfecto cuando vi los nombres en las bolsas que estaban en mi sofá.

Entonces me empujé hacia el sillón, dejando caer mis llaves en mi de época, ovalada, blanca e impresionantemente astillada, peculiar mesa para el café (que sí, era totalmente de niña) que compré por tres dólares en una venta de jardín y alcancé la primera bolsa.

Saqué un paquete envuelto expertamente en un pañuelo de papel, cuidadosamente arranqué el pañuelo de papel y saqué un vestido negro, su fabricación tan lejos del poliéster o cualquier fibra sintética que era… perfecto.

Se sentía como lo que yo pensaba que el cielo se sentiría.

Cuando lo sostuve vi que parecía lo que un ángel usaría también, si tuviera su propio diseñador italiano personal, mostrara mucha piel, vistiera negro y no blanco y tuviera un mega estilo.

Sosteniéndolo contra de mí, lo alisé por mi frente mientras sentía mi nariz comenzar a picar.

Nunca había visto nada tan exquisito, tocado, sostenido y desde luego nunca, jamás poseído.

Luego lo puse cuidadosamente por el respaldo del sofá y me dirigí de nuevo a la bolsa.

Segundo vestido, uno de platino metálico. Sublime.

Tercer vestido, rojo. Perfecto e impresionante.

Después de colocar el vestido rojo en el sillón, fui por la siguiente bolsa.

Tres pares de calzado. Todas sandalias con tacones altos. Un par negro. Uno de platino y uno rojo. Los precios en las etiquetas no fueron arrancados o marcados y el par más barato era de setecientos cincuenta dólares.

Mi corazón que latía con fuerza, empezó a correr.

En la siguiente bolsa, tres hermosos guantes de noche. Uno de lentejuelas rojas, uno de perlas de negro azabache y otro de satén champán.

La bolsa a continuación, era más pequeña, con un montón de cajitas. En una de ellas, una colección de pulseras delgadas, todas con pequeñas cintas rojas. Otra de pendientes en forma de hilos largos mezclando cintas rojas con largos finos hilos de plata a juego con las pulseras. En la siguiente había, un collar de cadenas entrelazadas y collares de cuentas de azabache. Otros pendientes, que coincidían era una explosión de lo mismo. En otra cajita, una pulsera ancha con un intrincado y pesado broche, complicado, que era parte del adorno del cual colgaban decenas y decenas de perlas enredadas color semilla champán. Los últimos pendientes, eran largos y combinaban con lo anterior, cuando me los coloqué en la orejas estos rozaban mis hombros.

Y, por último, en la parte inferior de la bolsa del vestido, una tarjeta tamaño carta con barras negras de Edward, ordenante:

Elige uno, para el sábado. E

Mi nariz aun picaba, miré desde mi sofá la mesa del centro la cual estaba cubierta por la cornucopia de los placeres femeninos obsequiados por mi impresionante, protector y tenebroso nuevo novio que ni siquiera he besado todavía.

Luego, sin ganas, me dirigía mi cartera que estaba en el suelo, inclinándome, la agarré e igualmente sin ganas regresé al sofá mientras sacaba el teléfono. Una vez que mis dedos agarraron mi teléfono exageradamente caro, me deshice de mi barata (pero linda) cartera dejándola al lado de la cara y nuevo cartera mierda que Edward me había regalado. Entonces incliné mi cabeza y marqué su número.

Coloqué el teléfono en mi oreja.

La suave y gruesa voz de Edward me dijo al oído:

-Masen, deja un mensaje.

Y el mensaje que dejé fue suave y tembloroso:

-Cariño, ni siquiera me has dado un beso.

Luego, sintiéndome estúpida, asustada, eufórica, desconcertada y ansiosa no solo porque se sentía tan bien, a veces, aterrador, otras confuso, pero también ansiosa de que me hubiera dado tanto, no importa lo que era, no iba a la altura de la promesa que vio en mí, sonó el botón para desconectar y me quede mirando mi botín.

Después conteniendo el aliento y con cuidado, recogí todo para ocultarlo en mi habitación pero antes me comí un bocadillo, el anterior dueño adorno muy bien la casa, ya que vino amueblada, pintada de blanco, con un comedor peculiar que una amiga me dio cuando fue a vivir con su marido y él declaró que no se sentaría en ese comedor.

Estaba montando un elefante. Era blanco, su tronco y trompa.

Estaba en mi nuevo vestido rojo, en zapatos, brazaletes y estaba riendo.

Y en algún lugar mi móvil estaba sonando.

Abrí los ojos y vi oscuridad. Oí el sonido de mi móvil detenerse y miré parpadeando el despertador.

Eran las 00:13.

Entonces oí que tocaban el timbre en mi sala de estar.

¿Qué demonios?

Aparté hacia abajo el nuevo edredón con su patrón sutil y suave de flores. En parte somnolienta, definitivamente mareada en mí pijama de pantalón corto azul y una camiseta rosa fui a la sala de estar.

Encendí la luz del techo, agarré el teléfono de la pared que está al lado de la puerta y murmure:

-Lo…

-Bella, nena, he estado aquí cinco malditos minutos llamándote. Tienes que dormir como un tronco.

La respiración se me fue.

-Edward.

Parpadeé. Entonces me sacudí y apreté el botón en la parte de arriba.

Oí cuando la puerta se abrió a través del receptor y luego nada.

Coloqué el teléfono en su suporte y me quedé mirándolo.

No había llamado después de mi cliente. No había llamado entre los clientes. No había llamado para nada, ni siquiera después de haber dejado un mensaje. Esto fue decepcionante y un poco tenebroso. Pero tenía que dormir diciéndome a mí misma que mi día había terminado, porque claramente me demostraba que no solo era un día de diversión.

Y ahora él estaba aquí pasada la medianoche.

Aquí.

Ahora mismo.

Tomando el ascensor (quizás).

Me acaba de despertar, sin maquillaje y estaba en pijama.

¡Oh dios!

El pánico me paralizó al momento que un millón de pensamientos corrían por mi cabeza. Nada de lo cual me dio tiempo de hacer algo al respecto, como cambiarme, pasarme el rímel, cepillar mi cabello y/o los dientes o rociarme con perfume y lo sabía porque alguien tocó la puerta.

Cambié de pie mientras, miraba por la mirilla y observaba la cabeza de Edward inclinada hacia abajo mirando lo que pensé era el pomo de la puerta.

Traje, oscuro otra vez, esta vez con una camisa del color exacto de sus ojos.

Dios, Dios, era hermoso.

Otro golpe. Impaciente.

Salté, abrí el cerrojo, la cerradura del pomo se deslizó y dejé caer la cadena. Luego puse mi mano en la perilla para girarla, viendo como mi mano la abría.

Salté hacia atrás cuando la puerta se abrió y surgió a través de ella, Edward.

Levanté la vista hacia su rostro, al ver su intensidad instantánea y extrema, susurré:

-Mi amor, est..

No hablé más. Debido a que tenía sus manos acariciando mi mandíbula firmemente y tirándola hacia arriba hasta que estuve en las puntas de los dedos de los pies a la vez que su cabeza estaba descendiendo.

Entonces su boca tocó la mía.

Hice un ruido en la parte posterior de mi garganta, levanté las manos y enrosqué los dedos en la solapa de su chaqueta.

Su lengua chocó contra mis labios.

Mi boca se abrió dejándolo entrar.

Oh, sabía muy bien.

Gemí levantando las fuertes solapas mientras mis piernas se debilitaban y mi cuerpo se balanceaba hacia él.

Su lengua saqueó mi boca y no había otra palabra para ello. Eso fue todo, saqueado. Y así hizo esta deliciosa actividad en un beso muy húmedo, muy duro, muy largo, muy exigente y muy, muy impresionante.

Tanto así, que gemí en su boca, con una mano le quité la solapa para deslizar mis manos hacia arriba rápidamente, alrededor de la cálida y elegante piel de su cuello y en el desastre suave, grueso de su cabello. Apreté mi torso profundamente en el suyo lo mejor que pude, aún se mantenía en la chaqueta con sus manos en mi mandíbula.

Dándome otro beso, Edward tocó todo mi cuerpo con sus manos. Mientras me saqueaba la boca con su talentosa lengua.

Apartó su boca de la mía e hice un maullido de protesta porque no quería perderlo. Se había convertido en la razón de mí ser. Mi existencia. Al mismo tiempo, mis dedos se contrajeron en su cabello y lo empuje aún más en un esfuerzo no verbal para compartir este mensaje.

Sentí su cálido aliento en mis labios, que venía rápido, mis ojo se abrieron lentamente para mirar los suyos tan oscuros y hambrientos.

-Ahora que te he besado, nena, ¿te sientes mejor?—me preguntó, su voz áspera y tan… jodidamente… hermosa.

Me entraron ganas de reír, porque era divertido. También era dulce.

Pero no podía.

Solo pude aguantar y respirar:

-Sí.

Sus ojos oscuros miraban mi rostro, correspondiente a la intensidad de la humedad entre mis piernas y me preguntó:

-¿Al igual que los vestidos?

-Sí—repetí con voz entrecortada.

-Bien—susurró entonces, todavía en voz baja-. Tengo que volver, nena.

Parpadeé y mi mano se contrajo en su cabello de nuevo.

-¿Qué?

-El trabajo, Bella. Tengo mierda que hacer. No tengo tiempo, tengo su confianza, ahora tengo que volver.

No me moví, aguanté y le sostuve la mirada.

Me dejó estar un rato más antes de murmurar:

-Mi nena no quiere que me vaya.

No, no quiero

Yo no estaba de acuerdo con eso. Dejé que mi cuerpo hablará por mí y lo hizo al continuar aguantando sin moverse.

-Te lo dije, nena—dijo en voz baja-, cuando hablamos, te dije que necesitaría tiempo libre para estar contigo y tu dulce mensaje, no podía esperar, así que no lo hizo. Pero, maldita mierda, ahora, me tengo que ir.

Se había tomado su tiempo para llegar hasta el final solo por mí.

Dios.

Dios.

Eso me gustó.

Pero se tenía que ir.

Así que me separé, mis manos se deslizaron fuera de su cabello mientras le susurraba:

-Está bien, cariño.

Los pulgares de sus manos, todavía en mi mandíbula, barrieron mis mejillas. Luego se inclinó, deslizando su nariz a lo largo de la mía entonces se alzaron mientras bajaba la cabeza y me besaba la frente.

Incliné la cara hacia él de nuevo.

-Más tarde, cariño.

-Más tarde, Edward.

Sus dedos le dieron a mi cara un suave apretón luego soltándome, se fue.

Lo seguí, cerré las cerraduras, apagué la luz, dándole la espalda a la puerta y me quedé mirando la oscura sala.

Entonces envolví mis brazos alrededor de mi cintura y sonreí.

Enormemente.

Ojala les guste este capítulo :), como pueden ver nuestra protagonista piensa muuuuuuuuuucho y le da un millón de vueltas a las cosas ajajaja. A las que están esperando la reunión de nuestros personajes el próximo capítulo lo subiré entre el viernes y el sabado de la semana que viene así que paciencia :) un abrazo todas y ojala las más generosas me regalen algunos reviews.