Capitulo XII

Las dos caras de la moneda

Los ojos del antiguo jinchuriki del Shikaku se posaron sobre los dedos gruesos del raikage, que se enrocaban afanosamente sobre sus pequeños bigotes blancos y tiraban de la piel de sus mejillas, una y otra vez.

Tienes muchas agallas, niño. —el hombre esbozó una sonrisa llena de prepotencia. —Más que la mayoría de los que estamos aquí, me atrevería a apostar.

Gaara volvió a posarse sobre las manos robustas del comandante supremo de La Alianza, se habían contraído en dos puños que seguramente podrían engullir y triturar los suyos sin problema. Se fijo también en su mandíbula. Se había tensado al verlo levantar la mano por segunda vez, en señal de desapruebo.

El Kazekage nunca está conforme, había repetido, sereno. Pero algo dentro de él hervía, la sangre, el orgllo.

—Dime Ōnoki, ¿estás de acuerdo con el kazekage? —volvió a intervenir, apuñalándolo con sus pupilas negras.

El líder de Iwagakure se paró firme.

—No somos bestias, A. —dijo, frunciendo el entrecejo y dejando entrever claramente las líneas de que dividían su frente. — ¡No son animales los que están en las mazmorras! Repudio cualquier tipo de ejecución pública, ¡en especial esta!

—Son bestias, masacraron a mis hombres, ¡a los tuyos! No merecen ninguna clase de piedad de parte nuestra.

—Taka lucho del lado de La Alianza, merecen ir a un juicio justo. —Kakashi alzó su único ojo visible hasta enfocar el rostro del raikage. —El kazekage está en lo cierto al decir que es una medida peligrosa. No existe certeza alguna de la reacción que pueda generar un castigo tan drástico. En el mejor de los casos solo conseguiremos infundir terror.

— ¡La represión no trae paz! — Ōnoki aporreó la mesa con ambos puños. — ¡No voy a convertirme en otro Obito! ¡No voy a convertirme en otro Madara, A! ¡Y si está en mis manos impedir que tú tampoco te conviertas en esa clase de shinobi, seguiré firme a mi palabra!

Los dientes del raikage chocaron unos con otros en una rabieta efímera:

— ¿Entonces debemos dejarlos impunes? —protestó ante la insensatez que veían sus ojos. — ¿Es ese el mensaje que quieres enviar a todas las aldeas? Sometan, asesinen, traicionen… ¡Tu idea de paz es solo un ideal ingenuo, anciano!

—Se equivoca, el Tsuchikage está en lo correcto. El ideal de justicia del que habla no es más que venganza. —Los ojos del Raikage volvieron a desplazarse hasta encontrarse con el jounin de la hoja. —Pero si su intención fuera la de llamar la atención de Uchiha Sasuke…, probablemente estaría encaminándose por el sendero correcto. —El hombre contuvo la respiración, deteniendo el subir y bajar de su pecho medio descubierto. —Y de ser así —continuó, endureciendo las facciones a penas visibles a través de la máscara—, de lograr hacerlo reaccionar, de… traerlo aquí utilizando como cebo a sus propios compañeros, entonces el monstruo del que habla no sería otro que usted, señor.

—Este es el trabajo sucio que nadie quiere hacer, Kakashi, no la labor de un monstruo. Solo hago lo que creo mejor para La Alianza. Pensar con cabeza fría. —espetó, dirigiéndose a cada uno de los que ahí estaban con toda la diligencia que había estado a escasos segundos de perder. — Es lo que todos deben hacer. No fueron nombrados Kage para complacer a nadie, sino para tomar las decisiones correctas. ¡No pongan en duda el juicio de quienes los eligieron!

—El trabajo sucio que nadie quiere hacer… —Kakashi sonrío bajo la máscara, lacónico. — ¿Conoce usted quien fue Danzō Shimura? —Los ojos del kaminari de Kumogakure ensombrecieron. —Fue el hombre que dio la orden de exterminar al Clan Uchiha, pero también fue… el hombre que protegió Konoha desde las sombras hasta su último día. — Ōnoki entrecerró los ojos al punto de casi hacer desaparecer las pequeñas pupilas oscuras bajo sus parpados, perdiéndose en algún recuerdo suyo. Kakashi continuó: — Danzō creyó fuertemente en sus ideales de paz hasta el final, pero nunca vio más allá de lo que estaba frente a él; nunca bajó la cabeza para ver sobre cuántos había pasado para lograr mantener la paz. Una paz que nunca existió. Sasuke fue solo un daño colateral, un error que no previo y que al final le dio la vuelta a su propia juego.

—Obito fue tu compañero y Sasuke tu discípulo, —intervino, con la vista fija en algún punto muerto de la pared. — ¿realmente eres capaz de dirigirte a mí de esa forma y permanecer imparcial?

—Naruto también fue mi discípulo, no se olvide de él. —respondió. —Fue un niño marginado, y durante mucho tiempo ignoró la razón. ¿Qué culpa podía tener de llevar en su interior al monstruo que destruyo Konoha y mató a sus padres?, ¿Quién pensó alguna vez que sería ese mismo monstruo el que le ayudaría a ganar la guerra?, ¿Qué habría sucedido, raikage, si Naruto lo hubiese tratado como a una bestia y no como a un amigo? Ciertamente, las cosas habrían sido un poco diferentes. Piénselo un momento y dígame, ¿Qué habría sucedido si Danzō hubiese actuado de otra manera?, ¿Qué sucedería si usted decidiera actuar de otra manera?, ¿Qué sucedería si creamos otro error?

— ¿Esto es lo que piensa Konoha, muchacho? — Ōnoki preguntó, revestido de solemnidad y poniéndose de pie.

—No, Tsuchikage-sama, esto lo que han visto mis ojos, las dos caras de una misma moneda.

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—Has estado muy callado hoy. —El Uchiha frunció el seño ligeramente. —No tienes que explicarme porqué si no quieres, no esperaba que lo hicieras. —Sakura amagó una sonrisa. —Mira el cielo, parece que hoy tampoco dejará de llover.

Sasuke se giró para contemplar el cielo repleto de nubes grises, y se imaginó la brisa susurrándole al oído y golpeándole con fuerza el rostro; las gotas frías descendiendo por cada rincón de su cuerpo, hasta perderse y desaparecer. « La lluvia me hace sentir insignificante. » Recordó decir a Suigetsu en uno de sus escasos actos reflexivos. « Lo eres todo y a la vez nada. »

Se miró reflejado en el cristal de la ventana, y se volvió hacia su compañera otra vez.

Todo y a la vez…nada. —Sasuke permaneció bajo la lluvia en silencio durante un largo tiempo antes de volver a dirigirse hacia el espadachín: —Destruir Konoha lo es todo para mí, es la razón por la que Taka existe. —el shinobi de la niebla le miró con pesar, para después proferir una burla.

El moreno rabio en un gesto mudo.

No, no fue así como inició esto, baka. Hebi fue creado con el único propósito de destruir a Itachi, Hebi, no Taka; a Itachi, no a Konoha. ¿Ves lo que digo? Todo se vuelve insignificante al final. Eso porque somos insignificantes., nuestra existencia es insignificante. Nuestros logros se reducen a nada o son reemplazados por algo más cuando ya los hemos alcanzado, es inevitable. —Sasuke lo vio suspirar con resignación, como si la conclusión a la que había llegado resultara desagradable incluso para él. — ¿Qué sucederá cuando destruyas Konoha, lo sabes?

Sakura continuó observándolo mientras divagaba entre sus recuerdos, intrigada por el semblante de duda que lo había asaltado tan repentinamente. Los ojos calmos, el entrecejo ligeramente fruncido y lo labios semi abiertos.

Sasuke no era un hombre expresivo, pero le conocía bastante bien como para descifrar la mayoría de sus expresiones, todas similares. Pero habían detalles, pequeños, exiguos para la mayoría, que hablaban en voz alta sobre él.

Sasuke sentía miedo sin temblar, lloraba sin derramar lágrimas y reía sin curvar los labios. También sabía pedir perdón, a su manera, casi a rastras de su propio orgullo, y se arrepentía, en silencio, siempre en negación.

—Naruto vino a verte.

Detuvo el brazo justo a tiempo, dejando que sus nudillos a penas y le rozaran la nariz. Tardó varios segundos en reaccionar y volver a incorporarse.' Cuando salgas de aquí, teme…' El jinchuriki jadeó entre dientes, apretando con ambas manos la bata celeste que cubría su cuerpo, hasta conseguir levantarlo unos pocos centímetros de la camilla.

Golpéame, dobe. —Le instó, desafiándole con la mirada. —Si vas a golpearme, hazlo de una vez y lárgate, Sakura no está aquí, estás perdiendo tu tiempo.

El puño volvió a levantarse frente a los ojos negros del Uchiha:

¿¡Eres estúpido!? —el rubio se despeinó la melena con afán, apartándose bruscamente de la camilla, pero con las intenciones de golpearlo todavía latentes en su interior. — ¡No te mediste esta vez! ¿Y si no hubieras reaccionado a tiempo, qué habría pasado si no lo hubieses hecho? ¡Sakura pudo haber muerto y tú ni siquiera eres capaz de asimilarlo! —giró en círculos, oscilando los brazos en todas las direcciones. No podía calmarse, no podía bajar el ritmo de su cuerpo. — No es uno de ellos, Sasuke. Sakura no está contigo para cumplir ninguno de tus órdenes como si fuera un peón. ¿Cuándo vas a dejar de tratarla como si fuera inferior a ti?

¿Qué puedes saber tú sobre Taka para decir que ellos eran mis peones?

Sé que la atacaste para matar a Danzō, a la pelirroja, Kakashi-sensei me lo dijo. Si eso no es tratarlos como a un peón, entonces tú y yo tenemos conceptos muy distintos de esa palabra, teme. A los compañeros no se les sacrifica por beneficio propio .Dime, ¿es así como pretendes utilizar a Sakura? No debiste llevarla contigo, sé que algún rincón dentro de ti sabes que tengo la razón.

Fue a visitar su tumba. —entrelazó los dedos, pensativo. —La gratitud que Sakura pueda sentir por mi hermano no es algo que quiera quitarle… a ninguno. Lo que sucedió fue accidente, que nada tiene que ver con Taka o lo que quede de este equipo.

No soy tan estúpido como crees, sé que están tras de ti. No tienes que justificarte, no te estoy pidiendo que lo hagas, ni que me digas quienes o porqué. Solo quiero poder entender la razón por la que no la alejaste cuando por primera vez tenías un motivo real para hacerlo.

La burbuja de su tranquilidad se deshizo al recordar al rubio marcharse de la habitación sin intenciones de volver a dirigirle la palabra.

— ¿Por qué? —preguntó, aferrándose a los hombros del moreno con sus manos, frías, como todo dentro de la habitación.

Sasuke pudo sentirlas a través del material delgado de la bata de hospital. Temblaban como una hoja, esperando a que su respuesta no fuera nada por lo que lamentarse.

Se observó reflejado en sus ojos angustiados, pendientes de lo que los suyos tenían que decir. Amagó con apartarse, pero en su lugar se aferró con más fuerza. Otra vez el tacto de sus manos le erizó, los brazos, la espalda, la nuca. El hueco que había estado sintiendo en el estomago se amplió hasta convertirse en un abismo. Pero ignoraba que pudiera significar esa sensación.

Sakura se removió sobre la silla, arrepentida de su propia cobardía.

Sabía que debía ir tras él, y aún así no lo hizo. Le había dejado marcharse roto y arrepentido por haberse permitido hablarle de esa manera, haciéndole creer que no lo merecía cuando en realidad había sido ella misma quien le había empujado a los extremos de su propio juicio.

Se mordió el labio intentando contener las lágrimas.

Sasuke la observó mientras divagaba sobre su encuentro un poco más e, inseguro, palmeó su espalda. Tres golpecitos pequeños, casi imperceptibles.

Nunca he tenido menos motivos para hacerlo. —respondió. —Nadie podría haberlo dicho mejor que tú, Naruto. Sakura no es inferior a mí, ahora más que nunca la veo como a un igual, a su modo. Incluso tú dejaste de ser un debilucho hace mucho. —admitió.

El jinchuriki dudó de su palabra:

¿Qué es lo qué quieres, Sasuke?

—Naruto necesitaba saber la verdad. —Removió la mano de su espalda con más cuidado del necesario, y sostuvo su rostro delgado y frágil entre sus manos.

Nunca se le había dado bien consolar a nadie.

Sakura luchó por no romperse.

— ¿Qué verdad?, ¿Qué fue lo que le dijiste, Sasuke? Él no debía saber nada. —la angustia se hizo más visible en sus ojos.

El silencio reinó durante varios minutos. Sasuke sopesaba el alcance que podrían tener sus palabras de ahí en adelante, y la espina de la culpa se atrevió amenazar con atravesarle por la espalda.

Sin darse cuenta, se encontró a sí mismo cuestionándose sobre la verdadera razón de su actuar. No quería lastimarlos, a ninguno. Pero estaba claro que parte de la razón por la que había hablado no tenía beneficio más que para él. « Quiero salvar a mi equipo y a Konoha de La Alianza.»

No existía dentro de Naruto empatía alguna por Taka, y estaba seguro de que sus palabras no habían sido suficientes para convencerlos de que Konoha estaba en la mira de La Alianza por la razón que fuera. Pero había sembrado la duda dentro de él. Lo había notado en sus ojos, bajo todas las negativas, detrás de su buena fe en los demás.

En el fondo era consciente de que no existían motivos dentro de él para infundir una mentira como esa.

—Sé que quieres salvarlos, sé que esa ha sido tu prioridad desde que estas aquí —Sakura asió los barandales de la camilla con fuerza, desfigurando poco a poco el metal hasta convertirlo en una réplica de sus dedos. —, pero esta no es la manera. Ya has visto el alcance de La Alianza, sabes que debemos actuar con prudencia, ¿por qué complicar las cosas aún más? Naruto no tiene nada que ver en esto, el no puede hacer nada para traerlos de vuelta. Sasuke, está no es la manera de pedirnos ayuda…

Sakura continúo hablando, pero el moreno solo pudo recoger algunas frases cortas. La suya no era la solución, Sakura se lo había dejado claro, y de cierto modo lo sabía; que no podría con el raikage por sí solo, ni mucho menos con el ejercito Kumogakure y todos sus adherentes.

Debía dejar actuar, aquello lo habría sacado de boca de alguien más, estaba seguro, pero lo dejó pasar. «Kakashi sensei ha estado fuera desde que la guerra terminó, confía en él, no desmerites su trabajo.» Naruto ya lo había mencionado, pero en un tono distinto, libre de dudas y sospechas.

No eran reubicaciones ni nuevos tratados lo que lo mantenía lejos de casa, sino algo más.

Sakura despertó la duda en él.

Naruto gruño enseñándole los dientes:

Ganamos la guerra, juntos, los cinco países y cada una de sus aldeas. Todos perdimos algo allá fuera, Sasuke, nadie quiere que esto vuelva a repetirse. ¿Cómo esperas que desconfíe de las personas que cuidaron mi espalda? Ao-san, Inoichi-san, Shikaku-san, Bee-san…, incluso el anciano Tsuchikage. Ellos pusieron las manos al fuego por mí.

—Sakura—el tono de su voz descendió varios decibeles, hasta convertirse en un eco grave y profundo. La kunoichi atendió de inmediato, apreciando el daño que había ocasionado sobre el patrimonio del hospital con arrepentimiento. —, ¿qué sucedió con el Hachibi?

La pregunta surgió de pronto mientras continuaba recordando.

Aún desde la camilla, fue fácil distinguir la mueca de disgusto en el rostro de la pelirrosa. Naruto le había explicado, con pelos y señales, que Hachibi era solo el nombre genérico con el que habían designado a Gyuuki, el bijū que habitaba en el interior de Bee, y que la situación de Kurama y los restantes bijū era la misma; desde entonces se había encargado de hacérselo saber a todos, sin excepción.

—Merecen respeto. —recalcó.

— ¿Qué sucedió con ellos? Con Gyuuki, con Killerbee. —La pregunta fue reformulada de forma distinta, pero la intención permaneció igual.

Sasuke hizo especial énfasis en el nombre del bijū y su jinchuriki, fastidiado por el sermón que había recibido sin pedir.

Las verduras se desparramaron sobre la mesa y unas pocas cayeron al suelo, arrancándole un suspiro de resignación. Naruto se tumbó al suelo de inmediato, recogiendo una por una y revisándolas como si, en efecto, existiera la posibilidad de que alguna pudiera estar rota.

¿Quieres que cocine algo para ti, Sakura-chan? —le sonrió todavía bajo la mesa. —Ya sabes, me ha tocado aprender algunas cosas nuevas en el refugio. 'Hay que…variar de vez en cuando.' —se mofó, levantándose con cuidado de no golpearse la cabeza, y continuando su plática culinaria, sin salir del asombro. —No entiendo, podría comer ramen el resto de mi vida. No me molestaría, en serio.

Los mechones rosados se sacudieron por encima de su frente en una negativa.

Lamento que aún no te trasladen de ahí. —habló, sincera, pasando de largo la amena conversación que el rubio intentaba montar.

El Uzumaki se encogió de hombros, restándole importancia: —No es tan malo, Sakura-chan, de hecho me gusta la compañía. Muchos de los que están ahí son de otras aldeas, escuchar que están agradecidos con Konoha y con sus propios compañeros es agradable. —Los labios de la pelirrosa se curvaron en una sonrisa diminuta. —Hace unos días escuchábamos historias sobre Kumogakure y no pude evitar recordar el viejo Bee. No es que no lo haya olvidado, solo me sentí algo… nostálgico. Pasamos mucho tiempo entrenando juntos, y creo que, de cierto modo, me acostumbre a él. Somos amigos, ¿sabes? —afirmó, y la pelirrosa no lo dudó ni por un segundo.

Podrías hacerle una visita. —le ánimo. —Konoha no es un enemigo de Kumogakure, somos una alianza ahora. Está permitido. —Le tendió un pergamino que llevaba la caligrafía del antiguo sensei del equipo siete. —Vino a despedirse, hace dos días. —Naruto protestó sintiéndose olvidado. —Tsunade-sama lo envió de urgencia a reunirse con los Kages, esta era solo la parada más cercana. El pergamino lo dejó para ti —volvió a tender el rollo sobre sus manos. —, no he leído ni una palabra.

Sakura-chan, ¿qué tiene que ver esto con visitar a al viejo Bee?

La pelirrosa meneó la cabeza y se encogió de hombros en un movimiento pequeñito y sutil. Aún cuando había sido ella quien propuso al rubio hacerle una visita, esperaba que fuera Kakashi quien le acompañara. No contempló en ningún momento que su ausencia fuera tan larga, por lo que lo relativo al jinchuriki seguía siendo un misterio.

La puerta se abrió despacio, dejando asomar a penas la melena platea y la sonrisa oculta bajo la máscara.

Sakura suspiró derrotada:

¿Tsunade-sama lo ha enviado para saber si estoy bien? —el ninja hizo un ademan con las manos negando la suposición, y tomó asiento junto al comedor.

¿No vas a ofrecerle nada a tu viejo y cansado sensei? —volvió a sonreír bajo la máscara. —No estoy aquí para fastidiarte, Sakura, solo aproveche el momento para venir a despedirme.

La kunoichi colocó sobre la mesa una taza de té y unos cuantos bocadillos antes de empezar a hablar.

¿Despedirse?, ¿A dónde va?

El mayor sorbió un poco de té con calma y observó las bolitas de pulpo sin mucho ánimo. Le echó a un lado, sin intenciones de parecer descortés y se disculpo por su falta de apetito.

El raikage ha convocado a todos los miembros de La Alianza a una reunión muy importante, pero ya has visto nuestra situación, no hay forma de que Konoha pueda sostenerse sin su líder ahora, por eso me ha pedido ir en su lugar. Espero estar de vuelta cuanto antes, no me gustan demasiado tantas formalidades.

Lo hará bien, siempre y cuando no saque "ese" libro frente a los Kages. —Kakashi se hizo el desentendido y continuó sorbiendo el té hasta dejar la taza vacía.

No hablaron demasiado. Una ronda más de té fue todo lo que se extendió la pequeña reunión.

Hay algo que necesito pedirte antes de irme, Sakura. —el hombre extendió el rollo frente a la pelirrosa que asintió sin protestar. —Sé que te encargaras de cuidar de ellos mientras no estoy, aunque mi labor por sí sola no es que haya sido siempre muy eficiente. En todo caso, este equipo es… propenso a sufrir accidentes, y confío en que si algo sucede podrás hacerte cargo.

Creí que me pediría que entregara el pergamino.

Ah, esto. Es solo una tontería que le he escrito a Naruto para que no crea que me he olvidado de él. Asegúrate de entregárselo la próxima vez que venga a visitarte. Nos vemos, Sakura, procura salir de aquí de vez en cuando.

— ¿Por qué te preocupa Bee? Intentaste matarlo más de una vez.

—No me interesa Killerbee en lo absoluto. —aclaró. —Lo que me interesa saber es porque no-

El sonido de la madera cediendo con violencia se tragó las últimas palabras del Uchiha hasta convertirlas en un sonido apenas audible. Nada se estremeció, pero el entrenamiento recibido directamente de la sannin la llevó a abalanzarse sobre el moreno con el fin de protegerlo de algún objeto que pudiera caer sobre él.

La alarma del hospital se activo de inmediato, un pitido aún más agudo que el que ya emitían las maquinas. La electricidad falló por unos segundos y volvió a reanudarse con ayuda de la planta de reserva. El flujo de personal aumentó por los pasillos, pacientes alarmados, enfermeras tratando de mantener el orden y docenas de civiles llegando al edificio por información y ayuda.

— Sakura. —la tokubetsu jounin ingresó en la habitación sin anunciarse, empapada bajo el impermeable gris que goteaba a sus pies. —, ven conmigo.

.

— ¿Qué crees que esté haciendo ahora? —Jūgo cerró los ojos, tumbándose sobre las paredes húmedas de la celda.

Habían sido recluidos en una sección especial; un pasillo largo y repleto de celdas vacías, salvo por las del resto del ahora disuelto Taka.

Suigetsu se encogió de hombros desde la celda de enfrente:

—Probablemente esté menos aburrido que nosotros —respondió, volviéndose a sí mismo un charco de agua y dejando tendida sobre el suelo su ropa sucia y gastada. —, o quizá esté… —el shinobi de Kirigakure se calló de golpe, interrumpido por el miembro restante del antiguo Hebi: ¿Qué va a suceder con nosotros?

El espadachín de la niebla se lo pensó por un rato. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que vieron el sol por última vez? Echó un vistazo a las pieles pálidas de Jūgo y Karin en busca de una respuesta.

Nadie los visitaba ahí abajo, salvo para darles de comer y beber. Era una sección olvidada, incluso por los demás prisioneros. Suigetsu se preguntó si al menos ellos tendrían permitido ver la luz, o la lluvia…

—Nos podriremos juntos, Karin, creí habértelo dicho hace unas semanas. —Suigetsu se sonrió. — ¿Crees que cuelguen nuestras cabezas como trofeos, Jūgo? —La pelirroja le reprendió antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada. — Jūgo y yo nos ocuparemos de mantenerte con vida para que puedas encontrar a Sasuke y patearle el culo por dejarnos aquí, así que puedes estar tranquila. Tenerte con él otra vez sería como enviarlo al infierno… dos veces.

—Si pudiera estirar mis manos hasta tu maldito cuello, Suigetsu… —chilló, acomodándose las gafas para poder apreciar su rostro a penas sumergido sobre el resto de su cuerpo liquido.

— ¿Crees que esté vivo? — Jūgo se alarmó ante la posibilidad de su muerte. —Uchiha o no, con o sin sello maldito, esas heridas eran muy graves. Quizá por eso no esté aquí, los cadáveres van al cementerio, no a prisión.

Karin quiso intervenir por segunda vez, pero el sonido de las llaves metálicas inundó el pasadizo en su totalidad.

Una visita inusual.

Continuará.

Han sido tres largos meses desde la última actualización. Por una mano, me disculpo con aquellos que creyeron que abandonaría el fic, y por la otra, agradezco a los que aún siguen aquí a pesar de mis tardanzas. La universidad me quita mucho tiempo, y no puedo pasar todos mis ratos libres frente a la PC. Por supuesto, no significa que no me esfuerce en traerles cada capítulo tan pulcramente redactado como me sea posible.

Gracias otra vez, por sus reviews, por agregar a alertas y favoritos, etc. No estaría mal que continuaran haciéndome saber que le gusta lo que escribo, inspira muchísimo.

¡Nos leemos el próximo!

Gizetleo: Me alegra que te guste la historia y te agradezco el hacérmelo saber. Ojalá te guste este capítulo también. Gracias por tu review, cuídate.

UH25: Siento haber tardado tanto en actualizar, ojalá no hayas abandonado el fic. Gracias por tu review, ¡nos leemos!