Una celda y graves problemas

Christian estaba en el salón, buscando entre libros algo que ayudara a los reptiles a aclimatarse a zonas cálidas cuando sintió un apretón en alguna parte de su pecho. Asustado, buscó en el enlace mental a Miriam, pero no fue capaz de encontrarla. Buceó, y nadó más profundo en su mente, pero no era capaz de encontrar nada. Se levanto de un salto, rascando el parquet con las patas de la silla, y corrió hacia el balcón. Cuando llegó al borde, saltó, sin pararse a pensar en si llamaría o no la atención, y se transformó. Agitó las alas con fuerza, y voló a toda velocidad hacia el Instituto, hacia e portal, y hacia Idhún.


Los chicos se habían quedado dormidos cuando oyeron que la puerta de la celda se abría. Alec fue el primero en ponerse en pie, y cuando vio como empujaban a Miriam al interior del calabozo sin ningún tipo de cuidado, él corrió para atraparla y evitar que tanto ella como el bebé acabaran heridos. Antes de que besara el suelo, consiguió atraparla entre sus brazos y levantarla.

- ¿Estás bien?-preguntó él.

- Sácame el collar-gimió.

- ¿Qué?

- Sácamelo. El collar negro. Quítamelo-pidió. Tenía las manos atadas a la espalda, y Clary, tras ella, empezaba a deshacer el nudo.

Alec se apresuró a capturar la cadena y se la pasó a Miriam por la cabeza.

- Tíralo. Tíralo lejos.

Clary que había conseguido deshacer los nudos, dibujó un Iratze discretamente en la piel de las muñecas magulladas, y volvió a guardarse la estela en los pantalones. Miriam miró en derredor, buscando a alguien.

- ¿Qué buscas?

- ¿Han traído a alguien más? ¿Shail?

- No, estamos solos…

De repente, escucharon un grito, que resonó en las paredes de piedra. Miriam se encogió, y se deslizó hasta el suelo con cuidado.

-Esto es mi culpa-murmuró, llevándose las manos a la cara.

-No! Iz, dile que no es culpa suya!-dijo Clary.

-Miriam, está bien. No es tu culpa.

- Sí lo es, yo… ¿Habéis probado a abrir las puertas con una runa?

Jace asintió.

-Y también a reventar las paredes como hicimos con el barco de Valentine, pero nada. Se diluyen como agua. Es una auténtica mierda.

-Está bien. Bueno, escuchad. Esto es muy importante. No pueden saber esto-dijo, poniéndose de espaldas a la puerta de la celda y señalándose la barriga.

Alec alzó una ceja, confuso.

- ¿Por qué?

Miriam cerró el puño, y lo movió hacia delante, como si se clavara un puñal en el estómago. La mirada de todos se ensombreció.

- ¿Estás segura de que llegarían tan lejos?-quiso saber Jace, acariciando la daga que tenía entre las manos.

- Jace -suspiró Miriam-. No tienes ni idea.


-Mi señor Corvan. Tenemos información sobre los prisioneros.

- ¿Shail ha hablado?

- No, mi señor. Ha perdido el conocimiento, pero nuestros guardias han colocado una gema de roca maldita en el cuello de la mujer que venía con él, y por la forma con la que se ha resistido a ello, creemos que es una mestiza. O bien que está embarazada del shek. Lo segundo, majestad, parece lo más probable.

- ¿Embarazada? Que aberración. Comprobadlo. Si es cierto, hay que solucionarlo. La cria del unicornio se nos escapó en su día, pero esta no debe vivir.

- ¿Mi señor?

- Si está encinta, enviad un comunicado a las hadas. Ellas conocen métodos abortivos no letales para la madre. Después de deshacernos del problema, interrogaremos a la mujer. Si está gestando la cría del mestizo en su interior, sabrá dónde se oculta él. O, con un poco de suerte, haremos que él venga a nosotros-Corvan acarició su espada de roca maldita-. Solo habrá que saber tirar de las cuerdas apropiadas.

- ¿Y si se niegan?

- ¿Cómo?

- Las hadas. ¿Y si se niegan a proporcionar los remedios abortivos? Son criaturas consagradas a Wyna. Las hijas de la diosa de la fertilidad no dejarán que nos hagamos con ese tipo de información o que la empleemos.

Corvan sonrió.

- Si se niegan, quemad el bosque. Empezad por el este, y no paréis hasta que os den la información. Haremos lo que sea menester para parar esto. Al precio que sea.


Miriam se encogió sobre si misma en una esquina, al fondo de la celda, con los ojos cerrados, concentrándose en el vínculo con Christian, intentando encontrarle. Estaba temblando, aunque no tenía frío. Alec se le había acercado en algún momento y le había dicho que estaba haciendo fiebre. Que durmiera un rato, y que hiciera lo que pudiera por mantenerla a raya, al menos hasta que salieran de allí. Le habían aplicado Marcas analgésicas, pero un terrible dolor de cabeza se estaba fraguando en ella.

No conseguía encontrar a Christian. Una gota de sudor se le deslizó por la mejilla, y volvió a temblar. Sabía que el sueño era la mejor forma de aferrarse mejor al vínculo, pero era incapaz de dormir, no con tantos enemigos cerca, aunque tuviera a los chicos frente a ella como una barrera para protegerla. Su instinto no le permitía dormir. No podía bajar la guardia de esa manera.

Sin embargo, se dio cuenta de que estaba en un estado de vigilia cuando oyó que la puerta de la celda se abría, y Jace, Clary, Alec e Isabelle se ponían en pie y trataban de impedir que un par de soldados entraran. Como en un sueño, se puso en pie, y consiguió coger un arma del cinturón y gritar:

- ¡Ahora!

Los chicos sacaron las armas ocultas, y derribaron a los dos guardias del calabozo. Luego, corrieron hacia fuera, poniendo a Miriam en medio, y subieron las laberínticas escaleras por donde la nefilim les indicó, y cuando oyeron campanas sonar a lo lejos, y un chillido, se quedaron tiesos.

- No…

- Miriam los hizo apartarse y corrió hacia el fondo del pasillo, buscando una ventana. En cuanto accedió a la primera, se asomó, dejando medio cuerpo fuera, acabando de espabilar, y se quedó lívida. Un gran shek esmeralda volaba en eses hacia la fortaleza, y los arqueros de las almenas y las torres le disparaban sin demasiado puntería. El shek movía la cola, claramente furioso, y siseaba y chillaba. Miriam lo habría reconocido en cualquier parte, aunque solo viendo que se dirigía hacia allí de forma cuerda y voluntaria, tampoco había opción a que fuese nadie más.

- Christian, ¡no!


ejem... sin palabras. Siento haber tardado tanto.