ALUCINACIONES DE VENGANZA

Capítulo 1- Regreso a la torre.

Hola, vuelvo con un nuevo fic de los jóvenes titanes, espero que les guste. ¡Estoy muy emocionada porque al fin continuarán con la serie! ¡Abril te espero con ansias! ¡Dejen reviews y díganme si les gustó!

Los Teen titans no me pertenecen a mí, pertenecen a Warner Bros y sus respectivos creadores.


—¡Por fin en casa! ¡Hogar dulce hogar! —Chico Bestia acababa de entrar al living de la torre T, al parecer muy contento pues después de 3 semanas de vacaciones en Tokio extrañaba mucho sus videojuegos.

—Sí, es bueno estar de nuevo aquí, Bestita, aunque no les costaba nada limpiar un poco la torre a los Titanes del Este —dijo Cyborg dejando un par de maletas en el suelo, observando fijamente algunas bolsas de frituras en el suelo, un par de latas de refrescos cerca de la computadora y dos cajas vacías de pizza postradas en la barra.

—Más tarde la limpiaremos, ahora sólo quiero meditar un poco en mi habitación, créeme que no es tolerable un largo viaje, y menos con Chico Bestia molestando con sus "estupendos" chistes —comentó, con su tono de voz característico, una Raven que a la vista lucía cansada y por supuesto fastidiada por cierto chico verde ahí presente.

—Por cierto, ¿en dónde están Robin y Starfire? —cuestiona el mitad robot mirando hacia los lados, haciendose a la idea de que quizás esos dos tórtolos aún seguían en la nave T. Desde que se habían convertido en novios, se la pasaban juntos a cada momento.

—No lo sé, creo que se quedaron afuera, ya sabes, dándose sus besitos, diciéndose cuanto se ama... —pero el chico verde paró de hablar pues los aludidos venían entrando al living tomados de la mano.

—¡Que tal amigos! ¿No fue sorprendente nuestra visita a Tokio? —Starfire fue la primera en hablar con ese tono de alegría que tanto la distinguía de entre todos. Se le veía muy feliz, al igual que el chico con antifaz a su costado.

—¡Sí qué lo fue! ¿Vieron a todas esas nenas persiguiéndome?—el metamorfo hablaba con aire orgulloso, pero su orgullo cayó por los suelos cuando Raven le dio un golpe en la nuca. Éste solo se quejó con la hechicera: —¡Oye!

—Bueno pues fin a las vacaciones y hola al trabajo —el líder de los titanes, quien aún no soltaba la mano de su chica, ordenó con esa voz firme que solamente un buen líder podría tener.

—Viejo, solo deja que descansemos un poco —contradijo Chico Bestia bufando y dejándose caer en el gran sofá del centro.

—¿Robin, por favor, podemos descansar un poco? —ahora era la tamaraniana que replicaba en la sala, con una voz adorable, y con ese gesto en las manos que la hacían parecer la persona más tierna del mundo. El chico pelinegro sólo observó embelesado a esos ojos esmeraldas que tanto le atraían e hipnotizaban. No podía resistirse a lo que su novia pidiera.

—Está bi… —no terminó la oración. El sonido de la alarma resonaba en aquella habitación mientras una luz roja paseaba y pintaba el lugar de rojo momentáneamente. Los jóvenes héroes lo miraron esperando alguna respuesta pero él sólo se limitó a asentir.

Cyborg checó en unos de sus programas para saber quién era el responsable de activar la alarma, y casi con voz cansada mencionó: —Es Mumbo Jumbo.

—¡Titanes, vamos! —ordenó Robin corriendo hacia la puerta, seguido de él los demás Titanes le siguieron.


En algún lugar de la increíble cuidad, en uno de los departamentos impartidos en un enorme edificio, se podía encontrar a una chica que apenas se levantaba de su cama, estirando los brazos y bostezando mientras se adaptaba a la luz del sol que se colaba tras su ventana. Sus cabellos rubios y rebeldes se amontonaban en su frente molestando su vista, por lo que resoplo varias veces intentando alejarlos.

Presionó un botón en su despertador rectangular para que dejara de sonar, y cuando se disponía a ponerse de pie, escuchó como tocaban a su puerta.

—Puede pasar —contestó somnolienta. Alguien abrió su puerta lentamente, como si tuviera cierto vacilación sobre entrar al cuarto o no. Cuando el umbral quedó totalmente expuesto, la sonrisa de un hombre con traje formal se hizo notar. Su apariencia era entre los 40 años, con el cabello casi canoso, alto, de complexión fuerte, y con un parche en el ojo derecho seguido de una cicatriz que iniciaba más arriba de su ceja y terminaba en una parte de su mejilla.

—¿Cómo amaneció mi pequeña sobrina? —preguntó éste. Él se dirigió hacia las ventanas de la recámara y observó las débiles llamaradas del sol que apenas se presentaban en el cielo.

—Muy bien, tío, mejor de lo que dormía en el orfanato —respondió la chica, se quedó pensando por unos momentos, dudó en preguntar, pero finalmente habló sobre lo que tanto ocupaba sus pensamientos cada día: —¿Qué fue lo que pasó conmigo? ¿Por qué no recuerdo nada?

El hombre se quedó callado, tomó aire y trató de armar las palabras menos inquietantes en una oración: —Alex, paciencia, no es un buen momento para hablar de eso. Aún no estás lista. Ahora es mejor que te arregles para ir a la escuela, no querrás llegar tarde.

—Está bien —reprochó la chica y sólo se metió en el cuarto del baño preguntándose cuando sería el día que supiera quién era en realidad, o por lo menos qué sucedió para perder la memoria.


El crujir del hielo resuena en aquel cuarto gris y pacífico; segundos después se rompe y en lugar de aquella figura deforme de hielo, aparece una mujer delgada, de aperlada piel y cabello obscuro corto. Jadeante cae al suelo, desorientada, con una noción del tiempo perdida, y un fuerte vértigo.

Ésta observa a su alrededor moviendo su cabeza de un lado a otro, preguntándose en dónde se encuentra. El lugar es una clase de habitación sellada, muy pequeña a decir verdad, vacía a excepción de ella, y con la temperatura tan baja como si se tratase de un congelador. La mujer observa cautelosamente una cámara en la esquina del gélido sitio, y haciendo uso de sus poderes alarga una de sus manos hasta llegar a ella y arrancarla de golpe; de inmediato se escuchan unas alarmas avisándole que vendrán por ella si no escapa rápido de donde quiera que esté.

La fémina de inmediato trata de abrir la puerta y al paso de varios golpes logra destruir el candado digital de ésta. Sale corriendo lo más rápido posible, escabulliéndose por entre los pasillos, esos que no recordaba haber pisado nunca. Algunos guardias aparecen delante con la misión de atraparla y volverla a encerrar en su celda, pero ella los burla utilizando sus técnicas de combate, aún es poderosa, y siente que tiene la fuerza suficiente para utilizar de provecho sus poderes.

Se transforma en uno de ellos, es fácil pasar desapercibida pues los agentes tiene el mismo uniforme y cascos que no dejan ver el rostro. Busca la sala de controles para averiguar en dónde tienen a los demás de sus compañeros villanos, cuando obtiene la información precisa sale buscando las celdas que aprisionan a sus socios, no sin antes dañar el sistema digital para que algunos pasillos quedaran cerrados temporalmente y así evitar a los demás policías.

Llega a una puerta igual que la suya, no le cuesta tanto abrirla pues se había hecho con una de esas tarjetas especiales y algunos códigos que se encontró en la sala de comando. Observa a una figura cubierta de hielo y camina hacia ésta, aún sigue pensando que podría salir ella sola de esta prisión, y volver a su solitaria personalidad, pero vacila, un poco de diversión no es malo. —Cerebro —susurra y con un golpe certero el hielo cae hecho pedazos dejando ver a su antiguo compañero del mal.


Robin se dirigía en su moto al lugar acompañado de Cyborg en el auto T; Raven, Starfire y Chico Bestia sobrevolaban sobre ellos.

Cuando llegaron al banco observaron como el mago estaba dispuesto a irse con varias bolsas de dinero en las manos, mientras que algunos guardias de seguridad estaban tirados y encerrados en una jaula gigante para animales.

—¿Nos extrañaste, Jumbo? —mencionó Robin bajando de la moto, una vez cerca del villano sacó su boo poniéndolo en posición de ataque.

Mumbo al verlos lanzó uno de sus trucos pero los Titanes lo esquivaron fácilmente, el mago optó por distraerlos un poco y desaparecer, tomó algunas cartas de su sombrero y las lanzó en el lugar haciendo que no pudieran ver bien.

Las cartas cayeron y Los Titanes observaron a todos lados buscándolo, lo encontraron corriendo por uno de los edificios contiguos por lo cual salieron en su búsqueda.

Starfire lanzó algunos starbolts contra el mago pero éste le regresó unas flores con explosivos; Robin le lanzó un batarang pero éste le fue regresado con sólo mover un poco la vara del criminal, y aun así lo esquivó con dificultad.

Chico bestia convertido en un pterodáctilo llevaba en sus garras a Cyborg quien disparaba rayos sónicos desde su brazo a diestra y siniestra, pero cada vez que un rayo trataba de caer sobre el mago, éste se cubría con su capa protegiéndolo como un escudo.

Raven lanzó su hechizo e hizo que algunos tubos del agua que se encontraban en el techo de la casa lo atraparan sin poder zafarse, los chicos lo llevaron hacia abajo en donde se encontraba la policía y lo entregaron.

De regreso a la torre se encontraron en frente del lugar en donde siempre solían comer pizza, entraron y pidieron algunas, mientras platicaban animosamente cómo habían derrotado a Mumbo Jumbo.


Después de que Madame Rouge dejara libre a varios de los miembros del mal, salieron de aquella prisión encontrándose con el mismísimo Slade, al principio se confrontaron a él pensando que estaba ahí para volverlos a encerrar; pero resultaba que Slade había bajado la temperatura en la cámara de Rouge para que ésta pudiera romper el hielo y salir.

Aun sin creerle del todo terminaron haciendo tregua, congelaron a los policías y guardianes que custodiaban esas prisiones secretas y salieron huyendo a lugares diferentes pero con la idea de que cobrarían la venganza. Después de todo eso era por lo que el hombre de máscara bicolor los liberó.