CAPÍTULO 08

Serena estaba sentada en su sillón, esperando a que el reloj diera las cinco en punto.

Steven Alfa se marchaba todos los días a la misma hora, pero había dicho que aquella tarde iba a salir más pronto.

Darien la había estado evitando desde que volvieron de comer, y Serena se sentía aliviada y decepcionada al mismo tiempo. Aunque quería mantener las distancias, no podía olvidar el contacto de sus labios.

Cuando Steven salió de su despacho y cerró la puerta de golpe, Serena se llevó tal susto que estuvo a punto de caerse al suelo,

—Espero que tenga ese informe a primera hora de la mañana del lunes. Que haya pasado media tarde con el señor Chiba no significa que sea negligente en el trabajo.

Serena se puso roja como un tomate.

—Desde luego que no, señor Alfa. Pero no se preocupe por eso; me falta muy poco para terminar —dijo con voz temblorosa.

—Excelente. La veré el lunes.

Steven salió del despacho sin darle ocasión de decir nada más.

Ya sólo tenía que esperar un rato. La mitad de sus compañeros tenían horario de mañana y la otra mitad se marcharía en cualquier momento.

El teléfono empezó a sonar y Serena miró la pantalla del aparato, pero era un número privado. Se puso nerviosa y estuvo tentada de no contestar; a fin de cuentas, podía ser otra vez el periodista. Sin embargo, Jedite Anderson no era la única persona que tenía su número de teléfono.

Descolgó el auricular y dijo:

—¿Dígame? ¿En qué puedo ayudarlo?

—Hola, Sere.. Soy Mina. Yaten me ha pedido que salga con él...

—Vaya, me alegro por ti.

Serena fue completamente sincera. Mina llevaba varios meses intentando salir con Yaten y no lo había conseguido hasta entonces.

—No me esperes esta noche. Dudo que vuelva a casa.

—Ten cuidado...

—Ah, discúlpame por el desorden de la cocina. Anoche intenté preparar unas magdalenas, pero soy una cocinera desastrosa —le confesó—. ¿Te importaría limpiar un poco cuando llegues? Como te decía, no creo que esta noche vuelva a casa; pero siempre cabe la posibilidad de que Yaten y yo terminemos allí.

Serena había visto lo de la cocina cuando volvió a casa la noche anterior; pero estaba tan cansada que decidió dejar la limpieza para el día siguiente.

—Por supuesto. No te preocupes.

—Gracias, cariño. Hasta luego...

Serena colgó y se levantó. Había llegado el momento de echar un vistazo a la oficina para ver si ya se habían marchado todos.

Alcanzó su botella de agua, que estaba vacía, y se dirigió a la cocina para llenarla. Cuando terminó, se acercó al despacho de Darien y llamó a la puerta.

—¿Sí? —dijo él.

Ella entreabrió la puerta.

—Darien, el señor Alfa ya se ha marchado.

Serena se asomó un poco y vio unas piernas de mujer. Rei Hino estaba sentada en uno de los sillones.

—Oh, lo siento...

—Descuida, Serena, no tiene importancia.

Darien se levantó, le dio unas llaves y añadió:

—Si necesitas algo, llámame.

Serena asintió y cerró la puerta del despacho. Sentía una angustia tan intensa en el pecho que casi no podía respirar.

Volvió al departamento de contabilidad e introdujo la llave adecuada en la cerradura del despacho de Steven Alfa.

Las manos le temblaban y estaba muy nerviosa; pero su estado no se debía tanto al hecho de colarse en el despacho de Alfa como al ataque de celos que había sufrido al ver a Rei Hino en compañía de Darien.

Sabía que no tenía derecho a sentir celos. Ella no estaba saliendo con Darien; sólo se habían dado un beso y, desde luego, no mantenían ninguna relación.

Una vez más, pensó que los hombres como él eran para las mujeres como Rei. Un beso no significaba nada en absoluto.

Decidió entrar en el despacho de una vez, localizar los documentos que necesitaba y seguir con su trabajo. Cuanto antes terminara, antes se podría librar de Darien Chiba. Con suerte, el fin de semana serviría para templar sus emociones.

La mesa de Alfa estaba llena de documentos, y había cajas por todas partes. Serena abrió uno de los archivadores y empezó a buscar, ajena a los ruidos que provenían del despacho de Darien. Ni sabía lo que estaba haciendo con Rei ni lo quería saber; no era asunto suyo.

Una hora después, estaba agotada. Pensó que tenía que haber una forma más fácil de conseguir los datos y encendió el ordenador, pero su contraseña no servía para acceder a los datos que necesitaban.

Además de Alfa, el único que tenía la clave necesaria era Darien. Para pedírsela, tendría que ir a su despacho e interrumpirlo de nuevo, lo cual le desagradaba; sin embargo, no le quedaba otra opción.

Salió al pasillo y notó que la puerta del despacho de Darien estaba abierta. Cuando se asomó, no lo vio por ninguna parte y pensó que se había marchado.

—¿Querías algo?

Serena se asustó. Chase estaba dentro, aunque fuera de su campo de visión.

—Pensaba que te habías ido...

—No, sólo he salido unos minutos a acompañar a Rei. ¿No nos has oído cuando hemos pasado por delante de tu departamento?

—No, es que estaba trabajando...

Darien sonrió y la invitó a entrar.

—¿Has encontrado algo?

Serena respiró hondo.

—¿Tienes la clave de acceso al sistema informático de Alfa? He probado con la mía, pero no sirve.

—Sí, creo que sí. ¿Qué estás buscando?

Darien encendió su ordenador portátil.

Serena se acercó a la mesa, se detuvo junto a él y miró la pantalla del ordenador. Después, le dio las instrucciones necesarias hasta que encontraron lo que necesitaba.

—¿Puedes imprimirlo? —preguntó ella.

—Claro que sí. ¿Necesitas algo más?

Darien se recostó en el sillón y le rozó la cadera.

Serena se apartó un poco, nerviosa.

—Yo...

—Serena, no pasa nada. La gente se roza todo el tiempo y no significa nada en absoluto —le aseguró.

Las palabras de Darien no sirvieron para tranquilizarla. Efectivamente, la gente se rozaba todo el tiempo; pero ella sólo se excitaba cuando la rozaba él.

—Sí, tienes razón...

—¿Puedo hacer algo más por ti?

—Necesito los datos bancarios. ¿Sabes dónde los guarda Steven?

Darien se levantó y ella se resistió al impulso de apartarse otra vez. Pero esta vez no hubo ningún roce.

—Por supuesto. Te lo enseñaré.

Serena se quedó inmóvil, plantada en el sitio. Lo deseaba tanto que no podía respirar ni pensar con claridad.

—¿Serena?

—¿Sí?

—¿No íbamos al despacho de Steven?

—Ah, sí, claro... lo siento.

Serena se giró a toda prisa y trastabilló, pero darien no la tocó. Salieron al pasillo y se dirigieron al despacho del director financiero.

—Los tiene en uno de los cajones —dijo Darien.

Darien empezó a buscar y ella se mantuvo alejada, preguntándose cómo era posible que se hubiera encaprichado de un hombre como él. Cada vez que lo viera en compañía de una mujer como Rei, moriría un poco por dentro. Además, si seguía en aquella empresa, el capricho se convertiría en amor y su situación se volvería insostenible.

—Ya lo he encontrado...

Darien sacó unos papeles y se acercó a ella.

—Aquí los tienes. Creo que está toda la información que necesitas.

—Muy bien. Volveré mañana para terminar el trabajo —acertó a decir.

Ella sacó las llaves que le había dado y se las devolvió.

—Serena...

—No, por favor. No digas nada. No lo podría soportar.

Serena dio media vuelta y se marchó a toda prisa.


como se dieron cuenta fueron dos capis...todo se debe a que son muy cortos (ahora me explico porque me lo lei tan rapido en el hospital cuando estaba acompañando a mi mama jajajajaj)

asi que chicas con este me despido hasta unos dias mas ...

cada ves se va a poner emocionante :3

besos besos

fer