Capítulo 7

"Pie izquierdo"

Lunes 10 de Octubre de 2011

- Rach esperame – sintió como tomaban levemente su hombro izquierdo deteniéndola en la salida de aquella clase.

- Finn – saludó amigable – no te había visto.

- Claro que no… – rió por lo bajo – estabas muy distraída.

- Si bueno, no me gusta mucho la escuela… - comenzó a caminar – ¿me acompañas al casillero?

- Si… y te comprendo, a mi tampoco me gusta mucho la escuela.. me quedo con el fútbol.

- Tampoco es que me gusten los deportes – rió contagiando al chico.

- A mi se me da muy mal el estudio… - Rachel comenzó dejar y sacar libros de su casillero a su mochila – de eso quería hablarte – para ahora cuestionarlo con la mirada – he notado que aunque no prestes atención se te dan muy bien las matemáticas – ella asintió sonriendo – y yo que presto toda la atención posible, sigo sin entender… por eso quería saber si pod..

- ¿Querés que te ayude a estudiar? – cerró aquel pequeño rectángulo donde se encontraban algunas de sus cosas para mirarlo.

- Yo te pagaría – juntó sus manos en señal de suplica - ¿por favor? – plasmó su mejor cara de cachorro triste.

Rió levemente ante aquella expresión – No te voy a cobrar – comenzó a caminar hacia su siguiente clase debido a que el timbre acababa de sonar.

- ¿Eso es un si? – una gran sonrisa se dibujó en su rostro.

- ¿Qué te parece? – le guiñó un ojo.

- ¡Genial!, gracias Rach – elevó la voz para que ella escuchase en la puerta, una vez ella ya estaba dentro del salón.

- Nos vemos Finn – rió levemente mientras el chico se retiraba.

Todos los presentes observaron atentos aquella interacción.

En aquel mes, aunque ella no lo quisiese, se había hecho notar. Era la chica nueva, la única de último curso, que también había comenzado tres semanas después que todos los demás.

Ingresar al club Glee hubiese supuesto un suicidio social en cualquier alumno del McKinley, exceptuando a los populares, y mucho más en uno nuevo, pero en Rachel causó todo lo contrario.

Ella era la sexy y talentosa chica nueva que andaba todo el tiempo con Sam Evans, un integrante del equipo de fútbol, y novio Quinn Fabray, nada más ni nada menos que la chica más popular de la escuela, capitana de porristas, que justamente resultaba ser su prima.

Y ahora Finn Hudson, el quarterback del equipo también mostraba un especial interés hacia la morena.

Todos sabían quien era Rachel Berry, algo que para ella, no era nada agradable.

Lo único que quería era cumplir sus 18 años, pasar aquel último año de preparatoria desapercibida, y ser libre e independiente y poder vivir con Alex, como ya lo habían planificado, en Inglaterra o en Estados Unidos, daba igual.

El primer día de aquella nueva semana había terminado.

Sin dudas el peor día de la semana para Quinn eran los lunes. Era el comienzo de otra semana de clases, el final de los amados fines de semanas donde podía divertirse, pasar el rato e ir a fiestas con sus inseparables amigas, dibujar o leer, los cuales eran sus pasatiempos, o tan solo relajarse y perder el tiempo sin hacer nada en específico.

Ser la chica más popular de la escuela era una tarea agotadora, todas las miradas todo el tiempo recaían sobre ella, por lo cual siempre debía cuidar cada mínimo detalle.

Estaba obsesionada con ser perfecta ante los ojos de los demás, porque no podía permitir que lo que había sucedido hacía escaso tiempo volviese a pasar, que cada vez que caminase por los pasillos susurrasen su nombre a su espalda, hablando mal de ella. Esa era su peor pesadilla.

- Amor… – la saludó su novio dándole un corto beso en los labios sin obtener respuesta de la rubia quien no lo correspondió - ¿qué pasa?, ¿estas enojada?

- No – responde elevando levemente su brazo y saludando a sus compañeras que le sonreían y despedían de ella a lo lejos luego de aquel entrenamiento de porristas, el cual daba por terminado su día escolar.

- Bien, ¿querés ir a mi casa a pasar el rato? – tomó su mochila caballeroso.

- ¿Por qué no invitas a Rachel? – respondió claramente molesta aún observando como las pocas personas que aún permanecían en el instituto iban desapareciendo de la entrada del mismo.

- Entonces si estas enojada…

- Lo digo porque hasta corren juntos, ¿por qué no la invitas a tu casa a "pasar el rato"? – utilizó sus dedos simulando comillas.

Lo sabía, tarde o temprano Quinn iba a mencionarle aquel tema, el cual sabía que le molestaba en sobremanera. La verdad era que el hecho de que habían pasado más de 24 horas desde que se había enterado y no le había reclamado nada era realmente sorprendente – Mi amor no…

- ¿Por qué no me lo habías dicho? – no lo dejó terminar.

- Porque te ibas a poner justo como estas ahora – suspiró frustrado.

- ¿Cómo querés que me ponga? – no esperó respuesta - ¿feliz?... – ironizó - por favor, es obvio que quiere algo con vos.

- Si, quiere algo conmigo, quiere ser mi amiga, ES mi amiga – puntualizó.

- Claro, amiga… encima quiere jugar a dos puntas – se movió inquieta.

- ¿Qué? – ya estaba perdido.

- Eso, quiere con vos mientras tiene novio en Inglaterra.

- Ella no tiene novio, ¿de dónde sacaste eso?.

Abrió la boca por un segundo hasta que recordó como lo sabía - No importa… - le quitó importancia, ya que no podía decirle que prácticamente había espiado una conversación de su prima con el supuesto Alex y luego escondido en el armario de la misma para no ser descubierta - pero si lo tiene – volvió a lo principal.

- No, creeme que no lo tiene – aseguró.

- Claro. A vos no te lo dice porque le gustas, ¡todo tiene sentido! – dijo comenzando a caminar de un lado a otro.

La detuvo sosteniéndola por ambos brazos - Estás loca.. ni tiene novio ni yo le gusto.

- ¿Cómo podes estar tan seguro de que no le gustas? – Sam sonrió levemente para si mismo - ¿quién le gusta?

- ¿Qué? – abrió los ojos sorprendido por la pregunta, la suelta y aparta la mirada.

- Vamos Sam, esa sonrisa boba te delata, si estas tan seguro de que no le gustas es porque sabes quien le gusta – No entendía como era que después algunas personas, específicamente morenas y petizas, le decían que era hueca.

Él solo conectó sus miradas y afirma - No te puedo decir.

- ¿Por qué no? – estaba molesta. Si es que aquello era verdad, necesitaba saber de quién gustaba Rachel, si no, no lo creía.

- Así como vos no me decís las cosas personales de San o Britt, yo no puedo decirte las de mi amiga – explicó sereno.

- Tiene razón – sabía que aquello era lo que cualquier buen amigo debía hacer. Ella nunca iría por ahí contando los temas personales de sus amigas con su novio o quien sea, pero en aquel momento no sabía por qué, pero no le importaba, ella necesitaba saberlo - dale amor – se acercó insinuante - ¿por favor?

- No puedo, perdón… – se mantuvo firme – preguntale, es tu prima, te va a decir.

- No lo creo.

- Ya lo hablamos y no tiene problema de decírtelo.

- Sería algo incómodo, no es que tengamos la mejor relación – comenzó explicando su hipótesis - ¿qué querés que haga?, ¿que me acerque de la nada a preguntarle tal cosa cuando casi ni siquiera nos hablamos? – rió nerviosa.

- Entonces creeme cuando te digo que solo somos amigos – Quinn abrió la boca con intención de continuar hablando pero Sam rápidamente borró la brecha que separaba los labios de ambos impidiéndoselo. Le gustaban aquellos celos repentinos que en el último tiempo habían invadido a su novia. Ella nunca había mostrado ningún indicio de celos en aquel corto tiempo el cual llevaba su relación y el hecho de que ahora si lo hiciese le alegraba, le hacía sentir que la rubia realmente lo quería y no lo quería perder.

Aquel beso solo duró unos segundos, segundos en los cuales Quinn no cerró los ojos, segundos en los cuales lo único que pudo hacer fue mirar confusa hacia un lugar no muy lejano a ellos, sin poner mucho esfuerzo en el leve movimiento que apenas alcanzaron a realizar sus labios. La había visto, mejor dicho los había visto en el preciso momento en que Sam juntó sus labios con los de ella.

Rachel estaba hablando y riendo con Finn a pocos metros de ellos. Él la estaba tocando, con sus enormes y toscas manos le estaba tocando el hombro – Estúpido… ¿te queres tirar a todas las chicas de la escuela?...– dió por terminado aquel breve beso ahora volviendo la vista hacia su novio – me voy… después seguimos hablando del tema que por besarme no haces que me olvide – le sonrió golpeando levemente su hombro para comenzar a alejarse rumbo hacia los dos morochos.

Sam rió ante lo dicho por su novia – Al menos tenía probar… además extrañaba tus labios – gritó viendo alejarse a la rubia. Su sonrisa solo duró un segundo, hasta que visualizó hacia donde ella se dirigía.

Decidida, así caminaba Quinn. Estaba decidida a alejarla de aquel idiota.

Solo tardó unos segundos en llegar a donde ellos se encontraban – Vamos Rachel – la tomó por el brazo comenzando a arrastrarla hacia el estacionamiento, en dirección hacia su auto.

- ¿Qué haces? – cuestionó claramente molesta soltándose del agarre.

- ¿Qué te pasa Quinn?, ¿no ves que estamos hablando? – llegó Finn con el ceño fruncido hasta las primas.

- Ya nos vamos – explicó a su prima cruzándose de brazos e ignorando al chico.

- Estoy hablando con Finn, ¿no podes esperar dos minutos?

- No.

- Yo te estoy esperando hace dos horas ¿y vos no podes esperar dos minutos a que termine de hablar con él? – Ella había tenido que esperarla durante el entrenamiento de porristas ya que iban y volvían juntas al instituto en el auto de Judy, que utilizaba siempre Quinn.

- Me estoy yendo – subió al auto.

Rachel estaba claramente molesta por la actitud de la rubia, cualquiera que viese su rostro en aquel momento lo hubiese notado, y Finn no fue la excepción - Rach, yo no tengo problema en llevarte – se ofreció.

- No, está bien Finn, nuestras casas no quedan para la misma dirección, después arreglamos bien lo del jueves – se despidió con un beso en la mejilla.

- Como quieras – le sonrió ya alejándose – nos vemos linda.

Quinn enciende el motor, ante aquel "linda" por parte del chico, aumentando la molestia de la morena, quien rápidamente sube por la puerta del copiloto ocupando su asiento en el auto sin dirigirle la mirada.

Aquel viaje de regreso a casa le había parecido más largo de lo usual, aunque no en tiempo, porque habían demorado lo cotidiano. Aunque no se llevasen del todo bien, acostumbraban a hablar durante aquellos cortos viajes para pasar el tiempo.

Sin embargo en este no. Ninguna pronunció palabra alguna. El auto se había fundido en un incómodo silencio, que sumado a la indiferencia mostrada por parte de la morena empezada a poner nerviosa a la rubia.

Lo había hecho sin detenerse a pensar y ahora que si lo hacía, claramente sabía que lo que había hecho estuvo realmente mal y fuera de lugar. Finn ya no era nada suyo, no podía hacer ese tipo de escenas, no debía. No sabía por qué la había hecho, porque creía estar completamente segura de no tener más sentimientos hacía aquel chico, aunque ahora ante aquella extraña e inconsciente reacción, comenzaba a dudarlo.

Cualquier persona razonable se disculparía, ella lo sabía pero no podía. Ella era Quinn Fabray, y Quinn Fabray nunca se disculpaba. Ahora que recordaba, todavía le debía una disculpa por una cachetada, la cual nunca pidió, debido a que su relación era algo tensa, y no podía perder su orgullo de manera tan olímpica yendo de la nada a pedirle perdón por aquello.

Tras unos muy largos, incómodos y reflexivos, por parte de la rubia, veinticinco minutos, el auto donde se encontraban arribó en la casa Fabray, y ambas chicas rápidamente ingresaron en ella aún sin hablarse, y por parte de la morena, sin mirar a su prima.

- Eh – Quinn seguía dándole vueltas al asunto y sabía que esta vez no tenía fundamentos para su comportamiento. Una cosa era enojarse cuando la morena hablaba, sonreía, abrazaba o lo que fuese que hiciesen por aquella, no de su agrado, relación que llevaba con Sam, y otra cosa era enojarse porque hablase o coquetease con Finn, su quería creer olvidado ex novio – Ra… - no pudo terminar de pronunciar su nombre.

- ¡RACHEL! – Oyó gritar a una voz demasiado conocida desde suponía la cima de las escaleras.

Ambas chicas rápidamente voltearon hacía aquella dirección quedando totalmente sorprendidas, más por parte de la rubia, al ver a Frannie correr hacia Rachel, para luego abrazarla exageradamente.

- ¡Frannie! – soltó riendo la morena – yo también me alegro de verte, pero no puedo respirar.

- Perdón… – se separó – perdón, pero es que estoy emocionada, hace tantos años que no te veía pequeñita – la vuelve a abrazar, esta vez con menos fuerza.

- Ya no soy pequeñita – se separaron ambas sonriendo – y por lo que veo vos tampoco – la observó sin vergüenza – ¡sos toda una mujer prima!

- Si, ya tengo 24 años… ¡estoy vieja! – rió contagiando a su prima.

- No, nada que ver… sos joven.

- Aw que buena, vos también, y estas realmente hermosa – la observó de arriba a abajo, al igual que lo hizo su pequeña hermana la primera vez que vió a la morena – ya querría yo volver a los 17 años.

- Gracias, y bueno, yo querría tener 24… - Frannie le sonrió ante aquello - o por lo menos 18 – susurró para sí misma lo último.

- Creeme que no queres te… - comenzó a hablar la más grande las Fabray, hasta que un carraspeo proveniente de su hermana menor la hizo olvidar aquello que iba a explicar – Oh dios – pensó – ¡Quinnie! – se abalanzó a la chica, repitiendo aquel fuerte abrazo, pero ahora más intenso.

- Frannie… no puedo… respirar – apenas pudo pronunciar.

- Perdón, es que estoy emocionada de verte también – expresó separándose.

- ¿Cuánto tiempo hace que no se veían? – intervino curiosa Rachel, una vez se dirigían hacia los sillones.

- Unos 9 meses, la última vez que viniste fue en navidad y año nuevo – afirmó Quinn, ahora sentándose, al igual que las demás.

- Si, perdón por eso, pero la vida de universitaria es muy exigente y ocupada, aunque me gradué hace unos meses y he estado trabajando en un consultorio.

- Hablando de eso… no te lo tomes a mal, pero ¿qué haces acá?, es decir, no es el cumpleaños de nadie, ni ninguna festividad, y es lunes, por lo que ¿estás faltando a tu trabajo? – preguntó la rubia menor extrañada con toda aquella situación.

- Bueno, ya no trabajo más ahí, conseguí un nuevo trabajo, o mejor dicho, mamá me lo consiguió – explicó Frannie.

- Emm ok, pero es no explica el por qué estas acá, tan lejos de tu casa y tu vida – dijo evidenciando su enfado.

- Esta es mi casa. Mi nuevo trabajo es acá, así que voy a volver a vivir con ustedes, porque realmente los extraño.

Levanta ambas cejas ante aquello - ¿Extrañarnos?, prácticamente huiste de esta casa cuando te graduaste, pero no te culpo, yo hubiese hecho lo mismo. También lo voy a hacer cuando me gradúe… lo que no entiendo es por qué volves ahora – sacó en cara a su hermana.

- Quinn yo qu… - la joven mujer intentó hablar, o explicar mejor las cosas, pero otra voz más elevada la cortó.

- Bueno, mejor contá que vas a hacer ahora que estas acá.. – intentó cambiar de tema la morena, sabiendo que aquello no terminaría del todo bien – ¿dijiste que vas a vivir acá no?... – mencionó recordando lo dicho por su prima - oh dios mío, ¿me vas a echar de tu habitación? – no dejó responder su anterior pregunta, dado que se percata de que seguramente ella querría su habitación, porque después de todo, le pertenecía.

- Si te estoy echando oficialmente de MI habitación – sonrió maliciosa.

- ¿Y dónde se supone que va a dormir? – intervino Quinn claramente más calma.

- Mamá y papá dijeron que van a compartir tu habitación.

- ¡¿Qué?! – se quejó la morena.

- ¿Por qué no alquilas algo por la zona? – le sugirió su hermanita.

- Primero no tengo mucho dinero, y segundo los extraño – repitió lo dicho hace unos minutos, sin darse cuenta que la rubia podría volver a enojarse.

- Yo tengo una sola cama, ¿esperan que durmamos juntas o qué? – cuestionó, más preocupada por esta nueva situación que por reclamar nada a nadie.

- Si… – afirmó, para luego decidir continuar debido a las expresiones plasmadas en el rostro de ambas adolescentes – solo por unos días hasta que compremos otra cama, y bueno también armario y demás cosas, – explicó rápidamente – aunque no se por qué ponen esas caras.. cuando pasábamos los veranos juntos había que rogarles porque durmiesen en camas separadas.

– Ya somos grandes.

- ¿Y eso que?.

- Frannie, hace diez años que Rachel y yo no nos veíamos, no somos más esas niñas que compartían todo.

- Umm bueno, repito, solo son unos días, después cada quien tendrá su cama – asegura parándose.

- Oh dios, voy a morir moviendo todo y haciendo lugar para otra cama y otro armario – se quejó la rubia.

- Vamos a morir – corrigió su prima - porque no lo vas a hacer sola… Frannie ¿vos tambíen vas a ayudar no?, porque todo esto es por tu llegada – clavó sus ojos en ella suplicando.

- Ummmmmm, nose – tomó su bolso de sobre la mesa.

- Vos vas a ayudarnos – afirmó amenazando con sus ojos.

- Claro – sonrió picara – ya lo vemos después… por ahora tienen que ir sacando la ropa y cosas de Rachel de mi habitación y llevarla a la tuya – señaló a su hermana – porque hoy yo quiero dormir en mi cama y acomodar todo.

- Bueno, supongo que puedo dejar la ropa en las maletas y lo demás ya vemos – cuestionó con la mirada a la rubia, para saber si estaba de acuerdo.

- Si… - concordó.

- Muy bien mis pequeñas hermosuras – apretó una mejilla de cada chica – yo tengo que hacer unas llamadas, y después salir a hacer unos trámites… - comienzó a alejarse rumbo a la puerta principal - ah, y mamá me encargó pasar a comprar unas cosas para la cena, en unas horas quiero mi habitación vacía – ordenó, ganándose una mirada fulminante de cierta rubia - ¿por favor? – pidio, consiguiendo una afirmación por parte de su prima - ¡genial!... nos vemos – gritó lo último ya cerrando la puerta tras ella, y desapareciendo de la vista de las chicas.

- Bien… no me esperaba esto – murmuró Quinn todavía mirando por donde su hermana hacía escasos segundos había abandonado la casa.

Frunció el ceño - ¿Qué cosa?... ¿podemos empezar?, quiero terminar lo antes posible – pidió amablemente.

- Si claro… - comienzó a subir las escaleras, seguida de la morena - digo que me resulta algo raro que Frannie este de vuelta.

- Ya la escuchaste, tiene un trabajo y también los extraña – le recordó.

- No se…

- Ella te quiere, ¿si? – afirmó mirándola a los ojos, dado que se había percatado de el enojo por parte de la rubia hacia su hermana mayor en aquella incomoda charla de hacía unos momentos.

- Vos no sabes como son las cosas – apartó la mirada, ahora entrando a la habitación de Frannie.

Comenzaron a sacar la ropa de la morena del armario - Es tu hermana, deberías apreciarla – retomó unos tras unos minutos de silencio.

- Debería.. – repitió la palabra dicha por su prima - hay tantas cosas que deberían ser, y que sin embargo no lo son.

- Cierto – susurró pensativa.

El tiempo pasaba demasiado lento para la rubia, luego de guardar toda la ropa de Rachel en las maletas, y sus cosas en cajas, tan solo habían pasado 30 minutos. Sabía que tenía que intentar formar una mejor relación con la morena. Habían comenzado con el pie izquierdo, pero eso no suponía que no podían volver a intentarlo, porque por más de que nunca llegasen a ser como en la infancia, debido a sus notorias diferencias y constantes choques , si podían, poniendo algo de voluntad, llevar una relación cordial y de respeto, como cualquier par de primas.

Y si para que esto se pudiese llevar a cabo, era ella la que tenía que dar el primer paso, lo daría… aunque tuviese que perder su orgullo Fabray.

- Rachel – susurró una vez comenzaban a llevar las maletas de la chica hacia su habitación.

- Mjm – dió señal de que continuase, sin apartar la mirada del frente.

- Yo… eh... - entraron – perdón – murmuró levemente sin mirarla a los ojos. Solo un segundo después decide levantar la vista, al solo recibir un silencio como respuesta, percatándose de la mirada confusa de la chica - por lo de más temprano… estaba de mal humor por otros asuntos y la pagué con vos – explicó algo avergonzada.

- Me sorprende – sonrió de medio largo, dejando una maleta en un costado de la habitación.

- ¿Qué? – la imitó, depositando la segunda.

- Que me pidas perdón.

- Eh si… ¿eso es un "no te perdono"?... – cuestionó confundida – porque… - duda por unos segundos – siento que empezamos con el pie izquierdo, y quería proponerte olvidarnos de este mes y volver a empezar – explicó lo más rápido posible, comenzando a encaminarse hacia su nuevo destino: las cajas.

La siguió - Es un "me sorprende", pero si, acepto tus disculpas… - ingresaron en la habitación – y también acepto ese reto, aunque no se, lo veo difícil…

- No va a volver a pasar – espectó seria tomando su objetivo.

Repitió la acción de la rubia agarrando otra de las cajas - Si, que te disculpes es muy extraordinario, no creo vivir para volver a presenciarlo – bromeó riendo y contagiando a la otra.

- ¡Que graciosa!, sabes a lo que me refiero.

- Si, esta bien, espero que no te la agarres conmigo cuando estés de mal humor… – pide ya volviendo a su nueva habitación – quizás con mucho esfuerzo por parte de ambas y autocontrol por la tuya podamos llevarnos mejor.

- ¿Soy muy malhumorada? – cuestionó curiosa.

- Emm… – lo pensó por un minuto - Solo por las mañanas, cuando estas recién despierta… - le sonrió brevemente, para seguir hablando - ah, y por las tardes, cuando estas concentrada en tus cosas… - dejó el artículo en el suelo, sentándose en la cama de la rubia - Uh, ni hablemos por las noches, cuando estas cansada, es como hablarle a un dragón – concluyó dramáticamente gestualizando con su rostro.

– ¡Tampoco para tanto! – golpeó el hombro de su prima levemente, sentándose a su lado.

- Si, eso es lo que vos pensas - le guiñó el ojo.

- ¿En serio estoy enojada todo el tiempo? – preguntó seria preocupándose.

- Es una broma Quinn… - rió ante la reacción de la rubia - solo el 80% del tiempo – susurró desviando la miraba, aunque con claras intenciones de ser escuchada.

- Eso es igual de malo! - Volvió a golpearla ahora más fuerte, provocando que Rachel cayesede espaldas en la cama, no sin antes asegurarse de arrastrar a la rubia consigo.

Lo único que la separaba de su prima era el largo de sus brazos, con los cuales apoyados en la cama, a ambos lados de la cabeza de Rachel, mantenía sostenido el peso de su cuerpo.

- Estabas siendo bastante amigable, ¿qué es eso de golpearme?.

- Podría seguir siendo amigable si queres – no pudo apartar la mirada de aquellos hipnotizantes ojos marrones.

- Eso seria lindo… - susurró sin mover ni una pestaña.

- ¡Genial! – gritó cayendo y comenzando a hacerle cosquillas, en un movimiento casi imposible de evitar.

- ¡No! – gritó comenzando a reír por culpa de la rubia. Rápidamente ambas comienzan una lucha de cosquillas – por… favor – rogó Rachel llorando de la risa. Luego de una corta lucha, Quinn tenía controlada la situación, ahora sentada sobre las piernas de la morena.

Se detiene ante aquel desesperado ruego acompañado de gritos y llanto por parte de su victima - Bueno, ya que ahora soy amigable te voy a dej… - no terminó su oración, debido a un fuerte y rápido giro producido por Rachel, dejándola a ella ahora abajo, y otorgándole la ventaja perfecta para una jugosa venganza - ¡tramposa! – gritó riendo a más no poder sin detener sus esfuerzos en vano por escapar – basta, basta – gritaba con todas sus fuerzas.

- ¡Está bien!, pero no te voy a dejar hacer lo mismo que yo – le sacó la lengua burlonamente declarándose victoriosa y tomando los brazos de la rubia, sin dejarla mover.

Otra vez la misma posición, pero cambiaban los roles. Ahora Rachel se encontraba sentada sobre ella, aprisionando sus brazos contra la cama, lo que le requería una ligera inclinación hacia adelante para mantener aquello ante los frustrados intentos de escape por parte de su prima, los cuales fueron suspendidos tras unos pocos segundos, al comprender su ineficacia.

Solo un segundo se tardó en percatarse de la situación. El rostro de la morena estaba tan cercano que podía sentir aquella agitada respiración, por culpa del momento, sobre su boca, mezclándose con la propia.

De repente podía oírlo. Podía oír los latidos de su propio corazón, ¿o serían los de la otra chica?. No podía apartar los ojos de los de Rachel, no podía hacer movimiento alguno, y al parecer ella tampoco, porque el tiempo seguía corriendo, y esto solo lo sabía porque el único sonido que se escuchaba en la habitación, además de el ambas agitadas respiraciones que cada vez estaban más calmas, era el sonido de el reloj, quien contaba los ahora eternos segundos.

De repente otro sonido se deja oír. Ambas giran la cabeza hacia el lugar de procedencia de este, observando un celular tirado en el suelo alertando la llegada de un nuevo mensaje.

Rápidamente se separan, ahora algo incómodas por aquella extraña situación. Rachel toma su celular, sin saber como era que exactamente había terminado allí, volviendo a sentarse en la cama y leyendo aquel oportuno mensaje.

"Peque mañana tenemos que hablar. Es sobre Quinn. PD: si comieses carne todavía tendrías posibilidades de crecer algunos centímetros más jaja xD - Sam"

Apenas leyó su nombre no pudo evitar levantar la vista hacia la rubia. Ahora ella estaba parada concentrada en haciendo espacio en el mueble donde tenía algunas de sus cosas. Una sonrisa se formó en su rostro

"¡Rubio!, dale mañana hablamos… yo también tengo algo que contarte y no te lo vas a poder creer :D – PD: Gracias pero NO. No voy a comer carne ¬¬ y deja de burlarte de mi estatura porque me puedo enojar :O, tendrías que tenerme miedo ;) ?) – Rach"

– Tuvimos una buena infancia, ¿no te parece? - comentó la rubia observando una fotografía entre sus manos. La misma sobre la cual una vez tuvo que explicar a su mejor amiga.

- Cierto… - se acercó y tomó el retrato de aquellas blancas manos, una vez se percata de que habla su prima - aquellos si que eran buenos tiempos – comentó recordando el momento en que aquella fotografía fue tomada.

- Éramos como un chicle.

Rió – Si, bueno, tampoco es que yo hubiese tenido esa opción… – Quinn la miró confusa – quiero decir que cada vez que algún niño o niña se me acercaba vos los ahuyentabas.

Cerró los ojos levemente y abrió la boca negando con la cabeza simulando enojo - ¿Estas queriendo decir que si querías jugar con otros niños? – dramatizó.

- Mmmm… - juegó por un segundo - no, porque las dos solas estábamos más que bien.

- Me alegra que pensaras eso, porque yo no te iba a compartir con nadie… – la volvió a tomar – eras mía.

- En eso eso seguís igual - se observaron por un segundo hasta que un nuevo mensaje llegó al celular de la morena.

"Te doy un resumen: Hoy Quinn me volvió a sacar a hacer una escena de celos ¬¬ (me estoy cansando), creo que tendrías que decírselo vos, antes de que se me escape… me tiene loco con sus preguntas… Ahora dame un resumen vos :D - Sam"

¿En qué?.

- Celosa y posesiva con lo que es tuyo – volvió la mirada a la rubia – no, no es nada – le quitó importancia.

- Decime.

- Bueno, digo que seguís igual de… - no terminó de hablar.

- ¡Chicas! – giraron rápidamente la cabeza hacia la puerta, y allí se encontraron a Frannie apoyada contra un borde de la misma – todavía hay unas cajas en mi habitación… ¿qué hacen que nos las traen?.

- ¡Podrías traerlas vos! – reclamó Quinn tirándole un almohadón que termina golpeando a su hermana en el rostro.

- Que violenta que estas Quinnie… – se quejó la mayor – Rachel, ¿me haces el favor de ayudarme? – tomó la mano de su prima arrastrándola hacia afuera.

- ¡No dejes que se aproveche de vos Rach! – rió Quinn volviendo a observar aquella fotografía y rememorando su infancia. Una muy feliz, sin lugar a dudas.