Hola lindas Sucrettes, desde hace tiempo que quería hacer un fic de Amour Sucré, pero no me decidía por la trama ni la pareja. Así que hoy, mientras repetía un episodio, me volvió a salir la conversación con Nathaniel cuando Ámber me avisa que le confesó mi secreto, la guardé completa y decidí hacerle un pequeño fic a los chicos. En esta ocasión es el turno del Delegado, pero prometo poner las de los otros, sólo ténganme paciencia por los PA que son tan escasos.

ADVERTENCIA: Esta plática es del capítulo 8 y la he conseguido con un lov'ometro del 100, aunque no hay que tenerlo TAN alto para que aparezca. Asimismo, mi Sucrette decidió hablar con el rubio en vez de fingir que no sabe nada.


Me encontraba en la Sala de los Delegados, concentrado en el papeleo como de costumbre. El escritorio ante mí se hallaba lleno de hojas por firmar, autorizaciones de los estudiantes, algunas formas de traslado y expedientes del alumnado. Unas sillas a mi izquierda Melody terminaba con sus deberes, acomodó unas hojas en un fólder y se levantó.

–Iré a ver a la Directora, necesito que me firme estos documentos, ¿necesitas algo más? –preguntó amable como siempre.

–No, no… –respondí sin despegar la vista de la pila de papeles frente a mí– Aún debo revisar unas cosas, iré después.

–E-Está bien.

Continué revisando que todas las gestiones se cumplieran, verificando que nada hubiese sido pasado por alto. Sin embargo, la puerta no había sido abierta y la castaña no parecía tener intención de marcharse en ese momento. Dejé el lápiz sobre el escritorio y volteé a verla, mirándole fijamente.

–¿Ocurre algo? –inquirí.

–Bi-Bien, yo… –bajó un poco la voz– Pen-Pensaba que estarías un poco cansado, ¿quieres tomar algo? ¿Un café, quizás?

–No, estoy bien así –sonreí–. Además, no me gustaría encargarte mi comida, somos amigos pero eso no indica que pueda abusar de ti.

–S-Sí… amigos… –susurró– Te veo al rato, Nathaniel.

¿Qué le pasaba? Melody no podía seguir enamorada de mí, ¿verdad? Le había dicho que sólo podía verla como una amiga cuando ella confesó sus sentimientos. La verdad es que nunca se me han dado esas cuestiones, me es más fácil centrarme en el papeleo que notar los sentimientos de las chicas; quizás fue eso lo que molestó a la castaña en primera instancia, pues lo cierto es que nunca me esperé eso de su parte. Cuando ella, toda sonrojada, dijo que se había enamorado de mí traté de decirle con el mayor tacto que sus sentimientos no eran correspondidos, pero aún ahora sé que mis palabras no habían sido lo que esperaba escuchar.

Un par de días después Melody aún evitaba mi mirada y estar a solas conmigo, saliendo del aula con cualquier pretexto. ¿Es realmente posible ello? ¿Una persona podía hacerte cambiar de actitud tan fácil? Nunca lo creí hasta que vi sus reacciones, así que hube de hablar con ella y pedir actuase como siempre, a lo que aceptó con una pequeña sonrisa. Y es que la verdad el ambiente había sido incómodo para los dos, pero supongo que más para ella, después de todo no ha de ser fácil que la persona que te gusta te rechace…

La puerta se abrió de pronto, volteé esperando hallar a Melody, mas sólo distinguí la figura de Ámber. ¿Qué hace aquí? En todo el tiempo que llevo de Delegado sólo ha venido cuando necesita de algo, me pregunto si otra vez se metió en problemas, sólo espero que no haya hecho alguna tontería como la de los exámenes.

–¿Qué pasa, Ámber?

Previsoramente cerré la carpeta que la Directora me diera, no quiero que también mi hermana se inmiscuya en los planes de la Carrera de Orientación, suficiente tengo con que medio Sweet Amoris lo conozca, pero realmente Peggy ha sido la culpable por no decirle a ella que eso era un secreto para los alumnos.

–¿Acaso no puedo visitar a mi hermano consentido?

La vocecita de Ámber me dice que se trae algo entre manos. Me pregunto qué será en esta ocasión, giro mi silla para mirarla de frente, analizando sus reacciones.

–Soy tu único hermano, Ámber, y nunca has venido sólo a saludarme.

–Eres tan paranoico –bufó–. ¿No está Melody aquí?

–Salió unos momentos.

–¡Rayos, hubiera sido mejor con ella presente! –apretó los puños, al parecer molesta.

–¿Para qué necesitas a Melody? –pregunté curioso.

–En realidad para nada, aunque admito que todo hubiera sido perfecto si esa chiquilla estuviera aquí, me conformo contigo.

–¿Y eso significa?

–¿Recuerdas a la chica nueva? –se sienta en el escritorio frente a mí.

–¿Qué hay con ella? ¿Aún estás molesta por haber sido expulsada?

–No lo negaré –tuerce la boca en una mueca de enfado–, parece ser que la tiene en mi contra desde el primer día que pisó Sweet Amoris. Tampoco puedo olvidar que te hayas puesto de su lado, Nath.

–Tenía razones para ello, trataste de inculparme en el robo de los exámenes –le hago ver.

–Sí, sí, como sea –le resta importancia con la mano–. Apuesto a que no sabes por qué te ayudó, ¿cierto?

–Es una buena alumna que hacía lo correcto –digo sin problemas.

–Dirás "una arribista tratando de ganar puntos a su favor" –cruza los brazos al nivel del pecho.

–No trataba de quedar bien con la Directora, de haber sido así no me habría dado los exámenes, sino que se habría llevado todo el crédito –respondo seriamente.

–Ohhh, hermanito, ¿realmente eres tan ciego? –sonríe ampliamente– No es con la Directora con quien quería quedar bien… sino con el Delegado Principal.

–¿De qué estás hablando?

–¿Acaso no lo sabías? –ensancha su rostro– ¡Está loca por ti!

–¿E-En serio?

Podía sentir que mi rostro comenzaba a arderme, ¿realmente le gustaba a ella? Es cierto que me había parecido una chica guapa desde el primer día de su llegada, con esa mirada brillante y delgada figura. Pese a ello no le di mucha importancia sabiendo que chicas guapas había en todos lados, por lo que me limité al papeleo correspondiente, pudiendo conocer su nombre gracias a mi puesto de Delegado. Precisamente por eso comencé a tener un mayor trato con ella y, luego de conocerla poco a poco, algo me fue atrayendo. Era amable y femenina, con una bella sonrisa y un risa aún más linda. Aún así traté de no pensar en esto, hasta que ella se ofreció a buscar la llave de la Sala de Profesores, pareciera ser que estaba dispuesta a ayudar a todo el que tuviese un problema, encantándome esa característica suya.

–¡Ey, di algo!

La voz de Ámber me sacó de mis pensamientos, ¿cuánto tiempo me había perdido en los mismos? Mi hermana lucía muy segura de sí misma.

–¿Có-Cómo lo sabes? –desvié la mirada.

¿Ésa había sido mi voz? Había sonado más nerviosa de lo que esperaba, intenté aclararme la garganta y lo único que conseguí fue sonrojarme al darme cuenta que había estado pensando en ella.

–En el cumpleaños de Melody se lo dijo a las chicas, Karla me lo ha confesado.

¿Realmente yo le gustaba? ¿Era eso posible? Había tenido una pequeña esperanza al ver sus gestos por mí, pero también, al darme cuenta de que era amable con todos e incluso Castiel, opté por no hacerme falsas ilusiones, creyendo que sólo estaba confundiendo su carácter con sus sentimientos. Y ahora que recordaba, el haber aceptado ayudarme con el justificante de ausencia del pelirrojo, el preguntarme sobre mis gustos, el no delatarnos a Castiel y a mí por las prácticas nocturnas bajo las escaleras, el ofrecerse a ayudarme con la broma de Ámber…

Un momento…

¡La broma de Ámber! ¿Cómo era posible que no lo haya visto antes? Se estaba burlando de mí, era obvio, ¿sino por qué sonreía de esa manera? Y además, ¿desde cuándo mi hermana iba por la vida haciéndome favores? Cierto es que no le había dicho que me gusta, pero tampoco creo ser muy sutil en ese aspecto, incluso Lysandro se ha dado cuenta de que me intereso por ella… y ruego porque Castiel no lo sepa.

Ahora veo todo más claramente: le dirá que me gusta y a mí que yo le gusto. Claro que por ella no habrá problema, pero seré yo el que termine confesando sus sentimientos y sea rechazado. Entonces Ámber podría vengarse de mí por no haberme puesto de su lado.

–No deberías empezar a contar ese tipo de tonterías… –le digo molesto.

–No es ninguna tontería, Nath –sonríe–. Aunque sé a lo que te refieres, ¿quién querría salir con alguien como ella?

Se bajó del escritorio, sonriendo superiormente mientras caminaba hasta la puerta, abriéndola y saliendo por ella, antes de cerrar me dijo:

–Si yo fuera tú, no sería compasiva con ella

Suspiré. Ámber podía llegar a ser muy cruel en algunos aspectos. Pasaron un par de horas y por fin el papeleo terminó, Melody ya había acabado su parte y había salido dispuesta a repasar un poco antes de los exámenes. Le despedí mientras sacaba una de mis novelas policíacas, quizás así podría distraerme un poco de las palabras de Ámber, las cuales aún seguían en mi cabeza.

De pronto la puerta se abrió, me giré creyendo que Melody me preguntaría si ya me había desocupado, pues había prometido ayudarle a repasar apenas lo hiciera. Sin embargo, no me esperé toparme con ella en el marco de la puerta, lucía un poco preocupada.

–¿Algo no va bien? –inquirí, no me gustaba verla así.

–Dime, respecto a lo que te dijo Ámber…

–¿Qué, ella también te ha hablado de eso? –llevé una mano a mi frente– Maldita sea, no la creía tan estúpida. ¿Por qué ha empezado a contar ese tipo de tonterías?

–¿N-No la crees?

–¡Claro que no! ¿Por qué? ¿Tendría que haberlo hecho?

Anda, dime que sí, que realmente eran ciertas sus palabras y que yo te gusto. Entonces no me sentiré como el Delegado responsable y serio al que le es imposible decirle un "Me gustas" a la chica que tiene delante de él porque, ¿para qué negarlo? Soy demasiado tímido y estas cosas del amor no se me dan bien.

–No, tienes razón.

¿Por qué esas tres palabras parecían dolerme de sobremanera? Ahora comprendía cómo se sintió Melody cuando se confesó ante mí. Porque a pesar de decirle la verdad de la manera más suave que pude, un rechazo siempre sería un rechazo. Y justo ahora, sin saberlo, ella me estaba rechazando, rechazando todos los sentimientos que albergaba por ella.

–Realmente no tendría que hacerme ese tipo de bromas. Por un momento me lo creí… –dije en voz alta sin darme cuenta.

–¿Mmm?

Oh, Dios… ¡qué imbécil! ¡¿Cómo se me ocurre decirle eso a ella?! Me miró confundida unos segundos, como si realmente no comprendiera el significado de mis palabras y rogaba por ello, pues entonces los pasillos no serían lo suficientemente grandes para perderme en ellos cada vez que la viera… justo como Melody intentó conmigo.

–N-No, nada. Olvida lo que acabo de decir. C-Cambiemos de tema, ¿te parece? –tartamudeé nervioso mientras sentía cómo mi rostro se ruborizaba.

–Sí, si quieres… ¿Todavía estás estudiando?

De ahora en adelante deberé cuidar mejor mis palabras, no quiero que entre ambos surjan momentos incómodos como éste. Y aunque sé que ella no siente lo mismo por mí, no pierdo la esperanza de que, quizás con el tiempo, pueda llegar a cambiar eso.