Más allá del lago

Serie: Merlin

Advertencias: contiene spoilers del final de la serie. Aunque no lo parezca al principio, después de algunos capítulos será slash, es decir, mostrará la relación de Arthur y Merlín siendo más que amigos (aunque posiblemente sea muy leve).

Resumen: Arturo sabía que la espera no sería fácil, y eso lo supo desde el mismo momento en el que vio el reflejo de Merlín en el agua. Sin embargo, nadie le advirtió de lo difícil que sería la vuelta.

Disclaimer: para mi desgracia, la serie no me pertenece, y tampoco sus personajes. Hago esta historia solo por el mero hecho de entretener sin ningún tipo de lucro.


Comentarios de la autora:

Sé que tengo otro fanfic de Merlin abierto, en concreto el de "Dos caras de una misma moneda", que hace que no actualizo bastante tiempo, pero con el fin de la serie esta historia ha salido prácticamente sola, muy al contrario que la del otro fanfic, que debido a los hechos de la serie cada vez me es más difícil continuar.

Aun así, prometo que lo continuaré y finalizaré más tarde o más temprano, todos los que me han leído alguna vez saben que odio dejar historias sin terminar, solo os pido un poco de paciencia.

Espero que os guste mi nuevo fanfic, y por supuesto, espero vuestros comentarios, que siempre me animan muchísimo a la hora de escribir.


Más allá del lago

22 de diciembre de 2012

Merlín tiene una casa cerca del lago, a no más de diez minutos andando. Quizás resulta absurdo, pero en más de mil cuatrocientos y muchos años, no ha sido capaz de despegarse de Avalon por mucho tiempo (aunque lo cierto es que ya nadie lo conoce por ese nombre). Solo de vez en cuando, una vez cada doscientos años, Merlín viajaba, conociendo todo tipo de países, culturas y gentes, pero finalmente, él regresaba al lugar en el que su rey había caído, probablemente porque el vínculo que los unía, ese vínculo llamado por muchos destino, aún seguía presente en él.

A veces se decía a si mismo que era un poco masoquista por esperar durante quince siglos por un hombre que podía o no aparecer. Cuando esto ocurría gruñía con frustración contra la almohada y pensaba que su amigo bien podría estar riéndose de él en el más allá.

23 de diciembre de 2012

Merlín siente un pinchazo, uno de esos que te impulsa a llevar la palma de tu mano sobre el corazón. Tan pronto como ha aparecido se ha ido, así que se decide a recoger la tostada del plato y probar la nueva mermelada de fresa que había decidido comprar hacía unos días en el supermercado.

Masticó y tragó.

Le gustaba más la de melocotón.

24 de diciembre de 2012

Esta vez no es un pinchazo, es algo más. Es una sensación, y más que una sensación, es un sentimiento. Un sentimiento que le dice que algo está por llegar, que ha olvidado completamente un hecho significativo.

Merlín nunca había sido bueno adivinando cosas, y por mucho que pensó no encontró la causa de aquella sensación. Minutos más tarde, sin embargo, se daría cuenta del motivo, porque, ¿cómo podría haber olvidado algo tan importante?

Merlín recogió el mando a distancia de su televisión y la encendió, decidido a disfrutar del especial de aquella serie que tanto le gustaba y que casi había estado a punto de olvidar.

22:43

Esa noche Merlín se fue a la cama con una sonrisa. Si había algo que le gustara más que las pizzas de microondas eran las series, porque por una hora podía olvidar todo y centrarse en la vida de otras personas. De personas ficticias.

Ficticias de verdad. Personas que no existían, no como los personajes ficticios de las leyendas artúricas. Aún recordaba lo rápido que le había bombeado el corazón al leer por primera vez La Morthe d'Arthur, o cómo se le había helado la respiración al ver Excalibur.

Y aunque ninguna de las adaptaciones que había visto o leído se asemejaban en lo más mínimo a su historia (la mayoría de las veces llegaba a ser algo insultante, a decir verdad), todas tenían algo en común que el mago prefería no recordar: la muerte del rey.

Decidido a no pensar más en aquellos temas, Merlín cerró los ojos e inhaló fuertemente contra las sabanas.

23:17

Algo iba mal. Definitivamente, algo iba mal. Y no era por el frío que se le colaba en los huesos, ni porque afuera nevara. Ni porque el perro del vecino no parara de ladrar.

Algo iba mal.

Y no porque hubiera olvidado algo. Merlín estaba seguro de que no había planeado nada para esa noche (ni para todo una vida, prácticamente con la única persona con la que hablaba era la cajera del supermercado, y ni siquiera se sabía su nombre).

No había olvidado nada. No había dejado ningún grifo abierto, ni la televisión encendida.

Y aun así, algo iba mal.

23:32

Merlín se despertó por segunda vez en la noche para sentir que debía estar en otro lugar.

Dio media vuelta en la cama y cerró los ojos de nuevo.

23:44

Ni mil quinientos años serán capaces de acabar con tu incompetencia, ¿verdad, Merlín?

El mago se incorporó de la cama con rapidez, porque, de acuerdo, eso ha sido raro, muy raro.

Solía soñar con Arturo a menudo, con un mundo en el que él aún existía, y a veces (siempre) sus sueños eran mejores y más felices de lo que lo era la realidad. Odiaba despertar cuando soñaba con tiempos mejores.

Hacía años que no soñaba con alguien más que no fuera Arturo, ya que hacía años que había dejado de recordar a los demás.

Noventa y ocho años después de que Arturo muriera, empezó a darse cuenta de que estaba olvidando pequeñas cosas, como de qué color habían sido los ojos de Gwaine, o cuál fue el vestido favorito de Gwen. Primero fueron cosas casi sin importancia, más tarde comenzó a olvidar rostros y voces, hasta que finalmente quedo nada. Nada que no fuera Arturo y su voz.

Y esa, definitivamente, había sido la voz de Arturo.

Tal vez estaba demasiado solo. Tal vez imaginaba cosas (otra vez).

Tal vez debería comprarse una mascota, un pececito llamado Arturo. Sí, eso sería lo mejor.

23:57

¡Merlín!

Despertó sobresaltado por cuarta vez en aquella interminable noche de navidad. No le gustaba la navidad, y la posibilidad de que estuviera viviendo una versión macabra de Un Cuento de Navidad, de Charles Dickens y se le aparecieran los fantasmas de una vida pasada tampoco le hacía demasiada gracia.

Posiblemente la cena precocinada que había comido hacía solo unas pocas horas estaba caducada. Sí, debía de estarlo, porque de no ser así, no podría explicarse a sí mismo por qué oía el sonido de las aguas de un lago que estaba a más de un kilómetro de distancia. Ni porqué estaba escuchando la voz de Arturo con tanta claridad.

Por supuesto, no iba a admitir que se estaba volviendo loco.

No lo admitiría (aunque en el fondo supiera que había una mínima posibilidad).

Merlín, siempre llegando tarde.

Y ahí estaba otra vez su voz, reprochándole, incluso si en ese mismo momento no estaba soñando.

Debía de estar imaginándoselo.

Merlín.

Pero sonaba tan real.

La voz de Arturo y el ir y venir de las aguas del lago eran tan reales.

Nunca sabría si aquello que escuchó fue producto de su imaginación (que intentaba desvelarle el misterio) o no, pero lo siguiente que escuchó fue:

Merlín, piensa y ata cabos.

23:59

El lago.

La voz de Arturo.

—¡Joder!

Merlín se levantó de la cama tan rápido como le fue posible, cogió la primera chaqueta que vio y salió por la puerta en dirección a Avalon, rezando a los dioses para que esta vez fuese real.

25 de diciembre de 2012

En aquellos momentos en los que Merlín se permitía fantasear con el regreso de Arturo (en el sentido más correcto de la palabra), pensaba en un día de primavera, con pájaros cantando y un espléndido sol iluminando las aguas cristalinas del lago.

El rey abandonaría el lago de Avalon de forma heroica, se alzaría y Merlín le esperaría en la orilla, observando como el rey volvía a vivir, para momentos después correr a los brazos de su amigo.

Sin embargo, las fantasías, pese al afán con el que se desean, son solo eso, fantasías.

00:06

Lo que vivió Merlín no fue ni remotamente parecido a lo que había imaginado durante aquellos interminables años.

La realidad era otra bien distinta a la de sus sueños.

No era un día templado, ni soleado, la realidad es que hacía frío, tanto frío que se arrepentía de no haberse puesto una segunda chaqueta encima de la que ya llevaba. Tampoco avanzaba de forma tranquila hasta su destino, más bien corría tan rápido que sus pulmones apenas captaban el oxígeno de forma correcta.

Cuando llegó al lugar indicado, el lago no resplandecía, ni sus aguas eran cristalinas, en su lugar estaba casi congelado completamente, y la oscuridad de la noche evitaba que el mago viera su alrededor de forma correcta.

Tampoco pudo detenerse a observar como el rey abandonaba su sueño profundo, sino que lo que encontró fue a un hombre caminando a través del lago a grandes zancadas, tiritando y escupiendo palabras por su boca que Merlín no fue capaz de captar.

—¡Por el amor de dios, Merlín! ¿Ni siquiera eres capaz de llegar a tiempo para presenciar la vuelta a la vida de tu rey? Eres el sirviente más incompetente que he tenido nunca.

Pero Merlín no logró prestar atención a aquellas palabras, él tan solo observaba con los ojos muy abiertos como un hombre al que había creído muerto durante mil quinientos años avanzaba hacia él de forma decidida.

Avalon

Año 1

Lo último que Arturo había presenciado eran los ojos de Merlín.

Y aunque en circunstancias normales no lo habría admitido ni siquiera para sí mismo, lo cierto era que nunca hubiera deseado que fuera de otra forma. Podía descansar en paz sabiendo que su reino estaría a salvo en las manos de Gwen, y que Merlín sería feliz durante los años que le restaran de vida.

Deseaba que fuera feliz, se merecía serlo después de tanto sacrificio.

Y lo sería, o al menos eso le gustaba pensar a Arturo.

Nada más lejos de la realidad.

25 de diciembre de 2012

00:07

—Estás vivo —susurró el mago, aún en el intento fallido de que sus pulmones recuperaran el aire que habían perdido durante la carrera.

—No gracias a ti, si fuera por ti habría muerto congelado en el lago —dijo Arturo, sonriendo de forma socarrona.

Merlín no respondió a su burla tal y como solía hacer antaño, simplemente siguió observándolo, con los ojos muy abiertos, como si no terminara de creerse que estaba frente al hombre que había muerto en sus brazos hacía quince siglos.

—Estás vivo —repitió, sintiendo como se le formaba un nudo en la garganta.

—Sí —Esta vez la sonrisa de Arturo cambió, dando lugar a una mirada cariñosa.

Merlín no aparto su mirada del rey. Notó como su semblante tornaba de cariñoso a apenado, y el mago tuvo la sensación de que Arturo lo sabía. Que sabía cómo se sentía, cuanto tiempo había esperado y lo solo que había estado. Y fue entonces cuando no pudo soportar más la presión de ese maldito nudo que se le había formado en la garganta, y echó a llorar.

Avalon

Año 5

El tiempo transcurría de forma extraña en Avalon, pero aun así, Arturo lo notaba. Notaba como los días se esfumaban en una brisa inexistente, y como poco a poco, y aunque todo estuviese completamente oscuro en un principio, aparecían ante él visiones borrosas que con el paso del tiempo iban tomando forma.

Lo primero que inundó su vista fueron las aguas azulinas de un lago, por lo que supuso que se encontraba en la orilla de algún lugar al que el hombre no tenía acceso hasta después de la muerte.

Más tarde, cuando el paisaje y sus colores fueron completamente claros para la vista del rey, pudo observar como el lago parecía tener un fin, una orilla opuesta.

Arturo se sentaba en las finas arenas que adornaban la isla de Avalon, y de vez en cuando dormía, tal vez lo hacía durante demasiado tiempo, porque cada vez que despertaba la orilla contigua se encontraba cambiada. Los arboles más verdes, o las hojas esparcidas por el suelo delataban el paso de los meses, tal vez de los años.

A veces distinguía la figura de alguien en la otra orilla, mas estaba tan borroso por la lejanía que le era imposible ver con claridad. Se sentaba, aguardaba y tras muchas horas abandonaba su labor y se dirigía al bosque.

Sin saber por qué, Arturo sentía pena por aquella persona.

Parecía que se sentía tan solo como él.

Año 18

Fue en una de las muchas veces en las que Arturo despertaba de su sueño, que la vio.

—Hola, rey Arturo.

Él la miró desconcertado. Nunca tenía compañía, siempre se encontraba solo, aguardando, esperando a que algo ocurriera, aunque no supiera qué debía ser.

Él solo esperaba. No hacía preguntas, ya que no había nadie para responderlas.

Mas ahora aparecía aquella muchacha, tras él, de pie junto a las aguas del lago, vestida con harapos, y bien no podría ser una dama noble, pero infundía el respeto y la educación de una.

—Freya.

Y se sorprendió, porque no conocía a aquella chica, nunca la había visto (o al menos eso pensaba), pero había pronunciado su nombre con desenvoltura, sabía que ella era Freya, y estaba tan seguro como lo estaba en vida de que su espada debía ser pulida antes y después de cada batalla.

— Aún deberá pasar mucho tiempo, Arturo —dijo, y él supo que estaba a respondiendo a cada una de las preguntas que se hacía cada minuto que pasaba en ese lugar—. Pasarán años, más de los que imaginas.

Arturo asintió con la mirada gacha, perdiendo un poco de la esperanza que había mantenido cada día.

—Mas, por ahora, lo único que puedo hacer por ti es esto.

Freya alzó su brazo en dirección a la superficie del lago, realizó un movimiento y Arturo presenció como las aguas se aclaraban. Lo primero que vio en ellas fue la fachada de Camelot, alta y hermosa, para después pasar a la sala del trono, donde Gwen, quien ya presentaba los estragos de la edad, sonreía a todo aquel que se le acercase a por consejo.

Observó como Avalon le mostraba a cada una de las personas que había amado en vida. Primero Gwen, más tarde León, Percival, y muchas más caras nuevas que el antiguo rey no conoció, pero que sin embargo se alegró de ver al cerciorarse de que vivían de forma feliz en el reino que habían ayudado a construir entre todos.

El lago no le mostro a Gwaine, ni a Gaius, y finalmente comprendió el porqué. Suspiró con pesar, deseándoles lo mejor en una vida nueva. Se merecían toda la felicidad que el mundo pudiera otorgarles.

Tampoco le mostro a Merlín, y por primera vez desde su muerte, se sintió entristecido.

Tal vez había muerto.

Tal vez muy pronto lo vería.

Tal vez estaba esperando por ese mismo motivo, para encontrarse con su sirviente una vez más.

Se sorprendió al observar que la imagen cambiaba una vez más, mostrando a Hunith, quien tejía de forma despreocupada junto al fuego. Los años habían hecho que las arrugas de su cara fueran más pronunciadas, pero su mirada era la misma, cariñosa y llena de amor.

Y vio a Merlín, sentado junto a la ventana, observando el exterior de la pequeña aldea de Ealdor.

Arturo sonrió con felicidad, alegrándose de que su amigo aún estuviera con vida. Fijó su mirada en él y lo miró detenidamente. Ni una arruga, ni una cana. Pareciera que los años no hubieran pasado para él. Solo que su mirada triste y cansada decía lo contrario.

—Ni pasarán —Freya aún aguardaba a su lado, con sus ojos fijos en el agua—. Os volveréis a encontrar, rey Arturo, mas no tras la muerte.

Arturo se volvió, abandonando su atención del lago, pero ella ya se había marchado.

25 de diciembre de 2012

00:12

Respiró hondo al notar como caían lágrimas por sus mejillas, y se dispuso a apartarlas de un manotazo.

—Merlín —le llamó Arturo, con voz dulce y tono comprensivo.

Tampoco esta parte había sido como el mago lo había imaginado. No se había lanzado a los brazos de su amigo, ni había sonreído y reído de felicidad.

No.

La realidad era mucho más… real.

Fue Arturo quien dio el primer paso, quien lo apretó con fuerza contra sí para que se tranquilizara y dejara de llorar. No había risas, solo lágrimas, y "ya estoy aquí, no voy a irme nunca más", y Merlín hiperventilando contra su hombro, sin poder pronunciar una palabra, no porque no quisiera decirle "no te vayas, por favor, no me dejes solo otra vez", simplemente porque no podía.