Seeley Joseph Booth, es un antiguo francotirador de Regimiento 75 (Rangers) del Ejército de los Estados Unidos y un lanzador de cuchillos experto. Es un hombre religioso por naturaleza habiendo siendo un Monaguillo de pequeño; tuvo una vida difícil para llegar donde estaba ahora ya que tiene una relación problemática con su familia. Luego de pilotar aviones caza en la Guerra de Vietnam, el padre de Booth fue peluquero y tuvo problemas con la bebida, además de golpearlos a él y a su hermano (Jared). Seeley sabía que, de no ser por su abuelo, se habría suicidado joven.

Booth era un hombre atlético, consiguió enlistarse en el FBI sin muchas complicaciones aparentes. Siendo él, el lazo que unió por completo al FBI y el Instituto Jeffersonian por sus constantes visitas a la Dra. Brennan que —muy cariñosamente— había apodado Bones.

Booth sabía que Brennan gustaba de investigar, fundamentar y encontrar la verdad de cada caso con respecto a los huesos que podían quedar en la escena; prácticamente ya era una vida para Bones el ser así. Se divertía, aunque no mucho se le apreciara, recordando investigaciones pasadas, rememorando grandes hallazgos y sucesos históricos de su agrado; saliendo beber y comer con sus compañeros de una manera considerada. Brennan era una máquina de información andante, con un pensamiento racional que podía llegar a confundir; Booth la respetaba, muy a su forma pero así era. Y, ciertamente, no negaba que su Bones realmente era guapa.

Por eso, cuando Temperance dejó de hacer ésos comentarios racionales que —quizá llegasen a confundirlo— pero siempre escuchaba, supo que algo estaba mal. Dejó de salir con él como antes lo hacía, pasaba la mayoría del tiempo en sus investigaciones y descubrimientos para salir del Instituto cuando el reloj marcaban las once cuando, en un principio, detestaba tener que irse sin encontrar la verdad y arrestar al asesino; Brennan reflejaba mayor tranquilidad, como si una tensión que hubiera reprimido durante mucho tiempo se a calmara. Seeley la veía en varias ocasiones atenta a su celular, soltando discretas sonrisas que nadie podía ver más que él… por que Booth de verdad la observaba, algo andaba mal, muy mal. Y todo se confirmó cuando aquella noche un individuo la esperaba en la puerta.

—Han venido por mí —había escuchado de sus labios.

—¿Algún familiar? —interrogó Ángela.

—Digamos que un amigo.

Por primera vez en mucho tiempo, Booth sintió su sangre hervir.

Pero… ¿por qué?

Cuando Bones se acercó y, aquél tipo, la beso tan íntimamente… Booth supo algo.

Bones estaba liberando su tensión sexual.

Bones se veía con aquél en vez de él.

Bones disfrutaba muchoaquél beso.

Y, aquél individuo estaba —prácticamente— dado por muerto.