Avisos y renuncias:

One Piece y sus personajes pertenecen a Eichiro Oda -sama, así que no pretendo(los dioses me libren) sacar ningún provecho de esta historia.

Comentarios:

¡Hola! ^_^

XDDD, sí, con otra historia...si es que no paro...

Aparte, tengo que admitir que es un poco rarita...pero es una idea en la que no pude dejar de pensar desde que leí los últimos capítulos del manga...poco a poco, comenzó a gustarme la idea de la pareja DoflaxLaw, por raro que suene...

Aunque antes quiero aclarar algo muy importante. A las que me conocéis seguramente no os extrañe, pero a las que me leís por primera vez os aviso: si buscáis una historia "típica" de esta pareja(es decir, Dofla haciendo sufrir a Law porque sí y éste llorando y pidiendo piedad, junto con detalles escabrosos sin venir a cuento), aquí no vais a encontrarla. Ya lo digo.

Por cierto, quiero dedicar este fic a Mai Kusakabe, sin cuya influencia y covicio con la trama de Punk Hazard(XD) habría podido ser posible este fic;). ¡A ti te lo dedico, guapa!

Y, ya, sin más dilación...

¡Dentro, fic! ^_^

PRÓLOGO

El niño lloraba, en ese rincón de la casa de subastas de Sabaody.

Era un sitio lujoso, al menos por fuera: tenía bonitas paredes de mármol blanco, el auditorio era más que agradable y por las enormes puertas entraba la creme de la creme de muchos países del gobierno mundial, que se sentaban con sus mejores galas, algunos con anteojos de ópera y todo, delante del estrado, donde una especie de maestro de ceremonias les daba la bienvenida afablemente.

¡Señoras y señores! ¡Bienvenidos una vez más a nuestra sesión de apuestas! ¡En el lote de hoy, tenemos artículos que seguramente hagan las delicias de su casa, alegrándola…y, seguramente, dándole a ustedes más de una alegría! – dijo, con un guiño cómplice, ganándose así las risas de buena parte del público.

Pero claro…ésa no era toda la casa de subastas.

De hecho, donde estaba encogido ese pobre chiquillo, cargado de cadenas, era la trastienda, donde estaban las jaulas de los esclavos que, aherrojados en el mejor de los casos, se preparaban para ser vendidos a la multitud que esperaba ansiosa. Algunos llevaban allí más de un día, dormidos en una escueta cama…

…los que habían podido dormir, claro.

A otros, habían tenido que sedarlos. De hecho, muchos se enteraban de que iban a ser vendidos justo cuando despertaban cargados de cadenas. Algunos la armaban y había que volver a dormirlos, y otros estaban demasiado confundidos como para saber lo que estaba pasando hasta que llegaban a ser vendidos. A los primeros, simplemente, se les vendía más tarde y ya estaba.

El chiquillo, al ver que la puerta de su jaula se abría, abrió los ojos exorbitadamente por el terror.

No…¡No!

Deja de lloriquear y sal, monada – dijo secamente el "trabajador de la casa de subastas", cogiéndolo del pelo cuando el chico se resistió.- Te tocará pronto.

¡No, por favor!

El "trabajador de la casa de subastas" sonrió, con algo de cansancio y hartazgo.

Ya estaba más que acostumbrado a eso. Ya le daba menos que igual.

Además, los escrúpulos no se pagaban.

Incluso había gente a la que le gustaba que los esclavitos lloraran…en fin, les parecería mono. Había gente con esos gustos, y mientras pagaran él no juzgaría.

Te toca – repitió.

Aunque…

De pronto notó algo.

Era…una sensación extraña.

Sin soltar al crío, se giró hacia donde la estaba notando…

…y se topó con unos ojos grises y ojerosos, algo soñolientos aún por la droga que le habían inyectado a su dueño, un joven adolescente de piel y pelo morenos, alto y casi excesivamente delgado, quien había llegado con el último lote se había incorporado en la enclenque cama, entre sus cadenas, donde descansaba un gorro blanco con manchas negras.

Y…, a pesar de estar aún como atontado, no dejaba de mirarlo.

El "trabajador de la casa de subastas" fue a ignorarlo, pero…

…pero…

…esa mirada…

No era a lo que estaba acostumbrado.

Era…una mirada irónica, firme…

Demasiado para ese crío escuchimizado que no tendría ni diecisiete y cuatro pelos mal crecidos en lo que pretendía ser una perilla…

El "trabajador de la casa de subastas", sin embargo, se rehízo, con una sonrisa cruel, señalando al otro niño con el látigo:

¿Qué, mirando? Bien, así aprendes…Así es como te trataremos si te resistes, ¿entiendes?

Pero el chico no dijo nada.

Y, lo que era peor, su mirada no cambió.

Bueno, sí.

Se hizo AÚN más irónica…e, incluso, empezó a sonreír, levemente… .

¿Qué pasa? ¿La droga te ha colocado? – masculló el "trabajador de la casa de subastas".

Sin respuesta.

Se comenzó a notar incómodo.

¿Oye, qué pasa, que no traes al 45? – dijo otro "trabajador de la casa de subastas", apareciendo.

No…es… - tartamudeó el otro, señalando al chico moreno. – Ese…ese jodido nuevo…el 72…

El otro, sin embargo, comprendió enseguida.

Ah…esa mirada…tranquilo, he visto a muchos de esos al principio que luego acabaron pareciendo gatitos…No te apures, que esas miradas sé quitarlas yo… - sonrió, empuñando el látigo y dirigiéndose a la puerta del incómodo esclavo…

Y, con eso, curiosamente, la sonrisa del chico moreno se expandió aún más mientras su mirada se hacía cada vez más lúcida…

…y, levantando las manos, masculló algo que el "trabajador de la casa de subastas" no alcanzó a oír…

¿Le traigo otra copa, joven maestro? – dijo Vergo, su fornido segundo, un hombre alto, moreno de pelo corto y musculoso, con gafas de sol y un poco de perilla.

Psh… - masculló el hombre que estaba tumbado en la tumbona, cruzando cansinamente sus brazos por detrás de su espalda.

Interpretando eso como un "Bueno", Vergo salió.

Don Quixote Doflamingo, el rubio,enorme y recientemente nombrado Shichibukai de estrambóticos abrigo rosa de plumas y gafas de sol de un rosa algo más oscuro, se encontraba en Mariejoa, la tierra sagrada del gobierno mundial y de los Marines, leyendo varias revistas, con las piernas, vestidas en un escandaloso pantalón de rayas de cebra rosas, cruzadas y gesto de hastío.

No sabía muy bien qué hacía allí ahora, la verdad.

Bueno, en parte, sí lo sabía. Como reciente Shichibukai, tenía que ir para que se hiciera "oficial".

Pero todo había sido un soberano coñazo.

Estaba aburrido. Pero mortalmente.

Esas reuniones sobre si de verdad había un hijo de Roger, o sobre la puñetera niña que había escapado de Ohara y que ahora sería una mujer hecha y derecha, a él, ahora mismo, no le interesaban. Y con los otros Shichibukais que acababa de conocer tampoco es que se muriera por hablar…digamos que tenían puntos de vista…mmmmh…

…distintos…

Lo dicho.

No pasaba nada.

Al menos, nada que él encontrara mínimamente interesante, claro.

Estaba por coger ya el barco y volver a Dressrosa.

Ya tenía lo más difícil, que era el puesto de Shichibukai…

Así que…

Como oyendo su anterior protesta silenciosa, una gaviota apareció con el periódico, tirándolo.

Desganado, Doflamingo lo cogió, llamándole entonces algo vagamente la atención…

Vergo, solícito, se acercaba con la copa…

…y de pronto quedó parado.

Doflamingo estaba partiéndose de risa, casi doblado sobre sí mismo, con el periódico al lado, y de vez en cuando volvía a mirarlo para reírse con aún más fuerza.

¿Todo bien, joven maestro? – dijo Vergo, dejando la bebida en la mesita.

¡Fufufufu! – rio Doflamingo, secándose las lágrimas de risa. – Sí, estupendamente…de hecho, hacía tiempo que no iba tan bien… - luego, sonriendo de oreja a oreja, se incorporó, diciendo al otro - Vergo…prepara el barco. Tenemos que irnos a Sabaody…

¿Y eso?

Doflamingo, con su característica sonrisa, se encogió de hombros mientras le daba el periódico a Vergo.

Han pasado cosas interesantes…¿no te parece, Vergo?

Vergo se fijó entonces en la portada…y se levantó por un momento las gafas de sol al ver lo que había pasado el día anterior.

Esa foto…

"¡ASOMBROSO INCIDENTE EN SABAODY!¡DECENAS DE ESCLAVOS FUGADOS!¡CASA DE SUBASTAS, PARTIDA!"

Era…era…

Era de la casa de subastas de Sabaody estaba cortada por la mitad,literalmente, de arriba a abajo…

…y…

…limpiamente.

Como si hubiera sido por una espada.

Pero lo más chocante del caso no era sólo eso…

Lo más chocante, era que debajo, como causante de eso, ponían la foto de un crío, un mocoso moreno que no llegaría ni a los dieciocho que vestía un ridículo gorro blanco con manchas negras, con unas cadenas a todas luces de kairoseki puestas…

…y que sonreía con una leve sonrisita de suficiencia a la cámara mientras hacía un gesto más que característico con el dedo corazón…

Arriba, se podía leer perfectamente:

"Trafalgar Law, causante del incidente".

Venga, decidme la verdad...¿a que pensabais que el niño que lloraba era Law?

¡Pos no! XDDDDDDDD.

Es que, a Law, realmente, no le pegaba eso...vamos, según mi punto de vista...

Y...ya veis que Dofla está más que de acuerdo..

Bueno, chicas, espero que os haya gustado. La semana que viene, más;). ¡Un abrazo!