¡Hola! ^_^

¿Qué tal, chicas? Muchas gracias por la acogida que tuvo el primer capi ;)...
Ya estamos con la BS...XDDDD, ya tardaba, ya(las que me conocéis lo sabéisXD, siempre pongo algo en mis fics de música).

En los ****AHORA****, poneos Good Enough de Evanescence ( watch?v=19V-GhZlDGU), es una de las dos que uso para esta pareja;)

Y, ya, sin más dilación...

Dentro, capítulo;)

UN CAPRICHO EXTRAÑO

El caos en la casa de subastas era enorme.

Por una parte, una sorprendida cuadrilla de la construcción estaba viendo cómo demonios volver a unir el edificio sin tirarlo entero y luego reconstruirlo entero…cosa que, para mayor furia de los que trabajaban allí a diario, era más que probable.

Por otra, cientos de clientes habían salido heridos al salir huyendo en desbandada en plena avalancha, golpeados por los esclavos que habían conseguido huir…que habían sido más o menos el ochenta por ciento.

Y, por si eso no fuera suficiente, encima un grupo de los "trabajadores de la casa de subastas" tenía que esforzarse en frenar a toda una nube de periodistas que no pedía nada más que hablar con el causante, junto con varios curiosos que se habían conseguido colar.

El causante, con las manos atadas a su espalda por grilletes de kairoseki y enganchado a la pared por una cadena, jadeaba contra un muro en la trastienda, aún dolorido por el último puñetazo en la cara.

- Maldita sea…eres…eres… - rugió uno de los "trabajadores", apretando los puños con furia. – No sólo nos las íbamos a ver y desear para venderte ya por lo grande que eras, sino que encima…

Era la primera vez que tenían a ese chaval en concreto en la casa de subastas y, desde luego, el muy cabrón se había hecho notar. Con razón su anterior dueño, al enterarse de su captura, les había dicho corriendo que lo revendieran… .

¡Joder, se tenían que haber imaginado que había gato encerrado!

Pero, a pesar de que el golpe había sido muy doloroso, el chico consiguió esbozar una sonrisita:

-No haberme secuestrado cuando estaba tan tranquilo. Así no os pasaría esto.

-¡CÁLLATE, ESCORIA!

De un brutal golpe en el pecho, el "trabajador de la casa de subastas" lo lanzó contra la pared.

Y hubiera seguido golpeándolo si otro no lo hubiera sujetado.

-¡NO TE PIERDAS! ¡Si lo marcas más, entonces sí que no lo venderemos!

-¡A ver, dejadme, ya me ocupo yo! – gritó una "trabajadora", acercándose a Law y comenzando a maquillarlo, sujetándole la cara. – Menos mal que tienes la piel oscura – masculló para sí mientras lo dejaba "presentable", disimulando por completo el moratón que se comenzaba a formar. - ¿Ves? Muy guapo…así no se nota…

El maestro de ceremonias entró, furioso, entre ese follón:

-No lo vamos a vender, después de la que ha liado. Si ya era difícil venderlo con su edad y la mierda de los tatuajes que tiene… Este chico es, desde luego, una pérdida completa. ¡No hay forma de amortizarlo!

-Con razón su anterior dueño nos lo ha dejado a nosotros… - suspiró uno, con desesperación - Ya verás cuando vea que no puede recuperar su dinero…

-¿Cómo vamos a pagar la maldita reparación?

-Bueno…podríamos hablar con los periodistas de arriba y hacer que nos pagaran la exclusiva. – dijo uno.

Con eso, los ánimos se tranquilizaron un poco.

-Pero eso no llega apenas para la mitad de la reparación, mucho menos para lo que hemos perdido con la fuga de los otros . ¡Incluso con los pocos que hemos conseguido vender, no hay suficiente! – gritó uno. Habían tenido que vender a los pocos que les quedaban, y con las prisas y la urgencia los habían malvendido.

-¿Y qué hacemos con él, entonces? – masculló la trabajadora – Porque va a gastar comida…y yo no sé vosotros, pero yo no quiero un monstruo aquí…

Claro…y cuando no pensabais que era un monstruo y que os podía hacer ganar dinero a espuertas sí que me queríais, ¿no?, pensó Law con sarcasmo…

-…nadie va a quererlo… - masculló otro.

Pero un sonido cortó de golpe todas las discusiones:

-¡Fufufu! Porque no me lo habéis preguntado a mí.

El maestro de ceremonias se giró, ceñudo. ¿Quién coño había logrado ba…?

Pero quedó de piedra al ver quién se había colado, seguido por varios de los "trabajadores" que tragaban saliva.

Esa sonrisa tan característica…

…ese abrigo rosa…

…esas gafas de sol…

…hacía relativamente poco había sido uno de los piratas más buscados…

y…ahora…

Era…el recientemente nombrado Shichibukai, Don Quixote Doflamingo.

El maestro de ceremonias, como pudo, esbozó una sonrisa de papel, haciendo un gesto con las manos para que se llevaran al puto crío de allí, antes de decir:

-Don Quixote Doflamingo…qué…placer verle por aquí. ¿En qué puedo servirle?

La extraña sonrisa de Doflamingo se acentuó.

-Vamos, vamos, puedes hacerlo mejor.

Cortó entonces el paso a los "trabajadores" que se llevaban a Trafalgar Law.

Y lo que hizo los dejó pasmados.

Sin vacilar, dejó un maletín frente a ellos…

…y cuando la mujer lo abrió, vio que estaba lleno de berris…

Como mínimo, ahí había trescientos millones.

Como mínimo.

-Espero que sea suficiente. – dijo Doflamingo lisa y llanamente…

…haciendo que a los otros casi se les cayera la mandíbula al suelo.

-¡¿DE…DE VERDAD SE LO QUIERE LLEVAR?!

Ha…habían oído que Doflamingo era un Shichibukai un tanto estrambótico, pero…¿¡llevarse a ese chico!?

¡¿A ÉSE?!

¡¿Y POR ESE PRECIO?!

A pesar de la enorme cantidad, palidecieron.

O, más bien, a causa de ella.

Si…si luego el chico la liaba otra vez y Don QUixote decidía demandarles y que le devolvieran el dinero, ya sería su ruina.

Y más dada la actual posición del enorme rubio.

Uno de los "trabajadores" carraspeó:

-Don…Don Quixote, ¿en serio quiere a éste chico? Le…le podemos ofrecer…aún no nos han llegado, pero está por llegarnos una hermosa pareja de gemelas, morenas también de piel y de pelo si es que esos son sus gustos, de las que se dice que bailan deliciosamente…podemos reservárselas sin problemas por esa cantidad e incluso hacerle rebaja por las dos…

Sin embargo, Don Quixote Doflamingo no apartaba la vista del chico…

…que, a su vez, no le apartaba la mirada.

El Shichibukai se acercó a él, hasta estar frente a frente, mirando hacia abajo; pero el chico no pareció intimidado demasiado por la diferencia de altura: simplemente, levantó un poco más la vista.

-¿Trafalgar Law, no es así? – dijo el rubio.

-Ahá. – dijo el chaval, sin dejar de mirarlo.

-¿Sabes quién soy?

-No. Pero curiosamente es el que menos pinta tiene de pedófilo de los que han venido por aquí últimamente.

-¡¿PERO QUÉ DI…?! – gritaron varios.

Pero la risa de Doflamingo los interrumpió.

-¡Fufufufu! Me gusta este crío… - luego los miró - Así que "el que menos"…¿a quién pensabais vendérselo?

-Ehem – carraspeó el maestro de ceremonias- Entenderá…que tenemos ciertos clientes, interesados en artículos especiales, y…

-Tradúzcase "artículos especiales" por niños de doce años hacia abajo. Yo es que ya soy demasiado mayor, y entre eso y la que lié…

-¡¿PERO TE QUIERES CALLAR?! – gritó el que le había pegado antes.

Fue a darle otro latigazo…

…pero, curiosamente, la mano no le respondió.

Doflamingo, con la mano extendida hacia el otro con aire como casual, se volvió a dirigir a Law, muy divertido.

-¡Fufufu! Así que demasiado mayor…¿Entonces, por qué te trajeron?

-Pregúnteles a ellos, yo ni idea. – se encogió de hombros el moreno.

-Pensamos que podría atraer el interés de alguien, precisamente por su edad. – trató de terciar el maestro de ceremonias - Hay gente que tiene más reparos en comprar ejemplares más jóvenes…

-Niños – tradujo Law.

-Y…- intervino la mujer, tratando de no perderse - también… antes vino de una colección privada. Su dueño decidió revenderlo.

-¿Así que ya eras esclavo antes? – le preguntó el Shichibukai.

-No, Don Quixote- ya. – dijo Law, lisa y llanamente.

Doflamingo ignoró los gritos de los otros gritando que el chico mentía. Ya se estaban empezando a hacer más que pesaditos…

Al mirar a Law con más atención, el Shichibukai se dio cuenta de algo.

Entonces, ante el silencio pasmado de los presentes, Doflamingo alzó la mano, yendo a acariciar suavemente la mejilla del chaval.

Éste primero se puso algo rígido, siseando un poco entre dientes…

…y Doflamingo confirmó lo que pensaba.

Sus dedos estaban manchados de maquillaje moreno…

…y, por donde había acariciado al chico, estaba comenzando a vislumbrarse un enorme moratón.

-¿Te han pegado? – preguntó Don Quixote, sin perder su extraña sonrisa.

Con eso, los "trabajadores de la casa de subastas" saltaron:

-¡No le pregunte a él, le mentirá! – dijo uno.

-Exacto. ¡Esto…se…se lo ha hecho él, muchos lo hacen para que no los vendamos! – dijo la mujer - Teníamos que maquillarlo, si no..

Y, para pasmo de los otros, los dos que estaban explicándose se comenzaron a golpear.

-¿¡PERO QUÉ…!? – empezó uno, antes de que la otra le golpeara.

-¡NO SOY…!

Los otros miraron la escena, aterrados, mientras Doflamingo, con las manos casualmente extendidas y moviendo levemente los dedos como ejercitándolos, seguía sin dejar de mirar a Law.

Pero Law pareció ignorar la escena para contestar, con una leve sonrisa:

-No les hizo demasiada gracia que les cortara la casa de apuestas, así que… .

-¿Y por qué no huiste tú también?

-Lo intenté, pero me dejaron dormido de nuevo y luego me pusieron éstas. – replicó, mostrando sus cadenas.

El maestro de ceremonias, sudando, intervino de nuevo, con una resolución:

-Do…Don Quixote…si..si de verdad lo quiere, se lo puede llevar. ¡En serio, lléveselo!

La sonrisa de Doflamingo se volvió triunfal antes de girarse hacia el otro con burla.

-¡Fufufu! ¿No decíais primero que no me lo llevara?

-¡Es...es que no estábamos seguros de que le gustara, pero está claro que nos equivocábamos! – dijo, cogiendo el maletín, como con miedo de que Doflamingo se arrepintiera.

-¡Haga con él lo que quiera! – gritó otro, mirando la escena de la pelea con aprensión…

…y la pelea, junto con los movimientos de manos de Doflamingo, paró, instantes antes de que Doflamingo dijera:

-Está bien. Es un placer hacer tratos con vosotros.

Los otros no podían estar más aliviados, al tiempo que uno desataba la cadena de Law de la pared y le decía:

-Ve…¡venga, da las gracias de que alguien quiera ocuparse de…!

Law ignoró esa frase, sólo caminando hacia el rubio con leve resignación.

Vendido otra vez.

En fin, ya lo arreglaría.

Aunque…no dejaba de intrigarle el rubio, que ahora parecía sólo mirarlo a él.

Y su intriga se tornó pronto en genuina extrañeza.

Con un gesto extrañamente amable, Doflamingo casi acarició las esposas que sujetaban sus muñecas.

-¿Son molestas, verdad?

Los trabajadores, al ver lo que pasaba, quedaron paralizados, sin poder reaccionar…

…y de pronto, Doflamingo le había quitado las esposas de kairoseki.

Y, para remate, el chico, al ver sus caras de terror, sonrió

La espantada fue general, entre gritos de terror, mientras Doflamingo se reía con ganas, empujando suavemente al chico hacia afuera…

…entre los ecos de la casa de subastas que, cortada otra vez por varios sitios más, definitivamente se derrumbó, solventándoles el dilema a los obreros de la construcción.

Vergo, ignorando los gritos, las carreras y el derrumbe, seguía esperando.

Estaba bastante habituado a Doflamingo. No le extrañaba demasiado lo que su joven maestro pudiera hacer.

Bueno, al menos hasta ese momento.

Había sabido que quería ver al crío. Bien. La gente iba al zoo, a las ferias o a los circos a ver lo curioso. Lo entendía.

Por eso, en cuanto lo vio salir con Trafalgar Law, sin las cadenas de kairoseki, no pudo estar menos que sorprendido.

-No sabía que tenía estos gustos, joven maestro. – masculló Vergo al ver que salía con el chico.

Lo miró, algo despectivo. ¿Para ese crío, tanto? Le parecía un mocoso más de tantos. Vulgar, incluso, a tenor de la fotografía en la portada.

Aunque claro, también sabía la jodida manía que tenía Doflamingo con "acoger" a la gente.

El susodicho se encogió de hombros.

-Es un capricho, Vergo. No le busques explicación. Venga, vamos al hotel. Ya es tarde.

Trafalgar Law no parecía afectado por las miradas despectivas de la gente, que, en el mejor de los casos, al ver su collar, lo miraban moverse por el elegante y dorado hall del hotel como quien veía a una cucaracha corretear por la inmaculada superficie blanca de un pastel.

Law podía saber perfectamente lo que estaban pensando: ¿por qué una basura como esa estaba compartiendo el mismo espacio que ellos? ¿Por qué no lo habían metido por la parte de atrás, como a los demás?

Y es que muchos de esos hoteles tan caros en Sabaody, para que los dueños no tuvieran que soportar la inmensa molestia de compartir la habitación con sus esclavos, tenían unas dependencias en el sótano por las que los dueños podían, por la discreta puerta de atrás, hacer bajar a sus esclavos y dejarlos ahí hasta que les apeteciera recogerlos. No tenían ni que molestarse en hacerlos subir con ellos si no querían, porque tenían hasta comedor propio.

Pero, realmente, a él no le podía importar menos.

Miró hacia el techo de espejos que había sobre él, y sonrió…Desde luego, era muy metafórico el ver esos brillos dorados contrastando con su collar y con la ropa que llevaba…y sonrió al ver unas mujeres que lo miraban con repugnancia casi desde el comedor…

…y al verle hacer cierto gesto se pusieron a chillar.

Notó entonces una mano que lo cogía brutalmente del hombro, echándolo hacia atrás.

-No revolotees por aquí. Te llevaré a la zona de los esclavos. – dijo Vergo, en un intento de recordarle al esclavo cuál era su lugar.

-Gracias por recordarme mi condición, Vergo. Es un detalle de tu parte. – dijo Law, con una leve sonrisita. - ¿Algún complejo que estés pagando conmigo? Sólo por saberlo.

Apretó un poco los dientes al notar la presa de Vergo crecer como la de una prensa hidráulica en su hombro.

-Mocoso…

La suave risa de Doflamingo viniendo desde el mostrador bajó un poco la tensión.

-Vergo. Yo no te he dicho nada de que te lo lleves. Vamos al ascensor.

Varios comentarios susurrados en voz baja se escucharon cuando se vio que Don Quixote Doflamingo llevaba a su esclavo a su habitación.

Law sabía lo que estaban susurrando. Desde luego, la gente podía ser muy monotemática y muy poco imaginativa.

Aunque tuvo que reconocer que pensó en esos rumores al notar, en el ascensor, que el enorme hombre se ponía a su lado. Como había dejado claro antes, no ignoraba para qué habían querido venderlo…

…pero algo le decía que Doflamingo no había venido precisamente porque quisiera un polvo. Había visto a los que sí, y desde luego se les veía de lejos… .

Tampoco parecía ser un samaritano, no era tan idiota. Para empezar, sí, había tenido el detalle de quitarle las cadenas con esas más que deliciosas consecuencias, y curarle las heridas de las muñecas…pero el collar sí que se lo había dejado. Y, tras las extrañas escenas de la casa de subastas, se imaginaba que no dejaría que se lo quitara, o que si lo hacía ya lo arreglaría.

Además…uno no podía fiarse de alguien que no mostraba sus ojos, por mucho que sonriera.

Y eso ya era cuando la sonrisa transmitía confianza, así que en el caso de Doflamingo…

La sonrisa de Doflamingo se afinó más al darse cuenta de que el chico no le quitaba la vista de encima.

¿En qué estará pensando?

Aún no se le iba la charla que habían tenido de camino al hotel.

-Como pretendas huir… - advirtió Vergo.

-Es cierto – dijo de pronto Doflamingo - ¿Por qué no has intentado huir ya? No tienes las esposas.

Law lo miró con esa leve sonrisita.

-No me las hubiera quitado si no supiera que podría controlarme, Don Quixote –ya.

Don Quixote Doflamingo sonrió a su vez:

-¿En serio no sabes quién soy?

-No. Pero hay algo que sí que sé.

-¿El qué?

-Que es usuario de una Akuma no mi. No estoy ciego. Sé lo que ha pasado en la casa de subastas. Además, de todas formas aún tengo el collar. ¿No es así?

Sí, así era, pensó Doflamingo mientras seguían subiendo en el ascensor.

Realmente, era la primera vez que tenía un esclavo.

Y si el chiquillo no era ciego, él tampoco.

¡Pim!

El ascensor se detuvo en la planta y los tres salieron, rumbo a la habitación.

Se escuchó entonces un Den Den Mushi en el bolsillo de Vergo.

-¿Sí? – dijo éste, sacándose el pequeño caracol sin dejar de andar.

Doflamingo comenzó a abrir la puerta, flanqueándole el paso a Law…

…que, al menos abiertamente, no manifestó demasiada emoción al ver esa habitación tan lujosa, de blancas paredes, que incluso tenía una puerta conectando esa habitación con otra.

La habitación de Vergo, seguro, dedujo Law, con un suspiro.

Entonces se dio cuenta de que Doflamingo le estaba hablando.

-En un rato, subirán la cena. Tú dormirás en el sofá. No tengo ropa para ti, pero creo que de momento… - dijo, cogiendo una camisa blanca que Vergo se había empeñado en meterle en la maleta y que se le había ido quedando más que estrecha desde la última vez que se le había ocurrido ponérsela, junto con las zapatillas que daban en el hotel – Esto te puede servir.

…pero apenas Law hubo cogido lo que se le ofrecía, Vergo, con aire de circunstancias, le ofreció el Den Den Mushi a Doflamingo.

-Es importante. Dove.

-¿Dove? Vaya por Dios… - suspiró Doflamingo, cogiendo el teléfono y yendo un momento al baño.

Law, en silencio, observado por Vergo, había comenzado a montar el sofá –cama, a lo que el hombre se unió en tenso silencio mientras se escuchaba el rumor de la conversación. Cuando terminaron, Vergo simplemente se levantó, apoyándose en la pared, al tiempo que el rumor no cesaba.

En silencio, el chico ojeó las revistas, comenzando a mirarlas…

Y Doflamingo salió entonces del baño…

-Vaya…tengo que ocuparme de unos asuntos.

…con una expresión que Vergo le conocía muy bien

-Adiós, Law- chan.

Law se quedó algo extrañado.

¿Law- chan?

Vergo, mientras, estaba acompañando a Doflamingo hasta la puerta.

-¿De verdad no quiere que le acompañe?

-Tranquilo, Vergo. No hará falta. Vigila al crío y luego descansas tú también. – luego dijo, en voz baja - Ah…toma las medidas que creas necesarias.

Law no se giró mientras escuchaba, con la vista fija en la montaña de revistas y periódicos.

La puerta, entonces, se cerró.

De pronto, Vergo, haciendo reaparecer la esposas de kairoseki, le puso una en el tobillo antes de que Law pudiera preguntar nada.

-Te lo voy a dejar muy claro, mocoso. No sé qué te habrá visto el joven maestro, lo único que puedo decir es que le gustan las excentricidades. Pero, a mí, por mucho que me pida que esté pendiente de ti, NO me gustas.

Law, con eso, respiró profundamente.

-Buf, menudo alivio… me has quitado un peso enorme de encima,Vergo, porque tú a mí tampoco.

Vergo tuvo que hacer realmente un gran esfuerzo para no abofetear a ese mocoso.

-Ve a la maldita ducha, y agradece que te deje dormir en el sofá. Tienes quince minutos, ni uno más. Si tardas más, te sacaré de ahí estés como estés.

-Pervertido. – masculló Law antes de darse cuenta de la prisa que realmente tenía en entrar a la ducha en cuanto Vergo le dirigió la mirada.

****AHORA****

Law, tras desnudarse y taparse las manos dos bolsas para cubrirse los vendajes, entró en la ducha vestido ahora sólo con el collar y el grillete.

Ya en la ducha, suspiró, al notar el agua caliente caer sobre él, sintiendo como si con eso en parte le viniera alivio al empezar a estar limpio después de tanto…y en parte sentía como si, al relajarse un poco, se le echara ya todo el agotamiento encima en forma de adrenalina.

Desde luego, pocas veces había tenido un día así. Ni siquiera podría decir que el día que le pusieron las cadenas, porque no se acordaba demasiado. Había sido demasiado confuso.

En silencio, se tocó el collar, lamentando no poder quitárselo ahora y ya como había hecho otras veces y teniendo aún más ganas de reducir al tal Vergo a un puzle de mil piezas de las que había tenido antes, apenas sí habían cruzado un par de palabras.

Se miró el pie esposado, suspirando. Ojalá no tuviera los tobillos tan delgados, joder.

Tanto paripé para curarle las muñecas y luego lo esposaba igual. Algo así debía haberse imaginado de su nuevo "amo".

Aunque…también recordó que le había dejado vengarse con la casa de subastas.

Una leve sonrisa bailó en su cara por unos momentos, al recordar…

También…cuando se había enterado de que los otros le habían pegado…había hecho que ellos…

Inspiró, negando con la cabeza.

Es un capricho, Vergo. No le busques explicación.

No.

Nadie…nadie hacía nada por nadie sin esperar nada a cambio. Lo había aprendido por las malas en sus dieciséis años de vida. Eso, de hecho, le había costado que lo capturaran después de su primera fuga.

¿Qué Akuma no mi se habría comido ese tipo?

Tenía que pararse a ver qué probabilidades tendría él con la suya…si lograba quitarse ese grillete, claro.

Además, sabía que, en ese mundo, cuanto más fuerte eras, más grande te hacías…así que…

Y ese tipo medía como mínimo tres metros.

Aparte…le chocaba mucho que, siendo alguien tan importante como parecía, viniera sólo con un guardaespaldas…los idiotas de sus anteriores "amos" no lo eran e iban con una nube de guardaespaldas a todas partes.

…y, desde luego, la llamada indicaba que no estaba en absoluto solo.

Genial. Tendré que ver cómo solvento eso, se dijo, frotándose más, quitándose con cuidado las bolsas y, evitando mojarse las vendas, pasando la esponja por encima de los tatuajes de sus manos, después de haberse lavado los de sus brazos.

Sonrió un poco, con nostálgico orgullo.

Éste había sido su tercer intento de fuga. En sus manos y brazos tenía los tatuajes con los que se había logrado tapar las dos marcas que le habían hecho sus…"amos temporales", habiéndose hecho otros dos a juego en los no marcados para que quedara mejor y no se supiera cuáles eran los que tapaban las marcas y cuáles no. No había logrado taparse la primera antes de que le hicieran la segunda, pero eso había tenido fácil arreglo.

Los otros dos intentos de fuga habían salido bien hasta que lo habían vuelto a pillar; la última fuga había sido todo un éxito, porque, después de comerse la Ope Ope no mi casi por casualidad, se había librado de toda molestia con facilidad y había llegado a estar libre un año entero, comenzando incluso a aprender algo de medicina...y por eso se había llegado a confiar.

Aquí, en el tercer intento…

Había sido demasiado lento. Torpe. No había salido a tiempo de la jaula.

Aunque al menos esta vez no lo habían marcado.

Todavía.

Esa maldita droga, no le veo más explicación, suspiró, enjabonándose. Si supiera más de medicina de lo que sé…

Incluso después de los golpes se había sentido todavía atontado.

Los golpes…

Vio que ya estaban reapareciendo los moratones, antes cubiertos por el maquillaje que ahora se estaban llevando el agua y el jabón.

Bueno, pensó, enjabonándose el pelo y mirando hacia arriba, ni que fuera la primera vez que le pegaban.

Pero, desde luego, sí podía hacer que fuera la última.

Volvió a tocarse el collar.

Ahora…

Ahora tenía que planear la cuarta fuga.

Y, en vista de lo que le rodeaba, se imaginaba que iba a ser, cuando menos, complicada.

Te quedan cinco minutos – dijo la voz de Vergo.

Sí.

Bastante complicada.

Dove, una joven mujer albina de pelo blanco y ojos de un azul casi gris, con las ropas ensopadas, corría en la oscuridad de la noche buscando refugio, ante el silencio de las calles abandonadas de esa parte de Sabaody…

Había abandonado ese archipiélago perdido cerca de Mariejoa, casi a nado.

Entre los cadáveres de sus compañeros muertos, todos congelados

Esa…esa mala puta de Monet…la muy…se…había dado cuenta a tiempo y los había sorprendido cuando llevaban varias horas allí…

Era…eran cien, muertos como si tal cosa…

…y habían muerto tratando de sacarla a ella de allí, en el peor operativo de la historia de Dressrosa…

…montado para nada …

La idea…había sido…recibir a Doflamingo cuando saliera, en teoría hacía apenas un par de horas…atarlo, encañonarlo…nada…nada más simple…

Tres toneladas de kairoseki en cadenas y balas, a la mierda…

Aún recordaba la risa de Monet…

Mierda…

¡MIERDA!

¿¡PERO DÓNDE TENÍA LOS OJOS DOFLAMINGO, QUE YA NO ESTABA EN MARIE JOA!?

Tenía…tenía que avisar a sus cinco herm…

Gritó cuando un tiro le dio en la pierna, desde un punto desconocido…

…y quedó helada ante la sonriente expresión que la recibió.

-Desde luego, tu nombre te viene como anillo al dedo…¿quería decir "paloma", verdad? Porque te hacía en Dressrosa, cuidando lo que te dejé…¿Dónde están las otras palomitas, Dove? ¿Han sido buenas o han salido como tú?

Dove, tragando saliva pero aguantando el tipo, empuñó su pistola, con las balas de kairoseki cargadas.

-No toques a mis hermanas, desgraciado…

…pero quedó helada al dase cuenta de algo…

Doflamingo le había sujetado la mano y le había hecho sacar las vivre cards de sus hermanas...

…y casi pudo escuchar los clicks y a gente apuntando la dirección en que señalaban…

Bramando, Dove hizo un esfuerzo por tirar todas al aire y volver a empuñar el arma:

-¡No eres más que un perrito faldero del Gobierno! ¡Tú no eres el rey de nada, Doflamingo! ¡No tienes NADA!

La sonrisa de Doflamingo se acentuó.

-Corrección, querida…AÚN no soy el rey de nada…Por cierto…deberías hacer algo con ese pulso tuyo…¿no crees?

Dove abrió muchísimo los ojos…

…y peleó con todas sus fuerzas cuando su mano, la de la pistola, comenzó a torcerse hacia su cabeza entre sus gemidos de angustia y la suave sonrisa de Doflamingo mientras éste movía los dedos como en el aire…

Un tiro asoló la oscura noche de Sabaody, sin nadie más para oírlo que Doflamingo y las figuras silenciosas que habían presenciado la ejecución, preparados para actuar a la mínima…

…y que enseguida se ocuparon de retirar el cadáver mientras las órdenes de masacrar la zona de Dove en Dressrosa eran enviadas por Doflamingo vía Den Den Mushi, así como de buscar a las otras Palomitas en la dirección que señalaban las vivre cards que recogían…

Ya estaban empezando a surgir los traidores.

Y sabía que la cosa no había hecho más que empezar.

****AHORA****

Vergo cabeceó sobre el libro, pero conseguía mantenerse despierto.

No ya por el maldito crío, que dormía. Eso ya le daba igual. Había tenido, además, el buen sentido de tener la boca cerrada.

Era por la llamada que el joven maestro había recibido, hacía un rato.

Ya había tenido un mal presentimiento antes de salir de Dressrosa para que hicieran oficial el nombramiento.

Se levantó en cuanto escuchó la puerta abrirse.

-¿Todo bien? – dijo el moreno.

-Gracias, Vergo. Los demás nos esperan en el barco y dispersos por las direcciones de las vivre cards. Tenemos que ver lo que dejó Dove.

-Las Palomitas. – dijo Vergo, con un suspiro. El que no hubiera recibido ninguna llamada mientras estaba allí no era halagüeño…un momento…mientras estaba alló… - ¿Y qué hacemos con el crío?

Casi se había olvidado de él.

Casi.

No se le había pasado por alto lo que habría podido pasar si no hubiera ido a por él. Seguramente Dove no lo habría matado…pero…la cosa habría sido más…complicada.

Sonrió.

-Pues llevárnoslo luego a Dressrosa. No faltaría más.

Vergo lo miró incrédulo.

-¿A él?¿Está seguro?

-Fufufu…tienes unas cosas…¿Tomaste medidas como te dije?

-Por supuesto. Ahí lo tiene. – dijo, señalando el sofá – cama - Después de cenar estuvo leyendo el periódico sin decir ni palabra y hace cosa de dos horas se fue a dormir.

-Bien. Entonces…- dijo, dándole una vivre card que señalaba cerca de allí - ¿cuento contigo?

El hombre, sin dudarlo, se cuadró, se inclinó y, tras abrir la puerta, salió a la noche.

En silencio, Doflamingo se acercó al sofá cama.

El chico estaba hecho un burullo en las mantas, aparentemente durmiendo como un bendito.

Sonrió un poco: durmiendo y sin el gorro, Law parecía un poco más pequeño, con mechones de pelo moreno apuntando cada uno por su lado…

…pero, bajito, Doflamingo rio al darse cuenta casi enseguida de algo.

Law dormía, mientras su mano aferraba algo que no llegaba a ver, bajo las mantas. Tal vez algo que habría desatornillado de la cama, con el sigilo suficiente para que Vergo ni se enterara…

…y ya tenía que ser sigiloso, ya.

Pero eso, en vez de irritarlo, lo divirtió aún más.

-Fufufu, qué desconfiado…o prudente, dado tu caso. – dijo el rubio, en voz baja…y se fijó en que tenía, en uno de sus pies, las esposas de kairoseki.

Hablando de desconfianza y/o prudencia, recordó lo que le había dicho a Vergo.

Miró al chico, que seguía aparentemente dormido.

-¿Hola? ¿Law- chan? – dijo, risueño, en voz baja. – Sé que estás despierto. ¿Lo has oído todo, verdad? Ha pasado poco después de que viniera a por ti.

Pero el mencionado siguió sin moverse. De hecho, sus párpados ni siquiera temblaron.

Desde luego, no es mal actor. Casi me lo creo, pensó Doflamingo.

Casi.

Se dio cuenta de que, ahora que se había duchado y el maquillaje se había ido, los moratones en esa piel morena se veían aún más claramente, destacando todavía más con la camisa blanca que se había puesto, al igual que los tatuajes de sus brazos y manos.

…y sin poder evitarlo, acarició la cabeza del chico.

Sonrió de nuevo al notar una leve tensión, que el chaval controló enseguida, expectante pero aferrando la barra con aún más fuerza bajo la sábana, listo para lo que pudiera pasar.

Pero…Law no hizo mucho más al notar que la caricia no pasaba de ahí.

No había doble intención. Era…¿era como la de esa mañana, cuando le había quitado el maquillaje?

No.

No era simplemente exploratoria.

Era suave, reconfortante… .

Como la que no había recibido en años.

Y siguió así, suave, con esa enorme mano cubriendo su cara sin hacerle daño, sin amenazarle.

Casi a su pesar, empezó a tranquilizarse, notando cómo los nervios de ese día y todas las precauciones se comenzaban a anestesiar, dejando paso al cansancio, que, ahora sin embargo, en lugar de agobiarlo como en la ducha, le invitaba a cerrar del todo los ojos, a darse cuenta de lo cómodo que estaba en esa cama, de lo realmente a gusto que estaba después de tanto tiempo; a relajarse por fin…

Tanto…que no se dio cuenta de que se estaba empezando a quedar dormido de verdad, casi sin oír la suave risa de Doflamingo mientras éste decía:

-Si ya lo sabía yo… Hasta mañana, Law - chan.¿Sabes? Creo…que me das suerte…

Y Law estaba por entonces tan profundamente dormido que no notó un beso en la mejilla.