Disclaimer: Los personajes y las situaciones que les recuerden a Twilight no me pertenece, esta inspirado bajo la obra de Stephenie Meyer. Y la historia es de Tanya Michaels.

Argumento: Cuando Nessie Cullen, de seis años, escribió un correo electrónico a toda la asociación de padres de alumnos para pedir una mamá, los problemas de la directora interina Bella Swan no hicieron más que empezar.

A Edward, el padre de Nessie, no lo habían llamado al despacho de la directora desde que era un niño… y nunca había visto una directora como Bella. Para ella, mezclar trabajo y placer era absolutamente imposible. Además, era muy probable que Edward tuviera que irse a trabajar a Colorado en unos meses. No sería justo que Edward metiera una madre provisional en la vida de Nessie. Sin embargo, ¿cómo iban a negar Bella y él los sentimientos que se arraigaban cada vez más entre ellos?

Prólogo

«¡Te odio, Santa Claus!», se dijo Nessie para sus adentros.

Nessie Cullen, de seis años, estaba sentada a la mesa en el comedor de su tía Rosalie y se acordaba del día que la llevó al centro comercial de Charlotte para hacer las compras de Navidad. Se hizo una foto con Santa Claus y le dijo lo que más quería en el mundo. Como su padre le había dicho que no fuese avariciosa, ella solo le pidió una cosa: una mamá nueva.

Sin embargo, ya estaban a finales de enero y su padre no había salido con una sola mujer. ¿Cómo era posible que Santa Claus no la ayudara cuando había sido muy buena? La señora Norris, su niñera, decía que era un ángel. Había sido casi perfecta. Algunas veces se peleaba con su primo Bobby, pero eso no contaba porque él siempre empezaba a fastidiarla.

—Nessie, ¿te pasa algo? —le preguntó su tía—. No comes nada y te encanta el guiso de carne. Lo he hecho especialmente para ti.

A Nessie le encantaba casi toda la comida que se hacía en casa de su tía Rosalie. Su padre no era un buen cocinero y por eso casi todas las noches cenaban en la hamburguesería. Menos los martes, cuando su tía Rosalie la recogía en la clase de ballet y su padre iba después de cerrar la tienda y cenaban juntos. Esa noche no tenía hambre. Le dolía el estómago. El estómago empezó a molestarle cuando la profesora de ballet les recordó que en abril tenían una función muy importante y que iba a mandar notas a las casas para pedir madres voluntarias que las ayudaran. Lorelai Moon dijo inmediatamente que su madre iría. La madre de Lorelai dirigía el coro infantil de la iglesia. La madre de Lorelai estaba en la asociación de padres de alumnos con su tía Rosalie. La madre de Lorelai hacía las magdalenas para la fiesta de Navidad de la clase de ballet. Nessie era la única niña de la clase de ballet, y de todo su curso, que no tenía madre.

—No tengo hambre.

Su padre la miró. No había hablado mucho esa noche y a ella le pareció que estaba triste, lo parecía muchas veces últimamente. Seguramente, porque estaba solo.

—¿No se te ha abierto el apetito en la clase de ballet? —le preguntó él.

—¿Puedo levantarme? —preguntó ella encogiéndose de hombros.

La tía Rosalie frunció el ceño y Nessie pensó que iba a negarse, pero las personas mayores eran sorprendentes algunas veces.

—Puedes subir al cuarto de Bobby mientras terminamos. Bobby, en Navidad te regalaron algunos juegos de mesa nuevos. Estoy segura de que a tu prima le gustaría jugar contigo.

La verdad era que, en esa casa, solo le gustaba jugar con Butterscotch, el perro de aguas de su tía, pero siempre lo sacaban fuera durante las comidas.

—¡Tengo once años! Mis juegos no son para niñas de seis años. Además, tengo deberes y dijiste que podría usar tu ordenador para hacer la redacción.

El ordenador de la tía Rosalie estaba en su despacho, que tenía una puerta con pestillo.

—¿No podemos ir los dos a tu despacho? —preguntó Nessie—. Bobby puede hacer la redacción y yo puedo llevar a Butterscotch con nosotros.

La tía Rosalie accedió y Nessie siguió a su primo al despacho.

—Son unos deberes muy importantes —le avisó su primo en el tono malhumorado de siempre—. No me fastidies, ¿de acuerdo?

—¡No te preocupes!

¿Para qué iba a querer hablar con Bobby? Era un majadero. Se sentó y se dio unas palmadas en las rodillas para que Butterscotch se acercara. Abrazó al perro y apoyó la cara en su suave pelo. Nessie empezó a sollozar, no se dio cuenta de cuándo empezó a llorar, pero ya no podía parar.

—¡Eh! —exclamó Bobby en tono asustado—. Deja de llorar. Van a pensar que te he hecho algo.

—No… no puedo…

—¿Por qué estás llorando?

—Porque… porque no tengo una mamá…

Él se calló. Ni siquiera Bobby era tan majadero para fastidiarla con eso. Se sentó en el suelo, al otro lado de Butterscotch, y le dio unas palmadas en el brazo para consolarla.

—¿Te acuerdas de ella? Eras muy pequeña cuando murió.

También decía que era muy pequeña en ese momento… Ella no pudo contestarle porque estaba llorando demasiado.

—La tía Tanya era fantástica —siguió Bobby—. Una vez le dije que quería ser científico y pensé que a lo mejor se reiría de mí, pero me regaló un microscopio por mi cumpleaños.

El padre de Nessie le hacía regalos por su cumpleaños, pero no los envolvía, los metía en una bolsa. La tía Rosalie también usaba bolsas algunas veces, pero las ataba con cintas y metía papel de colores con el regalo.

—Necesito una madre —Nessie se frotó la nariz—. Santa Claus debería haberme traído una, pero no lo ha hecho.

Bobby abrió la boca y tomó aliento como si fuese a explicarle algo, pero sacudió la cabeza.

—No necesitas a Santa Claus, chiquilla, necesitas a «Promesas punto com».

—¿Promesas?

Nessie sabía qué quería decir «punto com». Algunas veces, su padre le dejaba jugar en su ordenador y su profesora, la señora Frost, les recomendaba páginas web para aprender fonética y hacer ejercicios de matemáticas. Sin embargo, no había podido utilizar mucho el ordenador portátil de su padre últimamente porque estaba muy ocupado con cosas de la tienda.

—¿Nunca has visto esos anuncios tan ñoños de Promesas? —le preguntó Bobby—. La gente se conoce por correos electrónicos y mensajes y empieza a salir. Tu padre tendría que inscribirse.

—Si él la conociera por ordenador, ¿cómo iba a saber yo si me gustaba? —preguntó ella poco convencida de que su padre fuese a hacerlo.

—A lo mejor ya la ha conocido, boba —replicó Bobby—. No por ordenador, sino en la vida real. Podría salir con alguien de la iglesia o de nuestro colegio. Así, sabrías inmediatamente si te gusta.

—Pero no habla con las mujeres de la iglesia ni del colegio.

Bobby arrugó la frente, como hacía siempre que pensaba mucho.

—En secundaria hicieron uno de esos bailes en los que las chicas piden a los chicos que sean sus parejas. A lo mejor conseguimos que una mujer se lo pida al tío Edward.

—¿Cómo?

¿Quién? Su profesora de ballet y su profesora del colegio estaban casadas. Bobby se levantó y miró las cosas que tenía su madre en la mesa. Tomó un librito amarillo donde podía leerse Asociación de padres de alumnos.

—Si te ayudara a encontrar una madre, no vendrías tanto por aquí.

—¿Me ayudarás? ¿De verdad?

—Tengo un plan —contestó él abriendo el librito.

Nessie ya había dejado de llorar y abrazó a Bobby con una sonrisa.

—Gracias, gracias, ¡gracias!

Era un día muy raro si podía confiar más en el majadero de su primo que en Santa Claus.


N.A: Vengo con una historia muy tierna, ojala que les guste, esta historia la actualizaré cada lunes.