Disclaimer: los personajes de Sailor Moon son propiedad única y exclusivamente de la Naoko T. yo solo los utilizo para mi diversión.

NA: Es un placer para mí decirles que esta historia está debidamente Registrada por SafeCreative bajo el código 1305285174880. Cualquier distribución, copia o plagio del mismo acarraría las consecuencias penales y administrativas pertinentes.

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Capítulo beteado por Jo Beta FFAD

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No quiero morir,
pero tampoco tengo deseos de vivir.
antes de enamorarme
ya me preparo para dejarla.

Me asusto mucho,
por eso sigo corriendo.
antes de llegar
ya me puedo ver volviendo.

Feel

Robin Williams

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Elecciones…

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Rinni se había ido y yo temía por Serena, se había sumido en una depresión absoluta de la cual me tenía jodidamente asustado, pasé la mano por mis cabellos y tallé mis ojos; me dolían mucho, era como si un par de dedos traviesos me hubiesen pinchado, necesitaba hablar con Eleazar, no me gustaba mucho las sombras oscuras que estaba viendo, supongo que eran los síntomas del final, la muerte me estaba rondando pero pelearía con la maldita, al menos hasta que mi trato con Serena estuviese claudicado.

Aparqué el coche en el sótano de Serena y me bajé caminando hacia el elevador, algo en mí no estaba bien y ese algo tenía que ver con ella. Serena se estaba metiendo dentro de mí, bajo mi piel; en lugares que no conocía, que ni siquiera sabía que latían, el ascensor paró en su piso y caminé hasta su puerta, tentado en abrir con la llave que Mina me había dado o tocar… Me decliné por tocar.

Una… Dos… Tres veces, Serena no abrió, saqué la llave de mi bolsillo y abrí rápidamente, podría decir que el apartamento estaba en silencio y eso me hubiese dado menos temor, pero no era así gemidos y lamentos salían del baño acompañados con arcadas, corrí hacia los sonidos.

—Sere…—susurré suavemente levantándola del frío mármol, se veía tan triste, tan rota…Negué con la cabeza, prometiéndome a mí mismo que encerraría lo que fuera que sentía por ella, ella no estaría así por mí… nunca.

— ¿Qué sucede nena? —Era una pregunta estúpida, pero sentía que ella necesitaba eso. No me equivoqué, Sere se derrumbó aún más ante mis ojos, mostrándome que la chiquilla fuerte que se resistió por casi mes y medio a mí no era más que un escudo protector que estaba tan golpeado, que un golpe más lo podría destruir; no quería eso, no para Serena, era una de las razones por la cual intentaba ser distante aunque era casi imposible. Cada vez que nuestras pieles se rozaban la electricidad entre nuestros cuerpos era demasiada, me hacía querer más, sentir más—. Si tanto te afecta que Rinni se haya ido, ve por ella o llámala —sentencié, pero ella no dijo nada, la mecí entre mis brazoscomo si fuese un bebé delicado—. Habla conmigo Serena…—traté de darle confianza, habíamos quedado en que seríamos amigos.

— ¿Alguna vez te has sentido solo, Darien? ¿A pesar que tienes mil personas a tu alrededor? —Dios cuánto la entendía, yo siempre me había sentido solo. De pequeño, mis padres siempre pasaban en reuniones sociales, creo que fue una de las razones por la cual me aferré a Seiya, porque quería a alguien junto a mí, pero no fue así. Ni Luna y su abrazo profundo y cariñoso, ni Seiya que estaba tan aferrado a mí como yo lo había estado a él, nadie llenó ese vacío, nadie excepto…— ¿Has sentido que das mucho y recibes poco? O ¿que todos te decepcionan? ¿Alguna vez has sentido que no sabes por qué caminas, vives y respiras? ¿Alguna vez has querido que alguien sea sincero y constante, que te de lo que quieres? ¿Alguna vez has sentido lo que duele el rechazo y el abandono? —No dije nada. ¿Qué podía decirle? Yo no era más que un egoísta que solo pensaba en mí, nunca daba más de lo que sabía que podía darle a nadie, tenía una familia, dos hermanos unidos y una madre amorosa… No, yo no había pasado por lo que pasaba Serena, aunque tampoco sabía porqué exactamente ella había pasado.Serena se levantó de mi regazo limpiándose las lágrimas con fuerza—. ¡No lo has sentido nunca, maldita sea! ¡Así que no vengas aquí queriendo decirme que sabes lo que estoy sintiendo, porque no lo sabes! Quiero llorar, aunque piense que el llanto es para débiles, quiero maldecirme por ser tan confiada, tan ilusa, tan tonta como para creer que ella se quedaría junto a mí; estupidez o no, soy yo la que estoy sintiendo cómo me derrumbo y me hago polvo mientras el mundo gira a mi alrededor y, ¡maldición, quiero escapar! Quiero ir a un lugar donde nadie sepa quién es Sere Tsukino, ¡un lugar donde nadie me lastime! — ¡Joder! Grité mentalmente cuando ella corrió alejándose de mí, metí la cabeza entre mis manos gritando internamente no estaba ayudando, no estaba haciendo una jodida cosa aquí y, sinceramente, no sabía cómo lidiar con esto. Sentía perdido mis años de universidad, ¿podía darle consuelo? Yo, el hombre que simplemente estaba con ella para "follar", sentí su llanto ahogado por la almohada y me levanté del suelo caminando hasta su habitación, me senté a su lado en la cama sin tocarla ni hablarle, buscando las palabras exactas para animarla.

¿Por qué no? un buen amante no es sólo el que las hace gritar de placer, es aquel que está para escuchar, mimar, comprender, sólo estar.

Le conté de mis padres, de mi familia y de lo solo que siempre me había sentido, la ataqué, la coaccioné, fui cruel pero era lo que ella necesitaba, no auto compadecerla, necesitaba que ella misma quisiera tener la fuerza suficiente para levantarse y mostrarle el culo a la vida a no depender de nadie. Caminé fuera de la habitación después de charlar con ella, me dejé caer en el sofá de su sala, la cabeza empezaba a palpitarme y traté de serenarme y respirar profundamente, no supe cómo me quedé completamente dormido.

Desperté la mañana siguiente irritado, la cabeza me dolía y había vomitado dos veces, tenía que atender a los Williams y estaba harto de su maldito problema de comunicación; el sexo va ligado a todo eso, si no se comunican nunca van a saber lo que de verdad les gustaba.

Rei tenía que cubrir un evento, por lo cual había que hacer un pregrabado y odiaba los malditos programas pregrabados, sentía que perdía la esencia del programa. Como aderezo, Caos quería que hiciera una nueva programación de todo el mes de Diciembre para el programa. Vi a Serena aparecer por el corredor y, aunque quise sonreír no lo hice, en cambio le di un frio y cortante buenos días. En sí, Serena no contestó como para hacer mi día mejor, a pesar que se veía mucho mejor que ayer, se mantenía callada y no había nada que me molestara más que el maldito silencio.

El día empezaba como una mierda completa.

Me levanté de la silla y tomé mi saco dispuesto a irme, pero ella me detuvo cuando estaba a punto de salir.

—Darien —me detuve frente a la puerta—, gracias… Por saber qué decir.

—Es mi trabajo Serena, analizar y saber aconsejar, ser duro y realista, si en realidad tengo que serlo. —No me gire—. Grabaremos por la tarde el programa de esta noche, ya que Rei debe cubrir el evento del hotel Hilton; será entre cuatro y seis de la tarde, me gustaría mucho que pasaras por la emisora, quiero enseñarte algo. —Abrí la puerta dispuesto a irme pero también dispuesto a arrancar a Serena de ese abismo oscuro en el cual ella se estaba enterrando—. Si no lo haces, te recuerdo que tú y yo tenemos un trato, vendré por ti y te llevaré de todos modos —sentencié tajantemente.

Llegué a mi departamento y alimenté a Frey, atendí a los William con el jodido dolor de cabeza en su punto máximo y el corazón palpitándome en la sien, tomé los dos comprimidos y me relajé por unos minutos antes de salir a la inmobiliaria, por fin le habían conseguido un comprador al picadero, necesitaba deshacerme de él antes de que se acabara todo esto.

En la entrada del edificio me encontré con Andrew, no fue un encuentro cordial, por supuesto, pero tampoco nos agredimos, agradecí mentalmente que él fuese de salida.

Cuando terminé la negociación le envié un mensaje a Serena, quería que ella estuviese segura que si no venía a mí, yo iría a ella.

Su mensaje fue animado y algo sarcástico por lo que me atreví a jugar un poco con ella, mientras me subía al coche, tan pronto terminé con Sere, un nuevo mensaje llego a mi celular: Amy.

La había conocido en un bar dentro del campus de la universidad, sabía que tenía novio pero eso no nos impidió pasar un muy buen rato en uno de los baños del gimnasio, había estado jodidamente asustado cuando supe que estaba embarazada, afortunadamente, y por las cuentas no cuadraban las fechas, lo que me dejo más tranquilo. Luego ella se casó con el jugador estrella del equipo de baloncesto… un cliché más: porrista y jugador estrella ¡bah! El celular volvió a sonar con un nuevo mensaje de Amy.

Había estado insistiendo con que nos viéramos pero no estaba de humor para hacerlo, además que Serena ocupaba todo mi tiempo libre, eliminé el mensaje del celular sin leerlo, por un momento pensé en llamarla pero a mi mente vino ella…

Ella, Serena. Aún puedo ver sus ojitos asustados cuando yo le propuse el jodido contrato. Sí, lo siento, lo siento, sólo quería follármela, seamos sinceros, la cosita ni me miró cuando nos encontramos en el elevador y joder, Yo... Soy...Darien Endymión Shield Chiba. Se veía tan inocente y tan indiferente a mí que golpeó fuertemente mi ego, así que fue fácil y práctico aprovecharme de su necesidad para llevármela a la cama, no me importaba un pepino su novela, yo sólo quería quitarle su aire de inocencia, su moralidad virginal y su mirada de juzgamiento para conmigo. Sí, sí… lo sé, ¿eso querían saber? Yo... Me... La... Quería... Tirar.

Pero ahora era todo tan diferente que me abrumaba. No era amor, estaba seguro como que el infierno quema que no estaba enamorado de ella, era… atracción, química. Serena era arcilla en mis manos, yo la estaba forjando y sentía como si ella fuese una posesión, como si ella fuese mía; yo la estaba creando y la estaba moldeando para que ella satisficiera mis deseos.

Miré mi celular encenderse con un nuevo mensaje pero eso no fue lo que me llamó la atención, la fecha me recordaba que mi tiempo con Sere se estaba agotando y quería experimentar muchas cosas con ella, quería tenerla a mi merced, quería ser el dueño total de su placer.

Sonreí ante el retrovisor del Aston tenía muy buenos planes para Serena Tsukino… Todos ellos la incluían atada a mi cama y a mi completa merced. El celular me hizo negar nuevamente, al parecer, Rei estaba impaciente.

— ¿Qué pasa Princesa del hielo? —dije aquel viejo apodo que le teníamos de niña.

—¡Donde demonios estás! Caos está aquí y quiere hablar sobre los cambios del programa.—Miré mi reloj de pulsera.

—Lo olvidé completamente Rei, dile que en diez minutos tendrá mi trasero en la emisora. —Colgué y aceleré a fondo, con una sonrisa de satisfacción en mi cara por lo que se me había ocurrido.

La pelea con Caos fue dura, el viejo simplemente quería joder, sí, JODER con mayúsculas y resaltados. La programación para "Hablemos de sexo" era limpia pero él quería que reacomodáramos los temas, así que había pasado toda la tarde en esto: reacomodar la presentación del programa, al menos había desistido de que cambiáramos el formato como había sugerido en un principio. La cabeza me dolía como ya era normal desde hacía cuatro meses atrás, esa maldita punzada nunca se iba, se apaciguaba pero siempre estaba ahí como una puta sombra. Me recosté en el sofá, mirando mi cubículo fijamente, parecía como si un tornado hubiese pasado por él; resoplé audiblemente y cerré mis ojos, presionando el puente de mi nariz y moviendo mi silla, un mal hábito que papá me había enseñado cuando tenía unos cinco años, era uno de los pocos recuerdos que tenía de papá. Élestaba ocupado al teléfono y yo lo jalaba del pantalón, así que me había subido a su silla y la había movido con su mano para que yo me quedara quieto.

No sentí la puerta abrirse pero sí el aroma de Serena inundado todos mis sentidos, era jodidamente difícil entender cómo ella me hacía sentir, mi cuerpo entero entraba en estado de pausa y el animal sexoso y brutal que exigía que la fundiera, se calmaba bajo el arrullo de sus dedos en mi cabello. Lo sabía, estaba jodido, aunque me lo negara día tras día SerenaTsukino estaba metida bajo mi piel, pero si algo había de cierto en todo esto, en el placer que obtenía de su cuerpo, en la forma en cómo mi corazón latía cuando nuestras pieles se rozaban. Debía exterminar cualquier cosa que me uniera a ella, no es como si tuviese vida para empezar a ser un hombre de bien y correcto.

No, ya no era el momento, éste se había ido, se había ido para siempre.

El programa fue tema libre, empezaríamos la nueva programación la semana siguiente; fue entretenido, coqueteé con varias chicas y me atreví a enviar un mensaje entre líneas a la mujer que me miraba desde la cabina, hacían muchas semanas que no la tenía y mi cuerpo pedía que me enterrara en su coñito tibio y prieto.

Luego del programa nos fuimos a cenar, había hablado con Rinny y me había comentado una vez más sobre el diario, pero Serena estaba completamente negada a hablar sobre el tema, decidí dejarlo pasar y llevar a cabo mi plan y observar hasta donde llegaban los límites de Serena, llevándola al mismo lugar en la que lo había llevado la primera vez que la tomé como alumna, a diferencia de aquella primera vez Serena me condujo hasta la discoteca.

Entre tragos y palabras lascivas, la llevé a la pista de baile, su cuerpo se amoldo al mío en la pista, que estaba completamente abarrotada; chicos que más que bailar, parecían follar en seco. Agarré su cintura mientras sonaba una de las tantas canciones de la reina de pop, mis manos recorrieron su cuerpo mientras nos mecíamos lentamente al compás de la música, el aroma de su sexo era fuerte y penetrante nublando mis sentidos, haciendo que mi miembro se empalmara como un puto mástil, las luces jugaron a mi favor opacándose hasta que lo único que podíamos ver eran masas removiéndose una con la otra, podía sentir las puntas de sus pezones pidiendo a gritos que los girara con mi lengua; los acaricié lentamente, dándole a entender que solo era cuestión de horas para poderlos degustar libremente. Mientras sentía el éxtasis de los previos envolviendo mis sentidos. Serena se entregada completamente a mis caricias, introduje mi mano entre su ardiente piel y la tela de sus jeans, exclamando una maldición cuando me encontré con su tibia carne completamente empapada por mis caricias.

Ella ahogó mi nombre en un murmuro y la toqué sin vergüenza y con maestría deseando por estar cerca de una pared y enterrarme en ella hasta que dejase de existir.

Joder, si moría con ella apretándome, sería la muerte más jodidamente placentera que pueda tener. Presioné mis labios sobre los suyos, calmando los pocos espasmos que recorrían su cuerpo o calmando mi necesidad de penetrarla hasta que mi cuerpo se saciara del suyo.

Conduje a casa como un verdadero maniático y la acorrale en el elevador, como el leopardo que acorrala a un cervatillo inocente. Rocé mi sexo con el suyo, deseando que el puto aparato fuera más rápido. Por lo general, nunca perdía el control de una situación pero, sinceramente, mis estudios me importaban un infierno, quería a Serena desnuda y dispuesta a entregarme tanto o más placer del que yo le daba a ella. La soldé a mí hasta llegar a mi departamento, maldiciendo el puto sistema de seguridad autoimpuesto cuando el aparato me dio error dos malditas veces.

Era mi jodida casa y no podía anotar bien el maldito código, en lo único que podía pensar era en Serena atada a mi cama con las piernas abiertas y su coño rosado y calentito abierto para mí; era una necesidad superior a lo que había sentido en otras ocasiones, era el deseo de marcarla como mi propiedad a pesar que sabía que no podía hacerlo,ella no era para mí,mis días estaban contados y mi vida escapaba de mi cuerpo como un jodido reloj de arena disolviéndose en el tiempo. La entrega de Serena era absoluta, intachable y, joder, ya había sentido esa entrega de parte de Unasuki y no podía soportar hacerlo nuevamente, la recosté a la pared embistiendo mi polla en su centro abierto y protegido por sus jeans, lanzando mis labios con los suyos, mordiendo cada trozo de piel nívea y que solo había sido tocada, besada e infamada por mis labios y por mis manos. Estrellé su espalda pequeña y delicada contra la pared sin parecer que a ella le afectara y mordí sus labios con toda la lujuria que corría por mis venas, como un ejército buscando guerra. La imagen de Unasuki, pequeña e inocente, se coló por mis sentidos haciendo que rompiera el beso de forma tajante y brutal.

— ¿Qué estamos haciendo, Serena? —Mi voz salió gutural por el esfuerzo sobre humano que estaba haciendo para no romper sus ropas y tomarla contra la pared.

—No… no lo sé. —Mis ojos se encontraron con los de ella y acaricié su rostro como si la fuese a destrozar, como si ella despareciera en cualquier momento—. No quiero saberlo, ni buscarle una explicación. —La besé nuevamente, tiré de sus labios porque ella no me pertenecía, yo no tenía derecho a poseerla y porque esto acabaría y yo me iría. Ella encontraría a alguien que en verdad la mereciera, tal vez sería el infeliz de Andrew o ese maldito novio que la buscaba como un perro que ha recordado que olvidó un hueso en su patio trasero y ahora lo busca desesperadamente.

La besé con fuerza, con pasión, recordándome internamente que tenía los días contados, que el jodido aneurisma estaba ahí, jodiendo mi puta vida y que si no fuera por este, quizás…

¡No!

¡No! no podía pensar así, no sería como esos hombres que se veían a minutos de su muerte y sólo pensaban en: Y si…y si yo la hubiese encontrado, y si la hubiese conocido años atrás, y si yo pudiera sanar, y si yo pudiese tener una vida junto a ella.

—No quiero herirte... —mordí su mentón—. Lo que tenemos acabará, ¿eres consciente de ello? —Ella asintió y buscó mis labios, dándome a comprobar que había hecho un buen trabajo con ella; estaba tan sedienta de deseo como yo—. No quiero lastimarte, Sere. Quiero que seas consciente de esto, de lo que somos—murmuré sin dejar de besarla, necesitaba mantener ese contacto—. Júrame que no te enamorarás de mí, Serena—dije, ignorando completamente la opresión de mi pecho, ella murmuró mi nombre presa del placer, de sentir mi miembro palpitante de deseo por ella presionando su clítoris sobre la tela del pantalón—. ¡Júramelo, Serena! —Sus ojos se encontraron con los míos—. No te enamorarás de mí.

—No… No me enamoraré de ti —gimió—No quiero sentir nada por ti y sé lo que somos, eres mi maestro y yo soy tu aprendiz. Tenemos un pacto. —Eso era lo que teníamos, un pacto, un tic tac que anunciaba que mi muerte estaba cerca, todo estaba dicho, hecho, consumado y aclarado.

Esa noche entre las brumas del placer y la lujuria, Serena se entregó a mí como nunca nadie lo había hecho, dejándome el total y absoluto control de su placer, la frase en el dolor está el placer, nunca había sido tan real para mí como cuando Serena lo soportó por mis deseos, su pequeño cuerpo temblaba ante mis órdenes, nunca había sido Dominante y nunca lo sería. El sumiso es quien tiene el absoluto placer, era el que colocaba los límites a la hora de sentir; yo llevaba las riendas del placer pero ella me controlaba a mí con sus caricias tímidas e inexpertas, a pesar de haberla tomado de todas las maneras que creía posible. Su culo se tornó rojo bajo el toque fuerte y brusco de mis manos, jugué con su cuerpo, empujé sus límites y bebí de su cuerpo, me ahogué en sus gemidos, palpé su deseo y me introduje tan dentro y profundo en ella, que gocé un placer sublime, que no había experimentado jamás.

Tenerla tan entregada a mi placer, era el punto suficientemente alto para estallar junto con ella en la altitud exclusiva de éxtasis total.

La tomé una y otra vez esa noche, incluso volví a hacerlo por la mañana más de una vez, algo en mi interior quería que el tiempo se detuviese pero, desafortunadamente, mi reloj biológico seguía haciendo tic tac y la bomba de tiempo hacía su conteo regresivo.

Tenía grandes planes para ese día todos, incluían a Serena apretada por alguna parte de mi cuerpo mientras gemía, jadeaba y gritaba mi nombre entre maldiciones…

Lo sé, soy genial.

Serena me preguntó porqué hablaba de la muerte y estuve a punto de decirle que me estaba familiarizando con ella, ya me veíacaminado por el túnel, porque…¿había un jodido túnel, no?

¿Pero que era la muerte en sí? No estaba seguro si había un jodido cielo o un infierno y si existía, había cometido bastantes pecados como para ir a asarme como pollo allá abajo, empecé a divagar sobre la muerte sin saber bien que decirle y agradecí mentalmente cuando mi celular sonó.

— ¿Qué onda estrellita? —contesté al ver quién llamaba.

— ¿Qué harás esta noche hermano?

— ¿Esta noche? —miré a Serena a los ojos, quería estar con ella, corrección quería estar enterrado en ella. Sus ojos se encontraron con los míos, la voz de Seiya me distrajo.

—Esta noche, Metállica dará un concierto en el Madison, Malachite ha conseguido los boletos y tú sabes, quizá este es el último concierto al que asistirás por terco y cara dura.

El tono de la voz de mi hermano era tranquilo y algo bromista, él me conocía, sabía que si me mostraba el dolor que sentía, yo saldría corriendo.

—No te pongas melodramático, Seiya —bufé—. ¿Es seguro que Hotaru vaya a ese tipo de lugares? Digo, por su estado. —Pasé una mano por mi cabello pensándolo, Metállica había sido uno de mis grupos favoritos cuando era un adolecente, pero si colocaba en una balanza a Serena y a James Hetfield* el coño de Serena, ella misma le ganaban por goleada—. No lo sé, Seiya. Sé que es una de nuestras bandas favoritas…

—Vamos Dar por los viejos tiempos hermanos, mujeres y Rock and Roll, puedes llevar a Serena si quieres.

—Eres exasperante, ¿lo sabías? —sonreí.

—Pero me amas, baby—dijo mi hermano con una mala imitación de chica—. Anda bebé, dime que me amas —se burló.

—Está bien amor, nos vemos en unas horas —me burlé.

—Darien Endymion Shields Chiba, dime que me amas—refunfuño al teléfono.

— Te amo, nene —sonreí colgando antes de contarle los nuevos planes a Sere. Y tal como lo sospechaba, mis anteriores planes se fueron al infierno.

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El concierto estaba bien, a pesar que había visto ciertas miradas discrepantes de Hotaru a Serena, entendía a Hotaru le había jurado que ninguna mujer —que no fuera Luna— me tocaría el corazón cuando ella fue a reclamarme por herir el corazón de Unasuki, poco antes del accidente que acabó con su vida.

Las luces, la adrenalina cantar a coro con los integrantes de la banda y tontear con Seiya como cuando teníamos trece años, me dejó un sabor agridulce en mi boca, esta era la última vez que haría esto con mi hermano y con Rei; bajé mi mirada a Serena que parecía una nena pequeña observando todo alrededor, cantarle a Serena que yo era el dueño de su placer mientras dejaba que su cuerpo se pegase al mío, la noche era jodidamente perfecta.

Sentí silbidos y varios comentarios sueltos de mis hermanos cuando atrapé los labios de Serena en un beso demandante y dejé que su figura se ajustara a la mía, nada me importaba; lo único importante para mí eran los labios de Sere moviéndose contra los míos, el calor de su cuerpo y sus brazos aferrados a mi cuello… Podía morir en ellos y sería jodidamente feliz.

Una pequeña punzada bordeó mi rostro y me separé de ella intentando no hacer ninguna mueca de dolor, sentía como si nuevamente me estuviesen taladrando la cabeza, giré a Serena dejando mi pecho pegado a su espalda y tomando su cuerpo como apoyo, la vista se me nubló dejándome completamente en una oscuridad siniestra, no como las veces anteriores que podía ver destellos de luz. Inhalé fuertemente el aroma de sus cabellos, tratando de no caer en pánico y no alertar a mis hermanos y sus parejas; poco a poco a medida que cada canción acababa, el Madison entraba en un frenesí de algarabía; mi vista fue cediendo poco a poco mientras sentía como el sudor frío corría por mi cuello hasta descender por mi espalda.

Cristo… Inhalé más profundamente cuando las sombras empezaron a verse, relajé mi postura justo en el momento en que Seiya me preguntaba si me sentía bien y si teníamos que ir al hospital, Serena también se asustó lo sentí en su voz, ya que no podía observarla. Colocó sus manos en mis mejillas y le dije que estaba bien, sin poder verla completamente. Seiya me conocía mejor que nadie y sabía que algo estaba mal. Bufó cuando Serena mencionó mis medicamentos para la migraña pero afortunadamente, ella no sospechó nada, Yaten recomendó salir antes de que el concierto acabara y era lo mejor para Hotaru y Mina, traté de caminar sin tambalear, me aferré al brazo de Serena cuando sentí que las piernas me fallaron… Lo intenté, intenté no preocupar a nadie pero el taladro era infernal y cuando Seiya preguntó del uno al diez qué tan intenso era el dolor tuve que decir la verdad.

Diez… Era un jodido cien, pero él no había dado la opción. Mis brazos se sintieron pesados, mis piernas se volvieron gelatina, dejé de escuchar el murmullo a mí alrededor y mis ojos se vistieron con un manto negro…

Me perdí.

No supe cuántas horas había estado inconsciente. Mi preocupación era Serena, ella no podía enterarse de nada, pasé mis manos por mi rostro sin saber dónde estaba y abrí los ojos lentamente, adaptándome a la luz blanca y reconociendo dónde estaba: Un Hospital.

Miré a mí alrededor, observando a Eleazar, Seiya y Artemis y dejé caer la cabeza en la almohada, gritando una maldición interna y cerrando los ojos. Que el jodido dolor de cabeza ¿nunca se iría?

—Darien—habló Eleazar, suavemente—, ¿puedes escucharnos? —asentí, aunque no quisiera. Más que sus voces, escuchaba un pequeño zumbido que podía volverme loco—. Quiero que abras los ojos y me digas qué vez.

—Veo un hombre vestido con un manto negro y una especie de arma en su mano derecha supongo que entonces se acerca la hora señalada —dije socarronamente mirando a Eleazar, no recordaba cómo jodidos había llegado al hospital pero aquí estaba, enfundado en una sexy bata con horripilantes lunares negros mientras la maldita cabeza me quería estallar; y Seiya, Artemis y Eleazar mirándome como un jodido fenómeno.

—No es un juego, Darien. —Artemis me miró serio.

— ¿A no? —Enarqué una ceja mirando a mi padre.

—Ese es tu maldito problema, ¡joder! —gritó Seiya—. Que tomas tu vida como un maldito juego y ¡no lo es! —NuevamenteSeiya vociferó y rodé los ojos.

— ¿Y qué diablos quieres qué haga? —espeté—. ¿Qué dramatice porque me voy a morir?

Demonios Seiya no lo hagas tú, el que tiene una jodida bomba en su cabeza soy yo ¡maldición! —Cerré los ojos y me apreté el puente de la nariz enfadado con la actitud de Seiya.

— ¡Basta! —Artemis se acercó a mí—. Basta ya, estoy cansado de esto Seiya—miró a mi hermano con determinación—. Sabes perfectamente bien que estos disgustos no le hacen bien a Darien.

—Su enfermedad es la que no le hace bien.—Refunfuñó mi hermano.

—Sal de la habitación Seiya. —Sentenció tajante Artemis.

—Pero Pa...

—Es lo mejor Seiya —murmuró Eleazar con pesadez, sentí a mi hermano bufar y luego la puerta cerrada fuertemente—. Darien, abre los ojos y déjame terminar de revisarte.—Suspiré largamente antes de que pegara mi cabeza en la almohada y abrí los ojos, Eleazar hizo varios exámenes de rutina pero su ceño fruncido y la preocupación en su mirada me dio a entender que no habían buenas noticias, casi reí, con Eleazar siempre las noticias no eran buenas.

— ¿Y?

— ¿Qué has pensado de la operación, Darien?

—Lo mismo que te dije la última vez que nos vimos, Eleazar. —De soslayo miré a mi padre, nos veía fijamente pero no decía nada—. Ambos procedimientos son riesgosos y quizás tú lo ves como una salida cobarde para lo que está sucediendo.

—Soy tu médico Darien, yo estoy aquí para apoyarte sea la decisión que tomes, pero por cariño hacia tu padre y porque prácticamente creé este imperio con Apolo debo tratar de persuadirte, no estamos apostando mucho, la resonancia ha revelado que el coagulo se ha extendido y, si sigue creciendo, va empezar a presionar tejidos y arterias. Estás jugando tiempo extra y, lamentablemente, la pelota es de fuego, hijo. Vas a perder el equilibro más a menudo. —La expresión de Eleazar era seria—. La visión se te irá completamente a ratos y el dolor de cabeza va a incrementar. —Se acercó más a mí—. Se vale tener miedo Darien, pero no jugar con la felicidad de tu familia ni con tu vida, he estado hablando con varios colegas en Houston, el doctor Tramell ha llevado a cabo varios casos como el tuyo, está dispuesto a hacerte un examen exhaustivo y someterte a la operación.

— ¿Sin riesgos?

—La vida misma es un riesgo hijo—murmuró Eleazar y yo asentí—. Tienes las pupilas dilatadas y te recomiendo que descanses unos días, nada de sobre saltos, evita discutir con Seiya o cualquier persona, tu presión es una bomba de tiempo y es recomendable que la mantengamos estable—asentí nuevamente—. Piensa muy bien en todo lo que estás haciendo y a cuántos puede afectar tu decisión, hay una chica en la sala de espera, se ve realmente preocupada por ti… Incluso más que tu familia, me atrevería a decir, es la única que no se ha movido de la sala en toda la noche y ya está amaneciendo —extendió su mano—. Confió en que harás lo correcto.

Eleazar dejó la habitación y el silencio se apoderó del lugar.

«Hay una chica en la sala de espera, se ve realmente preocupada por ti… Incluso más que tu familia, me atrevería a decir, es la única que no se ha movido de la sala en toda la noche y ya está amaneciendo».

Miré a Artemis de soslayo nuevamente, ya no me observaba, estaba ahí apoyado en la pared como si diez años le hubiesen caído encima de sopetón, sabía que gran parte de esa carga era mía.

—Artemis…

— ¿Sabes cuánto está sufriendo Luna por esto? —Dijo sin mirarme—, ¿te alcanzas a imaginar Darien?

—Lo sé, papá. Sé que mamá está triste pero no es la decisión de nadie. Yo…

—Cuando te adopté —me interrumpió y pasó la mano por su cabello—… Darien, se supone que tú me enterrarías a mí, es la ley de la vida.

—Sabes perfectamente que no será así —Artemis se acercó a mí.

—Siempre fuiste un chico fuerte e independiente, no me extrañó para nada tu deseo de emanciparte a los dieciséis años, nunca. —Su voz se quebró y pude ver el atisbo de lágrimas en sus ojos—. Nunca he rebatido tus decisiones, Darien, pero no puedo simplemente quedarme aquí y verte morir, es una decisión cobarde y egoísta, carente de todo lo que tú eres.

—Nadie me entiendes—murmuré era mi turno de interrumpir—. Fuiste—negué con la cabeza, corrigiéndome—… Eres un excelente padre pero por nada del mundo dejaré de ser yo, no podría soportar el verme postrado en una cama, o perder facultades que he tenido hasta ahora. Estoy cagado de miedo Artemis, y si no puedes entender eso y ser el padre que has sido hasta ahora, entonces creo que tendré que irme antes del desenlace final.

—Escúchame bien, Darien Chiba—bufó con irritación—. No irás a ninguna parte y se hará tu voluntad, como siempre se ha hecho, aunque eso no signifique que nos estés causando dolor desde este momento. Le diré a tu madre que has despertado.

—Quiero ver a Serena—dije suavemente—antes que nada y sé que Seiya está fuera, dile que pase. —Artemis asintió antes de salir de la habitación.

Me senté en la cama colocando las manos en mi cara, ¿qué demonios está pasando conmigo? ¿Qué carajos estoy haciendo? Yo era el Casanova, el hombre que sólo pensaba con su maldita polla, no me importaba una mierda nada, ¡ni nadie!

Y toda mi jodida vida se fue a pico el mismo día que un par de ojos celestes se cruzaron con los míos, es como si todo se derrumbara; si al principio pensé que sería genial bajarle los humos de mosquita muerta y remilgada, y ahora…

Ahora solo quería tenerla para mí, pero eso era un imposible.

La puerta se abrió lentamente y Seiya entró haciéndome mirarlo, estaba cabizbajo. Suspiré fuertemente, volviendo a armar la máscara indestructible que debía tener, por el bien de los que amaba.

A veces me asombraba la capacidad que Seiya tenía para leer a las personas, él era el único en quien había confiado al contarle el trato que me unía a Serena y mi hermano, estaba completamente seguro que Sere sentía mucho más de lo que admitía por mí y que sería sincero con Hotaru si ella le preguntaba qué estaba pasando, no podía obligar a Seiya a mentir por mí. Artemis se estaba demorando en traer a Sere y Seiya me estaba desesperando con su pequeño e inofensivo interrogatorio.

¿Sabes si Artemis fue a buscar a Sere? —dije finalizando el tema "Sere".

Pero era Seiya, por un demonio, me hizo saber muy a su manera lo que pensaba de mi "relación" con Serena, aparte de decirme su repertorio de consejos no solicitados y los que estaba ignorando olímpicamente, con preguntas escuetas y sonrisas irónicas; lo último que necesitaba en este momento era que alguien se enterara lo que creía que estaba sintiendo, era mejor así, sin más testigos que yo mismo. Traté de cambiar el rumbo de la conversación pero como les dije, era Seiya, siempre le valía mierda si sus concejos eran bien recibidos o no pero si lo hiciera, no sería mi hermano del alma… Afortunadamente, una enfermera entró y eso lo obligó a mantenerse callado. Unos minutos después se despidió y fue en busca de Serena… Dios, solo esperaba que no empezara a hacer preguntas y que no estuviese muy asustada.

Jamás me tomé la muerte en serio, la muerte solo había sido una puta que se había llevado a Selene, la mujer florero devota de un hombre, que me cantaba canciones de cuna, me daba un beso en la frente y me horneaba galletas de miel y Apolo, el hombre de negocios que nunca tuvo tiempo para jugar a la pelota con su hijo… ¡Y una mierda! La jodida muerte podía llevarse a todo el mundo menos a mi pequeño círculo MI FAMILIA, la que yo elegí. La muerte era eso que le ocurría a los demás no a mí, y no quería morir, no quería, pero yo simplemente he sido un cobarde… Lo sigo siendo, preferí dejar entrar a la parca en mi vida que a cualquier otra persona que no fuese Artemis, Luna, Rei y Seiya.

Y sin embargo, heme aquí muriendo, siendo un bastardo con esa familia que digo amar, intentando apartarlos, haciéndome el fuerte para que con el tiempo ellos no sufrieran, diciéndoles que estaba preparado para este paso, y haciéndoles creer que yo no era necesario en la vida de ellos.

Ahora, a punto de morir, entendía, que si yo no era necesario para ellos, ellos lo eran para mí. Eran todo.

Todo lo que me importaba, y si he de hacer este sacrificio, comportarme como un maldito egoísta para que todos sintieran que al final yo sólo era una carga.

La enfermera me sonrió, avisándome que pronto volvería para cambiar la intravenosa, pero todos mis sentidos se enfocaron en el aroma de la chica que apenas había abierto la puerta.

Mi corazón dio un latido agónico, al ver las sombras oscuras debajo de sus preciosas orbes, tenía una mueca dolida y triste pero si mirabas bien, si te enfocabas en esos orbes celestes encontrabas algo que no quería ver en nadie: preocupación. Inhalé fuertemente y reinstalé mi mueca fanfarrona antes de invitarla a acercarse; al principio se mostró resistente pero moví mis dedos invitándola a tomar mi mano y apretándola fuertemente, sintiendo su calor, el cosquilleo que se formaba en mi piel era tan diferente que cuando estábamos desnudos en la cama era… era especial. Di un beso en su palma abierta y sintiendo su temblor y mi deseo subir a niveles que solo subían cuando ella estaba junto a mí.

Una vez más negué que fuese amor. No podía permitírmelo y tampoco podría destruirla, esto iba a acabar en poco tiempo, solo esperaba llegar hasta ahí.

Traté de quitar la melancolía y la tristeza de sus ojos, incitándola a pasar la tarde conmigo pero ella se negó, habló algo sobre una petición de Luna pero ella no sabía exactamente qué era, a pesar de mi propuesta y mis vagos intentos de seducción, Serena se fue arguyendo que tenía que terminar un capítulo de su obra. Dos horas más tarde, estaba en mi vieja habitación en la casa Chiba.

A pesar de lo que pensaba, Luna no me había dicho nada, no había llorado ni había intentado que cambiara de opinión; una cosa era decirlo, expresarlo con palabras y otra muy diferente era no verlo en su mirada. Estaba quedándome dormido cuando un sonoro portazo me hizo brincar en mi antigua cama.

— ¡Eres un maldito hijo de puta! —Gritó Hotaru fuertemente.

—Vaya… ya veo que mi pequeño sobrino tendrá que limpiarse los oídos con antiséptico—ironicé.

—Joder Darien, no me vengas con esas putadas, que carajos está pasando por tu maldita cabeza.

—Hotaru…

— ¡Que Hotaru ni que mierda! ¡Es tu vida Darien!

— ¡Por eso! Es mi maldita jodida vida Hotaru, a nadie debe importarle, toda mi puta vida he hecho lo que me ha dado la jodida gana, que te hace pensar que esta vez iba a hacer diferente.

— ¡Tienes una opción! —La puerta se abrió, Artemis y Seiya entraron a la habitación; Seiya abrazó a Hotaru que tenía gruesas lágrimas en sus mejillas pero no eran de tristeza, no eran como las lágrimas de Luna, eran lágrimas de frustración; ella había jurado que me vería sufrir por amor pero, al parecer, no llegaría ese día; yo no permitiría que nadie supiera lo que me pasaba con Sere, eso sería un placer para ella.

—Es una opción que no quiero.

—Eres una gallina… Te enamoraste de ella y aun así no quieres luchar, ni por ella ni por tu familia, no eres más que un maldito cobarde Darien Chiba, tal cual como te dije que eras. —Sonreí sardónico porque de hecho sí lo era, no puedo decir que nunca había sentido algo por alguien, conocí a la familia Tazumi cuando tenía diez años, Richard era amigo de Artemis y hacía muchos años que él había estado fuera del país en una reserva indígena en baja California México. Recuerdo el día que lo vi, era muy parecido a Seiya físicamente, al menos en el color de sus pieles.

Cuando Mimet me enseñó a besar, mi segundo beso fue con Unasuki, era linda y usaba ropa linda, no como Hotaru que usaba vaqueros y camisas anchas muy de chicos. Ella y Seiya se metían al garaje y que —según ellos— para reparar la moto que Seiya estaba reconstruyendo; a los 14 años, Seiya tenía una altura superior a su edad, aun así no era más alto que yo, solo que Seiya era músculos; él se interesaba en su cuerpo.

Yo me interesaba en el cuerpo de Mimet y en Unasuki…

Unasuki era dos años mayor que yo, ella ya había besado antes y me enseñó algunos trucos, dos años después ellos volvieron a México y Unasuki y yo teníamos conversaciones por E-mail; nuestra amistad creció, siempre le escribía. Incluso a los 16 empecé mi viaje nómada… Cuando Unasuki regresó, yo no estaba. A los años yo regresé y me topé con ella, una verdadera diosa color ébano. La hice mía aplicando en ella todo lo aprendido en mis viajes… Unasuki se ilusionó, pero yo tenía planes diferentes. Ella quería el vestido blanco y los bebés llorones, el perro ladrando y lo demás; yo quería disfrutar de mi sexualidad, experimentar,tenía 20 años y estaba en la época de tirarme cuanta mujer pasara por frente de mí, no es que esa época hubiese cambiado ahora, sólo que Unasuki no me importaba, no como yo le importaba a ella. Dos meses después, ella, Zafiro y sus padres murieron en un extraño accidente de auto.

A raíz de mi rechazo, Unasuki estaba deprimida y sus padres habían decidido hacer ese viaje por carretera para animarla un poco, Zaf se les había unido pero Hotaru estaba con Seiya, ella no quiso viajar, al perder a su familia Hotaru dirigió su frustración a mí. Yo no tenía la culpa de su muerte, pero Hotaru me recriminó no haber tomado el amor de su hermana; yo me culpaba de haber perdido a mi mejor amiga. Hotaru juró ver el día que yo sufriera por amor… Ella se alejó de la familia mucho tiempo, sabía que mi hermano y ella se hablaban pero no volví a verla. No hasta que Seiya fue a buscarla y le propuso matrimonio hace varios años.

Hotaru siguió despotricando ante la mirada de Seiya y Artemis, entendía a mi hermano y a mi padre; no es como si pudieran hacer algo, en este país estaba permitida la libre expresión. Una pequeña punzada me hizo cerrar los ojos y apretar fuertemente mi tabique, medio segundo después Artemis estaba junto a mí, diciéndome que debía mantener la calma y Seiya se había llevado a su esposa de la habitación.

Artemis me aplicó algo y caí en la inconsciencia.

El lunes desperté alrededor de las diez, Luna me informó que Gianna se había hecho cargo de todos mis pacientes y que colocarían un regrabado del programa debido a que era mejor que no saliera de casa, me sentía como si tuviese cinco años, lo único bueno del jodido día fue que pude jugar Play, el nuevo juego de GTA estaba de puta madre. En la tarde Luna me hizo brownies y cené en familia, como hace mucho tiempo no lo hacía, estuve tentado a marcarle a Serena muchas veces pero al final me quedaba mirando una de las fotos que había tomado de ella mientras dormía, estaba boca abajo su cabello se deslizaba por su espalda en ondas rubias dispersas y la sábana negra cubría solo su trasero. Miré la fotografía por horas bueno,mi celular estaba topado con fotos de Serena, deslicé mi dedo en la pantalla táctil hasta llegar a una foto en especial, Rinni la había tomado en Central Park el día que habíamos tenido el percance con aquel tipo que fue su "novio", la tenía tomada por la cintura mientras la besaba. Su cintura era delgada y pequeña tal cual como a mí me gustaban, su piel era suave y blanca, casi tan traslucida como la mía, sus pechos tenían el tamaño adecuado: hermosos y voluptuosos, sin ser exagerados; coronados con dos aureolas rosas y un muy bien proporcionado pezón. Sus manos eran finas y delicadas, sus piernas largas y esbeltas a pesar de pasar tanto tiempo en converse y su coño… Jesús, su coño era tan perfectamente pequeño, apretado, delicado, caliente, suave y me quedaba malditamente corto. Con una sonrisa en el rostro y mi miembro pidiendo un poco de atención, me quedé dormido en mi pequeña cama de adolecente.

El martes me levanté con ánimos renovados, el jodido obrero que trabajaba en mi cabeza taladrando mi cráneo había decidido tomarse un día libre —o al menos eso esperaba—, iba a ir a mi oficina porque necesitaba atender a los Wilson, una pareja joven que lidiaba con una infidelidad de parte de Henry Wilson—no podía culparlo, su esposa parecía un espantapájaros—Tenían un bebé de tres años llamado Thor… Bueno no me asustaba, el señor Wilson era aficionado a los comics y Thor parecía darle seguridad, ¿era el dios del trueno? ¿O ese era Percy Jackson? ¡Mierda!

Esperaba que fuera al infierno y no al Olimpo o a Asgard.

Bajé las escaleras silbando animadamente, quería ver a Serena, la invitaría a almorzar y luego de ahí la llevaría a la casa para hacerle el amor toda la tarde. Cerré los ojos y me corregí a mí mismo. Yo no hacía el amor, yo follaba y listo; con Serena hice una excepción la primera vez simplemente porque era nunca había estado con una virgen y se sintió jodidamente placentero, supongo que debo tacharlo de mis diez cosas que tengo que hacer antes de morir, aún me faltaba montarme a un taxi y pasear por el puente de Brooklyn y decirle al taxista que tenía diez años de haberme lanzado del puente y muerto, sonreí por mi propia broma y llegué al comedor donde Artemis y Luna estaban desayunando.

Le di una mirada pícara a Vicky, la nueva empleada de mis padres… Genio y figura hasta la sepultura y a mí, me quedaba poquito para estar tres metros bajo tierra, la chica se sonrojó y salió corriendo como si hubiese visto al diablo. Artemis negó con la cabeza colocando el periódico sobre la mesa antes de tomar su taza de café y Luna me miró mal, me encogí de hombros y les sonreí llevando un bocado de huevo a mi boca justo antes de desviar mi mirada hacia el periódico, más específicamente a una maldita foto.

¿Quién mierdas era el imbécil que la tocaba?

Manejé como un maldito maniático hasta el departamento de Serena, veía rojo, negro, malditamente endemoniado, me importaba una verdadera mierda si me chocaban; no es como sifuese a disfrutar una gran vida. Mientras conducía, mi mente recreaba al maldito tocando a mí mujer, ella era mía, ¡mía! Tocando su piel como sólo yo podía tocarla y eso me encolerizaba mucho más, Serena Tsukino no iba a burlarse de mí, no iba a quedar como un maldito cornudo solo porque lo nuestro ya acababa. No, eso no podía permitirlo, no supe cuántos semáforos me pasé en rojo ni si iba a la velocidad adecuada, lo único que quería era tener el cuello de Taiki Kou en mis manos y retorcerlo hasta que el maldito jadeara como pez fuera del agua y luego, enseñarle a Serena que con Darien Chiba no se juega.

Entré al edificio sin saludar al portero, estaba seguro que si abría la boca no saldría nada bonito de ella, llevaba el maldito periódico atado como una puta roca a mi mano, golpeé el elevador fuertemente, al ver que estaba demorando mucho para llegar. Serena vivía en el cuarto piso y yo aún conservaba un buen estado físico, así que tomé las escaleras sin importar si el jodidoaneurisma le daba por estallar, necesitaba una explicación, necesitaba encarar a Serena Tsukino, ¡ya!

La cabeza me palpitaba, para cuando toqué la puerta de Serena estaba exaltado, malditamente furioso, pude sentir la voz somnolienta de Serena, me abrió enojada por mi manera de tocar pero le tiré el periódico en el pecho, sin importarme si le hacía daño o no; estaba enfadado, no… estaba puto, cabrón, jodida y absolutamente cegado. ¿Qué demonios hacía Serena con su ex? Si algo me había enseñado la jodida vida, era que la mejor arma del ser humano era herir al otro antes que este te hiriera a ti y, con las palabras, yo era el mejor. La acorralé, empujé sus límites, dije todo lo que pasaba por mi maldita cabeza sin detenerme a pensar.

Se enojó.

Me enojé aún más, sangre diluyendo en mis venas. Ira recorriendo mi ser, mi respiración errática, la maldita punzada que decía que debía calmarme.

—Tú eres mía Serena, mía, ¡joder! —Uní nuestras frentes porque ella era mía. ¡Yo la había creado!—. Dilo —La empujé contra la pared sin importarme ser delicado con ella—. Dilo… Di que eres mía, di que me perteneces, solo yo he tocado tu cuerpo, solo yo puedo hacer que tu sangre arda, que tu corazón se acelere —besé su cuello, pegué su cuerpo al mío, oliendo el exquisito olor de su excitación, solo yo podía hacerla sentir así, yo podía tomarla, yo podía enterrarme en ella y follármela hasta que ambos estuvieron exhaustos. ¡Ella era malditamente mía! Y esa era la única verdad—. Dilo… —ordené estrujando aún más su cuerpo.

—Soy tuya… Pero tú también eres mío. —Y no era mentira, lo era—. Tú me has creado…Pero no eres nada sin mí. —No medité en sus palabras, ella me besó con hambre, con furia, tal cual como yo besaba, con la misma hambre con la que yo devoraba su cuerpo noche tras noche, ella era perfecta para calmar el animal interior que habitaba en mí, el gen sexual que afloraba cada vez que veía a una linda mujer… Serena solo era una de las tantas mujeres reprimidas que vagaban por el mundo sin despertar su verdadero yo, un yo que Darien Chiba había traído a la luz, un yo que se consumía cuando nuestros cuerpos se rozaban…Una amazona, una afrodita en mis manos. No supe cómo diablos llegué a su habitación, la pasión era exorbitante, el deseo clamaba por más y la lujuria se había levantado como un tsunami exorbitante que anulaba todos mis demás sentidos, en ese momento no me interesaba más que estar fuertemente enterrado en Serena, su cuerpo sudado sobre el mío, que me enseñara cuánto había aprendido conmigo,y aumentar mi ego de semental al saber que yo había creado a la mujer perfecta a la hora de follar.

Entregada, apasionada, cooperativa, estimulante, incitadora, sexual… Y malditamente hambrienta por el deseo.

Sus besos, sus caricias, su manera de moverse…Toda ella era una invitación al pecado, al deseo, a fundirse tan malditamente dentro de ella hasta ser una sola persona y joder, creía que algo estaba pasando, algo en mí que yo pensé que no sucedería jamás. Serena Tsukino se estaba convirtiendo en más que un coño en mi vida, ella se estaba convirtiendo en todo.

Y no podía permitírmelo…

La observé dormir porque era un pequeño placer culpable, aún estaba erguido y enterrado fuertemente en ella gracias a mis prácticas sexuales, amaba el tantra tanto como las mujeres. Acaricié la curvatura de su espalda con las yemas de mis dedos vanagloriándome de la suavidad de su piel, de su aroma dulce mezclado con el olor a sexo que estaba impregnado en la alcoba, había pasado casi una hora desde que ella había caído sobre mí después de encontrar su liberación, también me había corrido, había maldecido cuando alcance al clímax luego de un par de contracciones pélvicas de Serena, ella sabía cómo hacerme estallar, no sabía cómo lo había averiguado pero no era la primera vez que lo hacía. Muchas mujeres habían pasado por mi lecho y no con muchas llegaba al punto total del éxtasis, sabía gracias a mis aventuras y enseñanzas, que se puede alcanzar el placer sin expulsar ni una gota de semen, pero con Serena, a veces era imposible controlarme, mi miembro se irguió más si era aún posible. Acaricié su trasero, imaginando que antes de que todo esto acabara debía hacer una pequeña exploración por ahí, enseñarle que el sexo anal no es tan traumático ni espantoso como lo suponían la mayoría de las mujeres. La sentí removerse sobre mí y sus ojos somnolientos se enfocaron en los míos, quiso apartarse pero no se lo permití, se sentía bien tener su peso sobre el mío; acaricié su espalda nuevamente hasta separar los cachetes de su trasero y guiando mi dedo a su orificio anal, su cuerpo tenso me indicó que al parecer su plan no era el mismo que el mío.

La dejé ir, extrañando el calor de su cuerpo y luego, recordé que estábamos cerca de navidad y a la fiesta de aniversario de Luna y Artemis…

Su historia era bastante extraña, Artemis había conocido a Luna en una competencia de equitación; viudo y con una hija de cinco años a quién criar, no quería estar en una relación pero —según él— cuando había visto a Luna, supo que era la indicada. Habían tenido un momento de separación pero fue una navidad en la que él supo que quería pasar el resto de su vida con ella. Esa tarde Artemis fue por Luna y le pagó una suma bastante grande para que un juez los casara. De niños, Artemis siempre nos decía que cuando el amor llegaba, había que hacer lo posible para poder conservarlo.

Seiya y Rei lo habían hecho yo.

Yo era un alma libre.

O eso creía.

Salí de mis pensamientos al ver la mirada cabizbaja de Serena, ella estaría sola en navidad y no quería que estuviese con Mina o con el perro sarnoso de Andrew. No cuando su lugar era conmigo, así que la invité/obligué a ir conmigo.

Las semanas pasaron rápidamente, entre delegar mis pacientes a un colega, la emisora y mis momentos con Sere se me iba casi todo el día, quería tenerla para mí completamente y, la fiesta de Artemis y Luna era la ocasión perfecta.

Llegamos a los Hamptons antes de almuerzo familiar, me sentía fatigado y el obrero en mi cabeza había decidido saltarse las fiestas y seguir moliendo mi cráneo… Joder, por qué no me moría de una sola vez y ya. Coloque un CD en mi viejo reproductor y me tomé una de las pastillas para el dolor, quité los cojines de la cama y me recosté con Serena, solo quería que el mundo dejara de girar, que el taladro se detuviera aunque fuera solo un momento.

Alguien allá arriba aún intercedía por mí. Cuando desperté unas horas más tarde sin dolor extrañamente. Almorzamos con mis padres entre miradas nada agradables de Hotaru que había dejado de hablarme desde aquella discusión en casa de mis padres, Luna me miraba con dolor y me dolía lastimar el corazón de una mujer que solo había tenido para mí amor y más amor; trataba de no mirarla de frente, rehuía de su compañía, ella no podía hacer esto más placentero. He tenido una buena vida, solo que mi vela se acabómás rápido, pasé la mano por mi cara cuando Hotaru se acercó a mí con mala cara.

—Por favor,Hotaru, no ahora —dije dándole una mirada de súplica, si bien no tenía dolor de cabeza, estaba aún fatigado y más de una vez la vista me había fallado; claros síntomas de que mi final estaba cerca, solo esperaba poder durar una semana más, que era lo que faltaba para que Sere y yo termináramos nuestro trato.

—No quiero que te mueras y luego vengas a jalarme el pie, solo porque estamos disgustados —sonreí—. Darien,¿no hay nada que podamos hacer para que cambies de decisión…? —Negué—. ¿Ni siquiera por tu sobrino? —La observé, se podía ver una pequeña curvatura en su vientre—. Seiya dice que puede ser un niño, ¿quién va enseñarle a conquistar chicas? —Volví a sonreír—. Sabes que Seiya es un asco.

—Tú te encargarías de enviarlo a una academia militar antes de que yo pueda darle alguno de mis trucos —Hotaru sonrió—. Es mi decisión, Hotaru.

—Pero hay una opción —me interrumpió.

—Riesgosa como los mil infiernos.

—No tienes miedo… —cayó unos segundos, de soslayo la vi suspirar—. Tienes miedo de morir —negué.

—Tengo más miedo a quedar como una escoria. —Llevé el vaso con soda a mi boca—. A ser una carga para alguien más, tengo 29 jodidos años Hotaru, no quería morir así pero ya llegó mi hora, todos tenemos una —Hotaru asintió.

—No llamaré a mi hijo Darien—dijo tajante.

—No, él merece llamarse como tu padre o tu hermano, Zafiro era muy joven y Richard era un buen hombre. No como un follador empedernido como yo. —Hotaru sonrió pero sus ojos se llenaron de lágrimas—. No llores, Hotaru—dije, abrazándola fuertemente—. No quiero esto, ¿vale? Quiero verlos feliz.

—Luna no lo está.

—Era una de las razones por la cual no quería que se enterara.

—Es la última navidad que pasarás con nosotros.

—Por ello, debería ser feliz. —Le di un último abrazo y caminé hacia Serena, era hora de prepararse para la fiesta. No había visto su vestido pero sabía que se vería hermosa, usara lo que usara. Ella era hermosa en jeans y camisillas, aunque era mucho más hermosa desnuda. La dejé en mi habitación mientras iba a vestirme a una de las habitaciones de huéspedes.

Estaba terminando de atar mi corbata, cuando Artemis entró a la habitación pensé que iba a decirme algo pero como cuando tenía diez años arregló mi corbata, me dio un fuerte abrazo y susurró que estaría abajo recibiendo a los invitados.

Terminé de arreglarme, intentando controlar mi típico peinado de recién follado y tomé mis pastillas para el dolor. El telón estaba puesto y la función debía continuar, hasta que mi reloj biológico dejara de hacer tic…tac.

.

.

.

Ver a Serena enfundada en ese vestido rosa, que se adhería a su cuerpo como una segunda piel ajustándose a cada una de sus curvas era más de lo que podía pedir o desear, decir que se veía hermosa era poco para lo que veían mis ojos, iba a tener un ojo puesto en ella toda la noche.

Tenía tacones supremamente altos, por lo cual estábamos casi de la misma altura, no pude evitarlo y la besé; la besé suave y pausado tal como mi corazón dictaba, nuestros labios parecían bailar al compás de una hermosa canción, canción que me hacía sentir unido a ella.

Por un segundo cerré los ojos, y aspiré fuertemente su olor, mi corazón palpitó con fuerza al entender que en uno o dos meses aquel olor se perdería para siempre. Yo no era un hombre religioso, sin embargó algo en mí rogó que si existía el cielo, éste tuviese el olor de Serena Tsukino.

¡Era tan hermosa! Quizás no iría al cielo pero llegaría al infierno sabiendo que yo tuve a un ángel en mis manos, besando su piel, no, no era un hombre religioso, pero en aquel momento entendí que Dios me había dado un regalo.

Me di cuenta lo que había estado negándome desde hacía unas semanas atrás, me di cuenta que bajo la perspectiva de estos meses junto a ella la vida anterior de maldito casanova se ve asquerosa, vana, arrogante y tonta. Con Serena en mí vida ésta tenía luz, la muerte no existía para mí, mi mente la bloqueaba pero eso no quería decir que no estaba ahí, la parca me seguía los pasos cada vez más de cerca. Aunque nada importaba; si no le decía no la lastimaría y eso era lo importante, lo realmente importante era lo que había comprendido, no sabía que me faltaba hasta que dormí junto a ella, no entendía el concepto de intimidad hasta cuando su piel danzó junto a la mía. ¡Dios!, nunca creí que tenía un corazón hasta que la vi en el baño de su departamento tan triste y dolida que mi alma lloraba junto a la suya. No sabía que podría amar, hasta que mi alma vio que ella tenía lo que yo —en el fondo de mi corazón aquel deseo estaba guardado bajo miles de candados— buscaba y lo peor de todo, lo había comprendido cuando mis días eran una bomba de tiempo.

— ¿Por qué no nos conocimos antes? —La pregunta salió de mi boca antes de poder evitarlo, Serena gimió y tensó su cuerpo, el tono y la connotación era triste y melancólico, antes que pudiera decir algo la besé de nuevo, tratando de que ella viera que no todo era un juego. La besé intentado retener en mis sentidos el aroma de su cuerpo, el contacto de su saliva, impregnándome en ella.

No es como si pudiera amarla….no había posibilidad, mi futuro no existía.

No había tiempo.

No es como si ella mereciera a alguien como yo.

Yo no la merecía.

La voz de Seiya nos hizo separarnos, Rei quería que bajáramos, así que jugué un poco con Sere y ella retiró el labial de mis labios antes de bajar, Rei no tenía buenas noticias: Luna estaba arriba y no quería salir de la habitación, Hotaru me dio una mirada de muerte y Seiya bajó su rostro para que no viese sus ojos, suspiré dando un beso en la frente de Sere y diciéndole que bajaría pronto, le había prometido no dejarla sola.

Subí las escaleras, sabía lo que me esperaba al atravesar la puerta de la habitación de mis padres, había estado evitando hacer contacto visual con Luna o quedarnos solos en algún momento, quería que ella disfrutara y sabía que estaba siendo ía razón en algo, esta sería mi última navidad con ellos e inconscientemente, estaban todas las personas por las cuales sentía mucho más que un cariño especial. Suspiré fuertemente al llegar a la puerta e hice sonar mis nudillos, preparándome para lo que me esperaba dentro, toqué dos veces y el suave "adelante" de mi madre me dio la fuerza para entrar.

La habitación estaba semi oscura pero podía ver a mi madre sentada frente al gran espejo de su tocador, su rostro se veía tan desolado, tan triste, parecía una muñeca rota, rota por mi culpa, yo la estaba haciendo sufrir ¡pero no quería! no quería que nadie sufriera, por qué no podían entender que eso era justamente lo que estaba evitando, el dolor de verme postrado en una cama, o no saber valerme por mí mismo. Inhalé profundamente, evitando las lágrimas, recordando la primera vez que la vi. Recuerdo cuando ella parada frente a mí luego de la muerte de mis padres, me decía que no intentaba reemplazar a mi madre pero que desde ese día en adelante yo sería su bebé, y era un niño grande pero aun así me emocioné por eso, porque yo quería a mamá y ahora que no la tenía estaba solo, porque papá también se había ido; solo tenía a Seiya pero más bien él me tenía a mí. Yo quería llorar porque ya no iba ver más a mi mami pero cuando estaba a punto de hacerlo, me di cuenta que tenía un ángel que me llamaba bebé; sí, Luna hizo que yo fuese un niño feliz, ella me dio todo su amor y yo la hacía sufrir.

—Mama…—No sabía cómo empezar una conversación que sabía traería más dolor y tristeza a su alma—. Rei…—Luna negó con la cabeza y una solitaria lágrima se deslizó por su mejilla—. No mamá… No… —caminé hacia ella, postrándome de rodillas frente a su silla y tomando su rostro con sus manos—. No llores mamá, por favor. —Pasé una mano por mi cabello y luego la devolví a su rostro—. Por favor, no lo hagas más difícil mamá, no tú. —Mi voz se quebró—. Quiero ser feliz mamá, quiero que estés feliz.

— ¿Cómo puedo estar feliz? —Acarició mi rostro con sus manos quitando con sus suaves dedos las lágrimas que habían salido sin mi autorización—. Tú eres mi hijo, Darien. —Sus ojos se anegaron en lágrimas, nuevamente—. No puedes pedirle a una madre que sabe que su hijo va a morir, que haga como si nada estuviera sucediendo, Darien—sorbió su nariz—. Es imposible que me pidas que disfrute de esta fecha sabiendo que puede ser la última en la que pueda verte, abrazarte o bailar contigo—negó con la cabeza—. No puedes pedirme que haga como si nada estuviese pasando cuando la vida se escurre entre tus dedos.

La apreté contra mi pecho, no quería que hablara, no quería que dijera más nada; la quería feliz ahora conmigo, celebrando que aún estaba aquí con ella, que pasaríamos navidad como siempre, que bailaría conmigo su primera canción como la primera navidad que pasamos juntos como familia, cuando ella tomó mi mano y me dijo que debía bailar con ella porque yo era su hijo del alma, quizás no compartíamos ADN pero ella era mi madre; la real, la que pasó noches enteras conmigo cuando estaba enfermo, la primera que me apoyó cuando le dije que quería emanciparme.

—Sé feliz por mí mamá —le dije con la voz quebrada evitando llorar y que Serena o Rei se dieran cuenta de lo que había sucedido aquí arriba cuando bajara—. Siempre me has apoyado, y sé que es duro pero es mi decisión, sé que es dolorosa pero será momentáneo; con el tiempo, el dolor pasará mamá —dije sin separarme de ella—. No será un dolor permanente.

Luna se separó de mí, negando lentamente y tomando mi rostro con sus suaves manos, tomé una de ella y la llevé a mis labios, besándola suavemente.

—Antes de adoptarlos, Artemis y yo intentamos tener un bebé por todos los medios, estuvimos a punto de lograrlo pero yo no era lo suficientemente fuerte y él se fue. —Una lágrima rodo por su mejilla—. Han pasado casi veinte años desde que aquello sucedió, fue algo natural pero él estaba completamente formado, nunca he podido olvidar cuando Artemis lo trajo a mí envuelto en una manta. —Junté mí frente a la de ella—. Una madre no olvida, Darien—su voz volvió a apretarse—. Tú has vivido conmigo mucho más que ese bebé que no llegó a nacer. No debes decirme que el dolor pasara porque el dolor estará siempre aquí —me separó de ella y apuntó su corazón—, tú siempre estarás aquí. —No pude controlarme y volví abrazarla, hundiéndola en el hueco de mi cuello mientras mis barreras se derrumbaban, dejando al hombre de 29 años que estaba muerto de miedo, por un final que estaba demasiado cerca y que nadie podía evitar.

Después de un par de abrazos y besos, pude convencer a Luna de bajar aún así, se aferró a mí en el baile mientras me decía que debía luchar por mi vida. El resto de la noche alejé el hecho de que estaba desahuciado y me limité de absorber todo de Serena, la besé bajo el muérdago y bailé con ella, disfrutando de su aroma y su cercanía, hasta que llegó esa jodida canción que no sé porqué la hizo huir de mí. Le di su tiempo y bailé un par de piezas con Hotaru, ella no volvió a decirme nada con referente a mi aneurisma y yo lo agradecí en silencio. Salí a buscar a Sere y la encontré en una de las terrazas laterales, con la cabeza cabizbaja; acaricié sus hombros notando que estaba helada. Tuvimos la conversación más extraña que habíamos tenido desde que empezó nuestro trato y, por un momento, solo por un segundo, me pareció que ella intentaba decirme algo pero al final, cambió la conversación drásticamente. Volvimos al salón y seguimos disfrutando de la noche.

No sabía a qué hora me había dormido, de lo único que estaba seguro era que no quería despertar, era uno de esos días que mi cabeza estaba en calma. Sentí la voz de Serena en mi rostro pero no quería moverme, es más, me parecía una idea genial pasar todo el día en la cama con ella pero como siempre, Serena no compartía mi magnifico plan, la dejé ir no muy contento pero, mientras ella estaba en el baño, saqué algo que había encontrado en mi habitación, en el departamento de Luna y Artemis. Para ser más exacto, en mi antigua habitación de adolecente.

Serena volvió, no estaba desnuda como se lo había solicitado pero se veía nerviosa como el infierno, ella estiró su mano hacia mí, atragantándose con las palabras y entregándome un CD de uno de mis artistas favoritos, me giré en la cama alcanzando mi pequeño obsequio, era la esclava que mi madre me había dado la noche del accidente. Mamá había pasado vacaciones en India —uno de mis países favoritos— poco antes de casarse con papá, ahí había comprado esa pequeña joya. No era el valor económico que esta contenía, era de oro blanco con una estrella en el centro en oro amarillo; la inscripción en la parte de atrás era el regalo real: "Ni la Estrella más lejana me impedirá verte" pero cuando ella preguntó, no fui capaz de entregarme a ella.

—Dice: Gracias por la oportunidad —murmuré mintiendo, sus brazos se enredaron en mi cuello antes de colocarla en mi regazo y besar su hombro. Inhalando y guardando profundamente en mi interior su aroma. Iba a morirme pero al menos, podría decir que conocí a alguien que trastabilló mi mundo completamente.

Al llegar a su departamento, la invité a quedarse en mi casa pero ella se negó. Si Mahoma no iba a la montaña, la montaña iba a Mahoma, así que alisté una pequeña maleta con mis cosas personales y a Frey, decidido a no despegarme de Serena por los próximos siete días. Pasando el resto de la semana en su departamento, quería disfrutar y aprovechar cada uno de los minutos que me quedaban con Serena; estar con ella en los momentos de la recta final, recordar su rostro, sus labios suaves y sensuales, ella no caía en los clichés de morderse un labio para verse sensual, ella era sensual… con sus sonrisas tímidas. Vimos películas, me enterré en su cuerpo sin importar el lugar o la hora; los dolores de cabeza seguían, mi visión se apagaba por momentos en las noches y, mientras encendía el cigarro electrónico, la observaba dormir. Era malditamente feliz viendo cómo el sol se reflejaba en la curvatura de su espalda, había noches en que sólo la abrazaba a mí mientras hablábamos de todo y nada, esos eran los mejores momentos los que atesoraba en el corazón. Cada día veía como Serenase colocaba frente al diario que Rinni había traído de Arizona, en el que supuestamente estaba la verdad de la madre que compartían. Tenía curiosidad sobre ese libro por eso, una noche después de hacer que Serena llegara a la cima tres veces, caminé hasta la cocina sentándome en el taburete y abriendo el jodido libro.

Sabía que no debía hacerlo, esto no me pertenecía ni debía de importarme, pero algo me impulsaba a leerla. Pasé las primeras páginas en blanco y luego una letra bastante infantil apareció…Era Ikuko.

La mujer al principio era despreciable pero poco a poco con el pasar de las hojas, pude darme cuenta que todos los seres humanos temíamos algo, el miedo era algo jodido, pero siempre nos dejábamos envolver. No podía culpar a Ikuko, aunque al principio quería tenerla viva y frente a mí para estrangularla después, desde el punto vista profesional podía entenderla: era una niña, asustada por su padre y con una madre marioneta… Si supiera Ikuko cuánto la entendía, cerré el diario no queriendo invadir más la vida privada de Sere; respiré fuertemente colocándolo donde ella estaba y volviendo a la cama junto a Serena. No pude evitarlo, cuando mi piel estuvo cerca de la suya, supe que la necesitaba más de lo que creía, me coloqué sobre ella y mordisqueé el lóbulo de su oreja.

—Te necesito nena—susurré en su oído, mi corazón dolía solo por el hecho que Serena había pasado por mucho y aún le faltaba mucho más, si la intuición de Seiya era cierta—. Sere… —susurré nuevamente. Entre las brumas del sueño, sus brazos se aferraron a mi cuello mientras mi miembro se perdía en su cuerpo, mañana era treinta y uno de diciembre y con ello, el final de mi acuerdo con ella.

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.

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El último día del año había sido el más loco que había tenido, empezando porque desperté delante de una pequeña de ojos azules y cabellos rubios como el sol que me miraba con su dedo metido en la boca, Mina entró como un trombo detrás de Chibi.

— ¡Oh por Dios!—dijo colocando las manos en los ojos de Chibi. Serena se despertó con el pequeño grito y yo agradecí internamente que estuviéramos vestidos a pesar de la noche que habíamos tenido, Serena había murmurado cosas como Mina y cena de año nuevo, cuando estaba cayendo en la inconsciencia, así que me había obligado a colocarme mi pantalón de pijama mientras ella buscaba unos pants y una camisilla de tirantes, ahora entendía qué quería decir.

Serena se levantó de la cama como si tuviese un resorte en el trasero, yo necesitaba dormir un poco más, Chibi no pensaba lo mismo.

La pequeña de cuatro años tenía planes completamente diferentes a los míos y Serena también, así que pasé toda la mañana con Chibi en la habitación, viendo los dibujos animados más raros del universo, una esponja que vivía en una piña debajo del mar cuyos mejores amigos eran una ardilla y una estrella y aparte, hacían concursos del que mejor surfeara. Insisto ¿una playa dentro del mar?, algo muy en mi interior me decía que la esponja amarilla y la estrella rosa eran más que amigos tenían pintas gays a morir, luego llegaron otros un par de niños que construían las cosas más alocadas del mundo y, para colmo de males tenían un ornitorrinco verde que era un súper agente especial. ¿Dónde quedaban los perros y gatos? Debo reconocer que sentí lástima por Candace, la hermana de Phineas y Ferb —como se llamaban esos engendros—, luego llegaron unos súper pingüinos espías;ese me gustó cómo el suricato movía el bote, me subí a la cama tratando de imitarlo causando risas en Chibi y completamos la mañana con el dibujo animado más raro de todos: un perro y un gato unidos por la mitad,no quería imaginar por dónde defecaban esos animalitos… ¿Donde habían quedado Tom y Jerry, Los Loney Tones, los Picapiedras o los Supersónicos? Esas mierdas que Rei nos hacía ver cuando llegamos a la casa Chiba. Cuando miré la hora, eran casi las dos de la tarde; no había comido nada desde anoche cuando Sere y yo nos sentamos a ver la película de Los Miserables, era una adaptación de una obra del Maestro Víctor Hugo,Serena me sorprendió al decirme que con ese libro había empezado su amor por la literatura, yo pensé que había sido comoesas típicas chicas que leen "Orgullo y Perjuicio" o "Cumbres Borrascosas" y había quedado enamorada de Heathcliff y Darcy, por eso su amor a la escritura… qué equivocado estaba. En fin, Sere había leído ese libro a los ocho años, recordé que yo también lo había leído casi a los 13 por imposición de mi maestra de literatura, el libro era bueno, la película…

La película era una jodida mierda…

Empezando porque no habían jodidos diálogos, todo eran cancioncitas, menos las que cantaba Russell Crowe ¿Que no podían decir eso en diálogos? Sin la musiquita suicida parecía que la película durara diez años y no las supuestas dos horas y media que debía durar, lo único bueno era ver el crecimiento actoral de Anne Hathaway pero la pobre cae muerta veinte minutos después de que la peli comience, todo un fastidio. Al final, terminé apagando la televisión y llevando a Sere donde más me gustaba tenerla… a la cama.

Mi estómago gruñendo y la risita infantil de Chibi me recordaron qué había algo que hacer… ¡Comer!

Después del almuerzo estuve ayudando a Sere con partes de su libro o jugando con Chibi, esa pequeña tenía más energía y fuerza que un jodido huracán; cuando por fin cayó rendida fui al cuarto a vestirme para la cena, Mina había dicho que debíamos estar allá a las 7pm. Mientras buscaba mis cosas —que había acomodado dentro del pequeño closet de Sere—, me encontré con algo que me hizo sonreír, había visto a Serena en bikini, desnuda, en vestidos largos, pants y jeans varias veces pero solo una vez la había visto con un jodido vestido corto, solo aquella vez para las fotos y no pude quitárselo después porque estábamos apurados por la cena, hoy era la última noche que tendría con Serena y pensaba fundirme en ella hasta el momento de decir adiós.

Coloqué el vestido dentro del closet y me fui a bañar.

Antes de llegar a casa del pequeño duende, tuve que hacer una corta parada en casa de Seiya y Hotaru, Rei se había ido a casa de los padres de Mal por lo tanto Luna y Artemis estaban junto a ellos, mi madre seguía teniendo dolor en su mirada, pero era más llevadero desde nuestra última conversación, le había prometido pensar nuevamente sobre la operación y a pesar que ella sabía que era una promesa hueca y vacía, tenía la esperanza que la cumpliera. Seiya me dio un gran abrazo ofreciéndome un vaso con soda, extrañaba el alcohol, pero no era un suicida; una cosa era morir porque el aneurisma hiciese ¡Kaboom! y otra, era morir al mezclar alcohol con medicamentos.

Serena se veía hermosa con ese vestido corto y ajustado que le había sugerido. Había salido de la habitación y no pude dejar de recorrerla con la mirada, contaba los segundos para llegar a su departamento y cogerla con ese par de botas puestas, mi miembro dio un respingo al imaginarme el cuero abrazando mi cintura. Negué con la cabeza y traté de enfocarme en lo que me decía Artemis pero mi mirada estaba centrada en los movimientos de Serena, estaba sentada en el sofá de Hotaru jugando a palmear con Chibi. Hotaru había entrado en la cocina, parecía difícil para ella estar en la misma habitación que Serena, después de nuestra última conversación. Respiré fuertemente cuando Artemis me preguntó si estaba bien que la junta de año nuevo para Otra Oportunidad fuera en la segunda semana del año entrante. Asentí diciendo que mis acciones se repartirían equitativamente entre él, Rei y Seiya. A lo que Artemis solo negó; mamá me abrazó desde la espalda, dándome un gran abrazo al que correspondí con cariño dándole un beso en sus cabellos, sus ojos estaban vidriosos cuando alzó la mirada, así que negué con la cabeza y le dije que teníamos un pacto. Sentí la mirada de Sere en mí y la mirédándole mi sonrisa torcida mientras articulaba una hermosa, ella lo era. El trayecto a casa de Mina estuvo lleno de risas por parte de Chibi, ella me amaba y es que no había una mujer que no lo hiciera. Yo tenía mis encantos, coloqué una de mis manos en el muslo de Serena y acaricié la suave piel de su pierna mientras ella contestaba las preguntas de Chibi.

Encontré la dirección de Mina rápidamente y aparqué el coche fuera de su edificio y me bajé del coche mirando el reloj de mi padre que solo me lo colocaba en ocasiones especiales y esta ocasión, lo era. Faltaban doce horas para que todo nexo con Serena terminara, inhalé profundamente abriendo la puerta de Sere y la de Chibi, tomando a la pequeña en brazos y anudando mi mano a la de la mujer que había vuelto mi cabeza una maraña de confusión, dispuesto a pasar mis últimas horas con ella, dispuesto a entregar todo lo que no podía decir.

Andrew se había unido a la celebración, acompañado de una mujer alta castaña de ojos verdes, si unos meses atrás me hubiesen dicho que esta mujer no iba a mover ninguna parte de mi anatomía, le hubiese ofrecido terapia gratis de por vida, pero simplemente hoy no podía despegar mi vista de mi pequeña rubia de piel de porcelana, mi amistad con Andrew estaba realmente arruinada lo que era una verdadera mierda, nos conocíamos desde niños y era jodido dejar de ver a un amigo por un par de tetas, o eso le había dicho a Seiya cuando me dijo que se casaría con Hotaru. La tensión era latente en la sala, por lo cual Yaten nos ofreció jugar un video juego en su consola de Play 3, así que los tres hombres nos dirigimos hacia el estudio de Yat mientras que las chicas terminaban la cena y Chibi veía caricaturas.

—Entonces, ¿qué crees tú de los hombres que juegan con las mujeres? —preguntó Andrew a Yaten con el mando en la mano, estábamos jugando GTA* porque GoW* era de un solo jugador.

—¿En serio estás preguntándome eso? —Bufó Yat, pausando el juego y mirando a Andrew con una ceja alzada—. Tú eres el mejor jugador.

—Tu hermano jugó con Sere. —Me tensé al escuchar que Andrew conocía la historia.

—Taiki no sabía lo que hacía —pulsó play y miró al frente—. Él era joven y se equivocó.

—Y su error le costó una gran depresión a mi bonita—carraspeé fuertemente—. ¿Algún problema, Darien?

—Para nada—bufé mirando al frente.

— ¿Es que esa castaña te ha cambiado? ¿Cómo es que se llama? —dijo Yat tratando de recordar.

—No, uno es como es, Lita sabe quién soy y estamos simplemente dejándonos llevar, no me pongo etiquetas para que crean que soy un santo cuando he hecho mucha mierda en mi vida.

Inhalé profundamente, era mi última noche con Sere, por lo que no quería arruinarla.

—Yo soy transparente, no como otros—soltó con desdén.

—Si tienes algo que decirme, creo que el sarcasmo sobra—dije sin mirarlo.

—Tú y yo no hemos conversado—dijo Yat, nuevamente pausando el juego—. ¿Qué te traes con Serena, ya tienen varios meses?

—Ten por seguro que no quiero que Sere sufra, el día que ella me pida que me vaya de su vida, lo haré.

— ¿Pero te vas de viaje? ¿La dejarás sola? —afirmó Andrew.

—Serena sabía de mi viaje de investigación a India, yo simplemente le ofrecí ayudarla con su libro; lo que ha pasado entre nosotros estos meses fue sin proponerlo.

—No me digas. —Andrew se burló, agradecí mentalmente que Yaten estaba entre los dos, mi paciencia era muy poca estos días—. Estarás célibe durante tu viaje de investigación.

— ¿Célibe? —Arqueé una ceja—. Me conoces tan bien como yo a ti Andrew, mi vida gira en torno al sexo —Yaten volteó observándome.

— ¿Y Sere? No permitiré que nadie vuelva a hacerle daño si en mis manos está detenerlo.

Andrew sonrió, una sonrisa de autosuficiencia que mis nudillos se morían por hacer desaparecer.

—Ya te dije que lo último que quiero es que Serena sufra, he hablado con ella, es ella quién tiene que tomar una decisión: acompañarme o simplemente dejar todo aquí.

— ¡Te la vas a llevar! —Vi como los nudillos de Andrew se colocaron blancos por lo fuerte que apretaba el mando.

—Es una decisión de Serena, lo que sea que ella decida, yo lo respetaré.

— ¿La amas?

Cómo contestar a esa pregunta.¿Amor?… Es algo que no había sentido en mucho tiempo, a la única mujer que podía decir que amo es a Luna pero es un amor completamente diferente, esto que sentía por ella era distinto era…

— ¿Te da miedo contestar, Chiba? —ironizó Andrew.

—No me da miedo, yo… —El timbre anunciando que alguien había llegado y salvándome de contestar esa pregunta, Yaten se levantó del sofá y no quería empezar a discutir con Andrew así que fui con él, ese hombre estaba ahí.

Taiki…

Y no pasó por desapercibido la mirada que le lanzaba a mí mujer, ella caminó hacia mí haciendo que en mi cara se formara esa sonrisa de satisfacción, abrí mis brazos para ella estrechándola fuertemente a mi pecho, ella quitó un mechón de mi cabello rebelde y yo le di un beso en la frente. Por el rabillo del ojo pude ver la cara de Andrew ¡jódete muñeco, tuviste tu oportunidad y la perdiste! Me dije mentalmente antes de recordar que yo también la perdería; la giré entre mis brazos y entonces mi mirada se enfocó en Amy… Así que el hermano de Yaten era su esposo.

Qué pequeño es el jodido mundo.

La mujer me lanzaba miradas, sin importar la mujer entre mis brazos y el hombre a su lado; coloqué mi rostro más serio y traté de ignorar sus insinuaciones durante toda la jodida noche, incluso cuando la sentaron frente a mí y su pie subió por mi pierna hasta tocar mi miembro debajo de la mesa, la ignoré completamente dándole un pequeño beso el cabello de Serenasin importarme las miradas de los presentes, los ojos del maldito perro estaban sincronizados con los movimientos de Sere. En un jodido segundo me arrepentí de que hubiese usado vestido, si hubiese podido, el puto la hubiese desnudado frente a todos; me disculpé un segundo para ir al baño no sin antes dejarle claro a Taiki y a Andrew que Sere estaba conmigo.

Pasé la mano por mi cabello y me tomé los dos comprimidos para la inflación, lo último que necesitaba era que la cabeza empezara a palpitar. Quería tener una noche plena con ella, abrí el lavado y me lavé el rostro justo antes que la puerta se abriera y Amy entrara por ella.

—Hola, guapo. —Lamió sus labios y apretó sus caderas a las mías.

— ¡Qué demonios haces aquí!—dije entre dientes.

—Nunca te ha importado que haga esto, has estado ignorando mis mensajes y mis llamadas y no quiero creer que es por la pobre cosita que está en la sala, o que todos esos chismes son ciertos —se burló—. ¿Cuánto te pagaron para dar la entrevista a Stars?

—Serena es mi novia—dije tajantemente y separándola de mí.

Ella se burló, una carcajada abierta e irónica.

—Y yo soy santa Teresa de Calcuta, lindo, tú no tienes novias, no eres un hombre de eso, tienes ligues y follas. Joder, cuando te dije que fuéramos exclusivos me saliste con que "en la variedad está el placer", "que tu religión era el cuerpo de una mujer" y no séqué chorreadas más. —Agarró mi mandíbula con sus uñas pintadas de rojo.

— ¡Basta, Amy! —Dije sujetándola con las manos—. Sal de aquí, ahora—estaba empezando a dolerme la cabeza.

—Vas a decirme que ya olvidaste nuestras largas noches de pasión. —Me reí, eso era sexo sin sentido, hueco y vacío no como lo que tenía con Serena. Qué diferente es follar por hacerlo y hacer el amor. El sexo se tiene con cualquiera, mujeres como Heidy, Tania o Irina; qué diferencia hay en deslizarme entre las sábanas con Serena, sentir su piel desnuda y sudada adherirse a la mía—. Podemos tener un rapidito, eres bueno con ellos tigre. —Trató de besarme pero me alejé de ella.

—No me llames, Amy. Nuestro jueguito se acabó, ve a atender a tu marido y sé una madre para ese niño; aún puedes hacer algo con tu jodida existencia. —Salí del baño encontrándome con los ojos incriminatorios de Mina.

—Eres un jodido hijo de puta. La vas a lastimar si sigues comportándote como si la amaras, cuando esto es un juego más para ti.

—No sabes lo que dices.

—No. Yo hablo con hechos o ¿estabas jugando el té con la mujer de mi cuñado en el baño?

— ¿Dónde está Serena? —Dije con voz fuerte—. Ella…

—Está en la cocina con la mamá de Yaten, terminando el postre. —Pasé a su lado y Mina me tomó fuerte por el brazo, quién iba a pensar que para ser tan pequeña, tenía tanta fuerza—. Serena es mi hermana, su corazón es noble y tiende a elegir lo que no le conviene, estaba loca cuando le propuse este juego y más loca cuando la animé a seguir. Ha pasado por mucha mierda en su vida y tú no la vas a lastimar.

—No sufrirá por mí Mina, te lo aseguro. —Me solté de su amarre y fui a buscar a Sere. Alcancé oír a Mina murmurar un zorra justo después que se cerrara una puerta, supongo que la del baño.

Me detuve al ver a Sere recostada en la baranda del balcón, acababa de negarme a un polvo rápido en el baño con Amy, cuando yo la había incitado a eso la primera vez que la vi, le había enseñado a adaptarse a mí en espacios reducidos y a controlar sus gemidos… ¡Joder! ¿Qué había hecho Serena Tsukino conmigo? La observé detenidamente, ella no era mi tipo de chica, sin duda alguna, al menos no el tipo que yo había creado para mí, pero ella era perfecta y había evolucionado tanto en estos últimos meses, no solo como la diosa en la que se convertía cuando ella y yo éramos uno, no,ella era una mujer. No me había dado cuenta de todo, cómo caí en su juego: yo, el cazador más grande de Nueva York, estaba jodida y putamente loco por la escritorcilla que había llegado a mi programa para intentar hablar de sexo y había sacado a la mujer lujuriosa que existía en Serena Tsukino, su sub como la llamaba Kath.

Cuando volví al comedor, Taiki se disculpaba debido a un compromiso social que tenía que asistir. Me mantuve alejado de Amy hasta que la vi salir y Mina sugirió que comiéramos el postre en la sala, mi teléfono sonó y me levanté apartándome del grupo para atenderlo. La voz de Rei me decía que estaba algo pasada de tragos, su suegra no la quería mucho y ella tampoco es que la amara, así que era un amor-odio mutuo con algo en común: Malachite.

Cuando regresé, Sere no estaba en la sala seguí la mirada de la acompañante de Andrew y pude verla en el balcón.

La vi temblar cuando el viento se intensificó y no pude contenerme y caminé hacia ella. Acaricié sus brazos y me coloqué a su lado, mirando las luces de la ciudad, ella me preguntó por Amy y no supe por qué me enojé. Pero lo hice, entré a la sala sin mirar a nadie en especial y me senté en uno de los sofás, sacando mi celular y enviándole un mensaje a Seiya. Me disculpé con Mina y Yaten y les pedí el favor que me prestaran su estudio, cuando mi hermano me devolvió la llamada. Demoré casi media hora intentando calmar mis pensamientos. Como me había dicho Seiya, no había manera en el infierno que Serena y yo pudiéramos tener algo más que este contrato vacío porque primero, ella desconfiaría de mí siempre y segundo, yo no tenía tiempo como para iniciar una jodida relación; mi tiempo como caminante en este mundo estaba cada vez más agotado. Cuando salí del estudio, Andrew y su castaña amiga iban saliendo así que Serena y yo aprovechamos para despedirnos también. El camino a casa fue horriblemente silencioso, como si un maldito elefante rosa estuviese entre ambos.

Di un pequeño golpe en el volante maldiciéndome a mí mismo por idiota. Exclusividad, hábito, cariño eran cosas que te llevan al jodido amor. Esa mierda no debería de pasarme a mí, menos ahora que no lo necesitaba. Yo, el que vivía siempre burlándome de todo, de Unasuki cuando me ofreció su corazón, de Amy cuando quiso exclusividad… de Sere, cuando simplemente quiso que la ayudara. Siempre escuché o leí esas estúpidas preguntas sobre ¿qué haría si tuvieses unos pocos meses de vida? La contestación para mí siempre fue muy fácil: reír, divertirme y, sobre todo, follar con cuánta mujer se me presentase. Era fácil, era bueno, era yo y ¿ahora? Ahora estaba malditamente confundido, aparqué el auto en el sótano de Serena y bajé de él caminando hacia el elevador, no quería pasar nuestra última noche así, quería tenerla entre mis brazos y…

Joder,¡me voy a morir! No puedo ponerme a pensar en pendejadas y cursilerías que no iban a llevarme a ningún lugar. Entré al elevador diciéndome a mí mismo que llegaría al departamento, arrancaría la ropa del cuerpo de Serena y me enterraría en ella tan fuerte y profundo como pudiera, como si no hubiese mañana porque, efectivamente, no lo había.

Detuve el ascensor en medio de nuestro trayecto, hablándole fuerte y dolido; tomé su rostro entre mis manos, la besé fuerte y pausado; ella paseó sus manos por mi pecho y luego, arañó mi espalda, jalando los cabellos de mi nuca, esa solo acción mandaba corrientazos a través de mi cuerpo que rompían en mi miembro, tomé sus manos y las alcé sobre su cabeza, aprisionándola entre mi cuerpo y el elevador, besando sus labios con devoción, con fuerza, llevándome en mi paladar el exquisito sabor de su saliva, impregnándome con el aroma dulce de su cuerpo, queriéndome fundir entre su piel y no soltarla hasta que estuviese completamente saciado de ella. Con mucha fuerza de voluntad oprimí el botón para que el elevador siguiera su camino y caminé con ella hasta la puerta de su habitación, con su mano sujeta a la mía demostrándome que era real, que ella estaba aquí.

Con el deseo desenfrenado de tenerla desnuda frente a mí y la tristeza de descubrir que había encontrado a alguien perfecto para mí, alguien que yo mismo había moldeado a mi voluntad y que, desafortunadamente, la tendría otro. Ese pensamiento me llenó de amargura como hiel amarga, ponzoña subiendo por mi garganta; quería fundirla, hundirme en ella, maldecir a los infiernos por mi aneurisma, aunque sin él no la habría conocido. Fue por saber que iba a morir que decidí hacer este trato con Serena, mi orgullo estaba herido porque una mujer no me había visto. Caminé a la cocina y saqué la botella de vino que había llevado de mi casa junto con dos copas, disfrutaría cada minuto que tuviese con Serena, cada segundo lo devoraría, la consumiría como ella lo había hecho conmigo.

Caminé a la habitación con las copas y le serví una cuando estuve frente a ella, bailamos al ritmo de una de mis canciones favoritas y le dije en Hindi lo que había descubierto. Robin Williams y Feel me golpearon en ese momento, no quería morir pero tampoco quería ser un jodido inútil, me estaba enamorando y tenía que dejar a la única mujer que me había dado más que jadeos y gemidos; estaba asustado como la mierda y quería huir despertar en mi cama de mi departamento-motel y creer que esto no existía. Despertar aquella mañana que vi a Serena en el elevador del edificio, hacer las cosas de manera distinta, pero ¿a quién engaño?, estoy seguro que ni siquiera la miraría si ella me hubiese dado lo mismo, hueco y vacío que me daban todas. Le deseé un año nuevo a mi manera: adorándola, besándola, fundiéndome en ella, haciéndole sentir lo que no le había hecho sentir a nadie y solo después de haberla llevado a la cima varias veces, me dejé ir junto a ella a un camino sin retorno.

Moriría… pero me llevaría su recuerdo en mi cabeza, en mis sentidos y en mi corazón.

Desperté completamente solo, aún era de noche y la cama estaba fría. Me levanté sin ninguna intención de buscar con qué cubrirme y caminé buscando a Serena, la necesitaba; necesitaba saciarme de ella aunque cada vez me decía que era imposible, la encontré en el balcón de la sala, solo con una de mis camisas. Acaricié su cuerpo con reverencia y la hice mía varias veces más en esa noche, no dejé de besarla y tocarla, susurrarle lo que sentía en un idioma que sabíaella desconocía; un idioma que me escudaba de hacer cosas estúpidas. No había tiempo, no había lugar ni arrepentimientos; Serena había sido parte de mi vida, me había hecho un hombre mejor en el poco tiempo que me quedaba, sentí su corazón arrullarme suavemente mientras mi cabeza descansaba entre su pecho, atesorando la suave melodía que producía mi miembro aún en su interior, mi cuerpo pegado al suyo. Salí de ella y la giré, dejándola sobre mí, como sintiendo nuestro momento; ella se dejó hacer. Tarareé una vieja canción India, acaricié sus brazos y su espalda con la yema de mis dedos; besé sus cabellos inhalando como un maldito drogadicto su esencia, evitando quedarme dormido, acaparando la mayor parte de tiempo hasta quecayó profundamente dormida.

Yo no lo hice… No podía.

Yo estaba perdido.

Yo me había enamorado.

Me levanté de la cama y saqué mi maleta hasta la sala, arreglando todo para irme. Frey levantó su cabeza hacia mí, acaricié su panza diciéndole que ella pronto volvería; volví a la habitación, observando a la mujer que me había dado todo y más de lo que yo había necesitado, me vestí sin dejar de verla mientras mi pecho se oprimía. Desde que había empezado todo esto, desde que me había enterado que iba a morir no me había permitido llorar, solo lo hice cuando Luna quebrantó mis defensas pero en este momento, quería hacerlo con todas mis fuerzas. Tomé un par de fotografías de su cuerpo desnudo y en paz en la cama, besé el tope de sus cabellos con suavidad antes de salir de la habitación; el sol despuntaba sus primeros rayos y era mejor irme así, sin despedidas huecas y vacías.

Nuestro contrato había llegado a su fin.

Un mes… Un maldito y jodido mes. No dormía, no comía… ¡No nada! Necesitaba oler su cabello, necesitaba platicar con ella, necesitaba aunque fuera verla por unos minutos… Me levanté de la cama y caminé hasta la sala, Frey estaba ahí y me miró sus grandes ojos grises observándome.

—Tú también la extrañas, ¿verdad bonita? —susurré y ella se volteó boca arriba, dejando su panza expuesta para mí. Acaricié la motita de pelo de mi bebé y suspiré fuertemente, mi vida se había convertido un verdadero infierno desde hacía un mes, los dolores de cabeza eran cada vez más frecuentes, los mareos, la perdida de la visión y, en las noches, el recuerdo de ella, desde nuestra primera vez… hasta la última.

Soñaba,soñaba con volver a ver fijada en mí una dulce mirada suya, soñaba con volver a tenerla bajo mi cuerpo, saberme dentro de ella, sentir sus labios rozarme. Sueño cada día con esos fabulosos meses en que compartimos las bromas, las películas, las cenas, todo. Sueño con lo que pude haber tenido y con lo que había renunciado y cuando pensaba que podría cambiar de opinión, la realidad me golpeaba con toda la fuerza. Yo no tenía un granito de arena en el culo, tenía un jodido aneurisma que amenazaba con dejarme tonto, lisiado o simplemente, como un jodido muñeco, entonces, recordaba que nada de lo que pudo ser y no fue, era suficiente como para meterme a un quirófano y dejar que me abrieran la cabeza en dos.

Sin embargo, aún tenía estos sueños, estas ansias, esta hambre de ella, estaba seguro que a segundos de dejar de respirar, seguiría sintiendo igual, o más ¡demonios! ¡Demonios! ¿Dónde están los jodidos milagros cuando uno los necesita?

Cerré los ojos, apretando el puente de mi nariz. Ansiaba tanto poder verla pero ya no tenía mi teléfono, ni siquiera podía mirar sus jodidas fotografías porque dos semanas después de haber terminado todo trato con ella, había acabado con el alcohol de mi bar y reventado el maldito aparato contra la pared más cercana. No había comprado otro celular, no quería saber de nadie, no quería nada con nadie; había dejado de tomar píldoras, deseando que los tiempos se acortaran pero nada sucedía… nada pasaba. Había ido al bar había intentado ligar a una chica pero no pude encontrar una que me hiciera sacar a Serena de la cabeza.

Estaba jodido, completa e irrevocablemente jodido.

Pasé la mano por mis cabellos, sintiendo el pequeño zumbido en mis oídos y fui a la habitación, necesitaba dormir aunque fueran algunas malditas horas.

El día empezó como todos, pasé gran parte de la mañana y la tarde en el departamento; tenía barba pero no tenía ganas de afeitarme, mi piel estaba pálida y tenía grandes ojeras debajo de mis ojos, incluso mi jodido cabello se veía opaco, me estaba volviendo niña. Caminé a la sala y me senté con la laptop en las piernas, investigando y leyendo sobre aneurismas intracraneales, buscando una posibilidad, algo que a Eleazar se le hubiese pasado decirme, lo único que me había comentado era que un amigo suyo daría una conferencia sobre mi tipo de aneurisma, el hombre parecía ser una eminencia en el campo neurológico y había practicado varias operaciones similares a la que yo debía someterme salvando la vida del paciente.

Artemis y él tenían la esperanza que, si hablaba con el Doctor Thomas Hans, podría cambiar mi parecer sobre la operación, ellos garantizaban mi vida pero no que saliera de quirófano tal cual como entraba con todas mis facultades mentales y en perfecto estado, y no iba a arriesgarme…No lo haría.

Entré a mi cuenta de Skype, e inmediatamente se me abrió una ventana de chat.

Kath McConner: Hola guapo.

Dsex: Hola bonita, ¿te aburriste del bastardo que tienes por marido y vienes a mí?

Kath McConner: Nunca me aburriría de mi esposo, está en Rusia así que estoy algo aburrida.

Dsex: Y¿quieres que te sirva de payaso?

Kath McConner: No sé qué tan bueno eres para contar chistes, pero podrías hablarme de ti, ¿cómo van tus cosas?

Dsex: ¡Genial! Aquí, viendo el tema del programa de esta noche… Lo normal, soy un angelito juicioso ;)

Kath McConner: Sere te tiene soñando X) hablando de ella, he tratado de comunicarme para ver cuándo empezamos a hablar sobre mi historia, ¿podrías decirle que conteste alguno de mis correos cuando la veas?

Dsex: No creo poder… No nos estamos viendo ya, digamos que soy como soy y lo jodí, me voy a India un tiempo, tú sabes… renacer.

Bufé porque yo moriría, no iba a nacer de nuevo.

Kath McConner: Eres un idiota, ¿lo sabes? Esa mujer estaba loca por ti.

Tan loca que no la he visto desde que la dejé dormida en su cama.

Dsex: Tengo que dejarte Kath, pero antes quiero que sepas algo, cuando te conocí, me gustabas.

Kath McConner: Darien a ti te gusta cualquier cosa que se mueva, use faldas y tenga un par de tetas.

Sonreí.

Dsex: Dame un poco de crédito mujer.

Kath McConner: Pensé que habías cambiado, creí que Sere era especial.

Dsex: Lo es, pero no es la mujer para mí.

Kath McConner: Pero…

Dsex: ¡Vas a dejarme hablar mujer!

Kath McConner: Te leo…

Dsex: Eres especial para mí Laura Katheryne Cortéz, nunca dejes de ser tú y nunca me olvides.

Kath McConner: Hablas como si te fueras a morir Dar, ¿está todo bien?

Dsex: Todo Ok, solo quería que supieras que te quiero, ¿vale?

Kath McConner: Yo también te quiero tonto. :3

Dsex: Tengo que irme Kath, te recordaré… Siempre.

Kath McConner: ¡Joder me harás tomar un avión a NY!

Dsex: Como la chica que me dijo No :) ¡No me dejas terminar! Tengo que irme, te quiero.

Salí de ahí antes que Kath quisiera preguntarme algo más, saqué todo lo que necesitaba acerca del programa de hoy, era mi último programa e iba a hablar sobre las fiestas Swinger; había pospuesto ese tema muchas veces y hoy sería un día más, sin duda alguna Alec y Rei podrían tocarlo otro día, hoy quería programa libre.

Alec era bueno, no tan bueno como yo claro está, pero se desenvolvía bastante bien con el público, muchas fans habían llamado solo para despedirse, otras aún lloraban mientras me pedían que no las dejara; varias fueron las ocasiones que mis ojos se aguaron y mi voz se quebró, durante todo el programa estuve esperando la llamada de ella, pero nunca llegó.

—Y con esa última llamada nos despedimos esta noche—dijo Alec con diversión—. Quiero darle las gracias a Dsex por su ayuda en esta semana, hermano esta es tu casa, lo sabes—asentí.

—Nos vemos el lunes con un programa más de Hablemos de Sexo. Dsex, ha sido un verdadero placer haber compartido junto a ti tres años este espacio radial. —Las lágrimas se formaron en sus ojos y su voz se quebró—. Te quiero mucho, hermanito. —La halé hacia mí, dándole un beso en el tope de su cabeza—. Quieres decir algo más antes de salir del aire—asentí.

—Nunca olvidaré estos años junto a ustedes —traté de que mi voz sonase fuerte, no solo estaba renunciando a la única mujer que me había hecho sentir, estaba despidiéndome de mi familia, de algo que amaba y por lo que había luchado mucho—.Rei, gracias por apoyarme en esto cuando te lo planteé. Alec, sé que no defraudarás a las chicas. Chicas, antes de irme quiero dejarles algo que encontré mientras navegaba por internet dice así: Nunca te des por vencida, siempre levanta la mirada y ve al frente; eres hermosa y guerrera.Que nadie haya sido tan afortunado de darse cuenta la mina de oro que tú eres, no significa que brilles menos. Que nadie haya sido lo suficientemente inteligente para darse cuenta que mereces estar en la cima, no te detiene para lograrlo. Que nadie se haya presentado aún para compartir tu vida, no significa que ese día está lejos. Que nadie haya notado los avances en tu vida, no te da permiso... para detenerte. Que nadie se haya dado cuenta la hermosa mujer que tú eres, no significa que no seas apreciada. Que nadie haya venido a alejar la soledad con su amor, no significa que debas conformarte con lo que sea. Que nadie te haya amado con esa clase de amor que has soñado, no significa que tengas que conformarte con menos. Que aún no hayas recogido las mejores cosas de la vida, no significa que la vida sea injusta. Que Dios está pensando en un hermoso príncipe para ti, no significa que tú no seas ya una reina. Solo porque tu situación no parece estar progresando por ahora, no significa que necesites cambiar nada. Sigue brillando, sigue corriendo, sigue esperando, sigue viviendo, sigue siendo exactamente como ya tú eres: ¡Una Mujer Completa! Que nadie te diga nunca que no eres suficiente—suspiré deseando que Serena estuviese escuchando—. Que nadie te diga nunca que no eres única.

—Bellas palabras, compañero—anunció Alec, le sonreí y tomé el micrófono.

—A ti que estás escuchando, recuerda que siempre estarás en mí. —Esperaba que entendiera el mensaje—. Y para despedirnos una canción.

Miré a Malachite y él inmediatamente asintió. Los acordes de Goodbye My Lover de James Blunt se dejaron escuchar en la cabina.

Did I disappoint you or let you down?

Should I be feeling guilty

Or let the judges frown?

Because I saw the end before we'd begun

Yes I saw you were blinded and I knew I had won

So I took what's mine by eternal right

Took your soul out into the night

It may be over but it won't stop there

I am here for you if you'd only care

You touched my heart you touched my soul

You changed my life and all my goals

And love is blind and that I knew when

My heart was blinded by you

I've kissed your lips and held your head

Shared your dreams and shared your bed

I know you well, I know your smell

I've been addicted to you

Goodbye my lover

Goodbye my friend

You have been the one

You have been the one for me

Goodbye my lover

Goodbye my friend

You have been the one

You have been the one for me

I am a dreamer but when I wake

You can't break my spirit

It's my dreams you take

And as you move on, remember me

Remember us and all we used to be

I've seen you cry, I've seen you smile

I've watched you sleeping for a while

I'd be the father of your child

I'd spend a lifetime with you

I know your fears and you know mine

We've had our doubts but now we're fine

And I love you, I swear that's true

I cannot live without you

Goodbye my lover

Goodbye my friend

You have been the one

You have been the one for me

Goodbye my lover

Goodbye my friend

You have been the one

You have been the one for me

And I still hold your hand in mine

In mine when I'm asleep

And I will bear my soul in time

When I'm kneeling at your feet

Goodbye my lover

Goodbye my friend

You have been the one

You have been the one for me

Adiós mi amante, adiós mi amiga, has sido especial, has sido la única para mí. Estoy tan vacío cariño, estoy tan vacío, estoy tan, estoy tan, estoy tan vacío…

Salí de la emisora sin despedirme de nadie, odiaba las despedidas. Simplemente le di un abrazo a Seth y Lauren, conduje a mi departamento queriendo desparecer, caminé hasta mi bar, había vuelto a comprar botellas y más botellas de alcohol porque sabía que las necesitaría, hoy las necesitaba.

Jack Daniels me ayudó en la primera hora, luego Johnny Walker se estaba convirtiendo en mi mejor amigo, una punzada fuerte me hizo gritar y agarrarme la cabeza fuertemente. Era tan intensa como la que había tenido la última vez, mi corazón latía fuertemente sentía los vellos de mis brazos erizarse, suspiré fuertemente intentando calmarme cuando las sombras remplazaron mi visión periférica, el zumbido se hizo más fuerte, taladrando mis sentidos embotando mi cuerpo, no supe cómo llegue al maldito teléfono y oprimí las teclas completamente ciego, escuchando vagamente el sonido del pitido.

¡Contesta! ¡Contesta!

¡Mierda! Tenía miedo.

—Buenas noches—susurró Seiya adormilado.

—Diez, cien ¡Mil! —grité sin saber qué decir y luego, todo fue oscuridad.

Abrí los ojos encontrándome con la familiar blancura impoluta del cuarto de hospital, pensé que ese sería mi fin… mezclar diversos tipos de alcohol, podría haber acabado conmigo pero, al parecer, la maldita parca se estaba divirtiendo a mi costa porque aquí estaba en un cuarto de la fundación con Seiya mirándome fijamente.

—Dile al doctor Denali que ya despertó—escuché la voz de mi hermano susurrarle a alguien—. Darien, estás despierto.

—Para mí desgracia sí —mi voz salió rasposa—. ¿Qué día es hoy? —Sentía que había dormido mucho tiempo.

—No estuviste mucho tiempo inconsciente, un par de horas. —Seiya pasó la mano por su rostro—. La familia está afuera.

— ¿Todos? —pregunté tontamente.

—Tuve que llamar a Luna, ella es la única que tiene código para entrar a tu maldita casa. ¡Qué demonios estabas pensando, Darien! Sabes cuántas botellas encontré en tu sala, quieres morirte.

Me reí abierta y sarcásticamente.

—Voy a morir Seiya, por si no lo sabías —dije con burla—. Mi jodida cabeza es una bomba de tiempo. —Moví mis manos sobre mi cabeza.

—El doctor Hans adelantará su viaje a la ciudad, Eleazar le habló de ti y quiere verte, analizar tu caso.Darien, hay una opción, hermano. —Seiya se acercó a mí.

— ¿Va entrar a mi cabeza con tele trasportación y sacará de mí el jodido aneurisma? —Me burlé una vez más—. Si no es así, no me interesa.

—Tú no entiendes que…—La puerta se abrió y Eleazar llegó junto con Artemis, ninguno de los dos traían caras agradables, así que cerré los ojos y respiré profundo, enfrentándome con los mismos regaños de siempre.

Luego de dos horas de indicaciones y exámenes, Eleazar me habló nuevamente del doctor Hans, acepté verlo solo por la mirada de súplica de Luna, pero verlo y cambiar de decisión, era muy diferente.

Luego de una pequeña discusión con Luna, aceptó dejarme ir a mi departamento, Seiya me llevó en su auto sin decir una palabra; su cuerpo estaba tenso y su mandíbula rígida.

—Suéltalo ya Seiya—dije, hastiado de su silencio.

— ¿No lo harás verdad? —preguntó entre dientes.

— ¿Qué no haré? —Me hice el tonto.

—No aceptarás ninguna recomendación que te dé el doctor Hans Tramell y no me vengas con ese maldito cuento de la tele transportación, no tenemos diez años y estamos pensando ser Goten y Trunks y tratar de colarnos en la cocina para comer las galletas de chocolate que Luna acababa de hornear.

— ¿Porqué preguntas lo que no quieres saber? —dije con fastidio.

— ¿Por qué eres tan terco?

—Basta, Seiya—abrí la puerta para salir del auto—. Si vuelve a pasar algo, no te llamaré —dije saliendo del auto y abriendo la puerta trasera para agarrar mi maletín. Saludé a Kelvin cuando me abrió la puerta trato de decirme algo pero le dije que luego lo llamaría, caminé hacia el elevador, oprimiendo los botones; una vez dentro, me recosté en la caja de metal e inhalé fuertemente. No podía dejarme vencer, escucharía lo que el doctor iba a decir pero ello no cambiaría mi opinión.

La puerta se abrió en mi piso y salí con la cabeza baja hasta que el aroma dulzón se coló en mi nariz, alcé la vista deseando que fuese mentira, que alguien hubiese usado su perfume pero no… allí estaba ella, Serena, sentada frente a mi puerta como si llevase mucho tiempo ahí, se veía absolutamente hermosa y quería correr y abrazarla; darle un beso llevarla adentro y hacerle el amor tan dulcemente que caeríamos en un coma diabético ambos pero simplemente no podía, reconstruí mi máscara de frialdad y me dirigí hacia ella.

Había bloqueado su código hacia un par de días, cuando perdí las esperanzas de encontrarla aquí alguna noche después del programa, aunque fuese para una última vez. Solo deseaba poder besarla, abrazarla, hundir mi cabeza en su cabello e inhalar su aroma pero no podía darle posibilidades porque yo sinceramente no las tenía, no la quería ver sufrir con mi muerte; suficiente tenía con las miradas de Hotaru y el dolor en los ojos de Luna, la decepción de Artemis y la frustración de Seiya, ver alguna de esas cosas en Serena le daría un sabor agrio a mi muerte.

Ella traía el manuscrito de su novela, estaba ansiosa y se veía nerviosa. Dios mordía su mejilla y quería ir a ella y decirle que no lo hiciera, mi corazón latía a mil por segundo. Fui a la cocina a buscarle algo de beber y algo para no cometer la estupidez que tenía en mente: acorralarla con alguna pared. Negué con la cabeza y salí, noté la pequeña electricidad que recorrió mi cuerpo cuando sus dedos rozaron los míos y, aunque mi corazón gritara que no desaprovechara, mi mente me decía que no podía arrastrarla conmigo, así que le hice ver que había vuelto a hacer el Darien cabrón que ella había conocido; fui indiferente, cruel e hiriente, ella trató de hablarme de su nuevo libro ese que la rata repugnante de Caos le estaba obligando a hacer. Quiso que la ayudara y no pude evitar negarme, aunque no quería hacerlo, dejé la lata de soda porque necesitaba algo más fuerte para apartar la ponzoña de mi garganta; mi voz nunca salió tan fría, mis palabras nunca fueron tan ofensivas, mi pecho contrayéndose mientras veía las lágrimas inundar sus ojos pero ella era fuerte, ella sobreviviría a esto. Mi voz fue lacónica antes de caminar hacia a ella inhalando por última vez su aroma, dándole un último beso que quemó mis sentidos y dando el tiro de gracia al hacerle ver que me vería con una mujer antes de tomar lo que quedaba del whisky en mi vaso, tomar el manuscrito y perderme por el corredor antes de correr hacia ella y pedirle… rogarle una última vez entre sus brazos.

Me encerré en mi cuarto y me senté en mi cama, enterrando mi cabeza entre mis piernas, maldiciéndome por ser tan hijo de puta con ella y no haber podido evitar herirla, su rostro contraído me decía cuánto daño le habían hecho mis palabras; sentí la puerta cerrarse y tragué la hiel amarga acumulada en mi boca, dejándome caer en la cama. Suspiré fuertemente, queriendo reventar el jodido departamento; tomé el sobre con el manuscrito y comencé a leer, necesitaba hacerlo, necesitaba sentirme junto a ella.

¿Por qué? ¿Por qué? Mi vida era fácil.Era tan malditamente fácil, mi risa torcida patentada en: Yo follo sin parar y puedo hacer que tus bragas vuelen, era una de mis armas, mi conocimiento sobre el sexo, mi cabello salvaje, mi caminar de "Puedo hacerte venir con un guiño"; eran mis armas, alcohol, trago y mujeres era mi lema, follar, follar antes que el mundo se acabara, no sentir este dolor que parecía partirme en varios pedazos. Era un fanfarrón, un cabrón despreciable, no tenía ley ni sentimientos de apego a nada ni a nadie, lo había jurado en la tumba de mis padres, lo había vuelto a jurar frente a la lápida de Unasuki, pero había sido un idiota, ¿puede uno escapar del amor?

La respuesta era sencilla: No. Yo simplemente, no quería depender emocionalmente de nadie, no como mamá, no como Unasuki; yo quería ser libre y disfrutar la vida, yo no sé en qué momento Serena se metió dentro de mí, bajo mi piel; ella solo fue la chica vestida de niño que no me dio ni una sola mirada abierta en el elevador hace cuatro meses atrás, ella se había convertido en mi presa y yo quería jugar, era el mejor, era un maestro. Yo sabía qué hacer, cómo actuar y qué proponer; yo era un águila esperando el momento preciso para atacar, es más, nunca creí ni por un jodido segundo que Sere Tsukino diría que no.

Y no lo hizo.

No lo dijo.

Y ahora me gustaría que ella lo hubiese hecho, no estaría sufriendo como lo hago. Pero ella dijo si y la única verdad en este momento es que estoy muriendo, estoy muriendo y dejo a mi familia, mi madre, mis hermanos mi padre y sobre todo… la dejo a ella.

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Awwww vieron el también sufreeee mi pobre nene espero que les haya gustado chicas mil gracias a todas las que colaboran para que esto salga tal cual como ustedes lo están leyendo,(Leslie y May) Mil gracias, también mil gracias por sus Revs chicas no saben cómo hacen Feliz a esta Autora.

NOTA IMPORTANTE!

Bueno espero que la negrilla haya funcionado, lamento decirles que el próximo es el capítulo final de Instrúyeme, por esa razón NO puedo dar un día fijo de actualización estoy en clases y es un cap que necesita tiempo porque hay muchas cosas por decir aun, algunas me preguntan si estoy segura cuando digo es el FIN lo digo SI ESTOY SEGURA, es lo que los personajes me dicen y estoy de acuerdo con ellos, si es un cap muy largo lo dividiré en dos aun no lo sé todo de pende de cómo salga el capítulo completo, perdón por haberlas hecho llorar solo los corazones fuertes podrán entender y soportar el desenlace final.

Las quiero

Ary