Capítulo 10

El idilio duró más de dos semanas.

—Le encanta su siesta. Ahora duerme muy bien. Serena se alejó de la cuna para acercarse de puntillas a Darien, que estaba esperando en la puerta, con un polo y un pantalón corto, su pelo oscuro brillaba bajo el sol.

—Eres muy generosa entregando tanto de ti misma a un niño que no es tuyo.

—Pero era de mi hermana —murmuró Serena, sin mirarlo.

Darien tomó su mano para llevarla al jardín, desde donde un camino flanqueado por arbustos llevaba a la playa.

—Tú no te pareces nada a ella.

—Eso ya lo sé. Mis padres me lo recordaban constantemente.

—¿En serio?

-No se lo reprocho, yo nunca le di a mis padres nada de lo que estar orgullosos. No se me daban bien las matemáticas y sólo me elegían para algún deporte cuando todas las demás tenían la gripe. No tocaba ningún instrumento, no tengo una bonita voz y tampoco el cuerpo o la cara de una modelo.

—¿Y todo eso es importante?

-Mi madre sonreía de oreja a oreja cuando presentaba a Mina: ésta es mi hija, que es modelo, pero además tiene un título en matemáticas en la Universidad de Cambridge —dijo Serena, irónica—. Y luego, cuando me tocaba a mí, decía: y ésta es nuestra otra hija, Serena.

-Es lógico que seas tan insegura —suspiró Darien—. Pero eso va a cambiar. Además, ya no puedes sentirte insegura. Durante las últimas dos semanas no hemos parado de hacer el amor.

—A lo mejor el problema ahora es pensar que alguien pueda tener tanta suerte. Y sigo sin creer que quieras estar con alguien con quien no puedes discutir sobre mercados financieros durante el desayuno.

-No se me ocurre nada más aburrido —sonrió él—. Cuando estoy en casa no me apetece hablar de trabajo. Y no quiero conflictos. Quiero una mujer encantadora que me desafíe en otros sentidos... y eso tú lo haces muy bien. Así que, para contestar a la pregunta que no me has hecho: yo nunca estuve interesado en tu hermana —añadió, tirando de ella hacia el muelle.

—¿Vamos a dar una vuelta en la motora?

-Quiero descargar adrenalina y como no tengo nadie a quien despedir, manipular o intimidar, necesito una alternativa. ¿Te mareas?

—No lo sé, seguramente pronto lo sabremos —respondió Serena—. ¿Conduces muy rápido?

—Sí.

Y era verdad.

En cuanto salieron del muelle la motora empezó a volar sobre las olas a una velocidad que la dejó asustada. Afortunadamente, fue reduciendo la velocidad hasta que llegaron a una cala donde echó el ancla.

—Ponte esto —Darien le ofreció una caja con el logo de un diseñador muy conocido.

—Si es otro bañador, lo siento pero no. En los últimos diez días lo único que has hecho es quitarme ropa.

—No es lo único que he hecho, agape mou.

Serena se puso colorada.

—Me pongo bañador en la isla, pero aquí podría vernos alguien.

—No tienes nada que esconder.

—Sigo sin creer que me haya puesto un bañador —rió Serena.

-Estás guapísima.

—Por la espalda.

—Y de frente. Y de lado y desde todos los ángulos —sonrió Darien—. Venga, abre la caja.

—¿Pero de dónde ha salido? No has ido a ningún sitio... ¿cómo me lo has comprado?

Él abrió los brazos en un gesto de disculpa.

—Muy bien, lo confieso, no lo he elegido yo. Llamé por teléfono a la tienda y me lo han enviado.

Serena abrió la caja y, envuelto en capas de papel de seda, encontró el biquini más bonito que había visto nunca. Era dorado y tan pequeño que prácticamente no existía.

—No, de eso nada.

-Póntelo.

—Yo no puedo ponerme esto...

-Confía en mí, te quedará sensacional —rió él, quitándose el pantalón.

—Me he puesto un bañador, pero no puedo ponerme un biquini, de verdad.

—Las cicatrices, ya lo sé. Sé que te da vergüenza, pero estoy intentando hacerte entender que yo te encuentro sexy con cualquier cosa que te pongas —dijo Darien con voz ronca—. O cuando no te pones nada. Venga, cámbiate.

Serena sacó el biquini de la caja, mirándolo con cara de horror.

—No puedo ponérmelo, en serio.

—Tienes diez segundos para cambiarte.

—Lo que yo quiero es esconderme y tú no me dejas. Durante estas dos semanas no has hecho más que exponerme... hacemos el amor a la luz del día, me haces ponerme bañador y ahora esto.

Darien miró su reloj.

—Te quedan dos segundos. O lo haces tú o lo hago yo.

Serena tomó una de las toallas y se dirigió a la popa de la lancha. ¿Estaba siendo deliberadamente cruel?, se preguntó. Enfadada, consiguió ponerse el diminuto biquini bajo la toalla.

—¿Satisfecho?

—No, aún no —sonrió Darien, mirándola de arriba abajo—. Pero lo estaré. Y recuérdame que le dé las gracias a la persona que lo ha elegido.

Avergonzada por el ardiente brillo de sus ojos, Serena miró el mar.

—No te entiendo, en serio.

-Eso es evidente, pero te lo repito: estás fantástica con el biquini.

Ella abrió la boca para discutir, pero Darien la abrazó y el calor de su cuerpo eclipsó cualquier otra preocupación. Serena se olvidó de taparse, se olvidó de sus vergüenzas, de todo porque se sentía preciosa y seductora.

—¿Qué tal tu confianza ahora? —sonrió él, buscando sus labios.

-Recuperándose.

—Me alegro porque volvemos a Londres mañana. Para ella fue como un puñetazo en el estómago.

—¿Por qué?

-Porque llevo fuera de casa demasiado tiempo y hay cosas que necesitan mi atención. Y mañana por la noche tenemos que acudir a una cena benéfica.

-¿Mañana por la noche? ¿Por qué no me lo has dicho antes?

—Porque no quería que te pusieras nerviosa.

-¿Quién estará en esa cena?

—Yo estaré allí —dijo él—. Y yo soy la única persona importante para ti —después de tan arrogante afirmación, Darien se lanzó de cabeza al agua.

Serena lo miró, frustrada. Sabía que la única manera de proseguir la conversación era lanzarse tras él, pero sabiendo que si se tiraba de cabeza perdería el diminuto biquini optó por usar la escalerilla.

Su confianza había aumentado mil veces en las últimas semanas, ¿pero estaba lista para volver a su antigua vida?

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Veinticuatro horas después, Serena estaba de vuelta en Londres, pensando en cuánto había cambiado su vida en unas semanas.

Y cuando se miró al espejo, por primera vez no deseó que se apagaran las luces. Era imposible no sentirse guapa cuando veía el brillo de admiración en los ojos de Darien. Afortunadamente, porque esa noche tendría que recorrer la alfombra roja otra vez. Y habría cámaras.

Para poner a prueba esa seguridad, eligió un vestido que ya se había puesto en una ocasión, unos zapatos que la hacían sentirse como una princesa y se dejó el pelo suelto.

En el cuello, un diamante en forma de corazón que Darien le había regalado el día de su boda.

Cuando estaba poniéndose los zapatos, él entró en la habitación.

Estaba espectacular con un esmoquin y se le encogió el corazón al pensar que todas las mujeres lo mirarían. No había ningún otro hombre como él.

—¿Qué estás pensando?

—Estaba deseando que no fueras tan increíblemente guapo —suspiró Serena—. Así no te mirarían todas las mujeres y yo no me sentiría tan insegura.

—Después de los últimos días no me queda energía para nada —le aseguró él—, así que no debes preocuparte. Estás preciosa, Serena. Más que eso.

—Me gusta que lo digas —intentó sonreír ella.

—Entonces lo diré otra vez —sonrió Darien, tomando su mano—. Estás preciosa.

Y ella no discutió porque lo veía en sus ojos.

-No me he alisado el pelo.

—Mejor. Me gustan tus rizos.

—Y este vestido me lo he puesto antes.

—Lo sé. Me acuerdo.

—¿No crees que me hace el trasero un poco grande? Darien levantó los ojos al cielo.

-Nunca le hagas esa pregunta a un hombre. Además, hace que tu trasero sea la fantasía de cualquiera y ahora me dan ganas...

—.¡No te atrevas a arrugarme el vestido! —rió Serena.

-Desgraciadamente para mí, soy el invitado de honor en la cena. De no ser así, me pasaría el resto de la noche examinado ese trasero tuyo. Pero venga, el chófer está esperando abajo.

-Muy bien. Ya estoy lista.

—No, espera, tengo algo para ti —Darien se acercó a la cómoda y sacó una cajita de terciopelo negro. Dentro había una pulsera de diamantes y Serena se tapó la boca con una mano.

—No puedes...

-Claro que puedo —dijo él, tomando su brazo para ponérsela—. Te queda muy bien.

—Hace juego con el collar. Pero podrían robármela.

—No, eso nunca volverá a pasar. Ahora estás conmigo y conmigo te vas a quedar. Yo te protegeré. Una vez en el coche, Darien se volvió hacia ella.

-Habrá cámaras de televisión —le advirtió—. Pero lo único que tienes que hacer es sonreír.

Y Serena lo hizo.

Sonrió mientras atravesaban la alfombra roja, sonrió a las cámaras, sonrió a los invitados y sonrió a Darien, que estaba más sexy que nunca en su papel de magnate.

-Lo estoy pasando bien.

-Me alegro —dijo él, mirando su escote—. Pero yo no. Lo único que quiero es que nos vayamos a casa cuanto antes.

Serena tomó un sorbo de vino, disfrutando de ese momento de poder. Pero la tensión sexual aumentó hasta que por fin Darien anunció que tenían que marcharse.

Se besaron en el coche como dos recién casados, riendo, impacientes por llegar a casa.

Cuando estaban llegando Serena notó que había un grupo de periodistas en la puerta y se le encogió el corazón.

-¿Qué hacen aquí? Pensé que habían perdido interés por nosotros.

-No hagas caso —Darien le dijo algo en griego al conductor, que los llevó por la parte de atrás.

—Me encanta esta entrada, secreta —rió Serena, levantando su vestido para que no se manchara con la hierba mojada—. Es tan romántico... y me encanta que la prensa no la conozca.

—Es muy útil —murmuró él.

Pero cuando entraron en casa fueron recibidos por el ama de llaves, que parecía muy agitada.

—Cuánto me alegro de que estén aquí... es horrible...

-¿Es Endimion? —exclamó Serena, asustada—. ¿El niño está enfermo?

—No, el niño está bien, señora —contestó la mujer.

—¿Entonces qué ocurre?

—¿Cómo puede alguien escribir estas cosas...? Yo no lo entiendo. Hemos guardado las revistas en el salón y le hemos dicho a todo el personal que no comentase nada con nadie. Han llamado a la puerta, pero no hemos abierto...

Sin decir una palabra, Darien se dirigió al salón y Serena lo siguió, con el corazón acelerado.

Sabía lo que pasaba: algún periodista la habría criticado... ¿pero cómo habían tenido tiempo para publicar nada? Acababan de llegar de la cena benéfica.

Darien tomó una revista y, después de echarle un vistazo, la tiró sobre la mesa, furioso.

En la portada aparecía la estrella de Hollywood con la que lo había visto la primera noche. Y el titular decía: Mi noche inolvidable con el magnate griego Darien Chiba.

Temblando, Serena tomó la revista y empezó a leer...

—Ha descrito una noche contigo en todo detalle.

—Tiene una gran imaginación, desde luego —suspiró Darien—. Déjalo, es basura...

Serena abrió la boca, horrorizada, al ver fotografías suyas en biquini.

-Dios mío... ¿cómo han podido? ¿Dónde estaba el fotógrafo?

Darien se pasó una mano por el pelo, mirándola con gesto de disculpa.

—Es culpa mía. Yo te llevé allí y te obligué a ponerte el biquini.

—Tú no sabías que hubiera un fotógrafo. ¿Dónde estaba, sobre la espalda de un delfín? Es increíble.

—Hablaré con mis abogados de inmediato. Puede que podamos hacer algo.

-Ya está hecho —Serena miró los primeros planos de sus cicatrices... y la fotografía de la actriz tomada en su última película. La cruel comparación era terrible—. No se puede hacer nada. Está ahí y siempre estará ahí. Y no se les puede reprochar que hayan hecho esta comparación... la historia es demasiado buena como para dejarla pasar. Todo el mundo se hará ahora la misma pregunta: ¿por qué me has elegido a mí? Y seguirá pasando —dijo luego, dirigiéndose hacia la puerta—. Perdona, tengo que ir a ver cómo está Endimion.

—Serena...

-No quiero hablar ahora, lo siento. Necesito estar sola un rato —sin darle tiempo a replicar, salió del salón y se dirigió a la habitación del niño.

Era como si la hubieran desnudado delante de todo el mundo y la sensación de ser violada era terrible.

Todos estarían mirando esas fotografías ahora, juzgándola y criticándola.

Como por simpatía, Endimion estaba llorando a pleno pulmón y, después de sacarlo de la cuna, Serena le pidió a la niñera que la dejara sola con él.

-No pasa nada, ángel mío, ya estoy aquí. No pasa nada.

-Lo siento, no he podido hacer nada —se disculpó la joven—. Lleva toda la tarde así.

—No pasa nada, yo me quedaré con él —murmuró Serena—. Vete a la cama, no tiene sentido que las dos estemos despiertas toda la noche.

—¿Quiere que me quede con él mientras se cambia de ropa? No querrá ensuciarse ese vestido tan bonito...

—Me da igual el vestido. Vete a la cama, por favor —la interrumpió ella, dejándose caer sobre la mecedora—. No te puedes imaginar el follón que se ha organizado, Endimion. ¿Por qué la gente no se mete en sus cosas? ¿Por qué les encanta enterarse de los problemas de los demás?

Poco a poco, el niño fue quedándose dormido y Serena miró sus pestañas negras, su pelo oscuro... y sintió que se le encogía el corazón.

Los rumores y las especulaciones no terminarían nunca.

Tal vez Darien no tendría aventuras, pero mientras estuviera con él siempre habría alguien dispuesto a venderlo por dinero o a señalar sus imperfecciones para que el público se riera.

Siempre habría mujeres dispuestas a hablar de su experiencia en la cama con el famoso magnate.

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Darien estaba en su estudio, su presión arterial por las nubes cuando terminó de hablar con sus abogados. En circunstancias normales no le habría prestado atención alguna a esas revistas, pero aquello no era sobre él sino sobre Serena.

Y pensando en la frágil autoestima de su mujer, le gustaría pegarle a alguien.

No sabía dónde estaba pero, conociéndola, sospechaba que se habría escondido en la habitación, convencida de que su matrimonio no iba a funcionar nunca.

Y tal vez tenía razón, pensó. Tal vez no podría funcionar. ¿Quién querría vivir así?

Angustiado, salió del estudio para subir a la terraza de la casa, desde donde podía ver todo Londres.

Hasta aquel momento, la intrusión de la prensa en su vida le había dado completamente igual, pero ahora...

Serena era un ser humano con sentimientos y esos canallas habían querido hacerle daño.

Si no hubiera insistido en que se pusiera el biquini... Cada vez que las revistas publicaran algo así, Serena iría sintiéndose cada vez más insegura.

Para poder soportar la atención de los medios uno debía tener piel de rinoceronte y la de su mujer era delicada y frágil como un pétalo de rosa.

La destrozarían.

Lo más decente sería dejarla ir, pensó. Buscar un sitio para ella en otra parte, donde nadie la conociera o la molestase.

Desde el patio le pareció oír el ruido de un motor, pero no le prestó atención, demasiado preocupado con sus pensamientos.

Pero cuando volvía al estudio se topó en el pasillo con el ama de llaves.

—No me lo diga, más periodistas...

—No, señor Chiba, es Serena. Se ha ido —dijo la mujer—. Se ha llevado su coche... iba tan aprisa que ha estado a punto de atropellar a un periodista.

Se había ido. Otra vez.

Darien apretó los labios.

—¿Iba alguien de seguridad con ella?

No tenía que ver la angustiada expresión del ama de llaves para saber que se había ido sola.

—Todo ocurrió tan rápido...

Recordando lo que había pasado la última vez que Serena lo abandonó, Darien tardó un momento en controlar sus emociones y pensar con claridad.

Estaba en Londres, sola y sin protección, con un montón de periodistas persiguiéndola como hienas. Sola en un deportivo en medio de una ciudad en la que conducir podría ser una experiencia mortal.

Darien se puso en contacto con su equipo de seguridad y luego procedió a esperar... mientras intentaba emborracharse. Pero después del tercer whisky se dio cuenta de que había algunas heridas que el alcohol no podía curar.

¿Cómo podía ser un triunfador en algunas áreas de la vida y, sin embargo, ser tan torpe en lo que se refería a su matrimonio?

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Agotada y nerviosa, Serena abrió la puerta del estudio. Darien estaba tirado en el sillón, su cabello despeinado, la camisa arrugada...

—¿Darien?

El abrió los ojos y la miró, perplejo.

—¿Has olvidado algo?

Pensando que era una pregunta muy extraña, Serena sonrió.

—Todo —contestó, cenando la puerta—. Me fui con tanta prisa que no me llevé nada.

—Lo sé, el ama de llaves te vio salir de casa a toda velocidad.

—Supongo que te llevarías una sorpresa.

—No, la verdad es que no. ¿Por qué iba a llevarme una sorpresa? Marcharte es lo que haces siempre que hay algún problema. Lo que no entiendo es por qué has vuelto.

—¿De qué estás hablando? ¿Y por qué no iba a volver? Imaginaba que estarías preocupado, pero todo va a salir bien...

—No, no va a salir bien —la interrumpió él—. Esto seguirá pasando.

—No, el médico ha dicho que no es nada...

—¿Qué médico?

—El del hospital. He llevado a Endimion al hospital. Creo que he exagerado un poco, pero tenía mucha fiebre...

—¿Qué estás diciendo, Serena? —Darien se levantó como por un resorte.

—Bajé al estudio para decírtelo, pero habías desaparecido y no tenía tiempo de buscarte porque el niño no dejaba de llorar...

—Espera un momento. ¿Has ido al hospital con Endimion?

—¿Dónde creías que estaba? ¿Y por qué crees que salí de aquí con tanta prisa? —Serena se llevó una mano al corazón—. Dios mío, habías pensado...

—Creí que habías vuelto a marcharte. El ama de llaves te vio salir...

—Te he dejado varios mensajes en el móvil.

—Lo tengo apagado. Me pediste que lo apagara cuando estuviéramos en casa.

—Pues enciéndelo y verás que hay un montón de mensajes míos diciéndote dónde estaba. Por favor Darien, vas a tener que estar un poco más al tanto cuando nazca nuestro hijo —dijo Serena entonces—. Tú eres el que siempre está tranquilo en momentos de crisis, yo me pongo muy nerviosa.

Después de eso hubo un largo silencio durante el cual casi podría jurar que podía oír los latidos de su corazón.

—¿Nuestro hijo?

—Sí, nuestro hijo —asintió ella—. Estoy embarazada. Claro que no es una sorpresa después de lo que ha pasado en la isla.

Darien respiró profundamente.

—¿Por eso has vuelto?

—No me he ido nunca —contestó ella.

—Pero la revistas...

Serena sintió que su corazón estallaba de alegría porque todo lo que necesitaba saber estaba allí, en los ojos de su marido.

—No puedo decir que no me haya molestado, pero he tenido tiempo para pensar... esa actriz es demasiado delgada para ti. A ti no te gustan la mujeres tan flacas. Además, olvidas que yo estaba aquí esa noche y sé que no pasó nada. Imagino que sólo quería hacerte daño.

—Sólo me hace daño si te lo hace a ti —dijo él, sacudiendo la cabeza—. ¿Por qué sonríes? ¿Te gusta verme sufrir?

—No, me gusta verte enamorado.

Sus ojos se encontraron entonces.

—De repente, te veo muy segura de ti misma. Serena se encogió de hombros.

—Eso ocurre cuando estás enamorada de alguien que también te quiere. Y deberías haber sabido que no te dejaría.

—Rei me dijo que te vio salir a toda prisa, que casi atropellas a un periodista...

—Porque estaba muy disgustada. El niño no dejaba de llorar y no te encontraba por ninguna parte... ¿dónde estabas?

—Había subido un momento a la terraza para tomar el aire.

—Pues elegiste el peor momento porque te necesitaba desesperadamente —dijo Serena, poniendo una mano sobre su torso—. Darien... ¿qué te pasa? Nunca te había visto así. Es como si no supieras qué hacer y tú siempre sabes qué hacer.

Él levantó una mano para acariciar su pelo.

—No siempre. Esta noche pensé que te había perdido y no sabía qué hacer. El instinto me decía que fuera a buscarte, pero te quiero demasiado como para involucrarte en el circo mediático que es mi vida. Siempre es así, Serena. Siempre hay alguien queriendo ganar dinero a mi costa. Y las fotos que han publicado... eso también es culpa mía. No sé cómo se me ocurrió...

—Me da igual lo que piensen los demás —lo interrumpió ella—. Sólo me importa lo que pienses tú.

Darien la envolvió en sus brazos.

—Cuando te fuiste la primera vez me puse furioso. No sabía que fueras tan insegura y no me di cuenta de que mi comportamiento no había sido una ayuda precisamente. Y cuando me dijiste que querías la custodia de Endimion, aunque pensabas que era hijo mío... fue entonces cuando supe que no te conocía en absoluto.

—A mí me parecía imposible que un hombre como tú me quisiera a su lado —sonrió Serena—. También les parece increíble a las revistas, así que no puedes reprochármelo.

—Qué saben ellos —suspiró Darien—. Eres muy generosa, Serena. No ves la maldad en la gente. Y esa es una de las razones por las que te quiero, agape mou. Te quiero por cómo eres y porque aún guardas un buen recuerdo de tu hermana a pesar de lo que te hizo —dijo luego, respirando profundamente—. Y tienes razón cuando dices que te quiero. Te quise desde el primer día.

—Eso era deseo, no amor.

El sonrió, acariciando su cara.

-Tal vez, pero se convirtió en amor rápidamente. Por eso me disgusté tanto cuando te fuiste. Pensé que había encontrado a la mujer de mi vida... debería haber ido a buscarte.

—Si me hubieras conocido mejor, tal vez lo habrías hecho. Y si yo te hubiera conocido mejor tal vez no me habría marchado.

-Ahora entiendo por qué lo hiciste pero entonces... entonces pensé que eras como mi madre.

-Nunca me has hablado de tu madre. De hecho, nunca me has hablado de tu familia.

-Porque intento mantener esa parte de mi vida en el pasado, donde tiene que estar. Tengo una nueva vida —la voz de Darien era ronca—. Mi madre me abandonó cuando tenía seis años... lo bastante mayor como para entender ese rechazo. Y no volvió nunca.

-Cariño...

—Era madre soltera y la vida es muy dura en esas circunstancias. Creo que un día pensó que todo sería más fácil sin tener que cargar con un niño...

Serena no sabía qué decir, de modo que se limitó a abrazarlo.

-¿Dónde fuiste?

—Me llevaron a un centro de acogida —suspiró él—.Y para mí ha sido muy difícil encariñarme con nadie desde entonces. Si tu propia madre puede abandonarte, ¿por qué no va a hacerlo un extraño?

-¿Por qué nunca me habías contado todo eso?

—Pensé que lo había dejado atrás, pero las cicatrices tardan mucho tiempo en curar, ¿verdad?

-Se puede vivir con esas cicatrices. Si yo puedo vivir con las mías, tú puedes vivir con las tuyas.

Darien tomó su cara entre las manos, como si estuviera agarrándose a ella.

-¿Estás segura de que quieres esta vida?

—Quiero pasar mi vida contigo, de eso estoy absolutamente segura. Me has dado tantas cosas: diamantes, coches, un estilo de vida con el que nunca había soñado... pero el regalo más importante es la autoestima. Tú me haces sentir especial.

-Porque eres especial. Decidiste hacerte cargo del hijo de tu hermana, a pesar de tus dudas...

-Tú también —le recordó Serena—. Aun sabiendo que no era hijo tuyo. Aun sabiendo que todo el mundo pensaría que lo es.

—Yo no quería que Endimion tuviera que pasar por lo que pasé yo. La situación es diferente, lo sé, pero para mí ha sido casi un proceso curativo. Podía darle un hogar, un nombre, una identidad. Todo lo que yo nunca tuve. Pero Serena... si te quedas conmigo siempre habrá gente que quiera hacerte daño.

Ella se inclinó hacia delante para darle un beso.

-¿Es buen momento para confesar que podríamos necesitar los servicios de tu abogado después de todo?

-¿Por qué?

-Cuando salí de aquí estaba tan asustada que no sabía por dónde iba... y me parece que pasé por encima de la moto de un periodista.

Darien soltó una carcajada.

—¿Debo preguntar sobre la salud de mi pobre Ferrari?

—Ah, está bien saber cuáles son tus prioridades. No sé, puede que necesite algún arreglo de chapa.

—Te quiero, agape mou —murmuró él, buscando sus labios—. Siempre te querré, por muchos Ferraris que destroces y por muchos periodistas que me demanden. Siempre has dicho que no te parecías nada a las mujeres con las que solía salir y es verdad... por eso me enamoré de ti. Tú no estás interesada en mi dinero y tienes valores que yo respeto y admiro...

—Claro que me gusta el dinero. ¿Cómo no va a gustarme? Me encanta no tener que hacer cola para tomar un tren o poder comprar cualquier cosa, pero sobre todo me encanta saber que voy a poder quedarme en casa con Endimion y con nuestro hijo sin tener que trabajar.

—Hijos —la corrigió Darien, con su característica arrogancia—. Pienso tenerte muy ocupada en ese sentido.

Serena lo besó, sintiendo el roce de su barba.

-¿Qué vamos a hacer con Endimion? No quiero que crezca con dudas sobre su paternidad.

—Mis abogados ya han empezado el proceso de adopción —respondió él—. No sé si será rápido o lento, pero llegaremos allí, te lo prometo. Seremos sus padres.

-Y creo que deberíamos comprar un perro. O dos... unos perros enormes entrenados para morder a los fotógrafos.

Darien soltó una carcajada.

Qué equivocado estaba sobre ti. Antes pensaba que eras tan dulce, tan buena.

—Lo soy, casi siempre. Mientras nadie me enfade —rió Serena—. Y deja de arrugar el ceño, ya no me das miedo.

—Me he dado cuenta. De hecho, no sé si me gusta demasiado esta nueva Serena tan segura de sí misma. No sé si sabes cuál es tu sitio.

Ella le echó los brazos al cuello.

—Sé cuál es mi sitio, Darien Chiba.

—¿Cuál es, agape mou?

—A tu lado, con nuestros hijos, amándote durante el resto de mi vida. Ese es mi sitio.

Y Darien sonrió, encantando, antes de besarla.

Fin


y termino TT_TT, este libro me dejo delirando mucho tiempo, ganas de golpear a Serena no me faltaron, darien cuando se colocaba tenso yo hacia lo mismo jajaja

chicas muchas gracias por seguir este humilde y corto libro sus reviews me daban ganas de adaptar mas libros, de no separame de mi notebook en todo el dia

a cada una de ustedes

Goshy
yesqui2000
Marie Mademoiselle Chiba
Conyta Bombon
Usagi13chiba
flakis
karly15
princessqueen
Doferan
Nai SD
Doferan
moon86
Jan
Barbielove
passcusa
vampirita17
harmonystar
bere prin
mayilu
ivett71

y las que seguían la historia y no comentaban, les doy las gracias por seguirme, nunca pense que a tantas les gustara estos libros, pero conforme pasan los dias, recuerdo que debo actualizar y me digo "mejor sube los capitulos rapido porque sino tu cabeza tendrá precio", mas de un compañero de universidad me ha visto hablando a la nada diciendo las ideas y capitulos que me faltaban adaptar jajajajaj

nos estamos leyendo y nuevamente muchas gracias

Fer n_n