Nota: Antes de leer esta historia advierto que esta en proceso de edición. En ciertos capítulos que me faltan por editar pueden haber incoherencias o diferencias en la redacción debido a que considero que he mejorado un poco con respecto a cuando la comencé. También advierto que yo personalmente no me siento satisfecha con el resultado final de la historia, así que...si llegan a odiar alguna parte o detalle de la historia, créanme, yo también odio esas partes y no tengo ni idea de porque las puse :/

Una vez que termine de editar la historia quitare estas advertencias, pero por el momento las mantengo:

-Quizás traiga un poco de Ooc en algunos personajes.

-No es anti-Sakura.


Capítulo I

"Traición"


Era una noche lluviosa y sombría; Y en el interior de mi auto solo se podía escuchar el incesante parabrisas.

Pero no solo era el cielo quién lloraba esa noche; Mas mis ojos no se quedaban atrás.

Trate de mantener la vista fija en la carretera, pero eso parecía casi imposible.

De un momento a otro, el sonido de mi celular me obligo a salir abruptamente de mis pensamientos. Lo tome, sin soltar la otra mano del volante. Era Kiba. Sin pensarlo dos veces, ignoré a su llamado. No deseaba hablar con nadie. Suficiente tenía con escuchar a la propia voz de mi conciencia compadecerse de sí misma.

Ignorando a mis silenciosas plegarias, mi celular volvió a hacer eco en el auto, pero está vez se trataba de un mensaje. Lo leí:

Kiba I:

¨Hinata. Sé que me has colgado. Entiendo perfectamente que no quieras hablar con nadie en estos momentos, pero solo quiero que sepas que cuentas conmigo. No lo olvides. Si me necesitas, solo llámame¨

Ni siquiera esas palabras de apoyo parecieron tener el efecto de consolarme, más todo el efecto contrario. Odiaba que todos se portaran de esa forma benévola hacia mí, estaba cansada de ser vista como una víctima, y más odiaba aún, saber que realmente lo era. Esta vez lo era.

Deje el celular sobre el tablero, y volví a concentrar mi vista en el camino.

Suspiré.

Pronto llegaría a mi destino. Eso me tranquilizo en más de una forma. Iba en busca de respuestas; La verdad sería mi consuelo esa noche, era lo único que necesitaba.

La luz roja del semáforo me detuvo en la avenida, e hice uso de ese pequeño momento de espera para liberar un poco las emociones que comenzaban a acumularse en mi torturado pecho. Apreté fuertemente el volante entre mis manos, odiando ínfimamente mi debilidad, odiando y negándome a dejarme llevar por mis emociones.

Todo me parecía ridículo.

Simplemente no podía creerlo. Lo había perdido todo. A mi apuesto y perfecto novio: Uchiha Sasuke. Él había significado todo para mí, razón por la cual le había entregado todo el amor que albergaba en mi corazón, entonces...

¿Era tonto pensar en que él me debiera retribuir de la misma forma?

La respuesta vino casi de inmediato, al recordar su traición.

Me había traicionado de la forma más vil que un hombre podía hacerlo. Había buscado en otra persona lo que en mí no encontraba, de lo que yo carecía. Supuse culparme, culparme por ser tan ingenua y no ver que mi relación junto a él colapsaría en un parpadear de ojos. Debía haberlo intuido, o quizás lo hice, pero decidí mentirme a mí misma; Todo para no derrumbar ese idealizado ¨cuento de hadas¨ que Sasuke me había ofrecido.

Había rehuido de la verdad como cualquier cobarde. Y ahora…me limitaba a ignorar el verdadero significado de su traición: Él no me amaba más, o quizás nunca lo hizo.

Si él lo hubiera hecho, ¿Se habría atrevido a engañarme?

No. No había más vueltas que dar: Quién ama no conoce a la traición. Y él lo hizo, y lo que es peor aún, me traicionó con mi antigua amiga de la infancia: Sakura. Con ella, que de igual forma años atrás se había burlado de mi confianza, y Sasuke lo sabía, pero aun así, decidió reabrir esa vieja herida.

No podía siquiera comparar el dolor que sentía en estos momentos con algún otro de mi pasado. Ni siquiera con el dolor de perder a mi primer amor, siempre a manos de la misma persona.

Oh…vaya vieja herida. Otra larga historia que contar. Una donde no cabría mencionar mi natural ingenuidad. Realmente en mis años de secundaria le había dado material a Sakura para pisotearme de sobra. Había amado, amado incondicionalmente y despreocupadamente al jocoso Naruto Uzumaki. ¿Por qué? Ni yo misma sabría responder a esa pregunta.

La situación es que, así de engorrosa como sonará: Naruto gustaba de Sakura, Sakura gustaba de Sasuke, y aparentemente Sasuke gustaba de mí; Hinata, que gustaba de Naruto. Había sido una especie de triangulo, o mejor dicho, cuadro amoroso del cual nadie escapaba. Al terminar la secundaria cada uno escogió su destino. No, corrijo, el destino escogió por nosotros. Luego de que Sasuke insistiera tanto en mí, Sakura decidió tomar lo que yo quería; Algo que supongo, fue una forma de quedar a mano: Si yo la alejaba del hombre que amaba, ella haría lo mismo. Una tarea muy facil, porque Naruto nunca había tenido ojos para mí, más para ella sí.

Y lo más gracioso de todo fue que al final termine accediendo a darle una oportunidad a Sasuke. Dos personas habían ganado, pero dos habían perdido.

¡Vaya error! ¡Había terminado cayendo en el mismo juego de nuevo! ¡Sakura nuevamente reclamaba lo suyo!

Irónicamente, ahora me encontraba sufriendo por aquel hombre que juró sanar mis heridas. Aquel que me había abiertos sus brazos y me había estrechado contra sí, prometiéndome solemnemente, que si yo le permitía, él sanaría mis heridas. Me había enamorado de él, había aprendido a hacerlo y no había vuelta atrás. Su constante insistencia y devoción hacia mi término por cautivarme, haciéndome caer irremediablemente en un amor sin salida. Ahora, en mi corazón no había espacio para nadie más que él, solo él.

Sonreí, melancólica. Era muy tarde para dar cuenta de ello. Tal parecía que los finales felices no estaban hechos para mí. Fui consciente de ello esa misma tarde, cuando había sido testigo de la infamia de Sasuke.

A pesar de que él perteneciera a otra facultad, ambos asistíamos a la misma universidad y por eso podía hacerle frecuentes visitas al internado, tal y como hice esa tarde.

Ambos habíamos tenido una fuerte discusión la noche anterior, y yo solo quería solucionar nuestros problemas. Deseaba fervientemente que nuestra relación funcionaria.

Al llegar a su morada, di dos golpes a su puerta y no obtuve respuesta. Supuse que quizás había salido con su compañero de habitación, Suigetsu, pero pronto descarte la idea al recordar que este tenía clases a esas horas de la tarde; Así que persistí, pero nuevamente obtuve silencio del otro lado de la puerta; Y Justo cuando estaba a punto de desistir, como último recurso, tome el picaporte entre mis manos y al hacerlo girar note que la puerta no estaba con seguro, así que, haciendo uso de la confianza que ambos compartíamos, me dispuse a adentrarme en su habitación.

— ¿Sasuke? —lo llamé en un tenue susurró, mientras abría la puerta.

Unos gemidos me detuvieron en seco. Un escalofrío recorrió mi espalda ante un mal presentimiento de toda esa situación. Tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no sobresaltarme y llamar la atención. Trague saliva, y me vi en una lucha con mi mano para que se mantuviera firme sobre el picaporte.

Aspiré una bocanada de valor y finalmente abrí la puerta.

En ese minúsculo instante todo se paralizó. Todo. Todas esa viejas promesas de amor se desvanecieron en un parpadear. Supe que lo había perdido todo. En ese instante. En el instante en que mis ojos divisaron a mi ¨novio¨ y a Sakura besándose apasionadamente sobre la cama.

— ¿Sasuke? —Llamé nuevamente, pero esta vez el dolor y el cuestionamiento estuvo impregnado en mi voz. Mi llamado no pasó desapercibido por la pareja sobre la cama, que se reincorporaron y acomodaron sus desarregladas ropas en un segundo.

Tal parecía que había interrumpido un momento muy íntimo de ambos.

—H-hinata, yo…—Dio dos pasos hacia mí, y me tomo del brazo. Pude ver en sus ojos arrepentimiento y culpa, y junto a fuertes deseos de darme una explicación.

—C-cállate. N-no quiero escucharte—forcejee, luchando por liberarme de su agarré. Quería salir corriendo, no quería saber nada más de él, y mucho menos deseaba que él me viera llorar.

Sakura me observó con lastima, y… ¿culpa?, pero no dijo nada más. Se limitó a observar nuestra discusión.

—Déjame explicártelo, esto no es…—apretó mi brazo, no teniendo la intención de dejarme ir.

Sentí repulsión a todo contacto con él: — ¡Suéltame ya! ¡N-no me t-toques! —esta vez mi voz sonó más dura y él me soltó, con la rabia ahora dominando su semblante.

—Si tan solo…—

—No digas más…—lo interrumpí en una voz más rota de lo que deseaba, y me dirigí a la salida, con la vista ya nublada de lágrimas.

Eso pareció alterarlo más, y lo último que salió de sus labios termino por darme el golpe de gracia: —Todo esto es tú culpa, Hinata. Tú…tú me orillaste a hacerlo, y lo sabes—giré una vez más, solo para encontrarme con sus ojos llenos de resentimiento.

—E-es bueno saberlo, pero, ¿sabes algo? Espero que eso te valga de excusa cuando tú ¨mejor amigo¨ te pida una explicación—no espere a ver sus reacciones, y sin nada más que añadir, salí de la habitación.

Él no fue tras mí. Y me pase el resto de la tarde sufriendo por ello en mi habitación, pensando en lo poco que le importaban mis sentimientos. Y solo quizás me detuve a pensar en sus palabras. Quizás en parte fuera mi culpa. Pero, sabía perfectamente que no me lo merecía de esa forma, si él ya no quería estar conmigo... ¿porque simplemente no me lo dijo?, lo habría aceptado aunque doliera.

Y… ¿Por qué había tenido que engañarme con la novia de su mejor amigo? ¿Era tanto su amor por Sakura como para ignorar ese hecho?

—C-creo que comienzo a o-odiarte…—me murmuré a mí misma cuando sentí una oleada de rencor crecer en mí. Por unos instantes desee que Sasuke y Sakura sufrieran, que no se salieran con la suya. Desee poder devolverle el favor a Sakura…aunque no sabía cómo, y aunque supiera, ¿acaso podría?

Giré sobre mi cama, y tome mi celular entre mis manos: ¨Él mejor amigo de Sasuke, y novio de Sakura…Naruto¨ pensé, y la imagen de ese vivaz chico de cabellos dorados y ojos azules vino irremediablemente a mi mente, como si se tratase de la respuesta a mi dilema.

Él también había sido traicionado. No estaba sola, y por más egoísta que sonará, junto a él podría…

¡Ni pensarlo! ¡Sería infantil pedirle ayuda a él! ¡A él! ¡A ÉL!

Aún no olvidaba lo que me había hecho hacía dos años…otra larga historia, valga en otra ocasión.

Pero…incluso dejando atrás cualquier intento de ¨venganza¨, ¿debía hablar con él?

Yo más que nadie había sido testigo de ese incondicional amor que le profesaba a Sakura, él claramente debía saber que estaba siendo engañado. En ese entonces… ¿Debía ser yo quién se lo dijera?

Me mordí el labio inferior ante el nuevo dilema que esa pregunta representaba.

Suspiré. Si no se lo decía yo, ¿quién?, y, la verdad siempre me había parecido el camino correcto, así que…busque su número entre mis contactos, y llamé sin dudar.

Contesto casi de inmediato.

— ¡Hola Hinata!—me saludó con su usual calidez y efusividad, así era él.

—...— ¿Cómo es que se llama a alguien y le dices que su novia lo engaña?, ¡y con nadie menos que su mejor amigo! Ciertamente buscaba las palabras adecuadas.

Él pareció omitir mi silencio y continúo:

—Si llamas por bioquímica, no sé si recuerdas que el profesor se tomó unas vacaciones hoy. ¡El viejo es un holgazán! Yo no caigo en esa formalidad de ¨Asuntos personales¨—No me sorprendió que él pensará que esa era la razón de mi llamada, después de todo, cabe decir, estudiábamos juntos en la facultad de medicina.

—S-sí. Ya sé que él no vendría hoy—aclaré. Él celular tembló en mi mano—E-es que...es que...—un sollozo escapó de mis labios, y las palabras se atoraron en mi garganta.

—Hinata, ¿qué sucede? ¿Necesitas de mi ayuda en algo?; Solo dilo y de inmediato iré a buscarte—la afable tonalidad de su voz había desaparecido y se vio sustituida por la preocupación. Me di un golpe mental. Mi tono de voz me había delatado. Él insistió cuando no respondí: —Hinata, insisto, si tienes algún problema solo dímelo. Cuentas conmigo, no tienes que preocuparte, no estás sola—Claro que no estaba sola, lo que él no sabía era que ambos teníamos un problema. ¡¿Cómo hacérselo saber?!

Espero pacientemente a que continuara.

Me sentí vulnerable, y las palabras, entre sollozos, salieron sin permiso alguno: —Es que...Sakura...Sasuke...ambos—no podía articular una oración completa, pero tal parece que él logró entender lo que quería decir, más para mi sorpresa.

—Así que, ya lo sabes...—su voz sonó apagada y dolida.

Di un respingo desde mi línea. No lo esperaba. ¿Acaso él sabía lo que había entre Sakura y Sasuke?

—Naruto, ¿acaso tú…?—pregunte entrecortadamente.

—Sí, ya lo sabía—asintió.

Tragué saliva.

— ¿D-desde cuándo?—. Ahora que pensaba que lo peor ya había pasado, me azotaba la idea de que Sasuke me estuviera engañando desde hacía tiempo.

No respondió.

La sangre subió a mi rostro: — ¡Contéstame por favor!, ¡Debo saber!, ¡Quiero saber!...N-necesito saber—mi voz se quebró en medio de mi desenfrenado cuestionamiento.

Él pareció pensarlo por unos instantes.

—Hinata, no me parece que sea apropiado hablar sobre esto por teléfono. ¿Qué tal si nos reunimos en alguna parte?— propuso. No pude reprocharle ni objetar nada. Ese era mi plan desde el principio: Hablar seriamente con él. —Debemos hablar. Además, necesitas un poco de compañía, y yo me asegurare de darte todo el apoyo que necesites... Claro ¿Si me lo permites?—

Sonreí tenuemente. Esas palabras ya las había escuchado antes…

—E-está bien—

.

.

Vi el resplandeciente letrero de neon. Finalmente había llegado a mi destino. No dude en aparcar el auto de Kiba en ese reconocido casino de Konoha.

Sonreí con ironía.

¿Acaso ese era la clase de lugar en el cual debía ahogar mis penas?

A Naruto le había parecido perfecto, entonces... ¿porque a mí no?

Salí del auto, dejándome abrigar por la brisa del estacionamiento, antes de dirigirme al gorila que resguardaba la entrada del casino, e ingresar.

De inmediato fui testigo de lo agitado y estrepitoso que era el terreno que pisaba. No debía de extrañarme. Me encontraba en el reino de las apuestas, alcohol y sexo.

Tres palabras que nunca habían cabido en mi vocabulario.

Escrudiñe el lugar con mi vista, no encontrándome con ese chico de cabellos dorados que debía de estar aguardándome. Pronto caí en la cuenta de que quizás se había retrasado, así que tome asiento en la barra del bar.

Estaba a punto de dirigirme al barman, cuando repentinamente sentí una mano colocarse sobre mi hombro.

Giré mi vista, y me topé con esa mirada azul que me cautivo años atrás.

Fue entonces que una inevitable pregunta cruzó por mi mente:

¿Acaso sería capaz de olvidar a Sasuke como lo hice con él?

Mi remoto primer amor.