-¡Tío Emmett, bájame!-El chillido de la niña resonó en la pequeña estancia, mientras un hombre, poseedor de una musculatura desmedida, la cargaba sobre su hombro y corría alrededor del sillón de la sala.

-Oh, no, pequeña Isabella. No hasta que me digas dónde escondiste las llaves de mi precioso Jeep.-El muchacho, de unos veinte años para ese entonces, comenzó a saltar en su lugar, haciendo que la niña rebotara con violencia.

-¡Emmett, suelta a mi hija!-El grito de su hermano, Charlie, no logró intimidar al grandote, que lo miró enfurruñado.

-Pero ella escondió las llaves de mi coche.-Refunfuño con un mohín.

-Eres peor que un niño de cinco años, Emmett-Quién habló ahora fue Edward, amigo de toda la vida de Emmett, mientras se recargaba en el marco de la puerta, junto a Charlie.

-¡Quiero las llaves de mi Jeep!

-¡Y yo quiero que me dejes en el suelo!-Los tres hombres soltaron una carcajada ante la protesta de la pequeña castaña, que se retorcía entre los brazos de tu tío.

-Baja a mi hija y busquen esa llave. Iré a avisarle a René que nos vamos en unos minutos-Charlie se dispuso a buscar a su esposa en el patio trasero de la casa de su hermano menor, mientras este depositaba a su sobrina en el suelo.

La niña le sacó la lengua en cuanto se vio con ambos pies sobre tierra firme.

-Las llaves, pequeño diablillo, ahora.-Exigió su tío.

Edward, quién tenía mucho más tacto que su mejor amigo, lo miró exasperado y se arrodilló junto a la niña.

-Pequeña, tu tío necesita encontrar las llaves de su Jeep antes de que te vayas, porque si no, no podrá usarlo nunca más. La próxima vez que vengas, jugaremos a esconder el control de la televisión, y ahí sí que se pondrá loco. Pero no te preocupes, yo te protegeré-El atractivo cobrizo le guió un ojo a la niña que tenía al frente y la pequeña Isabella sonrió encantada, revelando un hueco en su blanca dentadura, señal de que a sus once diez años, ya había empezado a perder sus dientes de leche.

-Bien, Edward.-La niña acercó su rostro hacia el muchacho, hasta pegar su mejilla contra la de él, para susurrarle graciosamente al oído-Las llaves están dentro del inodoro.-Al cobrizo abrió los ojos como platos, horrorizados, pero antes de poder decir nada, Charlie llamó a su hija de un grito, y la niña salió corriendo de allí.

-¿Y bien Edward?-Le preguntó su amigo cuando el cobrizo se hubo erguido.

-Creo que deberás ir llamando al mecánico, Emmett-Le respondió mientras le palmeaba la espalda a su amigo.

8 años después. POV Edward.

-¡Bella! ¡Ven aquí, pequeño demonio!-El grito de Emmett hizo que todos los presentes en la terraza giraran la cabeza hacia el interior del hogar, incluyéndome a mí.

-Esa niña… Lo volverá loco, ya lo creo.-Comentó nana Swan, sacudiendo la cabeza.

Y la anciana podría estar en lo cierto.

A pesar de ahora contar con 19 años, Isabella no había cambiado su achispada y traviesa forma de ser, y adoraba hacer enfadar a su tío, y mi buen amigo, Emmett, ya que 'A Emmett se le inflaban los mofletes de una forma adorable cuando se enojaba'. Sus palabras, no las mías.

Solté una risa cuando alcancé a ver el cuerpo de Isabella, con su cabellera castaña ondeando al viendo, correr hacia mí a gran velocidad, escondiéndose de su tío tras mi espalda.

-Edward, dile que deje de perseguirme.

-Emmett, deja de perseguirla-Mi amigo se paró frente a mí con el ceño fruncido, y lo que se parecía mucho a un mohín.

-¡Pero ella vistió a Hercules con un tutú!-Protestó Emmett, y casi me atraganto de la risa al recordar nuevamente el espectáculo que había sido ver al enorme BullDog de Emmett vestido con un tutú de Ballet rosado.

-¡Pues el animal estaba de lo más feliz! Tengo serias dudas acerca de las preferencias sexuales de ese animal-Solté otra risa ante el comentario de la castaña que apretaba mi remera con sus pequeños puños, mientras me usaba de escudo.

Emmett amagó a recargar contra ella y lo detuve con una mano.

-Emmett, sácale el tutú al perro, y asunto arreglado. Aparte, no puedes negar que fue gracioso-Emmett refunfuñó cosas incoherentes, evidentemente dándose por vencido.

-Como sea. Y tú, Edward, deberías dejar de consentir a mi sobrina. La estás volviendo cada día más malcriada-Murmuró mientras se alejaba caminando.

Imposible, pensé para mis adentros.

Me giré con lentitud, y Bella me miraba con el rostro sonrosado a causa de la carrera, mientras una suave sonrisa se extendía por su angelical rostro.

-Gracias de nuevo, Eddie.

-Isabella…-La reprendí en tono sombrío.

-Oh, lo siento mucho. Señor Edward Anthony Masen Cullen, Licenciado en Ciencias Mé—Le tapé la boca con una mano antes de que pudiera seguir hablando en aquel tonó irónico y burlón que me volvía loco.

-Cállate ya, Bella.

Soltó una risita contra mi mano, haciendo que sus dientes rozaran mi palma. Con un escalofrío, retiré mi mano rápidamente.

-¿Cómo estás, Edward?

La miré con una ceja alzada.

-¿A qué se debe el repentino interés?

-Pues, no lo sé. Fuera de la Universidad, no te veo nunca. Y hace meses que no vuelvo a casa, igual que tú. Te extrañé.-Ay mierda. Mi corazón comenzó a latir desbocado en mi pecho.

Te dijo que te extrañaba como a un tío, imbécil.

Lo sabía, por supuesto que sí, pero no pude evitar sentir que explotaba de felicidad por dentro.

Me reí para disimular mi estúpida reacción.

-Lo único que extrañas es que te cubra en tus travesuras, Isabella.

-¡Bella! Dios Santo, demasiado tengo que aguantar que dentro de la Uni me llames por mi nombre completo, no lo hagas aquí también.

-En la 'Uni' te llamo así porque eres mi alumna, y sería antiprofesional llamarte con un apodo.

-Lo sé, lo sé, Señor Cullen-Murmuró en tono de burla.-Pero ahora no estamos en la Uni, así que siéntase en libertad de llamarme como se le ocurra.

-¿Y si quiero seguir llamándote 'Isabella'?

-Pues entonces, tendré que pegarte-Levanté una ceja sorprendido.

-¿Le pegarías a tu profesor de pediatría?

Me sonrió con sorna.

-Eres mi profesor de pediatría, en Seattle. En Forks, sólo eres el mejor amigo de mi tío. Así que, sí. Si insistes en llamarme por ese horrible nombre, tendré que recurrir a la artillería pesada.

Sonreí ampliamente, y Bella se sonrojó, mordiéndose el labio.

Siempre hacía eso cada vez que le sonreía, lo cual no conseguía sino ponerme más duro.

-Bien, Bella. Nunca querría despertar tus instintos violentos, por lo que me limitare a cumplir con tus reglas.

Otra sonrisa. Dios Santo, ¿Acaso podría ser más hermosa? No, no podría.

Viejo pervertido. Depravado. Pedófilo.

Sí. Mierda, sí. Lo soy.

-Muchas gracias, Eddie.

-Ed-wa-rd.-La reprendí, separando las silabas, y la muchacha se limitó a soltar una carcajada.

-Me gusta, Eddie. Creo que me quedaré con él.-Rodé los ojos.

Si la persona que insistía en llamarme por aquel espantoso apodo hubiera sido cualquier otra, la hubiera amenazado para que desistiera, pero con Bella no podía hacer eso.

No con aquella niña de no más de 19 años, que había sido mi perdición desde que se había convertido en una 'casi adulta' como le gustaba que la llamasen, a sus 17 años.

Cuando acepté el papel de Profesor en la Universidad de Medicina de Seattle, el asunto de la distancia me vino como anillo al dedo para poder alejarme de aquella niña que me traía de cabeza.

Pero por supuesto, cuando Isabella se presentó un año después como una de mis alumnas de primer año, mi mundo volvió a quedar patas para arriba.

Ya no solo estaba enamorado de la sobrina de mi mejor amigo, nueve años menor que yo, sino que también lo estaba de una de mis alumnas.

Ah, y sí. Dije 'enamorado'. ¿Cómo me había enamorado de Bella Swan? Solo Dios sabía.

Lo único que tenía claro era que aquella muchacha era la razón por la cual cualquier tipo de relación que intentara mantener con alguna otra mujer, fallaba estrepitosamente.

-¡Edward, Bella, a comer!-Ambos parecimos despertar de un profundo letargo luego del grito de Emmett. Bella se sonrojó y bajó la vista rápidamente mientras se alejaba de mí. ¿En qué habría estado pensando ella para sonrojarse de esa forma?

Sacudí la cabeza para despejarme de aquella nube que me bloqueaba cada vez que me quedaba pensando en Isabella como un idiota, y caminé a paso acelerado hasta la mesa.

Sería un día largo…

POV Bella.

Solté una carcajada al ver cómo mi tío Emmett intentaba quitar aquel tutú rosa chillón de la cintura de su BullDog, y sentí que alguien me chitaba a mi lado.

Giré la cabeza hacia Edward, y le fruncí el ceño.

-Cuando no dejes de reírte así de tu tío, volverá a la carga. Y ya me estoy cansando de defenderte, Bella.-Le respondí con una risita mientras rodaba los ojos.

¿Una de las mejores partes de hacer enfadar a mi tío? Hacer que Edward interviniera a mi favor.

Desde que tengo memoria, Edward, el mejor amigo de mi tío, había sido mi salvador siempre que Emmett se decidía a perseguirme por mis travesuras, y cielos que le estaba agradecida por aquello.

De reojo, intentando pasar desapercibida, le eché una mirada al hombre que se sentaba al lado mío y charlaba tranquilamente con mi madre.

Aquel hombre era todo lo que una mujer podría buscar, querer y desear, embotellado en el cuerpo de un ángel.

Bueno, más bien, de un demonio.

Porque eso era Edward Cullen para mí, mi demonio personal.

Había crecido a su lado, y por más de que debería verlo como a un 'tío', nunca lo había conseguido. Desde que cumplí los 15 años estaba enamorada de ese hombre, y verlo con sus muchas novias siempre me había roto el corazón.

Ni hablar de la vez que se fue a Seattle.

Lloré durante tres semanas seguidas, alegando una decepción amorosa. Mis padres se lo creyeron, pues se olvidaron de un pequeño detalle: Nunca había tenido novio, ni demostrado interés por nadie más que no fuera Edward, por lo que ¿Decepción amorosa? Sí, claro.

Había intentado olvidarlo de cualquier forma posible, pero nada daba resultado.

Cuando me mudé a Seattle, debo admitir que una parte de mí mantenía esa pequeña esperanza de cruzarme con él, pero yo solo intentaba convencerme de que Seattle es una ciudad grande, y de que posiblemente nunca lo encontraría.

No se imaginan cuál fue mi sorpresa al entrar a la Universidad el primer día, y encontrar al hombre de todos mis sueños y fantasías, sentado allí. Desempeñando el papel de mi profesor.

Cuando me vio por primera vez, Edward pareció algo turbado, y hasta molesto, lo que me hizo sentir pequeña y estúpida.

Siempre recordaré su cara al verme allí, como si estuviera viendo un fantasma.

Luego de la clase, me llamó, y me saludó, y pareció que todo volvía a la normalidad. Me preguntó por mi familia, y por Forks, y luego me pidió por favor que mantuviéramos nuestra…'relación' en secreto.

Cumplí con eso, y él también.

Luego de un año, ya estaba acostumbrada a esto de verlo allí siempre, tan hermoso que parecía de otro planeta, dándome clases de Pediatría I, II y III.

-Bella, Bella. ¡Bella!-Parpadeé precipitadamente, y enfoqué la vista en una mano que se movía frente a mi rostro intentando captar mi atención.

-¿S-si?-Tartamudeé, rezando porque no me haya pillado soñando despierta con la vista fija en él.

-Cuando me miras así, tengo miedo.-Mierda. Mierda y más mierda.

-Oh, lo siento. Yo estaba...Pensando-Me apresuré a apartar la vista y no volví a dirigirle ni una mirada en el resto del almuerzo.

-¿Bella?

-¿Mmh?-Levanté la cabeza para mirar a mi madre, mientras engullía un pedazo de la carne asada.

-¿En qué volverás a Seattle esta noche?-Lo sopesé durante unos segundos.

-En bus, supongo.

-No irás en bus.-La rápida negativa de Edward nos dejó a todos con la boca abierta, mientras lo mirábamos esperando alguna explicación lógica a su comentario.-Quiero decir que, yo te puedo llevar. Saldré para Seattle hoy a las nueve de la noche.

-Oh, no es necesario, Edward. Gracias, de todos modos-Me apresuré a negar, por pura cortesía, pues por dentro deseaba gritarle que adoraría realizar ese viaje de 7 largas horas a su lado.

-Bella, es ridículo que te tomes un bus cuando yo puedo perfectamente llevarte conmigo, ¿Sí? Voy solo, y el Volvo es grande.

Internamente, me permití festejar como una estúpida.

-Pues…-Dirigí una mirada interrogante a mi madre. Sí, debía mantener las apariencias.

-Ve con Edward, hija.

-Bien.-Le sonreí al aludido, quién me devolvió una de sus amplias y hermosas sonrisas torcidas, haciendo que mi corazón parará de funcionar durante alguno segundos.

Sería un largo, largo viaje…

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¡Hola! Antes que nada, ya sé que algunas deben estar como: ¿QUÉ CARAJOS ES ESTO?, lo sé. Les explicaré, ayer fui a comer a la casa de unos amigos de mis padres, cuyo hermano tenía un mejor amigo que era el profesor de la hija de los amigos de mis paskdjasjhdas Ya sé, no se entiende nada. La cosa es que la chica esta tenía como profesor al mejor amigo de su tío, y no tienen idea de lo bueno que estaba ese hombre.

Pues, ya saben, en cuanto los vi hablando, mi hiperactiva y súper romántica mente se armó una historia entre estos dos, y aquí la tienen ustedes.

Será un twoShoot, por lo que en el próximo capítulo entrará toda la acción asksjdhas ya saben.

Espero que les haya gustado, un saludito para todas y gracias!

Emma.