Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia original es de content1 y la traducción mía, con la debida autorización de la autora.

Gracias a mis betas, ericastelo y larosaderosas, por apoyarme en corregir mis errores y dejar el capítulo tan guapo. Ya saben, si se me pasó hacer alguna de sus correcciones, pueden darme un jalón de orejas.


Bella POV

—Estamos fritos —la voz ronca habló justo después de maldecir y de rogarle a Sulpicia que cerrara la puerta—. ¿Supongo que eres Isabella?

Esto era más allá del surrealismo. No había apartado su cuerpo del mío pero, honestamente, no sabría si estaba feliz por eso o no… era un buen cuerpo.

—Lo soy—solté con mi garganta ronca. Fue entonces cuando noté la palpitación en mi cabeza. Anoche bebí demasiado vino.

— ¡Mierda! Esto empeorará la situación —dijo.

— ¿Y usted es…? —solté, sabiendo que no podía ser un violador en serie o un asesino, o Sulpicia ya lo habría echado. La mujer era mortal para defender lo suyo.

—Maldición, perdón, lo olvidé… Demetri —murmuró.

Ah… el infame Demetri. ¡MIERDA! Justo entonces supe a qué se refería con "fritos".

— ¡Oh, por Dios! —espeté.

—Exacto —respondió—. Tía Cia va a tener la boda planeada antes de que logre salir de aquí.

—Hablando de… —sugerí. No creo que él supiera siquiera que seguía empujándome contra el colchón.

— ¡OH, DEMONIOS! —gritó y se apartó rápidamente de mí.

Escuché el silencio a continuación. Había algo en estar ciega por un periodo de tiempo: aprendes a interpretar las pistas que te rodean.

— ¿Obteniendo un vistazo? —pregunté, tirando de las sábanas sobre mí, que involuntariamente él había apartado.

—Sí. Y ha sido un vistazo placentero, debo decir —dijo, con tono satisfecho, sin molestarse siquiera en pretender que no me había comido con los ojos. Tomó una profunda respiración, y sabía que la explicación vendría a continuación—. Lo siento tanto. Félix y yo llegamos tarde anoche y empezamos a beber. Me echó del cuarto con sus ronquidos, y caí aquí, asumiendo que estaría vacío. Tío Aro y tía Cia normalmente no reciben visitas. Ni siquiera recuerdo haber caído en la cama.

Se detuvo un momento, y escuché el sonido de sus vaqueros deslizándose sobre sus piernas.

—Debí suponer que te pondrían aquí… estaba borracho, y no estaba pensando. Esto va más allá de la mortificación —hubo una pausa—. Nada…

Verifiqué mentalmente todas las partes importantes. —…ha pasado, no te preocupes —hubo un suspiro de alivio por parte de los dos. Una gran parte de mí odiaba un poco ese hecho, recordando cómo se había sentido.

—Vamos a tener que explicárselo—razoné.

—Oh, mierda —maldijo—. Félix va a matarme. Isabella, por favor discúlpame. Me desharé en disculpas contigo más tarde, pero necesito ir con Félix antes de que tía Cia se lo cuente a alguien. Su amistad es extremadamente importante para mí.

Podía escuchar el estrés en su voz. — ¡Ve! —le dije. Escuché el portazo después de su apresurada retirada.

Qué manera de despertar. No había experimentado el despertarme con un hombre en la cama desde…

Me dolía la cabeza.

A todo esto, ¿qué hora era? Alcanzando el despertador que siempre llevaba conmigo, golpeé el botón para activar la función que hablaba. —Son las nueve de la mañana —me informó la voz mecánica.

No había dormido hasta tan tarde en años… por supuesto, no había bebido así en años, tampoco. Normalmente, Carlie me despertaba…

¡Mierda! ¡Carlie!

Me abalancé sobre la cama hasta mi bolso y palpé hasta encontrar mi teléfono. Golpeando el botón de marcado rápido, mordí mi labio mientras empezaba a sonar.

— ¿Mamá? —contestó suavemente.

—Carlie, bebé, lo siento tanto. ¿Me llamaste anoche? —no le di la oportunidad de contestar—. Bebé, celebré un poco demasiado con Aro y Sulpicia —no necesitaba decirle que también había despertado con un hombre extraño en mi cama.

— ¿Bebiste? —dijo, con voz asombrada. El tono era más bien una mezcla de sorpresa, admiración y curiosidad.

—Lo sé… lo sé… solo fueron un par de copas de vino, pero fue suficiente con eso.

Soltó una risita en voz baja.

— ¿Estás bien? —pregunté suavemente, en parte por mi preocupación, y en otra porque mi cabeza palpitaba.

Se detuvo por un momento, y me congelé, con la preocupación escalando por mi aún confuso cerebro. Me contuve para no saltar, pero solo por un momento. Carlie era una pensadora; necesitaba tiempo para ordenar sus palabras.

—Sí. Solo estoy triste.

— ¿Tu padre está siendo malo contigo? —gruñí, enderezándome en la cama, lista para vestirme e ir a rescatarla. El movimiento rápido hizo que mi estómago se mareara, y sabía que esto no iba a ser bonito.

—No… no. Edward… —el dolor me recorrió por el nombre—… está siendo directo y honesto. Es por eso que estoy triste. Qué desastre.

Chico, eso era un eufemismo. —Aunque no tiene nada que ver contigo, y tienes que recordar eso. Bebé, creo que serán buenos contigo. No pienses que estás siendo irrespetuosa conmigo por disfrutar de tu tiempo con ellos.

Permaneció callada, y continué. —Carlie, ¿quieres que le diga a Aro que mande a su chofer para recogerte? —los había escuchado hablando fuera del auto. Mi oído era excepcionalmente bueno.

—No… —dijo finalmente—. No quise preocuparte, solo estaba pensando. Mamá, él saldrá pronto de la ducha, así que tengo que irme. Estamos teniendo un comienzo tardío. Me quedé gran parte de la noche pensando en lo que me había dicho, y no creo que él haya dormido del todo. Pareciera como si se hubiera quedado en la silla toda la noche, solo mirando hacia el Sound.

Podía verlo haciendo eso. Era también un pensador, y una vez me dijo que él pensaba mejor en la soledad de la noche… algo sobre no tener la distracción de otros hablando a su alrededor.

—Vamos a ir a casa de su familia… o a las casas… o a su lugar de retiro. No estoy segura de cómo llamarlo. Las han construido unas alrededor de otras.

Sí, también podía ver eso. Eran un grupo bastante unido, al igual que las familias Velathri.

—De acuerdo, recuerda darles una oportunidad. No permitas que te hagan sentir como a mí. Tú tienes una increíble…

—Mamá… —me interrumpió, diciendo mi nombre como cuando necesitaba decirme algo importante.

—Sí.

Escuché el sonido de una puerta abriéndose al fondo, y entonces lo oí hablar con ella. Las palabras eran murmullos, pero era él. Reconocería esa voz donde fuera.

—No importa —me susurró, y entonces le respondió—. Estoy hablando con mamá.

Sentí pánico cuando escuché que su voz se acercaba a ella. Después se amortiguó, como si ella hubiera puesto la mano en el extremo del teléfono. Aguanté la respiración, esperando que no le diera su móvil. Quería decirle adiós, al menos.

—Nos vamos ahora. Te llamo esta noche. No disfrutes tu día como lo hiciste anoche —bromeó.

Mi única respuesta fue un gruñido, y ella rio quedito, disfrutando demasiado de la incomodidad de esto. Al menos, mi resaca había sido un distractor de lo que sea que la tuviera triste.

—Te amo, mamá.

—También te amo. Pásalo bien, ¿de acuerdo? —me di cuenta que mi tono estaba un poco apagado.

No estaba en perfecto estado, y una parte de mí estaba asustada de que ella estuviera pasando un muy buen tiempo y los prefiriera por encima de mí. Era bastante consciente de que tenía problemas de abandono. Me había costado una buena cantidad de tiempo y dinero con el doctor Green lidiar con eso… solo sabía que, sea lo que sea, apestaba.

—Mamá, Edward quiere hablar contigo —dijo con simpleza. Podía decir que estaba tratando de darme una salida.

Si colgaba ahora, parecería una niña, delante de nuestra hija. Al menos en la reunión con los abogados, había sido capaz de controlarlo. Sabía que sucedería, era inevitable tener que hablar con él para hacer arreglos. No podía hablar, mi garganta estaba cerrada. Gracias a Dios, mi niña era un ángel, porque el silencio reinó mientras yo trataba de hablar.

—Ahora no puede hablar contigo —le dijo, y escuché el silencio del otro lado de la línea.

Después, un suave suspiro. —Bella, llevaré a Carlie a casa mañana a las seis, a más tardar.

Olas de recuerdos me llegaron de golpe, al escuchar mi nombre de sus labios, y ninguna de ellas fue placentera. El silencio entre nosotros aumentó, mientras esperaba que respondiera. Mi cabeza palpitaba, y de repente, mientras las náuseas que había estado experimentando explotaron, sabía que iba a vomitar. —De acuerdo —solté. Incapaz de decir algo más, presioné rápidamente el botón para terminar la llamada.

Madura, Bella. Muy madura, pensé mientras buscaba a tientas el camino para el baño y seguía el borde de la encimera hacia la parte trasera del inodoro. Apenas lo conseguí antes de vomitar.

Y fue ahí donde me encontró Sulpicia.

—Si por mí fuera, declararía que estás embarazada y tendría a Aro y a Marcus irrumpiendo con escopetas. Sin embargo, incluso yo debo admitir que la noche que pasaste con mi sobrino no puede haber tenido ese efecto tan pronto. ¿El vino? —dijo con una risita, sosteniendo mi cabello lejos de mi cara.

—Sí —mentí. Bueno, en parte… el vino no sienta tan bien cuando tu estómago empieza a agitarse, así que iba a echarle toda la culpa.

—Perdí la cuenta después de tu tercera copa —pasó su mano por mi espalda, confortándome.

Cuando finalmente terminé con el asqueroso proceso de vaciar mi estómago, se puso en modo de negocios. —Una buena ducha, algo de ropa fresca, y uno de los tónicos especiales de Aro para el "día siguiente", y estarás bien.

—Siempre y cuando el "tónico del día siguiente" no contenga nada de ginebra —solté.

Su risa profunda me confortó. Sulpicia me amaba demasiado como para castigarme de esa manera.

~PDMP~

—Te dejo sola una noche, y dejas que mi mejor amigo trepe por tu cama —dijo Félix, suavemente, sentándose a mi lado.

Mi gemido fue la única respuesta que obtuvo.

—Solo te estoy molestando. Demetri ya me explicó.

Me había estado escondiendo bajo una enorme sombrilla, mientras los niños y adultos se remojaban en la piscina. Estaba tranquila con el sonido de las olas rompiendo contra la pequeña playa, a poca distancia de nosotros. Por la mañana me bebí con entusiasmo el remedio de Aro para la resaca. Una ensalada ligera había sido perfecta para el almuerzo, y con el agua helada que me habían traído me había sentido mucho mejor.

—Félix, ¿cómo es que unas cuantas copas de vino pueden poner tan mal a una chica? —dije lentamente.

Rio con fuerza —Yo bebí más de unas cuantas cervezas, pero también soy como cinco veces de tu tamaño. No me sentía mucho mejor esta mañana. Le dije a Aro que puede vender esa cosa y hacer millones.

—Si lo necesitara, estaría tentado. Creo que solo le gusta tener un arma secreta —contesté, sonriendo, antes de dirigirme hacia donde estaba sentado. Era ahora o nunca. —Félix, ¿te gustaría dar un paseo por la playa?

—Me encantaría.

Se inclinó y tomó mi mano, levantándome con gentileza. Me encogí de hombros en el vaporoso entoldado. Colocando mi mano en la curva de su brazo, empezó a guiarme a través del suave azulejo del patio y bajamos las escaleras. Me detuve solo para quitarme las sandalias, para poder sentir la arena cálida apretándose por mis dedos. Era una sensación relajante.

No habíamos avanzado mucho, cuando dijo. —Isabella, ¿hace cuánto nos conocemos?

—Uhm… —respondí—. ¿Cuánto será? Unos tres años, creo.

—Durante tres años, he estado jugando con varias estrategias con las que podría ganar la oportunidad de capturar tu corazón. El otro día, me di cuenta de que ya lo tengo… solo que no la parte que siempre he querido. En algún punto, me diste tu amistad, y me di cuenta, mientras te cosía la cabeza, que no iba a hacer algo para arriesgarme a perderla.

No sabía qué decir. Por supuesto, cuando finalmente decidía había decidido darle una oportunidad, con mi suerte, la oportunidad ya no estaba disponible… entonces, la visión que tenía de Jane corrió por mi mente.

—Maldición… tengo la suerte más podrida.

Se detuvo, y podía decir que se había girado hacia mí. — ¿A qué te refieres?

—El otro día, me di cuenta de que quería abordar contigo la posibilidad de… algo entre nosotros, pero, como siempre, eres el más inteligente de los dos —resoplé—. Podrías pensar que, si vamos a ser algo más, ya habría sucedido.

— ¡Me estás tomando el pelo! —jadeó.

—No… no lo hago.

Sentí que sus manos acunaban gentilmente mi rostro… adorándolo. El beso que me dio era todo lo que una mujer podría soñar… apasionado, respetuoso y necesitado. El hombre que lo daba era todo lo que una mujer podría soñar… inteligente, pecaminosamente guapo, cuidadoso y atractivo como un dios. Moldeándome contra él, me dejé llevar por los sentimientos que me recorrían, mientras la pasión me calentaba.

Cuando terminó el beso, solo le tomó unos cuantos minutos para traernos de vuelta a la realidad.

—Daría lo que fuera para ser capaz de ser lo que necesitas, Isabella. Pero no puedo. Ahora sé por qué, y si alguna vez quieres que lo destruya… lo haré.

Fui la que jadeó. — ¿Qué quieres decir? —sospechaba que Félix tenía tantos vínculos oscuros, como los Velathris. Podía hacer que la gente desapareciera con facilidad.

Soltó una risa dura. —Ni siquiera te preguntaré si todavía lo amas. De hecho, creo que esa pregunta es completamente irrelevante. Lo que podría preguntar es… ¿te ves a ti misma con él de nuevo? ¿Puedes confiar en él? No tengo idea de qué sucedió, pero algunos hechos son bastante evidentes. Te quedaste embarazada cuando tenías como… ¿dieciséis años? Sé la historia por Jacob. Sé quién es Anthony Cullen ahora. Y lo odio. Odio que te haya dejado, y que tu vida se desmoronara tanto que hayas necesitado más de una década para volverla a construir. Odio que no permitas que Jacques te opere los ojos. Y odio que sea él quien haya puesto ese miedo ahí. Te escondes detrás de la ceguera, Isabella.

Esta vez, jadeé ante su atropello. ¿Cómo se atreve?

—No dirijas tu odio hacia mí. Te estoy diciendo lo que veo. No quiere decir que me preocupe menos por ti. Tampoco me malentiendas… eres la mujer más valiente que conozco. No dejas que tu discapacidad te dificulte de cualquier manera, ni la utilizas como una muleta… pero te escondes en ella. Nunca había sido capaz de averiguar la razón. ¿Sigues sin entender?

Soltó, esperando mi respuesta.

—Félix, ¿hay algún lugar para sentarse en la sombra? —habíamos estado parados bajo el sol brillante, y estaba atípicamente caliente para ser septiembre. Seguía esperando que la siempre presente lluvia nos diera un respiro. El gran sombrero de ala ancha que Sulpicia siempre insistía que usara ocultaba mi rostro, pero me daba poco alivio, y las puntadas picaban por estar empezando a transpirar.

—Lo siento —respondió, repentinamente contrariado. Tomando mi brazo nuevamente, me guió por la arena, y tan pronto como sentí la madera bajo mis pies, me di cuenta de que nos había traído de vuelta a la zona bajo las casas de los Velathri. Había un mirador techado ahí. Tomó mi mano y la colocó en la banca de madera para que así pudiera orientarme a mí misma.

—Lo siento, Isabella.

—Shh… no lo estés. ¿Cómo te explico? —pensé por un momento cómo decírselo realmente—. Félix, he estado ciega poco más de catorce años. Estoy cómoda con lo que soy. Sí, debo admitir, me encantaría ver el rostro de Carlie, pero no es como si mi vida no estuviera completa ahora. Puedo sentir cómo luce. Soy lo suficientemente afortunada como para haber visto antes de mi accidente, así que puedo imaginar las cosas cuando ella las describe. He llegado a estar cómoda conmigo misma. ¿Sabes lo que quiero decir?

Gruñó, y después llevó mi mano a sus labios para besar mi muñeca.

—Sí, lo sé. Y es parte de tu encanto, que eres la cómoda "Bella". No expresé bien mi pregunta, y me disculpo por ello. Sé que eres feliz como estás, pero hay una parte de mí que quiere que seas capaz de ver otra vez. Ya es tiempo, Isabella. Jacques ha estado experimentando con algunas técnicas nuevas y los resultados son espectaculares. ¿Por mí? ¿Por favor?

Era todo un tramposo, usando mis sentimientos por él para manipularme.

—No voy a pretender que he evitado la discusión de la cirugía. Es solo que estoy asustada, Félix. Si me someto a ella, y no funciona… entonces eso será todo para mí. La sigo posponiendo, usando la excusa de que solo estoy dejando que la tecnología mejore, pero la probabilidad de que tenga éxito aumenta...

—Estás asustada de perder la esperanza.

Nunca había sido capaz de expresar con palabras lo que sentía, pero Félix lo había resumido perfectamente. Era un momento que cambiaría mi vida.

—Dios, tienes razón —sollocé—. Es exactamente eso —lo dejé salir y empecé a sollozar. Había tantas cosas en las que había perdido la esperanza… mi visión era lo único a lo que me había aferrado… a la dulce tentación de que pudiera tener la oportunidad en algún punto en el futuro.

Fui lo suficientemente egoísta como para disfrutar el momento en que envolvió sus brazos a mí alrededor y me consoló. Dos episodios de llanto en menos de una semana, debe ser el SPM, pensé.

— ¿Podrías considerar la cirugía? —rogó, una vez que finalmente me calmé—. Lo arreglaré todo. Jacques me debe muchos favores, y no dudará en cambiar sus horarios para acomodarte. Si no tiene éxito, seguirás siendo la perfectamente capaz, hermosa y desafiante mujer que eres. Si lo hace, entonces tendrás una oportunidad de recuperar algo de tu visión.

—De acuerdo —me rendí. Había estado colgando del precipicio por tanto tiempo, que el deseo abrumador sobre la posibilidad de ver el rostro de mi hija… el simple hecho de ver el amanecer otra vez, de ver a Jake… el hombre en que se ha convertido… de ver a la hermosa mujer en que se ha convertido Leah.

Pude sentir que la tensión abandonaba su cuerpo. —Gracias a Dios —murmuró.

— ¿Jake te ha convencido de esto? —pregunté.

Sentí su risita contra mí. —Sí y no. Él y yo conspiramos juntos.

Resoplé en desacuerdo. Si él iba a retarme, tal vez era hora de que le hiciera lo mismo.

—Félix, si hemos llegado a la conclusión de que quieres permanecer solamente como mi amigo, debería desafiarte.

—No estoy dispuesto a aceptar esta idea que has soltado sobre involucrarnos —soltó—. Isabella, ¿hay algo de amor en tu corazón para mí?

—Más que a cualquier otra persona.

—Pero… escucho el silencioso "pero".

Jalé de mi sombrero de paja y empecé a abanicarnos, y sentí sus dedos en la línea de mi cabello, revisando su trabajo. —Apenas va cicatrizar.

—Cumplidos de un maravilloso doctor.

—El "pero", Isabella… ¿qué quieres decir?

—Que te quiero demasiado como para que cargues con alguien que no puede darte todo.

—Creo que te estás desacreditando tremendamente, y no me importaría "cargar" —bromeó de forma descarada.

Esta vez, mi risa se unió a la suya, mientras dejábamos que se creara una cómoda paz entre nosotros. Si estuviera completa… podría envejecer con este hombre.

Soltó una risita. — ¿Sobre qué me quieres retar? —volvió a lo que había dicho antes.

—Jane —contesté.

— ¿Jane? ¿Jane, qué? —inquirió.

—La prima de Demetri. Ella es perfecta para ti.

—Eres rápida.

—Bueno, honestamente, no iba a mencionarla hasta que supiera si tenía o no una oportunidad contigo. Así de egoísta soy.

—Isabella, yo podría hacerte feliz. Sé que tú me volverías extasiado. Hagamos a un lado las precauciones e intentemos esto. Lo digo porque soy lo suficientemente egoísta como para tenerte bajo cualquier condición que propongas.

Recordé mi premonición sobre Jane y él. Pensé también en mi historial. Aro tenía razón… tenía más de casamentera que su esposa. Tal vez sí pertenecía a la "escoria italiana", como los llamaba Jake. Había emparejado a numerosos amigos a lo largo de los años, y siempre terminaban bien. Jake solía molestarme de que debía dejar de escribir y crear mi propio sitio de parejas. Había sido yo quien había engañado a él y a Leah, para que tuvieran su primera cita. Antes de eso, se odiaban con pasión el uno al otro… peleando constantemente. Los seguía considerando mi mejor éxito.

Solo me había equivocado una vez…

—No —pensé, volviendo a la rigidez que sentía alrededor de él, dejándolo perseguir a la descarada Jane Velathri, quien tenía el presentimiento de que era su otra mitad—. ¿Te has preocupado por alguien lo suficiente como para querer lo que sea que le haga feliz, incluso si eso te resulta doloroso?

Soltó una risita, pero podía decir que estaba relacionada con el dolor. —Sí, lo he hecho.

Los dos sabíamos que estábamos hablando uno del otro.

—Hazme un favor. Primero busca a la prima de Demetri. Dime que me equivoco, y consideraré esto, pero solo hasta entonces.

—Estás tan segura de ti misma, ¿eh?

—Sí, bastante.

— ¿La cirugía? —se volvió hacia mí.

—Tengo próximamente una gira de prensa por el nuevo libro. Después de eso.

— ¿Cuándo es tu última parada?

—Dios, te estás volviendo agresivo.

Lanzó su brazo sobre mis hombros y tiró de mí para pegarme a su cuerpo, riendo libremente esta vez. —Al hierro candente, batirlo de repente.

*PCMP*

La merienda de la tarde estuvo riquísima y la sirvieron junto a la piscina. Después de eso, Félix me guió a una tumbona, lejos de la línea de salpicaduras. Mientras se inclinaba, tiré de él para susurrarle al oído. —De acuerdo, ¿primera impresión?

Me había asegurado de que Sulpicia colocara a Félix junto a Jane. Cia había estado más que feliz en hacerlo. Por supuesto, estaba emocionada por el hecho de que Félix había considerado a alguien además de mí. Aún trataba de que formara parte de la familia. Marcus me había salvado de sus manipulaciones, colocándose en el asiento junto a mí, y Didyme del otro lado. Honestamente, estaban llamando más la atención que si me hubieran sentado junto a Demetri. Seguía siendo incapaz de hablar con él, para disculparme por mi rudeza de esta mañana.

Me gruñó. —De acuerdo, es extraordinaria… hermosa… inteligente… entretenida.

—Dilo ya —lo molesté.

El gruñido que soltó fue tan falso que me respondió incluso antes de que pudiera enunciarlo. —Tenías razón.

Chillé de triunfo. —Nunca dudes de The Swan.

—Duende —dijo suavemente.

—Señora Duende, para ti —le devolví—. Sería considerado llevarle una copa de ese vino de Caius. Oh, y Félix… espero que la primera hija de ustedes se llame de alguna forma como yo.

Palmeó mi cabello con afecto. — ¿Estás bien aquí?

—Por supuesto, me encanta escuchar la cháchara.

—De acuerdo. Oh, por cierto… Jacques ya tiene programada la cirugía. Arreglé todo para viajar a Seattle, del lunes en un mes. Haré los arreglos con el administrador del hospital cuando vuelva al trabajo. Me dará lo que desee, porque sabe que estoy siendo bastante requerido.

Había dejado eso al aire. Descubrí ese pequeño detalle por accidente. Enseñándole la lengua de manera infantil, sonreí con satisfacción cuando se apartó, llevándose su risa corpulenta. Una sensación de paz me envolvió, sabiendo que había hecho lo correcto.

Poco después, escuché las pisadas de alguien aproximándose.

—Isabella —reconocí la voz de Demetri.

—Oh, gracias a Dios. Pensaba que iba a tener que enviar a alguien a buscarte, y eso habría causado demasiada especulación.

Soltó una risita ante mi ingenio. — ¿Me puedo unir a ti?

—Por supuesto.

Era tan silencioso que fue difícil saber si se había sentado siquiera.

— ¿Eso de unir a Félix con Jane ha sido idea tuya? —preguntó suavemente. Su voz tenía un timbre profundamente rico y era extremadamente placentero.

—Sí. Dime, desde tu punto de vista, ¿ha sido algo bueno o no?

—De hecho, ha sido perfecto. No puedo creer que no se me hubiera ocurrido a mí. Les doy seis meses —dijo con intensidad.

—Perfecto. Ha estado solo por demasiado tiempo.

— ¿Estás segura de que no estás relacionada a esta familia de alguna manera lejana?

—Absolutamente —dije en tono ofendido.

No estaba convencido. —Buen intento —estuvo en silencio por unos instantes—. Tengo una proposición que hacerte, Isabella.

—Te escucho.

—Con tu emparejamiento entre Félix y mi prima, y lo que ocurrió esta mañana, nos enfocaremos en unir a cada mujer y cada hombre en esta familia. No estoy en posición para considerar una relación, a pesar de que es lo que se esperaría. Son despiadados cuando se determinan en unir a otro miembro en su culto.

Se detuvo por un minuto, y escuché un chillido un gran chapuzón.

—Félix y Jane —comentó. Soltó una risita a lo que sea que estaba viendo—. Estoy al tanto de tu posición con Félix, a pesar de que no ha divulgado lo que pasó exactamente hoy lo has convencido de atesorar lo que ya tiene contigo e ir hacia alguien más. ¿No estás atada a una relación, verdad?

—No, no en realidad. Félix hubiera sido mi única tentación.

—Muy bien.

— ¿Y tu proposición?

—Démosle lo que desean.

— ¡¿Eh?! —No me estaba proponiendo lo que estaba pensando, ¿verdad?

—No deseo una relación seria, al igual que tú. Aún así, seremos acosados sin piedad. Habrá ocasiones en que esperarán que tenga compañía mientras formalizo mis negocios aquí, y sería bueno para mí tener a alguien que entienda, a alguien que trate de usar mis conexiones para su propio beneficio. Eres preciosa, y sería la envidia de cada hombre al tenerte de mi brazo. Además, pienso que tal vez estás deseando algo para defenderte también.

Ah… un arreglo. Para engañar a nuestra familia y amigos. Podría funcionar… podría ser mi salvación contra todas las estrategias y planes de aquellos que me amaban… pero que no podían entender los miedos e incapacidades que crecían en mi interior.

— ¿Pretendes engañar a tu familia y la mía?

—En efecto, pero no te equivoques, Isabella, planeo divertirme haciéndolo y disfrutar de tu compañía. No puedo imaginar una compañía más animada y probablemente querré verte, incluso cuando no exista otra razón además de ir a tomar una copa o al cine. Necesito una amiga, y mi padre y mi madre te adoran. No podría haber mejor recomendación, y sé que ninguno de nuestros corazones se verá envuelto en esto.

Volviendo a pensar en lo que había sucedido en mi cama esta mañana, estaba repentinamente curiosa. El beso de Félix había sido increíble, de todo corazón, y amenazante. Félix era un hombre del cual podía enamorarme, ya lo había hecho en cierta forma, pero el cuerpo de Demetri contra el mío había achispado las necesidades físicas.

—Esta mañana… —empecé.

Soltó una risita oscura, sensual. —Querida, si lo deseas tanto, podemos hacer un arreglo de amigos con beneficios. Nunca me había embarcado en tal aventura, pero eres bastante consciente de que eso no sería un problema —se inclinó, y sentí el calor de su rostro no tan lejos del mío—. Ese beso fue increíble.

Me pregunté cómo nos veían los demás. Sabía que estaba en un rincón, probablemente cubierta por las sombras, y el cuerpo de este hombre casi estaba inclinado seductoramente sobre mí.

— ¿Félix?

—Él quiere protegerte. Le diré mi plan, y verá la pura ingenuidad en él. Bueno, además de que me gustaría probar las delicias que él no ha probado.

Golpeé su brazo, haciendo que volviera al tema. Era peligroso… peligroso en serio.

— ¿Así que te gusta la agresión? Nunca he sido el sumiso en una relación, pero, por ti, podría intentarlo… —soltó, de manera seductora.

—Por Dios, eres incorregible —dije suavemente, antes de soltarme a reír. Notando que de repente todos a nuestro alrededor guardaban silencio, estaba segura de que nos habíamos vuelto el centro de atención.

—Eres un bastardo retorcido —le siseé, sabiendo que eso era exactamente lo que había planeado. Estuvo bien dicho. Había colocado perfectamente el escenario, y estaba de mi lado el tomar ventaja de su plan.

Esperaba que fuera capaz de explicárselo correctamente a Félix… o tendría que hacerlo yo.

Me moví para encontrar su rostro y moví las manos sobre los planos de sus mejillas y su nariz, para después pasar por sus labios. El rostro de un ángel… el rostro de un demonio.

Gruñó profundamente. —Isabella, mi segunda proposición se esta volviendo cada vez más beneficiosa. Te puedo hacer gritar de placer, si me das la oportunidad.

Escuchando un jadeo del otro lado del pasillo, no supe si había sido de Sulpicia o de Didyme, pero sabía que mis atenciones a su rostro no habían sido pasadas por alto.

—Empieza el juego, Demetri. Nos ocuparemos de la segunda parte de tu propuesta en otra cita. Por ahora, convence a tu familia de que me encuentras adorable e irresistible.

—Ah, querida. Eso será sencillo… porque ya lo hago.


Nota de traductora.

No dejaré de la historia. Estoy consciente de que es una historia larga y los capítulos se demoran, pero seguiré hasta el final. Agradezco sus mensajes privados y reviews, así como quienes me preguntan por Facebook. Podría darles un montón de razones, pero se resume al tiempo libre, y no dejaré colgada la traducción.

Les agradezco la comprensión y espero poder seguir contando con ustedes.