Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia original de content1. Solamente la traducción es mía.


SOMP Outtakes


Carlisle POV – Capítulo 1

—No me importa lo que él haya dicho, ¡estoy aquí para verlo! —una voz juvenil discutió con vehemencia.

La puerta se abrió, azotándose, y golpeó la pared detrás de ella tan fuerte que rebotó de vuelta. Normalmente, hubiera regañado al individuo que estaba entrando, pero las palabras se atoraron en mi garganta. La respuesta a las plegarías de Esme y mías se abría paso por la puerta, con su cabello castaño arremolinándose. Edward se quedó congelado; todos nos quedamos así, de hecho. Sacudiendo mi cabeza para despejar las telarañas, escolté a la señora Brown hacia afuera, cerrando la puerta para mantener lejos a los ojos curiosos y me giré para encarar a mi nieta.

Dios era bueno y cortés, no había duda. Y, todo lo que podía esperar era que Bella estuviera cerca de nosotros y que mi último deseo, que nos perdonara, llegara a suceder. ¿Estaba mal que además pidiera que estuviera soltera? Por mi hijo… mi profundo, oscuro y melancólico hijo, que nunca estará completo hasta que ella vuelva a él.

Alcé la vista para ver a Esme, mirando fijamente a la niña como si fuese un fantasma. Era de verdad extraño cuánto se parecía a su madre, pero los ojos de mi hijo brillaban en su rostro. Era una fiera, y estaba agradecido que lo fuera, porque, sin saberlo, había arrojado a nuestras vidas al caos. Nunca había estado tan agradecido de ver la destrucción en nuestras vidas calmadas en toda mi existencia…

Emmett POV – Capítulo 2

Bella, oh, Dios…

Mientras la observaba a ella y la hija de Edward, lanzándonos una mirada, todo lo que podía pensar era en su madre. ¿Dónde había estado? ¿Qué había hecho? Era todo lo que podía hacer para no tomar a la chica, arrojarla sobre mi hombro y correr con ella… de vuelta a Bella. Se veía lo suficientemente sana y, a pesar de no ser un gurú de la moda, parecía estar bien arreglada.

NO HABÍA HECHO LO SUFICIENTE…

Ese pensamiento hacía eco en mi cabeza, burlándose de mí por su simplicidad. No había sido lo suficientemente hombre para hacer más de lo que había hecho y, por eso, me sentía humillado. Bella había sido mi hermanita… la hermana de mi corazón, tanto como Alice.

No importaba lo que había sucedido hoy, esta mierda nunca parará. Si Bella pudiera hablarme, la compensaría por haber hecho tan poco.

Cuando Carlie llegó a la puerta, no pensaba en otra cosa más que en detenerla. Quise reír cuando me lanzó una mirada, pero cuando me lanzó al suelo, quise lloriquear, no de dolor, sino de alegría. Demonios, era una gema… Bella, con esteroides… justo lo que mi familia necesitaba.

Alice POV – después de la escena del hospital– Capítulos 3 y 4

Esperé, tan pacientemente como pude, pero el temblor nervioso de mi pierna era algo que no podía mantener bajo control. Jazz probablemente me habría molestado por la muestra de mi ansiedad. Afortunadamente, no estaba aquí para verlo, o habría enfrentado su cólera. Me había alentado a ser paciente, a esperar para saber si podíamos estar con Bella en su juicio, pero no podía. Esto era demasiado importante… para cambiar una vida.

Necesitaba absolución.

Mientras esperaba, las cicatrices que cortaban por mi estómago hormigueaban, amenazando con lanzarme de vuelta a la oscuridad contra la que una vez luché. Había estado tan avergonzada de ellas, pero Jasper lo había cambiado todo. Me adoraba… y a ellas, como parte de mí. Me dijo que ellas, y mis ojos, eran ventanas a mi alma, caminos del terror al que había sobrevivido. Eran palabras bonitas, pensé una vez, que venían de un tentador y pecaminoso hombre, pero finalmente determiné, después de nuestros años juntos, que las decía en serio. Después, cuando las largas cicatrices que quedaron por haber dado a luz a nuestra última hija se unían a ellas, empecé a ver el horroroso desastre, casi como la descripción gráfica del Alfa y Omega de mi historia… el comienzo de todo lo que había separado a nuestra familia, y el fin de tantas cosas brillantes y hermosas.

Primero, está mi habilidad de darle más hijos a Jasper. Él estaba extasiado con los dos que teníamos, y yo también lo estaba. Pero, así como el incidente que representaban las cicatrices nos había destruido primero a nosotros, continuaron separando a mi familia una y otra vez. Quería darle más hijos a Jasper, pero el daño interno que había dejado la cicatrización lo hacía imposible. El doctor se lo dijo a Jasper el día que casi muero. Indispuesta para tomar una decisión por mí misma, él la hizo por su cuenta. Caminó hasta la oficina de su doctor, tan pronto como estuve estable, y firmó por una vasectomía, que se aseguraría de que nunca estuviera en peligro otra vez.

La segunda, ser la destrucción del chico que alguna vez había sido mi brillante y vivaz hermano. En mi opinión, esa había sido la pérdida más grande. Yo tenía un esposo, al que amaba más allá de cualquier medida, dos hermosos hijos, una cuñada, dos hermanos, una madre y un padre que me amaban. Había solo dos personas que faltaban en mi vida. Edward y Bella… bueno, tres… incluyendo a Carlie. Edward había estado perdido desde el día en que ambos nos volvimos locos. Él seguía ahí a veces, en ese hombre que se manifestaba en nuestras casas en ocasiones familiares. A veces, podía verle sonreír, y por el momento más breve sería genuino. Generalmente sucedía alrededor de los bebés, me di cuenta, pero sucedía. Lo quería de vuelta, y no quería que me viera y sufriera. No había sido su culpa lo que había sucedido, pero convencerlo de ello era casi imposible.

¿No era algo poético que, cuando finalmente cedí a la necesidad de arañar, la puerta se abriera, y me apuntaran con una mirada oscura e intensa? ¿Qué tan afeminada le parecía? ¡Qué importaba! Ella ya pensaba lo peor…

Apenas me pude sentar en la silla que me señaló, cuando ladró. —Tienes quince minutos.

—Prometo no sobrepasar mi bienvenida, Leah.

Alice POV –segunda mitad.

Ni siquiera me respondió. No había calidez o siquiera una simple respuesta de cortesía que ayudar a aligerar la tensión. ¿Qué esperaba?

—Yo… —mis manos se retorcieron en mi regazo, con las cicatrices ardiendo por debajo de la seda de mi vestido—, necesito saber unas cosas, y ya que has sido lo suficientemente amable como para contestar algunas de nuestras dudas, me preguntaba si podías ayudarme —las palabras salieron en una exhalación, estranguladas y aceleradas.

Se puso de pie inmediatamente, y pensé que me echaría pero, en lugar de eso, se paró junto a la ventana utilitaria, viendo hacia la suave lluvia.

—Dime por qué debería —preguntó, sorprendiéndome, como si me sintiera lejana.

—Honestamente, no deberías —admití, con mis ojos enfocándose en la fotografía que tenía en su escritorio. Era de Jacob, ella, Seth, Samanta, Bella y Carlie. Estaban en la playa y todo el grupo se reía… pero, Bella… sus ojos… estaban tristes. La imagen me ayudó a reenfocarme en la razón por la que estaba ahí—. En realidad, no hay razón para que ayudes, pero te lo ruego.

Se giró y observó su reloj. Ella de verdad me estaba cronometrando… maldición.

—Un 'lo siento' no funciona conmigo, Alice Whitlock. Cada criminal al que he expuesto lo ha lamentado, principalmente porque fueron atrapados.

Sí, podía ver eso.

—No lo lamento, Leah —sus ojos brillaron con ira antes de que pudiera explicarlo—. Espera… déjame terminar —supliqué cuando empezó a encaminarse a la puerta para echarme—. Perdón no es la palabra correcta. Estoy devastada por lo que le hice a Bella —esto era tan difícil, porque no quería que Leah pensara que estaba soltando una fiesta de compasión—. Algunas cosas… algunas cosas pasaron en ese entonces, que Bella tampoco estaba al tanto. Nunca quise que supiera, pero mi debilidad pudo costarnos todo —mis ojos se llenaron de lágrimas, pero parpadeé furiosamente, tratando de no llorar en frente de ella.

Su rostro me dijo que no estaba llegando a ningún lado, y empecé a entrar en pánico.

La puerta se abrió y los ojos de Leah se fueron hacia el intruso. — ¿Señor?

—Lo lamento —una voz profunda de mi pasado le habló—. No sabía que estaba con un cliente.

No quise darme la vuelta, mientras las ardientes cicatrices flameaban y sentía que me estaban incinerando.

—Ningún cliente. Esta es Alice Whitlock —Leah dijo con naturalidad, y escuché al hombre acercarse a mí para presentarse a sí mismo.

—Soy DA Holmes. Un placer conocerle —dijo, pero después jadeó—. ¿Alice Cullen? —sus ojos probablemente estaban tan abiertos como los míos. Solo pude asentir, mientras la oscuridad amenazaba con envolverme—. ¿Te encuentras bien? —preguntó—. ¿Tiene algo que ver con…?

— ¡NO! —Solté duramente, deteniendo sus palabras—. La señora Black y yo tenemos conocidos en común.

— ¿Y tu familia? —dijo suavemente, escaneando mi aterrorizado rostro.

—Están bien, solo bien —algo en mi tono debió informarle que no quería hablar.

—Uhm… Leah, tenemos la reunión informativa en cinco minutos —le dijo, y se giró para verme.

—La señora Whitlock está por irse —le informó, viendo su maldito reloj.

—Te espero en la sala de conferencias, entonces —dijo, mirando hacia abajo para ver el anillo de bodas alrededor de mi dedo. Asintió, como si eso lo satisficiera.

Cuando la puerta se cerró, me giré hacia Leah, jadeando. —Bella y yo discutimos la última vez que la vi. Ella cayó… no recuerdo todo de ese día, pero pude haberla empujado… creo que la empujé. Ella debió haber estado embarazada en ese entonces, pero, ¿fue eso lo que causó su ceguera? —solté, sabiendo que solo tenía un minuto o dos… la única oportunidad para la pregunta más difícil.

Entrecerró los ojos, pero después soltó una profunda respiración. —No. Tenía casi ocho meses cuando cayó, por enorme y descoordinada —el desprecio corrió por su rostro—. ¿Te sientes absuelta ahora?

Era curioso que eligiera esa palabra, considerando que justamente la había pensado yo.

—No. Mi absolución solamente vendrá cuando Bella me perdone —la miré de vuelta para encontrarme que me veía incrédula—. Necesitaba saber, para que pudiera actuar de acuerdo a ello. Tengo demasiadas compensaciones que hacer con Bella Swan, pero necesitaba saber si esa era una de ellas. Sospecho que ella no me lo dirá, y espero que con el tiempo ella me permita hablarle… quiero ser capaz de lavar apropiadamente mis pecados. No es culpa lo que siento, porque eso es casi un hecho. Me carcome el remordimiento, Leah. Me arrepiento de haber permitido que algo se interpusiera entre Bella y yo, y no cometeré ese error de nuevo.

Me veía de manera extraña, pero sabía que mi tiempo había terminado.

—Gracias —dije, sin saber qué más decir, y rápidamente hice mi camino a la puerta.

Fui incapaz de hablar cuando vi al señor Holmes parado en la puerta del salón junto a Leah; le di un asentimiento nervioso y todo eso, pero corrí hacia afuera del edificio. Fue entonces cuando me legó un horrible pensamiento. Leah tenía acceso a mis archivos y a los de mi padre. Y, tan intuitiva como era, no le tomaría mucho descubrir la maldad que nos rodeaba.

Jacob POV – Capítulo 6

Quería matarlo. Literalmente, arrancar su cabello rojo y arrancarle la cabeza fuera de sus hombros. ¿A qué diablos jugaba?

Bella nunca lloraba, y ahora estaba sollozando en el asiento trasero, con su cabeza recargada contra mi esposa. La escuché disculparse con Leah, y entonces mi ira no conoció límites. La última vez que la había visto llorar así fue cuando tuve que decirle lo de Charlie. Había esperado a que Carlie naciera, porque, honestamente, hubiera sido un desastre. Leah había tenido a Seth por cesárea, y a pesar de que había sido estresante permanecer junto a ella, sabiendo que el doctor iba a abrirle, el alumbramiento estuvo tranquilo, conmigo sosteniendo la mano de Leah y diciéndole lo mucho que la amaba, mientras ella respiraba el oxígeno y me veía profundamente a los ojos.

Con Bella, había sido muy diferente. Me maldijo, me llamó toda clase de nombres, me arrojó cosas directo a mi entrepierna y, generalmente, me asustó hasta la muerte. En un punto, incluso hasta chilló.

— ¡Será mejor que no estés mirando ahí abajo, Jacob Black! Es una parte de mí que no deberías ver.

Lo poco que ella sabía era que había hecho de todo para permanecer lejos de ver cualquier cosa. Pero, tenía que admitirlo, quería estar ahí para atrapar a la polluela. Había esperado que fuese una niña. Primero que nada, porque Leah y yo ya teníamos un niño y, segundo, porque no iba a tener el estómago para el condenado nombre que Bella había elegido para un niño… Edward Jacob Swan, EJ. Qué carajo…

Carlie se había ganado mi corazón y mi alma desde el momento en que el doctor me tendió al chillón bulto de alegría, con la cara rojiza. No pude evitar notar que ella había salido gritándome, justo como lo había hecho Bella la mayor parte de nuestras vidas. Ella ya había adoptado el temperamento de su madre cuando tenía que lidiar conmigo, pero podía manejar los gritos y las tácticas de los brazos fuertes de Bella… lo único que no podía lidiar era cuando lloraba. Me llevó de vuelta a las emociones que sentí cuando tenía que tomar a una bien alimentada Carlie de sus brazos, y después sostener su mano, mientras movía sus dedos sobre los rasgos de Carlie, teniendo que describirle cómo lucía su propia hija. Llámame egoísta, pero quería que disfrutara los primeros momentos de la vida de su hija antes de destruir su felicidad. Entonces, le expliqué por qué Charlie no había llegado al hospital.

Leah se había quedado en casa, en La Push, descansando en cama por el alumbramiento de Seth, y mi padre era un desastre absoluto por haber perdido a su amigo, así que no había nadie ahí para ayudarme con eso. Leah estaba rodeada de nuestros amigos y familiares, mientras ellos le hacían ohh's y ahh's a Seth. A pesar de que me habían mirado mal por haber sido irresponsable, y por haberme convertido en padre a los diecisiete, al menos nuestros familiares habían sido más que un apoyo.

Pero Bella no tenía a nadie, excepto a Leah y a mí. Su madre no le devolvía las llamadas desde que supo que Bella se había convertido en una estadística de embarazo adolescente. No han hablado desde entonces. Edward Cullen y su familia eran los segundos en mi lista de las personas más horribles del mundo. Renee Dwyer la coronaba, pero por un margen muy pequeño.

Había sido un adolescente desagradable, y mi logro más notable era haber tenido una mejor amiga y una esposa que no merecía… estaba por debajo. En un lapso de un par de días, había sido obligado a ejercer el rol de hombre, responsable de mi esposa, mi hijo, una hija y mi mejor amiga. Era indigno, luchando por ser lo suficiente, fallando a menudo, y había formado un fuerte vínculo con mi padre, mientras él y los ancianos me ayudaron, guiándome a través del caos. Al final, mi familia había sobrevivido, prosperado y crecido. Amaba a Leah con toda mi alma y corazón, nuestro vínculo más profundo y fuerte de lo que jamás imaginé. Mi amor por Bella era una ligera sombra de lo que sentía por mi esposa. Quería su felicidad, sin importar lo que fuera, pero estaba lo suficientemente consciente de que no conocía todas las profundidades del corazón de Bella.

Pero cuando ella había tenido que enfrentar la pérdida de todo, había estado reacio a dejar que Bella volviera a Forks para encarar las consecuencias. Así que, me la llevé a la Reserva y trabajé con un agente de bienes raíces para vender la casa de Charlie, con la ayuda de los chicos para empacar. Con su permiso para usar el dinero que habíamos obtenido por la casa, nos dirigimos a Seattle y rezamos por algo mejor.

Antes de que fuésemos capaces de hacer eso, había tenido que sostener a mi mejor amiga y dejándola sollozar por el duelo. Había querido gritar ante la injusticia de la vida. Ella había perdido todo. Todo, excepto a la dulce niña que llevaba en mis brazos, porque seguramente yo era lo último en lo que pensaría. Había llorado por tres días, sin detenerse, y la había llevado a casa, en La Push, mientras me encargaba de tener todo acomodado. Las dejé a ella y a Leah en cama, con los bebés con ellas. Había escuchado cómo ella había hecho de todo para intentar ser normal… y fallando miserablemente. Charlie había sido incinerado, así que evitamos un espectáculo de funeral.

Le rezaba a Dios cada noche, para que me hiciera ser el hombre que necesitaba ser. Más tarde, me di cuenta que tal vez no había acertado, porque él me había respondido al enviarme retos que me educaron.

Las primeras semanas, lo hicimos lo mejor que pudimos, viviendo en hoteles semanales. Después, finalmente encontré un sótano en renta, y negocié con la mujer mayor sobre nosotros. Se quedó asombrada ante la tropa que venía conmigo y, por varios momentos, pensé que nos echaría. Pero, logré convencerla. Había costado un montón de trabajo gratis, sangre, sudor, lágrimas y suerte. De hecho, los bebés fueron la respuesta… eso y su admiración hacia una mujer ciega que acunaba a dos bebés, mientras Leah había sido aceptada para seguir en la escuela y yo encontraba un empleo.

La señora Slagle me engañó para que le contara nuestra historia y, como un idiota, lo hice. Lo siguiente que supe, fue que me había conseguido un empleo en Home Depot en el que solo trabajaba por las tardes y algunos fines de semana, y me obligaron a llenar una solicitud para la Universidad de Washington. Más tarde, supimos que ella había sido consejera de una preparatoria, quien trabajaba con jóvenes de alto riesgo. Éramos su proyecto de jubilación.

—Jacob, no hay razón para que no aproveches las becas para los Nativos Americanos, como Leah. Eres inteligente, incluso si intentas lucir como un enorme bulto.

Aún recuerdo cómo me golpeó la parte trasera de mi cabeza cuando me reí de ella. Mi "no puedo, porque tengo que ayudarle a Bella" se ganó otro.

—Mis nietos adoptivos estarán en mis manos capaces y las de Bella.

Con el paso de los meses, ocurrió un milagro. Al parecer, la pequeña cuenta de ahorros de Charlie no fue lo único que le había dejado a Bella. La expresión de nuestros rostros cuando el abogado nos informó del seguro de vida por un millón de dólares estaba grabada en mi cabeza. Siendo la mujer desinteresada que era, Bella estableció inmediatamente que era "nuestro" dinero, y eso había significado un mundo para todos. A pesar de que ahora teníamos dos casas que proveían nuestras necesidades, Leah y yo habíamos obtenido nuestro pregrado y título en leyes, y cuentas de ahorro que permitirían que los niños vayan a la escuela… seguiríamos siendo los tres niños perdidos de la señora Slagle. Seguía viendo a sus nietos al menos una vez a la semana y tomó el lugar de la madre de Bella y la mía.

Pero Bella… sin importar qué… sin importar la mierda con la que habíamos tenido que lidiar… nunca lloró. Y aún así, una hora en la presencia de él, y ella era un desastre.

Y Carlie… Santo Dios, ¿qué iba a hacer? Ella era mi nena, MI bebé. Me había quedado con ella cuando tuvo cólicos, caminando por los pisos cuando estaba dentando, había cuidado de ella y de Seth cuando habían tenido todas las rondas normales de enfermedades infantiles. Ella había venido conmigo con preguntas sobre su padre, sobre Dios, sobre por qué el hombre que había matado a su abuelo había estado bebiendo y conduciendo… por qué su padre había muerto en la guerra y por qué Dios había permitido que sucediera todo esto.

Había pasado por un infierno por Carlie y Bella, y lo haría de nuevo sin dudarlo. Era posesivo, un macho Alfa y, a veces, estúpidamente, pensé en el accidente de apenas hace unos día, protegí a mi familia. Mientras captaba los ojos asombrados de Leah a través del espejo retrovisor, juré que si él lastimaba a Bella, lo mataría. Literalmente, arrancar su cabello rojo y arrancarle la cabeza fuera de sus hombros.

N/A. Dedicado a mi propia señora Slagle, quien tomó a una niña perdida y le dijo que el mundo era suyo, para tomarlo… todo lo que necesitaba hacer era enfocarme a través del caos y saber que Dios se encargaría del resto.

Seth POV – Capítulo 7

Mientras dejaba la casa de la ti Bella y de Carlie, escuché a mi papá en la cochera y sabía que probablemente estaba retocando en algo del Jeep, así que fui a unirme a él. Me imaginé que necesitaba gritarle a alguien después de la junta. Tía Bella no se veía peor, así que esperaba que, tal vez, las cosas fueran bien entre nosotros y los Cullen. Honestamente, no sabía de qué iba todo este embrollo. Carlie había podido manejarlos, y sabía dónde estaba su lealtad, así que si ellos sobrepasaban sus límites, ella los mandaría callar con rapidez. Era mucho como su madre, la tía Bella, quien era la mujer más fuerte que había conocidos. Los Cullen se quedarían asombrados si pensaban que cualquiera de ellas iba a caer por ellos.

Tía Bella había sido ciega durante toda mi vida y la de Carlie, pero nunca dejó que eso fuera un impedimento. La única pelea en la que había estado involucrado fue cuando un chico en la escuela había hecho un comentario sobre ella. Carlie lo había escuchado y había venido a mí, molesta. Me aseguré de enfrentarme a él en el patio de la escuela, para que así no nos suspendieran, y le metí algo de sentido común. Entonces papá, por supuesto, supo que el chico estaba en mi equipo, así que tuvimos que correr unas vueltas extras para disciplinarnos. Tom y yo habíamos sido amigos, a pesar de la penosa experiencia… respetaba mis "abilidadez" para forjar un vínculo. Yo era el tranquilo del equipo y, por mucho tiempo, había sido una fuente de mucha especulación. Mi única pelea les había demostrado que podía derribar a cualquiera; y, después de eso, me han dejado solo desde entonces. Me sentí agradecido de todos los amigos de papá, quienes me enseñaron a pelear con el paso de los años. Tenían que recurrir a ello bastante… lidiar con el racismo con el que frecuentemente enfrentaban al ser Nativos Americanos. Me imagino que fue algo similar a lo que el abuelo y tía Bella tuvieron que lidiar.

La gente no entendía por qué mi tía Bella, con el dinero que había ganado por sus libros, no se hacía la cirugía para ver, si su visión podía ser restaurada. En una forma, la comprendía, porque la había escuchado hablar con el abuelo sobre eso. La gente la veía a ella y a mi abuelo como discapacitados, y decían la palabra "discapacitado" como si fuera una maldición. Ni el abuelo ni tía Bella veían sus vidas como limitadas, las veían ricas y realizadas. Claro, estaba seguro de que, si le daban la oportunidad, el abuelo cambiaría los efectos que la diabetes había destruido en su cuerpo, pero no era lo que le tocaba.

Sabía que tía Bella también había buscado la posibilidad de una cirugía. Era como que un secreto que ella y yo compartíamos. Sin querer, había escuchado la conversación que tuvo con un doctor, hace años… no mucho después de que obtuviera las regalías de su primer libro. Estaba en casa, enfermo, y tía Bella había cuidado de mí. Finalmente, obligándome a mí mismo a tomar una ducha, sus palabras me detuvieron en la parte superior de la escalera.

Solo escuché la mitad de la conversación, pero incluso con nueve años de edad, sabía que la persona al otro lado de la línea le había dado malas noticias.

—Así que, ahora no, pero quizá en un futuro, ¿cuando las técnicas se hayan mejorado? No… no, gracias… me ayuda saberlo. Sí, me quedaré con su nombre y su teléfono. Ya sabe dónde contactarme. Gracias.

Me arrastré de vuelta a mi habitación, pensando que había pasado desapercibido, pero cuando tía Bella subió por las escaleras, con mi almuerzo en la mano, reventó mi burbuja.

—Seth, lo que escuchaste, queda entre nosotros, ¿de acuerdo?

—Seguro, tía Bella.

Había sido nuestro secreto por muchos años, y me pregunté si siquiera había considerado la cirugía otra vez, pero nunca se lo preguntaría… no sentía que podría o debiera hacerlo.

—Hijo de… —maldijo mi papá, justo cuando pisé la cochera. Se detuvo a mitad de oración, sabiendo que mi mamá lo ahorcaría.

— ¿Quieres golpear el saco, en lugar de desquitar tu enojo en el Jeep? —propuse, y me reí cuando sacó la cabeza de un lado del capó para lanzarme una mirada. Entonces, sus ojos me veían cálidamente. Moviéndome hacia los estantes, me saqué los guantes.

Mi papá era un buen hombre. La mayoría de los chicos de mi edad se enganchaban por héroes del deporte o estrellas de rock, deseando ser como ellos, pero yo no. Adoraba el suelo por el que caminaban mis padres y mi tía. Quería ser como ellos. Aro ya me había dicho que me ayudaría a entrar a la escuela de leyes, y no prometía una universidad local. La Ivy (1) destacaba de todos los nombres que me había dado, pero rápidamente le dije que todo lo que quería hacer era una licenciatura, después resopló por mis "aspiraciones auto sacrificadas", pero siguió ofreciendo su ayuda. Me estaba casando con su nieta, después de todo… al menos en su mente.

— ¿Quieres ofensivo o defensivo? —preguntó papá. Sabía que él necesitaba golpear algo, así que elegí ser el saco de golpear.

Gruñó, mientras sus poderosos golpes al saco amenazaban con tumbarme. Seis pies y medio (2) de ira reprimida, enfocándose en el saco, mientras yo trataba de mantenerlo quieto. Al final, el sudor brotaba de nosotros antes de que terminara. Fue entonces cuando se sentó en la banca contra la pared y yo fui detrás de él.

—Seth, sé que no te lo digo lo suficiente, pero no podría sentirme más bendecido de haber tenido un mejor hijo. Te quiero —dijo suavemente, cepillando mi hombro con el suyo.

— ¡Igualmente, pa! —con lo cual él gruñó y yo sonreí.

— ¡Cachorro imprudente! —se mofó, de manera amenazante, pero sin rencor.

cachorro imprudente —le lancé de vuelta, por lo que puso su brazo alrededor de mis hombros—. ¿Estás bien?

— ¡Sip! —se giró y me sonrió—. Solo necesitaba soltar un poco de agresión. El pobre Jeep estaba recibiéndolo todo antes de que llegaras.

— ¿Estará bien? —miré hacia la víctima. Papá era un buen mecánico cuando no estaba enojado. Cuando lo estaba… hacía su trabajo dudosamente.

Soltó una risotada por mi pregunta. —Seh, solo estaba revisándole el aceite y el tubo que estaba caído. Traeré a Samantha hasta acá para que lo saque con sus bracitos.

Sonreí, sabiendo que eso "le caería muy bien a mi mamá". La última vez que Sam había gateado bajo el Jeep con mi papá, apareció dos horas después, y estaba sumamente feliz de haber aprendido algo, pero cubierta en aceite. Desafortunadamente, mi papá no prestó atención a lo que estaba usando, así que arruinó uno de sus mejores atuendos.

— ¿La tía Bella estará bien? —hice la pregunta que realmente quería saber.

—Lo estará, hijo, lo estará.

Dijo las palabras como si fueran un juramento sagrado, y sabía que, si mi papá se determinaba a asegurarse de que tía Bella estuviera bien… nada, debajo de Dios, haría alguna diferencia.

Aro POV – Capítulo 8

Cerrando el teléfono, busqué en el portafolio que llevaba y saqué la carta sellada que Carlisle había deslizado para mí sobre la mesa. El sobre estaba dirigido a Bella Swan, con una definitiva letra femenina. Como mis hermanos dicen a menudo, yo era un cabrón metiche y, sabiendo que, probablemente, la solución a todo este misterio estaba en mis manos, sellado contra mí, me estaba matando.

Solo había obtenido el acuerdo de Isabella para acompañarnos al retiro familiar de fin de semana, así que estaba determinado a conseguir que ella lo abriera. Me había dado permiso de negociar a su nombre cuando nos conocimos, así que, cuando se fue con Leah y Jacob, me tomé la libertad de usar ese derecho.

Mientras el chofer giraba hacia la saturada autopista, avanzando tranquilamente por el tráfico por nuestro camino a casa, sopesé el fiasco que estaba frente a mí.

Todo esto era un misterio, algo que no había resuelto aún y, a lo mejor consintiendo un poco en sus demandas, me permitiría evaluar sus reacciones. Por lo que sabía de mi hija, ella podía manejarlos. Su comentario sobre querer estar fuera cuando Edward recogiera a Carlie era justo lo que esperaba. Isabella Swan podía ser la hija biológica de Charlie Swan… un hombre que había aprendido que era confiable y sin comparación… pero ella era la hija de mi corazón. Con el paso de los años, le enseñé cómo lidiar con situaciones controversiales, y ella absorbió todo el conocimiento como una esponja. La había visto tratar con los hombres con los que "salía" con facilidad, manteniendo ese conocimiento como un secreto para Jacob y mi nieta. Nunca había encontrado a un hombre digno de su consideración, por lo tanto, ninguno de ellos había pasado de la primera ronda de cenas o películas.

Pero, nunca había visto la manera en que actuaba alrededor de Edward "Anthony" Cullen.

Hablando de Edward, el hombre lucía horrible. Incluso peor que la primera vez que había visto a los Cullen, hace tantos años, y eso ya era decir algo. Entonces, había estado encerrado en su coraza, roto por los eventos que había separado a su familia, lleno de culpa por cosas fuera de su control, pero aún así él conservaba el fuego suficiente como para soportar el caos legal que sobrevenía. Personalmente, y con cierto grado de apoyo, pensaba que había subido al estrado bastantes veces como para matar a la porquería que fulminaba con la mirada.

De cualquier forma, su apariencia ante mí hoy había sido el impulso que me llevó a mirar más profundamente en esta situación, en lugar de solo despachar a los Cullen inmediatamente. Se vía como un fantasma, un muerto andante.

Honestamente, no había sabido del hijo de Carlisle lejos de los artículos del periódico que a veces estaban en mi escritorio. Carlisle había sido una historia completamente diferente. Respetaba al hombre… inmensamente. Él y su novia habían pasado por un infierno, entre el fiasco por el cual habían solicitado mis servicios, la recuperación de Alice, y el camino de Edward hacia la destrucción en los años posteriores. Deduje que mi Isabella había sido el impulso de ese comportamiento auto destructivo, porque mi preciosa nieta había sido concebida durante el año que ellos volaron desde Seattle. Edward había sido un demonio cuando volvieron y, para ser honesto, pensé que Carlisle y Esme perderían al chico durante los años siguientes. Incluso yo respiré aliviado el día en que visité su casa y fui recibido por un demacrado chico de veintiún años… limpio por primera vez en años.

Sabía, gracias a Carlisle, que Edward había ido a la escuela de medicina y trabajaba desinteresadamente liderando el área de caridad de la corporación. Sabía que era un cirujano brillante, como su padre, pero que decidió pasar su tiempo trabajando pro bono en la sala de emergencias. Sabía que amaba a su familia inmensamente.

Pero… también sabía que eso cambiaba todo… mi lealtad hacia los Cullen… y mi respeto por Edward que había resurgido desde las cenizas del pasado… era que él había lastimado a mi hija y, posiblemente, incluso amenazado a mi nieta. Y con eso… eso cambiaba todo para mí. Él se convirtió en el Enemigo #1 de los Velathri, hasta que demostrara que podía ser nuevamente un amigo.

Golpeando el sobre contra mis labios, supe que la respuesta seguramente estaba dentro, pero amaba a mi hija demasiado como para romper su confianza. Permanecería cerrado hasta que ella me diera el permiso para saquear su secreto.


(1) Ivy League. Es la conferencia deportiva de la NCAA (Asociación Nacional Atlética Colegial) que se conforma por ocho universidades privadas al noreste de los Estados Unidos: Brown, Columbia, Cornell, Darthmouth College, Harvard, Pensilvania, Yale y Princeton.
(2) Seis pies y medio (6'5')
. Casi dos metros de altura, o uno noventa y ocho.

El próximo capítulo ya está listo y revisado por mis betas, así que actualizaré apenas tenga oportunidad de corregirlo.

Gracias por seguir leyendo. Me comprometo a no dejar colgada esta historia y a actualizar más seguido (ya tengo acceso a internet).

Saludos

Carla