Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia original de content1 y la traducción es mía.

Este capítulo no está revisado por mis betas. Sucede que hoy es mi cumpleaños (*se arroja confeti*) y quiero compartir esto con ustedes, así que no me pude contener. A partir del siguiente, ya estarán revisados. Espero que no se encuentren con demasiados horrores D:


Bella POV

La puerta estaba atascada y, honestamente, quise patearla con frustración, pero sabía que eso no me haría ningún bien. En serio, iba a hacer que Jake arreglara esa maldita cosa. Finalmente, sacudí la cerradura lo suficiente como para abrirla. El aire fresco de la casa me golpeó, y suspiré de placer. El fin de semana en el Sound había sido atípicamente caliente, y estaba feliz de estar en casa. Inclinándome, sentí el asa de la bolsa y me la colgué del hombro, entrando a mi santuario.

Escuchando un ruido en la parte de atrás de la casa, grité. — ¡Carlie!

El sonido en su habitación se detuvo, y sonreí cuando escuché que se abría la puerta de su habitación, sabiendo que vendría corriendo hacia mí. Dejando las llaves en la mesa de al lado, bajé mi bolsa hasta el piso y sonreí cuando escuché las pisadas frente a mí.

Estaba tan emocionada de estar en casa con ella que empecé a balbucear. —Estoy tan contenta de estar en casa, no te puedo decir cuánto. ¿Te divertiste? Dios, te extrañé. Dame un abrazo —solté en un lío ilegible.

Escuché un jadeo y, entonces…

—Bella —la voz aterciopelada me contestó, y me congelé.

¡NO! Intencionalmente, había llegado a su casa mucho antes de lo que ella me había dicho. Me golpeó en ese momento, la esencia del chico al que había amado, colándose en mí, mareándome. Di un par de pasos hacia atrás. Por el calor que irradiaba a mí alrededor, podía asegurar que me seguía.

— ¿Qué estás haciendo? —siseé.

—Asegurándome de que no te alejes de mí esta vez. Bella, no quiero imponerme ante ti, pero he hecho todo lo razonable para hablar contigo. Carlie fue a traer un martillo de la cochera de Jacob. Quiere que ponga unos estantes en su cuarto para unas cosas que trajo de mi casa. Por favor, solo unos cuantos minutos de tu tiempo, necesito desesperadamente hablar contigo.

Me moví hasta alcanzar la perilla de la puerta, y lo siguiente que noté fue el sonido de sus manos, golpeando la madera junto a mí. Me tomó entre sus brazos.

—Bella, no lo hagas —el sonido era como un gruñido, pero de alguna manera fue de manera suplicante también.

Mi corazón palpitó mientras me daba cuenta de que se estaba inclinando hacia mí… tan cerca… tan cerca. El vello de mis brazos se erizó por la adrenalina que corría por mi cuerpo. Encuadrando los hombros, alcé mi rostro hacia el sonido de su voz.

—No tenemos nada de qué hablar… —el chillido salió de mí y fue callado cuando sus labios capturaron los míos.

Todo se detuvo mientras las emociones, deseos y necesidades que había estado escondiendo por quince años corrían por mi cuerpo. Sus labios eran suaves, pero demandantes, justo como los recordaba. Se inclinó aún más para deslizar su lengua contra la mía, pidiendo permiso para entrar. ¡NO! Grité, pero mi traicionero cuerpo no escuchó. Escuché su gemido, mientras me abría ante él, y nos saboreábamos mutuamente por primera vez desde lo que había parecido una eternidad. Calor… pasión… lujuria… combinada hasta sentir al hombre, probándome, al hombre que le hacía el amor a mi boca. El placer estalló en mí mientras él me jalaba hacia él y nuestros cuerpos se tocaron. Estaba tan excitado como yo. Podía sentir la rígida longitud de su erección contra mi estómago… y una vez más, mi cuerpo traicionó a mi mente y a mis sentimientos. Cuando notó mi estremecimiento de placer contra él, colocó sus manos bajo mis brazos y me alzó, para que me montara a horcajadas contra la pierna que había colocado entre las mías. Entonces, me pegó contra la madera, con su pierna soportando el peso de mi cuerpo, y sus manos alrededor de mi cintura. Acercándome más, rastrilló mi centro palpitante contra él y capturó mi llanto de placer con su boca.

—Querido Dios… es justo como lo recordaba —murmuró contra la comisura de mis labios, frenéticamente, y después capturó nuevamente mi boca antes de que pudiera hablar.

Detenlo ahora, Bella… antes de que sea demasiado tarde. ¡No quieres esto! Mi cordura susurraba. ¡Cállate! El resto de mí gritó. Lo quiero… mi cuerpo sollozó y me retorcí en respuesta al recuerdo de tenerlo enterrado en mí, moviéndose lentamente y después con más dureza mientras el impulso entre nosotros crecía.

Maldito hombre… él sabía en qué estaba pensando y presionó su pierna contra mí en ese preciso momento. No pude evitarlo; gruñí contra él, buscando una liberación, mientras él movía sus manos desde mi cintura hasta acunar el peso ligero de mis senos. Un golpecito de su pulgar contra mis pezones, y gruñí contra su boca, finalmente siendo presa de mis deseos y moviendo mis manos por sus hombros hasta deslizar mis dedos por el cabello que quería jalar con pasión.

Gruñó por el tirón de mis dedos. —Amor, déjalo ir. Córrete para mí… estaré aquí para sostenerte —dijo gentilmente, mientras sus dedos apretaban los pezones, duros como roca, que había estado tocando. Meciendo su pierna contra mí, capturó mis labios mientras gritaba. Olas de intenso placer se dispararon de entre mis piernas, dejándome sin sentido mientras me alcanzaban, soltando súplicas y gimoteos. Justo cuando pensé que podía enfocarme, se movió gentilmente otra vez, animando a otra ronda de placer de mi parte.

—Bella, te amo, siempre quise… —su voz ronca me llamó, trayéndome de vuelta del estupor inducido por el orgasmo.

— ¡NO! —le grité, dándome cuenta de lo que había sucedido—. ¡NO! —mis brazos arremetieron, tratando de apartarlo de mí, solo para encontrar un espacio vacío. Me solté de las sábanas, jadeando por el esfuerzo.

Un sueño… solo un sueño. Una pesadilla, en realidad.

Mientras mi cuerpo palpitaba por las últimas olas de mi orgasmo, me estremecí, esperando que la privacidad de mi suite en la casa de Aro y Cia no alertara a nadie de mis gritos. Puse mis manos en mis ojos, para apartar las imágenes que había imaginado, y maldije frustrada mientras mi brazo cepillaba mis pezones como lo había hecho. Estaban sensibles, y la sensación de mi brazo había sido muy parecida a la de sus manos en mi fantasía.

Maldito sea… y todo lo que tenga que ver con él. No podía encontrar consuelo. Unas grandes olas de dolor llegaron, y me dejé caer en las almohadas, colocando una sobre mi boca para así poder gritar de ira. Dejando salir las emociones, pasé unos cuantos minutos acurrucada en mi cama, imaginando un castigo.

¿Por qué, lo que había sido una siesta reparadora, se convirtió en una dolorosa recreación de mi pasado? La ansiedad que sentí por la posibilidad de encontrarme con él cuando regresara a Carlie me hizo darme cuenta de que no era tan inmune como pensaba.

Un suave llamado a la puerta me trajo de regreso. —Entre —por supuesto, Cia me había escuchado.

—Te traje un paño y una compresa fría —la cama se movió mientras se sentaba, y después ella puso el paño en mi mano. Siguió con una compresa fría para los ojos.

—Túmbate y pon eso sobre tus ojos por unos minutos. Nuestros invitados para la cena llegarán pronto, y espero que te veas tan hermosa como siempre —sonaba tan dulce; su inglés había mejorado y ya solo se notaba un ligero rastro de su acento italiano.

Siguiendo sus órdenes, esperé, sabiendo que no sería capaz de retener lo que tenía en mente. Tomé la compresa y la coloqué sobre mis palpitantes y ciegos ojos.

—Supongo que ahora sé por qué has evitado a todos mis maravillosos sobrinos —y ahí estaba…

Reí, a pesar de que sonaba triste. —Cia, no hay nada entre el padre de Carlie y yo. Pero, tienes razón, él es el motivo por el cual no puedo confiar en nadie más. Quedé rota y dañada después de eso. Si no tuviera a Carlie, no tengo duda de que no hubiera sobrevivido.

Jadeó ante mis palabras.

—No te refieres a…

—Lo hago.

Dejó de hablar, pero sentí su agarre en mi mano y la apretó contra su pecho.

—Fueron días oscuros para mí, Cia. Perdí todo. Lo único a lo que tenía para aferrarme era ese bultito que crecía día a día —me detuve y tomé una profunda respiración—. Ya era un desastre en las relaciones, y ciertamente no iba confiar en otro hombre que no fuera Jacob para que estuviera cerca de ella. Él es su padre en todas las formas posibles, y no quiero arriesgarme a meter a cualquier otro hombre a su vida. Ningún otro la querrá de la manera en que lo hago, o que lo hace Jacob. No puedo soportar a un hombre que intente ser amable, si no puede darle su completo afecto.

—Isabella, no puedes saber eso. Cualquier hombre podría considerarse afortunado de tenerte y a esa preciosa niña —discutió.

—Fui una madre soltera, adolescente y ciega, que tuvo que dejar la escuela. Hasta que llegó el dinero de Charlie, estaba quebrada, viviendo del seguro médico y cupones de comida. Soy consciente de que no era un buen partido. Cuando el abogado me contactó por lo del seguro de vida de Charlie, fue literalmente un salvavidas en un barco que se hundía —alegué, señalando la obvia realidad.

—Isabella —dijo, pero se detuvo. Podía decir que estaba midiendo sus palabras, tratando de decirlas "correctamente"—. Es una muestra de que tu carácter no te hizo caer por la presión. Incluso entonces, estoy segura de que para todos era obvio quién eras. De todas formas, te doy la razón de que tal vez al principio no era buena idea tener una relación. Esa excusa se detuvo mucho antes de que Aro y yo te conociéramos. Alejabas a todos a tu alrededor —me acusó.

Solté una carcajada por el tono ofensivo en su voz. Estaba determinada a verme feliz, y feliz para ella era igual a estar casada y con hijos.

—Lo sé. Pero en ese entonces, estaba más interesada en mi carrera que en encontrar a alguien. Carlie estaba ocupada con la música y yo quería estar ahí para ella, porque me sentía culpable de empezar a viajar por la promoción de los libros. Mi vida se convirtió en una aventura por convertirme en la persona que siempre quise ser, no en encontrar a alguien. Contrario a lo que todos ustedes piensan, estoy completa sin un hombre. Sí, es bueno salir a citas, despejarme y disfrutar de la compañía masculina, pero, sinceramente, han sido muy pocos los que han llamado mi atención. Soy quisquillosa, lo sé, pero tengo algunos estándares que no son negociables.

—Ahora no tienes la excusa de que no tienes tiempo, ella es casi una mujer adulta —me di cuenta de que no cuestionó mis estándares.

—No exactamente, y quiero disfrutar el tiempo que me queda con ella. Ella y Seth se casarán y se irán a la universidad. Jake cree que será capaz de hacer que esperen, pero conozco el corazón de mi hija. Apenas es capaz de esperar a que termine la preparatoria antes de casarse con Seth… y, honestamente, me alegro por ello. Conozco el corazón de Seth también como el de ella.

— ¿Pretendes esperar cuatro años más antes de darte la oportunidad de enamorarte? —su voz empezaba a alzarse por la frustración.

—No dije eso…

Se aferró a la duda en mi voz y me interrumpió. —Bien. Félix estará aquí, pero me temo que ya sabes que él no es el indicado para ti… así que pongo mis esperanzas en Demetri. Te quiero en mi familia, Isabella. El hijo de Marcus es un buen hombre y también guapo. Es tan resbaladizo como tú acerca de asentarte y formar una familia. Son de la misma edad e igual de inteligentes. Ama los libros casi tanto como tú.

— ¡Cia! —grité, para atraer su atención—. ¡Detente! Por favor —reí—. Nada de hacer parejas, te lo ruego.

Resopló. —De acuerdo —soltó de forma poco elegante—. No haré nada para presionarte a ti o a nadie más, pero no voy a dejar de mejorar tu belleza y dejar que la naturaleza siga su curso. Es hora de vestirse. Te dejaré tu vestido y zapatos, y estaré de vuelta en un rato para ayudarte con tu peinado y maquillaje —la escuché moverse por el cuarto y el inconfundible sonido de las puertas del ropero, abriéndose.

—Creo que el verde esmeralda irá bien esta noche —murmuró, y escuché el sonido de la seda, siendo acicalada—. Estaré de vuelta en unos minutos.

Apostaba que ella ya estaba lista, su cabello elegantemente peinado y su maquillaje listo. Probablemente, solo iba a ponerse su atuendo formal. Los Velathri creían en lo pomposo e insistían en que nos vistiéramos de gala para sus cenas. Al principio, me volvía loca, pero ahora disfrutaba del ambiente. Dándome cuenta de que había perdido el tiempo por estar recordando, di un brinco y me encaminé hacia el baño para una ducha rápida. Pasé mi mano por los azulejos, en una apreciación táctil, antes de empezar a tallarme rápidamente. En pocos minutos, estaba seca y colocándome la ropa interior. Carlie se había encargado de empacar conjuntos de seda. Sabía que ella quería que Félix y yo "quedáramos", así que no me sorprendió. Llegando hasta el armario, sentí la seda, pero cuando examiné el vestido que tenía en mis manos, quise estrangular a Cia. El escote probablemente llegaba hasta mi ombligo.

¡Qué diablos! Razoné y me moví para desabrochar el sostén. Leah diría que estaba usando mis "bienes". No hay como el ahora para soltarse un poco.

Deslizándome en el vestido, arreglé el material lo mejor que pude mientras me sentaba en la cama para ponerme los zapatos. Una vez más, Cia había decidido torturarme… tacones. Todavía no los abrochaba cuando la puerta sonó nuevamente. Esta vez, no esperó, entró directamente.

—Hermosa —murmuró—. Si tuviera tu belleza natural, dejaría a Aro por un muchacho más joven.

Reí, sabiendo que esa era una de las mentiras más grandes que había escuchado. Ellos eran como almas gemelas o algo así. No me sorprendería si encontraran la manera de ser unas viejas almas que continuaran reencarnando en cuerpos jóvenes. Nunca había visto una relación más perfecta… bueno, aparte de… me detuve, sin querer pensar al respecto, pero me forcé a mi misma a decirlo, incapaz de ignorarlos completamente… Carlisle y Esme.

—Lo dudo. Amas a ese hombre demasiado como para negarle algo.

—Es una triste realidad, desafortunadamente —rio ante mi observación—. Creo que necesitas peinar tu cabello hacia atrás nada más, y solo un poco de maquillaje para iluminar todo —palmeó mi mano, mientras me sentaba en el peinador en el que ella me obligaba a sentarme.

Veinte minutos más tarde, después de peinar mi cabello lejos de mi rostro y de colocar una base ligera, sombra de ojos, rubor y rímel, me declaró lista.

—Lápiz labial —dijo, tendiéndome el tubo.

Lo coloqué, mientras sentía que ella chasqueaba la lengua a mi alrededor. Cuando el siguiente llamado a la puerta sonó, ella contestó por mí.

—Adelante… —seguido de un—, bueno, hola, guapo.

—Querida, no hay necesidad de adularme. Ya me tienes por completo. No conseguirás nada más con adularme —le respondió Aro.

Sonreí cuando lo escuché besar su mejilla, justo detrás de mí. Ella soltó una risita, como una chiquilla, y decidí molestarles un poco. —Podría ser ciega, pero todavía puedo escucharles.

— ¡Bah! Es una apretada, Bella. Sería un suertudo si consigo robarle un beso alrededor de ti.

Escuché el sonido de bisagras abriéndose. —Cia, te compré un collar, y me tomé la libertad de elegir uno para Isabella.

Cia jadeó y después escuché sus palabras. —Es perfecto.

Lo siguiente que supe fue que ella tenía mi mano entre las suyas y colocó un pesado pendiente con una fina cadena.

—Es perfecto. Era de la madre de Aro, y es una esmeralda con forma de gota. Irá precioso con tu vestido.

— ¿Aro? —pedí, mientras lo ponía en alto, y seguí sus instrucciones de apartar mi cabello para que pudiera asegurar la preciosa joya alrededor de mi cuello.

—Es para que te lo quedes, Isabella. Un regalo de mí para ti.

— ¡No! Yo…

Colocando sus manos en mis hombros, supe que me estaba mirando en el espejo y mis palabras se detuvieron.

—Permíteme este placer. Cia y yo nunca tuvimos hijos, y si deseo mimarte como mi hija suplente, que así sea.

Se negó a escuchar nada más y se inclinó para tomar mi mano. Cia y yo caminamos con él hacia la parte principal de la casa. La familia siempre utilizaba la casa de Cia como punto de reunión, sin importar que estuviera en el Sound o en Seattle. Como el mayor, era considerado inconscientemente como el líder. Podíamos escuchar las voces, alzándose en "discusión" mucho antes de llegar a la puerta. Cuando Aro abrió las puertas frente a nosotros, que nos guiaban hacia el patio, podías escuchar lo que se dice "un alfiler que cae".

— ¡ISABELLA! —gritaron varias voces, causando una ráfaga de fuego italiano. Había estado tomando lecciones, como lo había pedido Aro, pero ahora apenas era capaz de seguirles el ritmo. Sin embargo, capté varios "ella es mía".

—Como el más guapo del grupo, reclamo a Bella como mía —exclamó Marco, a mi lado, y reí cuando removió los brazos de Aro que estaban a mi alrededor para colocarme en su abrazo—. Didyme me dejó, querida, así que ahora puedo pervertirte a ti —dijo, seductoramente.

—Fue a recoger a tu hijo, ¿verdad? —noté.

—Sí, pero no arruines mi historia, Bella. Suena mucho mejor como yo lo cuento, e intento ganarme el voto de simpatía —dijo suavemente—. No regresarán hasta mucho más tarde, así que, ¿me harías el honor? —rogó.

—Tenlo por seguro.

La cena fue tan amena como las otras que había pasado junto a su enorme familia. Cia ya la había descrito para mí. El enorme patio estaba cercado por sus viviendas colectivas, con una piscina junto al área para comer. Podía oler la citronela en las velas y escuchar el chisporroteo de la fogata. Las casas no estaban muy lejos de la orilla del agua, y podía oler la brisa en el aire que flotaba cálidamente a nuestro alrededor.

Los gemelos de Cayo, Jane y Alec, estaban presentes, al igual que Afton, y supimos que la familia de Alec estaba a punto de recibir a un nuevo miembro. Chelsea y él estaban esperando a su tercer hijo la siguiente primavera. Cayo y Dora ya besaban el suelo por donde pasaban el pequeño Michael y Laurent. Alec le dijo al grupo que quería una niña esta vez, lo cual llevó a una discusión alrededor de Jane. Pobre chica. La hostigaban tanto como a mí por estar soltera. Ella terminó una carrera primero, y aunque sabía que Cayo estaba extremadamente orgulloso de ella, estaba determinado a que le diera un nieto, pronto. Pasé un montón de tiempo con Jane, siendo la chica soltera del grupo, y sospechaba que se estaba escondiendo de la familia. Apostaba a que su trabajo en el FBI era más que solo una típica agente. Para establecerse con un marido, necesitaría a un hombre fuerte para hacerlo. De pronto, una imagen de Félix pasó por mi mente y me llegó el sentido de la rectitud. Con esa idea, la ansiedad que había sentido por hablar con él se desvaneció y me sentí repentinamente agradecida de que nada haya ocurrido entre nosotros más que unos cuantos besos.

—Estás sonriendo como el gato Cheshire —notó Marco, junto a mí—. ¿Te importaría compartirlo?

Me incliné hacia él y coloqué mi mano sobre su hombro para guiarme y susurrarle.

—Estaba pensando en que Félix sería la persona perfecta para presentarle a Jane. Nunca se han conocido, ¿verdad?

—No —su voz bajó suavemente—. Uhm… creo que puedes tener razón en eso. Isabella, estás destinada a ser la esposa de un Velathri… mírate… estás de entrometida y de casamentera.

Solté una carcajada y pude sentir que los soplos de aire removían su largo cabello. Aro trató de averiguar qué había sido tan divertido, pero Marco lidió con él.

—Isabella y yo estamos coqueteando. Métete en tus asuntos, anciano.

Eso inició un enérgico debate. Aro era el mayor, seguido por Marco, y Cayo era el bebé por más de diez años. Aro y Marco molestaban a Cayo de ser hijo del lechero. Mientras Aro y Marco tenían la imagen tradicional italiana, con cabello y ojos negros como la tinta, el cabello de Cayo era tan rubio que parecía casi blanco. Cia me contó que era como mirar polos opuestos. Lo eran de cierta manera. Aro era serio y enfocado en los negocios. No hacía nada que no le hiciera conseguir algo a cambio. Cayo era brillante, pero despreocupado. Probablemente, se tomaría el día libre si no tuviera trabajo, que iba a la oficina para no hacer más que "girar sus pulgares". Volvía loco a Aro. Marco era una buena combinación de los dos, pero era quien estaba tan enamorado de su esposa que les dejaba el camino libre para hacer las transacciones de negocios. Cayo era conocido por decir que Demetri tenía que ser de alguien más y que Marco era impotente. "Por la cantidad de tiempo que Mae y tú pasaban y siguen pasando en la habitación, deberían haber engendrado una docena de niños para ahora".

El tiempo que pasaban como familia contrastaba directamente con la imagen pública. Los hermanos Velathri eran temidos, y sospechaba que por buenas razones. No era ingenua. Sospechaba todo tipo de malos negocios con esta familia.

—Aquí, Bella. Prueba este vino que compró Aro y dime qué piensas. Tenemos la oportunidad de comprar la cava, y quiero una opinión imparcial —dijo Cayo, detrás de mí, colocando una copa en mi mano. Se inclinó para hablarme suavemente—. Dile que es bueno, porque planeo retirarme y administrar la bodega si la obtenemos.

—Déjala en paz y regresa con Dora, Cayo. ¡Ella es mi cita esta noche! —le siseó Marco, ganándose una ronda de risitas de su hermano menor.

El vino era demasiado bueno, y porque estaba con amigos, bebí un poco demasiado. Por lo tanto, estaba soltando risitas histéricas, mientras Aro caminaba conmigo de vuelta a mi cuarto, más tarde.

—Creo que deberías comprar esa cava, Aro.

Soltó una risita.

—Espero que sigas pensando eso en la mañana —se quedó atípicamente quieto por un momento, mientras caminábamos por la calzada. Finalmente, soltó una exhalación—. Isabella, no se me escapó el hecho de que evitaste mis preguntas de camino hacia acá. Ante de que termine el fin de semana, tengo intención de conocer tu historia con los Cullen. Me ayudaría a planear de acuerdo a ella.

Gruñí, con la intención de hacerlo sonar atemorizante, pero en realidad salió como algo ridículo. Rio suavemente en respuesta.

—Debes de saber que Carlisle y yo tenemos historia.

Tiré de él por su pequeña confesión. No fue difícil de hacer, porque estaba borracha. No había razón para negarlo. Atrapó mis hombros para estabilizarme.

—Siempre le he tenido el más alto respeto. Temo que mi percepción pudiera cambiar después de tu revelación. Sin embargo, debo saber, y ya lidiaré con él en consecuencia —su tono tenía un deje de amenaza—. Tú y yo todavía necesitamos leer la notificación que me hicieron llegar.

No tenía deseos de saber qué contenía esa carta.

—Quémala. Para lo que me importa —gruñí e inmediatamente me tambalee, solo para ser atrapada en sus capaces brazos. Empecé a reír, sin poder evitarlo—. Siempre mi protector… ¿quieres verme lavándome los dientes y lavándome la cara, para no caerme en el baño? —lo molesté.

—De hecho, creo que lo haré —gruñó cuando tropecé de nuevo.

Y así lo hizo, hasta que amenacé con desvestirme delante de él, fue entonces que corrió como gato escaldado. Lo último que recuerdo, mientras reposaba mi mejilla contra la almohada, fue que nunca me explicó cómo conoció a Carlisle.

Una calidez me envolvió, filtrándose hasta mis huesos, y me revolví contra el pecho musculoso que se presionaba contra mi espalda. Un pesado brazo cruzaba mi cintura, y una mano acunaba mi pecho gentilmente. Mientras mi pezón se endurecía bajo la suave presión, su aliento se movió por mi cuello, erizando los cabellos que había ahí de manera seductora. El placer recorrió mi piel y me retorcí contra él con necesidad. Su erección se presionaba contra las mejillas de mi trasero, y sentí la espesa humedad mientras mi cuerpo rogaba por él. Gruñendo, quise girarme y presionarme contra él, y así lo hice.

¿Acaso los sueños no eran para eso…?

Gemí con apreciación cuando él se giró y presionó su cuerpo contra el mío; alineando mi adolorido sexo directamente con su larga polla. Jadeé por el contacto, y él tomó la oportunidad para conectar nuestros labios. Mis manos encontraron su camino rumbo a su cabello, y enredé mis dedos entre los mechones cortos.

Espera… mechones cortos… sus labios parecían diferentes… y el sabor de su boca también, más condimentada de alguna manera.

Entonces, me golpeó. Esto no era un sueño. Estaba en la cama con alguien.

¡¿QUÉ DIABLOS PASÓ ANOCHE?!

No se me pasó de largo que ese alguien era un malditamente buen besador y que su cuerpo encajaba perfectamente con el mío, justo como…

La realidad lo golpeó al mismo tiempo y apartó sus labios de mí.

— ¿Qué…?

Por supuesto, con mi suerte, la puerta de mi habitación se abrió en ese preciso momento, y escuché el jadeo de Cia.

— ¡¿Qué estás haciendo aquí?!

El murmullo del "CARAJO" que dijo y mi "MIERDA" se mezclaron.


¡Chan chaaan! ¿Quién creen que sea ese hombre misterioso?

Nos vemos en el siguiente capítulo :D

Besos ;)