Las vacaciones se me están por terminar, y he decidido disfrutar mis últimos días de libertad escribiendo a más no poder :P. Así que quise crear una colección de mini historias SasuSaku (la pareja de mis amores). Son fumadas hechas en mi tiempo libre, que iré subiendo a medida que pueda jaja. Espero que les guste!


Disclaimer: Naruto (c) Masashi Kishimoto.

Título: La dualidad presente en todas las cosas.

Sinopsis: ...O de cómo dos fuerzas totalmente opuestas no dejan de encontrarse en ellos dos.


Comenzó una noche, como cualquier otra, sin nada especial más que la soledad y un trago de alcohol. Al día siguiente reconocieron el error, e hicieron la muda promesa de no mencionar lo que sucedió aquella noche nunca más. Y no repetirlo— eso por sobre todo.

Lo primero fue cumplido con insultante facilidad. Lo segundo, fue mandado a la mierda por ambos a la tercera vez que se vieron.

Era sin compromiso. Sakura comprendía que él deseaba su cuerpo, y Sasuke era consiente que la mujer que lo complacía había madurado. Era sencillo...

... hasta que dejó de serlo.

Ella sabía que no debía dejarse llevar por aquel sentimiento que la ataba de manera permanente a cada cosa que él hacía. Sasuke Uchiha la arrastraba junto a él al fondo, y no hacía nada para impedirlo. Simplemente dejaba que él hiciera lo que se le plazca. Y todo se volvía un sin fin de sonidos ahogados, pieles sudorosas y borrones de imágenes húmedas. La situación llegaba al límite de lo ilógico, de lo vil. Sakura sentía un placer insano en irse a la madrugada, dejándolo sólo con la compañía del amanecer.

Y él se vengaba—su vida entera era la venganza.

La tomaba sin cuidado, sin cariño.

Exigente—la castigaba.

Y ella, muy dentro suyo, sabía que se lo merecía. Por no querer leer cada gesto de él, por negarse a reconocer la verdad que gritaban sus ojos negros pero que no pronunciaba su boca. Por ignorar el abrazo masculino que le rodeaba la cintura cuando compartían lecho y que le imploraba en silencio que se quedara hasta la mañana. Pero ella también quería su propia venganza. Que él conociera la frustración, la ira, los celos, el rencor. Que la quemara de odio y deseo con la mirada. Que sus caricias fueran rudas y delicadas. Anhelaba más que nada esa maraña de contradicciones en que se transformaba Sasuke cuando ella entraba en escena.

"Justicia divina... karma... yo lo llamo: recibe lo que cosechas" Ese era su lema.

Y no, no había dejado de amarlo. Nunca, en ningún momento. Jamás lo haría. Porque cada vez se hacía más difícil no derretirse ante una mirada o no rendirse al abrazo nocturno. Caía, cada vez más profundo. Atada a él, atrapada por alguna especie de magia.

Se destruían el uno al otro, Sakura encerrada en aquella cárcel de obstinación, dispuesta a sacrificar su felicidad—la de ambos, sólo para lograr un imposible. Sasuke, cubierto de un caparazón de orgullo, sabiendo que la perdía por no confesar aquel sentimiento que ya casi dolía en cada parte de su cuerpo.

Eran dos fuerzas contradictorias consumiéndose una a otra. Entendiéndose a la perfección con sus cuerpos—en una sincronía casi mecánica. Pero con deseos en el corazón tan distintos, tan dañinos con el otro, que al final del día ella sólo se sentía vacía y él, perdido.

Tanto tiempo había pasado desde que comenzaron aquella lucha de voluntades, que ninguno se dio cuenta como la energía fluía de otra manera entre ambos. Como Sasuke se las arreglaba cada día para hacer su abrazo más fuerte, por poner más afecto y menos dureza en cada caricia, por suavizar su mirada a tal punto de hacerla brillar como lo hizo una vez de niño. No hubo confesión, jamás habló de lo que le pasaba en su interior ni dijo las dos palabras que Sakura moría por escuchar. Pero creía que el pedirle de manera directa que se quedara hasta la mañana con él hablaba por sí solo.

Sakura siempre encontraba la manera de estar a un lado del moreno cada vez que se veían, se iba de la cama de él cada día un minuto más tarde. Se le había escapado más de una vez que lo amaba, y le preparaba la cena antes de terminar enfrascados en la sabana. No quiso reconocer los gestos de él, y seguía en su firme posición de creerse libre e independiente hasta que Sasuke diga las dos malditas palabras de una vez.

Mas había accedido a quedarse hasta el otro día cuando él se lo había pedido. Y así el otro, y el otro, y el otro día. Hasta que quedó establecido como una rutina.

Porque ambos eran fuerzas contradictorias, que se destruían y consumían al mismo tiempo.

Pero por sobretodo, que se necesitaban.