Hola!

Disculpen la demora, tengo el permiso de mi Beta...este capítulo está sin betear, cuando tenga el beteado sera reemplazado!

Gracias a Eve por ser una parte importante y un gran apoyo.


CAPITULO ONCE: OSCURIDAD

"Amar y sufrir es, a la larga, la única forma de vivir con plenitud y dignidad."

Tan pronto ingresamos al salón Emmett se separó de mi lado.

Camine en dirección al bar, estaba por tomar una copa cuando algo capturo mi atención, o mejor dicho alguien. Camine firmemente hasta llegar a ella —Hola— susurre consiguiendo que volteara. Mis ojos se trabaron en ella, sentí el mundo detenerse, sus ojos; eran…sentí el aire se me estaba acabando, mis ojos no se apartaban de su cara, era hermosa y sus ojos me recordaban a ella, pero eso no era posible.

¿Pero…? Sus ojos, su cabello, ¡vamos hay miles de kilómetros de distancia!

Me concentre en esta chica, nunca había sentido nada parecido a lo que estaba viviendo, mi cuerpo estaba despertando en estos momentos, su cuerpo enmarcado en hermosas curvas, su vestido dejando entrever las piernas tan blancas como la leche, tan perfecta para deleitar. Mi libido surgió tal efecto pues era la primera vez que una mujer lograba despertar tal deseo en mí, así de fuerte, algo tenía que mis manos morían por tocarla.

El color azul le sentaba muy bien era guapísima en ese vestido, mostraba sus piernas lo justo y necesario para embelesarme, esos hermosos tacones lucían de maravilla en ella. Sus pechos resaltaban sin llegar a convertirse en una exhibicionista, era perfecta.

Hola—contesto tímidamente.

¿Te apetecería platicar conmigo? —le pregunte con mis ojos ardiendo por ella, quería saber más de esta preciosidad, lo quería todo.

Ella se quedó en silencio, pensé por un momento que iba a rechazarme, y si lo hace ¿qué más da?, pensé. No es la única mujer en este mundo.

Pero si la única, que me había cautivado con su belleza, era tímida, como si fuera su primera vez aventurándose en estos lugares y creo que lo era, si ella hubiera venido con anterioridad yo la hubiera notado.

Sonreí estirando mi mano para saludarla—Mi nombre es Anthony— era mejor presentarse para hacerla sentir más cómoda.

Isabella—me contesto tomando mi mano, al instante en que lo hizo sentí mi cuerpo sacudirse como si una corriente de electricidad hubiera pasado por nuestros cuerpos. Fije mi vista en ella sus ojos lucían confundidos al igual que los míos, ambos nos soltamos sin dejar de mirarnos.

¿Qué mierdas había sido eso? ¿Estaba quedándome loco?

Dijo Isabella, ella se llamaba Isabella.

¿Bella podría ser el diminutivo de Isabella? Como también lo seria de Sabela, Isabelina, Isabel.

Deje de darle vueltas al asunto, Isabella podría ser un sobrenombre, como yo elegí Anthony, mi segundo nombre. Quien me garantiza que ella se llame así, nadie.

¿Enserio crees que ella estaría aquí?

No.

Ella era una niña bien educada, ahora sería toda una mujer, jamás pisaría un lugar como este, ella no se mezclaría en estas cosas. Ella estaría soltera o tendría novio, prometido o probablemente se hubiera casado, tal vez hasta hijos tendría, el solo imaginarlo me dolió, así que lo encerré de nuevo.

¿No te había visto antes por aquí? —pregunte mientras la guiaba hacia un lugar más cómodo.

Es la primera vez que vengo. —explico mientras caminábamos hacia una mesa con dos sillas.

¡Vaya! Pues me alegra ser el primero en conocerte. —dibuje una media sonrisa, porque el hecho era verídico, desde que mis ojos se posaron en los suyos intuí que ella era diferente, sus ojos eran tan expresivos y sinceros que me perturbaban de diferentes maneras. Tendí mi mano para ayudarla a sentarse y otra vez me estremecí con el toque.

¿Qué carajos? Por qué me pasaba esto con ella, solo con ella. ¿También lo sentiría? O solo yo y mi imaginación. Refrene mis preguntas para más tarde, ya averiguaría que es lo que me pasaba.

¿Te apetece beber algo? —le susurre al oído acortando la distancia, necesitaba llenarme de su aroma, era simplemente exquisito.

Mmm… Yo no suelo beber. —contesto mirándome fijamente.

Pediré algo ligero, te aseguro que lo disfrutarás. —Agite mi mano y enseguida apareció un mesero—. Quiero un whisky en las rocas y un Cosmopolitan para la dama, por favor. —El asintió y fue por nuestras bebidas.

Entonces… ¿estás aquí para conocer gente o planeas algo más? —mi mirada estaba fijamente en ella, no tenía intención de mirar a nadie más, esta noche era solo para ella.

Sí…— me contesto un poco nerviosa. Tranquila pensé, conmigo estas a salvo.

Disculpen. —El mesero nos interrumpió—. Sus bebidas. —Saque de mi billetera un billete de cien dólares y se los tendí, el mesero me dio las gracias y se retiró.

¿Me decías? —Acaricie su mano, su piel era suave, se sentía tan bien entre mis dedos, moría por tocarla toda, cada parte de su cuerpo en mis manos, sería mi mayor placer. Pero a la vez quería que supiera que todo estaba bien, yo era seguro.

Me estaba comportando como un marica, ¿desde cuándo la necesidad de protegerla había surgido?

Estoy aquí para pasarla bien. —contesto muy segura. Aunque aprecie sus mejillas ruborizarse un poco, eso me pareció algo hermoso en ella—. ¿Quieres pasarla bien conmigo? — me quede en shock, por un segundo cuando me pregunto eso. Mis ojos ardieron de deseo al pensar en la fierecilla que había por descubrir. Una sonrisa ladina se asomó en sus labios. El deseo ganaba por sobre todo.

Me encantaría —susurre cerca de su cuello. No podía postergar el momento por más tiempo, necesitaba estar con ella a solas, ¡ya!—. ¿Quieres ir a una habitación? —pregunte acariciando su cuello esta vez, esperando ansiosamente su respuesta, sin demostrar emociones que pudieran acabar conmigo.

Hace mucho tiempo había aprendido a disfrazar bien mis emociones, y eso me había ayudado a sobrevivir. Ahora llegaba esta chica y me conmocionaba en un solo instante.

Sus ojos me observaron varios segundos antes de hablar—si— contesto. Dos palabras, una letra que desencadenaría lo que por muchos años retuve y no deje salir.

No dude ni un segundo, tome su mano y la conduje a recepción para pedir una habitación. Pague y me entregaron la tarjeta de la cabaña, admito que esta nunca la había usado, nos detuvimos en la numero cinco, igual a todas las demás.

Las habitaciones eran idénticas, cada una de ellas, sin embargo esta marcaría el principio de muchas cosas. Observe a Isabella recorrer con sus ojos la habitación, absorbiendo todo lo que imagine era nuevo para ella. Baje la iluminación y me acerque a ella tomándola por la cintura —te deseo— susurre sobre su oído— ¿me deseas Isabella? —pregunte con voz sensual y atrayente.

Ella no respondió por lo que empecé a darle pequeños besos en su cuello, mis labios presionados sobre mi piel, envolviéndome de su aroma, era alucinante. Seguí con la tortura dejando besos sobre su hombro, posicione mis manos sobre sus pechos, eran perfectos.

Mmm… No respondiste, Isabella. —Ella estaba disfrutando de mis caricias, tanto como yo de sus gestos—. ¿Me deseas? —susurre cerca de mis labios.

Si, si te deseo… pero antes tienes que saber algo. —titubeo.

Detuve mis movimientos—Te escucho. —concentre mi mirada en ella, tratando de leer sus expresiones a través de sus ojos.

La primera… Soy… Soy virgen. — ¡vaya! Esa confección si me dejo mudo, es decir, ella es inocente, tímida, pero jamás imagine que tan inocente pudiera ser. No deje que ninguna expresión cruzara por mi cara. Pero mi cabeza esa era otra cosa. Virgen, pura, yo no la merecía eso sin duda era totalmente cierto.

¡Huye! Le grito una voz en mi cabeza, huye.

Puse una mano por mi cabello, con mis ojos puestos en ella, no era bueno, ni un santo, quería ser egoísta, mi deseo por ella incremento ante su confesión, el primer hombre en su vida, yo, el animal primitivo que habitaba en mí estaba rebosante de alegría, ella iba ser mía y ya me encargaría yo que de nadie más. Pero antes tenía que darle una última oportunidad — ¿Estás segura de querer perder tu virginidad conmigo? — era la joven más hermosa que había visto hasta el día de hoy, pero sus ojos hacían que hiciera lo correcto a pesar de mi lado egoísta, una vez más podría elegir alejarse, al menos eso le concedería, porque si decía que sí, ella estaría condenada a mi mundo.

Y cuanto contesto—Sí — ella ya estaba perdida. Casi rio cuando me dio sus condiciones, como dije una chica única, cuando menciono nada de besos, me confundió unos segundos, porque eso era lo que yo no estaba dispuesto a darle, bese una vez en la vida y así se quedarían mis labios con su sabor, no había cabida para algunos otros. Los besos conllevaban a situaciones en los que ambos podíamos salir perjudicábamos si nos enganchábamos más el uno con el otro. Le explique que esa era mi única condición y que a lo que veíamos era a divertirnos, sexo, placer, nada más que eso.

Su ceño se frunció y sus mejillas se encendieron cuando volví a preguntarle si estaba dispuesta a perder la virginidad conmigo, verla enojada fue todo un placer que volvería a repetir.

No le di tiempo a protestar, acorte la distancia y mis labios presionaron sus cuello —Ahora me gusta follar duro, fuerte… mandar, moldear a la persona, complacerme y complacerla. —Acerque sus labios a los míos, pero sin tocarlos—. Una vez que entras a mi mundo ya no sales. — al menos hasta que yo no lo quiera, sonreí victorioso, al verla estremecerse.

Quiero entrar a tu mundo. — musito respirando entrecortadamente.

Esa es la respuesta que quería escuchar. —le dije mientras la dirigía a la cama, la desvestí con delicadeza, gruñendo cuando descubrí el juego de lencería que llevaba debajo de ese vestido. La lujuria estaba inyectada en mis ojos, el deseo era abrazador, la recosté quitándole el sostén, deleitándome con sus dos hermosos manjares —Eres preciosa y tu olor me está volviendo loco… voy a probar de ti hasta saciarme.

Perderme entre sus pliegues es lo más exquisito que había hecho en mi vida, las demás mujeres se borraron de mi mente, sus recuerdos se extinguieron, ahora solo estaba Isabella y eso me asustaba como el demonio.

Jamás me cansaría de ella, eso estaba más que decidido, mi nombre saliendo de sus labios me excitaba a tal grado que necesitaba urgentemente hundirme en ella, necesitaba sentirla y rodearme por su calor. Y cuando le ordene que se dejara llevar, bebí de su esencia como desesperado.

Quede sorprendido cuando empezó a desvestirme, jugando a seducirme, admirando mi cuerpo, enorgulleciéndome. Y cuando tomo mi miembro entre su boca, me creí perdido, gemidos rebosantes de placer, gruñidos pidiendo clemencia. Estuve a punto de perderme, pero me refrene. Use un poco de su fuerza separándome de ella, jadeando y logrando recuperar su respiración. —Así no es como quiero venirme. —Succione sus pezones como si fueran caramelos—. Quiero enterrarme profundo en ti. Pero necesito saber si estás tomando anticonceptivos o debo protegernos.

Sabía que ambos estábamos limpios, pero por nada del mundo quería traer un hijo al mundo. Y menos en estas condiciones. Y no sé por qué demonios le dije si necesitábamos protegernos, yo siempre forraba mi miembro con un condón, porque a ella le daba la oportunidad a elegir.

Por qué moría por sentirla libre, piel con piel sin obstáculos, sin barreras.

Sería la primera vez para ambos.

No quería que nada se interpusiera.

Tomo la píldora —balbuceo—. No quiero ningún tipo de compromiso.

Levante mi rostro y me le quede mirándole, se veía tan intrigante con ese antifaz cubriendo sus ojos. Pero hay estaban preciosos ojos chocolates, sinceros y castos. Asentí de acuerdo con ella, yo tampoco quería compromisos.

Mis ojos jamás dejaron de mantener contacto con los de ella, mi miembro habría camino a su entrada reconociéndolo, adaptándose a ella, era tan estrecha y apretada, me concentre en relajarme y mantenerme sereno para no causarle dolor. Una vez que no podía postergar más lo inevitable y la sentí tranquila de un solo movimiento entre en ella.

Mis movimientos eran lentos mientras ella se adaptaba a mi miembro, entraba y salía de ella una y otra vez, maravillándome por su estrecha cavidad, nuestros cuerpos parecían reconocerse, bese cada parte de su cuerpo, mientras ella trazaba con sus dedos sobre mi cuerpo.

Nuestros meneos aumentaron, me entregue a ello disfrutando todo lo que su cuerpo me brindaba, sus gestos estaban grabados en mi memoria, sus paredes se contrajeron apretándome llevándome con ella al orgasmo, gemí su nombre enterrándome con fuerza mientras mi liberación llegaba.

Y por primera vez en mucho tiempo me sentí en casa.

¿Quién era Isabella? ¿Quién era que había despertado sentimientos que creía enterrados?

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Después de ese día nada volvió hacer normal, mi concentración estaba fallando, en algunas ocasiones mientras trabajaba la imagen de Isabella llega a mí, sus gestos, sus ojos, todo de ella me atraía, era como una droga que empezaba a consumirme.

Y cuando la volví a ver en brazos de ese idiota, un rubio desabrido apunto de besarla, rugí de ira, quería matarlo a golpes por tocar algo que era mío por que ella había accedido a entrar a mi mundo, me pertenecía. Y cuando estuvimos solos le deje bien claro lo que pensaba de ese tarado y los que vinieran, yo era el único que iba a conocer cada punto de su cuerpo, nadie más, nadie.

Y no me sorprendió cuando me reclamo como suyo, es que acaso no sabía que desde que mis ojos se posaron en ella, todo lo demás había dejado de existir.

Y nuestros ojos se encontraron, sus orbes chocolate había sido remplazadas por el negro, cargado de infinito deseo. Y en los míos figuraba lo mismo. Era una pequeña bruja que me había cautivado y se lo hice saber susurrándoselo en italiano, una de los tantos idiomas que había aprendido mientras estudiaba.

Y su teléfono sonó, la observe detenidamente como fiel espectador. Una vez que colgó termino dejándome solo por un asunto que se le presento. La deje ir asegurándome de que la volvería haber.

Una vez que me cambie, salí de la cabaña pensando en lo que me estaba pasando, pero mis pensamientos fueron interrumpidos cuando una fuerza jalo mi atención a un pasillo, del otro lado de la estancia se encontraba Isabella y su amiguito Jasper, si mis ojos fueran láser, el habría dejado de existir desde este mismo momento.

Una última mirada a Isabella recordándole una promesa que le había hecho esa noche, solo yo, nadie más.

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Y la siguiente vez que la vi el caos se desato; la interrogue, acorrale, estaba enfadado con ella por permitir que ese idiota la tocara, estaba fuera de sí, la torture sensualmente hasta llevarla al límite, la hice necesitarme y desearme más que a otra cosa, solo me sentí seguro cuando me aseguro que era un amigo y le creí, porque sus ojos no mentían y si alguna vez lo hacían sería el primero en saberlo.

Y desde ese día algo cambio, ya no era solo sexo, ni deseo. Quise saber más de ella, cada minuto que compartíamos juntos lo aprovechábamos, ella parecía estar a gusto conmigo, lo sentía en la formaba que me miraba, en la forma que sus manos acariciaban mi cuerpo, algo estaba cambiando y no parecíamos ser conscientes de ello, ni de que era, ni a donde nos estaría llevando.

A veces quería con ansias retirar su antifaz y observar por completo el rostro que ocultaba, pero como ella me recordó iba contra las reglas y no podíamos desobedecerlas o ambos estaríamos expulsados, ¿que si después de vernos cara a cara ella no querría más esto? Eso implicaba que cabía la posibilidad de nunca volverla a ver. Y no estaba dispuesto, ni listo para ello.

Grave todo lo que me conto tenía veintidós años, le gustaba el color verde, su comida favorita era la mexicana, su pasatiempo favorito era leer. Era una chica única. Jamás había conocido a nadie así, todo de ella me atraía.

Una vez cuando nos despedíamos beso mi mejilla, me deje atónito, clavado en mi sitio, sus cálidos labios impregnados de su aroma. Como dije Isabella siempre me sorprendía.

31 de Octubre del 2009

En esta fecha debíamos ir vestidos acorde a la festividad que realizaba, escogí un simple traje de pirata, cuando entre al salón, busque a Isabella, encontrándola con una rubia vestida de diabla a quien ya había visto anteriormente junto a ella. Me acerque saludándolas y me sorprendió saber que ella sabía mi nombre. Les comente que estaban hermosas y era verdad, pero más ella lucía un traje de pirata ¿coincidencias de la vida? Tal vez.

Esa noche le presente a dos amigos Seth y Leah a quienes había encontrado hace un año y con quienes me gustaba reunirme, tenían buenas platicas y no eran persistentes, ambos eran hermanos y venían a divertirse. Aunque como siempre Seth no pudo mantener su boca callada elogiando a la mujer que me tenía cautivado, le gruñí lanzándole una mirada que decía que cerrara el pico, Leah intervino diciéndole que desistiera de esa idea si quería seguir viviendo y la muy perra se despidió guiñándome un ojo mientras me daba un beso muy cerca de mis labios. Ya me la pagaría la próxima vez.

Decidí que era suficiente, nos fuimos a la cabaña donde la volví hacer mía. Mientras nuestros cuerpos se conectaban, mi mente se desconectaba dejando llevar por las sensaciones que se apoderaban de mí poco a poco. Adore su figura todo lo que me permitió, la envolví con mi cuerpo, sumergiéndome en ella una y otra vez, Isabella era mía solo por unas horas, las despedidas ahora ya no me gustaban, verla irse sin poder retenerla a mi lado, era una tortura.

Bloquee eso de mi mente, abrí mis ojos observándola, justo cuando los suyos se abrían y le permití entrar a los míos, su ojos brillaron confundidos por unos segundos y entonces me cerré. Esa noche se fue y yo no la retuve, la deje irse.

No puedes postergar lo inevitable.

Esa noche había caído.

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Es curioso, antes no tenía nada que me llamase la atención, ni las ganas de salir de temprano del trabajo, ahora eso había cambiado.

Emmett empezaba a molestarme sonsacándome para que le dijera algo, pero por mi podría seguir jodiendo, el no sabría nada de Isabella, ella era mía y de nadie más.

No había día que no pensara en ella, en su cuerpo, sus ojos, su cabello, su sonrisa, su olor.

Acababa de entrar al club, buscándola con la mirada cuando Victoria me intercepto tirándose sobre mí, vaya hace mucho que no la veía. Sus labios estuvieron en mi cuello—Hola Anthony— ronroneo, su voz estaba mesclada con alcohol. Sus manos no perdieron tiempo recorriendo mi pecho. Había estado varias veces con ella, ahora ni siquiera me atraía. No sentía nada.

Estaba Jodido, Isabella me tenía eclipsado.

Situé mis manos en su cintura, para separarla. Ella despego sus labios de mi cuello y se acercó a mi oído—He estado buscándote, muero por estar contigo— sonreí, en otros tiempos hubiera aceptado, ahora algo había cambiado o mejor dicho alguien me había embrujado.

Sentí una fuerza jalarme y voltee a ver, mi rostro se crispo. Isabella estaba observándome con su mirada fija en mí, mientras Victoria volvía atacarme como gata en celo.

Y un hombre le hablo, entrecerré mis ojos al ver como ella se alejaba con él a su lado. Enfurecí quitando a Victoria de mi lado— tengo un asunto que resolver—sin darle tiempo a más me aleje de su lado.

La busque hasta que di con ella y con él. Esperé el momento oportuno en que se levantó para seguirla. Cuando salió del baño jale su brazo llevándola a un lugar más privado. — ¿Qué mierda haces con ese imbécil? —gruñí ¿Qué acaso no le había quedado claro que era mía?

Me empujo con toda su fuerza — ¿Quién te crees para exigirme explicaciones? —Me reclamo—. Tú fuiste el primero en romper las reglas. —Pico con su dedo mi pecho—. ¿Seamos exclusivos? —imito mi voz.

Mis ojos se encendieron. —Yo no hice nada es una conocida. —odiaba decirle lo siguiente pero tenía que saberlo—. Hubo algo entre nosotros —admití—, volvió acercase en cuanto me vio… ¡Ella se me lanzó! Estaba tratando de zafarme de ella, pero es persistente.

¿Persistente? ¡Parecía una garrapata! —gruño—. Tú no hiciste nada para alejarla, permitiste que te tocara… que posara sus sucias manos en ti. Tuviste sus asquerosos labios en tu cuello… eres un imbécil, estúpido, idiota, infiel estaba enojada, muy enojada y se negaba a creerme.

¡Basta!—Tome sus manos sujetándolas deteniendo los golpes. Te dije cómo fueron las cosas… entiéndelo —rugí—. Es parte de mi pasado, ¡y ahí se quedará! —gruñí—. Tan pronto me deshice de ella fui en tu búsqueda. —Seguro que mis ojos se oscurecieron al recordarla con ese maldito—. Y me llevo la grata sorpresa de hallarte con un idiota, platicando.

No es ningún idiota, su nombre es Ethan aclaro.

Encima se atrevía a decirme su nombre, explote.

Me importa una mierda como se llame. —mis labios se situaron a centímetros de los suyos—. Eres mía, Isabella… si no quieres que le arranque pedazos de tu piel a ese precioso trasero tuyo… — Solté sus manos para acariciar mi trasero—. Más vale que te alejes de él.

¡NO! —Su voz sonó fuerte y clara—. Tú rompiste el acuerdo… así que puedo hacer lo que se me venga en gana, ¡Si deseo meterme bajo las sábanas con alguien más… ten por seguro que voy hacerlo!—me grito respirando entrecortadamente.

No te atrevas —gruñí haciendo de sus manos un par de puños—. Deja de hacer una escena por algo insignificante. Es que no entiende que nadie más me hacía sentir lo que ella. Que solo ella me importaba.

Mírame —me exigió zafándose de mi agarre. Llevo mi mano hasta mi cara. Roso sus dedos con mi mejilla

Mis ojos se cerraron por uno momento, su calor me envolvía.

¡Adiós, Anthony! —abrí mis ojos, mientras se despedía alejándose de mí.

¡Isabella! —Mi voz salió fuerte deteniéndola—. Si te vas no hay marcha atrás. —mi tono era sereno, pero por dentro estaba llevándome el demonio.

Entonces… —titubeo—. Fue un gusto conocerte.

Eso había sido todo, se había acabado. Tan pronto e inesperadamente ella se había marchado.

Estrelle mis puños en la pared varias veces, como fue a joderse todo, si estábamos también.

No quería estar más en este lugar, camine en dirección a la salida cuando Victoria volvió acorralarme por su jodida culpa había perdido a Isabella, rezongue.

Anthony, deja de escabullirte de mí—llego a mi lado aprisionándome con la pared— que no vez lo mucho que te he echado de menos— gimió restregando su cuerpo al mío.

Mis ojos se tornaron fríos por las ganas intensas de alejarla de mí, por su jodida culpa. Estaba por hacerlo cuando levante mis ojos topando con los de ella, no estaba sola, el pendejo ese la acompañaba, no podría dejarle ver que ella me había afectado de una manera. Así que sonreí irónicamente, posando mis manos en Victoria— vamos Vicky tienes razón hay que pasar un buen momento—mordí el lóbulo de su oreja, mientras ella ronroneaba restregándose más.

Vi sus ojos encenderse, pero no pensé que llegara actuar tan lejos, ella le pregunto algo al tipo quien abrió los ojos sorpresivamente pero asintió con una sonrisa. Tendió su mano y ella la acepto mientras se encaminaron hacia recepción.

El pidió una cabaña, todo lo que yo le había hecho a ella, su virginidad entregada, sus caricias, su cuerpo estaría en manos de ese idiota reemplazándome. Mi temperatura aumento y no de calor precisamente. Estaba seguro que ella sabía que la observaba y sin embargo cuando detuvo su andar, tuve una pequeña esperanza, pero entonces Victoria hablo y yo la ignore.

Y ella reanudo su andar perdiéndose con él. Y podía sentir el infierno consumirme en carne propia...

Acorrale a Victoria contra la pared—la pasamos bien en su momento—ella abrió sus ojos prestándome atención. Mis ojos ardían aun, más vale que hablara rápido antes de que la pagara con ella, y bien sé que se lo merecía— pero esto se acabó, aquí y ahora. Adiós— Salí de ahí a toda prisa directo a mi departamento a emborracharme hasta perder la conciencia.

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Y los días fueron agónicos, mi mal humor aumentaba conforme avanzaban los días.

Tormentosos sueños donde la protagonista era Isabella y su estúpido acompañante burlándose de mí.

Un jueves me reuní con Irina una modelo prestigiosa quien quería lanzar sus propios diseños de moda. Estábamos saliendo de en un restaurant muy conocido llamado "Ago en West Hollywood" cuando Irina no se dio cuenta y choco con una mesera, derramando el contenido de la bandeja en ella. Me acerque asegurándome de que Irina estaba bien y me arrepentí de haberlo hecho.

Había sido su culpa y ahora estaba agradeciendo a la joven. Le ordene que no fuera grosera y que se apurara que se nos hacía tarde. Cuando pase por su lado un aroma se metió en mis fosas nasales dejándome confundido. Ya estaba imaginando cosas donde no eran, tenía que sacarla de mi mente, antes de que sus recuerdos me afectaran tanto.

El viernes pensé en no ir al club, estaba seguro de cumplir mi palabra y respetar sus deseos.

Pero no pude en el último momento me cambie de ropa y conduje como loco hasta el lugar. La busque desde el momento en que mis pies pisaron el salón, pero la suerte se me estaba acabando no la encontraba por ningún lugar, tal vez ella había decidido no venir más.

Una opresión se formó en mi pecho, mi respiración se agito. Estaba por irme cuando un reflejo de cabello capto mi atención, se encontraba a lado de un ventanal observando la luna. Mis pies caminaron por propia cuenta hasta llegar a su lado —Hola —susurre temeroso a su actitud, mis manos tomaron su cintura con suavidad.

Me deleite una vez más con su belleza, sus ojos resaltando sobre ese antifaz, su calor rodeando mi cuerpo, su aroma reconfortándome. Nuestras miradas se encontraron, mis barreras bajaron, mis fuerzas flaquearon.

Aquí estaba ante ella, mi Diosa, mi señora, mi mujer, mi amante, mi hechicera.

Mi vida ante ella, debía ser ella quien decidiera si me quería aun a su lado o en definitiva todo había acabado.

Y mientras hablábamos, acaricie su cuerpo, cada parte el. Le pregunte si había sido de él y cuando me dio su respuesta me descoloco, ¿Qué mierdas quería decir con si y no?

La aprisione hasta que fui consciente de que la estaba lastimando, pero es que acaso no sabía que ella estaba haciendo lo mismo conmigo. Empecé a despotricar perdiendo la paciencia, ese malnacido me la pagaría, iba a desaparecer por lo menos de su vida. E Isabella ella merecía ser castigada.

Basta —me exigió clavando su mirada en la mía—. Estoy aquí, por ti. —sus ojos brillaron cuando pronuncio esas palabras. —Regrese a ti —murmuro deteniendo su mano a la altura de mi pecho. Mi corazón empezó acelerarse por la intensidad de sus palabras—. ¿No es eso lo importante? —pregunto sin dejar de observarme.

Todas las dudas, miedos e inseguridades se derribaron. Una pequeña sonrisa asomó en mi rostro. Ella tenía razón, estaba conmigo, había vuelto a mí y eso era lo único que importaba.

Solo tú —murmuro, desabotonando mi camisa lentamente. Me desnudo lentamente acariciando cada parte de mi cuerpo. La iguale a mi condición deleitándome con su cuerpo.

Sí, es suficiente —conteste entregándome a ella, quien era la que había conseguido que mi cuerpo dormido despertara ante su toque. Quien me había hecho darme cuenta que seguía vivo. Quien me hacía sentir pleno. Ahora viéndola tan entregada y receptiva ante mí, me doy cuenta de que no es solo sexo, es algo más y no soy consciente de cuando surgió, tal vez desde el primer momento, quizá solo no estaba listo para aceptarlo.

Alargue el momento con movimientos lentos y suaves. Bese cada parte de su cuerpo, mientras ella hacia lo mismo con el mío. Cuando no lo puede soportar más y ella grito mi nombre, me deje ir gratamente.

Esa noche le pedí que se quedara conmigo, se sentía correcto. Y para que mentir yo no quería despedirme de ella aun. Acepto y sin darnos el lujo de desperdiciar más tiempo pasamos la mayor parte del tiempo siendo presos de nuestros sentimientos.

Isabella. —La llame antes de que se fuera, giro su cara prestándome atención—. Yo… —Sonreí—. Yo estaré contando las horas para verte, My Goddess.

Ella sonrió.

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La semana fue demasiado pesada, hubo muchas reuniones, contratos, grabaciones, entre otras cosas.

Solo el viernes pude estar más despejado sabiendo que en unas horas más estaría con ella.

Llegue junto con Emmett quien iba despotricando de una rubia con carácter fuerte que lo sacaba de sus casillas, eso sí que era algo digno de escuchar, quien quiera que fuera esa chica ya me caía bien.

Lo deje hablando solo, buscando a Isabella a quien no tarde mucho en encontrar. Nos sumergimos en una charla acerca de la literatura, podrían pasar horas y horas y jamás me aburriría de escucharla. Me conto sobre varias historias que le fascinaban, me entusiasme por el hecho de que estuviera compartiendo conmigo esos momentos.

Adore el rubor de su cara, ella eran tan sencilla y hermosa. Y no era consciente de los efectos que causaba en los demás, sobre todo en mí.

Ya no éramos Anthony e Isabella teniendo sexo, éramos algo más. Dos personas entregándose a los sentimientos que los arrastraban a demostrarlo mutuamente. Mi cuerpo reconocía el suyo a la perfección, cada gesto grabado en mi memoria.

Mis labios picaban por perderse en los suyos. No pude desistirlo más, había cavado mi tumba, acerque mis labios a los suyos poco a poco hasta acortar la distancia que los separaba uniéndolos por primera vez. Sus labios eran suaves, tantas veces fantasie con ellos que ahora era una realidad. Piezas de puzzle que habían encajado a la perfección.

¿Cómo pude estar tanto tiempo sin ellos?

Ella era mía y yo era suyo, no podía mentirme más, me había cautivado perdidamente. Todo mi cuerpo reaccionaba ante su toque, lo que llaman corazón que creía estaba muerto en mí, martillaba con intensidad cuando la veía. Estaba haciéndole el amor a Isabella y mis sentimientos eran tantos que estaban desbordándose solo por ella.

La ame con cada caricia mientras mis labios seguían deleitándose con los suyos, la adore mientras ella gemía una y otra vez mi nombre, mis muros habían caído, absorbiendo todo lo que ella me estaba dando. Una nueva oportunidad de vivir, una razón para luchar. Necesitaba decírselo, necesitaba que supiera lo que sentía por ella.

Al carajo el club, no me importaba ser expulsado por incumplir las reglas. Estaba seguro que a ella tampoco.

Estaba listo para más, Isabella me importaba y la quería en mi vida por mucho tiempo.

Yo… —mi voz acabó el silencio de nuestra entrega—Yo… —titube dándome valor ante lo desconocido.

Me silencio posando sus dedos en mis labios.

Ssshh… —me callo—. Lo sé. —me contesto sonriéndome mientras su sexo me presionaba, aumente mis embestidas hundiéndome tan profundo y fuerte en ella, que ambos caímos en un orgasmo dejándonos llevar al abismo que nos jalaba a explotar.

Ambos nos desplazamos jadeantes, la atraje a mi pecho mientras mis brazos la rodeaban, no quería separarme de ella nunca más.

¡Has cambiado mi vida! —murmure rompiendo el silencio.

¿Para bien o para mal? —

Suspire apretando mi abrazo un poco más. —Para bien… sin duda para bien.

También es algo bueno para mí —contesto sonriendo dulcemente, sus ojos están brillantes, permitiéndome ver lo que alberga por mí, veo su rostro, ella está feliz y yo soy parte de ello.

Soy un adicto a Isabella. Ella es mi perdición Y necesitaba saberlo.

Tengo algo que decirte —hable llamando su atención —Me has capturado, hechizado y embrujado. —Acaricie con mis manos mi mejilla—. Tengo que decirte lo que siento o voy a explotar. —Sonreí—. Pero este no es el momento adecuado, no cuento con el tiempo suficiente, lo único de lo que quiero es que seas consciente es que ya no tengo la fuerza necesaria para alejarme de ti.

Pues no lo hagas —contesto aproximándose a mí. Tenía una pequeña sonrisa mientras su cara.

No lo haré, eres mi marca personal de heroína. —Acorte la distancia firmando con nuestros labios una promesa que pensaba llevar acabo, esta vez todo sería distinto, permanecimos abrazados perdiendo la noción del tiempo. Solo éramos Anthony e Isabella aceptándonos tal cual.

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Salí de mis recuerdos, de la manera en como Isabella entro a mi vida y la cambio. De la forma en que su nombre vagaba diariamente por mi mente, como su olor estaba impregnado en mi cuerpo, cada parte de su cuerpo, sus gestos, sonrisas, grabados en mi memoria.

Esta semana era la más larga de mi existencia, contaba las horas para hablar con Isabella y proponerle algo que marcaría nuestras vidas para siempre.

Me encontraba ansioso de ver su reacción y escuchar su respuesta.

Llegue directo a buscarla, no sería humano si no admitiera un pequeño miedo que recorría mi cuerpo. Pero tenía que confiar en que todo saliera bien.

Me desespere al no dar con ella después de un tiempo. La busque, espere por horas y horas y sin embargo.

Se fue…

Esa noche no llego.

Ni ninguna otra.

Simplemente desapareció, fue una bonita fantasía que no duro lo suficiente.

Ni ella, ni su amiga, ni su amigo. Nadie apareció esa noche.

Todo fue, como si fuera solo producto de mi imaginación. Como si ella hubiera sido borrada de mi vida, más no de mi memoria.

Los latidos que ella logro que volvieran a dar mi corazón quedaron anulados, suspendidos en el tiempo.

Que mierdas estaba pagando en este mundo. ¿Era mi condena quedarme solo?

Y lo odio, odio sentirme de este modo, un humano vulnerable, porque me recuerda aquel chiquillo que una vez lo perdió todo.

Otra vez la historia vuelve a repetirse.

Pero también la odio, por dejarme sangrando sin ninguna explicación. Por desaparecer así como si nada sin una mínima aclaración. Sin darme tiempo hacerme a la idea.

Pero se acabaron las oportunidades para mí. Nadie va volver entrar a mis muros. Desde hoy las mujeres y toda clase de sentimiento que me lleve a hundirme en la miseria esta fuera de mi vida.

Se acabó.

Una vez más aprenderé a vivir.

Por qué de las cenizas resucitare más fuerte e inquebrantable, poderoso e indestructible.

FIN


Ese Fin siempre me resulta duro de escribir. Voy a extrañar a Anthony sin duda.

Llegamos al final de esta historia, posiblemente haya secuela, pero aun no es un hecho y si llega haber, ya les estare avisando :)

Fue un gusto compartir con ustedes este fic, gracias por seguir conmigo hasta el final.

Gracias por ser parte de esta historia:

Miily Cullen, Majo, Jasmin-Cullen, Lilly Black Masen, Caro, Magus Cullen Nati Natu, Beastyle, Elaine Hanuro de Uchiha, Doryycullen, Karen´s Lullaby Cullen Swan, Tiuchis, Loore.5, KatherineSN, LuluuPattinson, Greis Cullen Fics, Janalez, Pam Malfoy Black, Fernanada di amore, Coki Cullen, Stefi Martinez, Eugenia, Esmeralda C, SolitariaCullen, Maricoles, Jessica, Johana Manzanares, Adri Fernandez, Isa-21, Danny Fer D´Rathbone, Vanesa Pinilla, Yolabertay, EsmeeP, Aledecullen2, Mv1824, Katy lbm .351, Aria Nocturnal, Jhanulita, Ini Narvel, Conni Stew, Perlitas.c, Gretchen CullenMasen, Carelymh, Luciarg, MadeleineTCullen, Manue Peralta, Krystal331, Javithamellark86, Luiicullen, Mareenma, Denisse Flores, Robsten-pattinson, Melani Stewart, Karolay28, Manu Vulturi Lightwood, Anisa Eliana, Eve Runner, Bcastro, Vanesscsb, Pera L.T, Doris, Melnie, Tecupi, DiAnA fer, Cavendano13, , Patymdn, Karina gross, Loca x el fic (me reí con el seudónimo que dejaste), Twilight Raquel-Carolay, Bereniizze03, FerHdePattinson, ShopieB, Jezziii, Mica McCarty, Vanesscsb, UCYarg, Susy kstorena, Bcastro, MarianaAlai, , Angie Cullen Mellark, Lilibeth2013, Ania, Zonihviolet, Crepusculo de media noche, Varlo, .9828, CandyMel, Choiamberc, Maayraaykalebb, Nilari, Karina s g, Dorisn.n, IsCullen1. Y a las lectoras silenciosas =)

Karina Castillo