Notas del capítulo:

Antes que nada…. LO SIENTO! Estuve sin actualizar demasiado tiempo ¡lo se! Pero no podía, el tiempo se me escabullía de las manos, en serio perdónenme! Pero aquí finalmente vengo con un nuevo capítulo. Si se preguntan el motivo del nombre del capítulo, creo que después lo entenderán u_u

Como siempre, les pido disculpas por los terribilísimos horrores ortográficos y gramaticales!

¡Ojala lo disfruten!

Boundless Love: Capítulo 4 "A caballo regalado no se le mira el diente"

Luego de arropar al menor y dejarlo descansar en su cuarto, el rubio se dispuso a darse una rápida ducha para después ir a descansar a la habitación de huéspedes en la cual ya varias veces se había quedado. Aquella casa era familiar para él, ya había perdido la cuenta de las veces que había pasado la noche allí, la consideraba prácticamente su hogar, pero ahora todo era diferente, jamás se le cruzó por la mente que atravesaría ese tipo de situación, que terminaría teniendo relaciones sexuales con su mejor amigo de la infancia en el recibidor de su casa, sonaba bastante grotesco cuando lo ponía así, el hecho de que no haya podido aguantarse hasta por lo menos llegar a la habitación, que lo haya llevado prácticamente a rastras hasta su hogar. Parecía algo bastante inmaduro de su parte, se sentía como un adolescente otra vez, ¡ya tenía 21 años! ¿Qué tipo de enfermedad tenía que lo hacía ir en retroceso con respecto a su estructura hormonal? Recordaba que cuando acababa de entrar a la preparatoria sus compañeros de clase también eran así, obsesionados con ese tipo de cosas, tanto que se la pasaban hablando de ello, en cambio él nunca había sido así, claro, se acostó con varias chicas en sus tiempos de escuela superior, pero nunca sintió un deseo incontrolable a tal punto con nadie, excepto esta vez por Shin, el niño le había revolucionado las hormonas, en cierto modo lo apenaba ese hecho, empero, lo que experimentó esa noche había sido como de otro mundo, jamás creyó que podía llegar a ese punto de éxtasis, se emocionaba con tan solo recordarlo, una estúpida sonrisa se apoderó de su rostro la cual intentaba borrar en vano, ya que su cuerpo reaccionaba solo en relación a las imágenes que su cerebro procesaba en forma de recuerdos, vívidos recuerdos que esperaba que jamás se borrasen, aun teniendo por seguro de que haría muchos más de ellos.

¿Cómo de un día para el otro podía haber llegado a estar tan prendado de ese pequeño a cual casi consideraba como su hermano no mucho tiempo atrás? Era sorprendente como había cambiado la situación en tan poco tiempo, como su manera de pensar, su punto de vista, había dado un giro de 180°, en verdad todo estaba de cabeza, pero eso no le desagradaba, es más, nunca se había sentido mejor en toda su vida, era algo totalmente nuevo, si ya bien sentía un gran amor por su amigo en el sentido fraternal, ahora que se había convertido en más que eso, sus sentimientos no se quedaban atrás, sino todo lo contrario. No se consideraba una persona enamoradiza, sino alguien que cuando amaba lo entregaba todo, y en este caso era eso, estaba enamorado, no había otra explicación, el hecho de que no podía apartarlo de sus pensamientos por más de cinco minutos, incluso hasta llegaba a ser agobiante, puesto que había momentos en que parecía que si no veía al moreno moriría, lo necesitaba a su lado, sentía como si aquel muchacho fuera el único capaz de hacerle feliz.

Y es así, como con esos pensamientos y una atontada mueca en el rostro el rubio se fue a la cama con la intención de conciliar el sueño y recuperar energías luego de una ejercitada noche.

Fue así como lo encontró. Dormido, acurrucado como un pequeño niño asustado, con la boca semiabierta, las mejillas algo sonrosadas y una angelical expresión en su rostro. Era tan hermoso cuando dormía, le daba un semblante inocente y aniñado, amaba verlo dormir así, podía pasarse el resto del día viéndolo de ese modo. Eso era lo que creía, hasta que unas intensas ganas de besarlo se apoderaron de su mente y de su cuerpo, intentándose reprimir por todos los medios. Pero el ver así a su rubio lo ponía loco, se veía demasiado tierno. Se acercó lentamente hasta reducir al máximo la cercanía de sus rostros, podía sentir el aliento de su amante sobre sus propios labios, incluso podía llegar a escuchar los latidos de su corazón que iban al compás de su respiración. Cerró los ojos, lentamente reduciendo ese ínfimo espacio que restaba entre sus labios, dándole así un fugaz pero tierno beso. El rubio parecía no haberlo sentido, pues su rostro no se inmutó ante el contacto con el menor, aunque este mismo se sentía aliviado por ello, ya que le resultaba algo vergonzoso el haber hecho eso, si Toma lo descubría seguro lo tacharía como acosador y se la pasaría picándolo con eso un largo tiempo, el rubio en realidad solía ser bastante burlón, al menos en lo que a él se refería.

Pero por alguna razón más allá de su propio entendimiento, ese fugaz beso no había sido suficiente para él, quería más, necesitaba más. Si bien la noche anterior había recibido bastante, y prueba de ello era el molesto dolor que sentía al realizar cualquier movimiento brusco en el cual se involucraran partes de su cuerpo de la cintura para abajo; él quería aún más. Sí, era un goloso, pero todo aquello era culpa de Toma, él y sus deliciosos labios con esencia a canela, los adoraba, quería degustarlos a cada minuto. Y por ello volvió a repetir la acción anterior. Se volvió a acercar peligrosamente al mayor, pero esta vez al besarlo, no fue un beso fugaz como el anterior, sino que se quedó por unos segundos posando sus labios por sobre los del ojimiel, intentando guardar en su memoria esa sensación tan agradable de aquellos labios por demás suaves. Inconscientemente comenzó a mover su boca, lamiendo ligeramente los labios del mayor, que en serio parecía no darse cuenta de los que estaba ocurriendo. Bueno, esto es lo que había pensado Shin, pues de un momento para el otro, sintió que era fuertemente jalado hacia encima de la cama, quedando así echado sobre el rubio, que miraba con una sonrisa divertida la confundida expresión que había puesto el moreno.

-¿Tan temprano y con tantas ganas?- preguntó burlón mientras enarcaba una ceja mirando suspicazmente al menor estrechándolo más contra su cuerpo.

El color en el rostro de Shin era indescriptible pues superaba por mucho los matices de rojos existentes. Al instante desvió la mirada de la del mayor, intentando por todos los medios de liberarse de su agarre, cosa que obviamente no pudo conseguir, logrando sólo que el mayor sonriera fanfarronamente, y sin darle al menor tiempo de protestar, se apoderó precipitadamente de sus labios, besándolo de manera apasionada, introduciendo su lengua dentro de la cavidad del moreno, jugueteando con la del contrario, comenzando a recorrer con las manos el pequeño cuerpo arriba suyo, manoseando con lujuria sus nalgas y muslos, abriéndolos para obligarlo a sentarse a horcajadas encima de sí. Ante esto el menor soltó un quejido, formándose en su rostro una mueca de dolor.

-¿Te duele mucho?- preguntó sin siquiera apartarse de los labios del menor, mientras acariciaba con sensualidad la zona del ano por sobre la ropa de su amante, cosa que hizo gemir levemente al menor.

-No… tanto… solo me molesta una poco…- contestó francamente el moreno, era cierto que le dolía, y mucho, pero no planeaba contárselo al rubio, no quería hacerlo sentir mal, y mucho menos que pensara que no era capaz de aguantar aquello.

-Lamento mucho si te lastimé…- se disculpó con dulzura, comenzando a repartir pequeños besos por todo el rostro del de ojos carmín.

-No es nada… no es como si no lo haya disfrutado…- comentó intentando restarle importancia al asunto.

Ante esto el mayor sonrió, y volvió a besar al menor, esta vez deslizando su mano hacia el frente del chico, comenzando a acariciar su miembro excitado.

-Ahh…- el moreno soltó un leve gemido en contra de su voluntad, no había podido evitarlo, Toma lo había tomado por sorpresa.

El beso se deshizo, quedando el rubio completamente acostado sobre la cama, y el menor sentado a horcajadas sobre las caderas del mayor mientras este colaba su mano dentro del pantalón para dormir el cual le había colocado la noche anterior antes de arroparlo, y lo comenzaba a masturbar. Los gemidos del pequeño no tardaron en llenar la habitación de huéspedes, excitando cada vez más al rubio que no sabía cuánto tiempo más iba a aguantar las ganas de devorar ese cuerpo arriba suyo.

Planeaban hacer el amor, en ese lugar, en ese momento. Y todo hubiese marchado a la perfección de no ser por el estruendoso sonido de la puerta principal al abrirse y cerrarse posteriormente. Ambos jóvenes quedaron estáticos. La madre del menor había llegado a casa antes de lo estimado tomando a ambos desprevenidos.

Shin se levantó bruscamente del regazo de su amante, acomodándose lo más decentemente que pudo las pocas prendas que llevaba encima (unos pants y una camiseta holgada), deseando que con algún poder mental pudiese borrar el color escarlata de todo su rostro. Ante tremenda reacción el rubio sonrió divertido.

-¿De qué rayos de ríes idiota?- preguntó en un tono por demás molesto. ¿Cómo podía tener una expresión así de relajada a pesar de la situación? Volteó violentamente en dirección hacia la puerta que conectaba al pasillo del segundo piso donde se hallaban las habitaciones, empero antes de que llegara el menor a girar el pomo de la puerta la voz aterciopelada el rubio le preguntó de manera incitante.

-¿A dónde vas pequeño?- pronunció mientras se ponía en pie del lugar donde se hallaba acostado.

-A mí habitación, antes de que mamá entre y no me encuentre allí- explicó sin voltear a ver al rubio, mas oyendo como se dirigía lentamente hacia donde se encontraba parado.

-¿Y piensas ir así?- preguntó con la voz ya totalmente ronca y excitada mientras nuevamente colaba su mano por debajo de los pants del menor acariciando lentamente su aún duro miembro. El moreno no pudo evitar que un leve gemido brotara de entre sus labios, pero reprimió el volumen lo más que pudo ¿Qué pasaría si su madre los escuchaba?

Intentó soltarse en vano del agarre de su mayor, alegando de que no era el lugar ni el tiempo para ponerse a hacer ese tipo de cosas, más si su progenitora se encontraba en el mismo edificio, no quería ni imaginar el escándalo que se armaría de ser así. Pero eso poco le importaba al de ojos miel, era todo lo contrario, el factor peligro (véase su suegra), hacía que desease aún más al pelinegro.

-Vamos, no tardará demasiado, te solucionaré ese pequeño problema y luego te dejaré libre.- ¿Cómo era capaz de decir ese tipo de cosas? ¡Ese rubio baka lo ponía verdaderamente furioso! Además, ¡¿Cómo que "pequeño" problema?! ¿Acaso le estaba insinuando que no estaba bien proporcionado? Quería golpearlo. Definitivamente lo golpearía… Pero después, luego de disfrutar de esas deliciosas caricias que el mayor le estaba brindando. El rubio lo había puesto contra la puerta, exactamente como la noche anterior, repitiendo el mismo procedimiento, terminando con su excitación en la boca, haciendo que el más joven llevara ambas manos a la boca, tapándola, para evitar que sonoros gemidos de placer evocaran de ella.

Sentía que iba a morir, pero no sabía si era del placer o de la vergüenza que sentía en ese momento, su corazón latía a mil por hora, ¡qué va! A 10 mil, ¡incluso a un millón por segundo! Sentía que su órgano vital saldría en cualquier momento de su pecho por la fuerza con la que estaba bombeando su sangre en esos instantes.

No tardó mucho más en venirse en la boca del rubio, el cual tragó con deleite toda aquella sustancia blanquecina que había expulsado el sexo del moreno. Acomodó nuevamente la ropa de su pareja, haciéndole quedar lo más presentable posible, volviendo a ponerse a la altura de su rostro, para depositar un suave beso sobre los labios del otro, que aún estaban entreabiertos, intentando por todos los medios de recuperar el aire y hacer que los latidos de su corazón vuelvan a la normalidad.

-Estas mal del cerebro…-protestó mientras lo apartaba de un suave empujón, con la intención de salir de aquella habitación lo más rápido posible antes de que el mayor terminara de hacer de las suyas consigo. Abrió la puerta tratando de hacer el menor ruido posible para lograr escabullirse a su habitación pues estaba seguro que en cualquier momento su madre iría a echarle un vistazo y a preguntarle qué tal había pasado la noche en su ausencia, la respuesta que daría era clara "bien", y no era mentira, pero esa palabra no definía ni en lo más mínimo toda aquella gran felicidad que lo había invadido desde el día de ayer, y que aun hasta ese momento seguía intacta. Era exageradamente feliz, cuando se ponía a recordar lo ocurrido la noche anterior sus mejillas comenzaban a arder con fuerza, no podía evitarlo, ese fue el momento más maravilloso de toda su corta vida, por más cursi que suene, él había anhelado eso desde hacía demasiado tiempo, y ver como su más grande fantasía, algo que creyó que solo en sueños podría llegar a experimentar sucedió, y eso era demasiado, incluso para el mismo, sentía ganas de gritar, de quitar toda esa euforia que llevaba contenida dentro suyo. Solo quería estar al lado de Toma, para siempre, y que nunca hubiese nada que los llegase a separar.

Se metió a su habitación y se cubrió con la manta con la cual la noche pasada el rubio lo había cubierto, bueno, eso era lo que él se suponía, puesto que lo último que recordaba de ayer era que quedó exhausto tumbado en el piso de la entrada de su casa, y que a la mañana siguiente había amanecido en su cama acobijado y con ropa limpia y cómoda puesta, Toma podía llegar a ser muy atento y servicial si quería.

Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, Toma era un chico muy amable, amigable, agradable, y muchos adjetivos bonitos que empiezan con "A", en especial amoroso. En ese corto tiempo durante el cual había estado juntos, el rubio verdaderamente lo había hecho sentir especial. Claro, siempre fue un gran amigo, desde que lo conocía de niño, pero ahora lo veía todo distinto, y notaba al mayor mucho mas atento y al pendiente de él y sus necesidades, cualquier persona daría lo que fuese por un muchacho como Toma a su lado, y él se consideraba sumamente afortunado por ser el que verdaderamente haya cautivado su corazón.

Bueno, no todo era color de rosas claramente, se encontraba también el lado "yandere" de su novio, se ponía bastante nervioso con facilidad, algo histérico, violento y paranoico, eso a decir verdad no era algo del todo bonito, pero él lo aceptaba tal y como era, incluso con esas fallas de personalidad que tenía; el rubio era demasiado posesivo y celoso, cosa que le era imposible disimular. Quizás el rubio pensase que él no se daba cuenta, pero él sabía cuánto desprecio le tenía a niña que trabajaba con él en el Meido no Hitsuji, una niña muy bonita, su nombre era Mimi, o Mine, o algo así, en realidad no lo recordaba, pero lo que sabía era que la chica estaba bastante prendada por él, y lo sabía únicamente por la obvia actitud tanto de ella como de Toma, la chica al querer tan visiblemente su atención, y Toma asesinando fríamente a la muchacha con la mirada.

De pronto oyó como la puerta de su cuarto se abría lenta pero ruidosamente y los pasos sigilosos de su madre hasta su cama, donde se sentó al borde colocando su mano por sobre encima de las mantas.

-¿Cómo te fue en la noche cariño? ¿Has cuidado correctamente la casa durante mi ausencia?- preguntó de manera cariñosa la madre del muchacho con voz tenue y cálida.

-Si…- contestó secamente fingiendo un tono de voz somnoliento, improvisando un bostezo.

-¿Ha venido Toma-kun a dormir a casa?- el rojo hizo acto de presencia nuevamente en las mejillas del menor. ¿Acaso se había dado cuenta? ¿Tal vez se enteró de lo que hizo la noche anterior? ¿Pero cómo lo haría si él no le había dicho nada?

-¿Po… por qué preguntas? – no pudo evitar que su voz temblara un tanto al estar hablando del mayor, temía el hecho de que su madre los hubiera pillado ¿cómo reaccionaría si lo supiera? No quería ni siquiera hacerse a la idea de que su madre tuviese conocimiento acerca de la relación que llevaban él y el rubio.

-porque está preparando el desayuno en la cocina en este mismo momento, le dije que no se molestara pero insistió, tan educado como siempre- comentó la mujer con una sonrisa en el rostro, de todos los amigos que había llegado a tener su hijo el de ojos miel era el que mejores modales tenía.

-¿Lo dices en serio?- preguntó un tanto incrédulo, su madre asintió con una sonrisa plasmada en el rostro mostrando la alegría que sentía al no tener que tomarse el esfuerzo ni la molestia de prepararle el desayuno a nadie, pues se encontraba bastante cansada por la noche en vela que paso en el hospital.- ¿Cómo se encuentra Megumi?- preguntó recordando la razón lo la cual su madre se había ausentado, su tía embarazada.

-¡Ah! Pues dio a luz a un bello niño- comentó la mujer con cara anhelante como si quisiera volver a sus años de juventud y llegar a haber tenido más de un hijo cascarrabias como ella solía llamarlo.

Se quedaron por un momento más hablando de asuntos familiares antes de bajar a la cocina donde un delicioso desayuno se hallaba servido, ya que por su parte Toma, después de haber liberado al menor decidió ir al baño a solucionar el problema con el que el pelinegro lo había dejado. Era bastante egoísta por parte de Shin recibir atenciones y luego dejarlo sin más reparos, ¿pero que más daba? Le gustaba consentirlo de todos modos.

Termino despidiéndose de la familia yendo camino a su casa, no había avisado que no llegaría a casa la noche anterior y de seguro le estaría esperando una gran reprimenda por parte de su progenitora.

-Hey… te estoy hablando ¿acaso no me oyes? Para el colmo de que llegas tarde a nuestro encuentro ni siquiera me prestas atención cuando te estoy hablando ¡genial!- exclamó exasperado por la actitud del mayor para con él, todo el tiempo se la había pasado como en otro mundo, además de todo el tiempo que lo había hecho esperar esa tarde.

El rubio que andaba completamente sumergido en sus pensamientos, recordando como toda su vida había cambiado en tan poco tiempo, simplemente sonrió con pena al pelinegro, intentando excusarse en vano por su despiste.

-¿Sabes? Mama otra vez viajó, no volverá hasta la siguiente semana… y ayer una sempai me dio una bebida que su novio le regaló pero en realidad ella no quería. Y me preguntaba si tal vez querías ir y beberla conmigo.- terminó de proponerle la idea con un leve tono carmín en las mejillas mientras de rascaba con el dedo índice la misma.

El mayor quedó un tanto bobo ante la propuesta, allí estaba otra vez el menor provocándolo, invitándolo a su casa a beber y obviamente a tener sexo. ¿Cómo había tardado tanto en darse cuenta de que el amor de su vida y mejor chico del mundo estuvo siempre parado en frente de sus narices?

Asintió exageradamente cual niño pequeño antes de atraer al de ojos carmín hacia sí para besarlo de manera apasionada.

-Para ya Toma…- le ordenó a la par que lo alejaba de un empujón – aún no… al menos espera a llegar a casa.- explicó completamente rojo ante el inesperado acto.

Llegaron a su casa, como era costumbre en el ojos miel, este apenas ingresar a la vivienda se abalanzó sobre el pelinegro, el cual le propinó un fuerte golpe en la cabeza con la intención de que se tranquilizara.

-¿Qué no eres capaz de controlarte un poco, baka? ¡Lo haremos antes de dormir! ¡Al menos quiero cenar antes! – espetó molesto por el comportamiento acelerado del mayor ¿qué acaso solo pensaba en eso? No es como si él no lo pensara, pero por lo menos quería cenar, y también beber esa botella de licor de chocolate que le habían regalado el día anterior, su sempai le había dicho que la beba con su novia, y lo haría, pero con su novio.

Dejó a Toma en el living, decidido a preparar una cena rápida pero deliciosa para ambos. Una vez hubieron cenado se quedaron bebiendo el susodicho licor de chocolate y platicando tranquilamente sobre cosas sin importancia hasta que se acabaron la botella completa, para sorpresa del rubio el de ojos carmín fue el que más bebió, con el pretexto de que amaba el chocolate, a ese paso el menor se quedaría dormido en plena acción, y eso era lo que más le preocupaba.

De un momento a otro el menor se excusó para ir baño, viéndolo desparecer por el pasillo, oyendo de lejos como subía las escalaras, cosa que le pareció rara, puesto que había un baño para invitados en la planta baja, no veía la necesidad de usar el baño del nivel superior. Pero lo que más extraño se le hizo fue que a pesar de que los minutos transcurrían el moreno no volvía, así que decidió ir a echarle un vistazo, le preocupaba el hecho de que el menor hubiese caído algo por lo bebido que estaba, pero al subir las escaleras no fue eso precisamente con lo que se encontró.

Al de ojos miel casi se le sale el corazón por la boca, la imagen ante sí simplemente se asemejaba a la escena de una película para mayores de edad, en realidad el pelinegro lo había tomado por sorpresa esa vez.

El paisaje ante sí era el de un Shin semidesnudo de cintura para abajo, recostado contra la puerta que daba a su habitación, masturbándose de una manera jodidamente sensual, con la respiración agitada, emitiendo jadeos y gemidos que lo excitaron terriblemente. Se acercó un poco más, con la intención de que este se percatara de su presencia.

-To… Toma… quiero hacerlo ya…- demandó el menor con la voz ronca por la excitación, sin dejar en ningún momento de acariciar su miembro de manera lasciva con intención de provocar aún más al rubio. Este sonrió con superioridad, dándose cuenta lo necesitado que estaba el de ojos carmín como para decirle eso, y por más ganas que tuviese de penetrarlo en ese mismo momento, aprovecharía y tomaría una pequeña venganza por habérselo negado en un principio. Shin se veía completamente vulnerable en ese estado, y no es que disfrutase hacerlo sufrir, pues a él también le estaba costando horrores contenerse, pero un poco de juego previo no le caería mal tampoco.

-Pero dijiste que lo haríamos antes de dormir…- explicó haciéndose del desentendido, encogiéndose de hombros como restándole importancia a pesar de la condición del moreno, el cual al oír su respuesta inmediatamente se puso en pie tomando del brazo al mayor arrastrándolo al interior de su habitación tirándolo sobre la cama y colocándose él a un costado.

-Ahora, házmelo…- espetó demandante el menor, con el ceño fruncido y las mejillas rojas, esta vez no por la vergüenza sino por el alcohol previamente ingerido.

El de ojos miel sin borrar la sonrisa de superioridad de su fisonomía se levantó de la cama, parándose a los pies de esta, con la intención de tener una mejor vista del menor, pues planeaba divertirse mucho con él. No sabía si era por el alcohol o la comida pero se sentía exageradamente excitado.

-No sé… ¿no es muy temprano? Apenas si son las 9:30… además había una película que…- el mayor fue interrumpido en medio de su cháchara por el de ojos carmín el cual se acercó sensualmente hasta él, bajándole de un solo tirón el pantalón y los bóxers para engullir su duro miembro de una sola vez, provocando que un sonoro e involuntario gemido saliese de entre sus labios. La vista era genial para la perspectiva de Toma, el menor a gatas sobre la cama mientras se la chupaba de una manera increíblemente buena, en definitiva disfrutaba los efectos del alcohol en el pequeño. Enredó sus finos dedos entre la cabellera oscura del moreno, marcándole el ritmo al que debía ir, moviendo a la vez sus caderas hacia delante inconscientemente, como si lo estuviera embistiendo, sentía que si no paraba en ese momento se correría sin más; apartó de una manera un tanto brusca a Shin, dejando su erección al aire y con el menor mirándola con ganas.

-Toma, ya házmelo… - pidió ya por tercera vez el chico, mirando al mayor suplicante, enseñándole su sexo completamente duro al igual que el suyo, con la esperanza de que se apiadara de él y se la metiera de una buena vez. – Sé que también quieres hacerlo, ¡vamos! ¡Házmelo!- el tono de voz que usaba era casi como el de un niño caprichoso y mimado, eso a los ojos del rubio era tan lindo, pero seguiría torturándolo un poco más.

-Bueno, lo haré… pero primero, prepárate- dijo como estableciendo condiciones, condición ante la cual el menor se quedó con cara de confusión.

-¿Prepararme?- preguntó con cierta ingenuidad a pesar de estar en ese tipo de situación.

-Sí, no pensarás que meteré mi gran cosa en tu pequeño agujero así como así ¿no?- habló un tanto divertido por utilizar esos términos tan vulgares.

El menor, que ya de por sí estaba rojo de borracho, se puso más rojo aún pero esta de vez de vergüenza, ¿Cómo podía pedirle algo así? Para eso estaba él, él debía lubricarlo, pero sentía que no aguantaba más, el calor en su cuerpo era demasiado, deseaba tanto a Toma en ese momento que haría cualquier cosa para lograr su cometido.

-¿Co… cómo lo hago?- preguntó en voz baja como quien no quiere la cosa, desviando la vista de la del mayor. Este se quedó pensando un momento, prácticamente el pelinegro le estaba permitiendo dar corrida libre a su imaginación.

El rubio tomo una de las manos del menor, la mano libre, pues la otra permanecía inmovible de encima de su sexo, y la condujo hasta su boca entreabierta, dándole seguidamente la orden de que los lamiera, y así lo hizo. El moreno empezó a lamer de una manera exquisita sus propios dedos, dejándolos lo suficientemente húmedos para la lubricación.

-Ahora ven aquí…- dijo mientras atraía al menor más hacia él. Lo volteó e hizo que se agachara, quedando prácticamente a gatas de nuevo, pero con el trasero hacia el lado del rubio. – Mételos…- dio finalmente la orden el mayor, decidido a tener la mejor vista que posible.

Vio como el menor dirigía sus hermosos y finos dedos hacia su entrada, cada vez agachando más los hombros y levantando más las nalgas para tener un mejor alcance, y dejar que Toma viera mejor todo aquello. Introdujo el primer dedo dentro suyo, gimiendo ante su propio tacto, deslizándolo de adentro hacia afuera una y otra vez, provocándose placer así mismo, al poco tiempo, sin siquiera esperar la indicación del rubio, introduciendo el segundo y al instante el tercero, intentando ensanchar su esfínter lo más que podía para después dar lugar al miembro de su pareja, se moría de ganas por sentirlo dentro, era toda una tortura lo que le estaba haciendo el mayor. Los gemidos cada vez se intensificaron más, al igual que la velocidad con que los dedos de Shin se movían dentro suyo, el rubio no sabía de donde estaba sacando las fuerzas para no comenzarlo a embestir de manera brutal, pero es que le era tan excitante esa visión del menor auto penetrándose, gimiendo a la vez su nombre.

-Onegai… métela ya Toma…- rogó por última vez el de cabellos oscuros, quitando sus dedos de su interior, llevando una mano a cada nalga entreabriéndolas con la intención de mostrar su ano lubricado en todo su esplendor. El mayor no pudo evitar babear ante la imagen, eso fue demasiado hasta para él, ¿cómo podía el menor llegar a ser tan erótico? Sin poder soportarlo más tomó su duro miembro comenzándolo a frotar contra el rosado ano del menor, introduciendo la punta de su pene y sacándola en un excitante y tortuoso juego para ambos, metiéndola cada vez más hondo hasta quedar completamente dentro del moreno, comenzando luego a embestirlo de manera casi salvaje, sin apelar al uso de su autocontrol pues ya lo había perdido por completo.

Por su parte Shin no se molestaba en lo absoluto en ocultar el placer que le producía todo aquello, sentir la hombría del rubio entrar y salir de su interior, quemándolo por dentro, era una sensación deliciosa, la misma que Toma sentía al penetrar al moreno y sentir como aquella cavidad tan estrecha lo envolvía.

-Más… fuerte…- pidió entrecortadamente el menor, mientras seguía el acompasado movimiento de caderas del rubio, con la intención de que las penetraciones fueran más profundas, y ni corto ni perezoso el de ojos miel obedeció a la orden del pelinegro, aumentando de ser eso posible, la velocidad y la intensidad de las embestidas, queriéndose fundir completamente con el cuerpo del menor, deseando poseerlo en su totalidad.

-Ahh… así… sí, ahí…- el menor hablaba prácticamente a gritos, arqueando la espalda del placer una vez el mayor hubo tocado aquel punto en su interior que lo hacía enloquecer.

-¿ahí?- preguntó con una voz completamente ronca pero por demás sensual, golpeando de nuevo el mismo punto, comenzando una serie de fuertes embestidas, mientras sentía el cuerpo del menor temblar del placer próximo al orgasmo.

-¡Ahh! ¡Toma!- gritó antes de sentir aquella oleada de placer que sacudió su cuerpo, corriéndose sobre las sabanas, sintiendo su interior comprimirse alrededor del sexo de Toma, y como éste eyaculaba dentro de él.

Sintió el cuerpo bajo suyo caer sobre la cama, y él al igual de exhausto por el esfuerzo físico, cayó encima de él. Permanecieron un momento así, intentando recuperar el aliento y acompasar sus respiraciones con los latidos de su corazón. Se acomodaron uno al lado del otro, abrazándose con ternura, mirándose a los ojos, disfrutando a pleno ese momento de intimidad. El mayor besó con ternura la frente del más bajo, el cual aún no se había recuperado del todo, pues sentía que aún respiraba con algo de dificultad.

-¿Estas muy cansado?- preguntó mientras le pasaba la mano por los cabellos, acomodándolos detrás de la oreja.

Apenas si terminó la frase el menor se acercó más aún al rubio, ocultando su rostro en el hueco entre su cuello y el hombro, susurrando apenas un suave y sensual "no" antes de comenzar a besar de manera muy provocativa la clavícula del mayor, lamiendo y chupando toda aquella deliciosa piel a su paso. El de ojos miel sonrió con satisfacción, algo le decía que aquella sería una larga noche.

No supo decir cómo ni por qué, pero a la mañana siguiente al despertar se halló a sí mismo acostado en el frio suelo de su habitación, apenas cubierto por una fina manta que tapaba solo lo justo y necesario, con un dolor de cabeza impresionante el cual no le permitía siquiera traer a la memoria los recuerdos de lo ocurrido, pero lo más notable al menos con respecto a su fisiología era el tremendo dolor que sentía en la parte baja, al mínimo movimiento de cadera una fuerte punzada su zona trasera impedía que siguiera con la acción. ¿Qué demonios le había hecho Toma la noche anterior como para que quedase en ese estado?

De repente, como en un rollo de película casera barato, como pequeños flashbacks las escenas de la noche anterior fueron cruzando una a una por su mente. Primero la cena y su exagerada ingesta de ese licor de procedencia sospechosa, pues está bien que el moreno no estaba acostumbrado a la bebida, pero aquello había sido el colmo, luego de eso, el intenso calor en su cuerpo que desembocó en diversas y vergonzosas acciones que no creía que había sido capaz de cometer frente a su rubio amante, y finalmente el salvaje descontrol de ambos durante el resto de la noche, cosa que lo dejó en un deplorable estado, hasta el punto de no poder siquiera levantarse. Su rostro estaba rojo ¿Acaso él había sido capaz de hacer semejantes cosas? Los recuerdos de aquello florecían en su mente como margaritas, haciendo que su vergüenza cada vez aumentara más. El y su novio en posiciones que nunca creyó posibles, ¿Cómo podía acordarse de todo eso? ¿Y más aún con recuerdos tan vívidos?

Sacando fuerzas de quien sabe dónde, el moreno se levantó en busca del de ojos miel, aunque sea para que este lo ayudara a llegar al baño, ya que ni siquiera dar pasos podía, sentía todo el cuerpo completamente adolorido, en definitiva ser una muchacho poco atlético no lo favorecía, debía de empezar a practicar algún deporte. Se fijo por todo el cuarto, apoyando una mano sobre la pared, y la otra sujetando la manta a su cintura, moviéndose a penas como podía sin hallar al mayor por allí, más justo cuando iba a darse por vencido y echarse en su cama a dormir como tanto deseaba, este se apareció con un albornoz puesto y el cabello goteándole por las puntas, dando a entender de que acababa de salir del baño.

-¡Ah! ¡Qué bien que ya despertaste!... ven, te preparé la tina, seguro ansias tomar un buen baño – comentó haciendo gesto de que lo siguiera, más el moreno hizo caso omiso, y como pudo se dirigió hasta su lecho con la intención de derrumbarse sobre él.

-¡No! Ven aquí, irás a bañarte ¡apestas! Si no puedes caminar, yo te ayudo…- dictó el mayor, son importarle lo más mínimo la opinión del de ojos carmín, después de todo en serio necesitaba un buen baño, olía a sudor, sexo y mucho semen.

Prácticamente lo cargó hasta el baño, dejándolo en la tina con toallas limpias para que cuando acabase se las arreglase solo. El mayor iría a preparar el desayuno, o más bien el almuerzo, quizá también la merienda, pues ya pasaban de las 15:30 hs.

Mientras el rubio limpiaba y ordenaba lo que había quedado sobre la mesa del comedor la noche anterior dio con la botella licor de chocolate que se habían bebido Shin y él, comenzando a leer, extrañándose al principio porque el nombre que tenía escrito se le hacía bastante familiar "Pastel de Chocolate Alemán", en un primer momento se le hizo raro que una bebida tuviese nombre de biscocho, pero al hacer memoria, y también leer las letras pequeñas, se realizó de que ese no era un licor de chocolate precisamente como le habían asegurado al moreno, sino un coctel del mismo gusto pero con efectos afrodisiacos, que la noche anterior habían podido comprobar muy bien.

Notas Finales:

Por fin termine xD…

Espero que les haya gustado ./.

No se si estuvo bien o no ponerle otro lemmon al cap, pero quería recompensarl s por no haber actualizado en mas de 3 meses… en serio lo siento T_T no volverá a suceder! Lo prometo!

Por favor dejen sus comentarios y opiniones! Y no me maten por este capítulo tan improvisado!

Actualizaré pronto! Es una promesa!

Ja ne!

Agradecimientos especiales a todas esas maravillosas personas que me han dejado review, que me siguen y que tienen a este fic como favorito!

Samara

Mako

Alexa 2118

Karin

Escarlitaw

Shion

Black-neko

AddictedToMxM

Akio

Valo

Raquel Acosta

Sandykou8723

LiMyou

Loveloveshinee

Ryuujin Youkai

TheNatyChan

Cvlv10555

Loveless23

Marypaaz

Angelito97-Delena

Mil gracias a todos por su apoyo!^O^..