San Miguel de Tucumán, 18 de Junio del 2013

Notas de sioa: Bueno, pido perdón por tanta demora en la actualización pero estuve muy carente de tiempo, mi pc termino de morir, estoy desde una prestada, estuve con infinidad de cosas que hacer, la verdad que no he tenido tiempo de actualizar en el poco tiempo libre qu tenía solo quería dormir, pero finalmente ya termine de rendir y puedo tranquilamente sentarme a actualizar. Además como les comente me mude a una pensión, donde viven otras 18 mujeres, esto parece un manicomio no encontraba el momento para poderme sentar a escribir sin griterío a mi alrededor.

Este será el capítulo fina, espero que les guste, intentare que la espera haya valido la pena.

Les dedico este capítulo final, a ustedes mis amados lectores que me han seguido desde el principio, y también a aquellos que recién se integran al fic, gracias por no abandonarme.

Los amo.

Ahora si, los dejo leer tranquilamente.

Capítulo 13 -Final-: Reconciliación, y vivieron felices para siempre.

-¡Al fin! el ultimo parcial aprobado... ¡soy la persona más feliz de mundo!-salió gritando de la universidad Sioa acompañada de un Misaki un tanto distraído. -Vamos hay que celebrar, mañana llega tu novio ¿verdad? te haría bien distraerte un poco antes de verlo, además ahora que tenemos algo de tiempo deberíamos aprovecharlo no crees.

-Creo que tienes razón, si llega mañana... ¿a dónde quieres ir? - pregunta distraídamente.

-Vamos al bar a jugar al pool un rato y tomar algo ¿te parece?-

-Claro, sería divertido- acepto de buena gana, dirigiéndose junta a ella al mencionado bar pero a unas cuadras de llegar un rubio ceniza se cruzó en su camino.

-Nobu-chan- grito alegre la muchacha. -¿a dónde vas?-

-Estaba por volver al departamento, no tengo nada que hacer... y deja de decirme "Nobu-chan" tarada - dice ofendido. - ¿a dónde van ustedes? -

-Vamos a ir a jugar al pool, ¿vienes?- lo invita Misaki con una sonrisa amable en los labios, aún estaba nervioso, pero se sentía extrañamente más tranquilo de saber que Usagi ya regresaba en solo un día, todas sus cartas estaban sobre la mesa, solo faltaba que el famoso escritor diera veredicto y sentencia, no había más que pudiera hacer.

-Claro, no tengo nada que hacer- así los tres encaminaron s andar yendo a paso distendido a pasar una bella tarde entre amigos.

Al aeropuerto de Tokio llegaba el vuelo desde Paris en el que venía el afamado escritor, con pasos rápidos se dirigió a buscar su maleta y regresando a su departamento en su convertible rojo se dedicó a hacer de ese penhouse el paraíso del romanticismo, al ver su obra terminada, se dispuso a ducharse tras el arduo viaje, enfundado en el más nuevo de sus trajes, comprado en la capital de la moda, por el cual había pagado una exorbitante suma de dinero se dispuso a peinarse, colocando sus gafas de sol de cristales violáceos ante sus ojos.

Ya listo se subió a su deportivo, en el bolsillo izquierdo de su saco sobresalía una hoja de papel finamente doblada. La carta de Misaki descansaba, como el más preciado de los tesoros, cerca del corazón del caprichoso millonario.

Conduciendo a un exceso de velocidad digno de él, se dirigía al encuentro de su amado Misaki a su facultad.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

El grupo de amigos, volvía sus pazos a la universidad pero algo perturbo la sonrisa del castaño, en la puerta dela universidad había un hombre alto de porte frio y elegante con un traje negro noche y unos lentes rectangulares decoraban su masculino apuesto rostro.

-¿Misaki quien es hombre? ¿Por qué cambias así la cara?- pregunta la muchacha.

El castaño estaba paralizado, ¿qué hacia Haruhiko ahí de nuevo? intento alejarse del lugar, dar media vuelta a sus pasos, doblar en la esquina y correr hasta que sus pulmones se quedaran sin oxígeno y sus piernas sin fuerza pero eso era inútil pues el Usami Mayor ya lo había visto.

-Misaki- Llamo seriamente y se acercó a él, las piernas del estudiante se movieron por si solas, y se acercó al mayor mirándolo aun desconcertado.

-¿Qué hace aquí Haruhiko-san? Le dije que ya no quería volver a verlo... - no sabía de donde había sacado el valor para decir semejante cosa, pero lo había dicho y eso era lo que importaba.
-Quiero que hablemos... solo eso- pidió cuando tomo a Misaki del brazo e hizo que se acercara más a él, tomando su barbilla para mirarlo a los ojos.

Los otros dos jóvenes sin saber exactamente que hacer observaban la situación incomodos, indecisos de si intervenir o no.

-Suéltame- protesto intentando alejar enérgicamente al mayor, más la fuerza de Haruhiko era bastante y lo tenía bien aprisionado contra él.

-No te soltare, hasta que hablemos...- Con un movimiento brusco metió a Misaki dentro del auto y cerro la perta subiéndose el al frente.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Doblando en la esquina de la facultad, Akihiko no podía soportar más los latidos desbocados de su corazón, pero sus ojos concentrados en el camino divisaron algo inaudito, el auto de su hermano estaba estacionado en la entrada de la facultad, y su hermano sostenía a su amado uke de la barbilla, parecía que estaban pronto a besarlo.

¿Misaki creía que él era idiota? Le estaba acaso, ¿tomándole el pelo? Volvió antes solo para verlo en brazos de Haruhiko, pudo su sentir su corazón casi detenerse totalmente en gesto doloroso, y bajo la velocidad.

Sus ojos se fijaron en "la feliz pareja" que estaba "abrazada amorosamente" en la vereda, su corazón dolía, Misaki nunca había permitido esas demostraciones de afecto en público, solo una vez cuando lo llevo para su cumpleaños a Hokkaido y pudo tomar su mano mientras caminaban.

Su mente divagaba entre fatalidades. -Misaki...- salió el llamado de sus labios en un corto suspiro -¿esta... jugando a dos puntas?- soltó al aire la pregunta que se aprisionaba en su pecho, unas lágrimas bajaron de sus ojos ante la desesperación.

Se podía escuchar en el aire el sonido de su corazón romperse.

Pero entonces un haz de lucidez surco su mente, Misaki no era capaz de eso, entonces vio la realidad de lo que sucedía, Misaki intentaba pelar y su Hermano acababa de literalmente secuestrar a su castaño ante sus ojos. Acelerando el auto se mete por un atajo e intercepta a su hermano, cruzando su auto a una cuadra frente a él.

Un gutural gruñido salió de la garganta de Haruhiko, al ver el deportivo de su hermano bloqueando el camino forzándolo a frenar, y ambos rivales bajaron de sus autos, como si de un duelo se tratara se miraron desafiantemente a los ojos, parecía como si fueran a matarse, era una escena casi tele novelesca, Misaki miraba desde dentro del auto la situación, su corazón se desboco al ver a su Usagi frente a él, con dificultad paso a los asientos de adelante trepándose y salió por la puerta delantera.

-¿Qué crees que haces Haruhiko? Deja en paz lo que es mío- declaro seriamente.

-¿Quien dice que es tuyo? Él se quedara conmigo... soy mucho mejor partido que tu.- contesto con arrogancia el mayor.

-¡ESO NO ES VERDAD!- Grito Misaki, interponiéndose entre ambos. -Haruhiko-san, le he dejado ya muchas veces muy claro que no estoy interesado en usted - Declaro con toda la seguridad que pudo, su rostro se sonrojo y apretando sus puños con fuerza busco valor de donde no tenia, los brazos le temblaban y cerro sus ojos, apretándolos para soltar con toda la fuerza de su pulmones. -¡YO AMO A USAGI-SAN, SOY SUYO Y NUNCA ME IRIA CONTIGO, NI AUNQUE ME PAGARAS! ¡BAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAKA!-
Los ojos de ambos hombres que lo escuchaban se ensancharon en sorpresa, más uno con dolor, y otro con una profunda alegría, de un solo tirón Usagi tomo a su uke y lo metió dentro de su convertible rojo, manejando nuevamente a alta velocidad de regreso a su hogar.

-Misaki... dilo de nuevo- le exigió. Habían llegado a la casa, pero aún estaban en el sub suelo dentro del auto, Usami había bajado el asiento de su acompáñate dejándolo como si de una cama se tratara y se puso sobre él, mirándolo profundamente a los ojos.

-¿he? ¿Decir qué? - pregunta, simulando no entender a qué se refería, su rostro estaba totalmente sonrojado, cuando las manos grades y frías del mayor recorrieron su pecho por sobre su abrigo y subieron hasta su barbilla tomándolo de forma firme pero amable para obligarlo a mirarlo, el cuerpo del menor se estremeció, un escalofrió recorrió su columna vertebral haciendo que un suspiro saliera de sus labios.

Tanto, tanto había extrañado ese tacto, tanto había añorado a ese hombre, tanto había anhelado un beso de sus labios, para él era aún tan difícil admitir que le deseaba. Porque sí, le deseaba. Esos ojos profundos le seducían, le embriagaba, su perfume lo dejaba sin defensas, sus frías manos le estremecían el solo tenerlo cerca después de un mes de no verlo hacia que todo su cuerpo rogara por un poco de amorosa atención.

-Tu sabes lo que quiero escuchar... tienes dos opciones... o me lees la carta que me mandaste... o repites lo que dijiste, di que eres mío que me amas - una sonrisa burlona y arrogante se instaló en su rostro quitando de su bolsillo aquel preciado trozo de papel, deleitándose con las reacciones y expresiones de Misaki bajo el.

-Usagi-baka, déjame...no lo hare... déjate de locuras, vamos a la casa y déjame llamar a Kamijou-sensei para avisarle que estoy aquí o se preocupara... - pidió intentado evitar lo inevitable, pues sabía que ese lobo insaciable que era su pareja lo devoraría antes de cruzar la puerta del penhouse, es más dudaba que pudiera salir en una pieza del ascensor, tener a Usami Akihiko tan cerca después de un mes de abstinencia... era una situación de alto riesgo para su retaguardia e integridad física.

-Hiroki entenderá cuando lo llame mañana... pero solo tienes esas opciones... - acerco su rostro lentamente a su cuello susurró en un tono sensual, pues con los años había logrado descubrir que su querido Misaki se estremecía entero al escuchar su voz contra su oído. -Misaki... dilo...- repitió en un murmullo dejando que su cálido aliento acariciara su oreja.

El cuerpo del menor se estremeció de pies a cabeza, todo su ser se sintió derretir al oír ese pedido demandante pero sensual, seductor, ese aliento cálido rosarlo, Usagi-san como siempre... invadía hasta sus tímpanos no dándole ninguna vía de escape, haciéndolo sucumbir a sus deseos, y por qué no admitirlo... también los suyos propios.

-Usagi...san- murmuro vencido, ¡Maldito sea ese hombre que podía hacerlo y deshacerlo a su antojo!-Te... te amo...- sus brazos tiritaban de nervosismo, confesar esas cosas nunca había sido fácil para él. -Te amo... soy... soy tuyo... nunca... nunca me dejes- suplico abrazándose a su cuello con ambos brazos. -no me dejes...- volvió a rogar dejando caer sus lágrimas, llorando a cantaros.

El mayor sintió su cuerpo temblar, escuchar esas palabras de Misaki era un sueño... un hermoso sueño hecho realidad, incluso se sentía mejor de lo que hubiera podido imaginar y plasmar en sus novelas Bl, abrió la puerta del auto y tomo a Misaki como si de una princesa se tratara dirigiéndose al ascensor, por primera vez en su vida contendría sus impulsos, por una vez quería colma a su niño de atenciones.

-Usagi-san bájame ¡alguien nos vera!- protestaba a los gritos intentado contener sus lágrimas pero sus quejas fueron calladas por un apasionado beso en los labios y antes de que pudiera darse cuenta se encontraba sobre la cama de su amado escritor, sintiendo sus frías manos acariciarlo bajo sus ropas.

Esas frías manos que había aprendido a amar, y que con el tiempo comenzó a necesitar recorrían los contornos de su cuerpo, necesitado de aire corto el beso y abrió sus ojos, jadeando bajamente sintiendo que su camisa había sido arrebatada de su cuerpo, paseo las manos sobre la cama buscando amoldarse mejor, pero algo suave y de aroma delicado inundo sus sentidos.

La cama de dos plazas de su adorado Usami estaba bañada en pétalos de rosas, el colchón parecía estar hecho de los mismos, el aroma dulce de las rosas rojas inundo su olfato, el rose de los pétalos sensibilizaba su piel, la mirada intensa y violácea de su pareja, mirándolo cual león hambriento observando un trozo de jugosa carne, lo hacía sentir ansioso, nervioso, deseoso de saber que haría su seme con él.

-Misaki- lo llamo con voz suave en su oído, subiendo sus manos pro sus piernas, acariciando desde sus rodillas, mimando sus tiernos muslos, apretando su trasero con las palmas de sus manos, reprimiendo esas inmensas ganas de arrancar esa tela estorbosa que le impedía acariciar a gusto y placer esa tersa piel tersa y de sabor adictivo, morir por repasar el camino de sus manos con sus labios, y ante ese pensamiento dejo de contenerse, bajando con besos y lamidas por su cuello, succionando y mordiendo su piel, deleitándose con aquellos roncos suspiros que escapaban de la garganta del estudiante.

Los besos de Usagi quemaban la piel del menor, sentía esos labios cual fuego ardiente sobre su cuerpo, su ser se estremecía ante cada rose, sus pezones erectos eran atendidos por la húmeda lengua de su novio, esa cálida sensación lo estaba enloqueciendo, sus ojos cerrados sus manos aferradas al acolchado, apretando sus nudillos hasta dejarlo blancos por la prensión que ejercía sobre ellos.

La lengua húmeda del mayor bajo por el centro de del pecho de Misaki llegando al borde del pantalón, de un tirón retiro los pantalones de su cuerpo y subió con lamidas desde su tobillo hasta su ingle succionándola con la intención de provocarlo aún más, besando luego su miembro de forma provocativa sobre la tela de sus bóxer.

-Eres tan sensual Misaki... - una risa baja escapa de entre sus labios, mordiendo el elástico del bóxer los baja con su boca dejando expuesto y vulnerable al menor bajo el, para luego dar una lamida desde la base hasta la punta.

Misaki temblaba sobre el colchón, sus ojos apretados, ya no sabía si estaba gimiendo alto o despacio, si jadeaba o suspiraba, solo sentía su cuerpo arder en las llamas de la pación las grandes manos de Usagi solo lo encendía cada vez más, su frialdad no servía de nada para apagar su fuego, la humedad de su boca engulléndolo, volviéndolo loco a cada segundo que pasaba, su espalda se arqueaba, y sus tobillos se clavaban en el colchón, su mente comenzaba a ponerse en blanco.

Un grito ahogado se oyó en la habitación, Usagi se arrodillaba en la cama relamiendo sus labios.

-Delicioso, pero eso fue rápido... ¿te has estado conteniendo tanto tiempo?... acaso... ¿no te has masturbado pensando en mí?- la pregunta hizo que el menor se sonrojara aún más y tapara su rostro o una mano estampando una almohada en la cara de su novio.

-Cállate imbécil... claro que no lo he hecho- protesta avergonzado, pues aunque eso era cierto, si había tenido sueños húmedos con el muchas veces.

Una nueva risa baja se escuchó seguida de un gemido bajo, dos traviesos dedos se abrían paso en la entrada del menor, los besos comenzaron, Misaki en su desesperación comenzó a tironear de su camisa, quitándosela con torpeza rompiendo un par de botones en el proceso mimando su espalda, arañándolo, abrazando sus caderas con sus piernas y ondeando su pelvis un poco invitándolo a seguir, frotando su miembro desnudo contra el aprisionado sexo de su amado peli plata.

Un gruñido masculino se escuchó, apartándose de Misaki, termino de sacarse la ropa que le quedaba tomando la mano de Misaki la apoyo sobre su pecho, haciéndole sentir lo latidos de su corazón.

-Misaki... Te amo... Te amo...- repitió para él apenando castaño que lo miraba con sus ojos entreabiertos, sonrojado y con los labios brillosos por la saliva, jadeando agitadamente.

Misaki sentía los latidos desbocados de su seme y una sonrisa leve apareció en sus labios, cuando sintió sus dedos salir de él y ser remplazados sorpresivamente por el duro y ardiente miembro de su amado, su espalda se arqueo aferrándose a su pecho, arañándolo en el proceso abrazando sus caderas con sus piernas.

El dolor mezclado con el dulce néctar del placer estaba enloqueciendo a ambos, los movimientos de su cuerpos sincronizados, sus voces jadeantes resonaban en el cuarto, amándose, olvidándose de pudores, de inhibiciones, sus cuerpos: sus carnes era una sola, era una sola persona, un solo ser.

Misaki, olvido todo lo que lo rodeaba, su cuerpo se movió a la voluntad de su alma, a sus deseos, en un sorpresivo movimiento volteo la situación dejando a Usagi bajo el, quizás finamente tomaría a promesa de atacar a Usagi, quizás de un método poco ortodoxo pero su cuerpo parecía no tener freno, comenzó a mover sus caderas sobre él, sus ojos apretados, sus manos reconocían los músculos del pecho del hombre bajo el, recorriendo cada parte como si memorizara esos caminos, como si creara un mapa del cuerpo de su seme en su mente, mordiendo sus labios para reprimir sus gemidos se entregaba plenamente a complacer y ser complacido.

Solo se concentraba a en pertenecer plenamente a él.

Usagi sentía su cuerpo arde de deseo, sus manos se dirigieron a esas caderas tan marcadas y provocativas, sujetándolas con firmeza comenzó a guiar al menor a un ritmo desenfrenado, ya no sabían cuál de los dos se movía, solo podían sentir esas desesperación, del pertenecerse, del poseer y ser poseído, sus cuerpos fundidos, ninguno de los dos podía decir donde comenzaba y terminaba su propio cuerpo, la temperatura en aumento, el oxígeno escaseando, los corazones sincronizados en un palpitar desbocado, el rechinar de la cama víctima de la pasión que desbordaban por cada poro de los hombres sobe ella, los pétalos de las rosas cayendo en el suelo, pegándose a los cuerpos sudados de ambos hombres perfumaban con un poco de romanticismo el aroma a sexo del lugar.

Un grito al unísono y dos cuerpos desplomándose desordenadamente en un bulto de piernas y brazos sin sentido, incluyendo un beso dulce y lleno de amor que declaraba a viva voz, sin mencionar palabra alguna, el amor que ambos espíritus se profesaban dictamino el final del acto.

Acurrucados en la cama, cobijados por el mato obscuro de la noche, y resguardados bajo las alas del cupido que los flecho aquella primera noche que bajo la nieve dos corazones ajenos se declararon abiertamente emociones de tristeza y se entregó la confianza servida en bandeja de plata con el postre amargo de perladas lagrimas saladas cayendo de ambos ojos, se dejaban caer en el sueño sellando un mudo pacto de "juntos para siempre" con un beso y un abrazo de puro sentir, en donde sus mentes se perdían en el pensamiento de "y si pudiera estar así con él por siempre", tal como aquella primera vez, hoy ese día parecía tan cercano, y tan distante a la vez, un tesoro tan efímero y tan perenne al mismo tiempo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Rojo cual tomate, intentaba hacer el desayuno, las imágenes de la noche anterior se repetían una y otra vez en su cabeza, el cuello del castaño estaba tan marcado que le producía dolor y no podía concentrarse, frustrado por la situación bajo sus hombros y comenzó a sacudir su cabeza intentado que esas ideas salieran de su mente.

-Usagi-Hentai- protesta cuando unos fuertes brazos rodeaban sus caderas y sobresaltado giro el rostro encontrándose con el semblante sonriente del novelista que se encontraba de más que de un excelente humor.

-¿Qué desayunaremos?- pregunta en tono cargoso besando su cuello y acariciando su pecho. –Aun no termino de recargarme de Misaki… creo que te quiero de menú-

-¿He?... Usagi-baka… déjame… suéltame… que no me toques imbécil… el desayuno se quema... ah~~- pronto aquellas habilidosas e inquietas manos recorrían cada porción de piel a su alcance dejando caer al menor en el suelo de la cocina con él encima. –Usagi-san… que me dejes… - vuelve a pedir apenado. –Al menos déjame que apague el fuego-
-No, yo te quiero ahora- declara ansioso, metiendo sus manos dentro de sus pantalones y arrebatándolos rápidamente.

-Usagi… Hentai espera… ah… -

-Tu boca se queja pero tu cuerpo está disfrutándolo.- comenta sonriendo arrogantemente el mayor.

Cuando el menor estaba por contestarle de forma agresiva que eso no era verdad, el sonido del celular del menor distrajo a ambos de la acción, y escapándose con agilidad el menor corrió a tender.

-¿Si? ¿Quién habla?- pregunto educadamente el menor.

-¡MALDITO MOCOSO! ¿Dónde rayos estas?- los gritos furicos de Hiroki se escuchaban claramente del otro lado de la línea.

-Kamijou-sensei… yo… bueno… la cosa es que jeje- la risa nerviosa comenzó a escapar de sus labios, cando sintió que le era arrebatado el celular y un molesto Akihiko ahora lo sostenía en sus brazos.

-Hiroki deja de molestar, Misaki estuvo toda la noche haciendo el amor conmigo, y deja de interrumpir que aun necesito recargarme de él, gracias por haberlo cuidado, pero mi venganza contra ti será dulce y terrible. Adiós- y corto el teléfono, oyéndose los gritos y las protesta de Misaki intentado quitarle el celular al mayor al oírle decir semejantes cosas a su profesor, no sabía dónde meterse de la vergüenza.

-¡Usagi-san!, ¿¡cómo puedes decir semejantes cosas!? ES MI PROFESOR – grito itnentado protestar, pero la mirada en su seme hizo que tdo su cuerpo se estremesiera, y retrocediera un par de pasos hasta chocar con la pared, sintiendo como ese hombre avanzaba hasta estampar sus manos a los lado s deus cabeza en la pared y desender levemente el rostro, rosando sus labios.

-Mi venganza contra ti, también será terrible Misaki… no te quepa la menor duda de ello… aun tienes que pagar por todo este "mal entendido" – tomándolo de las caderas se lo subí al hombro, fue a la cocina apago el fuego y subió con él hasta el cuarto cerrando la puerta de su cuarto tras de ellos, escuchándose los gritos de Misaki en protesta retumbar en cada pared del departamento.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Nii-san y Nee-san que están en Osaka…. Oto-san y Oka-san que están él cielo… les estaré siempre agradecido por permitir que Usagi se quedara a mi lado, por hacer que mi carta le llegara a tiempo… pero por favor… ¡Sálvenme de las garras de este lobo hambriento! ¡Es un maldito pervertido!... ¡Tasketeeeeeee!

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Del otro lado del celular Hiroki estaba sonrojado hasta la punta de las orejas y suspirando pesadamente corta el teléfono guardándolo.

-Hiro-san ¿Qué ha pasado?- pregunta curioso, pues el rostro sonrojado de su pareja lo intrigaba bastante.

-Misaki esta con Bakahiko- responde sentándose junto a su pareja y bebiendo un poco de café.

-Qué bueno, entonces todo se arregló entre ellos, yo sabía que todo saldría bien, ellos se aman, además Misaki es un buen muchacho. – aquel comentario había caído como balde de agua fría en Hiroki y miraba bastante mal a su pareja, este dándose cuenta del error en sus palabras abraza sus caderas pegándolo contra él. –Pero tú eres mucho más hermoso, y perfecto Hiro-san, ahora que estamos solos… ¿Por qué no te metes en la bañera conmigo?-

-Suéltame imbécil- un almohadazo con todas las fuerzas él castaño mayor se estrelló en su cabeza, y comenzó a apartarlo. –Maldito pervertido, depravado sexual, ¡Deja de pensar en idioteces!- protesta enérgicamente, cuando el medico sonríe y abraza sus caderas atrayéndolas el.

-Hiro-san… Hiro-san… -insistía riéndose, algunas horas más tarde, ambos ya tranquilos y descansando después del acto, el castaño suspiro apesadumbrada mente. –Hiro-san ¿qué te preocupa? – pregunta distraídamente su pareja.

-El hecho de que Akihiko me prometiera venganza…. Me preocupa. –

-¿Qué tan malo puede ser? Es tu amigo… ¿o no?- pregunta riendo con cierta diversión.

-No conoces a Usami Akihiko- y tras ese comentario se durmió en el pecho de su pareja.

-.-.-.-.-.-.-.-. OWARI-.-.-.-.-.-.-

San Miguel de Tucumán, 21 de Junio del 2013

Notas de Sioa: ALELUYAAA… ALELU ALELUYA! CUESTION, estuve con centenares de problemas… amo vivir en esta pensión, pero odio que los gritos no paren ni cuando les ruegas que paren de gritar como enfermas mentales porque estas intentado concentrarte e,eU el día de Hoy tuve una entrevista de trabajo, cuestión comenzaré a trabajar, asique 0 tiempo de escribir, trabajo, estudio iglesia, profesora de escuelita bíblica e,eU todo junto… por dios me tirare al rio u,u pero bueno son bendiciones

Prometo Extra… y como ya deben de estar imaginándose el extra será… La venganza de Akihiko.

Nos estamos viendo pronto, no me maten no me descuarticen por favor se los ruego, sin mí no hay extra recuérdelo los amo!.
Espero que lo hayan disfrutado mucho.

Matta ne