YO ESTOY AQUÍ

KUSHINA

Caminar por las calles de Konoha parecía tarea fácil, sobre todo para cierta pelirroja hiperactiva, y normalmente lo era, después de todo nadie se metía con la habanera sangrienta, pero eso era cuando caminaba sola, yendo con su guapo novio rubio, esa ya era otra historia.

Todas las miradas se posaban en ellos, algunas para saber cada pequeño detalle de su relación, (no por nada eran la pareja actual más famosa de la aldea, no es que a ninguno le agradara la popularidad), pero no eran estas las que la molestaban, podía soportar con algo de esfuerzo a los curiosos, eran las otras mujeres, las que desnudaban a SU Minato en su imaginación, prácticamente violándolo, las que deseaban al perfecto hombre a su lado, eran esas las que la ponían furiosa.

-Buenos días Minato-san- una morena de ojos claros coqueteo descaradamente batiendo sus pestañas hacia él, y por si no fuera poco, su ya no tan perfecto novio le dedico una de sus hermosas sonrisas. La gota que derramo el vaso.

-Buenos di…- no lo dejo terminar, Kushina estiro la mano tomando la de él, reclamándolo y lo jalo, mejor dicho arrastro sin contemplación.- Shina… ¿qué pasa?- un escalofrió lo recorrió completo cuando sintió el chacra de su novia alterarse- ¿Kushina?

-Minato- su voz tétrica reflejo el coraje y odio que en ese momento sentía, lo que hizo que el ya de por si rubio cabello rebelde se erizara mas- ¿siempre debes sonreírle así a todas?

-¿Estas celosa?- pregunto temiendo por su integridad física, pero la única reacción que recibió fue que su pelirroja se detuviera de golpe y bajara la mirada completamente deprimida.

¿Estaba celosa? ¡Para nada, ella era Kushina Uzumaki, 'ttebane!... es solo que estaba completamente aterrorizada, ¿Qué si algún día Minato decidiera que ella no era suficiente para él? ¿Por qué quien era ella para merecer al rayo amarillo de Konoha, al mejor ninja? Ella era solo una revoltosa kunoichi, nada femenina con una horrible cabello grueso y de color rojo, además de ser contenedora de un monstruo, y él… él era perfecto, un cabello tan dorado que hasta el sol lo envidiaba, los ojos mas azules, bellos y llenos de paz que encontrarías en la faz de la tierra, era amable y tierno, valiente. Él lo era todo y ella era nada.

-¿Mina-chan? ¿Por qué…?- sus inseguridades la asaltaron otra vez, ¿Por qué ella? Pudiendo tener a cualquiera con tan solo señalar, él la había escogido a ella específicamente.

-Simplemente porque eres tú Shina- contesto sabiendo completamente cuales eran las razones de sus miedos- nadie se compara contigo. Tú me levantas y me das animo cuando estoy a punto de caer, cada día me haces mejor, confías en mi y te preocupas cuando las misiones se retrasan- su corazón se hincho de ternura al ver a su segura, dulce y hermosa novia hacer pucheros- pero sobre todo porque te amo solo a ti.

-Minato- su pequeño susurro estaba lleno de amor, adoración, agradecimiento. Como si él fuera su razón de vivir, en realidad lo era.

-Minato-san podría…- una vocecita empalagosa los regreso haciendo que Kushina volviera a enojarse y Minato rodara los ojos.

-Lo siento, no puedo, tengo que llevar a MI NOVIA a comer- su agarre se afirmo en su palma, sus ojos no se apartaron de ella mientras hacía énfasis en la palabra novia. Y de repente la sujetaba de la cintura, atrayendo su cuerpo al de él y posando sus labios en los de ella, dejando muy en claro que tenía dueña y su nombre era: Kushina Uzumaki.

Fue entonces que ella recordó el porqué estaba perdidamente enamorada de él, no era porque fuera el mejor ninja o el hombre perfecto, ni siquiera porque la había rescatado años atrás. No nada de eso, ella lo amaba porque la hacía sentir especial donde nadie más podía.