Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son obra del gran Masashi Kishimoto. La historia es enteramente mía.

Parejas: NaruHina, SasuSaku, NejiTen, GaaMatsu, ShikaTema, SaiIno, KibaNabi.

Bueno, antes que nada, quería pedir perdón por la tardanza. No voy a prometer que subiré con frecuencia porque luego acabo por no cumplirlo, pero lo intentaré. Me alegro muchísimo de volver y gracias por el apoyo. Me hace inmensamente feliz. Este es el capítulo más largo que he escrito, espero que compense un poco la ausencia. No me demoro más, espero que disfrutéis el capítulo tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.

¡IMPORTANTE! Leed la nota de autor de abajo (habla sobre la creación de una cuenta de Twitter, entre otras cosas.)


7 HISTORIAS

El día que todo cambió

Uchiha Sasuke no podía dejar de rumiar la humillación que había sufrido. Y le preocupaba que realmente no le importase. La mirada fiera de Sakura a centímetros de su rostro había despertado algo en él que no sabía que tenía. Una mezcla entre anhelo y dolor que le había dejado un sabor amargo. Los ojos de Sakura eran jade al rojo vivo. Y solo con mirarla sentía que se quemaban sus maneras, su porte tranquilo y su indiferencia. Los trozos rotos de Sakura eran afilados y le estaban cortando.

- Creo que voy a quedarme ciega- Matsuri entrecerró los ojos al sentir los rayos del sol quemándole.

El sol brillaba con fuerza, como desafiando a la tormenta de horas antes. El bosque resplandecía con su luz, y las gotas de lluvia parecían pequeñas perlas acariciando las hojas.

- Es hasta bonito- Tenten se recolocó algunos mechones de pelo que se le habían salido del peinado- Aunque me gustan más los días nublados. Como las personas.

El bosque se reflejaba en los ojos oscuros de Tenten y Neji no pudo evitar pensar en lo bonito que era verla a contraluz. Y en que él era una persona nublada, con todo el dolor que arrastraba y la poca alegría que desprendía, y lamentó que Tenten se sintiese atraída por las personas nubladas como él. Casi se sintió culpable cuando deseó que no dejase de ser así.

- Creo que deberíamos irnos ya.- Sakura se colocó uno de sus guantes- Tengo ganas de llegar a Konoha, destrozar la oficina de Tsunade-sama y terminar de leerme algunos informes con tranquilidad, en mi casa. Sin verles la cara a estos siete traidores.

Y, acto seguido, pegó un puñetazo en el suelo que hizo temblar la tierra. Las rocas de la entrada de la cueva se desprendieron y esta quedó sellada.

- Mujer, eres demasiado problemática- dijo Shikamaru desde el suelo. Se encontraba muy cerca de la entrada y el temblor lo había tirado.

- Esta cueva sufre desprendimientos con facilidad. Así nos evitamos problemas.- la pelirrosa se quitó el guante con delicadeza, como si segundos antes no hubiese partido el suelo por la mitad.

- Sí, tienes razón- Hinata se apartó con gracia el pelo que le caía por los hombros- Es hora de volver a casa.

Las kunoichis estaban deseosas de llegar a Konoha, ajustar cuentas con la Hokague y no ver a los chicos en un tiempo. Descansar, asimilar lo que había pasado en esa casa perdida de la mano de Dios y fortalecer una vez más la coraza que habían abierto. Volver a Konoha significaba volver a la rutina, a la seguridad.

Temari frunció los labios. No creía que eso fuese posible a esas alturas.

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- Tsunade-sama- Shizune trató de no exasperarse cuando se encontró a la Hokage dormida sobre su escritorio- ¡Tsunade-sama!

La mujer rubia se sobresaltó y tiró todos los papeles que había sobre la mesa. Un par de botellas se rompieron en el proceso.

- ¡Estoy aquí, estoy trabajando, siendo tan productiva como siempre! ¡Mira cómo trabajo!

- La joven no sabía si reír o tirarle una silla. Esa mujer no cambiaría nunca.

- ¿Tienes algo que decirme, o me has interrumpido mientras trabajaba para nada?

- Definitivamente, le tiraría una silla.

- Tsunade-sama, ¿sabe usted qué día es hoy?

La Hokage se mostró realmente confusa, pero trató de ocultarlo tras una sonrisa de suficiencia.

- Claro que lo sé, ¿por quién me has tomado? Hoy es… - Tsunade recorrió la estancia con la mirada, tratando de encontrar, bien entre los papeles del suelo o en la pared, alguna pista sobre el día que era. - ...tu cumpleaños.

- No.

- El cumpleaños de Kakashi.

- No.

- El de Ton-ton.

- No.

- ¡Mi cumpleaños!

- ¡No!- la pelinegra pateó el suelo con frustración- ¡No puedo creer que no se acuerde! ¡Hoy vuelven las chicas!

- ¿Hoy?

- Hoy.

- ¡Hoy!- Tsunade chilló, espantada- ¡Las chicas vuelven hoy a Konoha! ¡Y los chicos vuelven con ellas! - Tsunade volvió a tirar los papeles que Shizune había atinado a -colocar sobre la mesa- ¡Llama a Kakashi! ¡Llama a Kurenai! ¡Diles que es una urgencia! ¡Puede que Konoha no sobreviva a hoy!

Y, mientras Shizune salía corriendo de la oficina de Tsunade, se preguntó qué le hizo trabajar para esa mujer loca. Y en lo irónico que resultaría que si Konoha se destruía, sería por culpa del estúpido plan de su Hokage.

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El portón de entrada a la Villa de la Hoja se alzó ante ellos. Los guardias de la entrada, alertados por la Hokague, los dejaron pasar sin saludar siquiera, temerosos de la reacción de las chicas hacia cualquier comentario que se les pudiese escapar.

La aldea seguía como siempre. La vida, la forma de percibir las cosas de los siete ninjas había cambiado, pero para la aldea parecía no haber pasado el tiempo.

- Teme, ¿qué crees que pasará ahora?- Naruto miraba al frente con el rostro serio. Sasuke no supo qué contestar- Tengo miedo- susurró.

La cabellera negra de Hinata brillaba bajo el sol con cada paso que daba, y a pesar de que estaba a unos pasos del grupo de chicos, que se mantenían rezagados, Naruto sintió que estaba a kilómetros de distancia. El miedo a perderla volvió a instaurarse en su pecho, como una garra de metal que le impedía respirar con normalidad.

- Esto es demasiado problemático- Shikamaru se frotó el cuello con hastío- nos van a odiar para los restos.

- Tienen motivos para hacerlo- sentenció Gaara. Nadie le llevó la contraria.

Adelantadas, las chicas se mantenían en un espeso e incómodo silencio.

- Sakura, cuando veas a Tsunade-sama, contrólate- Ino miró a la pelirrosa, sus ojos mostrando preocupación.

- ¿Por qué no iba a hacerlo?- la voz calmada de Sakura indicaba que la pregunta no le había ni sorprendido ni afectado en lo más mínimo.

- Porque yo no lo haría- Temari interrumpió la que sería la airada contestación de Ino- Tú eres su alumna, quizá te sientes traicionada por ella.

- Para sentirme traicionada tengo que sorprenderme. A estas alturas de mi vida no me sorprenden esta clase de puñaladas.- viendo que la respuesta no había tranquilizado a nadie, añadió a la vez que rodaba los ojos- No voy a hacer nada.

- Te admiro, Sakura- la pelirrosa alzó una ceja, interrogante ante la repentina intervención de Hanabi, que durante todo el camino no había reflejado ni la más mínima emoción en su rostro- Tu desconfianza frente a todo y todos te evita decepciones.

Sakura tragó saliva, debatiéndose entre si mentir o decir la verdad. Estaba cansada de tanto abrirse a los demás, pero ya más daño del causado no le parecía posible.

- Eso no es del todo cierto. Las decepciones te las llevas igual. La diferencia radica en que no sangras, sólo te rasguñas.- y con una mirada, dio por finalizada la conversación.

En ese momento, la torre Hokage se alzó ante ellos. Había llegado la hora de confirmar que todo lo que habían vivido no era un mal sueño.

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Sakura no se molestó en tocar a la puerta del despacho de la Hokague. De una patada la arrancó de los goznes y la hizo atravesar toda la estancia hasta chocar estruendosamente contra la ventana que, ante la sorpresa de todos, aguantó estoicamente el golpe. La Godaime no estaba sola: Kakashi y Kurenai, uno a cada lado de la mujer rubia, esperaban con curiosidad la evolución de los acontecimientos.

- Buenos días- la frialdad de su tono de voz pareció bajar la temperatura varios grados.- Espero que la explicación sea buena- y cruzándose de brazos, se recostó contra la pared con los ojos cerrados, indiferente, esperando la respuesta de la sorprendida Hokague.

La carcajada de Ino rompió el espeso silencio que se había formado.

- Menos mal que no ibas a hacer nada, frente de marquesina.

Tsunade carraspeó, incómoda. Quizá la situación se le había ido un poco de las manos.

- Sé que estáis enfadadas, y que tenéis motivos para estarlo. Y es cierto- añadió, elevando un dedo para acallar el que iba a ser un comentario sarcástico por parte de Temari- que de cierta forma he hecho esto para divertirme. Pero, como le comenté a los chicos al principio de todo esto, el motivo principal era ayudar.

- ¿Y se puede saber de qué forma la humillación por la que nos ha hecho pasar nos ha ayudado?- preguntó Tenten, incrédula.

- Que os lo expliquen los chicos, que están muy callados.- Kakashi habló por primera vez desde que los ninjas irrumpieron en el despacho.

Nadie habló. El silencio se cernió sobre la estancia y el aire pareció hacerse más denso.

- Bueno- tragó saliva, tratando de encontrar las palabras indicadas- Creo que la vieja tenía buenas intenciones. Nosotros al principio no entendíamos lo que quería decir. Nos dijo que esta "misión" era necesaria para que os conociésemos de verdad.

- Dijo- añadió Kiba- Que no os prestábamos atención. Que ya era hora de que supiésemos cómo sois de verdad.

- Eso no justifica nada- Hanabi no cambió la expresión. Kiba se estremeció.

- Supongo que no.

- ¿Qué habéis aprendido de esto?- preguntó Tsunade.

Sakura abrió los ojos lentamente..

- Genial, esto empieza a parecer un examen- dijo con aburrimiento- ¿Sabe? Me da igual cuáles fuesen las intenciones. Ha sido insultante. Si me disculpa, tengo cosas mejores que hacer que escuchar estas tonterías. Chicas, nos vemos luego.

Y la pelirrosa, sin dar tiempo a nadie a replicar, desapareció por la puerta.

- Sakura-chan está verdaderamente enfadada- susurró Naruto con tristeza.

- No puedo imaginar por qué- Ino enarcó una ceja.

- No esperaba que esto fuese fácil de todas formas- la Hokage entrelazó sus dedos a la altura de los ojos y dejó caer su peso sobre los codos, apoyados en la mesa- Entiendo que estéis enfadadas, pero creí que las cosas tenían que ser así. No podíais seguir… Sasuke, ¿a dónde se supone que vas?

- Hump. No me sigáis.

El pelinegro aceleró el paso para alcanzar a la pelirrosa, que en esos instantes estaba cruzando la puerta para salir al exterior. Sin darse la vuelta, la joven advirtió la presencia del Uchiha.

- ¿Qué quieres? Me parece haber dejado claro que no tengo tiempo para estupideces.

- Creo que tenemos que hablar- directo y claro.

- Yo creo que no- sin molestarse en mirarlo, la pelirrosa reanudó su marcha.

Exasperado, Sasuke la adelantó para cortarle el paso.

- ¿Podrías dejarme tranquila, Uchiha?- la manía de llamarle por el apellido comenzaba a molestar a Sasuke.

- ¿Qué te ha pasado, Haruno?

- No sé a qué te refieres.

- Tu actitud.

Sakura alzó una ceja, comenzando a entender de qué trataba el asunto.

- Espera, ¿pensabas que estaría detrás de ti por siempre?- no pudo evitar que una risa afilada escapase de sus labios- ¿Que volverías a la aldea y me tiraría a tus brazos, Sasuke-kun?- saboreó su nombre, pronunciándolo lentamente, con burla.

- No. Simplemente, no te imaginaba así.

Sakura borró la sonrisa y recompuso su cara inexpresiva de siempre. Que el pelinegro se estuviese molestando en hablar con ella le producía una mezcla de curiosidad y exasperación. No sabía qué pretendía y eso no le gustaba. Quería estar lo más lejos posible de él. Hasta el momento la existencia del chico no le había producido más que indiferencia, pero desde la emboscada de la Hokage lo único que sentía eran ganas de estar lo más lejos posible de él.

- Mira, Uchiha- debía terminar de una vez con esto- Quizá me recuerdes como la niña inútil que se derretía por tus huesos. Pero el tiempo pasa y aprendes. La vida no es fácil, y la de una kunoichi, menos. El dolor te pule hasta hacerte una piedra sin aristas. No sé qué idea te has hecho sobre lo que siento por ti después de haber escuchado lo que dije en la casa, pero olvida todo lo que creas saber, porque no me conoces. Ahora déjame en paz.

Sasuke la vio alejarse sin hacer nada para evitarlo. Su expresión no cambió, pero estaba sorprendido. La niña de hace años había desaparecido y había sido reemplazada por una mujer de hielo. Regresó a la oficina de la Hokage e ignoró las miradas interrogantes que lo avasallaron cuando cruzó la puerta.

- Bueno- Temari carraspeó, a sabiendas de que el pelinegro no iba a decir anda- Deberíamos volver a Suna, ya no hay nada que nos retenga aquí.

Matsuri asintió en silencio. La idea de quedarse más tiempo en ese despecho no resultaba nada tentadora.

- Esperad un momento, no os podéis marchar así sin más- Tsunade los miró con una sonrisa de lado.

- ¿Ah, no?

- No. Falta el informe.

Tenten abrió los ojos desmesuradamente, sin dar crédito a lo que estaba escuchando.

- ¿Está de broma, verdad?

- ¿Crees que estoy de broma?

- Lo que creo es que nos está jodiendo- Ino apartó la mano que Hinata había depositado sobre su hombro con la intención de detenerla- Nos hemos quedado en este despacho porque pensamos que había una buena razón para todo este numerito que ha montado, pero ahora ya no queda duda de que simplemente es para su diversión.

- Yamanaka, relájate- la Hokage endureció su mirada- Quizá no ha sido la mejor forma, pero desde luego la intención era ayudar. Todos los aquí presentes y, por supuesto, mi alumna, sois ninjas de élite. Os necesito en plena forma, y no sólo físicamente hablando. Necesito que os conozcáis y que se os valore. A vosotras no se os valoraba.

- Disculpe- la suave voz de Hinata cortó el discurso- ¿Quiere decir que exponer nuestros sentimientos, algo tan íntimo como es revelar tus mayores miedos y anhelos, iba a hacer que se nos respete más, en vez de simplemente poner el foco sobre nuestras debilidades y dar carta blanca para destruirnos? Porque, con todos mis respetos, permítame dudarlo.

Todas las miradas se clavaron en la Hyuga, que si bien tenía la respiración ligeramente acelerada, no daba signos de su habitual timidez. La Hokage guardó silencio.

- Mi hermana tiene razón. Es una vergüenza. Y con respecto al informe, ¿qué tenemos nosotras que ver? Esta es su estúpida misión- dijo señalando a los chicos, que no parecían tener intención de abrir la boca- En todo caso el informe lo tendrían que hacer ellos.

- Esto también ha sido para que os conozcáis entre vosotras, así que no, no es sólo cosa de ellos. Tendréis que hacerlo todos juntos. Sin réplicas, es una orden. Y ahora, fuera de mi despacho.

Segundos después, tras un fuerte portazo, todos se encontraban fuera, quietos, rodeados de un incómodo y pesado silencio.

- Bueno…- Naruto titubeó- Creo que no tenemos más remedio que hacerle caso a la vieja.

- Prefiero cortarme un brazo antes que pasar más tiempo con vosotros- escupió Ino.

- Entiendo que estéis enfadadas- intervino Shikamaru- Pero lo mejor es acabarlo cuanto antes. Si lo hacemos mañana por la mañana, por la tarde Gaara, Matsuri y Temari podrán regresar a Suna.

Temari detestó con todas sus fuerzas el escalofrío que le recorrió la columna al escuchar su nombre de labios de Shikamaru. Y odió aún más que él tuviese razón.

- De acuerdo- dijo la rubia de cuatro coletas- Lo haremos así. ¿Dónde quedamos?

- Mi casa está libre, ya sabes- Naruto se rascó la nuca, quitándole importancia- Pero creo que es demasiado pequeña para todos.

- En mi casa cabemos- la voz ronca de Sasuke los sorprendió.

- ¿Dejarías que entremos a tu casa, Uchiha?- Tenten no estaba segura de haber escuchado bien.

- Hump. Cuanto antes acabemos esto mejor.

- Pues decidido- Kiba dio una palmada, finalizando la conversación- Mañana a las diez en casa del Uchiha.

- Bien, pues hasta mañana.

Tenten se dio la vuelta, siendo seguida por las demás chicas.

- Arreglar esto va a ser difícil- masculló Kiba.

Akamaru ladró, dándole la razón.

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- Chicas, creo que deberíamos buscar a Sakura para avisarla, ¿no?- preguntó Maturi, dubitativa.

- Conociéndola, estará o en el campo de entrenamiento destruyendo bloques de hierro a puñetazo limpio o leyendo en su casa. Voy a mirar primero en el campo de entrenamiento, ¿os venís?

- Tampoco tenemos nada mejor que hacer- dijo Temari, encogiéndose de hombros.

Anduvieron en silencio, sumidas en sus pensamientos. Se sentían heridas en su orgullo, pero no había nada que pudiesen hacer. Cuando finalmente llegaron al campo de entrenamiento, vieron que Sakura no se encontraba allí. Si la teoría de Ino era cierta, la pelirrosa debería estar en su casa.

Llegaron a casa de la pelirrosa después de un rato andando. Cuando Sakura les abrió la puerta, un escalofrío les recorrió la espalda. Estar todas juntas en casa de la medic-nin les recordó al momento en el que todo empezó.

- Sakura, tenemos algo que contarte.

La joven gruñó, presagiando que no sería nada bueno.

- Pasad.

La casa de Sakura era pequeña y acogedora. A pesar de la evidente falta de interés por parte de la joven de decorarla y la ausencia de fotografías y objetos que indicasen quién vivía allí, la atmósfera estaba cargada de una esencia familiar que no dejaba de sorprender a las kunoichis cada vez que entraban. Los colores eran lisos y claros, dándole un aspecto fresco y haciendo parecer la casa más grande de lo que realmente era. Cuando ingresaron en el salón, Sakura se adelantó para retirar la montaña de libros que ocupaban los tres pequeños sofás que rodeaban una mesita igualmente abarrotada.

- ¿Va para largo? Estoy bastante ocupada después de haber perdido tanto tiempo de forma tan sumamente inútil.

- Es bastante rápido, pero creo que no te va a gustar: tenemos que hacer un informe sobre estos últimos días.

- E imagino que eso no es todo.

- No- Temari rodó los ojos- Con los chicos. Tenemos que hacer el informe con los chicos..

La pelirrosa guardó silencio. No es que la última estocada de la Hokage la sorprendiese especialmente, pero sintió cómo una ligera irritación aparecía en la parte baja de su vientre.

- De acuerdo. ¿Cuándo?

- Hemos quedado mañana a las diez- contestó Matsuri con voz suave- Para que así por la tarde podamos irnos a Suna.

- Tiene bastante sentido. ¿Dónde?

- En casa del Uchiha.

Sakura asintió, tragándose el gruñido de exasperación que luchaba por salir de su garganta.

- Bien. Si eso es todo…

Dejó la frase suspendida en el aire como una invitación para que las chicas se fuesen. Lo que más quería en esos momentos era estar sola, con sus libros y con el té que minutos antes tenía la intención de prepararse.

Las kunoichis hicieron el ademán de levantarse, pero Ino las detuvo.

- ¿Ya está? No me lo puedo creer. ¿Después de todo por lo que hemos pasado no vamos a hablar del asunto?

- ¿Hay algo de lo que hablar?- Hinata se alisó la camisa- Creo que Hanabi-chan y yo deberíamos volver a casa y explicar la situación.

- ¿Estáis diciendo que no vais a hacer nada?

- Espero que no estés hablando de una venganza, Ino cerda. La venganza entra dentro de mi lista de cosas que me parecen una soberana pérdida de tiempo.

- A ti todo te parece una soberana pérdida de tiempo, frente de marquesina. Y no, por supuesto que no hablo de una venganza. Pero imagino que no tenéis la intención de hacer como que nada ha pasado.

Tenten imitó a Hinata y se levantó del sofá.

- No, por supuesto que no. No tengo la intención de hablar con ninguno de ellos.

- Bien, algo es algo. Conociéndoos pensé que seríais capaces de volver a ir detrás de esos traidores.

- Antes me corto las piernas- intervino Hanabi- Ese bicho pulgoso, por mucho que sea tu amigo, Hina-chan, está fuera de mi vida.

- Una vez aclarado este asunto, ¿podéis dejarme ya tranquila?

- No, todavía no.

Por mucho que odiara admitirlo, Ino temía el momento de quedarse sola con sus pensamientos. Necesitaba alargar el momento de estar con sus amigas. Odiaba la idea de llegar a su habitación y darse cuenta de que todo lo que había pasado no era una pesadilla.

- Todavía no- repitió la rubia- Porque vamos a salir todas juntas a cenar para celebrar que esto ha acabado y para despedir a Matsuri y a Temari.

- Cerda, ¿de verdad que no podéis simplemente iros y dejarme un rato tranquila?

- Pues no. ¿Qué os parece, chicas?

Las kunoichis se miraron entre sí, a sabiendas de que a Ino no le importaba lo más mínimo lo que les pareciese a ellas. Iban a ir igualmente, lo quisieran o no.

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- Que alguien me explique por qué tenemos que salir a cenar. Qué problemático.

El joven bostezó, claramente aburrido por la situación. Lo único que deseaba después de esa semana era tumbarse a mirar las nubes sin preocuparse por nada más.

- No seas vago, dattebayo. ¡Gaara se va mañana y tenemos que despedirnos de él!

- ¿Le has preguntado si esto es lo que quiere, dobe?- la voz grave de Sasuke salió de su boca con un tinte de molestia. Desde el encuentro con Sakura el humor del pelinegro había empeorado notoriamente.

- A mí me parece bien- intervino Gaara.

Realmente, salir a celebrar era lo que menos le apetecía al pelirrojo en esos momentos, pero la mirada de Naruto después del comentario del Uchiha le había hecho dejar a un lado su idea inicial de decirle al rubio que prefería descansar. Sabía que a Naruto le aterraba la idea de quedarse solo. Cuando estaba con gente dejaba relucir su explosiva personalidad, pero en la soledad no le quedaría otra que afrontar sus pensamientos. Además, Gaara sabía que al rubio le hacía verdaderamente ilusión despedirle de una forma especial. Suspiró, viendo los ojos azules de Naruto brillar tras su intervención.

- ¡Perfecto!- la sonrisa del rubio le achinó los ojos- ¿Alguien sabe a dónde podríamos ir?

- Ino me comentó de un local que, según ella, es "lo más". No sé qué criterio sigue para calificar algo como "lo más", pero es lo único que se me ocurre.

- Miedo me da- dijo Kiba- Pero no tenemos más ideas.

- Seguidme.

Se adentraron por las calles laberínticas de Konoha siguiendo a Shikamaru, que parecía saber muy bien por dónde ir a pesar de su inexpresividad. Anduvieron en silencio un buen rato, sin ánimos ni ideas para iniciar una conversación. El frío, el miedo y la confusión calaba hasta los huesos.

Girando una última vez, dieron a parar a una calle amplia y llena de movimiento. El ruido los sacó de su burbuja de calles oscuras y solitarias. Las personas iban y venían en un frenesí de sonidos, colores y juventud. Las risas que flotaban en el aire, el olor de la comida cocinándose en los puestos ambulantes y los farolillos de luz cálida parecieron aflojar durante un instante el peso que recaía sobre los hombros de los siete shinobis.

- Está al final de esta calle- Shikamaru alzó la voz para hacerse oír- Es ese local de ahí, el de las luces de colores.

Cuando Kiba apartó la cortina de la entrada y acostumbró su vista a la semi-oscuridad, sonrió satisfecho. Al parecer, el criterio de la rubia eligiendo sitios era verdaderamente bueno.

El local no era ni muy grande ni muy pequeño. Las mesas redondas donde los clientes se sentaban para comer y beber se salpicaban por toda la estancia, dejando vacío un perímetro de tamaño modesto para bailar. Las luces que cortaban la oscuridad eran de distintos colores, y lejos de molestar, convertían el lugar en algo mágico. La música flotaba en el aire a un volumen que permitía a la gente hablar entre sí al mismo tiempo que era posible distinguir las canciones.

Con una amplia sonrisa, Naruto adelantó a Kiba y sorteó las mesas llenas en busca de alguna en la que pudiesen sentarse todos. Les hizo un ademán con la mano para que le siguiesen y continuó en su búsqueda. Había mucha gente y por el momento parecía que no quedaba sitio para ellos.

Sasuke gruñó cuando Naruto se paró abruptamente, ocasionando que chocase contra su espalda. El rubio se giró, con la boca entreabierta y mirada sorprendida.

- ¿Y ahora qué te pasa, dobe?

Sin hablar, señaló hacia el fondo del local.

- Parece que sólo queda una mesa libre, hemos tenido suerte. Si es que la suerte existe- Sai se llevó la mano al mentón, en un gesto pensativo que no concordaba con la inexpresividad de su rostro- Leí un libro sobre eso hace no mucho. A grandes rasgos, trataba sobre…

- No, no me refiero a eso- le cortó Naruto- La mesa de al lado. Mirad la mesa de al lado.

Y de pronto, lo entendieron.

- Mierda.

Las chicas les devolvían la mirada desde la mesa contigua a la única que quedaba vacía. Sorprendidas y exasperadas.

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- Decidme que es una broma- susurró Hanabi.

- Ojalá pudiese decir eso.

Apenas llevaban diez minutos en ese lugar y ya deseaban irse. Los ánimos de la noche se habían enfriado a la velocidad a la que los chicos se acercaban a ellas.

- Se están acercando.

- Mierda, Sakura, que se están acercando.

- Sí, ya lo veo.

- ¿Pero por qué se acercan?- la voz de Ino sonó más aguda de lo normal por los nervios- ¿Alquien les ha dicho que se pueden acercar? ¿ Acaso nuestras caras parecen las caras de personas deseosas de su compañía?

- Relájate, cerda- habló Sakura, con la mirada fija en los chicos- Que no noten que te afecta.

Cuando los shinobis llegaron a la altura de la mesa donde estaban sentadas las chicas, se quedaron en silencio, inseguros sobre si debían hablarles, sentarse en la mesa libre o simplemente darse la vuelta e irse por donde habían venido.

- ¿Tenéis pensado quedaros ahí con esa cara de gilipollas?- Temari se cruzó de brazos- Si no os dais prisa os quitarán la mesa en vuestras narices, y eso sería bastante patético.

- ¿Nos podemos quedar?- preguntó Kiba, inseguro.

- Primera noticia de que el local es nuestro y podemos decidir quién se queda y quién no- refutó Sakura con una sonrisa ladina.

- Eres insoportable, Haruno- los ojos del pelinegro se entrecerraron peligrosamente.

- Entonces- comenzó Sakura, levantando la mano para llamar la atención de un camarero, que enseguida se apresuró a atenderles- nos parecemos en algo. Una botella de sake para mí, que la noche va a ser divertida.

El camarero apuntó las bebidas de todos los ninjas y se alejó, sintiendo el ambiente pesado entre ellos.

- Si te bebes tú sola una botella de sake van a tener que sacarte de aquí a rastras.

- Estoy segura de que eso sería más entretenido que quedarme aquí.

No podía creer la mala suerte que tenía. Después de la charla con el Uchiha a la salida del despacho de su maestra, no tenía pensado cruzarse con el chico en mucho tiempo. Podía sentir los ojos carbón del muchacho atravesándole la piel como dagas al rojo vivo. Clavó con fuerza sus uñas en la palma de su mano en un intento de suplir con dolor físico la increíble molestia que comenzaba a sentir. No se sentía cohibida por la presencia de los shinobis, por mucho que odiaba haberse expuesto de la manera en la que lo hizo delante de ellos. Con el tiempo había aprendido a que le trajese sin cuidado lo que otros pensasen de ella. Si creían que era débil, ya comprobarían ellos mismos que eso no era cierto: ella no tenía la intención ni el deber de demostrarle nada a nadie.

Pero a pesar de eso, la mirada de Sasuke le ocasionó un escalofrío que le dolió en lo más profundo de su orgullo.

- ¿Se puede saber qué hacéis aquí?- habló Hanabi por primera vez.

- Venimos a despedir a Gaara, que mañana se va a Suna. Imagino que vosotras estáis aquí por lo mismo, para despedir a Matsuri y a Temari.

- Sí, aunque está claro que venir aquí para hacerlo no ha sido una idea tan fantástica como creía- dijo Ino chasqueando la lengua con disgusto.

- Nee, chicas... - el que se autodenominaba futuro Hokage habló, indeciso- Sé que es difícil perdonar esto, pero… pero creo que por esta noche deberíamos intentar llevarnos bien.

Hanabi sintió cómo Hinata se tensaba en su sitio al escuchar la voz de Naruto y apretó su mano. La joven de larga melena azulada trataba por todos los medios de regular su respiración. El latido de su corazón le pitaba en los oídos desde el mismo momento en el que vio la mirada eléctrica de Naruto recorriendo el local. La determinación de no dejar que ese rubio le afectase parecía tambalearse como si se tratase de un castillo de cartas al viento. Cerró los ojos con fuerza y contó hasta diez. Maldijo interiormente su debilidad hasta que sintió la calidez de la mano de su hermana en la suya propia. Ladeó el rostro y sus ojos perla se toparon con los perla de Hanabi. Se vio reflejada en ellos y encontró la seguridad que necesitaba.

- Opino lo mismo que Naruto- esta vez fue el mencionado el que dio un respingo al escucharla hablar. La chica de ojos perla sintió un pinchazo al ahorrarse el sufijo con el que solía referirse al rubio- No digo que seamos grandes amigos, pero creo que estaría bien no pelear. El punto de salir era pasárnoslo bien y despedir a nuestros amigos. Si vamos a estar a malas, más nos valdría habernos quedado en casa.

Ino abrió la boca para replicar en el preciso momento en el que el camarero se acercaba para traer las bebidas. Los ninjas bebieron en silencio. La Hyuga tenía razón, pero todos los presentes se sentían demasiado sorprendidos por su intervención como para decir algo.

- Hinata-san…- habló Neji, aclarándose la garganta- Sobre lo que dijo acerca del Bouke…

Los presentes se tensaron. Sacar a relucir eso en ese momento era como recordarles indirectamente que las habían estado espiando. Neji sabía que no debería haber hablado. Él no acostumbraba a dejarse llevar por sus impulsos, pero de verdad deseaba saber si todo lo que había dicho su prima era cierto.

- No me crees capaz- no fue una pregunta- No crees que pueda hacerlo.

El Hyuga no contestó debido a la sorpresa. La expresión de su cara no varió ni un ápice, pero se sorprendió de la dureza en la voz de su prima.

- Supongo que es lógico- prosiguió la joven, hablando más para ella misma que para los presentes- Es una tarea casi imposible para alguien habilidoso, supongo que pensar que alguien como yo quiere destruir las ramas de uno de los clanes más poderosos de la villa suena a chiste.

- No he querido decir eso.

- Pero lo piensas, ¿no es así?- Hinata deslizó el dedo por el borde de su copa, sin despegar los ojos de los de su primo. No sabía si era el alcohol o una valentía que había estado oculta muchos años lo que le permitía hablar de esa forma, pero decidió que necesitaba alargar esa seguridad todo lo que pudiese.

Neji se mantuvo en silencio, recorriendo las facciones de su prima con la mirada. ¿Cuándo había crecido tanto? ¿En qué momento dejó de ser la niña que se asustaba hasta de su sombra? La joven temblaba, eso no había pasado desapercibido a la vista perfecta de Neji. Las manos de Hinata tenían un ligero temblor que la joven trataba de disimular apretando la copa con fuerza. Ella seguía siendo la misma, con su habitual timidez, pero la determinación en su mirada, la promesa muda de que era capaz de cualquier cosa que se escondía entre sus labios apretados, era algo totalmente nuevo en ella.

- No- habló por fin, con voz gruesa- Eso no es lo que pienso.

La simpleza y seguridad con la que su primo admitía que la creía capaz de lo imposible arrolló a Hinata con la fuerza de un huracán. No pudo evitar la sorpresa en sus ojos ni el gemido ahogado que escapó, suavemente, de sus labios.

- Te he visto crecer, Hinata- su nombre sin sufijo no sonó irrespetuoso, sonó a familia. Neji se permitió, por primera vez en mucho tiempo, creer que lo eran y que él no se trataba únicamente de su guardaespaldas- No todo el mundo sabe apreciar tu valía, yo mismo he fallado en ello durante muchos años. Pero ahora te veo, Hinata. Y sé que eres capaz. No pretendía que pensases que no creo en ti.

Era quizá la conversación más profunda que jamás hubiese tenido lugar en ese local en el que la gente se dedicaba únicamente a beber y a bailar.

Sakura sonrió ligeramente mientras bebía otro sorbo de sake y sentía el ardor quemarle la garganta. Definitivamente, las cosas estaban cambiando.

- ¿Entonces…?- Hinata dejó la pregunta suspendida en el aire.

- Entonces, quiero saber si es cierto lo que dijiste. Eres la primera Hyuga de la rama principal que admite abiertamente la intención de reformar la estructura del clan. Quiero saber si lo crees posible- Tenten tuvo que resistir la tentación de levantarse a abrazar a Neji cuando sintió que la voz de este se quebraba de forma casi imperceptible- Quiero saber si crees que merece la pena todo por lo que vas a tener que pasar por salvar a una rama secundaria.

Si el hecho de ver hablar a Hinata delante de tanta gente sin trabarse había sorprendido a los ninjas, el relámpago de furia que pasó por su rostro los dejó paralizados.

- Neji- comenzó- ¿me preguntas que si merece la pena luchar para abolir esa injusticia? ¿me preguntas si merece la pena luchar por salvar a lo que tú llamas "una simple rama secundaria"?- la joven clavó sus ojos en él- Por eso merece la pena morir.

El local era un lugar ruidoso, pero para todos los presentes pareció quedarse en silencio. Neji soltó un jadeo ahogado e Hinata lo único que pudo ver fue un borrón rubio que se levantaba de su silla y la abrazaba. Sintió las pestañas de Naruto haciéndole cosquillas en el cuello y el calor de su respiración. Se quedó así, quieta, sin saber cómo reaccionar, tratando por todos los medios de que el valor no se evaporase.

- Eres increíble, Hinata- la voz de Naruto sonó ronca en su oído- Increíble.

El cielo no escuchó sus ruegos y la joven comenzó a temblar al tiempo que su cara se volvía de un color rojo casi imposible. Daba gracias a que la oscuridad ocultaba esto último, pero se lamentó al comprobar que era imposible que Naruto no hubiese notado los espasmos de su cuerpo. Él sabía todo lo que ella sentía y la abrazaba de ese modo, haciéndole más difícil aceptar el hecho de que él no la vería jamás como ella lo veía a él.

- Naruto, suéltala- habló Sakura, para sorpresa de todos. La voz le sonaba pastosa debido a lo mucho que había bebido, pero su mente se mantenía lúcida. Sabía que ese gesto estaba dañando a Hinata.- No es el momento. No ahora.

El rubio se separó de la chica, confundido. No había pensado en lo que hacía, de pronto estaba aferrado al cuerpo de la muchacha, con su pecho henchido de orgullo por las palabras que había pronunciado segundos antes. La miró a los ojos una última vez y quiso decirle que no quería hacerle daño, que sólo necesitaba un poco de tiempo para aclarar todas esas sensaciones que lo inundaban y para que ella lo perdonase. Pero no dijo nada, y volvió a su sitio, sintiendo el vacío del cuerpo de Hinata, sintiendo su ausencia.

- Basta de tanto dramatismo- Ino se limpió con el dorso de la mano las lágrimas que amenazaban con salir- Estamos en un local increíble todos juntos, vivos, y aunque la mitad de los presentes sean gilipollas, no vamos a dejar que nuestra juventud se marchite aquí sentados.

- Vaya, nada dramático te ha quedado- se carcajeó Temari.

- ¿Quieres bailar, preciosa?- dijo Sai de pronto.

- ¿Qué?

- Bueno, hay música y la gente está bailando- aclaró, señalando la pequeña pista de baile.

La rubia pareció perder el empuje que tenía segundos atrás y se encogió en la silla. Sakura chasqueó la lengua, molesta.

- Vamos, cerda. Mueve tu enorme culo de esa silla antes de que se te marchite la juventud.

Esa frase pareció ser el detonante que ocasionó la recuperación del empuje que caracterizaba a Ino. Resueltamente, se levantó de la silla y una fragancia floral inundó la mesa al son del movimiento de su melena dorada.

- Ya verás, frente. Voy a demostrar quién es la reina del lugar.

Y se marchó seguida de un Sai que no estaba muy seguro de cómo actuar ante la rubia.

- Matsuri, vamos a bailar- dijo Temari.

- ¿Qué?

- Bueno, hay música y la gente está bailando- imitó a Sai poniendo una voz grave.

- Pero Temari-san, yo no sé bailar…

- Eso se arregla pronto.

La rubia de cuatro coletas cogió la bebida de Matsuri que estaba casi sin tocar y se la puso en los labios. Tiró la cabeza de la castaña hacia atrás y la obligó a acabarse el vaso de una. Las mejillas de la joven se sonrojaron debido al alcohol y sus ojos se nublaron.

- Temari, no deberías…- intervino Gaara, preocupado por su alumna. No había dejado de mirarla en todo el rato que llevaban allí, tratando de encontrar en sus ojos oscuros algún indicio de que no lo odiaba.

- Cállate, Gaara. Deja que se divierta.

- Eso, Gaara-sensei- dijo Matsuri señalándolo con un dedo acusador- deja que me divierta.

- ¿Entonces vienes a bailar?

- ¡Eso ni lo dudes!

Y agarrando la muñeca de Hinata, la levantó de un tirón, ocasionando que esta soltase un chillido sorprendido.

- Esto va a ser divertido- canturreó la rubia del abanico, perdiéndose entre el gentío.

En la mesa quedaron unas incómodas Hanabi y Tenten junto a una indiferente Sakura a la que lo único que parecía importarle era llamar la atención del camarero para que le trajese otra botella de sake. Los shinobis no dejaban de sorprenderse por la brutal resistencia al alcohol que demostraba la menuda pelirrosa.

- Alumna de Tsunade-sama- aclaró, minutos después, llevándose la nueva botella a los labios.

- Sakura-chan, no creo que debas…

- No creo que debas seguir esa frase, Naruto- los ojos entrecerrados de Sakura le advirtieron del peligro al rubio, que apartó la mirada hasta el lugar que minutos antes había ocupado Hinata. Se topó con el vaso vacío de la joven y gruñó, sorprendido.

- Será mejor que siga a Hinata, ha bebido bastante y me preocupa.

Y se levantó, apresurándose a buscar a la ojiperla y huyendo de la mirada asesina de Sakura. Nadie habló por cinco largos minutos, hasta que un joven de cabello oscuro se acercó a la mesa y tocó suavemente el hombro de Tenten para llamar su atención.

- Disculpa, ¿eres Tenten Ama?

La castaña entrecerró los ojos mirando al chico, tratando de recordar quién era, sin conseguirlo.

- Sí, soy yo- contestó al fin, sintiendo la mirada interrogante de todos los que estaban en la mesa- ¿Nos conocemos?

- Si, bueno, no. Yo te conozco a ti, pero tú no a mí. Me llamo Sota.

- Encantada- la chica inclinó la cabeza a modo de saludo, aún confundida- ¿Cómo sabes quién soy?

- ¿Acaso hay alguien que no sepa quién eres?- respondió resueltamente- Eres la mejor maestra de armas de toda la Villa Oculta de la Hoja. Aunque, en mi opinión, lo eres también del País del Fuego, y no digo de todo el mundo ninja porque no quiero asustarte con mi entusiasmo- se carcajeó el chico.

La respuesta dejó muy descolocada a Tenten, que no se la esperaba. Se sonrojó y farfulló un agradecimiento nervioso. El joven ensanchó aún más la sonrisa y Neji apretó los puños, intentando atrapar la calma que se le escurría por momentos.

- ¿Te gustaría salir a bailar? Quiero decir- rectificó, viendo el palpable nerviosismo de Tenten- si prefieres podemos simplemente hablar. Me gustaría conocerte. Me apasionan las armas y creo que tú eres la más indicada para hablarme de ellas. ¿Qué dices?

Tenten se quedó muda y miró a Sakura, que suspiró. Era un desastre con respecto a las relaciones sociales pero por algún motivo sus amigas siempre acudían a ella.

- Deberías- habló la pelirrosa- Tu otra opción es quedarte aquí mirando la pared.

- Está bien- dijo suavemente, desviando su mirada una fracción de segundo al rostro de Neji, al que no parecía afectarle nada la situación- Voy contigo.

- ¿Tienes algún amigo?- Sakura se dirigió directamente a Sota- Si no esta muchacha de aquí también se va a quedar mirando la pared- dijo, señalando a Hanabi, que dio un respingo y miró a la pelirrosa con una mezcla de odio y espanto.

- Haruno, no te atrevas a…

- Sí- interrumpió Sota, con Tenten ya a su lado- ¿Hanabi Hyuga, no? Eres increíble- soltó, de pronto- Tan joven y poderosa. Aunque, bueno, la que me acaba de hablar es Haruno Sakura. Parece que en esta mesa se ha reunido la élite- sonrió, una vez más, causando que Kiba y Sasuke se tensaran en sus asientos- Tengo un amigo al que le encantaría conocerte- añadió, mirando a la pequeña de los Hyuga.

- Mira, lo agradezco pero…

- Entonces arreglado- Sakura le lanzó una mirada a Hanabi que no daba lugar a réplicas. La joven gruñó, molesta, pero siguió la mirada de la pelirrosa, que le indicaba que se fijase en Kiba. El castaño tenía el ceño fruncido, y eso le ocasionó una perversa satisfacción a Hanabi, que no pudo hacer otra cosa que admitir que el movimiento de la medic-nin había sido bueno.

- De acuerdo.

- ¿Tú también vienes, Haruno?

- No, gracias- negó la chica, volviendo a su voz impersonal- Estoy muy bien acompañada- dijo, señalando la botella.

Una vez los tres jóvenes se alejaron, Kiba dejó salir el gruñido que llevaba un rato intentando reprimir.

- ¿Tú quién eres, la Celestina?

Sakura entrecerró los ojos, dejando ver únicamente una ranura verde esmeralda.

- No. Pero vosotros lo que sois es gilipollas.- espetó, como quien habla del tiempo.

- ¿Pero qué…?

- Estás enfadado porque Hanabi se ha ido a conocer a otro chico, y Neji, aunque una piedra demostraría más sentimiento de lo que él está demostrando en este momento, también lo está.

- No me conoces- la fría voz del Hyuga pasó flotando entre la música.

- No- contestó la Haruno, dando un sorbo más a su sake- Pero tengo ojos. Y tu mano está sangrando por la fuerza con la que te estás clavando las uñas.

Neji comprobó, sorprendido, que Sakura tenía razón. La joven, rodando los ojos con hastío, se levantó y le limpió la sangre con una servilleta, para segundos después curarle la herida con un roce de su chakra.

- Aborrezco esta situación- continuó Sakura, a la que el alcohol le había dado ganas de hablar- No me interesa el amor ni me interesan todas estas estupideces, pero me cabrea lo lentos que sois. Ni siquiera os molesta la idea de que estén con otros chicos, lo que os molesta es la idea de perderlas- chasqueó la lengua- Si queréis algo, haced el jodido favor de luchar por ello. No os quedéis aquí sentados lloriqueando como si tuvieseis cinco años y haced algo para que os perdonen. Al menos Sai y Naruto han puesto de su parte.

Algo pareció encajar en la cabeza del Hyuga y del Inuzuka, que se levantaron y, con una última mirada a la ninja médico, se fueron en la dirección por la que vieron por última vez a Tenten y a Hanabi.

- Y Shikamaru- finalizó Sakura, antes de dejar con fuerza la botella de sake sobre la mesa y desaparecer entre la gente- Temari se va mañana.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Los ojos aguamarina de Gaara recorrieron el recinto con avidez. Nada más Sakura dejó la mesa, él también lo hizo. Su alumna estaba en la pista de baile con la impulsiva de su hermana y mucho alcohol en las venas.

Maldijo para sus adentros el haber tardado tanto en ir a buscarla. Había tratado de ignorar esa punzada de su pecho que le decía que tenía que seguirla, y se obligó a quedarse sentado. Sabía que Matsuri estaba molesta y no creía que su presencia le hiciese ninguna gracia. Pero como su maestro, tenía el deber de asegurarse de que estaba bien, y no había soportado el quedarse allí, quieto, sin hacer nada. Las palabras de Sakura fueron el detonante para que emprendiese su búsqueda.

No estaba seguro de lo que sentía por Matsuri. Se suponía que él no amaba y, sobre todo, que no era amado. La llegada de la castaña a su vida había dado la vuelta a todas las leyes naturales por las que se regía su existencia. La había iluminado con su inocencia y su sonrisa cálida como el desierto. El pelirrojo no sabía cómo manejar las emociones. Ya le había costado aprender cómo comportarse con Naruto una vez descubrió que lo consideraba un amigo. Ahora con Matsuri estaba perdido, porque no sabía ni si quiera cómo considerarla.

Sacudió su cabeza para alejar todos esos pensamientos. Ahora lo primordial era encontrarla, y no tardó mucho en hacerlo. A la primera persona que vio fue a Naruto sosteniendo a Hinata, a la que la bebida parecía haber empezado a hacerle efecto. Sonrió de lado cuando vio la delicadeza con la que el rubio sujetaba el cuerpo de la Hyuga, como si fuese de cristal. Lo vio susurrarle unas palabras a las que la joven asintió, y poco después fue conducida por el Uzumaki hacia la mesa en la que sólo quedaba Sasuke, estoico. Shikamaru había desaparecido.

Al lado de donde se encontraba su amigo e Hinata estaban Matsuri y su hermana, bailando. Gaara intentó disimular el asombro que le produjo el ver a su pequeña alumna moviéndose de esa manera. Tenía una gracia natural que no pasaba inadvertida. A pesar del alcohol, la joven movía las caderas, muy pegada a Temari, y daba vueltas con los ojos cerrados y una sonrisa ida en el rostro. Gaara se permitió detenerse un minuto para observarla bajo la luz de los focos, con el pelo revuelto y los labios entreabiertos, y se preguntó en qué momento dejó de ser su pequeña alumna y pasó a convertirse en una mujer.

Se acercó con cautela, notando que Matsuri ya no controlaba el equilibrio tan bien como momentos antes, y la sujetó por la cintura cuando se tambaleó peligrosamente.

La chica abrió los ojos sorprendida, recobrando momentáneamente la lucidez.

- ¿Gaara-sama..?

El pelirrojo apartó la mano de su cintura, incómodo, y la alejó de su cuerpo, sosteniéndola por un hombro para evitar que volviese a perder el equilibrio.

- Matsuri.

- ¿Ha venido a bailar conmigo, Gaara-sama?- preguntó, con esa voz dulce que la caracterizaba. El chico la miró a los ojos y se percató de que volvían a estar nublados por la bebida.

Abrió la boca para decirle que no, que no había ido a bailar, sino a sacarla de ahí, que tenía que lavarse la cara y tomar el aire, o hacer lo que sea que se hiciese cuando tenías más alcohol que sangre en las venas, pero no emitió ningún sonido, porque Matsuri dio un chillido y aplaudió entusiasmada justo antes de rodearle el cuello con los brazos y pegar su menudo cuerpo al de él.

El pelirrojo sintió cada fibra de su cuerpo tensarse. No estaba acostumbrado al contacto físico, y que fuese precisamente Matsuri, con lo confundido que estaba, no ayudaba a tranquilizarlo.

- Matsuri- habló, sin moverse ni un poco- Tenemos que irnos.

Pero la joven no lo escuchaba. Por el contrario, se pegó aún más a Gaara y sonrió sintiendo su calidez, creyendo en su delirio que no se trataba de nada más que de un sueño. Acarició su nuca con delicadeza y hundió los dedos en su pelo, moviéndose al compás de la música. El tener a alguien a quien sujetarse hacía que no se tambalease, y se movía con una agilidad felina y unos movimientos lentos y tortuosos que dispararon el pulso de Gaara.

- Me voy- escuchó la divertida voz de Temari de fondo, como un eco lejano.

Matsuri hundió la cara en su cuello y aspiró su aroma. A Gaara le recorrió un escalofrío por la espina dorsal.

- Hueles a mar... - susurró la chica.

El pelirrojo la miró extrañado.

- Hueles a mar y a desierto, Gaara-sensei- repitió, riéndose de lo que parecía un chiste que sólo ella podía entender- Eres tan contradictorio…

- Matsuri…

- Lo amo, Gaara-sensei- dijo la chica con tristeza- Lo amo tanto…- añadió, levantando la mirada y tratando de enfocar la vista en los ojos aguamarina de sus sensei. Estaba segura de que era un sueño, de que había bebido tanto que se había desmayado y todo era una ilusión. No había forma de que ella pudiese estar en la realidad tan cerca del pelirrojo- Si sólo me viera…

Y la joven se durmió, en medio de la pista, con la mejilla apoyada en el pecho del sorprendido Kazekague.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Temari seguía con la sonrisa divertida grabada en el rostro. La cara de Gaara al tener a Matsuri pegada a él no tenía precio. Ya tenía material para burlarse de él durante mucho tiempo.

Sorteó a la gente que bailaba entusiasmada. Necesitaba salir a tomar el aire, y le pareció recordar que nada más llegar al local Ino les había comentado que había una especie de terraza en la parte trasera. Recordando de pronto la existencia de su rubia y escandalosa amiga, la buscó con la mirada y la encontró bailando con Sai. Volvió a sonreír, negando divertida, y por la cabeza se le pasó la fugaz idea de que quizá las cosas no iban a ir tan mal después de todo.

Entró por un pasillo iluminado por luces de neón y siguió caminando, pasando los baños de largo. Al final del todo, una pequeña puerta daba a parar a la terraza. Sujetó el pomo y lo giró, sintiendo al momento la brisa fresca golpearle en la cara. Cerró la puerta tras de sí, sin abrir los ojos, y aspiró con fuerza. Los pulmones se le llenaron de aire, de vida.

Segundos después, frunció el ceño y abrió los ojos de golpe. Olía a humo.

Y, justo como temía, dándole la espalda y con los codos apoyados en una especie de balcón hecho de ladrillo, fumando despreocupado, estaba Shikamaru Nara.

Ahogó un quejido exasperado y se dio la vuelta, agarrando el pomo con fuerza, dispuesta a irse.

- Espera- la voz grave de Shikamaru la dejó congelada en el sitio. Maldijo en voz baja y respiró hondo antes de encararlo.

El chico la miraba, con la espalda apoyada en el muro y el cigarro apagándose bajo su zapato. Temari se sorprendió de lo mucho que brillaban los ojos de ese vago a pesar de la oscuridad.

- ¿Qué quieres?- preguntó, dura.

- Quiero hablar contigo.

- ¿Eso no es demasiado problemático para ti?

- Sí. Tú eres problemática.

La chica no movió ni un músculo de su cara, pero sintió un pinchazo a la altura del corazón.

- Pues si tan problemática soy, vago llorón, me largo.

Shikamaru, Temari se va mañana.

La voz de Sakura resonó en su cabeza. No podía dejar que se fuera en ese momento. Ya tenía suficiente con que fuese a hacerlo al día siguiente.

- Mi padre me dijo una vez que hay cosas que por más problemáticas que sean, nos hacen sentir vivos.

La rubia de cuatro coletas quedó, una vez más, congelada con la mano en el pomo de la puerta.

- Tienes mal carácter, eres chillona, muchas veces resultas francamente aterradora y tienes la misma sensibilidad que una piedra. Me das dolor de cabeza porque me haces esforzarme, porque haces que me preocupe por ti. Porque he memorizado cada una de tus manías y la forma que tienes de moverte como si se tratase de una estrategia esencial en la batalla. Me resultas problemática porque no puedo dejar de pensar en ti y eso requiere más esfuerzo que todo lo que he hecho anteriormente en mi vida.

Shikamaru guardó silencio y observó a la kunoichi, que aún seguía de espaldas. Notó que la chica temblaba y quiso acercarse, pero retrocedió, inseguro.

- Sólo quería decirte que aunque odie tener que recordártelo, escuché cada cosa que decías. Y no podía dejar que te marchases sin que supieses todo esto y sin decirte que no eres una mala hermana y no tienes que torturarte con eso.

La joven se dio la vuelta y el domador de sombras notó que tenía los ojos brillantes y reflejaban confusión. Temari se debatía entre tirarse a sus brazos o abrir la puerta y largarse. No podía olvidar que el chico la había espiado a traición, y seguía enfadada, aunque ese enfado parecía estar escurriéndose en su piel como si se tratase de agua de lluvia. A pesar de todo, tenía miedo. Tenía miedo porque nunca había sentido algo así, porque eran muy diferentes, porque se iba mañana y no sabía cuando volvería a verlo, porque ella no sabía lidiar con esas situaciones en particular ni con los sentimientos en general.

- Shikamaru…

El joven dejó escapar el aire que había estado reteniendo cuando la escuchó llamarlo por su nombre y no por uno de los tantos apodos que la rubia le dedicaba con la intención de provocarle.

Comprendió la batalla interna por la que estaba pasando Temari y sonrió de lado. Se acercó a pasos lentos hasta quedar a centímetros de la chica, dejando patente su diferencia de altura.

- Lo sé. No tienes que decirme nada ahora.

Se inclinó para darle un suave beso en la frente y silenciosamente, tal como las sombras que dominaba, desapareció por la puerta.

Temari se quedó estática, sintiendo aún el tacto de los labios del chico sobre su piel. Aspiró fuertemente y echó a faltar el olor a humo.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Hacía un buen rato que Neji y Kiba habían encontrado a Tenten y Hanabi. Las chicas reían divertidas junto a la barra en compañía de Sota y del que debía de ser su amigo. Las contemplaban a lo lejos, sin moverse.

- No creo que sea buena idea que nos acerquemos- dijo Kiba finalmente, rompiendo el silencio.

Neji se giró a mirarlo y segundos después asintió, estando de acuerdo. Perseguirlas como si se tratase de una escenita de celos no iba a solucionar nada. Ellas se lo estaban pasando bien y no había ningún motivo para interrumpirlas.

Mirando a Teten, Neji se dio cuenta de lo bonita que se veía esa noche. No es que fuese arreglada de manera notoria, de hecho, el único cambio destacable era que se había soltado su melena castaña. Pero quizá la comprensión, después de tanto tiempo, de lo que sentía por su compañera, le permitió no reprimirse, no regañarse a sí mismo por verla de forma diferente. Por notarla especial.

Decidió que lo mejor era darse tiempo para conocerla, para descubrir los misterios que escondía la chica de ojos oscuros. Pero ese no era el momento, y él lo sabía. Antes de darse la vuelta para volver a la mesa, observó a Kiba, que no apartaba los ojos de su prima. Tenía los labios fruncidos, pero no parecía asomarse por ninguna parte la intención de ir a buscarla. Igual que él, había comprendido que lo mejor era darles espacio. Estaban allí, recostadas en la barra, hablando y riendo, y sabían que su presencia estropearía el momento. A fin de cuentas, estaban enfadadas. Y tenían motivos para estarlo.

Kiba le devolvió la mirada y le acompañó en su camino de vuelta.

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Sakura apoyó su mano en la fría pared y dejó caer su peso sobre esta, jadeando y tratando de enfocar la vista. Le hacía gracia que tuviese la misma, e incluso podría decirse que más, resistencia al alcohol que su maestra, como si se tratase de alguna enseñanza de esta. Aún así, debía admitir que se había pasado. No estaba borracha. Al contrario de lo que muchos pensaban, ella rara vez se emborrachaba. Más que nada porque necesitaría una cantidad de alcohol extraordinaria para ello, y tampoco era una experiencia que le apeteciese especialmente.

Pero se había pasado bebiendo, y si bien conservaba la misma lucidez de siempre, se encontraba ligeramente mareada. Recostó su espalda en la pared y se dejó caer lentamente al suelo de ese abandonado pasillo que había encontrado por casualidad, huyendo del ruido y de la gente. No podía soportar estar más tiempo en esa mesa. Se las había apañado para tirar de ella a prácticamente todos los presentes. Cuando se había ido, sólo quedaban Gaara y Sasuke. Por la mirada perdida de Gaara, intuyó que no tardaría mucho tiempo en levantarse y buscar a Matsuri. Y ella no tenía ningún interés en quedarse a solas con el Uchiha.

Suspiró derrotada. Estaba cansada de toda esa situación. No quería repetirse a sí misma la charla motivadora de "no estás enamorada de Uchiha Sasuke", porque estaría mintiendo. Ya lo había admitido delante de todos, no tenía sentido negárselo a sí misma. Lo único que tenía claro era que ya no era la niña estúpida de antaño. Lo quería con un amor maduro que dejaba espacio al odio. Porque igual que lo quería, lo odiaba. Y no era algo de lo que tuviese que autoconvencerse, era la verdad. Lo quería, pero también lo odiaba. Y eso era algo que ninguna de sus amigas podía llegar a comprender.

No sabía cuáles eran las intenciones del Uchiha en ese momento, pero tampoco le interesaba. Si de algo estaba segura, era de que tenía que olvidar cualquier sentimiento que tuviese hacia él. Era una pérdida de tiempo, un dolor de cabeza y una debilidad.

Se miró las manos y comprobó que aún temblaban ligeramente, pero nada que no pudiese controlar. Se dio impulso y se levantó de un salto. Decidió que lo mejor sería ver cómo estaban sus amigas, ayudarlas si la necesitaban y luego irse a casa. Pero su plan se vio frustrado cuando, al darse la vuelta para marcharse, se topó con la figura oscura de Sasuke mirándola.

Genial, justo lo que necesito en este momento.

Caminó hacia él con la intención de pasar de largo y la esperanza de que el pelinegro hubiese encontrado ese pasillo por casualidad, como ella, y no la hubiese seguido hasta allí. Pero la suerte no estaba de su parte y no pudo evitar fruncir el ceño con molestia cuando lo vio avanzar hacia ella.

- ¿Qué es lo que quieres?- le preguntó secamente.

Sasuke no le contestó. Llegó a su altura y se quedó allí, parado, mirándola fijamente.

- ¿Qué es lo que quieres, Uchiha?- repitió.

Pero Sasuke no sabía lo que quería. Tardó unos segundos más en contestar. Segundos que a Sakura se le hicieron eternos.

- ¿Me odias?- preguntó, de golpe, sin anestesia.

Sakura se quedó descolocada. Pensó en decirle que sí, que lo odiaba. Pero decir que simplemente lo odiaba era una explicación muy pobre para definir lo que sentía por él. La chica lo miró a los ojos, desafiante.

- ¿A qué juegas, Uchiha?- avanzó unos pasos más para acercarse al muchacho.

- ¿Te parece que estoy jugando?

- ¿Te parezco la clase de persona con la que se puede jugar?

Conforme hablaban se iban acercando, hasta el punto en el que Sakura notó el frío aliento de Sasuke sobre sus labios. Lejos de asustarse, levantó la barbilla, orgullosa, y lo desafió con la mirada.

- No- contestó el pelinegro, llanamente.

- Pensé que había dejado claro que no quería que te acercases.

- Y yo pensé que me odiabas, pero no dijiste lo mismo en la casa.

Sakura hizo una mueca de dolor que trató de ocultar. Las palabras de Sasuke las sintió como una bofetada.

- Dije que te quería, Sasuke- el pelinegro pudo distinguir en sus ojos verdes un deje de peligro- No que no te odiase.

- ¿Entonces qué quieres de mí, Sakura?

Sasuke susurró esas palabras sobre los labios de la joven, y ella se odió por sentir cómo sus piernas temblaban ligeramente. No podía negar que su cercanía la ponía nerviosa, pero el pelinegro también estaba respirando más fuerte de lo normal. Eso la armó de un valor que en esos momentos no creía poder adquirir de ninguna forma.

Estaban rodeados por una nebulosa de atracción y odio. La joven sonrió de forma afilada, con una sonrisa que Sasuke jamás creyó poder ver en los ojos del ser puro que fue Sakura.

- Quiero que te pudras- susurró contra sus labios.

Y se besaron.

Se besaron sintiendo el peso de los años sobre sus hombros. Se besaron con furia, con dolor y con odio. Se besaron como si el oxígeno se encontrase en los labios del otro. Se besaron sin romance, sin palabras bonitas, sin expectativas de un futuro. Se besaron sabiendo que no debían hacerlo y que al día siguiente tratarían de olvidarlo. Se besaron sabiendo que fracasarían.

Y en el fondo de todo ese torbellino, Sasuke pudo distinguir un deje de anhelo entre los labios de Sakura, y se sorprendió a sí mismo deseándola como no había deseado nada en la vida.

Fue Sakura la que se separó y lo miró, jadeante. No dijo nada. Simplemente se dio la vuelta y se marchó.

- Esto no cambia nada, Uchiha- le advirtió, ya al final del pasillo.

Sasuke sonrió.

- Esto lo cambia todo, Haruno.


¡Y así acaba el capítulo número 13! Espero que os haya gustado mucho, la verdad es que he tenido bastantes problemas para escribirlo. No me llegaba la inspiración y así he estado meses, escribiendo una línea cada varias semanas, hasta que hoy me he dicho que tocaba ponerme en serio y me ha salido de golpe. Sé que este capítulo tiene menos humor, pero espero que os haya gustado igualmente. He estado releyendo los primeros capítulos y algunas cosas me horrorizan (los escribí a los 14, ahora tengo 18). Espero que vosotros notéis la mejoría y no os haya decepcionado.

Antes de irme, quiero aclarar dos cosas. La primera es que hace un tiempo se quejaron por lo que puse sobre los tatuajes de Tenten: me dijeron que lo había plagiado. Ya aclaré en su momento que la idea de que Tenten tuviese tatuajes la leí en un fic hace muchísimos años, pero que no encontré ni el fic ni a la autora para aclarárselo a ella. No lo consideré importante, pues cogí la idea general, pero ya que la autora se puso en contacto conmigo y se aclaró todo, os diré que es Vistoria y es una fantástica escritora. Borró su fic, que se llamaba "Tatuajes", pero os dejo aquí el link de su perfil: u/1401913/Vistoria

La segunda cosa es que también se han quejado porque dicen que engaño al calificar el fic como SasuSaku cuando no hay mucho de esta pareja. Quiero que comprendáis que Fanfiction no me permite poner todas las parejas, y que a mí se me hace complicado manejar la relación de todos a la vez. Trato de que las parejas a parezcan por igual, pero a veces no lo consigo. Es 100% SasuSaku al mismo tiempo que es 100% las otras parejas. Por favor, un poco de comprensión.

¡IMPORTANTE! Se me ha ocurrido la idea de crearme una cuenta de Twitter exclusivamente para mi cuenta de Fanfiction. Así por ahí podré iros informando y manteniendo el contacto que Fanfiction no me permite. También podréis hablar conmigo. Decidme qué os parece la idea en los comentarios o por mensaje directo. Si bastantes estáis de acuerdo, la haré y la pondré en mi biografía. Estad atentos.

Por último, agradeceros el apoyo durante estos meses de ausencia. No tenéis ni idea de la ilusión que me hace ver que más de ocho meses después me llegan notificaciones a diario de reviews y de personas que añaden mi historia a favoritos. Os quiero. Casi 500 reviews. Es increíble. ¡Chicos, quemad los comentarios, quiero saber de vosotros y de vuestras opiniones! Dadle a tope al botoncito de review y os contestaré lo antes posible. Nos vemos a la próxima o por la cuenta de Twitter, si estáis de acuerdo con la idea.

Un beso muy grande y nos leemos a la próxima,

Andrea (a partir de ahora firmaré con mi nombre, que así se siente más cercano)