"PRIMAVERA OTRA VEZ"

CAPITULO 46 AVENTURA EN CENTRAL PARK

La ciudad de Paris despertaba con un olor a humo. Un nuevo ataque alemán se había llevado a cabo en un poblado cerca de la capital francesa. La ciudad era un bullicio de gente en pánico y personal médico corriendo y transportando heridos a todos los hospitales. Era un caos.

En el campamento donde Candy había servido como voluntaria aún se encontraba Ronie, siempre dispuesto a ayudar en lo que fuera necesario. Esa mañana había mucho que hacer, transportar a los heridos en la ambulancia era una labor interminable. Ya casi todos los hospitales estaban llenos y no había espacio suficiente para recibir a los centenares de heridos. El Hospital La Salpetriere, donde estaba Flammy, fue de los primeros en saturarse de tantos soldados en condición grave. Era necesario llevar a los demás hasta hospitales cada vez más lejos, incluso, a otras ciudades vecinas.

Así estaban las cosas cuando, nuevamente, una llamada de uno de los médicos del campamento solicitó con urgencia:

-Ronie, por favor, debes llevar a los nuevos heridos al hospital de la provincia de Dijon, apresúrate, la ambulancia ya esta lista con los heridos a bordo.

-¡en seguida, doctor!

Ronie no desperdició ni un segundo más y condujo la ambulancia a toda prisa. Fue un trayecto de casi una hora hasta que por fin llegaron.

Ayudó a los camilleros a ir bajando uno por uno a los heridos e incluso, a llevarlos él mismo hasta la abarrotada sala de urgencias. Allí se dio cuenta de la magnitud de la catástrofe: muchos heridos acostados incluso en el piso recibiendo los primeros auxilios. Las camas ya no alcanzaban. De pronto, Ronie escuchó a dos de los médicos que platicaban:

-ya no podemos recibir mas heridos, debemos avisar de nuestra incapacidad de seguir albergando mas soldados, ¡no nos damos abasto!.

-si, pero lo malo es que los demás hospitales están igual que nosotros… ¡Dios mío, esta guerra esta acabando con muchas vidas en tan poco tiempo!…. ya no sé que mas hacer…

-escuché que las enfermeras hablaban acerca de una habitación en el tercer piso en donde están unos soldados ya casi recuperados pero que no tienen a donde ir… muchos de ellos ni siquiera recuerdan a sus familiares o quienes son… yo sé que sonará horrible pero debemos dejar que se vayan, puesto que no hay mas que se pueda hacer por ellos y darle ese espacio a los que necesitan la ayuda con urgencia.

-si, parece que es lo más viable que podemos hacer por ahora… iré a examinar a esos pacientes y empezaré a darlos de alta… aunque no puedo evitar sentir algo de pena por ellos… son soldados que pelearon valientemente en el frente de los Alpes, protegieron nuestro suelo de ser invadido por los alemanes y sobrevivieron a crudas heladas y pésimas condiciones de vida…

En cuanto Ronie escuchó que esos soldados de los que hablaban provenían del frente de los Alpes, inmediatamente pensó en su padre, que había sido destinado a ese lugar y tenía varios meses que no sabia de él, aunque nunca había perdido la fé de encontrarlo algún día con vida. ¿Seria posible que encontrara a su padre en ese hospital?

Ronie se apresuró a hablar con el doctor.

-doctor, perdón que me entrometa, escuché su conversación y me es de suma importancia ver a los soldados de ese cuarto del que hablaron… mi padre es soldado del frente de los Alpes y no he sabido nada de él en mucho tiempo, necesito ver si esta ahí… por favor, permítame ir con usted para echar un vistazo…

La mirada suplicante y de agónica ansiedad de Ronie conmovió al doctor.

-está bien, muchacho, veo que tienes muchas esperanzas de encontrar a tu padre. Ven conmigo y ojalá que tengas suerte.

-gracias, doctor, es usted muy amable…

El doctor y Ronie se encaminaron hasta aquel viejo cuarto abandonado que ahora servía como refugio de soldados. Subieron escaleras y caminaron por un largo y poco iluminado pasillo hasta que finalmente llegaron.

Al abrir la puerta, el doctor se percató de que esa habitación estaba demasiado llena y caía en lo insalubre, era de espanto ver a varios soldados con los vendajes de hacía días, sucios, no había camas, solo cobijas tendidas en el piso donde descansaban muchos de ellos, los que mas débiles estaban. Los otros estaban esparcidos por los rincones, sentados, a la espera de que alguien les llevara comida o por lo menos agua. Estaban en un semi abandono y era triste tenerlos así. Esa imagen podía romperle el corazón a cualquiera.

-Buenos días – saludó el médico – he venido para revisar su estado de salud y dar de alta a los que ya estén en condiciones de abandonar este lugar. Lamento mucho que tengan que irse pero necesitamos urgentemente este espacio para atender a los heridos que siguen llegando por multitud… la guerra esta empeorando… bueno, empecemos.

El médico se dispuso a iniciar su labor pero antes le dijo a Ronie que fuera a buscar entre aquellos hombres a ver si encontraba a su padre. El muchacho empezó su búsqueda, había muchos con la cara u ojos vendados.

-hola, me llamo Ronie, busco a un soldado de nombre Adam Debois, es mi padre…-dijo al acercarse al primer soldado que tenia enfrente.

-lo siento, chico, no soy yo – le respondió el soldado que tenía el rostro cubierto con vendajes.

Ronie pasó al lado de cada uno de aquellos hombres y los miraba detenidamente pero ninguno era su padre. Se acercó a otro soldado con los ojos vendados y le preguntó:

-¿eres tu Adam Debois?

-¿Quién lo busca? – respondió el desdichado que había perdido un ojo y su voz era casi apagada.

Al escuchar aquella respuesta el corazón de Ronie brincó de súbito.

-dime ¿lo conoces? ¿Eres tú?... ¡yo soy su hijo!

-no, muchacho, no soy yo, pero lo conozco, él es mi amigo… tu padre esta aquí mismo, en la habitación 203, junto con varios otros soldados en terapia intermedia.

-¿terapia intermedia?

-si… resultó herido de gravedad pero recibió atención medica a tiempo y lograron salvarle la vida. Ahora esta más estable…es lo que me ha informado una enfermera muy amable que viene a vernos.

-¿y que le pasó? – Ronie estaba urgido de respuestas.

-recibió varios impactos de bala, su pierna sufrió la mayor parte del daño pero parece que no hubo necesidad de amputarla… él salió herido por salvarme a mi… siento mucho haber sido el responsable por ello, muchacho, perdóname…

Ronie no sintió odio, ni rencor ni ningún mal sentimiento por ese hombre. Sabía que su padre era muy bondadoso y no le pareció raro que hubiera arriesgado su vida para salvar a un semejante, ese era su padre y se sentía muy orgulloso.

-no hay nada que perdonar, señor. Yo le agradezco mucho que me haya dado informes sobre mi padre y si necesita un lugar a donde ir al salir de aquí, yo lo ayudaré.

-¡oh, eres tan generoso como tu padre, muchacho! te lo agradezco mucho… porque en verdad no tengo a donde mas ir… estoy solo en la vida.

-bueno, ya no lo estará más. Vendrá conmigo y mi padre… tengo un buen lugar para ustedes…por cierto, ¿Cuál es su nombre?

-me llamo Fank Russeau.

-mucho gusto Frank, yo soy Ronald Dubois, pero todos mis amigos me dicen Ronie.

-gracias Ronie.

-de nada. Ahora debo ir a buscar a mi padre. Seguramente le pedirán que deje el hospital, así que espéreme en la recepción y yo lo llevaré a mi casa…

Ronie no esperó más tiempo y corrió hacia la habitación 203 donde Frank le había dicho que estaba su padre.

Cuando entró al cuarto, se percató que en efecto estaba repleto de soldados en recuperación. Ronie dio un vistazo rápido por todas las camas y de pronto su mirada se clavó en un hombre que dormía, de pelo canoso y una barba muy crecida. No tuvo que mirarlo demasiado, lo había reconocido muy bien, era su padre.

Ronie corrió hacia aquella cama mientras su corazón se estrujaba al ver a su padre así de pálido y desmejorado…pero vivo.

-¡papá!...

Tomó la mano de aquel hombre que tanto amaba.

-… ¡oh, papá, estás vivo! ¡Al fin te he encontrado! – Lloró de felicidad.

Al sentir aquellas gotas de agua sobre su mano, el señor abrió los ojos lentamente y su mirada se encontró con la de ese muchacho que lo miraba tan amorosamente.

-Ronie… ¡hijo!... – le parecía una visión, pero era muy real.

El señor estaba débil pero pudo levantar su mano para acariciar el rostro húmedo de su muchacho.

-oh…Ronie… - sus ojos cansados también empezaron a derramar lágrimas de felicidad.

Aquella mirada dulce fue todo lo que bastó para derretirles el corazón a ambos.

-no te esfuerces papá… estarás bien… ¡estoy tan feliz de haberte encontrado!… no sabes cuanto le pedí a Dios que te regresara a salvo conmigo...

-mi muchacho… yo también le pedía todos los días poder volver a verte… mi Ronie…

El hijo se inclinó sobre su padre para poder abrazarlo. El señor levantó los brazos para recibirlo y estrujarlo amorosamente. Ambos lloraban y daban gracias a Dios por poder estar juntos de nuevo.

-¿Cómo te sientes, papá? quiero llevarte ahora mismo conmigo, si ya estas en condiciones.

-me siento mucho mejor ahora que estas aquí… yo también ya quiero salir de este lugar, no estoy tan mal como me quieren hacer creer, ¡tu padre aún es fuerte!…

-¡oh, papá! veo que estas mejor de lo que esperaba. Iré a hablar con un medico para que me diga si te puede dar de alta. Yo terminaré de cuidarte en casa, además… mi novia es enfermera, ella también podrá cuidar de ti, estoy seguro.

-¿así que ya tienes novia?... ¡felicitaciones, hijo!

-gracias papá, pronto te la presentaré y estoy seguro de que te caerá bien. Su nombre es Flammy.

-lo importante es que te hace feliz… tus ojos brillan como dos soles al mencionar su nombre. Me alegra mucho hijo.

-si, papá, soy muy feliz… pero bueno, ahora vuelvo. Iré a preguntar si te puedo llevar a casa… por cierto, conocí a tu amigo Frank, él fue el que me dijo que estabas aquí. Le ofrecí llevarlo a casa también.

-espero que a tu madre no le moleste…

Ronie cambió su semblante de inmediato. Su padre nunca llegó a enterarse de la muerte de su amada esposa. Entristeció y no pudo decir palabra alguna. Pero el señor Debois lo conocía bien y supo que algo andaba mal.

-¿Qué sucede Ronie? ¿Tu madre está bien? – el señor temía escuchar malas noticias pero debía saberlo.

-papá…lo siento mucho…mamá murió hace unos meses durante un bombardeo aéreo…

El pobre hombre no dijo nada por unos segundos, su rostro era inmutable pero su mirada de pronto se vio empañada por unas gruesas lágrimas que salieron de sus ojos.

Ronie continuó:

-…ella siempre rezaba por ti, le pedía a Dios que te cuidara… pero nunca pidió por ella misma… una tarde ella salió a poner una carta para ti en la oficina de correos, pero en ese preciso momento unos aviones alemanes empezaron a lanzar bombas y…

-no lo digas… - dijo el señor interrumpiendo de súbito el relato de su hijo, estaba profundamente dolido por la noticia -… mi amada Amélie nunca morirá mientras la lleve en mi corazón… Siempre fue un ángel y ahora está en el lugar que les corresponde a los ángeles…

-si, papá… ahora solo nos tenemos el uno al otro y te prometo que nunca te abandonaré.

-gracias, Ronie, pero tú pronto harás tu propia familia y yo no iré contigo. Aunque no estaré lejos de ti.

-Flammy y yo aún no hablamos de boda…así que puedes venir conmigo a mi departamento. Bueno… no es mi departamento pero es mi hogar por ahora…

-¿a que te refieres?

-verás, una amiga rentaba un departamento arriba del de Flammy pero ella volvió a América… su novio dejó pagados 5 meses por adelantado y ya que nadie más lo utilizaría… pues decidí mudarme. Pero no me malinterpretes, le pagaré a Candy y a su novio hasta el último centavo de la renta… solo que ahora no tengo un empleo.

-no te preocupes hijo. Cuando yo esté mejor ayudaré con los gastos, saldremos adelante, ya lo verás…

-si, estoy seguro. Porque yo tengo sueños y metas en la vida. Voy a ser un hombre digno para Flammy. Cuando acabe la guerra todo será diferente…

-veo que has madurado mucho. Ya eres todo un hombre, hijo…

El señor Debois se sintió muy orgulloso de su muchacho. Ronie estaba feliz de ver a su padre con vida. Él y Flammy eran todo lo que necesitaba en la vida. Lucharía por labrarse un prospero por venir y sabía que nada se lo impediría.

Ronie entonces fue a preguntar a un doctor por la salud de su padre. Un médico de guardia lo atendió y determinó que el señor Dubois estaba mejor y lo dio de alta. Le dio indicaciones a Ronie sobre como cuidar y curar sus heridas de la pierna afectada y los medicamentos que debía tomar. Al hacer el informe médico, el doctor declaró al hombre "no apto" para volver a combate. Fue así que el padre de Ronie no volvió al campo de batalla nunca más. Juntos saldrían adelante en los tiempos difíciles por venir de la posguerra. También se llevaron consigo a Frank, él lamentablemente había perdido un ojo pero aún tenia buena visión con el otro. Los tres partieron de vuelta a París, al departamento que había sido de Candy y que hora sería el hogar de aquellos tres. Ronie por fin podía descansar tranquilo sabiendo que su padre estaba de vuelta, a salvo.

En Nueva York, los hermanos Cornwell habían platicado largo y tendido casi toda la noche pero aún no habían decidido quien tomaría el derecho de sucesión. Todavía había algunas cosas en las cuales meditar.

Por la mañana, muy temprano, Grace llegó para iniciar sus labores con Eliza. Peter se había quedado en vigilia por la noche y fue quien recibió a la enfermera, con gran satisfacción de verla de nuevo.

-hola, buen día, Grace.

-buen día…Peter.

Ambos intercambiaron miradas y sonrisas.

Grace se puso manos a la obra de inmediato, un poco nerviosa. Eliza aún dormía.

-¿todo bien anoche? – preguntó la enfermera.

-si. Todo bien. Me parece que está recuperándose muy bien.

-eso parece, pero no hay que bajar la guardia, en las últimas semanas del embarazo suelen darse algunas complicaciones… será mejor que te vayas a descansar, Peter, se nota que te hace falta dormir un poco…yo me haré cargo ahora.

-esta bien, Grace… cualquier cosa que necesites solo avísame…por la noche te llevaré a tu casa.

-te lo agradezco…

Fue una conversación corta pero Peter se conformaba con saber que estaba de vuelta y que la vería diariamente por las próximas semanas. Él se sentía muy contento cada vez que la veía.

Por otro lado, Candy estaba ya tomando un baño. Desde temprano se había levantado puesto que tenía la ilusión de ver a su amado nuevamente. Canturreaba alegremente, sonreía todo el tiempo, daba vueltas y danzaba de aquí para allá; nunca se había imaginado que podría ser tan feliz. Con Terry a su lado la vida era perfecta.

Esa mañana escogió un vestido color violeta con detalles románticos en encaje color beige. Se recogió el pelo en una coleta sencilla y luego la enrolló en forma de cebolla; se adornó con unos pendientes a juego con el vestido, una peineta en sus dorados cabellos y una pulsera que Annie le había regalado. Su imagen ante el espejo era la de una hermosa chica en todo el esplendor de la juventud. Candy se miró por unos instantes, nunca antes se había puesto a admirar su imagen en el espejo, se dio cuenta de que tenía muchos bellos atributos y se gustó a si misma. Ya no se veía como la chiquilla de coletas, ahora su imagen en el espejo era la de una mujer joven y radiante.

Con su sonrisa muy bien puesta bajó las escaleras trotando al mismo tiempo que tarareaba el vals de "La bella durmiente" de Tchaikovski. Ese día nada podría borrarle la sonrisa de los labios. Se reunió con el resto de la familia en la sala.

-¡buen día! – saludó con su típico buen humor y alegría.

-buen día, querida – respondió Lilly – luces muy hermosa hoy. Creo que estar enamorada te hace lucir mucho más bella…

-es verdad… ¡estoy tan enamorada! – su sonrisa era radiante, de oreja a oreja.

-¡eso se nota a kilómetros de distancia, querida! me alegra mucho verte tan feliz. ¿Terry vendrá pronto, verdad?

-si, después del desayuno.

-¿y van a salir?

-no lo sé. Probablemente si…

-yo sé de un buen lugar a donde pueden ir – dijo Albert

-¿Qué lugar?

-creo que les daré una sorpresa… espera a que llegue Terry y yo mismo los llevaré.

-oh, Albert ¿porque tanto misterio?

-ya lo veras…

El rubio no soltó prenda. Le divertía ver a Candy hacer muecas y gestos, la tenía intrigada.

El resto de la familia bajó en poco tiempo. Tomaron el desayuno como de costumbre y Albert aprovechó para notificarles que habría otra reunión familiar por la tarde para hablar sobre el testamento de Edward. Otra bomba que aún estaba por estallar y que ninguno habría podido imaginar.

Terminando el desayuno todos empezaron a retirarse a sus propios asuntos pero Albert tenía algo en mente.

-Annie, Archie ¿tienen algún plan para hoy?

-no, ninguno – respondió la chica.

-yo tampoco – añadió Archie.

-entonces sería bueno que ustedes también vinieran conmigo. Solo esperemos a que llegue Terry.

-Albert… y… ¿sería posible invitar también a Phillipe? él tampoco tarda en llegar… - Annie no quería dejar fuera de los planes a su enamorado.

-ah, me había olvidado de Phillipe, ¡que cabeza la mía!, discúlpame Annie, por supuesto que puede venir.

-¡oh, que bien!, gracias.

-él te agrada demasiado ¿verdad?

-eh… si… - Annie agachó la cara que se le había puesto toda colorada.

-hermanita, no podrás ocultar por más tiempo que estás enamorada de él… también a ti se te nota a kilómetros, ¡mira nada más que roja te has puesto! – le dijo Archie.

-¡oh, no miren! – dijo dándose la vuelta y cubriéndose el rostro.

Ja ja ja ja ja ja ja ja Rieron todos.

-ya no la molesten más – dijo Candy – y será mejor que no le digan nada a Phillipe aún.

-creo que no habrá necesidad, seguro él también ya lo sabe. – dijo Albert.

-pero Annie aún no le dice nada y ella es la única que sabrá en que momento revelarle sus sentimientos a Phillipe.

-tienes razón Candy, no diremos nada ¿verdad Archie?

-ni una palabra… - respondió él, guiñando el ojo en complicidad con su hermana menor.

Justo entonces el timbre de la casa sonó. ¡Ding, Dong!

-¡Terry!

Candy salió volando a abrir la puerta ella misma, toda emocionada.

Lilly estaba arriba de las escaleras y había observado la cómica escena y no pudo evitar recordar aquellos tiempos en que ella estaba locamente enamorada de Edward y tenía la costumbre de salir corriendo a su encuentro cada vez que él llegaba de visita, cada dos años.

-¡me recuerda tanto a mi!... ahhhhh, el amor…. – dijo entre suspiros.

Candy abrió la enorme puerta, no sin antes alisar su falda y acomodarse el cabello.

-¡Hola mi amor! – lo recibió con la más cálida de sus sonrisas.

-Hola, pequeña… ¡que hermosa estas hoy!

-oh, gracias… y tu estas muy…

-¿sexy? – Terry se le adelantó pues sabía que eso era lo que su pequeña pecosa le diría y le guiñó el ojo seductoramente.

-siiiiii.

Ja ja ja ja ja…

Ambos rieron. Terry ya sabía que Candy le iba a recordar otra vez ese atributo que orgullosamente poseía.

-¿Cómo amaneciste hoy, pequeña? debió ser una noche larga para ti, ¿no es así?

-si, lo fue. Pero estuve platicando con Annie y Archie y eso nos ayudó mucho a pensar mejor las cosas sobre…- ella hizo silencio.

-te entiendo, y no olvides que siempre contarás con mi total apoyo, mi amor.

-gracias… de hecho, tenemos que hablar tú y yo antes de decidir cualquier cosa.

-¿y quieres que hablemos ahora?

-no, ahora no; ya tenemos planes: Albert, Annie y Archie esperan en la sala.

-¿algún motivo en particular?

-Albert quiere llevarnos a todos a un lugar, pero no ha querido decirnos a dónde.

-así que una sorpresa… bien, pues no lo hagamos esperar más.

Terry entró a la casa y saludó a todos.

-¡Hola Terry! – le respondieron casi al unísono.

-te esperábamos – dijo Albert – quiero llevarlos a un lugar muy especial, pero no les adelantare nada.

-¡pero cuanto misterio! – exclamó Terry – ya me intrigaste Albert, entonces no perdamos más tiempo.

-solo esperamos a Phillipe y después nos vamos…

Ding, Dong Sonó de nuevo el timbre.

-¡Phillipe! – exclamó emocionada Annie y también ella salió corriendo a abrir la puerta.

-nombra al diablo y aparecerá – dijo Terry.

Momentos después Phillipe entró y Annie traía un enorme ramo de flores.

-Hola – saludó el recién llegado.

Los demás también lo saludaron.

-te esperábamos para ir todos a un lugar especial, espero que no hayas tenido planes por tu cuenta.

-no, Albert, no tenía planes. ¿Y a donde iremos?

-no nos lo dirá, será una sorpresa – intervino Candy – y Albert nunca revela las sorpresas antes de tiempo…

-ya me conoces, pequeña. Ja ja ja… ahora si vamos…

Todos salieron juntos. Candy de la mano de Terry, Annie lado a lado con Phillipe, seguidos por Archie que estaba al pendiente de sus hermanas, cual guardaespaldas. Y Albert venía de último.

Subieron a uno de los autos de la familia y se pusieron en marcha. Varios minutos después estaban llegando al Central Park.

-¿no me digas que haremos un picnic, Albert? – preguntó Archie.

-no…solo estaremos de visita…

-¿y a quien visitaremos?

-ya lo verán….

Albert seguía en su plan misterioso. Estacionó el auto y luego los condujo en caminata hasta que llegaron al lago.

-aquí es.

-¡hace mucho que no venía a este lugar! – dijo Candy.

-yo tampoco – añadió Archie – creo que la última vez que vine fue cuando hicimos un picnic y Stear trató de devolverle la memoria a Albert con otro de sus fallidos inventos…poco antes de irse a la guerra.

-es verdad… - replicó Annie.

Albert no quería que nadie entristeciera y trató de disipar la melancolía.

-¿recuerdas cuando fue la última vez que estuviste aquí, Candy? –le preguntó con una sonrisa.

-si, fue cuando decidí dejar a Clean para que hiciera una familia con esa linda… ¡oh! ¿no me digas que…?

-así es, pequeña. Te he traído para que veas por ti misma lo que ha sido de Clean.

-¡oh, Clean! – Candy estaba muy emocionada de volver a ver a su amiguito.

-¿Dónde esta Clean, Albert? – preguntó Annie, que también ansiaba verlo.

Candy no esperó a la respuesta de Albert y empezó a llamar a su querido compañero de aventuras de la infancia.

-¡Clean! ¡Clean! – gritó fuerte.

Casi de inmediato, un animalito peludo, blanco y negro llegó corriendo ante el llamado de esa voz que él tan bien conocía y no olvidaba. Clean se acercó inmediatamente a Candy haciendo sus soniditos graciosos. Ella se agachó y extendió los brazos para recibir a su amigo, que de un brinco se le echó encima.

-¡oh, Clean! – ella lo levantó, daba vueltas con él y reía alegremente - … cuanto tiempo sin verte…estas muy bien… ohhh, mi Clean…

Candy abrazó fuertemente al tierno mapache y se intercambiaron cariñitos. Estaban felices y se notaba.

-¿y a mi no me saludas Clean? – dijo Annie.

Candy le entregó a Annie en las manos a su viejo amigo y éste se mostró cariñoso con su antigua dueña también.

-Clean, no sabes que alegría me da verte…mi pequeño Clean… - Annie también lo abrazó con mucha ternura.

-ya no es un pequeño – dijo Albert – ahora es todo un señor.

-oh, es verdad, ya tiene una esposa por quien ver. - dijo Candy con una gran sonrisa.

-y no solo eso… ¡ahora ya es padre de cuatro hermosos cachorros!

-¡¿Quéee?! ¿de verdad? – Candy estaba maravillada.

-así que Clean ya es padre…mmm, ¡eso significa que ya eres abuela, mi amor! – añadió Terry.

Ja ja ja ja ja ja ja rieron todos.

-¡quiero verlos! muero de la curiosidad… ¿me dejas ver a tus cachorros Clean?

Ante la pregunta de Candy, el mapache respondió jalando la falda de la chica hacia la dirección donde se encontraba su madriguera. Todos caminaron hacia allá. Entonces Clean indicó el lugar exacto y se metió primero como para avisar que tenían "visitas en casa".

La madre mapache estaba dándoles un baño a los cachorros que ya estaban bastante juguetones. Fue entonces que Candy se asomó y pudo apreciar la encantadora escena.

-¡oh, cielos, son hermosos! – Candy estaba embelesada por aquellas tiernas y peludas criaturas.

Cuando los cachorros se percataron de la presencia de aquella "intrusa", su curiosidad innata los impulsó a salir a explorar y conocer bien de qué se trataba aquello.

Uno a uno fueron saliendo de la madriguera, saltando y jugueteando entre ellos. Pero uno de los pequeñitos fue más audaz y se le acercó a Candy para jugar con sus zapatos. Ella estaba fascinada.

-¡que ternura! este pequeñito me recuerda tanto a ti, Clean… felicitaciones, eres un papá de 4 hermosos cachorros… no sabes que feliz soy de verte con tu propia familia, en libertad y seguridad. Estás contento aquí, ¿no es así?

El mapache respondió con sus típicos soniditos de forma afirmativa.

-veo que la señora de Clean también es hermosa – agregó Annie – yo también me alegro de que estés bien… siempre te quise mucho Clean, aunque tuve que dejarte siempre te extrañé.

Annie recordó con alegría todos aquellos lindos momentos que había pasado con su mascota en sus días de infancia. Había sido una infancia feliz y Clean había aportado mucho de esa felicidad.

-¿este adorable mapache era tu mascota de pequeña, Annie? – preguntó Phillipe.

-si, es mi amigo Clean… lo encontré cuando era un cachorrito, su mamá había muerto y yo no quise dejarlo solo… yo también era huérfana y por eso lo adopté…

-ya veo…

-mira Clean, te presento al doctor Phillipe DeGaulle, es mi amigo – le dijo Annie al mapache.

Clean saltó de los brazos de Annie y se acercó a Philipe haciéndole caricias.

-le agradas…-dijo Annie sonriendo de alegría.

-¿entonces tengo tu aprobación, Clean? – preguntó el rubio doctor.

Clean empezó a empujar a Phillipe y lo fue acercando a Annie, fue su respuesta.

-es más que evidente que si – dijo Albert – así que mi aprobación está de sobra, en realidad solo debías ser aprobado por Clean…

-¡oh, Albert!

Annie se sonrojó de nuevo ante la mirada dulce de su enamorado que sabía que dentro de muy poco tiempo aquella hermosa señorita sería su novia.

Los demás evitaron reírse ante la escena, Candy le había dado un codazo a Terry para indicarle que "cuidadito y te ríes", así que el sexy castaño guardó su sarcasmo para otra ocasión.

Phillipe ahora tomó a Clean en sus brazos y lo empezó a acariciar.

Los cachorritos eran muy juguetones y, sin mostrar temor, como es su naturaleza curiosa, se acercaron cada uno a los demás "intrusos". Uno de ellos empezó a mordisquear los zapatos de Archie:

-¡oh, que chico travieso!

Él no se molestó y levantó al animalito para acariciarlo.

Otro empezaba a jalar el dobladillo del pantalón de Terry y con sus garritas había rasgado un pedazo de tela.

-¡tu también eres travieso! ja ja ja. Ven aquí amiguito… - Terry lo recogió y le prodigó caricias juguetonas en su cabecita y cuello.

Por su parte, Albert y Candy se agacharon para recoger ellos mismos a los otros dos cachorros que se entretenían peleando entre sí.

-¡que chico revoltoso!... ven aquí, no debes pelear con tu hermano… – Candy lo retó.

En eso el animalito saltó de las manos de Candy y se fue corriendo trepando a un árbol a toda prisa.

-¡creo que ese se parece a ti, abuela tarzán! – dijo Terry – ¡revoltoso y hábil para trepar árboles!

Ja ja ja ja ja ja ja ja rieron todos sin poder evitarlo.

-¡mira quien lo dice! el que se acaba de pelear con Greg… ¡revoltoso hasta ahora!

-¡ouch! golpe bajo pequeña pecosa…

- además, para que lo sepas, señor Duque Sarcaschester, si eres mi novio eso te hace a ti también su abuelo…

"¿Duque sarcaschester?" se preguntaron todos en silencio volteando a mirar a Terry y riendo para sus adentros. El titulo le quedaba muy bien, no cabía duda.

-¿abuelo yo? – dijo en tono de asombro.

-si. Y solo para dejar las cosas claras, ¡yo soy mucho mejor trepando árboles! – sentenció Candy con las manos en la cintura y en actitud fanfarrona.

-¡wohoooo! tarzán pecosa ha resurgido…entonces, señorita pecas, si estas de acuerdo, hagamos una competencia, por el titulo mundial del mejor trepador de árboles ¿Qué te parece?

Ante el desafío lanzado por Terry los demás se debatían entre reírse o dar unos pasos atrás para dar inicio y espacio a la competencia. Lo cierto es que instantáneamente los ojos de ellos se clavaron en Candy para ver su reacción y escuchar su respuesta.

La rubia arqueó la ceja y con las manos aún en la cintura dijo:

-muy bien, señor Caballero del amor… veamos quien de los dos se lleva el título… te daré ventaja, para poner las cosas más parejas…

-no es necesario que me des ventaja…no olvides que yo también soy un excelente trepador…

Los dos se lanzaban miradas intimidantes y ninguno se achicaba. Esta era una batalla que desde hace mucho tiempo tenían pendiente.

La reta estaba puesta, los contrincantes listos y los espectadores en sus puestos. Albert sería el mediador de aquella batalla.

Entre los dos eligieron el árbol que sería usado para la contienda. Afortunadamente allí había muchos hermosos y grandes ejemplares, perfectos para la misión. Se decidieron al fin por uno muy frondoso y alto, vieron que había un nido de pajarillos un poco antes de llegar a lo más alto, se fijaron que esa sería la meta. El primero en llegar hasta el nido sería el vencedor.

-¿recuerdas que cuando estuvimos de vuelta en el colegio me ganaste trepando al gran árbol, pecosa?

-¡claro que lo recuerdo! y esta vez será igual…

-te prometí que la próxima vez te ganaría… y lo que yo prometo lo cumplo. Ya me conoces.

-¿me quieres intimidar?

-en lo absoluto, solo quiero que tengas en cuenta que después de lo que he pasado en mi avión, esto será pan comido. Prepárate pecosa porque vas a perder.

-ya lo veremos…

Candy y Terry intercambiaban miradas retadoras y amenazantes pero en el fondo reían a carcajadas. Lo estaban disfrutando mucho.

-A sus puestos – ordenó Albert.

Candy y Terry se prepararon para empezar la carrera.

-¡Con cuidado, Candy!

Le gritó Annie, temerosa. Phillipe no daba crédito a lo que estaba pasando. Esa Candy era toda una sorpresa.

-¡enséñale al aristócrata malcriado quien es mejor, hermanita! - agregó Archie.

-¿Quién es el aristócrata malcriado ahora eh Archie?... ¡señor sangre azul! – le respondió Terry con una sonrisa burlona.

Archie se quedó callado, fue punto a favor del Duque.

-en sus marcas…- Albert empezó el conteo de salida.

-listos…

-¡fuera!

Los dos competidores se apresuraron a correr hacia el árbol y empezar a trepar.

Terry, siendo el más alto, saltó más y alcanzó una rama para después impulsarse a la siguiente y tomar ventaja. A Candy no le preocupaba eso, se armó de toda su fuerza y alcanzó aquella rama aunque con más esfuerzos.

-¡ahh, estúpido vestido! – se quejaba.

Para este momento, Terry había alcanzado una parte del árbol en que ya no había más ramas grandes de las cuales agarrarse y empezó a trepar a cuerpo, manos, pies y uñas. Mientras tanto Candy, una vez que alcanzó la primera rama grande, se detuvo unos segundos para mirar y analizar su estrategia. Visualizó cada rama de la cual podía sujetarse y sonrió al darse cuenta de que sería sencillo. Ya sabía que hacer.

Sin perder mas tiempo empezó a saltar a la siguiente rama, como si brincara de un trampolín a otro y se agarrara de un trapecio a otro, con mucha habilidad y hasta elegancia, sin perder el estilo ni despeinarse ni un cabello. Su vestido ya no implicaba ningún problema y, sorprendentemente, no dejó ver nada de su ropa interior. ¡El sello de una experta trepadora de árboles!

Más pronto de lo imaginado alcanzó a Terry que aún seguía luchando con todas sus fuerzas para seguir subiendo. Terry notó que su pecosa lo había pasado ya y no se dio por vencido. Alcanzó finalmente otra rama grande y fuerte, lo suficientemente fuerte para soportar su peso y se paró en ella para tomar impulso. Las cosas se estaban poniendo parejas y faltaba poco para llegar a la meta.

Terry era también muy hábil, pero tenía en contra que su peso era mayor al de Candy y no podía usar cualquier rama como apoyo. Tuvo que usar más su fuerza en los brazos para trepar valiéndose de todos sus recursos pero la agilidad de Candy terminó por vencerlo.

-¡llegué! – Dijo Candy sonriendo orgullosamente.

-¡oh! ¡eres una verdadera tarzán pecosa!... ya que estas ahí, dame una mano…-dijo Terry sabiéndose el perdedor.

-con gusto.

Candy ayudó a su novio a subir la última rama hasta que por fin ambos se sentaron en ella.

-me venciste, pequeña… eres la mejor del mundo.

-gracias… tu no lo hiciste nada mal… y… ¿habrá premio para mi?

-lo que tu quieras…

-tentador…mmm … creo que lo que mas quiero en estos momentos es un beso tuyo…como aquel que me diste en la oficina de Albert - dijo Candy mordiéndose el labio inferior.

Terry supo de inmediato cual era ese beso a la que ella se refirió y sonrió… ¿el premio sería realmente para Candy? pensó él y le contestó:

-tus deseos son órdenes…

Terry se acercó lenta y seductoramente a su pecosa, acariciando su rostro y fijando su mirada en aquellos labios suaves de tentación. Los labios de Terry tocaron al fin los de Candy y se apoderaron de su boca. Él era un maravilloso besador y ya sabía bien como derretir a su pecosa, sabía la cadencia, el ritmo y la fuerza precisa para aflojarle las rodillas, ya la conocía en cuestión de besos y, ese, en especial, era una obra de arte, el regalo mas maravilloso que Candy había recibido en su vida. Los enamorados disfrutaban de las mieles de su amor resguardados por aquel follaje espeso del gran árbol que ocultaba de las miradas ajenas al par de tortolos.

Largos segundos estuvieron unidos en ese beso perfecto. Candy ya no pensaba en nada más, ni siquiera recordaba que estaba a más de 30 metros de altura, sentada en una rama. Estaba totalmente fuera de este mundo, en éxtasis. Terry despegó sus labios y ella abrió los ojos lentamente, aun flotando en las nubes.

-¿te gustó, pecosa?

-¿Qué si me gustó?... casi sentía que podía volar... – respondió ella sintiéndose de mantequilla.

-¡cuidado mi amor porque no eres un ave y estamos muy alto!

-¡oh, es verdad!... ¿ves? me hiciste olvidar dónde estaba…eres increíble Terry… no dejes de besarme así nunca…

-nunca, mi amor… te lo prometo, porque yo tampoco podré vivir un solo día sin besarte así…te amo pecosa.

Candy le regaló a Terry una de sus dulces sonrisas y él sintió que con solo esa sonrisa y esa mirada se le movía el piso. Aquellos ojos color esmeralda eran el paraíso en el que quería vivir para siempre.

-creo que ya debemos bajar –dijo Candy – nos esperan…

-si, me pareció escuchar murmullos. Bajemos… con cuidado, mi amor.

-soy la campeona mundial ¿recuerdas? sé muy bien como bajar con cuidad… aaaaaahhh…

-¡Candy!

Candy había resbalado, pero Terry tuvo reflejos como de relámpago y alcanzó a sujetarla de la mano para evitar que cayera.

-te tengo, pecosa… no te soltaré.

-oh, Terry… gracias.

Candy se acercó a una rama y se puso a salvo. Se tomó unos segundos para sobreponerse del susto. Terry llegó a su lado en seguida.

-¿estas bien, mi amor? ¿Te lastimaste?

-no, no… no tengo nada, no te preocupes…solo resbalé… ¡phew! ¡que susto!

-yo también me asusté… ¡pecosa, por poco me dejas viudo antes de casarnos!

-je je jumm… perdón mi amor… ¿pero fue tu culpa sabes?

-¿mi culpa?

-si, porque ese beso aun me tiene desconcentrada y en las nubes. ¡Mis rodillas aún están flojas!

-entonces la próxima vez me cercioraré de que estés en tierra firme antes de basarte así de nuevo.

-¡si, por favor!... ja ja ja ja ja.

La risa de su pecosa era música para los oídos de Terry, adoraba escuchar esa risa.

-bueno, si ya te sientes lista entonces ya podemos bajar.

-si, ya estoy lista. Vamos.

Esta vez Candy puso toda su concentración en bajar a salvo y lo logró, seguida por Terry. Los demás esperaban, ya algo preocupados por la tardanza.

-¡pero que alto estaba ese árbol! – dijo Albert en tono sarcástico.

-si, aunque lo digas en ese tono – le respondió Terry.

-perdónennos por haber tardado, es que hubo un pequeño percance – les dijo Candy.

-¿Qué paso? – preguntó Annie asustada.

-bueno yo… me resbalé cuando veníamos bajando.

-¡Dios mío, Candy! – casi le daba un infarto a la morena.

-pero no pasó nada porque Terry alcanzó a sujetarme, ¡gracias a Dios!

-¡ohh, menos mal! – Annie respiro aliviada.

-parece que de ahora en adelante Candy ya no necesitará que yo la proteja – dijo Albert –sé que tú la cuidarás muy bien, Terry.

-no lo dudes, Albert, Yo siempre estaré cerca para cuidarla y hacerla feliz…

Terry abrazó a Candy con infinita ternura, recorriendo arriba y abajo suavemente su brazo y estrechándola cariñosamente. A Albert ese gesto le bastó y sobró para convencerse de que su sobrina consentida estaría en buenas manos y que sería feliz.

Annie no dejaba de admirar la hermosa escena, nunca se habría imaginado que Terry pudiera ser así de dulce y amoroso, ahora veía claramente que detrás de aquella coraza dura en apariencia, detrás del sarcasmo, la altivez, el orgullo y la soberbia que le había conocido en los años de colegio, se escondía un hombre cálido, amoroso, dulce y dispuesto a todo por el amor de su vida. Se sintió feliz por su hermana y casi por acto reflejo, volteó a mirar a Phillipe, que también la observaba sin perder detalle de sus reacciones. Sus miradas se cruzaron y en ese preciso momento Annie le reveló sus verdaderos sentimientos a Phillipe, sin palabras, no había necesidad, solo una sonrisa le bastó a él para transmitirle a ella lo feliz que se sentía.

Phillipe ya no pudo esperar más, sabía que ya era correspondido en sus sentimientos por la chica de sus sueños y, delante de todos, hizo algo atrevido: Se acercó a Annie con toda determinación pero a la vez con delicadeza, acarició su rostro de cutis terso, y sin más, la besó suavemente en los labios. Ella se quedó paralizada, no se esperaba ese beso, pero no se apartó, sino que correspondió a él con todo su amor.

La escena tomó por sorpresa a todos, que se quedaron simplemente observando en silencio con ojos desorbitados y caras de asombro, pero contentos.

Phillipe se apartó lentamente de aquellos labios que le habían sabido mucho más dulces de lo que jamás se imaginó y, con el corazón en la mano, formuló su pregunta.

-Annie…te amo…. este beso me ha confirmado que tu sientes lo mismo por mi. ¿Entonces me aceptas, dulce Annie? ¿Aceptas ser mi novia?

"¡oh Dios!" Exclamó Candy al escuchar a Phillipe, estaba muy emocionada.

Annie, con lágrimas en los ojos, sobrepasada por el inmenso sentimiento que albergaba en su corazón, respondió de la única forma que ella sentía:

-¡si, acepto ser tu novia Phillipe!

-¡Annie!...- él la abrazó fuertemente y la cargó mientras daba vueltas con ella en brazos - …gracias…yo te haré feliz, muy feliz, te lo prometo a ti y a tu familia aquí presente. Seré el hombre que siempre estará apoyándote y haciendo hasta lo imposible día a día para verte sonreír. Mi Annie…ma belle…

De nuevo un beso fue el sello que ambos fijaron para el inicio de su noviazgo. Esta vez Annie no se reprimió en lo absoluto y se colgó del cuello de su ahora novio para besarlo intensamente…feliz.

-¡Annie, Phillipe, felicitaciones! ¡hacen una hermosa pareja!

Candy fue la primera en felicitarlos.

-gracias, Candy, ahora sé lo que tú sientes por Terry ¡y es maravilloso! – respondió Annie.

-te lo mereces, y Phillipe también se merece a una chica como tú, él es un buen hombre…-volteó ahora a mirar a su "cuñado" – cuídala mucho Phillipe, hazla feliz.

-lo haré, Candy, gracias por tus sinceras felicitaciones…

-yo también los felicito sinceramente – dijo Terry – chica tímida…digo, Annie, ahora si te ves como una mujer enamorada, tu mirada es distinta…y tu Phillipe, espero que nunca llegue a escuchar quejas de ti, cuida bien de mi cuñada…

-no escucharas quejas de mi nunca, no te preocupes.

-bien…

-a mi también me da gusto que inicien una relación de pareja – intervino Albert – yo siempre estaré feliz si ustedes son felices y con personas que merecen su amor…Candy, Annie, aunque sé que pronto harán sus vidas de forma independiente quiero que sepan que siempre velaré por su bienestar y felicidad…si algún día la vida no es tan dulce como quisieran y los problemas empiezan a surgir, no duden en que yo estaré siempre apoyándolas, siempre seré un amigo para ustedes, y siempre, siempre seré su tío que más las ama. Que dios las bendiga y les de felicidad, mis lindas y amadas chicas…

Albert abrazó a Candy y Annie muy amorosamente. Se notaba feliz al ver a sus sobrinas tan radiantes y al lado de hombres valiosos e íntegros. Sabía que estaban en buenas manos.

-yo también los felicito… – dijo Archie que se había quedado mudo ante la sorpresa - …hermanita, deseo que seas muy feliz al lado de Phillipe, parece que él es el verdadero amor de tu vida, puedo ver en tu mirada lo que Terry dijo haber visto: esa chispa de amor, nunca antes te había visto una mirada así… sé feliz…

-gracias Archie…hermano…

Los dos se abrazaron afectuosamente y Archie acaricio el suave pelo negro de su hermana. Luego de que se separaron le dijo a Phillipe:

-mas vale que seas un caballero con ella y que la cuides mucho… ahora yo soy el hermano sobre protector y te las veras conmigo si la haces sufrir.

-no te preocupes, Archie. Seré un caballero con ella en todo momento y no tendrás queja de mí.

Ja ja ja ja ja ja rieron todos.

-ahora entiendo porque me dijiste aquel día que tal vez mis sueños se hicieran realidad… – dijo Terry – …has resultado ser el hermano sobre protector de mi pecosa ¡quien lo hubiera imaginado!

-te aseguro que nadie – respondió Archie – ni yo mismo me lo hubiera imaginado. Pero la vida nos da sorpresas a cada vuelta de la esquina y ésta ha sido la más maravillosa de todas…por cierto, la advertencia va también para ti, Terry… especialmente para ti.

-¡cielos! ¿Acaso me crees un patán, Archie?

-bueno, tienes cierta fama… yo solo estoy tratando de cuidar a mi hermana.

-pues no debes preocuparte "especialmente" por mi. Te aseguro que tu hermana estará bien. Yo ya no soy el mismo malcriado del colegio, y por aquello de la fama, si, no niego que fue cierto, pero después de haber conocido a Candy todo eso quedó enterrado… soy un mejor hombre por y gracias a ella, nunca haré nada que le haga daño, te lo prometo.

Terry habló muy seriamente y jamás apartó la mirada de la de su cuñado. Y tan ciertas como eran sus palabras así también lo fue el sentimiento de alivio y tranquilidad que Archie sintió. Sus temores se disiparon y supo que podría confiar en ese hombre que alguna vez le provocó tanto recelo y desconfianza, pero era porque no lo conocía lo suficiente. Ahora lo conocía mejor y se daba cuenta de que su hermana no habría podido encontrar nunca a un hombre que la amara más que ese aristócrata inglés y que él la protegería hasta con su vida.

Archie quedó mas que conforme.

-muy bien, Terry, eso era lo que quería escuchar de tu propia boca. Ten por seguro que yo estoy contento de que seas tú el hombre que cuide y ame a mi hermana. De ahora en adelante tienes mi total confianza y por su puesto, mi amistad.

Los dos caballeros estrecharon manos y se brindaron una cálida sonrisa y un voto de confianza.

Esa mañana-tarde no pudo haber sido mejor. Pero ya era hora de regresar a casa pues aún había otra reunión familiar importante para dar a conocer el resto del testamento de Edward Windsor Cornwell.

Nuevas sorpresas aún por descubrirse…