Los personajes son de Meyer.

A todas las que comentaron y son lectoras, mil y mil gracias, no puedo devolver comentarios, sin embargo cada uno es leído con mucha gratitud.

TU NO EXISTES.

Capítulo 4: 'Esta Familia'

Música

Ludwig van Beethoven: 'Sonata de Claro de Luna'


Catorce de noviembre de 1940, estábamos todos en Conventry, ese día, los alemanes comenzaron la operación "Sonata de Claro de Luna". Escondidos en el refugio, sentíamos como cientos de bombas caían consecutivamente, el intenso calor creaba tormentas de aire con 500 o más grados de temperatura que cruzaban las calles, penetrando en las viviendas y quemando a cuanto ser vivo se encontraba en el camino del infernal huracán. Caos y desolación. Todo estaba destruido. Paradójicamente, nuestra familia, no. En el refugio, no éramos siete seres sobrenaturales, no éramos indestructibles, éramos siete personas presenciando la locura del mundo. En ese momento, en plena guerra, en plena demencia, todos fuimos una familia, una familia unida, no por las circunstancias de nuestro destino, sino por el hecho de que todos compartíamos el terror de ser destruidos por el fuego infernal provocado por el bombardeo incesante. Por primera vez, teníamos la muerte cerca, era algo pavoroso y fascinante, estábamos unidos como nunca lo habíamos estado, todos preparados, todo en peligro, una confrontación de miedos y verdades, estábamos cerca de la humanidad perdida.

Hoy, casi 100 años después, yo era, nada menos, que el mismo bombardeo demencial de la Operación "Sonata de Claro de Luna". Estaba listo para enfrentarme a todos ellos y arrasarlos con mi fuego maldito pero, esta vez, si destruirlos. Mi odio y mi desprecio eran totales y no daría tregua.

'Te odio' le dije a mi padre. Se lo dije y me desgarré por dentro. Yo lo odiaba, lo despreciaba, lo amaba, le agradecía y volvía a odiarlo más. Lo odiaba por tomar mi destino en sus manos, lo despreciaba por creer que estaba más allá del bien y del mal, le agradecía por darme la oportunidad de tener, hasta cierto punto, una vida extraordinaria que se hubiese perdido un día, en un frío hospital en Chicago, y por darme lo mejor que había tenido en mi existencia… Ella.

Ese niño de diecisiete años nunca habría conocido un amor así, ni siquiera lo soñaba.

Mientras que Emmett conducía a la casa, yo los escuchaba a los tres, era un fastidio.

── Es mi culpa, demonios ¿hasta cuándo?

── Jasper, evítame tus culpas.

── ¿Por qué? ¿Por qué nos hace eso? ¿No entiende que todos sufrimos?

── Créeme Emmett lo sé.

Carlisle cerraba su mente para mí, pero yo sabía, sabía que sus pensamientos iban enfocados a la compasión y a su propia autoflagelación. Si yo lo odiaba en ese momento, el se odiaba más.

Llegamos a la casa y Alice me esperaba en la puerta con los brazos cruzados, desde que yo había llegado, su mente estaba oscura o simplemente hablaba en alemán, un idioma que me negué a aprender, Rosalie era otra cosa.

── Estúpido, alcornoque, maldito niño llorón.

── Ahórrate tus insultos Rosalie, no me importan.

── ¿Qué te crees arriesgándonos a todos de esta manera?

Estaba en el centro de la sala y todos me miraban, era la inquisición española en pleno.

── No puedes arriesgarnos de esta forma. Edward, es una irresponsabilidad, tú sabes lo que eso conllevaría.

── Yo no arriesgo nada madre, y si algo pasa, es a mí.

Esme me miraba, en ese momento, su amor me molestaba, me sofocaba.

── ¿Qué buscas Edward? ¿Destruirte? ── preguntó Jasper.

── Busco comer.

── No de esa manera, sabes cuales son las reglas.

── No seas hipócrita Jasper, ¿Crees que puedes engañarme? Aún deseas la sangre tanto como yo.

¿Qué quieres, Edward? Dímelo ── la voz de Carlisle resonó, finalmente.

Voltee a mirarlo, yo estaba listo para dejar caer la bomba, sí, yo era la mismísima tercera guerra mundial.

── ¿Quieres saber? Padre.

── Lo necesito.

Jasper se tensó el presentía lo que iba a pasar, me preparé y grite.

── Quiero que dejen de ser tan hipócritas, todos sobre todo tú, padre. Tú y tu sueño de familia ── feliz y humana ── no lo somos, eres un patético hijo de pastor lleno de terror, con la maldita culpa a tu espalda. Igual que todos, deseas beber la sangre, pero te crees mejor que cualquiera y restriegas tu superioridad moral como una bandera, pero yo sé lo que eres, te convertiste en medico no por el deseo de ayudar, no, te convertiste en medico para demostrarnos, a todos nosotros, que puedes estar cerca de los humanos y de su sangre y que por eso, que aún eres parte de la humanidad. Pero no lo eres, la humanidad se evaporó de ti, la perdiste ese día en que te convirtieron, en una sucia calle de Londres.

── Yo asumo mi responsabilidad, Edward, la asumo contigo y la asumo con todos.

── ¿Responsabilidad? Somos vampiros por todos los santos, yo asumo lo que soy ¿ustedes? Fingen y pretenden, yo pretendí eso por años Carlisle y falle, te lo digo, te lo confieso, nunca me sentí más yo que en aquellos años en que mate a todas las ratas inmundas que se me cruzaron en frente. Todos ustedes han huido de lo que son y de sus historias, Rosalie renegando de su condición «quiero ser madre, quiero tener una vida humana» confiésalo Rose: Te encanta, te fascina ser eternamente hermosa y que todos te admiren y te deseen. Disfrutaste matar a ese hombre, el que te violó y a todos los que participaron.

La voz Emmett resonó detrás de mí.

── Controla tus palabras, Edward.

── Tú, Emmett, negándote a crecer, ¿Te acuerdas cuando mataste esa mujer? Aquella que cantaba para ti ── me acerqué, yo era el demonio ── allá afuera hay miles como ella, saben mejor ¿no te gustaría?, un día, una hora. Ningún animal ¿Cambiar dieta? ¿Mejorar el sabor?

Emmett me lanzó contra la pared, el sonido de ésta quebrándose me hizo más violento.

── Y ¿tú Jasper? El soldado, el guerrero ¿Qué quieres esconder? ¿Crees que durante años no supe que sentías cierta melancolía por tus épocas con María?

── Cállate Edward, no sabes lo que dices.

── ¡Maldición, claro que lo sé! todos hemos vivido una vida de mentira, yendo de un lado a otro, tratando de encajar, asistiendo a escuelas y soportando niños idiotas que escasamente saben leer, Dios, somos unos ancianos ¿Qué hacemos entre niños? Tan sólo excitar nuestra hambre y nuestra envidia.

── ¡Oh Edward! cuanta rabia tienes, siento tanta pena por ti hijo.

Ahí estaba, Esme, yo no me podía contener, iba a cometer la más grande monstruosidad de todas.

── Esme, amándonos como si fuéramos tú niño muerto, consolándote por tú pérdida, tratando de calmar la esterilidad de tú vientre muerto ── todos estaban paralizados, la casa se quedó en silencio y Carlisle se sentó llevándose las manos a su cabello.

¡Maldición! ¿Yo dije eso, fui capaz de decir eso? Fue entonces que vi algo que no creía posible, vi a mi madre llorar ¿eran lagrimas? No, no podíamos, era la ponzoña que recorría su rostro, sus ojos se tornaron rojos y el veneno parecía quemar su piel de mármol.

── ¿Tenías que decir eso? Edward ¿tenías que decir eso? Vamos termina, ¿Qué piensas de mi? ── la voz de Alice era desafiante.

── Ya dije suficiente.

── No, quiero escuchar.

── Alice, cariño, déjalo ya.

── No Jasper, tiene toda esa rabia acumulada en su cuerpo como un maldito cáncer, es hora que enfrentemos esto, de alguna manera debemos pagar por lo que hicimos ¡vamos Edward dilo ya!

Yo sólo veía a Esme llorar, quería irme de allí, di el primer paso y de nuevo Alice me grito:

── ¡Edward Cullen eres un maldito cobarde! Piensas de mi que estoy loca y que la locura de mi vida humana la traje a mi vida de vampiro, que me he negado a ver la realidad de las cosas, que me escondo entre mi superficialidad y mis tonterías, que trato de inventarme una vida, pues en realidad nunca tuve una, crees que soy la mayor hipócrita de todas, que mi don me da una especie de superioridad de titiritero. Piensas que manipulo a todos, tratando de llevarlos por una vida humana, que soy cursi y melodramática.

── Tú lo has dicho, yo no.

── ¡Basta ya! ── grito Carlisle ── vete Edward.

── No tienes que pedirlo dos veces.

── No, yo también tengo algo que decir.

── Alice, no digas nada, mi amor por favor, no eches más leña al fuego.

── Déjala que hable, Jasper ── yo trataba de entrar a la mente de ellos dos pero ambos no me lo permitían, Alice me miró a los ojos.

── ¿Responsabilidad? Edward. ¡Maldito seas! Ella tenía dieciocho años.

── ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!

── ¡Cállate!

── Dieciocho y le rompiste el corazón, tú tenías cien años y ella era una niña, huiste frente al primer contratiempo, no te responsabilizaste de nada, ella te amaba y tú te asustaste frente al primer contratiempo y corriste como un maldito cobarde, rogabas porque aquello pasará para así tener la excusa de irte, tenías tanto miedo de amar que corriste, tuviste la felicidad en tus manos y la dejaste ir, odias tú condición de vampiro que creíste que tarde o temprano ella te odiaría también y te excusaste con la vida humana que tú creíste que le podías dar y la destrozaste y nos destrozaste a todos con esa decisión ¿acaso no sabías que ella era nuestra esperanza? Ella no sólo era tú ángel era el nuestro, alguien que fue capaz de aceptarnos tal y como somos, porque fue capaz de ver más allá, oh si Edward de alguna manera u otra anhelábamos ser humanos y ella nos dio ese regalo con su aceptación y tú nos lo quitaste ¿responsabilidad? Te destrozas, vives treinta años como una basura en cualquier parte del mundo, tomas sangre humana, te alienas, pero no aceptas la posibilidad de haber sido feliz y eso te está matando, una eternidad en agonía, todo para olvidar.

── ¿Crees que he olvidado?

── ¡No, pobre de ti! No olvidas… lo peor de todo es que te encanta ese dejo de tragedia que tienes, vienes aquí con tú discurso porque de una manera te crees mejor, niégalo, niégalo y dime ¿Si cuando dejaste a Bella en aquel bosque nos decías, de manera tácita, que eras mejor que cualquiera? Siendo un mártir seguirías siendo superior, antes de Bella te creías eso, indiferente y arrogante, cuando ella llegó a tú vida, te enfrentó con tú deseo más básico y con tu más grande temor, eras como cualquiera, pero dejándola eras de nuevo aquel ser, hermano jamás me engañaste ¡Jamás!... Y te atreves a enjuiciarnos a nosotros.

La de Alice era mi voz, era mi maldita conciencia gritándome la verdad, algo más brutal de los golpes de Emmett cayeron sobre mí, y aquello era el peso terrible de mi error.

── ¿Qué hice, Alice? Dios, ¿Qué hice?── Carlisle se acercó a mí y me abrazó, en ese momento yo lo sabía, él era mi padre a pesar de todo, él era capaz de perdonarme cuando yo no podía. Como un niño pequeño me abandone en aquel abrazo y algo parecido a los estertores del llanto recorrieron todo mi cuerpo.

Catorce de noviembre 1940, las bombas caían y allí frente al dolor, la desesperanza y la muerte éramos una familia, ahora de nuevo ── a pesar de mí y de mi veneno ── eso éramos, una familia capaz de enfrentarlo todo, hasta nuestras propias fallas.


Editado por XBrönte.

Mi pobre vampiro ¿hacia donde lo llevará tanta rabia? ¿donde está nuestra Bella?

Edward Cullen ¿quien realmente es?

Gracias por leer.