Candy colocó la última muda de ropa en el baúl. El viaje a Escocia estaba próximo y era lo único de lo que había oído hablar a las chicas del dormitorio en las últimas dos semanas.

Escocia. Con sus verdes campos y sus parajes de ensueño. Vio de nuevo el vestido verde oscuro que el Tío Abuelo le había regalado para la ocasión.

Según la carta que le envió el afable anciano, la señorita de la tienda le dijo que esa era la última moda. Era un vestido de busto ajustado con mangas cortas y un ligero escote al frente, con mucha piedrería. Lo novedoso de la prenda, era la forma globular de la falda. Comenzaba desde la cintura, como un tipo de esfera que dejaba al descubierto los tobillos y las piernas hasta un poco más abajo de las rodillas, por detrás, tocaba el suelo.

Según el chillido que lanzó Elisa cuando lo vio, era una "falda-pantalla" diseñada por Paul Poiret, un francés que estaba causando furor en el mundo. Estaba, según ella, al último grito de la moda.

No era para menos. El escandaloso * vestido era para su presentación oficial ante los Andely y er resto de la alta sociedad como la hija del patriarca y heredera, además de como prometida de el Conde de Menshire *,título heredado por Anthony de su difunto abuelo, el padre del Capitán.

Caminó de nuevo, viendo la pieza que compartía con Patty, quien estaba absolutamente radiante por el viaje.

-¡Oh Candy! Escocia es tan hermosa...debes de verlo por ti misma.

-Ya...lo imagino. Seguramente es precioso. ¿Irás a mi presentación en sociedad?

- Si, si a mi abuela seguramente le encantará.

-Y a Stear...-agregó ella pícaramente.

Dejando a Patty más roja que un tomate, salió de la habitación a ver al resto de sus compañeras corretear y chillar como chiquillas mientras las mucamas contratadas especialmente para la ocasión cargaban sus maletas.

Una hora después, todas partían pulcramente al puerto.

Los varones hacía rato habían partido, ya que por políticas de la escuela, no se les permitía estar demasiado tiempo juntos antes de llegar a los terrenos de la escuela en Escocia. Allí tendrían la tarde libre; lamentablemente aún iban a tener clases por la mañana.

- ¡Patty! No entiendo por qué vamos a ver clases en verano.- Se quejó Candy. Y, como para darle razón, Elisa estuvo de acuerdo.

-¡Chicas! No sean tan quejumbrosas, no por nada este es el mejor colegio de toda Inglaterra. Además, ¿qué pensarían nuestros padres si se nos deja perder el tiempo por allí?*

-O'Brien, no necesitamos otra lección de buenas costumbres, con la hermana Annette nos basta y sobra, además, en América no veo que armen tanto jaleo por eso.

- Señoritas, tanta plática no es buena entre jovencitas de su edad* les pido que vayan a sus camarotes y se acomoden allí.

Pidió con voz austera la madre superiora. Enseguida, las tres armaron su camino hasta los camarotes. Luego de unas largas horas de viaje, la vieja Escocia le abría las puertas a sus mundos encantados.

Candy estaba maravillada. En su vida había visto campos más verdes y gente tan pintoresca. Parecía todo sacado de uno de esos cuentos de princesas que de pequeña tanto le encantaba oír a Annie. "Cuentos como el de mi príncipe de la colina" se dijo, sin saber lo que en ese mismo viaje le tenía preparado.

En ese mismo puerto, un Albert lujosamente vestido desembarcaba al lado de la Tía Abuela y el fiel George a la tierra que lo vio nacer. Iba directo a su castillo, a pensar como explicarle a Candy que el era el dichoso Tío Abuelo.

Kilómetros más allá, tras los muros restrictivos de la mansión propiedad del Real Colegio San Pablo, los nervios de Anthony no daban para más. Se paseaba de un lado a otro con los cabellos desordenados y la mirada gacha, para la extrañes de todos sus compañeros.

-Rueditas, si sigues así, abrirás un agujero en el suelo.

-¡Grandchester! Perdona, no te había notado.-le dijo Anthony sorprendido, como si acabara de darse cuenta de que el otro estaba allí.

-¿De verdad? No me había dado cuenta-le informó Terry, con sarcasmo. Llevaba diez minutos allí parado esperando que Brown resolviera lo que sea que tuviera en mente y ya estaba cansado de verlo virar la silla de un lado al otro.- ¿Se puede saber que te pasa?

-Nada- Le contestó Anthony con una mirada sombría.

-¿Nada? Si claro, y la hermana Grace y yo nos amamos en secreto,¿no lo sabías? Habla ya, Brown. Tiene que ver con Candy, ¿qué más?

Anthony lo miró incrédulo -¿de dónde sacas que tiene que ver con Candy?

-A ti, nada más te preocupa a este punto si no es ella. ¿Me vas a decir?

Anthony lo meditó un poco y luego asintió.

-Es complicado.

-Soy todo oídos.

-Bien. Es que mi tío es su dichoso "Príncipe de la Colina"

-¿Su qué?

- Ahg, cierto, no sabes nada. Candy creció en un orfanato cerca de nuestra mansión en Lakewood. Ella y la hija de los Britter, ¿Mary? ¿Anne? ¿O creo que era Annie?

-¿La que esta loca por el Elegante?

-Si, esa misma. Bueno, ella creció con Candy y cuando ambas tenían seis, fue adoptada por los Britter y dejo a Candy sola. Se escribían por correspondencia hasta que la madre de Annie se lo prohibió, y Candy quedó devastada. Entonces, fue a llorar a una colina cercana al orfanato y se encontró con mi tío, que tocaba la gaita con un traje típico escocés. El la hizo parar de llorar con una frase que ahora no recuerdo y luego se marchó, dejando tirado su prendedor con nuestro emblema. Candy nunca lo olvidó, y me atrevo a decir que hasta se enamoró de él. Mi tío nunca le dijo su nombre, por lo que ella lo llamó "El Príncipe de la Colina" y fue buscándolo años después que ella aceptó ser adoptada por los Leagan y luego la conocí, como te habrá dicho ya Elisa. Esto no se lo he dicho a nadie, pero creo que mi tío tampoco se olvidó de ella, pues mandó a hacer una pintura de una niña rubia similar a Candy que tiene en su despacho principal y de otra manera no me explico lo de "Albert"

Hubo un minuto de silencio. Entonces, Terry agregó.

-Déjame ver si entendí, ¿Candy y tu tío están enamorados, posiblemente y ninguno lo sabe? Y tú estas celoso por ello. Además, tu tío, el gran y magnánimo William Andely, el hombre más poderoso de América es la misma persona que Albert, el tipo del zoológico?

-Si.

-¡ Esto es de no creer, Brown!

-Y se pone peor-agregó Anthony, cubriendo sus ojos con el flequillo.- mi tío aparecerá ante la familia y el resto de la alta sociedad el día de la presentación de Candy. Se va a enterar de mi compromiso con ella.

-¡¿Cómo?! ¿Tú tío aún no lo sabe?

-No. Al parecer la tía abuela "olvido comentárselo" y el itinerario de su viaje de negocios estuvo tan apretado que aún nadie le ha dicho.

-¿Y entonces cómo se explicó a sí mismo que siempre están juntos?

-Somos buenos amigos.-Agregó un Anthony para este punto completamente mortificado. No le daba ni una pizca de risa que su tío pudiera robarle a Candy.

- Rueditas, te recomiendo que te calmes, tu y yo sabemos lo mucho que Candy te quiere.

-Espero que eso sea suficiente cuando mi tío despliegue su encanto.

Y así, Terry dio por concluida la conversación, un tanto inseguro de haber dicho lo correcto. Lo lamentaba por Anthony, tener a "Albert" el trotamundos de rival, o aún peor, tener a William Andely el hombre encantador, era algo que no le desearía ni a su peor enemigo.

Salió de la habitación pensando en decírselo a Elisa, pero resolvió que ella se enterara después, en la fiesta de presentación.

Así se hicieron los días, los chicos paseaban por el lago, caminaban los alrededores y se escapaban al pueblo como todos los años. Algunos temerarios, como Terry, se las arreglaban para conseguir alcohol y se emborrachaban como cubas.

Iba a hacerlo, desde luego, pero Elisa y su compañía constante, lo previno de intentarlo.

-...Y así fue como Neal y yo nos escapamos de la Tía Abuela y recorrimos Nueva York. Claro, no hay muchos sitios a los que te permitan entrar solo a los nueve años. Aún así, la feria estuvo fabulosa...¿Terry, me estas escuchando?

-¿Dijiste algo?-le preguntó. La verdad, es que llevaba rato sabiendo que Elisa decía algo, pero él no escuchaba, sólo podía concentrarse para ver el movimiento de sus labios de un lado al otro, de arriba a abajo. Desde el paseo en el lago, se había planteado la idea de besarla y sin pensarlo más, se inclinó sobre sus labios y le dio un corto beso. Ella se quedó muda.

-¿Q-que acabas de hacer?

-Te he besado.-contestó Terry, con su mejor voz galante.

Elisa sonrió, pensando un poco en lo que iba a hacer, temblando por dentro y dando gracias a Dios por estar sentada.

-Querido Terry, eso no fue un beso, en cambio esto sí lo es-le dijo y se abalanzó a sus labios, dejándolo sin aliento. Cuando el resto comenzó a mirar el paraguas de Elisa con sospecha,a ella no pudo importarle menos.

En el momento en que por fin se separaron, ambos se quedaron mirando fijamente, idiotizados con lo que acababan de hacer.

-Cielos, eso sí que fue atrevido.-dijo Terry, enarcando una ceja. Elisa pensó que quizá se había pasado de la raya hasta que Terry comenzó a reír a carcajada suelta-Te felicito. La verdad, no me hubiera gustado de otra forma.- agregó, con voz socarrona. -Vamos compremos un helado de pistacho querida. Te lo mereces.

Mientras esto ocurría en el parque, una atareada Candy se dejaba arrastrar por Archie a "buscar accesorios adecuados para el vestido" ya llevaban cuatro tiendas, seis collares y un tocado.

-Archivald, no creo que necesite tantas alijas.

-¡Tonterías Candy, tienes que estar radiante y no hay punto de discusión!

Y así Candy supo que cualquier indicio de discusión era tiempo perdido. Se dejó ser la muñeca tamaño real de su primo y para cuando estuvo satisfecho, se necesitaron de tres criadas para poder cargar todas las bolsas.

-Archie, lamento mucho decirte esto pero creo que has sobrepasado todos tus límites.

-¿De verdad lo crees? No me parece que la gente se haya dado cuenta de que soy un poco diferente*

-No lo se Archie, tu gran conocimiento sobre los colores que le quedaban o no a mi tono de piel debió dejarles cuanto menos perplejos...sabes que en América eso no importa demasiado, la tía abuela aún no lo sabe, al fin y al cabo, pero en Escocia imagino que es un poco distinto, ciertamente.

- Tienes razón, Dulce Candy, la próxima vez seré mucho más cuidadoso.

-Lamento mucho esto Archie.

-No lo sientas gatita, la sociedad moderna no está preparada para la gente como yo. Algún día viviremos libres, yo lo sé.

-Dios te oiga, Dios te oiga.

Al llegar de nuevo a la escuela, en seguida Elisa y Patty se le fueron encima para ver todos los collares, tocados y pulseras que había obtenido gracias al cheque en blanco del tío abuelo.

-Esto es magnífico Candy.

-Lo sé Elisa, lo sé. Toma, agarra alguna que convine con tu vestido y llévatela. Son tantas que creo que una vida entera no me bastará para usarlas todas. Tu igual Patty, quiero que Stear se quede boquiabierto.

-¡Candy! Por amor a Dios, me he cansado de decirte que entre nosotros no hay nada.

-Nada que no hayas querido, mi estimada Patricia. Hay que ser ciego o muy estúpido en verdad para no verlo. ¿O acaso me dirás que el día que conseguimos tu vestido mal puesto fue un descuido tuyo?

-¡Elisa! No puedo creer que tu también...no puedo con ambas, son imposibles.

-Jajaja...Patty, admite ya que te mueres por él.

-Bueno...si. ¡Pero no se lo digas a nadie! O le diré a tu padre adoptivo que te has escurrido a Londres sin permiso con Anthony los días de escuela.

-Ya, ya O'Brien. Las amenazas son innecesarias.

Y tras esa apacible charla de amigas, no volvieron a verse las caras hasta que el "Gran día" había llegado. Candy se miró de nuevo en espejo, sin poder creer que la hermosa jovencita que le devolvía la mirada era ella. Se veía encantadora. Los diamantes de la tiara y el collar, quedaban en absoluto contraste con los zafiros y esmeraldas del vestido. Dio una pequeña reverencia y entonces fue que notó que todas esas horribles clases de modales y protocolo no habían sido en vano. Era toda una dama, la dama que Anthony tanto deseó que fuera y no podía sentirse más orgullosa por ello.

Tocaron la puerta y su fiel Dorothy le vio del otro lado.

-¡Oh Candy! Estas preciosa.

-Lo sé Dorothy, esta vez la dama del maquillaje se ha esmerado.-dijo, mientras observaba sus labios rojos y la sombra oscura que hacia resaltar el verde de sus ojos. Su cabello, recogido en un elaborado moño imperial, parecía brillar más que nunca, enmarcando el rostro.

Hecha todo un manojo de nervios, descendió por las escaleras de la antigua abadía y trato de no fijarse mucho en los setecientos pares de ojos atentos a cualquier fisura en su imagen de señorita perfecta. Toda la sociedad, nobleza y alcurnia del Reino Unido estaba allí. Desde Irlanda hasta América, no se había salvado nadie de la interminable lista de invitados de la Tía Abuela. Inversionistas, empresarios, nobles, hacendados, todo aquel que tuviera dinero suficiente para ser "alguien" estaba allí esa noche, sólo para verla a ella y al Tío Abuelo William bailando en el centro del salón.

De a poco, se fueron congregando todos los invitados alrededor de ella y entonces, la Tía Abuela Erloy comenzó su discurso.

-Saludos a todos, sean bienvenidos esta noche a tan esplendorosa velada. Para mi, es un gran honor tenerles aquí para celebrar la entrada en la sociedad de mi sobrina Candice White Andely, y anunciar su compromiso formalmente con mi querido niño, el joven Anthony Brown Andely. Además, como ustedes sabrán, la figura del patriarca de la familia, el señor William siempre ha sido un misterio que permanece en las sombras excepto para unos cuantos allegados...bien, me complace informarles que eso se termina hoy. Mi sobrino alcanzó la edad estipulada en el testamento de sus padres, por ello, es mi deber presentarles a William Albert Andely.

Y nada más acabar de hablar, un joven extremadamente apuesto de cabellos rubios y penetrante mirada azul claro se vio al inicio de la escalera. La gente aplaudió, y tan rápido como llegó, se disipó a bailar, charlar y comer, sin dejar de estar pendientes de la buena nueva.

-¡Joder!-exclamó Terry, que a pesar de ya saber, opto por creer que era una broma de Anthony. A su lado Archie no acababa de caer del todo y Stear remató la tanda con

"¿Pero ese no es...?" Y antes de que pudiera terminar la oración, Candy gritó "Albert" y corrió a abrazarlo como hacia siempre.

-¡Albert! Pero, ¿qué haces aquí? ¿Cómo llegaste? ¿Qué haces con esa ropa? ¿Y qué es todo eso del Tío Abuelo? No lo entiendo, ¿podrías explicármelo?...

- ¡Santo Cielo! Esas son muchas preguntas, con más calma Pequeña, iremos por parte pero tienes que prometer no enfadarte mucho conmigo ¿Prometido?

-Pero Albert...

-Candy...

-¡Está bien! Te lo prometo pero ¡dime ya!

-¿Nunca cambiarás? Jaja, Pequeña, tan adorable como siempre. Esta bien, iremos en orden. Estoy aquí porque me han buscado, he llegado en coche, la ropa fue idea de George - bien sabes que la detesto - y lo del Tío Abuelo...bueno, ese soy yo. Mi nombre completo es Sir William Albert Andely I, es todo un placer conocerte de nuevo, mi querida Candy- dijo rápidamente y culminó con un beso en la mano que duró más de lo necesario sin dejar de mirar a Candy ni por un momento, haciéndola desviar la mirada absolutamente ruborizada.

Eso fue suficiente para Anthony, quien salió como un torpedo hacia los dos destilando una fría calma que erizaría a cualquiera con instinto de supervivencia.

-Tío. -Saludó. Y de la misma fría manera, con los ojos que hace segundos destilaban calor vueltos témpanos helados, Albert le devolvió el saludo.

-¿Por qué no viene a charlar con todos nosotros en la mesa de allá?- le dijo con una educación estudiada.

- Lo lamento mucho sobrino, pero aún no termino de hablar con mi Pequeña-replicó el otro, y el apodo le salió tan natural que Anthony necesitó de toda una vida de crianza aristocrática para no echársele encima, tal cual quería.

-¿Su qué? Lo lamento mucho tío, pero preferiría que no se refiriera de esa forma a mi prometida- volvió Anthony a la carga, esta vez echando chispas con las manos crispadas.

La reacción de Albert no se hizo esperar. Encorvó los hombros y su cuerpo musculoso se tensó como un arco bajo la tela fina del traje.

-¿Qué Candy es tu qué?- replicó con un siseo. Creía que cuando Anthony se había referido a Candy como su " futura esposa" en aquel almuerzo que compartieron lo decía simplemente por compromisos del Clan, pues según las reglas que él mismo iba a abolir, si el heredero resultaba ser mujer debía casarse con el pariente masculino más inmediato de la línea de sucesión. Luego, creyó recordar que él dijo que la amaba, pero ¿qué iba a saber que Anthony la amaba de la misma forma que él? ¡Si su sobrino parecía amar a todo el mundo! Así que él lo tomó como un amor filial. Iba a seguir encolerizando se cuando Anthony habló.

-Lo que ha oído tío, mi Prometida, ¿qué acaso usted no lo sabía?-dijo, pretendiendo sorpresa e ignorando magistralmente la furia de su tío. Él sabía perfectamente que el Tío William no estaba enterado. Nadie quiso informárselo y ahora entendía bien porqué. El que amaba a Candy era tan ridículamente obvio.

Se miraron nuevamente de arriba a abajo y cuando ya parecía que iban a caerse a golpes allí mismo, George intervino, viendo el escándalo venir.

-¡Caballeros! Lamento mucho interrumpir su pequeña "charla" pero les recuerdo que este no es el momento o el sitio correcto para arreglar sus diferencias. Sir William, me consterna su actitud. Joven Anthony,me siento muy decepcionado. ¿Qué pensarán nuestros invitados que somos? Esto está empañando la gran noche de la señorita Candice, la señora Erloy no estará para nada contenta, se los puedo asegurar señores.

De haber tenido una cámara, Terry hubiera inmortalizado el momento para la posteridad. Las caras de impresión de los dos hombres era tan notoria que en vez de haberles nombrado a Candy, pareciera que hubieran anunciado la pérdida de algún familiar cercano.

-George, ¿dónde esta Candy?- Preguntó Anthony y sin siquiera detenerse a escuchar la respuesta Albert anunció "Voy a buscarla" encaminando a las escaleras.

- Ni siquiera se moleste, Sir William. - Le detuvo George-Luego de reaccionar de la noticia sin que ustedes lo notaran, la señorita Candice declaró estar indispuesta y marchó a su habitación. A juzgar por lo molesta que estaba, me atrevería a decir que no desea ver a ninguno de los dos.

-Usted, Sir William, no debió decirle la verdad tan súbitamente y usted, joven Anthony no debió ocultarle la verdad.- les riñó, tal cual lo haría el padre que consigue a sus hijos adolescentes borrachos hasta las orejas en una fiesta clandestina organizada mientras no estaba. Sin ninguna piedad, George los envío a atender a los invitados, lo cual hicieron a regañadientes por el resto de la noche.

Un poco más allá, una perpleja Elisa miraba el rostro estupefacto de todos los demás. Años y años de tramar intrincados planes le permitió leer la escena en su totalidad. Primero, que el tal "Albert" fuera en realidad el Tío Abuelo, hacia que cosas como su grandísima cultura y el hecho de que parecía estar en cualquier sitio que Candy estuviera, calzaran a la perfección. Segundo, lo que vio en los ojos de ese hombre mientras miraba a Candy y la manera casi indecente en que sus labios se pegaron a la piel de la rubia mientras la mirara como si pudiera derretir al mismo sol con los ojos por decirlo de alguna forma, justificaba completamente el secretísimo de Anthony y su mal humor cada vez que hablaban de su tío.

Discretamente, mientras nadie miraba, hizo que todos los chicos de su círculo en el San Pablo menos Anthony, salieran a los jardines uno por uno, sin levantar sospechas.

Nada más poder hablar Archie desahogó el pensamiento general...

-¿Pero qué carajos acabo de ver?

-Pues gracias a Dios lo has visto tú también, empezaba a creer que los tragos que tomé se me habían subido a la cabeza y estaba alucinando.- replicó Terry.

-¿Alucinando? ¡Alucinando debió de haber estado el "Tío Abuelo" para haber besado a Candy de la forma en que lo hizo en frente de todo mundo! ¡Vamos chicos, que todos sabemos que faltó poco para que comenzara a devorarle la boca!

-Neal, ¡hay damas presentes!- repicó Stear, el más sobrio de los cuatro

- Que saben que lo que digo es verdad ¿O no Gafas?

- ¡Que su nombre es Patricia! Y si, nadie aquí puede negarlo Neal- devolvió Stear tan confundido como todos los demás.

- Bien, creo que todos estamos de acuerdo con lo que hemos visto.- estableció Patty- lo que no acabo de entender, es que se supone que ha pasado.

-¡Pero que parte no entiendes O'Brien! Esta claro como el agua. Albert, William o como sea que se llame, esta muerto por Candy. Y lo que acabamos de ver no es más que dos hombres capaces de matar por la misma mujer. - dijo Elisa, más entusiasmada de lo que era debido. Todo esto le parecía tan facinante...que el patriarca del Clan y el heredero directo fueran capaces de llegar a los puños como cualquieras en plena alta sociedad era tan...romántico.

-¡Cielo Santo Elisa! Y tú lo dices tan tranquila...estamos hablando de William Andely, el hombre más poderoso de América y quien sabe de cuantos sitos más y de nuestro primo Anthony, el cual decías amar antes de que Grandchester apareciera. -dijo Archie con molestia, mientras Terry enarcaba una ceja.

-¿Cómo es eso Elisa?- cuestionó Terry y "habláremos de eso luego" le dijo Elisa.

-Cuida la forma en la que te dirijas a mi hermana Cronwell, y no se tú, pero yo vi a Anthony "Caballerito Perfecto" Brown, perder los estribos con un hombre como diez años mayor...y no veo que el magnánimo señor Andely fuera por otro camino...-agregó Neal, con su sutileza en cero.

-¡Jóvenes! Les recuerdo que no es apropiado encontrarse con damas en semejantes circunstancias sin ningún chapearon presente. Den gracias a que he sido yo y no algún invitado el que los ha encontrado. ¡Esto era lo que faltaba! Como si no fuera suficiente con la escénica batalla campal del señor William y el joven Anthony y el berrinche de la señorita Candy...¡Pobre señora Erloy, cuando se entere mañana! - comenzó George saliendo de la nada, quien necesitaba desahogarse de alguna manera. Pero antes de siquiera acabar la retahíla, no había ni rastro de ninguno de los muchachos. " ¡Estos jóvenes de hoy en día! ¿Dónde iremos a parar?" Se preguntó, pretendiendo ignorar que el también fue joven y amó un imposible. Regresó por donde vino y pudo ver con sorpresa a todos los chicos desenvolverse en la fiesta como sí nunca se hubieran ausentado.

Cada uno pretendió no saber nada. Pero todos sabían bien que aquello solo era el inicio de la tempestad.


N/A:

* El vestido de Candy era considerado "escandaloso" para la época porque mostraba parte de las piernas y no ameritaba del corsé. Soy una amante de la moda, no pude resistir las referencias a los clásicos de la época.

* En el manga decía que Anthony era un noble, pero no estoy segura de cual era su título ni de dónde provenía así que me lo he sacado de la chistera, espero no les moleste.

* En la época de Candy, la flojera y el tiempo libre en exceso eran mal vistos y considerados de mala educación o "baja clase" pues se gestaba plena revolución industrial y los modelos de sociedad " real" e " imperial" de antaño que promovían la inactividad comenzaron a considerarse arcaicos.

* la monja se refiere a que las jóvenes que hablaban demasiado eran consideradas malas esposas, caprichosas y chismosas,cosas condenadas por las sociedades puritanas que entonces imperaban en Europa y Norteamérica.

* Sé que esto quizá molestará a muchas y causara controversia. Pero a principios del siglo XX las actitudes de Archie sin duda mostrarían a una persona homosexual pues los hombres y menos los de clase alta no solían preocuparse por "asuntos de mujeres" como la ropa y el estilo y personalmente, a mí siempre me pareció demasiado afeminado, pero no se preocupen, sólo les adelanto que esto no se quedará así todo el fic, no voy a cambiar a Archie le daré una tuerca al cuento con alguien que no es Annie porque ella me parece muy insulsa para él.

Bien, creo que eso ha sido todo, si tienen alguna duda (o queja) sobre el capítulo, pregunten que no muerdo, y pido disculpas por tenerlas tanto tiempo esperando, estaba deprimida y así las ideas no fluyen, una de mis amigas, que empezó el tratamiento conmigo ha recaído y no hay un pronóstico claro sobre una futura mejoría además, la radioterapia que necesita sólo la hace una clínica en todo el país y es excesivamente costoso, aproximadamente 166 mil USD así que imaginaran lo que está pasando. Sin más, me despido, espero les gustara el capítulo.