Hey que tal chicos/as! Bueno, hacia tiempo que era parte de la comunidad de fanfiction, pero, por cosas del destino y de mi mala memoria, olvide cual era mi cuenta, no subí ninguna historia hasta ahora, los personajes no me perteneces, le pertenecen a los creadores del juego Amour Sucré. En fin, espero que lo disfruten!

N/A: Este fic esta echo en un POV de Castiel por lo tanto, sus opiniones las explayo como lo diria el, para las fanáticas de Nathaniel (soy parte de ellas *-*) siento si les molesta lo de "chupamedias" en fin, disfrútenlo!


Mi nombre es Castiel, no le importo a nadie y me vale mierda, esta es mi historia.

Tengo dieciséis años, soy el chico rebelde de mi escuela, tengo problemas en casa, los estudios no me interesan y busco peleas donde sea para matar el rato. No le importo a nadie, lo cual me viene bien puesto que no es que sea la gran cosa tampoco, creía esto hasta que la chiquilla más insoportable, o eso creía, del mundo llego a poner patas arriba mi vida. Partiré desde el principio.

Eran mediados de febrero, principio de clases, todo estaba exactamente igual, aburrirme en clases, peleas con la directora de la escuela, un personaje de lo más irritante por cierto, soportar sus amenazas de mierda con expulsarme, Bah! como si me importase irme de esta pocilga, los regaños de mi "madre" y el constante rechazo que recibo habitualmente de parte de mis "queridos compañeros". En fin, hasta ese momento todo iba como me lo esperaba, hasta que llegó ella.

Su presencia ponía los pelos de punta, era una chica nueva de intercambio, tenía el cabello negro y lacio y los ojos mas azules que haya visto antes, era pálida y fría, era linda, debía de admitirlo. Le toco sentarse a mi lado, ya que era el único asiento vacío, ¿Mencione el cariño y afecto que tenían mis compañeros por mi? No le preste mucha atención que se diga y no es como si ella me hubiese hablado de todos modos.

Pasaron las semanas y ella se hizo amiga de dos chicas chillonas como yo las llamo, sus nombres creo eran Constanza y Andrea, al poco tiempo la clase se volvió un chiste, la llamaban la niña genio, inteligente hasta enfermarte de cerebritos, sabia tocar el piano tan bien como yo toco la guitarra, jodidamente bien, tenia notas altas y excelente en matemáticas.

Me gustaba joderla un rato, era divertido ver como fruncía el ceño, parecía un gatito intentando ser tigre.

- ¿Es que no vas a parar alguna vez trapero rojo?

- Discúlpame princesa – y al rato seguía molestándola.

A mediados de abril, tuve la primera riña del año con los del curso superior, y desde allí todo cambio. Estaba a punto de cargarme a golpes al bastardo que tenía en frente cuando una mano pequeña y fría me cubrió el puño. Me descoloco un poco y dispuesto a cagarme a putazos a quien me hubiese detenido me tope con sus ojos azules.

- ¿En qué demonios estas pensando? Te expulsaran como andes haciéndote el Neanderthal de nuevo.

Me quede en silencio y ofuscado me fui a otra parte sin contestarle. Era la primera vez que alguien se preocupara realmente por mi persona.

Después de ese día empecé a interesarme más por ella, me di cuenta que una de las niñas chillonas, se estaba pasando de lista y estaba empezando a joderla. Típico de las perras que mean el territorio.

La niñata que estaba molestándola se llamaba Amber, la hermanita del correcto delegado chupamedias Nathaniel.

Después de soportar cinco minutos de chillidos histéricos y de ver como la tonta esa no atinaba a responderle, me pare y rodee a la chica con mi brazo diciéndole a Amber.

- Oye Amber, ¿Hasta cuándo vas a molestar a mi novia? – Todos se quedaron en silencio y vieron como la chillona se iba blasfemando indignada.

¿Olvide mencionar que le gusto a Amber desde que éramos críos? Sentí su brazo retirar el mío y la vi arqueándome una ceja.

- ¿Tu novia?

- No te hagas ilusiones, solo lo hacía para que dejara de joder a mis pobres oídos

- No necesito tu benevolencia – y dicho esto se fue.

Después de ese suceso empecé a interesarme realmente en ella, la seguía todos los días, suponiendo que ella no se daba cuenta, de ser el caso de seguro pensaría que soy una especie de pervertido psicópata o algo así. Ella tenía una vida bastante ocupada, inmediatamente luego de la escuela, asistía a su clase de piano, duraba aproximadamente una hora y luego pasaba horas eternas en la biblioteca, no podía entender que le veía a un montón de libros aburridos que de seguro fueron escritos por puro aburrimiento. Repetía la rutina todos los días hasta que ella noto que yo la seguía.

- ¡Hey! ¿Haciéndote el Sherlock trapero rojo? – Me quede en silencio y súbitamente me puse nervioso, ¿Se molesto porque la seguía? ¿No que eso era hasta halagador para las chicas? ¡Agh! ¡Piensa con la cabeza Castiel!

- Bueno en vista de que no me contestas – prosiguió ella – ¿por qué no me acompañas?

- Vale – No sabía qué carajo estaba haciendo, entre con ella a la biblioteca y todos se me quedaron mirando. Claro, olvide que soy el tipo duro rebelde con pinta de punk. Ella se dirigía entre los pasillos llenos de libros y tomo uno. ¿Cuántas veces se habrá recorrido esta cosa?

- ¿Tú no lees? – me miro con cara divertida y curiosa

- No me interesan ese tipo de cosas – le espeté

- ¿Y que cosas te interesan? – añadió mientras sacaba otro libro mas

- Mi guitarra, las motos y el rock

- Tu camiseta me suena a algo.

- ¿Qué? ¿Al logo del trasero de tu poni de juguete?

- No, bobo, es una banda de rock

- Vaya, la princesa sabe de rock

- Si, lo escucho a veces, y no soy princesa

- ¿Y que eres entonces?

- Una niña libros que sabe divertirse – dicho esto comenzó a leer, note que el segundo libro estaba al frente mío, ella quería que yo, leyera un estúpido libro, joder.

Mire la portada y decía "La elegancia del Erizo", vaya nombre, suspire y comencé a leer.

Así nos la tiramos todo el tiempo hasta que ella decidió que era mucha lectura, pidió el libro y se me quedo viéndome. Ok, ya, el libro estaba interesante, pero… ¡ni de coña lo pediré prestado! Además, de seguro la bibliotecaria pensara que lo usare para una fogata para cocer el próximo cerdo que sacrificare en honor a mi Dios satánico. Menuda estupidez.

Me despedí de ella y me fui a donde vivía, me había emancipado hacia unos años, mi madre se dedicaba a darme dinero, era azafata y estaba casada con un piloto, a mi padre no lo conocía.

Al otro día ella me habló, Amber y su sequito no molestaron mas, y sus amigas, no se atrevían a acercarse. Cuando me di cuenta tenía una bolsa cuadrada entre las manos, le arrugué el ceño.

- No lo hiciste

- Ten, es para ti.

- Mierda niña, que parte de…

- Solo léelo ¿vale? – Me interrumpió – Si no te gusta lo dejas.

Cierto día la biblioteca estaba cerrada, ella me invito a su casa a mostrarme sus libros, acepte porque ella había tenido razón, el puto libro era bueno.

Su casa era pequeña y acogedora, su madre una persona amigable y buena y su padre, bueno, el tipejo pensaba que yo era la peor calaña que podía haber conocido a su hija.

Luego de pasar el rato en el living, entré a su habitación, esperaba cosas rosas etc, pero era de un blanco neutro llena de estanterías de libros una cama, un escritorio y chucherías así. Me sentí decepcionado, ¡ni siquiera una revista de modas! No había nada con que pudiera joderla un rato. Estaba todo bien hasta que ella decidió dar rienda suelta a su curiosidad.

- Ya conociste a mis padres, dime, ¿qué tal los tuyos?

- ¿Familia? ¿Qué es eso? ¿Se come? – Ella me miro alarmada para luego escrutarme con atención.

- Te llevas mal con tus padres – No era una pregunta, era una aseveración.

- ¿Mal? Nah, no entra en esa categoría, esa mujer trabaja todo el día y apenas encontró a un tipejo que le diera joyas, dinero y un poco de cariño por las noches, se olvido que tenia hijo.

- Oh, bueno - ¿Me imagine el pesar en su voz? - No por eso debes de odiarla, todos somos humanos cometemos errores.

- ¡Ja! Nadie se ha preocupado de mi nunca – Mi voz sonó acida, llena de amargura. Me quise golpear al ver su rostro triste y con amenaza de llantina. No estaba preparado para lo siguiente.

Sus brazos eran cálidos, me estaba abrazando, no era ese típico tonto y cursi abrazo, ella me estaba confortando.

- Tú vales mucho, incluso más para mí, me importas Castiel, eres más que el típico niño rebelde que todos ven – se le quebró la voz, supe que estaba llorando, por mi, un desgraciado, un maldito bastardo sin gloria, alguien por primera vez, lloraba por mí. Algo cálido se instalo allí donde late todo y me sentí, lleno por primera vez. Esa mocosa insignificante, esa cosilla enana me movía el mundo de pies a cabeza, y yo… yo no estaba preparado aun.


¿Tomatazos? ¿Reviews? ¿Algo? ¿No? Ok u-u jajaja, bueno este es el primer capitulo, estoy comenzando, no seáis malos/as conmigo! Nos vemos luego, Bye!