La procastinación excesiva puede traer periodos de estrés y mucha carga horaria de trabajo que podrías haber terminado antes. Por consiguiente y para desgracia de mi persona que es amante de la puntualidad y el cumplimiento de los deberes en el área académica (que además, por cierto, ama dormir), trae consigo una oleada de inspiración que bien podría haber llegado en mi mes de vacaciones y no ahora que tengo millones de pruebas por hacer y trabajos que realizar. En fin, no se le puede pedir mucho a la musa y es por ello que me tienen nuevamente aquí.

En estos meses he podido sacar varias conclusiones en cuanto al futuro y lo que respecta mi carrera y mi pasión, he sufrido transformaciones y, por ende, puede que no sea la misma a la hora de escribir.

En primer lugar me he dado cuenta que he sido una completa idiota, si bien, esta historia comenzó y continuó su desarrollo en mis archivos de Word que luego por puro afán de entretener decidí colgar en internet, la empresa de escritura comenzó por mero "amor al arte" y no como una realización personal de egolatría escritural. Yo comencé a escribir porque AMABA escribir y el pánico del que dirán y la recepción de masas provocaron que yo quisiera tener constantes opiniones de lo que escribía para sentirme segura y eso conllevo a una nula capacidad de creación de mi parte.

Es por ello entonces que he decidido volver a escribir, pero esta vez no por ustedes, y perdónenme si esto suena un tanto feo pero así me siento, sino por mí, para poder mostraros lo que soy capaz de realizar y lo que un juego tan –en apariencia– banal puede provocar en mi mente y, por supuesto y en ello entran ustedes, entretener con ello, ya no paranoia, ya no suplicas sin sentido.

Con ello entonces y luego de abrir mi corazón y mi mente, os doy las gracias a cada una de las que me ha seguido hasta ahora y os prometo un capítulo decente, además de esperar que disfruten con ello tanto como yo ahora disfruto al escribirlo.

Un beso.

Canciones: Chopin - Complete Nocturnes.

A natural disaster - Anathema.

A él, quien llegó para hacerme cuestionar muchas cosas de mi vida.


CAPITULO 21: Blanco y negro.

A los meses venideros se vinieron eventos inusuales que suelen poner una interrogante en mi cara cada vez que he de enfrentarme a ellos. Uno de esos fue la sorpresiva insistencia de mi padre de pasar más tiempo conmigo como queriendo pedir disculpas por la nula participación paterna salvo para alertarme de la personalidad casi mitológica de mi abuelo que podría hacer que cualquier ser humano en esta tierra quisiera ser tragado por tierra o, a lo sumo, caer en el abismo del infierno para liberarse de las ataduras de tal monstruo.

En un principio Alice intentaba alentarme a que yo hiciera las paces con él, para luego, cuando pasó el tiempo y su figura comenzaba a incordiar preguntarse qué es lo que andaba realmente mal en la relación que yo mantenía con él. Tales preguntas hicieron que tuviera que destapar demonios del pasado, desde las galletas y pasteles de fresa hasta la sórdida y obscena historia de sexo desmedido entre cualquiera con bandera blanca de parte de mis dos padres. Por ello Alice termino convenciéndose de que quizá era mejor dejar las cosas como estaban, mi padre no fue un padre de lo mejor pero al menos lo intento y yo me sentía mejor sin que nadie me tocara los puñeteros cojones a cada puto segundo con sentimentalismos, al menos no cuando ya no servía de nada y mi abuelo, mi mentor, estaba muerto y enterrado dos metros bajo tierra.

De alguna irónica manera, parecía que la muerte y los cementerios marcarían de por vida mi existencia y de una grosera forma yo lo buscaba.

Alice por su parte intentaba alegrarme de alguna forma, aunque detestara la idea, la muerte y sus estragos, esa caprichosa traicionera marcial cuan cesar tirano había hecho mella en mí y me hacía plantearme muchas cosas, entre ellas una desagradable sensación de que yo no había pasado el tiempo suficiente con mi abuelo y lo cual me hacía a regañadientes pensar que mi padre quizá no era tan irrisoriamente insoportable.

Si hay una cosa que aprendí desde que Alice llegó a mi vida es que la familia de por si es algo importante y yo la tenía abandonada hace mucho tiempo.

- ¿En qué piensas Castiel? –Alice desde el sofá me miraba atentamente desde quizá una media hora, mientras yo perdido en mi mente me quedaba como palurdo observando por la ventana.

- En el tiempo y la muerte – La sentí acercarse y posar sus manos en mi espalda. Desde hace un tiempo luego de mi frenética desesperación e intento de encadenar todo en mi vida con tal de no perderlo ella me demostraba con pequeñas acciones que estaba allí y no se iría, por ahora.

- ¿Qué quieres hacer al respecto? –Medio sonreí y le tome la mano ¿Puede haber alguien más adorable que ella?

- Por ahora solo pegarme un jodido tiro, no me siento con ganas de estar con mi familia, aunque quizá sea hora – Y era la verdad, mis padres comenzaron a ir a terapia y yo prontamente me graduaría del instituto para asombro de muchos de los maestros y de la rubia oxigenada. Tal paso en mi escolaridad supondría el asumir las responsabilidades de mi abuelo y ya no tener tan a mano la presencia de esos ojos azules tan maravillosamente adictivos.

- ¿Por qué no intentas ir de a poco? Una llamada por semana quizá, o una cena...

- No quiero cenar con ellos, me gustaría que todo se congelara y quedarme así para siempre –ella río ante mi ocurrencia y negó con la cabeza.

- La muerte Castiel, aunque muy indeseada la mayoría de las veces, siempre viene para enfrentarnos o enseñarnos algo, quizá tu no sabías lo que valía esa persona hasta que la perdiste para siempre y te enfrentó con una serie de cosas… como la familia o las relaciones… -para ese punto ella termino susurrando las últimas palabras. No quería hablar de ello.

La amaba de eso estaba seguro, pero su negativa contundente y silenciosa fue una de las cosas que peor llevé de entre toda esta situación. Ella se negaba a mí y yo no estaba acostumbrado a recibir un jodido no por respuesta, ¿Era tan malo quererla para mí para toda la jodida y asquerosa eternidad?

Ella sabía que me sentía incómodo y con su forma de ser intentaba dejar pasar esas aguas, no había sido la mejor situación del mundo pero tampoco había sido la peor. Al menos no tenía un No verbalizado y entre la angustia de perder todo y el necesitar aferrarme a algo no me detuve a pensar en las consecuencias de mi pregunta.

Un futuro.

- ¿Qué harás luego de que te gradúes? –Ella quedó en silencio y yo fijé mis ojos en los suyos ¿Por qué tardaba tanto en contestar?

- Yo… he recibido una beca para un conservatorio en Nueva York, Julliard – Esa sensación de frio y vértigo me bajo por la espina dorsal en menos tiempo del que me hubiera gustado sentir. El ataúd y la cínica risa de Debrah llenaron mi mente.

- Te irás –No era una pregunta.

- Si – y en su voz noté que había algo nuevo, algo desconocido que no había presenciado jamás en mi persona sino cuando estaba dispuesta a ponerle el pie encima a cualquiera y al mundo – me iré.

- Nueva York está lejos – y tales preguntas no las hacia yo, era un piloto automático, mi mente era un caos y yo solo atinaba a repetir sus palabras como un mantra venido del infierno me iré, me iré, me iré, me iré. Una vertiginosa corriente de pensamientos que termino en mi imagen personal de yo otra vez sin nada entre las manos.

- Tengo que ir, no tendré otra oportunidad como esta – ¡Mentira! El ácido comenzó a subir a borbotones de lo más profundo de mis entrañas y otra vez me sentí un niño colérico mirando con profunda rabia, asco y deseo a la tonta niña drogada de ojos azules que tenía en frente, unos azules tan distintos a los que observo ahora que la situación me parece casi cómica.

- No – Y ahí estaba yo otra vez, haciendo la pantomima de mi vida, el negarme otra vez a que lo que más quería se desvaneciera de mis manos a sabiendas que perderé, como todo lo que ocurre en mi existencia, me dieron ganas de reír y llorar.

- No te estoy pidiendo permiso Castiel –Oh esa voz otra vez… Niña malvada. Tomé su brazo con fuerza casi sin medir las consecuencias y volví a repetir mi orden como si necesitase de énfasis, ella no se iría.

- No uses ese jodido tono conmigo –De una enferma forma esta situación comenzaba a ponerme y solo podría ser posible porque era precisamente ella la que se estaba negando a mis jodidos deseos.

Sí, porque yo era un cesar tiránico, todo un legado de poder y dinero y mi abuelo susurrándome palabras al odio, ¿No podía ella entender que si no tenía su presencia cerca todo era insoportablemente doloroso?

La sentí revolverse y algo en mi hizo clic, al segundo siguiente la tenía acorralada en la pared haciendo una cárcel con mis manos, la sentía observarme y supe que ella también tenía una enferma reacción de deseo, quiere rebelarse contra mí, sabe que soy un jodido drogadicto rogando por redención, por una caricia, por ella ¡maldición!

Niña libros que se disponía a tomar el mundo en sus manos, niña piano que tocaba Rachmaninov, Chopin y Debussy como se toca una cosa preciada, sexo hecho mujer con sus ojos azules que se oscurecían al obnubilarse en el segundo del éxtasis, sonrisa retadora, ella era una sinfonía peligrosa y yo estaba dispuesto a perderme en el frenesí si eso lograba que se quedase conmigo.

- Será un año – ¡Un año! Como si esa cifra no fuera lo suficientemente inadmisible ella acarició mi cabello con ternura y con una voz más suave me persuadió– Y luego podremos estar juntos todo el tiempo que quieras.

- ¿Me dirás que si Alice? Deja de rebelarte, dime que si… dame una razón para mantenerme cuerdo trescientos sesenta y cinco putos días sin ti – Y ahí estaba mi declaración completa y enferma de mi necesidad por esa criatura que me sonreía compungida, ella lo sabía, sabía que yo estaba en las puertas del infierno.

- Te diré que si a todo Castiel… solo necesito ese año y luego poder enseñar música y hacerme un lugar en el mundo de los conciertos –Ella sola peleando por encajar entre esos estirados esnobistas que se quedaron en la época de los blancos y negros.

- ¡Que se jodan! ¡Te compro tu propia sinfonía personal! No me dejes.

- No quiero tu dinero Castiel, quiero lograr cosas para mi solita, además Julliard me ha dado la opción de poder estudiar letras a la par con el conservatorio… podría escribir –Mundos en la cabeza, universos y yo lo sabía, veía el grito de auxilio, el deseo de aventura de llenar las páginas con las voces que le hablaban en la cabeza cerdo egoísta.

Presioné mi cuerpo al de ella y aspire como un obseso su perfume dejándola entrar en mi sistema, intoxicándome de ella. Sus pequeñas manos subían por mi espalda aferrándose, tan pequeña en Nueva York, ella sola… Un gruñido subió por mi garganta y bese sus labios, bebí de ella como un sediento en el desierto hasta que ladrón de mi robé un gemido de su garganta y mordí y lamí y acaricie con fervor sus mejillas y baje por su cuello hasta sus hombros.

Abrí mis ojos, un ruego silencioso, me vi reflejado en sus orbes y mis ojos antes grises eran de un plomo obscuro. Loco, perdido por ella. Abrió su boca invitándome a entrar otra vez, mi lengua abriéndose paso y un gemido de placer al sentir la suya rozando la mía.

- ¿Qué hare sin ti un año entero?

La ropa sobró pronto y la vi allí, hada sexual dispuesta a hacerme creer en un Dios, piel cremosa, suave y blanca y quise morir, roce con mis dedos su clavícula y baje hasta el borde de sus senos como si fuera a romperse o a desvanecerse en el aire.

Hambre de ti.

La sentí sollozar, supe que ella comprendía cuan duro era para ambos, sin su piel, sin su olor enterré mi nariz en su cuello y como un jodido troglodita vampírico mordí su cuello dejando marca.

Mía.

Sus piernas se enredaron en mis caderas su sexo rozando el mío, una molesta presión en mis pantalones, y una mirada fiera de color zafiro.

No me dejes.

Su piel erizada bajo el toque de mi mano y la humedad impregnada entre mis dedos, ella retorciéndose y sus gemidos como una orquesta sinfónica, obscuro placer de oírla anhelante por mí.

Te compro una maldita disquera si quieres.

- Tantos malditos deseos ¿Por qué tienes que irte? Quédate conmigo, te necesito maldita sea – me observo en silencio y me acarició la mejilla.

- Solo será un año… luego Castiel podremos estar juntos y puedes comprarme una jodida escuela de música si quieres y me casaré contigo y seré tu mujer.

¡Oh gloria! Me hundí en ella hasta el infinito. Mía, mía, mía. Mi mujer, mi esposa, mi todo.

Dormía acurrucada junto a mí. Y yo la observaba como un beato mira a su diosa.

A la mañana siguiente Alice me comunicó que tenía un concierto, como quería que estuviera presente hice gala de mi cuenta bancaría y le regale un vestido y unos zapatos.

- Esto es mucho para mí ¡Castiel es demasiado caro! –puse los ojos en blanco.

- ¡Mujer no te veré en un año al menos déjame engalanar a mi chica! – y ella me miró con culpabilidad. Jodido idiota, tenías que sacarle en cara otra vez todo.

- ¿Por qué eres tan cruel conmigo? Es algo que quiero hacer… que necesito hacer.

- ¿Quieres alejarte de mí?

- Quiero lograr mis sueños Castiel… luego puedo pedir traslado a una universidad aquí en parís y seguir estudiando literatura… no quiero olvidar la música por siempre.

- Puedo darte más que eso.

- No me interesa tu puto dinero y lo sabes, no sabía que tenías todo esto hasta que apareciste como una bestia de negro en un Armani y le tiraste todo en cara a Debrah ¿Vas a hacer lo mismo conmigo? – la estreché en mis brazos ¿Cómo podía pensar así? Ah… cierto, soy un idiota.

- Tengo miedo Alice… no quiero perder nada mas – Y ahí estaba toda mi verdad, ¿Qué era yo sin esa pequeña criatura celestial que vino a hacer de mi algo medianamente decente?

- Estoy aquí y vendré en trescientos sesenta y cinco días más con mi aire esnobista neoyorkino de músico profesional a joderte la vida el resto de la eternidad ¿Puedes hacer eso por mí? ¿Aceptar que tengo que irme?

- No – me miró con pena – a menos que aceptes el vestido.

- Eres imposible –se dio la media vuelta, tomó de mala gana el vestido y se cambió de ropa en el baño. Yo mientras apretaba un poco la corbata de mi traje, el espejo me devolvía la imagen humana de la parca. Yo de pies a cabeza cubierto como si de una segunda piel se tratara con el negro, mis ojos grises observaba mi cabello que ya había recuperado su color natural y a menudo Alice bromeaba con que ya no sabía si me amaba tanto ahora que no era el rebelde chico de cabellera de fuego, yo por supuesto a mi buena manera le mostraba que ese idiota no sabía besar tan bien como el de cabellera azabache.

Alice me rodeo la cintura y se paró al lado mío. Una imagen en blanco. De alguna metafórica manera la imagen de un altar llego a mi mente y sonreí como un idiota.

- Te ves hermosa – sus mejillas se tiñeron de rosa y supe que quizá estaba pensado lo mismo que yo.

- Tú también estas muy guapo.

Dos horas después las Nocturnas de Chopin completas sonaban en todo el teatro. ¿Quién lo diría? Hace un año quizá me hubiera reído de estas cosas y ahora observa con una extraña mezcla de orgullo y melancolía la figura blanca de Alice presionando las teclas blancas y negras, haciendo florituras y deleitando a todos los presentes.

Cada tecla presionada como si fuera el preludio de lo que vendría, entre el blanco y el negro, la luz y la sombra. Su familia, Debrah, yo, Amber y sus molestas cosas de reina de preparatoria y Lysandro y su honesta forma de demostrar lo que sentía… ¿Se habría ido si Lysandro le hubiera pedido quedarse? ¿Si él hubiera estado en mi lugar la habría dejado?

El concierto terminó y todos los presentes aplaudían con fuerza, un arranque de furia contenida me hizo aplaudir fuerte, los ojos me picaban, y la observaba allí radiante de energía, feliz… tocaba su música y era aplaudida y yo me sentía tan feliz y a la vez dolía tanto… la recepción luego comprendían a un montón de músicos que sabían de lo que hablaba y un montón de señores con gesto adusto, los mismos que mi abuelo humillaba en su salón a la hora de hablar de negocios.

Metí mi mano al bolsillo y la textura del terciopelo pesaba más de lo normal. Ella reía y yo me mantenía a la sombra, comenzó un vals patrocinado por estudiantes de primer año de su escuela de música y le saque a bailar, ella me miraba con los ojos brillantes.

Un vals de princesa para ti mi amor.

Dábamos vueltas por todo el lugar y con cierta pedantería demostré lo que era ser criado por Alexei Koslov, ella por supuesto estaba encantada y yo contento de decirles a esos malditos niños que aunque supieran tocar el violín y otras cosas, yo sabía bailar mejor que ninguno. Acerqué mi boca a su oído y la sentí estremecerse.

- Si te pidiera que te casaras conmigo otra vez ¿Aceptarías? – la sentí ahogar un sollozo y asentir suavemente.

La canción terminó y tomando sus manos suavemente me arrodillé en el suelo, la vi tensarse y mirarme como si no pudiera creerse lo que estaba observando, saqué la cajita de terciopelo negro y la abrí mostrando una alianza de plata con un pequeño zafiro azul rodeado de diamantes pequeños.

El anillo de mi abuela.

- Dime que si Alice – Déjame sentirme el hombre más jodida y absurdamente afortunado por favor.

- Si -no necesitaba nada más.

Una sentencia de dos.

Deslicé la pequeña alianza en el tercer dedo de su mano izquierda donde se quedaría por toda la eternidad.


Como lo he prometido, estoy de vuelta con mayor convicción y con un capítulo mas largo como recompensa. Espero que todas ustedes se hayan sentido como la princesa en el cuento de hadas. Un beso.