Elemental, mi Querido Gryffindor

Autora: Yakumo Kaiba

Fandom Crossover: Sherlock BBC & Harry Potter. Johnlock, Mystrade, Scorpius/Albus S. Harry/Draco, Otras posiblemente.

Raiting: T (Slash)

Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece. Algunos son propiedad originalmente de Sir Arthur Conan Doyle, y actualmente de la producción de Sherlock BBC, y otros son de JK Rowling y la Warner Bros. Solo me pertenece la trama y redacción de este fanfic.

Notas: Respuesta al reto de 20 días de Potter!Lock del foro I'm Sherlocked. Está ubicado, temporalmente, en la post guerra, luego del "Epílogo" del último libro de la Saga, con los protagonistas adultos y sus hijos en Hogwarts. Espero que les guste.


Plataforma 9 3/4

Cuando John vio todas sus cosas dentro de su Baúl, cerrado casi a la fuerza al no caber ni un knut adentro, por primera vez fue consciente en verdad de que el próximo año ya no volvería a usar esa cama. Ni ese cuarto. Ni la torre.

Era extraño como habían pasado siete años tan de repente. Parecía ayer cuando había entrado al Gran Comedor escuchando la perorata de Sherlock sobre lo absurdo de que un Sombrero Mágico te "Seleccionara" –aunque en ese entonces no sabía que ese chico de negros cabellos ondulados y mirada transparente se llamaba así–. Parecía que había sido ayer cuando se metió en problemas por primera vez con el Ravenclaw, cuando hizo la prueba para entrar al Equipo de Quidditch alentado por su hermana Harry que ya era Cazadora, cuando tuvo su primera Clase de Adivinación y Trelawney había vaticinado la muerte de su madre, lo cual se había cumplido dos meses más tarde por un cáncer fulminante.

Había pasado demasiado de su vida en ese cuarto y pronto ya no se sentía con fuerzas para irse. Sus compañeros parecían pensar de forma parecida, porque todos miraban con añoranza el lugar y se enviaban mutuas miradas consoladoras, sujetándose de los postes de las camas o sentados en ellas simplemente admirando el alrededor.

La voz de Albus les avisó que eran las diez de la mañana, que en una hora saldría el Expreso y que había que ir a los coches que les llevarían a la estación en treinta minutos.

—Es el momento de los últimos adioses— suspiró el pelinegro mientras le daba unas palmaditas a John en el hombro —Creo que le haré una visita al Sauce Boxeador— bromeó provocando una risa de todos los Gryffindor de séptimo. Esperen, de los ex Gryffindor de séptimo. Después de todo, ya estaban graduados.

John vio a Albus salir del cuarto y no le costó imaginar que iría a buscar a Scorpius, probablemente para despedirse juntos de aquel lugar que habían podido llamar hogar. Teóricamente él haría lo mismo con Sherlock y de hecho lo esperaba allí desde hace media hora pero por algún motivo el Ravenclaw aún no se había asomado, lo que comenzaba a intrigarle.

Verificando una vez más que nada se le quedase, John salió prácticamente al vuelo del cuarto bajando las escaleras a la Sala Común de dos en dos. Muchos chicos comenzaron a gemir y rodearle en cuanto pisó la Sala, quejándose de que se fuese, de que ya no volverían a ganar la Copa de Quidditch (que ese año había suya de nuevo) y que echarían mucho de menos sus relatos en el Diario Escolar. John se encontraba verdaderamente enternecido por la sincera admiración que provocaba en los más pequeños, pero no tenía tiempo así que les agradeció a todos y corrió fuera despidiéndose de la Dama Gorda con una reverencia mientras la mujer en el cuadro se limpiaba unas lagrimitas con una pañuelo.

Mientras corría hacia la Torre de Ravenclaw, John se iba empapando de los recuerdos que le provocaban los pasillos del castillo, los cuadros que le saludaban al pasar y la piedra que resonaba bajo sus pisadas. Tan concentrado como iba ni siquiera notó a quien caminaba en su dirección hasta que fue atrapado por esos brazos, pegándose a ese pecho y a ese aroma. Ah, Sherlock.

—¡Te iba a buscar!—.

—Yo también, me retrasé porque Molly Hooper no quería dejarme ir. No preguntes, no es una historia agradable— gruñó el pelinegro mientras miraba al rubio en su pecho que simplemente permaneció allí un momento, oliéndole y sintiéndole —John, a cada momento creo que te pareces más a ese Patronus tuyo. Eres todo un pulgoso can—.

—Oh, cállate— le respondió John mientras jalaba la bufanda de Ravenclaw para que Sherlock bajase a su altura y poder besarle los labios. Lo que fuese para que dejase de burlarse del noble Golden Retriever que era su patronus. No todos podían tener impresionantes Fénix para protegerse, y Sherlock debía entenderlo algún día.

Se miraron profundamente luego de que terminaron el beso y luego John sonrió acariciando la mejilla del más alto lleno de cariño.

—Nos quedan veinte minutos y contando para tomar los carruajes y que nos dejen en la Estación de Hogsmeade a las 9. Así que espero que tengas pensando en algo que quieras hacer en este rato o tendremos que besarnos aquí mismo durante todo ese tiempo y seguro que Filch podría gritar—

—Pues aunque la expectativa de que Filch nos grite por encontrarnos besándonos en un pasillo es realmente tentadora, tengo ya algo pensado— sonrió Sherlock acariciando la cintura de su Gryffindor —Aunque nos va a llevar algo más que veinte minutos. Yo diría que unos cuarenta y cinco si somos suficientemente veloces— la mirada confundida de John fue lo suficientemente elocuente para que Sherlock sonriese más y sacase de su bolsillo dos objetos minúsculos antes de pronunciar el contra hechizo que les devolvió a su tamaño habitual para sorpresa del rubio —Planeo un último tour express por todo el castillo. Seguro que estás de acuerdo con que es una brillante idea—.

—En… ¿esas cosas? Sherlock ¿de dónde las sacaste? De hecho la pregunta es ¿realmente se pueden mantener el aire?— John apenas podía controlar la risa ante la mirada ofendida de su novio quien le tiró uno de los objetos el que atrapó por puro instinto.

—Pues naturalmente las saqué del Armario de las Escobas. Y claro que pueden volar, yo mismo las hechicé y reparé. Ahora, apresúrate— Sherlock se subió con elegancia sobre su escoba, una vieja Barredora con todas las pajas de la cola mal cortadas, antes de darle una mirada descreída a John —¿Qué es lo peor que pueden hacer? No nos van a expulsar— bromeó Sherlock mientras con una patada se elevaba un par de pies del suelo, totalmente estable.

John observó la vieja Comet 260 que Sherlock le había entregado y suspiró con una diminuta sonrisa mientras se subía. El Ravenclaw tenía razón ¿qué era lo peor que podía pasar?

Entre risas y bromas comenzaron a recorrer el castillo por los distintos pasillos, esquivando estudiantes y armaduras que se interponían en sus caminos. Saludaron a la Dama Gris y al fantasma de Colin Creevey quienes paseaban por el ala Oeste, despidiéndose de cuadros y retratos que les habían ayudado en más de una ocasión en sus misiones nocturnas. John le jaló la cola a la Señorita Norris Segunda en el segundo piso y Sherlock se robó una lágrima de la lámpara del vestíbulo como recuerdo, ganándose una mirada de John que le decía "sentimental" con luces de neón. Por supuesto que el joven detective le ignoró.

Filch les gritó y la profesora Siniestra se llevó las manos a la cabeza con espanto cuando les vio recorrer el Gran Comedor por el aire ante las risas de los pocos alumnos que quedaban allí despidiéndose, pero cuando salieron por la puerta principal ya nadie puedo seguir reclamando. El sol de Escocia les saludó con alegría, haciendo que ambos jóvenes magos se mirasen con orgullo antes de girar sus escobas para admirar el hermoso edificio que les había recibido hace siete años como si fuesen parte de él.

El viento mecía sus cabellos y les obligaba a entrecerrar los ojos mientras se elevaban zigzagueando por entre los torreones del castillo, pero eso no les detuvo. Subieron hasta la Torre de Astronomía desde donde el Director Dumbledore había caído hacía ya 26 años, y John propuso visitar la Piedra de los Héroes y el Cementerio de Hogwarts antes de marcharse.

Sobrevolaron los Invernaderos y el Sauce Boxeador, apenas pudiendo John convencer a Sherlock de que no era buena idea ir hacia el Bosque Prohibido. Después de todo ya solo faltaban veinte minutos para que el Tren partiese. No les preocupaban sus equipajes ya que la magia de los elfos haría que llegasen, pero no sería extraño si el Expreso les dejase atrás a ellos dos, obligándoles a la humillación de tener que pedir la Red Fluu a la directora, o peor, tener que esperar al tren del día siguiente.

Además… sería el último viaje como parte de la comunidad de Hogwarts. No se lo podían perder.

Volaron por sobre la Cancha de Quidditch, Sherlock fastidiando a John porque estaba seguro de que le vio lágrimas en los ojos mientras observaba los postes. Y luego se dirigieron hacia el Lago Oscuro.

Lo sobrevolaron en silencio, observando sus propios reflejos en el agua y luego mirándose entre ellos, sonriéndose mutuamente. Luego de que Sherlock se negase por enésima vez a contar la razón de la llegada del Calamar Gigante al Lago, John aseguró que vio un tentáculo del Calamar sacudiéndose en forma de despedida, pero Sherlock insistió que había sido solo su imaginación, negándose a aceptar las ondas en el agua como una prueba.

Y finalmente llegaron a la Estación de Trenes, bajando con elegancia de sus viejas escobas ante las miradas impresionadas de los niños más pequeños quienes les observaban llenos de admiración, a diferencia de los mayores que solo les daban sonrisas burlonas o rodaban los ojos.

Con todo el descaro del mundo Sherlock volvió a empequeñecer las escobas y se las entregó en la mano a Madame Hooch quien le miró primero con irritación para luego suspirar agotadamente, diciendo lo que todo el profesorado estaba pensando en ese mismo instante, estuviesen donde estuviesen.

—El próximo año será un año muy extraño sin usted dando dolores de cabeza por aquí, señor Holmes—.


Sherlock y John habían conseguido un compartimiento solo para ellos que les duró menos de diez minutos antes de que un grupo de jóvenes fans del futuro Medimago Watson lo invadiesen con sus llantos. Pero no fue el único que recibió visita, también hubo varios que se acercaron a Sherlock tanto con buenas como con malas intenciones, consiguiendo que finalmente todos fuesen expulsados casi a golpe de varita por el joven detective.

Cuando por fin habían estado solos, con las ventanas polarizadas y el pomo de la puerta hechizado, ambos pudieron mirarse por fin con tranquilidad, sentados uno frente al otro, considerando lo que estaba sucediendo. Lo que estaba terminando.

John se sintió atrapado por un momento por sus sentimientos y tragó saliva copiosamente antes de bajar la mirada. En un mes tendría que dar el examen para la Academia de Medimagia y aunque sus EXTASIS habían sido muy buenos, no sabía aún si conseguiría esa beca. Harry le había enviado una lechuza no hace mucho diciéndole que verdaderamente necesitaban vender la casa de sus padres, porque era un gasto que no podían mantener. Y John… John se sentía tan solo un poco perdido.

Ni siquiera sabía que iba a hacer Sherlock con su vida. Y todo era tan condenadamente frustrante.

—John… no eres una chica, no llores porque se terminó el colegio— suspiró Sherlock mientras le daba un golpecito con el pie.

—No estoy llorando— le refutó John mirándole a los ojos teniendo razón, pero sabiendo que Sherlock tenía un punto allí. No estaba llorando, pero podría estarlo. De hecho podría llorar en cualquier momento, porque no sabía que iba a pasar con su vida después de ese día.

A pesar de que siempre había dicho que Sherlock era prácticamente un ciborg respecto a los sentimientos (cuando se lo dijo en la cara tuvo que explicarle al Ravenclaw en aquella ocasión qué era un ciborg), Sherlock siempre podía leerlo como un libro abierto, cada una de sus emociones y sensaciones. No siempre sabía cómo reaccionar ante el conocimiento, pero siempre sabía que ocurría algo. En ese momento algo leyó en sus ojos que ablandó su dura capa exterior y permitió que algo de lo suyo escapase. Solo un poco, todo para tranquilizar las inseguridades de John y mantenerlo a salvo. A su lado.

—Voy a hacer un par de exámenes de equivalencia y entraré a una Universidad muggle, John— explicó de pronto mientras se recargaba en su asiento y juntaba sus palmas pasando sus dedos índices por sobre sus labios, pensativo —Tendré que tomar quizás algunos cursos de nivelación, pero entraré a la Universidad y estudiaré todo sobre la Química y las Ciencias Muggles. Voy a especializarme y luego regresaré al Estudio Mágico e integraré ambas ramas. Sé que se puede. Por medio de la Ciencia mejoraremos la Magia, y viceversa— una sonrisa amplia se posó en sus labios y de pronto sus ojos enfocaron a John quien se veía muy impresionado —Y te necesito conmigo para que me ayudes. Lo haremos juntos—.

No estaba pidiendo por favor ni estaba sugiriendo. Estaba asegurando de que así sería y a John jamás se le pasó por la mente que eso no pudiese ser. Simplemente sonrió y asintió mientras sentía como poco a poco sus temores iban desapareciendo. Lo haría, de alguna forma sobreviviría al mañana. Porque Sherlock iba a estar con él.


Cuando llegaron a la Estación King Cross, Sherlock y John esperaron que un poco de gente bajase antes de ellos comenzar a moverse. John había visto entre el gentío a su hermana Harry con su túnica del Ministerio, esperando a por él con una sonrisa de medio lado; y del mismo modo Sherlock había podido ver a su madre, tan alta y esbelta como solo ella podía ser, buscándole entre todos los estudiantes para avergonzarle hasta la muerte con sus besos y abrazos, por supuesto. Mycroft no estaba en esa ocasión, pero tenía un reemplazo adecuado: Greg Lestrade, quien estaba en ese momento charlando con Harry Potter y Draco Malfoy quienes seguro esperaban a sus hijos.

Con un par de movimientos de varita ambos bajaron sus equipajes y se miraron mutuamente para acabar por salir primero John. Pero casi mejor no lo hubiese hecho, porque de pronto se topó de frente con James Moriarty quien al verlo sonrió como si la Navidad se le hubiese adelantado, de una forma muy aterradora.

—¡John, Sherly! Pensé que ya no les vería. Solo quería despedirme correctamente de ustedes, fueron tan entretenidos mientras Hogwarts duró— el tono de voz zalamero de Moriarty chocaba tan brutalmente con su mirada fría, que John solo puro estremecerse. Tras el moreno estaba Sebastian Moran quien les miraba igual de burlón que siempre, cargando su baúl y el de Jim con la magia de su varita.

—Oh, pues yo también tengo algo que decirte, Moriarty— sonrió lleno de sorna Sherlock parándose a un lado de John irguiéndose a toda su altura —Cuídate los pasos, porque voy a tenerte vigilado. Y seguro que nos encontraremos afuera, y allí no hay tontas normas de pasillo que me impidan atraparte infraganti—.

La sonrisa en el rostro de Jim se amplió mientras mostraba todos sus dientes y asentía claramente complacido.

—Y yo voy a estar esperando que me atrapes, Sherlock— aceptó mientras se giraba y comenzaba a caminar para bajar del vagón, deteniéndose justo antes de hacerlo para darles una última mirada, fría como el hielo —Solo no te tardes demasiado, o tendré que empezar a presionarte para que te apresures— sonrió antes de desaparecer en la salida.

Sebastian Moran miró al Gryffindor y al Ravenclaw de arriba hacia abajo una última vez antes de sonreír una vez más.

—Cuídense— susurró en un tono que parecía más una amenaza que una despedida, antes de seguir al otro ex Slytherin.

John tragó saliva cuando se quedaron solos en el vagón y sintió fríos en su frente los dedos de Sherlock quien solo le acomodó unos mechones rubios antes de empujarle para que caminasen.

En el Andén ambos se vieron estrujados por diferentes mujeres, estrecharon manos y besaron mejillas, se despidieron de viejos compañeros y de grandes amigos. Sherlock soltó un lacónico "Tío" hacia Draco Malfoy quien le sonrió de medio lado orgulloso de su sangre, mientras John susurraba un poco más allá un "Señora Holmes" antes de ser abrazado hasta perder el aliento por su suegra.

La gente comenzaba a abandonar el Andén 9 3/4 y poco a poco solo su grupo iba quedando. Los Potter y los Malfoy se despidieron, siguiendo el camino que antes hubieron seguido los Weasley, y pronto fue el turno de los dos Watson y los Holmes junto con Lestrade.

—Fue un gusto verla una vez más, señora Holmes— se despidió Harry mientras estrechaba la mano de la madre de Mycroft y Sherlock, la que solo rió y le jaló para darle un abrazo y besar su mejilla.

—Tonterías, mi niña, tonterías, un gusto será cuando vengas a la Mansión y disfrutes de nuestros deliciosos helados y las piscinas ¿no es así, Sherlock querido?—.

—Humg— fue toda la respuesta que consiguió de su hijo quien observaba a John quien parecía un poco incómodo.

—Creo que ya es hora de volver a casa, señora Holmes— le sonrió el auror Lestrade mientras tomaba con suavidad el brazo de la mujer quien solo le gruñó.

—¿Cuántas veces te he dicho que me llames Mamá, Greg cielo? Muy bien, Sherly, dale un beso a tu novio y vamos ya a casa. John, espero verte pronto por la Mansión—.

—Por supuesto, Señora, cuando usted desee—.

Todos pasaron el muro que daba al King Cross muggle y se dieron las últimas despedidas mientras Sherlock y John seguían sin saber que decirse. Cuando la voz de Harry llamó una vez más a John para que se apresurase alcanzarle en el vehículo, el joven detective finalmente se decidió y extendió una tarjeta hacia el ex Gryffindor y le sonrió levemente nervioso.

—Te espero el jueves, a las 5:30 en punto. No te retrases— le guiñó un ojo antes de girarse con toda la elegancia que poseía caminando rápidamente hacia su madre y su cuñado, quien llevaba su baúl.

Mientras Harry encendía el pequeño Fiat que poseía y sintonizaba una radio con alguna música que le gustase, John se dedicó a observar con atención aquel pequeño cuadrado de cartulina blanca que Sherlock le había entregado, no pudiendo evitar sonreír ligeramente.

"221B Baker Street, Londres"

¿Para qué preocuparse por el futuro si siempre iba a tener a Sherlock Holmes para decidirlo por él? John comenzaba a pensar que, tal como le ocurría en Hogwarts, era momento de relajarse y disfrutar del viaje.

Disfrutar el viaje y preparar el bolsillo para las multas, porque quizás saltarse las normas en el castillo equivalía a castigos, pero allí en el mundo real se iba a necesitar dinero de verdad para sacarse los problemas de encima.

Gracias a Merlín que los Holmes eran ricos.

۞ Nox Aeternus۞


Y Fin.

Hemos llegado al último de los capítulos de este desafío y debo reconocer que fue un verdadero placer. Este capítulo en especial fue un real placer de escribir, porque pude hablar de algo que amo: el Castillo Hogwarts. Por mí que se muera Harry (Ok, no), lo verdaderamente memorable de toda la saga es el Castillo. Es Eterno, es Mágico, y es Enorme. Puede recibir a cuantos personajes se te ocurran, originales o de otras series, y si eres capaz de hilarlos con el mundo… siempre surge algo encantador.

He disfrutado como no se imaginan llevar a Sherlock y cía. a Hogwarts. He disfrutado pensando en maldades para Moriarty, aunque no haya hecho casi ninguna (o al menos que nos hayamos podido enterar), me ha gustado mucho poder usar a los personajes canónicos de Harry Potter y jugar un poco con sus futuros. Quizás se hayan quedado con la duda de cómo fue que Albus y Scorpius comenzaron a salir, o Harry y Draco, pero en el fandom hay muchos fanfics que explican eso ¡escojan el que quieran! Ahahaha.

Este fanfic fue del último año en Hogwarts de Sherlock, John, Moriarty, Moran, Scorpius, Albus y Rose. Probablemente de los Scarmander también, aunque no pude desarrollarlos tanto como me hubiese gustado (los amo, son gemelos e hijos de Luna ¿pueden ser mejores?). Sus años anteriores tendrán que quedarse a la imaginación de cada uno, pero solo tengan presente (como decía el prólogo del primer capítulo de las Lechuzas) que en todos esos seis años anteriores Sherlock se metió en muchos, muchos, muchos problemas. Y todos con su querido John al lado.

¿El futuro? Quien lo sabe. No me cabe duda de que Sherlock conseguirá unir las disciplinas mágicas y científicas para crear un método nuevo e insuperable, como tampoco el que John se volverá un gran Medimago, pero que no se pueda resistir a un buen reto contra un mago oscuro, acabando por ayudar ambos a Lestrade y Harry en sus casos. ¿Jim y Seb? Seguro que metidos en problemas, pero siempre juntos. Después de todo, Seb es de Jim ¿no? Hasta más allá de la muerte.

¡OH! Y el título. Estuve MUY, MUY tentada de poner en este capítulo final esa frase, el "Elemental, mi querido Gryffindor". Pero al final decidí no hacerlo, para honrar un poco el canon de Sherlock Holmes, donde no hay ni un solo libro de Arthur Conan Doyle donde Sherlock diga "Elemental mi querido Watson", pero que sin lugar a dudas debió decirlo en algún momento. Aquí es igual, no está textual pero… seguro que ante alguna conclusión debió decirlo c:

Muchas, muchas gracias por acompañarme en este viaje. Gracias mil por sus comentarios, y aquellos que leen pero no dejan comentarios, gracias igual… aunque sus comentarios me harían mucho más feliz.

Quiero agradecerle especialmente a Andromeda-Chan, Amelia Badguy, Birds Ate My Face, Deadloss, Dheisen Weslin, Grune Blatter y Kokoro Yana, vuestros comentarios fueron los que dieron ánimos para mantenerme firme y poder publicar cada uno de los 20 capítulos de este fic. Seguramente sin comentarios me hubiese rendido mucho antes, así que ¡GRACIAS!

Eso, y nos vemos pronto en algún otro fanfic espero! ¡un beso grande! (Estén atentos a los Spin Off de esta historia que quizás suba uvu)

PD: Si a alguien le llamó la atención la mención del fantasma de Colin Creevey, le invito a leer mi fanfic sobre él, el cual pueden hallar en mi perfil (Publicidad Gratis, wiii). Se llama "Colin Creevey" y aunque "temporalmente" no coincide con este fanfic, no pude evitar hacer una referencia. Lo amo tanto a él.