Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Stephanie Meyer.

La canción que acompaña este capítulo es Ahora tú de Malú y la que inspiró todo la historia es Sólo tú de Paula Rojo, en cuanto hoy esa canción la trama cobró vida en mi mente, la música tiene ese efecto devastador en mí.

Capítulo 46. En medio del alma.

Lento, así transcurría el tiempo en comparación con el torrente de emociones y sentimientos que me embargaban. Edward era en muchos sentidos un verdadero príncipe: solícito a cualquiera de mis deseos, siempre dispuesto para jugar con mi niña y preocupado por mi embarazo, pero lo peor era que extrañaba la manera en que me hacía perder el control, añoraba aquel hombre apasionado dispuesto a hacerme entender cuanto le amaba.

Sus besos se habían convertido en simples caricias y estas desaparecieron dando lugar a apretones de manos que conseguían enfurecerme, ¿dónde quedo el hombre que me conquistó, que me llevó al punto de no retorno, que me sedujo y al que amaba?

A veces pensaba que aquello era una escarmiento, una manera de demostrarme que a pesar de todo él siempre tuvo razón, pero no podía saber lo que me afectaba su falta de pasión, lo que me dolía la manera en que esquivaba mi boca cuando trataba de profundizar en un beso o la forma en que mi alma se retorcía cuando sólo recibía de él, sonrisa contenidas y palabras estudiadas.

Tal vez estaba todo en mi ociosa mente, las horas encerrada en aquella habitación, sometida al reposo absoluto al final se tornaban aburridas, a pesar de la montaña de libros y películas que tenía a mi disposición. Quizás me equivocaba o no.

La mañana en que Tanya al fin me dio la posibilidad de abandonar la cama durante algunos ratos, para sentarme en una silla y prometiéndola que no cometería ninguna locura por el bien de mi hijo, fue la más agridulce del mundo.

Durante aquellas semanas, Edward se propuso ayudarme a distraerme y había comenzado a disfrutar del tiempo juntos, adaptándome y aceptando la amistad que crecía entre nosotros, pero mi reciente mejoría le impulsaría a abandonar mi habitación y dedicarse a todos los asuntos pendientes que, seguramente, se acumulaban en su escritorio.

Fruncí el ceño sin poder evitarlo, no quería que me dejase de lado, le necesitaba con toda mi alma.

—¿Qué te ocurre? —preguntó entrando en la habitación con su habitual sonrisa y el olor que le caracterizaba y me enloquecía, recordándome las escasas veces que había sido mío.

—Nada —contesté mirando hacia la ventana, dispuesta a liberarle de la carga de acompañarme cada día.

—No te creo —murmuró y me dio un beso en la coronilla. Quería chillar como una loca, yo era su mujer… bueno, en realidad, llevaba tiempo sin serlo y entendía que él se mostrase distante, a pesar de sus palabras de amor—. Confía en mí.

—Sabes que lo hago —afirmé cuando se arrodilló frente a mí y cogió mi mano con fuerza, era tan difícil tenerle cerca y sentir su distanciamiento—. Tanya me dijo que podía levantarme —informé desapasionadamente.

—Lo sé, me lo cuenta todo —señaló en tono misterioso—. Ahora quita ese gesto, Bella sé que aún faltan un par de meses y que la espera, sobre todo atada a una cama, es larga, pero merecerá la pena.

—Por supuesto —corroboré con una amplia sonrisa, mi hijo no paraba quieto y cada movimiento me hacía sentir mucho más real el momento que estaba viviendo— y tengo muchas ganas de verle, de abrazarle y…

Me detuve mientras mis ojos se llenaban de lágrimas de emoción, llevaba un par de noches soñando con un niño, precioso y con los mismos rasgos que Edward.

—Pronto, pero antes de eso —metió la mano en el bolsillo de su pantalón vaquero y sacó un sobre que no tardó en darme— tienes que concederme el placer de tu compañía.

Lo abrí enmudecida por aquel gesto y dentro encontré una invitación a cenar esa misma noche.

—No creo que pueda salir de casa, Ed —mi doctora había sido muy clara al respecto: nada de sobresaltos y esfuerzos que pudieran volver a postrarme en la cama. Estaba dispuesta a cualquier sacrificio— y…

—Ni siquiera vamos a salir de casa, lo he preparado aquí y me gustaría que lo aceptaras —añadió con una sonrisa contagiosa, parecía un niño pequeño a punto de abrir un regalo en navidad.

Asentí y sus ojos se iluminaron aún más, comenzó a murmurar en voz baja y para mi sorpresa salió de la habitación a gran velocidad, justo en el momento en que Alice entraba a ella.

—Intuía que le dirías que sí —explicó sentándose en una silla a mi lado—, le estás haciendo muy feliz, Bella, todos te lo agradecemos.

—Comenzamos tan mal, con tantos miedos por ambas partes que parece imposible que haya sobrevivido esto —agregué incapaz de revelar mis desagradables pensamientos, acerca de la falta de pasión demostrada por su hermano.

—¡¿A esto?! —exclamó sorprendida ante mi falta de definición. Me encogí de hombros tratando de aparentar indiferencia, mostrándome esquiva y relajada, pero no la engañé—. Hay algo que no está bien, que te está preocupando y te tiene con ese gesto de cansancio perpetuo que me preocupa.

—Imagino que mi pequeño tiene algo que ver —añadí tratando de sonar tranquila, apoyé la mano en mi vientre y sentí la fuerte patada de mi niño—, últimamente estoy agotada y bueno el reposo aletarga mi sentido del humor.

—Puede ser —dijo mirándome con suspicacia, no se lo creía y era normal, había tenido un embarazo bastante sencillo si no nos centrábamos en las semanas de reposo—. ¿Quieres que te ayude a prepararte?

Preguntaba por cortesía, la conocía bien y se moría de ganas de tratarme como a una muñeca de porcelana, pero no podía negarla nada así que asentí, conteniendo un respiro de frustración ante lo que me tocaba a continuación.

—Tan sólo no tardes demasiado —rogué esperando que me hiciese caso—, hoy no tengo muchas ganas de ser atusada y consentida por nadie.

—Media hora —afirmó seria haciéndome sonreír.

Me dejé hacer y cumplió con su promesa, antes de que pudiera empezar a resoplar por las atenciones recibidas habíamos acabado, llevaba un vestido sencillo y cómodo en un azul que me favorecía, apenas me maquilló y dejó mi pelo suelto. Cero artificios.

—¿Qué te parece? —interrogó ansiosa justo detrás de mí, mientras me miraba en el espejo y contemplaba su obra.

—Te has superado, Ali, gracias.

—Hoy es un día especial —en cuanto las palabras salieron de su boca, se llevó la mano a esta tapándosela avergonzada, sin duda había hablado de más—. Olvida lo que he dicho.

—No —me giré para mirarla—, por favor, odio las sorpresas y…

—Pero esta te encantará —aseguró recogiendo el maquillaje que utilizó conmigo— y Edward lleva mucho tiempo preparándola, no puedo ni quiero estropeársela. Tan sólo déjate llevar.

Se me formó un nudo en el estómago, no iba a poder probar bocado en toda la cena y mi imaginación volaba hacia anillos y pedidas de matrimonio haciendo que la euforia creciese en mí.

Salí del baño de la habitación y la puerta se abrió para dar paso a mi niña que rebosaba felicidad. Le gustaba aquel entorno, disfrutaba de la compañía de su familia y pasaba largas tardes jugando con Edward.

—Mami —me llamó lanzándose a mis brazos—, está muy lindo —comentó entusiasmada mientras la abrazaba.

—Quizás puedas contarme más cosas —murmuré con gesto cómplice, pero cuando Carlie iba a comenzar a hablar apareció su abuela.

—Vamos, nena, tienes que bañarte antes de cenar —dijo alargando la mano hacia ella, mi pequeña no dudó un segundo en tomarla—. Estás preciosa, hija.

Poco a poco me había acostumbrado a la manera cariñosa con la que se dirigía a mí Esme, la primera vez casi me atraganto bebiendo agua, en ese instante me producía una sensación de calidez que me encantaba.

Recibí el abrazo de esas dos mujeres a las que consideraba mi hermana y mi madre y me quedé sola frente al espejo. Ya no quería seguir luchando en contra de Edward, le amaba con toda mi alma y durante las últimas semanas había descubierto su faceta más tierna y cariñosa, no sólo con mi pequeña sino sobre todo conmigo.

Estaba obviando todo lo pasado, incluso la terquedad que siempre le demostré, imaginé su sonrisa al verme ante él y me estremecí al entender cuánto le necesitaba, mis emociones se entremezclaban: miedo ante lo desconocido y un amor que crecía sin que pudiera evitarlo.

Era el momento, miré la hora en el reloj de la mesilla e inspiré hondo tratando de ser práctica, de tranquilizarme y conseguir mantener la cabeza fría, pero era inútil, tenía la mente llena de ideas románticas, todas las que reprimí un día, me asaltaban con fuerza y tesón, devolviéndome a la niña que una vez soñó con ser una princesa, que una vez creyó en los cuentos de hadas y los finales felices. Estaba tan cerca de conocer la verdad, de saber si él estaba dispuesto a concederme su tiempo por siempre.

"Por siempre", sonaba eterno, tanto que temblé de nuevo y me aferré a la silla tratando de calmar mi agitado corazón. ¿Acaso el amor era eterno? No tenía respuesta, pero estaba decidida a dejar de lado los temores, a ser valiente como intentaba serlo siempre y a demostrarle al mundo que merecía ser feliz con la persona que amaba.

Iba a abrir la puerta cuando en ella apareció mi hombre, con una sonrisa traviesa en los labios y una mirada de admiración que nubló mi juicio.

—Empezaba a preocuparme —murmuró acercándose a mí, impidiéndome ver lo guapo que estaba, estaba hipnotizada con el brillo de sus verdes pupilas.

—Sólo han pasado un par de minutos —agregué y una corriente eléctrica me atravesó cuando acarició mi mejilla.

—Demasiado para mi cordura, no soporto estar alejado de ti —añadió seductor y no pude evitar sonreír.

—Tu empresa se irá a pique en menos de un año si sigues así —le informé tratando de hacerle recapacitar, era innecesario que dejase sus obligaciones por complacerme y lo estaba haciendo sin saberlo.

—Tengo gente tan preparada que no me necesitan, pero tú sí —su mirada se oscureció, no había reproche en sus palabras, pero intuía lo que estaba recordando.

—Sé que soy difícil, Edward, que no me comporto con la diligencia necesaria, no puedo evitarlo, sobre todo… —apoyó un dedo en mis labios impidiendo que continuase con mi explicación.

—Si no fuera por ello, quizás nuestra hija hubiese sufrido un daño irreparable a manos de ese par, fuiste valiente y me demostrarte todo lo que quieres a Carlie, no todo el mundo hubiese actuado igual, Bella.

—Irina lo hizo, buscó lo mejor para ella aunque se equivocó —desde que supe toda la verdad sobre mi amiga y él, no había tenido el valor de hablar de ella, pero el momento de que la perdonase había llegado. Entrelacé mis dedos con los suyos—. No debió irse, pero tomó la decisión que consideró adecuada y quería a tu hija con toda su alma, la vi sufrir por ella, soñar despierta por estar a su lado y lo que hizo… —cogí aíre, era complicado hablar en voz alta de su suicido, mas debía hacerlo, deseaba que él la perdonase de una vez—, tú viste a María y como se comportaba, el último sacrificio que hizo fue para salvar a Carlie de ese par, para preservar su bienestar. Estoy segura de que de no haber entrado en la cárcel, al final te hubiese contado su secreto.

—¿Qué intentas hacer? —cuestionó en un susurro apagado.

—Disculpa su falta, estoy segura de que no quiso participar en el engaño, que se dejó arrastrar por su hermana y pagó por su error, más incluso de lo que pagará María en los próximos años —solicité con el corazón en la mano, esperando que rechazase mi petición y me encomendase a no volver a tocar aquel tema.

—El día que supe cómo había muerto de verdad dejé de odiarla —aclaró como si tuviese que haberlo sabido entonces—, comprendí lo que sufrió y la fortaleza que tuvo durante seis años, protegiendo a mi hija de todos, incluso de mí. No la culpo, ni siquiera podría reprocharla que me ocultase a nuestra pequeña, ese día me comporte como el peor de los hombres y le di una imagen de mí…

—Equivocada —concluí por él—. Estabas furioso y nadie puede culparte por ello, pero sé que ya lo dejaste atrás y te doy las gracias.

Me coloqué de puntillas y le di un breve beso en los labios.

—Gracias por querer a Carlie —no pude evitar que una solitaria lágrima recorriese mi mejilla.

—Gracias a ti, eres una madre excelente y prueba de ello es todo lo que ha mejorado nuestra niña. Vamos o se enfriará todo.

Asentí deseando quedarme en aquellas cuatro paredes y enloquecerle con mis besos. Ni siquiera tenía hambre, pero no protesté y dejé que me guiase de la mano por el largo pasillo, imaginándome cómo se tomaría que lo empotrase contra la pared y asaltase su boca.

Enrojecí con sólo pensar en el atrevimiento de mis anhelos.

—¿Preparada? —inquirió enigmático y algo me hizo sospechar que aquella no sería una velada entre dos.

—¿Qué has hecho? —interrogué, pero la lacada puerta ya estaba abierta y el jolgorio que precedió impidió que recibiera una respuesta.

Miré a mí alrededor, la sala estaba decorada en tonos pastel y miles de regalos se agolpaban en una larga mesa de cristal, era una fiesta para celebrar la llegada del bebé. Me sentí abrumada a pesar de que allí estaban todas las personas que quería y formaban parte de mi gran familia, incluso estaba Sam con un enorme oso de peluche en los brazos.

Todo estaba perfecto y el ambiente era distendido y alegre, incluso Rose me sonreía, ella también parecía feliz con su embarazo aunque tal vez sólo fuese una fachada frente a los Cullen.

Dejé que me mimasen, que me agobiasen con cientos de preguntas que ni yo me había planteado: ¿el colegio? ¡Si ni siquiera había nacido! Aún así me divertí y agradecí el detalle maravilloso de realizar aquella reunión, los recelos entre ambas familias se habían disipado y era un verdadero alivio.

Cuando ya la fiesta terminó y Edward me acompañó a la habitación volvieron a asaltarme las dudas, de nuevo el anillo no recibido planeó sobre mi cabeza y me encontré imaginándome cientos de motivos por los que él aún no había dado aquel paso. Suspiré y no le pasó desapercibido mi abatimiento.

—¿Qué te ocurre, Bella? —Me sentí estúpida, ¿cómo decirle que había soñado con una pedida de mano y no con una fiesta para el bebé?

—Nada, estoy cansada.

—Que mal suena esa excusa —dijo cazándome en mi mentira, a pesar de que trataba de mostrarme lo más serena posible.

—Estaba pensando que algún día tendremos que dejar esta casa —su mirada se ensombreció, casi pude leer la furia que había despertado en él, pero seguro que era sólo mi imaginación—. A fin de cuentas tú debes continuar con tu vida y yo con la mía.

—¿Separados?

—Hemos llegado a ser buenos amigos en este tiempo, pero quizás llegué un día en que conozcas a alguien y…

—Ya lo hice —su afirmación fue como si me lanzasen un jarro de agua fría sobre mi cabeza, le observé atónita y traté de soltarme de su mano, pero no lo logré.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?, sé que te habrá costado, pero no puedes luchar contra lo que sientes y yo no seré un impedimento —mi exaltada afirmación murió entre sus labios.

Me besó con toda la pasión que creí perdida en aquellos largos días, me arrinconó contra la pared y enloqueció mis sentidos hasta que me aferré a su cuello, entregándome a aquel inolvidable momento.

Mi cuerpo temblaba ante sus caricias y mi mente vagaba pensando en la posibilidad de arrastrarle hasta mi cama. Cuando tomé el valor para invitarle a pasar, se separó de mí, avergonzando, ¿por qué? Quise chillar ante su gesto de arrepentimiento, me clavé las uñas en las palmas de las manos y busqué las respuestas en sus pupilas, pero no hallé ninguna.

—¿Qué ocurre? —inquirí angustiada ante la lejanía que volvía a instalarse entre nosotros.

—Trató de comportarme correctamente, Bella —explicó tras unos minutos que me parecieron eternos—. Estás delicada y no quiero que nada te perturbe, pero me moría por besarte así desde hace días.

Cuando procesé sus palabras, observé la frustración que exhibía y relacioné cada uno de los detalles que él había tenido conmigo, me eché a reír sin poder evitarlo.

—Perdona —murmuré entre carcajadas, sin poder evitar que su cara de perplejidad hiciese que mi hilaridad creciese todavía más—, pero —continué cuando fui capaz de hablar sin reírme— llevo días pensando que ya no me deseabas y…

—Como siempre pensando lo peor de mí —dijo fingiendo sentirse ofendido, pero sus ojos le contradecían, volvían a brillar con intensidad, tragué saliva cuando me agarró por la cintura y me acercó a él—. Te amo, Bella, eres tú quién me tiene en sus manos, eres la persona que derribó todos mis miedos y mis barreras y me devolvió al mundo real, un espacio del que no quiero salir si tú deseas compartirlo conmigo.

—Yo también te amo, Edward, pero empecé a considerar que tú…

—Eres mi mujer, ¿sabes desde cuándo? —negué con la cabeza puesto que sus dedos reposaban sobre mis labios—, desde el día que fuiste mía por primera vez, en ese instante supe que había alcanzado el cielo y que te lo debía a ti, tuve la certeza de que no dejaría que me apartases de tu camino y te convencería de ser mi esposa. Me lo has puesto difícil, pero sabía que lo lograría.

Acaricié su mejilla e inhale el aroma que emanaba de su cuerpo, adoraba su manera de expresarse, en él parecía sencillo y, sin embargo, yo no tenía palabras para corresponder a su apasionada demostración de amor.

—Gracias por seguir luchando aunque te puse mil trabas.

—Y las sorteé todas, sabía lo que me esperaba en la meta y estaba dispuesto a cualquier sacrificio con tal de llegar a ti —agregó metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta.

—Dime una cosa, si me hubiese ido de Forks ¿qué habrías hecho? —cuestioné volviendo sobre un tema espinoso para ambos, pero necesitaba saber si hubiese tratado de conseguir la custodia de Carlie.

—Pregunta lo que de verdad quieres saber —sentenció con gesto serio, estudiando la intranquilidad que yo demostraba.

—No puedo —susurré sabiendo que le haría daño con mi desconfianza, me retraje e intenté separarme de él sin éxito—. Elude mi tonta curiosidad y…

Me sujetó por el mentón y me hizo mirarle.

—No, no lo hubiese hecho —contestó a la pregunta no formulada—, jamás te sometería a esa clase juicio para conseguirlo sino que te hubiese seguido al fin del mundo, para convencerte de lo que yo sabía y tú te empeñabas en negar: que me amabas tanto como yo a ti.

—¿Y ahora?

—Tan sólo ponte esto en el dedo —murmuró y abrió la pequeña caja de terciopelo negro que sostenía, el diamante no era enorme ni extravagante, sino que tenía una delicada forma de corazón que le hacía sumamente especial— y dime que sí.

Dejé que colocase el anillo en mi mano temblorosa y le miré sin poder pronunciar palabra, estaba totalmente superada por las emociones que me recorrían. Sólo asentí ante su petición no formulada y no hizo falta más. Me estrechó entre sus brazos y me besó con pasión desmedida, demostrándome toda la que tendría nuestro matrimonio.

Fin.


Las últimas semanas han sido una locura y tenía un bloqueo fabuloso con este final, siempre me pasa cuando hay que colgar el cartel, siento haberos hecho esperar y espero que disfrutéis esté último capítulo tanto como yo lo he hecho.

Es una historia que adoré desde el primer momento en que me senté a escribirla, quizás más tierna que las que corren por estos lares en los últimos tiempos, pero bueno también a veces apetece leer algo así ¿no?

Gracias por seguirla, por leerla con tantas ganas y por acompañarme en este largo viaje. Era mi intención empezar una nueva historia, pero de momento no lo voy a hacer hasta acabar Tratado de Sangre, el tiempo no da para más.

Mil gracias a mis lindas chicas: Cullengirl, Diana, Yasmin, Lis, Thequeenred, Yola, Gaby, The Princess of the Dark, Caty, Lupita, Chiarat, Ksts, Lupis, Coki, Rosh y Vanee. Un placer leeros y también a todas las que en algún momento comentaron.

Besos.