Capítulo 2

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Mina estaba en la habitación de Yaten mirando por la ventana los movimientos de la gente, desde esa distancia del tamaño de hormigas. Hacía horas que había llamado por teléfono a su oficina para decir que se tomaría todo el día libre. Yaten se había movido varias veces, pero aún no se había despertado. Media hora antes, Mina había podido convencer a sus padres de que dejaran por un rato su vigilia y se fueran a descansar y a comer algo. No le serían de ninguna ayuda a su hijo con los nervios rotos por la tensión.

— ¿Minako?

El sonido de su voz era apenas un susurro, pero Mina lo oyó y cerró los ojos. Había estado esperando ese momento con un doloroso presentimiento. Su reacción anterior había dejado sus nervios de punta. Tanto que tenía miedo de acercarse a la cama y al hombre que estaba en ella. Pero había prometido ayudar así que, tomando aire, se dio la vuelta y se dirigió hacia la cama.

—Estoy aquí —dijo intentando parecer calmada mientras su corazón latía aceleradamente.

Él la estaba mirando con esos asombrosos ojos verdes. ¡Por amor de Dios! Cómo la afectaban esos ojos. Hacían que le diera un vuelco el corazón y que se le doblaran las rodillas. Podría ser tan fácil ahogarse en ellos... Era un pensamiento que le helaba la sangre en las venas y hacía que sintiera una sofocante ola de calor en la cara.

Eso no podía estar pasando, se dijo a sí misma. «Soy una mujer que se enorgullece de su sensatez. ¿Cómo puedo haberme convertido de repente en esta criatura tan emocional?» No encontraba ninguna respuesta que pudiera aceptar.

Cuando se paró delante de la cama, Yaten levantó la mano y ella la sostuvo en la suya. Algo como una descarga eléctrica le subió por el brazo, haciendo que contuviera el aliento. Sus ojos se convirtieron en dos turbulentas piscinas azules en los que Yaten se miró con la misma sorpresa. Saber que él estaba sintiendo lo mismo que ella no la desagradó en absoluto, más bien al contrario.

Yaten parpadeó confundido.

—Es asombroso lo que... el roce... con la muerte puede hacerle a uno... —murmuró, respirando con dificultad por el dolor en sus magulladas costillas.

Mina estaba aún más sorprendida.

Él respiró profundamente, haciendo una mueca de dolor.

—Tocándome me has hecho saber que... aún no estoy muerto.

Cuando ella siguió la dirección de sus ojos bajando por la cama se dio cuenta de lo que quería decir y se ruborizó.

Mina quiso escapar del dominio de su influencia hipnótica, pero él no soltaba su mano y, temiendo hacerle daño, se vio forzada a no moverse.

—Quizá debería decirle a la enfermera que le ponga algo a tu té —dijo ella.

Él empezó una risa que acabó en un gemido.

— ¿Yaten? —preguntó ella alarmada.

Yaten hizo un gesto negativo con la cabeza.

—Estoy bien.

Después de unos segundos la miró acusador.

—Es culpa tuya. Tú has empezado.

— ¿Culpa mía? —preguntó ella deseando que soltara su mano.

Necesitaba pensar. Necesitaba sitio, él estaba demasiado cerca.

—No deberías haberme mirado... como si... quisieras... comerme —dijo él.

Mina estaba tan sorprendida que se quedó boquiabierta.

— ¡Eso no es verdad!

—Sí es verdad... pero no te preocupes... me gusta.

Profundamente avergonzada, Mina deseaba que se la tragara la tierra porque temía que lo que acababa de decir fuera cierto.

—Eso es absurdo. Yo... yo estoy aquí para que te recuperes.

—Pues funciona.

Mina se mordió los labios y apartó la mirada. No podía soportar esta situación. La manera en que él la hacía sentir por dentro. Aquélla no era la forma en la que ella había esperado hablar con un hombre que había estado a punto de morir. No lo estaba haciendo bien y se aclaró la garganta nerviosamente antes de hablar.

— ¿Quieres comportarte, por favor?

—No me queda más remedio, ¿no? —dijo él irónico.

— ¿Qué voy a hacer contigo? —exclamó ella exasperada.

—Yo... tengo algunas sugerencias, pero... no creo que pueda hacerlo.

Sin poder evitarlo, Mina sonrió.

— ¡Eres incorregible!

—Eso me... anima.

Ella suspiró mientras estudiaba su cara, intentando ver más allá del humor con el que él intentaba suprimir el dolor.

— ¿Cómo te sientes?

— ¡Como si me hubiera... atropellado un coche! —contestó él con un amago de sonrisa.

Mina no podía creerlo. ¿Cómo podía bromear sobre ello?

— ¿Qué estabas intentando probar, que eras tan invencible fuera de los Tribunales como dentro de ellos?

Después de decirlo, deseó morirse. ¿Cómo podía haberle dicho eso a un hombre que creía haber salvado su vida?

—El Jurado sigue deliberando... sobre eso —replicó.

—Lo siento. No debería haber dicho eso.

—No importa... Me gusta... que te enfades conmigo —bromeó él.

—Debería estar agradecida.

—Bueno, cuando esté mejor... dejaré que me pidas perdón... adecuadamente... ¿Qué te parece?

Mina miró sus ojos burlones y gimió por dentro. Era demasiado. Llevaba la conversación por donde quería y ella estaba empezando a pensar que no le importaba. ¿Qué le estaba pasando? Tenía que recuperar el control.

Ensayando su mejor gesto profesional, lo miró fríamente.

—Lo pensaré.

—Yo también lo pensaré —prometió Yaten con una calidez que la hizo temblar.

— ¡Merecerías que te diera una bofetada! —explotó Mina, soltándose ahora que su mano había perdido fuerza.

Caminó hasta los pies de la cama y se quedó allí, respirando con dificultad. Para su incredulidad, le oyó reír.

—Tú no le pegarías a un hombre enfermo... ¿verdad?

Se había dado la vuelta y abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla. Con los brazos cruzados, lo miró amenazadora.

— ¡No me tientes!

La expresión de los ojos de Yaten pareció robar todo el aire de la habitación.

—Me alegra saber que puedo —contestó con voz ronca.

—Yaten Kou, por favor, yo... —no pudo seguir hablando. Por fin, se volvió confusa hacia él y siguió—: ¿Qué me estás haciendo?

—Sólo lo que me haces... tú a mí.

Eso no la ayudaba. Caminó arriba y abajo.

— ¡Yo era una mujer sensata y lúcida hasta que entraste en mi vida!

Y si quería seguir siéndolo, Yaten tendría que salir de su vida lo más pronto posible.

—Lo mismo digo —murmuró él.

Mina miró hacia él a tiempo para ver su mueca de dolor. En ese instante, olvidó toda su confusión.

— ¿Qué pasa, te duele? —preguntó preocupada.

—Tengo la boca seca... como un desierto.

—Voy a llamar a la enfermera —dijo apretando el botón.

—Dime... mis padres... ¿han estado aquí? —preguntó Yaten ya sin sonreír.

Mina, compungida, se dio cuenta de que estaba exhausto.

Automáticamente, retiró el pelo de su frente, y sin darse cuenta, lo siguió acariciando mientras lo observaba.

—Han estado aquí, pero han salido a comer algo. Volverán enseguida.

En ese momento, llegó la enfermera y, cuando terminó de hacer que Yaten estuviera más cómodo, éste ya estaba somnoliento. Unos minutos más tarde, estaba profundamente dormido.

Mina se derrumbó sobre una silla cercana, mirando su perfil. Esas pestañas tan absurdamente largas le hacían parecer un niño vulnerable, pero mientras dormía, su poder sobre ella disminuía y Mina podía volver a pensar.

Lo que quería era reconfortarlo y en lugar de eso habían mantenido una conversación erótica ¡Y lo que era peor, a ella le había encantado! Eso y el hipnótico efecto que ejercía sobre ella formaban una combinación letal y sólo significaba una cosa. Lo de la noche anterior no había sido sólo producto de los nervios. Una sola mirada había bastado para derretirla por dentro, para hacerla una víctima de sus alborotadas emociones.

Tenía los nervios deshechos y un nudo en la garganta. Sabía lo que estaba pasando. No era tan ingenua. Había sido atrapada en las garras de una poderosa atracción y sabía por qué. La noche anterior no había querido pensarlo, pero después de esa tarde no podía seguir engañándose a sí misma. Se había enamorado de Yaten Kou. Era la única explicación posible. Había oído hablar de amores a primera vista, pero nunca había creído demasiado en ellos. Ahora tenía que creer porque le estaba pasando a ella. Sólo tenía que mirarlo a los ojos y estaba perdida.

¡Perdida en los ojos de un hombre que creía que ella era otra persona!

Ese pensamiento hizo que se le helara la sangre en las venas. Era como una pesadilla. ¿Cómo había podido ser tan tonta de enamorarse del prometido de su hermana? No había podido evitarlo, aunque lo había intuido. Ahora estaba segura y no podía permitir que siguiera adelante. No sería tan difícil. Lo único que tenía que hacer era recordarse a sí misma que no era de ella de quien él estaba enamorado. Él actuaba de esa forma porque creía que ella era su hermana. Eso debería ser suficiente para enfriar cualquier pasión por su parte.

Tenía que mantener la cabeza fría, mantenerse distante y en un par de días le contaría la verdad sobre Serena. La revelación daría por terminada esa desafortunada atracción.

Luchando contra un sentimiento de desánimo, tomó una revista que Luna Kou había dejado en la habitación y pasó las páginas sin interés, forzándose a sí misma a concentrarse en las palabras más que en el hombre que estaba en la cama.

Cuando volvieron los Kou varias horas después, Mina les comentó brevemente lo que había pasado.

— ¿Y desde entonces no se ha movido? Entonces debe de estar tranquilo —dijo su madre aliviada.

Mina sonrió. Le gustaban los Kou y sentía tener que decirles la verdad. Sólo esperaba que entendieran sus razones.

Artemis Kou sonrió, y su sonrisa aumentó el parecido con Yaten.

—Un par de días más mirando esa cara tan preciosa y se olvidará de que ha tenido un accidente —bromeó él y Mina descubrió de quién había heredado Yaten su encanto.

—Desafortunadamente, la belleza puede ser a veces más un hándicap que una ventaja —dijo ella.

El padre de Yaten asintió.

—Luna me ha dicho que eres abogada. Supongo que habrás tenido que enfrentarte a problemas sexistas muchas veces. A muchos hombres la belleza y la inteligencia juntas les parece algo aterrador —comentó seriamente.

—Pero usted no es de esos —dijo completamente segura.

Artemis Kou admitió esa verdad con una inclinación de cabeza.

—No, yo no. Tengo demasiado respeto por la brillantez de la mente femenina. Y lo mismo, debo añadir, piensa mi hijo.

Una afirmación que ella no tenía por qué cuestionar.

—Si se parece en algo a usted, señor Kou, yo no lo dudaría —dijo mientras empezaba a recoger sus cosas. Artemis y Luna rieron.

—Le gusta que lo adulen, como a Yaten —bromeó Luna, ayudando a Mina con su abrigo—. Muchas gracias por venir hoy, querida. ¿Te veremos esta noche?

La estaban tratando como a alguien de la familia y Mina empezó a tener problemas de conciencia. Pero no podía hacer nada excepto aceptarlo educadamente.

—Pasaré por aquí más tarde, pero ahora tengo que hacer una cosa —contestó.

No pudo evitar besar a la mujer en la mejilla antes de salir de la habitación.

Lo que tenía que hacer no era algo muy apetecible. Aunque no lo deseaba, tenía que ir a ver a su hermana para intentar convencerla de que cambiara de opinión. No quería que Serena volviera con Yaten porque quería protegerlo del daño que su hermana le había hecho y podía volver a hacerle. Pero esa no era su decisión. Si Yaten quería a su hermana, su conciencia no la dejaría en paz si no lo intentara de nuevo.

Tomó un taxi hasta el elegante edificio de apartamentos donde vivía Serena. El guardia de seguridad era una de las pocas personas que sabían que Serena y ella eran gemelas y la identificó por el corte del pelo.

—Lo siento, señorita Aino, pero su hermana se ha marchado.

Mina lo miró sin entender.

— ¿Se ha ido?

El guardia parecía incómodo.

—Hizo las maletas, pagó el alquiler y se fue de la ciudad a primera hora. Lo siento, señorita.

Atónita por la rápida desaparición de su hermana, Mina asintió con la cabeza.

—Está bien. No es culpa suya que no me lo dijera. ¿Por casualidad le dijo dónde iba?

—Lo único que dijo es que se iba a la costa. ¿Quiere que llame a un taxi?

—Sí, gracias. Esperaré fuera.

Nunca habría pensado que Serena se iría sin decir adiós, abandonando a un hombre herido, pero su hermana gemela tenía sus propias leyes y aquello era la confirmación de que Serena no quería saber nada de Yaten. No debería sentirse feliz, pero no podía negarse a sí misma que lo estaba. Mina había hecho todo lo que su conciencia le había pedido que hiciera. Lo que ocurriera a partir de ese momento era cosa suya. Pasará lo que pasara, no rompería el corazón de su hermana porque Serena simplemente no tenía corazón.

El viernes por la tarde Mina estaba convencida de que tenía controladas sus emociones. Había visitado a Yaten varias veces cada día —ya que por fin le habían devuelto el coche— y no había vuelto a sentir esa increíble atracción. Posiblemente porque sus visitas habían coincidido en momentos en los que Yaten estaba dormido o estaban sus padres presentes, admitió con ironía. Pero seguía sintiéndose muy interesada por él. Incluso malherido, Yaten Kou no era un tipo de hombre al que se pudiera ignorar.

A pesar de ello, estaba segura de que tenía sus sentimientos bajo control. El trabajo había ayudado mucho. Era fácil meterse de lleno en los problemas legales y los tecnicismos de su trabajo, lo que había reforzado su convicción de que, si realmente hubiera estado enamorada de él, no habría podido concentrarse. Lo había hecho y ésa era la prueba definitiva.

Ese día había salido de la oficina un poco antes para que Artemis y Luna pudieran hacer algunas compras y llevaba un ramo de flores para animar el aspecto de la habitación. Casi todos los monitores habían sido apagados ahora y la doctora Cooper les había dicho que Yaten sería trasladado a una habitación normal al día siguiente.

Estaba canturreando bajito mientras colocaba las flores en un jarrón cuando Yaten dijo:

— ¿Qué te has hecho en el pelo?

Mina pegó un salto porque creía que estaba dormido.

— ¡Casi me matas del susto! —dijo poniéndose la mano en el acelerado corazón.

—Lo siento.

Yaten se disculpaba mostrando su atractiva sonrisa, lo que para Mina fue como un rayo que la atravesó antes de que pudiera evitarlo.

Los ojos de Mina se quedaron fijos en el hoyuelo que acababa de aparecer al lado de su boca. La imagen hizo que su corazón diera un extraño salto en su pecho. Dios mío, gimió ella en silencio. Se había preparado para sus ojos y había decidido no mirarlos, pero la había cegado con esa sonrisa.

Su convicción se derrumbó cuando se dio cuenta de la enorme atracción que ejercía sobre él. Cuando volvió a mirarlo se quedó sin aliento al sentir el calor que desprendía esa mirada y su propia temperatura subió considerablemente.

Sin saber si debía sonreír o no, se humedeció los labios, nerviosa, una acción que él siguió con tanto interés que su estómago se contrajo. La habitación parecía de repente cargada de electricidad y ella pensó que debía decir algo antes de que la tensión estallara.

—Estaba pensando en otra cosa —explicó—. Suelo canturrear cuando estoy concentrada en algo.

—Ya me he dado cuenta — dijo él roncamente, respirando con cuidado para aminorar el dolor de sus costillas.

Durante un momento se miraron a los ojos en silencio y para Mina fue como si algo flotara en el aire entre ellos, robando el poco aliento que les quedaba.

— ¿Entonces? —preguntó él con otra de sus sonrisas.

Mina no sabía de qué hablaba.

— ¿Entonces qué? —repitió ella sin entender.

—Tu pelo.

¿Su pelo? Confundida, levantó una mano para tocarlo y advirtió a qué se refería. Había olvidado por completo que Serena siempre llevaba el pelo muy largo.

—Pues... yo... me ponía nerviosa, así que me lo corté.

Por favor, parecía una idiota, pero Yaten tenía la habilidad de hacer que no pudiera articular una palabra inteligente.

—Qué pena. Había soñado enterrar mi cara en él cuando hiciéramos el amor.

— ¡Yaten! —protestó ella ruborizándose. Era una reacción ante la imagen mental de esa fantasía, que le pareció sorprendentemente excitante.

—Di eso otra vez —ordenó él quedamente con un gemido que no tenía absolutamente nada que ver con el dolor.

¡Por Dios bendito, este hombre estaba haciendo que se le pusiera la carne de gallina! Era como si todos sus sentidos se hubieran despertado. Nunca había experimentado nada parecido antes de conocerlo.

— ¿Que diga qué? —musitó ella.

—Mi nombre. Lo dices con un tono muy sexy —añadió Yaten con una mirada que la hubiera derretido de haber estado él sano.

De todas maneras casi lo hizo. Sentía como si sus piernas no pudieran sostenerla.

La mente de Mina dejó de funcionar a un nivel sensato en ese momento. Lo único que sabía era cómo se sentía y cómo reaccionaba Yaten.

— ¿Estás flirteando conmigo? —preguntó ella sin aliento.

El brillo de sus ojos se convirtió en una llama.

— ¿Es que no lo sabes?

Aunque los separaban varios metros, ella sintió como si él la hubiera tocado y casi no podía respirar.

— ¿Te... te parece sensato?

—Probablemente no, pero tenía que asegurarme de que no había perdido mi toque —contestó guasón.

—Créeme, no lo has perdido —aseguró ella coqueta, haciéndolo reír.

Enseguida deseó no haberlo hecho porque notó que la risa le hacía daño.

— ¿Estás bien?

—Me sentiría mejor si estuvieras a mi lado —admitió él, levantando una mano. Mina se acercó para tomarla.

En el momento que se tocaron ella sintió una corriente nerviosa en todo su cuerpo.

—Asombroso, ¿verdad? —dijo él suavemente, entrelazando sus dedos y atrayendo su mirada azul.

— ¿Estás... ? —pero cuando él asintió, no pudo seguir.

—Completamente. No puedo dejar de pensar lo que me habría perdido si hubiera muerto.

Hasta hace un segundo su sangre estaba hirviendo, pero de repente se había enfriado, dejando helada hasta su alma. Si hubiera muerto. Sintió un escalofrío.

— ¿Minako? ¿Qué te pasa?

La preocupación en la voz de Yaten hizo que levantara la mirada hacia él.

—Podrías haber muerto.

Y en ese momento se dio cuenta de lo que significaba para ella.

Acababa de imaginarse el mundo sin él y era una imagen desoladora. La profundidad de su emoción la hizo temblar. Unos días antes no era más que un nombre, pero ahora significaba tantas cosas que la asustaba.

Los dedos de Yaten apretaron aún más los suyos.

—No lo pienses, cariño. Estoy vivo.

Mina lo miró y vio la fuerza masculina que desprendía, a pesar de estar en la cama de un hospital. Sí, estaba vivo y ella nunca había estado más agradecida.

—Me alegro —musitó ella.

Sabía que no podría controlar mucho más en ese momento, así que cambió de tema.

—No me has dicho si te gusta mi nuevo corte de pelo.

—Te queda muy bien.

—Bueno, gracias. No es decir mucho, pero gracias —dijo sonriendo.

—Siempre a su disposición —entonó él de broma. Su mirada se dirigió hacia su mandíbula.

—Veo que has decidido dejarte barba. Te hace parecer muy... —estuvo a punto de decir sexy, pero se calló. Demasiado tarde. Con una mirada, se dio cuenta de que él sabía lo que estaba pensando.

— ¡Vaya momento para decir eso, cuando no me puedo mover de esta cama! —Dijo observándola con curiosidad—. Por cierto, no llevas maquillaje —añadió.

Esa vez Minako no pestañeó, aunque había olvidado que Serena no salía nunca a la calle sin maquillarse.

—Pensé que estaría ridícula pululando por el hospital pintada como una estrella de cine —inventó ella rápidamente.

Confiaba en que no conociera tanto a Serena como para saber que eso era exactamente lo que a ella le gustaría.

Aparentemente era así porque no hizo ningún comentario.

—No sé por qué te molestas en ponerte maquillaje en absoluto. Estás guapísima sin él. ¡Qué ojos!

Mina volvió a contener el aliento, hipnotizada por la forma en que él la miraba. Cada vez que miraba los de Yaten se daba cuenta de que quería ahogarse en ellos. Olvidarse de todo y simplemente...

— ¡Querido, estás despierto!

La alegre exclamación de Luna Kou desde el otro lado de la habitación rompió el hechizo y Mina retrocedió rápidamente cuando su madre se inclinó sobre él para besarlo con cuidado.

— ¡Ay! Te vendría bien un afeitado.

—Una de las enfermeras quería hacerlo, pero yo prefiero que lo haga papá.

Mina se había apartado diplomáticamente de la familia y había vuelto a colocar las flores, pero lo miró cuando dijo eso.

—No me digas que te negarías si se ofreciera la rubia guapita esa. La que te pone ojitos cada vez que entra aquí —dijo Mina sonriendo.

— ¿Celosa?

— ¿Debería estarlo? —preguntó levantando una ceja, irónica.

— ¡Qué dos! —suspiró Luna indulgente—. ¡Cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que estáis locos el uno por el otro! Pero si hay electricidad en el ambiente... Bueno, si no os importa que os interrumpa un par de minutos, ¿te importa decirme cómo te encuentras?

— ¡Como si hubiera estado pegándome con Tyson! —respondió él de broma.

Aunque todos rieron, Mina vio cómo el cansancio empezaba a hacer mella en su rostro. Estaba intentando disimular el dolor, pero su expresión dejaba claro que lo sentía.

Artemis Kou puso la mano en el hombro de su hijo.

—Tú sigue luchando, hijo. Y no te preocupes. Mañana traeré una navaja de afeitar.

—Gracias, papá.

— ¿Te ha cuidado bien Mina mientras estábamos fuera? —preguntó Luna mientras colocaba innecesariamente las sábanas.

Yaten tomó la mano de su madre.

— ¡Déjalo, mamá! Y otra cosa, ¿por qué la llamáis Mina? —preguntó con tono de irritación, debido al dolor que debía de estar sintiendo.

Sus padres parecían perplejos.

— ¿Es que tú no la llamas así? —Luna preguntó confusa, volviéndose a mirar a Mina.

¿Qué más podía ir mal? Había sido una idiotez decirles a sus padres que la llamaran Mina, cuando no sabía cómo la llamaba Yaten. Sólo podía echarle la culpa al hecho de que desde que lo había conocido se sentía mentalmente confusa, de forma que era un milagro que pudiera pensar en absoluto.

Mina tomó el jarrón y lo llevó a la mesita al lado de la cama.

—Tus padres me llaman Mina porque es el diminutivo de Minako —dijo con sorprendente sangre fría.

Dejó el jarrón sobre la mesita y dio un par de pasos hacia atrás para admirarlo. Tenía el corazón acelerado cuando se cruzó de brazos y dirigió su mirada hacia él.

— ¿Por qué no me lo habías dicho antes?

¿Por qué? Buena pregunta. Ella se encogió de hombros.

—Creí que te gustaba más llamarme Minako —mintió ella alegremente.

¿Qué otra cosa podía decir? No la sorprendió que él la mirara atónito.

—No me habías dicho que había otra opción.

Mina miró a los tres y vio la confusión en sus caras.

— ¿Te habría gustado saberlo, cariño? —preguntó suavemente y experimentó un dardo de placer cuando lo vio tragar saliva.

Yaten se aclaró la garganta.

—Supongo que aún tenemos mucho que aprender uno sobre el otro. Y no, no importa. De hecho, Mina va mejor con tu nuevo aspecto, con el pelo corto y sin maquillaje. Creo que me gusta más.

—Me alegro, porque a mí también me gusta más.

Mina se mordió los labios mientras se daba la vuelta para que él no viera que se había sonrojado. Un sonrojo que sintió al comprobar que ella, Mina Aino, podía desconcertar a un hombre como Yaten Kou.

Se quedó hasta que por fin Yaten empezó a dormirse, exhausto por el esfuerzo que requería mantener una conversación. De camino a casa, entró a comprar algo de comida. Se sentía ligera y feliz por su recién descubierto poder. Así, lo que normalmente era una tarea pesada se convirtió en algo divertido hasta que, de repente, su burbuja se rompió.

¿Pero qué demonios estaba haciendo ella flirteando con Yaten Kou? Él respondía porque pensaba que era Serena. La alegría que había sentido durante un corto período de tiempo se desvaneció ante la cruda realidad. Se había enamorado del prometido de su hermana y no había ningún futuro para ella en esa relación. Uno de estos días tendría que decirle la verdad y, cuando Yaten descubriera lo que había hecho Serena, las odiaría a las dos y Mina no podría culparlo. Aunque no tuviera ninguna razón para odiarla a ella, tampoco la había para que la quisiera.

Ella podía estar enamorada de él, pero él no lo estaba de ella. Se sentía atraído, pero eso era algo muy diferente. La verdad fue como una ducha de agua fría y se dio cuenta de que se había estado portando como una idiota. No había usado la cabeza y ahora tendría que recoger las piezas de su corazón roto. No podía esconder que se sentía atraída por él, pero podía asegurarse de que él no supiera que había habido algo más que eso. Era el momento de limitar el daño. Por su propio bien, debía hacer lo que se había dicho a sí misma antes, conservar la cabeza fría y mantener las distancias.

Terminó de hacer la compra con determinación y condujo hasta su cómodo apartamento. Dejó las bolsas en la cocina y estaba a punto de entrar en la ducha cuando vio el piloto encendido del contestador. Automáticamente, se dirigió hacia él para comprobar las llamadas.

—Hola, soy Lita. Sólo quería saber si lo de esta noche seguía en pie. Adiós.

Mina se tocó la frente. ¡Andrew! Se había olvidado de él por completo. Era el hijo de su compañera y amiga, Lita, y le había prometido que lo llevaría a ver el partido esa noche. Había comprado las entradas hacía meses como regalo de cumpleaños.

Como distracción, la llamada no podía haber llegado en mejor momento. Había planeado ir a visitar a Yaten esa noche, pero aquélla era su oportunidad de empezar a hacer su vida normal. Aunque una parte de ella se rebelaba, la parte sensata ganó porque era por su propio bien. Decidida, se sentó en un sillón y tomó el teléfono.

La madre de Yaten se puso al teléfono en la sala de las enfermeras.

— ¿Mina? ¿Te pasa algo?

Estaba pasando, pero pronto dejaría de pasar, pensó Mina resuelta.

—Estoy bien, Luna. Es sólo que he olvidado deciros una cosa. No podré ir a ver a Yaten esta noche. Había quedado para ir al partido con un amigo. Es su cumpleaños y no puedo decirle que no.

No sabía por qué no le decía que su amigo era un niño, pero ya que no lo había hecho pensó que sería mejor dejarlo sin aclarar. Podría necesitar un novio imaginario en algún momento.

—Claro que no. Yaten lo sentirá mucho, pero estoy segura de que lo entenderá —respondió Luna, aunque por su tono parecía decir que era ella quien no lo entendía.

—Dígale que lo veré mañana —añadió fríamente, antes de colgar el teléfono.

Suspirando, no hizo ningún movimiento para levantarse aunque tenía muchas cosas que hacer. Siempre había creído que el amor sería una experiencia maravillosa, pero había estado equivocada. Era muy dolorosa.

Al final fue al partido, dispuesta a pasárselo bien. No tenía ningún sentido ir con la cara larga. Y además, no quería estropearle la noche a Andrew. El béisbol le gustaba mucho y era estupendo ver un partido con alguien que estaba tan emocionado como ella. Había algo catártico en gritar y animar a coro con la multitud y los perritos calientes y los refrescos nunca le habían sabido mejor. Durante un par de horas se olvidó de los problemas y acabó tan feliz como su pequeño compañero cuando su equipo ganó el partido.

— ¡Jo, qué bien! —dijo el niño mientras salían arropados por la multitud.

— ¿Lo has pasado bien, Andrew? —preguntó sonriendo, aunque ya sabía la respuesta.

Él devolvió la sonrisa, mostrando el hueco que acababa de dejar uno de sus dientes de leche.

—Ha sido el mejor regalo de cumpleaños que me han hecho nunca. ¡Ya verás cuando se lo cuente a mamá!

Por un segundo, Mina sintió pena por su amiga. Lita odiaba el béisbol, pero era una madre divorciada y no quería que Andrew se perdiera nada, así que iba a todos los partidos de los niños y escuchaba a Andrew hablar sobre ellos horas y horas.

— ¿Te apetece tomar un café? —invitó Lita cuando llegaron a casa.

Mina había pensado decir que no, pero cambió de opinión. Podía ser bueno para ella hablar con alguien.

— ¿Has hecho galletas? —preguntó siguiendo a Lita a la cocina.

—Aja, huelo problemas —dijo su amiga con una sonrisa irónica que desapareció cuando vio que Mina no sonreía—. Un hombre, ¿verdad? —suspiró sirviendo café en dos tazas y dejando un plato de galletas sobre la mesa.

— ¿Por qué lo dices? —preguntó Mina.

—Porque sólo un hombre hace que una mujer tenga esa cara.

Colocando una taza humeante frente a Mina, se sentó en una silla frente a ella.

—Tengo razón, ¿no?

Mina podría haber cambiado de tema, pero sabía que eso no engañaría a su amiga.

—Sí.

— ¿Lo conozco?

—No, no lo conoces— dijo Mina mordiendo una galleta.

— ¿Es guapo?

En su mente, Mina vio la cara de Yaten y su corazón se encogió.

—Es el hombre más guapo que he visto nunca.

Lita apoyó los codos en la mesa y apoyó la barbilla en la mano.

— ¿Cuál es el problema, está casado?

Con un profundo suspiro, Mina miró a Lita.

—Es el prometido de Serena.

Lita se quedó atónita.

— ¿El prometido de tu hermana?

Sólo había visto a Serena una vez, cuando había ido a la oficina a ver a Mina y no le había caído nada bien.

Tras una breve vacilación, Mina explicó lo que había pasado y lo que había hecho. Decir que Lita estaba asombrada era decir bien poco.

— ¡Perdona que te diga esto, pero tu hermana es una zorra! —exclamó levantándose.

—Estás perdonada.

— ¿Cuándo se lo vas a decir?

—Pronto. Yaten se está recuperando.

Lita se mordió los labios.

— ¿Tú crees que...?

Mina se pasó la mano por el pelo y miró a Lita sombríamente. Sabía exactamente lo que su amiga estaba pensando.

—No.

—Pero Serena y tú sois tan diferentes. Yo creo que... —se calló cuando Mina dejó la taza y se levantó.

—No puedes hacer que alguien te quiera cuando a quien quiere es a otra persona, Lita. Nadie me ha pedido que me enamore de él. Se me pasará.

—No lo sé. Nunca te había visto así. Me da mucha pena que lo estés pasando mal.

Mina miró su reloj.

—Será mejor que me vaya.

Se dirigieron juntas hacia la puerta y Lita abrazó a Mina.

—Ya sabes dónde estoy si necesitas hablar con alguien —dijo y miró tristemente a su amiga.

Mina se dirigía a casa cuando pasó por delante del hospital. Había decidido ignorarlo, pero cuanto más se alejaba, más fuerte era el deseo de volver. Sabía que no era sensato, pero había algo más fuerte que su sensatez.

Luchó contra sí misma durante unos minutos, pero la decisión ya había sido tomada. Con una rápida mirada al retrovisor, Mina dio un giro y se dirigió hacia el hospital.

..

M

y

Y

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Hola oh parece que a Mina se le sera mas difisil confesarse a ese hombre tan encantador y guapo y del cual se ha enamorado (yo tambien xD) pero ya veremos que pasa :3

ShelydeKou: Hola nena, claro que la voy a continual :3 subire un capitulo cada dos dias mas tardar, intentare de que sea diario :) u.u si empieza triste y bueno tendra mucho drama, pero ya veremos que pasa. Hay que defender a nuestro amado Yaten xD.

DaliivenusKou: Hola :) gracias por pasar, espero que este capitulo te guste.

Demencia: oh yo tambien pense eso aumentado de Serena xD cuando lei la historia, como se atreve ¬¬ ... pero bueno ya veremos que pasa xD, si me aloque al subir dos al mismo tiempo, pero cuando las lei me encantaron y dije oh tengo que compartirlas, son ellas... aunque esta chica no es nada como Serena, ni el como Yaten, por ahora.