Disclamer: Los personajes le pertenecen a la SENSACIONAL Tia Steph... La historia es de mi propia autoría y de mi imaginación que una mañana se despertó con una idea medio rara...

Capítulo beteado por Solecito Pucheta, gracias nena!

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Capítulo 1: El peor momento de mi vida.

Estaba a una semana de recibir mi título en letras de la Universidad de Seattle. Mi pasión es la lectura y, en ocasiones, la escritura. Me encantaría escribir un libro algún día, pero no me siento muy segura al respecto. Por el momento, lo que más deseo es ser editora, leer, leer y leer. Horas de eso.

Pero como todo, hay que ir creciendo poco a poco. Estoy segura que no voy a entrar a una empresa y automáticamente me convertiré en editora, pero soñar no cuesta nada.

—Un dólar por tus pensamientos.

—Lo siento— me ruboricé al darme cuenta que otra vez, me había sumido tanto en mis pensamientos que el mundo que me rodeaba había dejado de existir.

—Siempre que piensa demasiado se abstiene así—. Esa aterciopelada voz era la de mi mejor amigo, Edward Cullen. Me conocía mejor que nadie, era mi confidente, mi apoyo y mi compañero desde que teníamos pañales.

— ¿En qué pensabas?— Atacó la Duende Alice Brandon, mi mejor amiga. Una personita pequeña de estatura pero con un alma y una pasión por todas las cosas que hace que muchas veces me contagiaba su entusiasmo. Pequeño pero poderoso dicen por ahí, ¿no?

—Enana, ¿no se supone que eres tú la de los poderes? ¿No puedes saber lo que pienso con sólo mirarme a la cara?

—Bellita, ya te he dicho que mis poderes sólo predicen el futuro. Edward es el que lee mentes.

— ¡Hey, eso no es cierto! No puedo leer a Bella— me mira y sonríe de costado, esa sonrisa siempre me dejaba idiota por unos momentos. Claro que no puede leer mi mente, él sabe que lo que sea que piense se lo contaré, en algún momento, pero Alice es impaciente, y el no saber algo la enloquece, hasta el punto de parecer un gremlin a punto de explotar.

—Estaba pensando en la graduación y en conseguir empleo. No creo que en cuanto comience a trabajar pueda ser editora, y me preocupa cuánto deberé esperar.

— ¿Has recibido alguna oferta?— preguntó Alice.

—Lo cierto es que todavía no me ha llamado nadie, aunque bueno, supongo que es muy pronto.

—No te preocupes Bells, algo llegará— dijo Edward sonriéndome.

Edward tenía esa grandiosa habilidad para hacerme sonreír y estar tranquila sin importar la situación. Hace años que me pregunto cómo lo hace. Hasta el día de hoy no lo se.

Nos encontrábamos en un bar cercano a mi apartamento, hoy había aprobado mi último examen y teníamos que salir a festejarlo para sacar el estrés de los finales.

Alice estudiaba diseño, nos conocimos en el campus de la Universidad, ese pequeño duende se me acercó un día y nunca más nos separamos. Ella era una persona muy entusiasta, audaz y un terremoto cuando se lo proponía, principalmente esto ocurría cuando me arrastraba al centro comercial de compras o quería organizar alguna fiesta.

Edward era mi mejor amigo, nos conocíamos desde que teníamos uso de razón. Nuestros padres eran amigos, por lo tanto, nosotros también. Él estudiaba medicina, especializado en oncología. Tiene 2 años más que yo y es todo un rompecorazones. Todo el que lo conoce lo adora, tiene una de esas personalidades atrayentes que te cautivan, no había ni una chica del instituto o de la Universidad que no se haya enamorado de él. Probablemente, yo sea la excepción.


Luego de unos momentos más de conversación decidimos dar por terminada la pequeña reunión. La verdad es que mi mente me pedía a gritos una cama donde poder dormir todo lo que quisiera. Para los finales acostumbraba a dormir poco porque siempre me quedaba releyendo una y otra vez los apuntes, mis ingestas de café aumentaban de forma exorbitante y mi consumo de calorías para los nervios asustaría al nutricionista más capacitado.

Edward, como siempre, se ofreció para acompañarme como si las dos cuadras que había desde el bar hasta mi apartamento fueran una cruzada por el desierto del Sahara, pero él era así: demasiado sobreprotector para su propio bien.

—Entonces... ¿volveremos a Forks?— preguntó Edward.

—Claro que si. Extraño a mis padres y a los tuyos, hace semanas que no veo a Esme y Carlisle.

—Fuimos juntos a Forks la última vez, ¿recuerdas?

—Si, lo siento, lo había olvidado.

—Creo que los exámenes te han quemado las neuronas— se rió de mí.

—Ja ja ja, eres muy gracioso Edward— reí sarcásticamente—. No comprendo como tú todavía tienes todas tus neuronas intactas si estudias más que yo— dije haciendo un puchero. Esto de dormir poco me estaba haciendo parecer una idiota.

—Bells...— me abrazó cuando llegamos a la puerta de mi edificio. Suspiré satisfecha, los brazos de Edward eran como un relajante natural, todos los dolores y los males desaparecían cuando me encontraba entre sus brazos. Sigo pensando que era su personalidad lo que lo hacía tan cálido y especial.

— ¿Quieres pasar?— pregunté sobre su pecho.

— ¿No ibas a dormir?

— ¿Siempre respondes una pregunta con otra pregunta?— alcé mi cabeza de su refugio bajo el mentón de Edward y lo miré directamente a esos ojos tan verdes y brillantes.

— ¿Y usted licenciada también lo hace?— entrecerré los ojos y él se carcajeó—. Me encantaría pasar Bella.

Deshice nuestro abrazo y subimos a mi mono ambiente. Amaba este lugar, era pequeño y fácil de limpiar, y tenía todo lo que necesitaba: cocina con desayunador, cerca del desayunador un cómodo sofá de tres plazas que era mi compañero de lectura, de estudios y de noches de películas con Edward, frente al sofá había un plasma con un reproductor de DVD y pasando el sofá una gran cama de dos plazas que me esperaba impaciente, lo deseaba con tantas ganas, pero tener a Edward conmigo, era un plus que me agradaba más que dormir.

Edward se tiró en el sofá y puso los pies sobre la mesita ratona, él sabía perfectamente que odiaba que hiciera eso, pero lo dejé pasar.

— ¿Quieres tomar algo?

—Hace un momento terminamos de tomar algo Bella. Ven, siéntate a mi lado— hice lo que me dijo más que nada por cansancio. Edward pasó un brazo sobre mis hombros y me abrazó mientras poco a poco me iba perdiendo en el mundo de los sueños entre los acogedores brazos de mi mejor amigo.


Me desperecé a medida que abría los ojos. Me encontraba en mi cama tapada y con el pelo revuelto. Creí que estaría durmiendo en el sofá todavía. Despacio me di la vuelta y a mi lado estaba durmiendo Edward. Sonreí cuando lo vi, parecía un niño pequeño con su cabello cobrizo, que como siempre estaba desordenado y que en este momento unos cuantos mechones caían sobre su frente, la boca semiabierta y las largas pestañas descansaban sobre sus pómulos levemente sonrojados.

Esta no era la primera vez que dormíamos en la misma cama, era una costumbre nuestra. En especial las noches en que nuestras familias se reunían a cenar cuando éramos pequeños y nos cansábamos de escucharlos hablar de "cosas de grandes" subíamos a su habitación o a la mía, dependiendo de en qué casa estuviéramos, y nos pasábamos horas hablando, hasta que inevitablemente nos dormíamos juntos. Nuestros padres estaban acostumbrados a encontrarnos así, al que no le gustaba mucho era a Emmett, mi hermano pequeño, se llevaba bien con Edward, pero no podía vernos juntos porque se transformaba en el padre protector que Charlie no era. Con el paso de los años se fue acostumbrando a la idea y se dio cuenta que Edward y yo sólo éramos amigos, así que hasta ahí llegó el Oso gruñón.

Edward comenzó a abrir los ojos y yo sonreí como idiota, no sé por qué, pero siempre me causaba mucha ternura verlo despertarse.

—Buen día— le dije.

—Buenos días— me respondió mientras me abrazaba— ¿Quieres que salgamos a desayunar o prefieres cocinar?

—Mmm... No, mejor vayamos al bar de Jazz, tengo ganas de comer waffles— Jazz era el dueño de un resto-bar que encontramos con Edward un día que salimos a recorrer los alrededores. Allí hacían los mejores waffles que pudieras encontrar en todo Seattle. Luego de esa primera vez en lo de Jasper, volvíamos prácticamente todos los fines de semana, era algo así como una visita obligada.

Después de hacer un poco más de tiempo en la cama, nos preparamos para ir a desayunar. Fuimos en el Volvo de Edward ya que era una mañana lluviosa en Seattle. Amaba este auto, los asientos de cuero negro eran tan cómodos que podría pasarme horas sentada allí sin que me sintiera incómoda, además de que el ronroneo suave del motor era como una canción de cuna.

Llegamos al bar de Jazz, "Queers"*, al entrar podías ver lo grande que era, con las paredes cubiertas de medios troncos, dando la sensación de estar en una acogedora cabaña, había mesas y sillas desiguales por todos lados, podías encontrar desde sillas de madera de color celeste a antiguas muy bien restauradas, era muy gracioso verlo, no encontrarías dos sillas iguales ni aunque las buscaras. Lo mismo sucedía con las mesas, eran todas diferentes y estaban gastadas de tanto uso. Pero lo que más me gustaba era la decoración de las paredes: había cuadros con diferentes fotos y caricaturas de Texas, botellas de tequila aplastadas y colgadas, estantes con bebidas alcohólicas añejas, patentes de auto con divertidas inscripciones, herraduras y no podían faltar los muy conocidos sombreros texanos.

Obviamente, Jazz era de Texas, y creo que hizo un excelente trabajo representando las costumbres y tendencias de su tierra natal. Me encantaría conocer ese estado, no era una fanática de la música country ni de las comidas picantes, pero respirar ese aire a cowboy montado a caballo me llamaba poderosamente la atención.

Edward y yo nos sentamos en una de las mesas que se encontraba frente al gran ventanal que daba a la parte delantera del local e inmediatamente apareció Jasper rebosante de ánimo, este chico era tan alegre que te contagiaba su buen humor.

— ¡Buen día chicos! ¿Cómo les ha ido esta semana?— nos preguntó con ese extraño acento del sur y una sonrisa brillante.

—Buen día Jazz. Muy bien. Por suerte la semana se acabó, terminé con los exámenes. Se puede decir que terminé la carrera— Edward y Jazz se rieron cuando dije esto. Era la verdad, prácticamente estaba recibida, sólo faltaba que tuviera el título en la mano y sería una Licenciada en Letras.

—Bueno, felicitaciones entonces.

—Gracias— respondí tímidamente.

—Supongo que van a querer lo mismo de siempre ¿cierto?

—Si, Jazz— dijo Edward— Bella se puso floja hoy y no quiso cocinar mi desayuno, así que queremos lo mismo de siempre.

— ¡Hey, eso no es cierto! Yo dije que estaba con antojo de los waffles de Jazz, no que no quisiera cocinar.

—Es lo mismo, sólo que no lo quieres admitir— contratacó Edward. En un gesto MUY maduro de mi parte, le saqué la lengua y él rió. Jasper parecía muy entretenido con nuestra discusión.

—De acuerdo niños— nos silenció como si fuéramos niños— los waffles estarán en unos momentos.

Le agradecimos y mientras él iba por nuestros desayunos nosotros no pusimos a conversar. Me encantaba hablar con Edward, podíamos hablar durante horas y nunca nos cansábamos, aunque los silencios también eran lindos, no me incomodaba estar con Edward por un largo período de tiempo en silencio.

Una mesera nos trajo nuestros waffles, los míos eran con crema batida y salsa de caramelo, los de Edward con salsa de chocolate. Era un fanático del chocolate, no se como mantenía su escultural figura con las cantidades de chocolate que ingería, buen metabolismo supongo. O mucho ejercicio.


Estábamos volviendo a mi apartamento entre risas. El desayuno había estado increíble, me reí mucho con Jazz y Edward, esos dos juntos eran una bomba de risa, no paraba de reírme. Jasper contaba muy buenas historias y Edward no se quedaba atrás, es cierto que yo particularmente conocía todas sus anécdotas, pero volver a escucharlas era divertido.

Al cruzar el umbral del mono ambiente, comenzó a sonar el teléfono, corriendo entre risas con Edward detrás mío diciendo cosas sin sentido atendí el llamado.

—Hola.

—Hola Bella.

— ¡Oh Carlisle! ¿Cómo has estado? ¿Y Esme? Seguramente tu hijo volvió a poner el celular en silencio— dije mirando a Edward reprobatoriamente, no podía sacarle esa costumbre de silenciar su celular cuando salía. Él alzó las manos en gesto de disculpa.

—No Bella, llamé para hablar contigo, eso sobre...— Carlisle se quedó mudo y un nudo se instaló en mi garganta dándome a entender que lo que él tenía para decir no podía ser bueno.

— ¿Qué pasa Carlisle?

—Son tus padres Bella... ellos han... tenido un accidente en coche hace unas horas. Debes venir cuanto antes. Ya le he avisado a Emmett.

—Okey— susurré y corté. Edward me miraba detenidamente esperando que le dijera qué había ocurrido, pero no podía terminar de procesar lo que su padre me había dicho.

—Bella, ¿qué sucede? Estás muy pálida.

—Mis... p-padres han tenido un... accidente— tartamudeé completamente en shock. Esto no podía estar pasando, mi padre era muy responsable a la hora de manejar, pero era imposible que Carlisle se equivocara, los conocía tanto como yo. Edward me abrazó y susurró en mi oído que todo estaría bien.

—Debo ir urgente a Forks, tengo que verlos.

—No te preocupes, yo te llevaré. Prepara un bolso que salimos cuanto antes.

Todavía en shock fui hasta mi armario y prepare un bolso con ropa y mi neceser. Edward me esperaba en la puerta del apartamento, subimos a su Volvo y salimos apresuradamente hacia Forks. Por primera vez, no me molestaría por el hecho de que Edward fuera un loco al volante, sólo necesitaba saber que mis padres estaban bien.


Hicimos un viaje de 3 horas en 2, la loca conducción de mi mejor amigo había hecho que pasara una hora menos de calvario. Edward en todo momento trató de tranquilizarme, me abrazaba, tenía mi mano tomada y no la soltaba por nada, pero era imposible para mí tranquilizarme, mi mente era un caos de emociones y de nada me servían sus palabras.

Para cuando entramos a Forks mi corazón martilleaba nervioso, al estacionar en el Hospital salté del Volvo sin esperar a Edward, y corrí hasta la guardia preguntando por Carlisle. Lo encontré por uno de los pasillos.

Su rostro denotaba cansancio y depresión, y eso no me auguraba nada bueno porque podía darme una idea de la causa de su expresión. Lo miré detenidamente tratando de encontrar en sus ojos las respuestas que no salían de su boca.

— ¿Carlisle?— pude susurrar con los ojos llenos de lágrimas. Sentí los brazos de Edward rodear mi cintura, me atrajo a su pecho abrazándome mientras yo seguía con mi mirada fija en el padre de mi amigo.

—Bella, están muy gravemente heridos. Hemos hecho todo lo que hemos podido, pero no se cuanto más puedan seguir con nosotros, el accidente ha sido...

— ¡Bella!— escuché gritar a Emmett acercándose a paso apresurado a nuestro lado— ¿Qué ha pasado? ¿Cómo están?

Me tiré a los brazos de mi hermano y rompí a llorar con todas mis fuerzas, esto no podía estar pasando, no mis padres. Emmett comprendió al instante lo que sucedía, le hizo algunas preguntas a Carlisle mientras me abrazaba cada vez más fuerte. Quería entrar a verlos, pero todavía se encontraban en observación y no teníamos permitido pasar, había que esperar y eso era desesperante, me volvería loca hasta que pudiera verlos.

Sin decir nada, Rose me sacó de los brazos de mi hermano y me abrazó llevándome hacia los asientos que allí se encontraban, pude ver que Edward trataba de consolar a Emmett, pero no era fácil, él tenía un alma demasiado alegre, cuando algo lo afectaba mucho no era sencillo que se recuperara, se parecía a Reneé en ese aspecto. Yo, al contrario, me parecía más a Charlie tanto en apariencia como en carácter: reservados, solitarios y pensábamos mucho las cosas antes de actuar.


Luego de dos interminables horas, en las cuales me las pase mirando fijamente la pared blanca inmaculada que tenía frente mío y escuchando susurros que trataban de hacerme reaccionar y los cuáles yo no podía descifrar, Carlisle se acercó a nosotros a decirnos que podíamos entrar a ver a nuestros padres. Estaban en habitaciones separadas en la sala de cuidados intensivos, Emmett pasaría a ver a Charlie y yo a Reneé y luego cambiaríamos.

Caminamos por los pasillos hasta que llegamos a un pequeño apartado donde se encontraba Reneé, mientras abría la puerta temerosa, Emmett siguió hasta la habitación de Charlie.

Ver a la hiperactiva Reneé postrada en esa cama de hospital, con la cara llena de cortes y moretones y con un respirador artificial fue un golpe para el cual no estaba preparada. Realmente, no sé qué esperaba encontrarme, pero no era esa imagen. Me acerqué hasta la cama y tomé delicadamente la mano de mi madre, sólo que no se parecía a ella, esta mano no me daba ese reconfortante calor que siempre sentía cuando la tocaba, esa sensación de estar en casa, de ser otra vez la niña pequeña que jugaba a las muñecas y que veía a su madre intentar cocinar cuando todos sabíamos que no era su fuerte el arte culinario, esa fuerza y felicidad que irradiaba por cada poro de su piel y que hacía que un oscuro y lluvioso día en Forks fuera como un hermoso día soleado y resplandeciente de colores ya no estaba, y eso hizo que mi corazón comenzara a romperse en millones de pedacitos.

Silenciosas lágrimas caían de mis ojos mientras que observaba a la dueña de una sonrisa contagiosa y de un alma tan activa que yacía inmóvil rodeada de tubos. Pasé un largo momento observándola y acariciando su mano, tratando de que el calor que recordaba volviera, pero cada vez que sentía que no pasaba, otra vez me ponía a llorar.

Emmett entró en la habitación, me tocó el hombro tratando de mantenernos unidos y cuerdos, pero creo que a esta altura, no estaba muy cuerda que digamos. Lentamente me levanté de mi asiento, besé la frente de mi madre y salí a ver a mi padre.

—Habitación 303— dijo Emmett con voz apagada. Sólo atiné a asentir y salir al encuentro del segundo momento más horrible de toda mi vida. Caminé un poco más por los inmaculados pasillos hasta la habitación de mi padre.

Pero el haber visto a mi madre no disminuyó el impacto de ver a Charlie mucho peor que Reneé.

Según lo poco que había llegado a escuchar sobre el accidente, Charlie y Reneé volvían de Port Ángeles cuando un camión se cruzó en el camino de la patrulla de mi padre, él trató de maniobrar fuera del alcance del camión y, como la ruta estaba mojada por la constante lluvia del estado de Washington, hizo que patinara y que el lado del conductor golpeara contra el camión, y luego que el lado del acompañante chocara contra un árbol. El maldito conductor del camión se había dado a la fuga, dejando a mis padres solos e inconscientes en medio de una ruta prácticamente desierta.

Y aquí estaba el Jefe de Policía de Forks, Charlie Swan en una cama de hospital vendado e igual de inconsciente que Reneé. Ver a mi padre fue más duro que verla a Reneé, mi torpeza natural la había heredado de ella, el valor y coraje para progresar y hacer las cosas que amo venían del Jefe. Pero verlo indefenso, era algo tan impropio de él que me rompió por completo.

Fui hasta su cama y tomé su mano, al igual que lo había hecho con mi madre, y fue lo mismo, no estaba el calor del hogar que recordaba sentir cada vez que llegaba al pueblo, no tenía el inconfundible olor a cuero que desprendía su chaqueta de Policía. Me senté a su lado y observé su bigote, sonreí brevemente al recordar por qué se lo había dejado. Todos los policías tienen bigotes, no puedo romper esa regla. Esa extraña forma de pensar de Charlie era una de sus mejores cualidades, sus pensamientos siempre iban en una onda diferente que los del resto.

—Papi... — lo llamé con la voz contenida. Siempre había sido una nena de papá, no en el completo sentido de la palabra, pero más o menos. Me gustaba pasar tiempo con él, sus silencios decían más que las millones de palabras que Reneé pronunciaba, no por nada me parecía más a Charlie que a ella, me gustaban los silencios reflexivos.

Una enfermera entró a la habitación poco tiempo después sacándome de mi burbuja de dolor.

—Señorita, disculpe, pero debe retirarse— dijo con voz suave.

—Esta bien— dije resignada, no quería irme de aquí, pero sabía que era poco tiempo el que me darían.— Te amo papi— dije con lágrimas en los ojos y besando su frente.

De vuelta en mi estado zombi salí al pasillo donde se encontraban todos, Rose, Esme (que había llegado en algún momento antes de que pasara a ver a mis padres pero en quien no había reparado), Carlisle (que había terminado su turno), Emmett y Edward.

Mi mejor amigo se acercó a mí y me abrazó con todas sus fuerzas y yo no pude estar más agradecida por eso. Era como si él quisiera unir todos los pedacitos de mi corazón destrozado, pero por más que lo intentara, no lo creía posible. Nadie dijo nada, ¿qué se podía decir si todo lo que podíamos hacer era esperar un milagro?

Edward me llevó a las sillas y me hizo sentarme en su regazo todavía teniéndome en sus brazos. Esme se sentó a nuestro lado y me tomó de la mano, se la apreté tratando de decirle con gestos lo que con mis palabras no lograba, quería agradecerle por estar aquí y que se quedara tranquila que "estaba bien". Esa era la mentira del siglo, y ella lo sabía, pero no podía decirle que me estaba muriendo por dentro, ella probablemente lo intuía.


Las horas pasaban y no había ninguna noticia. De vez en cuando dormitaba en brazos de Edward o de Esme, Rose estaba con mi hermano consolándolo con palabras cariñosas. Trataron de que fuera a comer o beber algo a la cafetería, pero no quería hacerlo, no quería moverme de allí. Cuando vi la cara del doctor Stevens, que atendía a nuestros padres, acercarse a dónde nos encontrábamos comencé a temblar, sus facciones me decían lo que no quería escuchar.

—Lo intentamos todo...— dijo acercándose— pero uno de los pulmones de Reneé colapsó, no pudimos hacer nada. Lo siento.

Emmett y yo nos abrazamos y rompimos a llorar, detrás mío escuché a Rose y Esme llorando. Esto no podía estar pasando. Mi madre no estaba, ya no escucharía su risa, ya no la vería dar vueltas por la cocina intentando cocinar sin quemar la casa, ya no me daría esos locos consejos suyos, ni me abrazaría. Ya no sentiría ese calor de madre que desprendía.

Rose se acercó para abrazarnos y luego se fundió en un abrazo con Emmett, ambos destrozados, igual que yo. Esme me abrazó y Edward nos abrazó a las dos mientras no podía dejar de llorar. Carlisle se llevó a su mujer a tomar aire y yo me quedé abrazada a mi mejor amigo mojando su camiseta y sin poder parar de llorar. Sólo nos quedaba Charlie, y sabía que era fuerte, pero Carlisle lo había dicho, era una situación complicada, y el pensar que también podía perder a mi papá me hacía llorar más fuerte y con más ganas.

Un par de horas después el doctor Stevens se acercó a decirnos que Charlie tampoco lo había logrado, y con eso, todo lo que amaba e importaba desapareció. Continué llorando, todos se acercaban a abrazarnos a Emmett y a mí, pero ya no era consciente de nada.

Logré sentir las manos de Edward guiándome a algún lado, pero no supe descifrar a dónde. Luego de unos minutos o quizás horas, me encontraba parada en medio de su habitación con la vista nublada de lágrimas y fija en un punto indeterminado.

Edward me cargó estilo novia hasta su cama, me recostó, me sacó mis Converse, él se quitó las suyas, y se acostó a mi lado arropándonos y atrayéndome a su pecho, le devolví el abrazo y seguí llorando. No era capaz de retener las lágrimas, tampoco podía hablar, sólo quería recostarme y ver si pegada al cuerpo de mi amigo podía recuperar el calor que parecía haber abandonado mi cuerpo desde el momento en el que recibí la llamada de Carlisle.


A los pocos minutos me desperté, o tal vez horas, sinceramente, el paso del tiempo me importaba muy poco. Seguía muy cerca de Edward, quien al ver que me había despertado comenzó a acariciarme la espalda. Lo abracé más fuerte y mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas.

—Ya Bella, cálmate— susurró Edward cerca de mi oído mientras me acariciaba —Toma un poco de agua pequeña, te puedes deshidratar, sin mencionar que no has comido nada.

Me levanté un poco y bebí lo que él me daba. Me sentí mínimamente mejor luego de un trago, pero no lo suficiente, por lo menos apagó la quemazón de mi garganta seca.

— ¿Mejor?

—No realmente... Un sorbo de agua no cerrará las heridas de mi corazón— dije con voz ronca.

—Lo sé Bella, créeme que lo sé. Ellos también eran como unos padres para mí. Ustedes son con mi segunda familia— se le quebró la voz a él también— No puedo decirte que sé cómo te sientes, porque no puedo ni siquiera llegar a imaginarlo. Pero te juro que estaré contigo siempre que me necesites. No te dejaré sola en esto, siempre juntos ¿recuerdas?

Asentí recordando la promesa que nos hicimos cuando teníamos 7 años: prometimos que pasara lo que pasara no nos dejaríamos el uno al otro, en lo bueno y en lo malo estaríamos para el otro apoyándonos.

—Lo recuerdo— susurré mirando directamente a esas esmeraldas brillantes que tenía por ojos.

—Entonces búscame Bella. Te conozco, sé que necesitas tiempo para ordenar tu mente. Sólo... no me alejes ¿si?

—Te quiero— le dije con el corazón en la mano mientras me tiraba a sus brazos y lloraba.

—Yo también te quiero Bells.

Cuando me calmé un poco más le pedí a Edward que me llevara a la casa de mis padres. Su cara me dijo que no quería dejarme allí, pero yo era testaruda, y de una forma u otra iba a llegar a mi antigua casa, a regañadientes aceptó.

Por suerte no nos cruzamos ni a Carlisle ni a Esme cuando íbamos hacia el Volvo, no creo que pudiera seguir sin llorar si los veía. Todo el camino hacía mi casa estuve en estado zombi y Edward respetó eso.

Llegamos y estacionamos frente a la casita en la que viví con mi familia durante toda mi vida. Todo me recordaba a Reneé, ella había pintado la casa de un amarillo chillón y plantado todo tipo de flores de colores en los alrededores de la estructura para poder, según ella, dar más luz entre tanta nube de lluvia.

Abracé a mi amigo, lo besé en la mejilla y me propuse a entrar a la casa. Me quedé parada en la entrada mirando fijamente la puerta, escuchaba el ronroneo del Volvo detrás de mí y la lluvia caer a cántaros. Cerré los ojos y suspirando lentamente me propuse a entrar y dejar que los recuerdos me golpearan.


Habían pasado 3 días desde la muerte de mis padres, y se podría decir que no lo estaba superando muy bien. No había llorado, no había gritado, no había hablado con nadie. Sólo me senté frente a la misma ventana durante éstos 3 días a ver la lluvia caer y recordar los momentos que había pasado con mis padres, lo que podríamos haber pasado y las cosas que ellos nunca llegarían a ver.

El teléfono y el celular sonaban constantemente y yo no hacía ni el mínimo esfuerzo por responder, sólo me levantaba cuando mi cuerpo me pedía comida —la que apenas tocaba— y algo de tomar, para ducharme y volver a sentarme para seguir sumida en mis pensamientos.

Estaba consciente de que en cualquier momento Edward llegaría, suficiente espacio me había dado para que pensara, pero no era una persona paciente y pronto estaría tumbando la puerta para, por lo menos, ver que todavía respiraba.

Emmett estaba con Rose en un hotel porque le era muy difícil pisar la casa todavía, también se encargó de todo lo relacionado con el funeral y demás cosas del Hospital. Esta tarde era el entierro, y no creía ser capaz de estar allí, ver a todo el pueblo despidiéndose de mis padres.

Por esa razón, y por muchas más que no podía siquiera comenzar a procesar, fui hasta mi antigua habitación, tomé unas cuantas cosas las puse en una mochila, agarré a Betty, mi casco rojo sangre y bajé a la cochera por Richard.

Richard era el nombre de mi adorada moto, una Honda CBX 250 Twister roja sangre como Betty, me había costado sudor y sangre primero convencer a Charlie de comprarla, y después conseguir el dinero. Trabajé en una pequeña librería de Forks luego del Instituto, más lo que ahorraba de lo que mis padres solían darme mensualmente, y así pude llegar a tener lo que necesitaba para mi bebé. Últimamente sólo la usaba cuando volvía a mi casa en las vacaciones, la sacaba a pasear por La Push, y puede que más de una vez haya agarrado las carreteras a más velocidad de la que debería, pero Richard pedía un viaje, y esta vez lo haríamos juntos para alejarnos de todo, él y Betty serían mi única compañía.

Me monté en mi bebé, me puse mi casco y con las pocas pertenencias que había en la mochila, partí a un viaje en el cual esperaba encontrarle sentido a mi vida, donde pudiera realizar el duelo a mis padres y conocer esos lugares con los cuales había soñado más de una vez.


*Queers:

La palabra queer tiene una tradición significante en inglés como "extraño" o "poco usual".

Es un término global para designar las minorías sexuales que no son heterosexuales, heteronormadas o de género binario.

*segun lo que investigue y que ahora no puedo encontrar esta es una expresion texana, ellos lo usan para decir maricon o algo asi...*


Y como regalo a TODAS las que me han dado su apoyo, el primer cap tmb...

la verdad es una emocion ver mi FF con una historia subida, sinceramente estoy que lloro de la emocion...

espero que les guste!

MUCHISIMAS gracias a todo el que lea!

sin mas, hasta prontitooo!

mil besos!

Yeya Cullen.