normalmente se me facilita mas esto de escribir, pero mi mente entro en un trance hoy. Escribí, Borre y volví a escribir este capitulo, espero que les guste, sus reviews son mas que aceptados, perdonen si es muy lento pero decidí que así tenia que ser. gracias a todas las personas que loe stan leyendo, es mi primer fic y significa mucho para mi. los dejo con mi historia, disfrutenla :)


Zuko despertó mareado, estaba jadeando y su cuerpo estaba completamente lleno de sudor. Aun no podía creer lo que había soñado, todo se sintió tan real, como si en realidad hubiera sucedido ese beso. ¿qué le estaba pasando? Hace unos meses lo quería muerto, atrapado, sufriendo, ¿y ahora lo besaba?

- fue un estúpido sueño, no pasa nada – se dijo a si mismo mientras recordaba como los sentimientos cambian en los sueños, tal vez era Mai encerrada en el cuerpo del avatar, era un pensamiento estúpido, pero fue la única razón por la que encontró para justificar el beso con el monje.

El maestro fuego empezó a quitarse sus prendas mojadas por el sudor, tenia un dolor de cabeza terrible y sentía el cuerpo cortado, como si alguien se hubiera metido a su cuerpo rompiéndole cada uno de sus huesos. Tenia mucho calor y se quedo recostado en su cama, hasta que escucho un sonido.

- Zuko, ¿estas adentro? – era el pequeño monje, el dueño de sus dolores de cabeza el que tocaba la puerta. Zuko no sabia si estaba preparado para verlo.

- si Aang, pero es mejor que te vayas, me encuentro mal y necesito descan…- el príncipe no pudo terminar la oración, porque el avatar ya se encontraba ahí, parado enfrente de el, justamente como en el sueño, pero esta vez no se iban a tropezar ni besar por accidente, o al menos eso quería Zuko.

-¿qué tienes? ¿por qué estas tan pálido? ¡necesitamos ayuda! – el pequeño monje no dejaba de hacerle preguntas y gritarle, el príncipe se exaspero.

- escucha pequeño niño calvo, estoy bien, solo tuve un sueño muy raro y acabo de despertar, de hecho tu fuiste quien me despertó - sabia que le estaba mintiendo, pero no soportaba tener en carne y hueso a alguien que deseo tanto toda la noche, Zuko necesitaba que Aang se fuera y lo dejara calmar sus pensamientos – por eso te pido que te retires, necesito descansar un poco mas.

- yo… lo siento Zuko, tratare de no venir mas por las mañanas – dijo con un tono de voz triste y salió de la tienda.

La luz del sol, por primera vez, le molestaba. El príncipe estaba acostumbrado a levantarse temprano y ejercitarse, pero esta vez no tenia ganas. Se quedo dormido, y perdió la noción del tiempo. Cuando se levanto se puso una bata que había conservado desde que se revelo a su padre y salió de la tienda.

El maestro de fuego se llevo una sorpresa al saber que no estaba solo, Aang se había quedado afuera esperándolo. ¿por qué ese chico tenia que ser tan bueno, tan puro, tan perfecto? Zuko le había gritado y ofendido y el solo se quedo ahí para asegurarse de que todo estuviera bien.

El avatar era un joven sabio y muy persuasivo, se encontraba sentado en un tronco, dándole la espalda a la tienda de campaña, y por lo tanto a Zuko. No hizo falta de que este hiciera algún ruido, simplemente Aang sabia que se el príncipe estaba ahí.

- sabes, yo también tuve un sueño muy extraño, no se si fue un sueño, pero se sintió como uno. – dijo el ultimo maestro aire mirando hacia el suelo.

-¿cómo no puedes saber que es un sueño? ¡Es ridículo!

- anoche, ¿recuerdas lo que te dije? – pregunto el avatar, levantando su cabeza del suelo y volteando a ver a los ojos a el príncipe. Algo que el no podía resistir.

- ¿lo de Katara?

- si, la verdad mas que una explicación, era una confesión. Jamás le dije eso a alguien y me sentí muy mal, entre al mundo de los espíritus buscando ayuda – entonces el avatar le conto todo a Zuko, le conto sobre el sueño, sobre Yue, sobre la persona misteriosa, sobre todo. El avatar pensaba que el beso que recibió fue por parte de Katara, pero Zuko sabia que no fue así. Ahora lo comprendió todo, el sueño se sintió tan real, el beso se sintió verdadero porque fue así… los espíritus los ayudaron a encontrarse. Las conclusiones del avatar estaban completamente erróneas, el y Zuko en realidad se habían besado, dos veces, la noche anterior. - pero eso no importa – dijo el avatar interrumpiendo los pensamientos del joven príncipe – ¿tu dolor ya paso?

- si, como te dije solo me levante de mal humor, no es nada – mintió el príncipe, ¿cómo le diría la verdad? ¿qué le diría? "me levante mal porque nos besamos en mis sueños y no podía dejar de pensar en eso, pero ahora que me contaste, veo que no fue solo en mis sueños, ahora ven y besémonos en el mundo real" no, claro que no, esto era demasiado para manejar, los espíritus los querían juntos ¿pero el mundo no? Contarle la verdad a Aang le causaría mas problemas, además, el avatar no lo reconoció, se fue por la salida fácil y pensó que fue la maestra de agua. Lo mejor era guardar ese pequeño secreto, tenia que proteger su relacion. Le tenia que decir una mentira rápido para que Aang no preguntara mas cosas sobre ese sueño, o bueno ahora no estaba seguro de que eso fue – en realidad soñé con mi padre, casi siempre lo hago, pero esta vez no me atacaba a mi, atacaba a mi tío, por eso me sentía tan mal en la mañana – en parte, no era del todo mentira. Zuko siempre soñaba con su padre, soñaba con el día que se le enfrento, el día que esquivo su rayo, a diferencia que en sus sueños no lo hacia, ahí siempre terminaba completamente lleno de sangre sobre el piso.

El avatar se levanto del tronco y fue caminando hacia su sifu, puso una mano en su hombro, y las palabras sobraron, se quedaron en esa posición durante un buen rato.

Llego la noche, la hora donde se volvería a encontrar con el avatar, estaba sentado en el tronco en el cual el monje había estado unas horas atrás, cuando vio a el pequeño bajando de su planeador naranja y aterrizando a unos pasos cerca de el.

- hola sifu, ¿cómo sigues? – el avatar cerro su planeador y se sentó en un tronco cerca de Zuko.

- mejor, ya no siento nada, pero creo que de eso ya hablamos suficiente, has aprendido bastante estos últimos días y creo que es necesario un combate entre nosotros. En pocas semanas te enfrentaras a mi padre y es mejor que tengas la practica suficiente. – las verdaderas razones de Zuko eran bastante diferentes. No quería tener que enseñarle movimientos a Aang, no quería estar cerca de el, no quería poner sus brazos alrededor de los del niño para mostrarle movimientos como las noches anteriores. No se sentía preparado, la verdad el príncipe no confiaba en sus instintos. Menos al saber que la noche anterior lo beso, y se sintió tan… bien.

- tu eres el maestro, tu sabes que hacer.

Entonces el príncipe cambio completamente su posición, ahora tenia una pose de batalla, con los brazos en frente y las piernas bien posicionadas al suelo, como retando al joven avatar, pero este no se movía. Ninguno de los dos quería empezar, pero el príncipe sabia que tenia que hacerlo, lanzo una gran bola de fuego hacia su oponente, pero Aang solo la esquivo. El príncipe fue moviendo mas sus manos, cambiando de posición, logro lanzar unas bolas mas, pero el avatar solo las esquivaba.

- ¡ataca cobarde! Tu aire y tierra control no te servirán siempre – Zuko estaba irritado, muy irritado. Siempre que se enfrentaba a Aang el niño no atacaba, solo esquivaba y con su gran agilidad salía volando por los aires. Pero ahora el sabia fuego control, podía defenderse, el príncipe sintió una gran ansiedad y entonces ocurrió…

lanzo una llama de fuego gigante, esas que solo usaba cuando peleaba con Azula, cuando en serio estaba enojado por alguno de sus comentaros hirientes y quería hacerle demasiado daño, pero el avatar dio un montón de volteretas por el aire y lanzo algunas piedras, logrando esquivarla.

-¿por qué nunca atacas? ¡eres un cobarde! Siempre huyes de la realidad. – el príncipe Zuko se fue acercando al lugar donde el avatar estaba parado, caminaba con mucha furia y las palabras que salían de su boca tenían mucho odio, sus pasos eran firmes y fuertes. El avatar no quería escapar una vez mas, sabia que no le haría daño, solo se quedo parado con los ojos llorosos por el miedo. – ¿por qué no ves lo que pasa en realidad a tu alrededor? las cosas no son fáciles siempre. Hasta los espíritus te lo trataron de decir, pero como siempre ¡escapas! – las palabras de Zuko no solo se referían a el combate que acababa de pasar, se referían a que el joven avatar no se había dado cuenta de lo que estaba pensando, de que en aquel beso no había besado a Katara, si no a el.

- ¿ de que hablas Zuko? ¿Que me dijeron los espíritus?

Eso fue demasiado, Zuko avanzo los pasos que separaban a el y a el joven avatar, tomo su rostro con las manos y planto sus labios en los de el.


continuara...