Bella.

Me enrollé la toalla alrededor del cuerpo y salí del baño con lentitud.

Me avergonzaba confesar que luego de la visita de Edward, había estado inquieta durante una hora, para finalmente recurrir a una ducha como último recurso para tranquilizarme.

Es hombre me ponía los pelos de punta.

Y sus besos…Dios mío, esos besos. Era como si el mundo completo desapareciera. Como si solo existiéramos él y yo. Nadie más.

Pero luego se marchaba, y me dejaba con la cruda realidad frente a mí.

Él era un secuestrador, yo era su víctima. Y aquello no estaba bien.

Lo que yo sentía no estaba bien.

Me senté en la cama, mientras me secaba el cabello con otra toalla.

Necesitaba de verdad poner en orden mis ideas, si no, estaría perdida.

Solté un jadeo cuando Edward entró de golpe en la habitación.

Su cara no reflejaba absolutamente nada, pero sus ojos lucían furiosos, lo cual me paralizó.

-Nos vamos.-Fue lo único que dijo, y yo abrí los ojos como platos.

-¿Me dejarás ir?-Preció todavía más molesto, se acercó hacia mí con rapidez.

-No, te quedarás conmigo. Pero no aquí, nos vamos.

-¿A dónde? ¿Por qué?

-Deja las preguntas para más tarde.

-Pero no tengo ropa…

Edward pareció exasperado, y sacó una llave de su bolsillo mientras se acercaba a la puerta que siempre había estado cerrada.

Luego de abrirla, entro en lo que efectivamente era un vestidor, y volvió hacia mí con dos prendas de hombre en las manos.

-Póntelas.-Ordenó mientras dejaba caer una camisa blanca y una enorme chaqueta de cuero marrón junto a mí.

-Date la vuelta.

Grité cuando en un brusco movimiento me sacó la toalla, dejándome completamente desnuda frente a él, para luego colocarme la camisa de la misma forma.

No se me escapó lo oscura que se volvió su mirada en cuanto clavó sus ojos en mi cuerpo, pero su tensión no desaparecía.

Me enfundó en aquella enorme campera de cuero y me tomó en brazos.

Decidí no gritar, pues Edward parecía muy enfadado, y hasta algo preocupado.

Enterré mi rostro en su pecho, mientras lo sentía moverse por la casa.

-Edward, ya están en la puerta de adelante. Tendrás que salir por detrás.

No alcé la vista para ver al dueño de la voz.

Edward insultó largo y tendido, mientras cambiaba la dirección de sus pasos.

-¿Qué harás con ella?-La voz del otro hombre, a nuestra derecha, parecía algo molesta y preocupada.

-No es tú problema, Emmett.

-Edward, sólo será un estorbo. Déjala aquí, la policía la encontrará y la devolverán a donde sea que deba estar.

-Debe estar aquí, porque es mía. Y esta conversación se acaba aquí, Emmett.

Abrí los ojos como platos, y cuando levanté la cabeza, Edward colocó una de sus manos en mi nuca, obligándome a enterrar mi rostro en el hueco de su cuello nuevamente.

-¿A dónde vamos?-Mi voz sonaba amortiguada contra su piel, y lo sentí estremecerse.

-Te lo diré luego.

-Pero-

-Luego.

Evidentemente, Edward era uno de aquellos hombres que estaban acostumbrados a ser obedecidos en todo, sin discusiones.

Frustrada, cerré los ojos, inhalando su embriagador aroma.

A mi alrededor solo distinguía una gran cantidad de movimientos y voces gritando órdenes, y volví a alzar la cabeza cuando Edward entró conmigo en un coche.

Antes de que siquiera hubiera cerrado la puerta, el coche ya avanzaba a toda velocidad por las calles de Londres, y me estremecí al sentir el frío en mis piernas desnudas.

Edward me sostenía sobre sus piernas, como una niña pequeña, y me sentía extrañamente segura.

-Tengo frío.

-Lo sé. Lo siento, pequeña, no podíamos estar más tiempo allí. Prometo conseguirte ropa en cuando lleguemos-Murmuró mientras acariciaba mis piernas con lentitud, haciendo que me acalorara en solo unos segundos.

Me derretí entre sus manos y ante su dulce trato, mientras apoyaba mi cabeza en su pecho nuevamente.

-¿Me dirías a dónde estamos yendo, por favor?

-A la Isla Esme. Es una Isla cerca de Río de Janeiro. Lleva el nombre de mi madre.

-¿Y por qué vamos allí?

-Porque hay gente que me está buscando.

-¿Por qué te buscan?

-¿Por qué haces tantas preguntas siempre? Pareces una niña de diez años.

-Respóndeme.

-Porque hice cosas malas.

Fruncí el ceño.

-¿Qué cosas?

-No quieres saberlo.

-Si pregunto es porque quiero saberlo.

-Isabella, basta.

Me enfurruñé.

-Quiero saber. Necesito saber quién eres.

Edward suspiró, mientras apoyaba su mentón sobre mi coronilla.

Luego de un par de minutos de silencio, en los cuales supuse que no retomaría la conversación, volvió a hablar.

-Soy un mafioso.

Ok, bien. ¿Un mafioso?

Sí, eso dijo. Era un mafioso.

Abrí los ojos como platos, y me enderecé en su regazo, mirándolo fijamente.

-¿Un mafioso?

-Exacto.

-¿Como El Padrino?

Edward frunció el ceño, y luego soltó una carcajada.

-Exacto. Como el Padrino…

Sé que debería estar aterrorizada, pero la idea me parecía simplemente alucinante.

-Nunca antes había conocido a un mafioso.-Murmuré ladeando la cabeza, y Edward me observó con un brillo extraño en los ojos.

-Gracias a Dios. Normalmente no solemos ser muy… Agradables.

-Tú fuiste agradable conmigo.-Él levantó una ceja y me apresuré a corregirme-Todo lo agradable que puedes ser un secuestrador con su cautiva, obviamente.

Soltó una carcajada, pero se puso inmediatamente serio cuando clavó sus ojos en la ventada.

Seguí su mirada y me encontré con que estábamos en una gigantesca pista de aterrizaje.

-Vamos.-Me tomó en brazos y bajó del coche, caminando con rapidez hacia un enorme avión blanco que se encontraba a unos cincuenta metros.

-Sé caminar.

-Pero estás descalza, y te lastimarás los pies.

Decidí no discutir más, pues sabía que tenía razón.

Extrañamente dulce para ser un mafioso.

Edward me depositó sobre el primer escalón de las escalinatas del avión.

-Sube, iré en un segundo-Edward me instó a subir, y dirigí una mirada hacia atrás.

Si comenzaba a correr ahora, y lograba no tropezarme, quizás llegaría lo suficientemente rápido a una calle o autopista antes de que antes me atrapara.

-Isabella, ni siquiera lo pienses. Al avión, ahora.

Edward colocó una de sus manos en mi baja espalda, empujándome suavemente hacia la escalinata.

Sin más opciones, subí al avión, aterrorizada ante el pensamiento que cruzó por mi cabeza en ese momento.

A pesar de haber podido escapar, no lo habría hecho.

Porque no deseaba hacerlo.

.

Edward.

-Me comunicaré con Jasper en cuanto llegue a la Isla Esme. Y dile a mi hermana que no enloquezca, por favor.-Terminé de decirle Emmett antes de subir al jet privado, buscando a Bella con la mirada.

Mi castaña se encontraba echa un ovillo en uno de los asientos más lejanos.

Su mirada estaba perdida en la ventana a su izquierda, y ni siquiera reparó en mi presencia.

¿Me odiaría ahora que sabía qué era?

Ella ya te odia.

Eso era cierto…

Suspirando, me senté junto a ella, mientras se giraba hacia mí para mirarme con curiosidad.

-Nunca había estado en un avión tan cómodo. Viaje a América en clase turista una vez, y tuve que sentarme en medio de cinco personas. Fue espantoso.

Solté una carcajada.

-Es un jet privado.

-Tenía que serlo…-Murmuró mientras volvía la vista a la ventanilla.- ¿Cómo es eso de la mafia?-Preguntó luego de unos minutos de silencio.

-¿Perdona?

-El crimen organizado, ¿Cómo es?

Fruncí levemente el ceño, mientras pensaba.

-Es bastante simple en realidad. Hago cosas ilegales que me dejan mucho dinero, y luego le doy un porcentaje de ese dinero a gente con poder para que no me denuncien.

Asintió levemente, mientras se mordía el labio con fuerza.

-¿De quién escapamos hoy?

-De la policía.

-¿Y no podrías simplemente darles dinero y… quedarte en tu casa?

Lógico. Era una chica inteligente.

Negué con la cabeza, mientras comenzaba a abrocharle el cinturón de seguridad.

-Es una larga historia.

-Deja de tratarme como si fuera una niña-Murmuró moleta, intentando quitar mis manos.

Yo solo sonreí, sin hacerle caso, y ella se aferró al asiento con fuerza en cuanto el avión comenzó su despegue.

-¿Acaso no lo eres?-Seguí hablando para distraerla de su evidente pánico, y tomé su mano entre las mías.

-Edward, tengo veintitrés años.

-Veintidós.

-Cumpliré veintitrés en solo unos días. ¿Y tú cuántos años tienes? No creo que seas tan viejo como para considerarme una niña.

-Veintisiete. -Bella inclinó la cabeza, estudiándome con atención, olvidándose por completo de la vertiginosa velocidad que en ese momento tomaba el jet.- ¿Ves algo que te guste?

Ignoró mi broma, rodando los ojos.

-Siempre me imaginé a los mafiosos como hombres gordos, con bigote, y mucho olor a puros. Tú no tienes olor a puros.

No pude evitar soltar una carcajada.

Increíble, teniendo en cuenta que en ese momento estaba huyendo de mi peor enemigo, pero con Isabella era así.

Me hacía sentir ternura.

Ternura.

Algo que nunca imaginé volver a sentir desde aquel fatídico día a mis 16 años.

Isabella me hacía sentirme…vivo.

-Gracias por los cumplidos, pequeña. Creo que consumes demasiadas películas Americanas.

-Oh, sí. Adoro ver películas.

-Y leer.

-Por sobre todas las cosas.

-¿Cuál es tu libro favorito?

-Cumbres borrascosas y todos los libros de Jane Austin.-Dijo sin dudar.-Cuando tenía catorce años mi madre me regaló una colección con seis de sus libros, fue el día más feliz de mi vida.

De pronto, su mirada se ensombreció, y desvió la vista.

-¿Estás bien?

Soltó una risita nerviosa y sacudió la cabeza.

-Estoy bien.

-Cuéntame.

Se mordió el labio, mientras paseaba sus grandes ojos marrones por mi rostro con nerviosismo.

-Es solo que… mi madre nos abandonó a mí y a mí padre dos semanas después de eso. Y recién ahora entiendo el significado de los libros. Un regalo de despedida.-Comentó con amargura.-No entiendo cómo no se me ocurrió antes.

Inspiré hondo, sintiendo parte del dolor que en ese momento inundaba sus ojos.

-Quizás quería que tuvieras algo para recordarla.

-¿Y qué tal si yo no quería recordarla?-Susurró con un hilo de voz, y me apresuré a estrecharla entre mis brazos cuando una pequeña lágrima resbaló por su mejilla, posando una mano sobre su nuca y acariciándola con suavidad.-Lo siento, en serio. No…Dios, hace años que no lloro por eso, ¿Porqué lo recuerdo ahora?-Murmuró, molesta consigo misma.

-No lo sientas, es perfectamente entendible.

Sacudió la cabeza mientras se apoyaba en mi pecho.

-Edward…

-¿Sí, Bella?

-Tengo sueño.

-Duérmete, cariño.

Se acomodó mejor entre mis brazos, suspirando.

-¿Edward…?

-¿Sí?

-¿Hablabas en serio?

-¿Cuándo?

-Hoy. Le dijiste a ese hombre que debía estar aquí porque…porque era tuya. ¿Hablabas en serio?

-Por supuesto que sí.

-¿Por qué dices que soy tuya?

-Porque lo eres. Ahora duérmete.-Murmuré, mientras la estrechaba más fuerte entre mis brazos.

.

Did you like it?

Ok, estoy hecha una loca con el inglés, porque me saqué un 100% en mi examen y bueno, debo ostentar JAJAJAJ volviendo a lo importante, ¿Les gustó el capitulo? Dios, cada día amo más a Edward Sexi Cullen, ¿Y ustedes?. Ah, quería comentarles que estoy en un dilema. La cosa es así: Yo no aguanto para que Bells Y Edward estén juntos, ya saben, juntos juntos. Pero tampoco puedo dejar el realismo de lado, ya que hay que recordar que nuestro nene la tiene secuestrada, por lo que no podemos esperar a que Bella se lance a sus brazos a la primera de cambio, ¿Entienden lo que les quiero decir? En fin, ya lo voy a resolver y veré como hago para que todo quede hermoso*.*

Y a ustedes también las adoro más cada día, sus reviews son tan askjdlkasjd son lo mejor que existe, fin del asunto.

Infinitas gracias por leerme.

¡Besos a todas! Emma.