En verdad rompí record y pude actualizar todo el día de hoy, así que me siento feliz, espero que ustedes también lo estén y bueno nos vemos abajo.

Discleimer... Nada me pertenece todo es de Nick y Craig.


CAPITULO UNO.

¡Zaz! el golpe con su mano hizo volar el plato que llevaba en mi mano y se impactó en mi mejilla haciendo que todo lo que llevaba en mis manos cayera al suelo haciendo un desastre, lo que me hace patinar y caer al suelo mientras mis manos se estrellaban en el bol de cristal que llevaba en la otra mano de modo que siento que los pedazos de cristales se incrustan en mi carne. Miro hacia arriba esperando el ataque de modo que me muevo con mis pies para huir de su cercanía.

- Limpia el desastre que hiciste, Helga – refunfuña pateando el plato del suelo y los cristales que llovieron hacia mí, mientras me mira aun sentada en el suelo ignorando la sangre que sale de mi mano y ensucia las baldosas.

- Está bien mamá – le digo mirando el desastre a sus pies. Ella se da la vuelta, y su pose denota amenaza, eso me hace encogerme.

- ¿Me estas respondiendo?

- No mamá lo siento – digo en tono adulador, odio hablarle así, pero es mucho mejor a enfrentarla, esta es la mejor manera de enfrentar la marea de emociones que mi madre manejaba entre un segundo y otro. Ella barre con su mano la mesa y las cosas que hay sobre ella caen como proyectiles sobre mí y me encojo, después de lo que parece una eternidad escucho sus pasos que se dirigen a la sala y cuando la televisión hace ruidos, se que el peligro ha pasado.

Tomo un trapo y aprieto mi mano, mientras comienzo a juntar los objetos y suciedad del suelo, los platos que no se quebraron los levanto y amontono la comida en ellos para colocarlos en el fregadero. Abro la llave y permito que el agua refresque mi herida mientras la sangre se diluye con el fresco líquido.

Cuando he detenido el sangrado amarro un trapo limpio de la cocina y termino de limpiar el desastre, levanto los frascos blancos de medicamentos de distintos tamaños y los acomodo en la mesa, del modo que ella sin leerlos pudiera reconocer cual era cual, cuando termino de limpiar mi mirada viaja al patio trasero donde un viejo columpio me recuerda mejores tiempos.

Subo al piso superior y entro a mi habitación y busco bajo la cama mi botiquín personal, este que me ha salvado casi diariamente, limpio con un poco de alcohol mi herida y retiro un par de pequeños vidrios que no salieron con el agua, cuando está limpio coloco una gasa y un vendaje, que oculto con un pequeño guante de colores que tiene libres los dedos.

En el momento que coloco la caja de medicinas en su lugar, recuerdo la foto que esta debajo del colchón y que se asoma levemente de una esquina. La miro con nostalgia y me abrazo a mis rodillas, siento que esa foto fue tomada hace una eternidad, cuando la vida era feliz, era diferente, cuando era parte de una familia.

La fotografía había sido tomada cuando yo tenía nueve años, allí estaba yo en los brazos de mi padre que lucia sonriente y abrazaba a mi hermosa madre de su hombro, ella sonreía, feliz y radiante y estaba muy, muy embarazada y en el suelo estaba sentada mi hermana mayor Olga que estaba recargada en las piernas de mamá mientras abrazaba a nuestro perro Jumper.

Estaba por pasar a quinto grado, muy pronto sería alumna de ultimo año y pasaría a la secundaria, que por las palabras de Olga era la mejor experiencia de la vida, ella estaba por terminar la preparatoria, y yo iba siguiendo sus pasos, mi hermana la líder de porristas, la mas genial y popular de todo Hillwood y era mi hermana.

El día que la foto fue tomada mi padre trajo una sorpresa para mí, adelanto de mi cumpleaños que era hasta febrero, pero mi padre no podía esperar, aunque sabía que era idea de Olga. Ambos querían que esta sorpresa la tuviera antes de mi cumpleaños y apenas era septiembre, pero querían que lo tuviera antes de que la nieve cayera.

Mientras cambio mi ropa y me preparo para salir a la escuela me acerco a la ventana que da al patio y miro el columpio, mi sorpresa de cumpleaños número 9. Es uno de esos resistentes en forma de A con dos asientos uno al lado de otro, cuando lo vi por primera vez supe que fue hecho para durar largo tiempo, aun ahora parece el mismo, solo la pintura descolorida dice su verdadera edad.

Los fuertes hombres que lo trajeron lo aseguraron en cemento para que no se volcara, me dijeron que tenía que esperar tres días para poder columpiarme en él, pues debía dejar que el cemento se endureciera. Tres días cuando tienes nueve años y tu obsequio de cumpleaños delante de ti, es una eternidad. Pero en tres días aprendí que una eternidad de cambios puede ocurrir.

Escucho la puerta abrirse y se que mi padre ha llegado, la voz de mi madre resuena sobre el ruido del televisor y se que comenzarán a discutir, tomo mi mochila y mis cosas y salgo de la casa, aun es temprano aun para mi viaje a la escuela, de modo que me dirijo a mi viejo amigo y aunque parece demasiado tonto que una chica de diecisiete años tenga como mejor amigo un objeto inanimado, más cuando hoy es el primer día de mi último año de preparatoria.

Ignoro lo que la sociedad piense de mí, como lo he hecho durante mucho tiempo, ignoro la llovizna que siempre está presente el primer día de clases y comienzo a columpiarme, poco a poco hasta que el viento helado y la lluvia me hicieron llorar los ojos y lo frío de la cadena enfría mi herida, el aire helado enfría mi rostro y el golpe de mi madre en mi mandíbula que inicio todo el problema en el desayuno, comenzaba a doler y probablemente se transformaría en un moretón para cuando llegara a la escuela.

Continuo balanceándome mientras la voz de mis padres surca el cielo y escucho sus gritos, pero sobre el ruido no escucho el golpe característico de la mano de mi padre contra la piel de mi madre, poco a poco los gritos se detienen y veo la luz de la habitación de mis padres encendida y el llanto de mi madre en la sala, mientras el columpio se detiene el alivio me inunda pues sé que la ira de mi madre no se descargará sobre mí, por lo menos no hoy pues tengo que marcharme a mi primer día del último año.

- Ugh – murmuro mientras camino rumbo a la escuela.

Entro por la puerta trasera para tomar mi mochila con temor, no quiero que mi madre me escuche, así que cruzo con cuidado hasta la puerta delantera, el agua en el baño decía que mi padre se estaba duchando, de modo que tenía tiempo de irme sin que me viera.

Me coloco frente al espejo antes de salir y veo la ropa que tome del armario, era lo mejor que tenía, aunque mi padre tiene suficiente dinero, olvidaba dejarlo y yo no tenía el valor de pedirle a mi madre, de modo que lo que vestía era lo mejor que tenía, el ruido en la sala me hace saltar y tomo mi sweter y salgo con la mochila en el hombro rumbo a la escuela, a enfrentarme a mi último año.

o.o.o

Odio la escuela, creo que lo hago desde hace años, pero principalmente desde que entramos de nuevo para iniciar la secundaria. Se que el último año de preparatoria será el peor de toda mi vida, al entrar en el corredor siento en el aire el entusiasmo de los que pasamos a ser de último año, el temor de los que inician sus cursos y la apatía por los que pasaban a otro año antes del final.

- Cuidado fenómeno – me dice alguien mientras me hace zancadilla, pero por suerte no caigo, soy empujada por alumnos de primer año que pierden el interés en mí, el paso del año escolar me dirá a quién me puedo acercar y de quienes debo huir.

Recuerdo que a mi madre lo que menos le importaba era que su hija adolescente estuviera creciendo, eso no entraba dentro de su agenda, de modo que una mañana de pronto la ropa ya no me quedo, el pantalón no me cerraba y la playera me quedaba arriba del ombligo. Sabía que mi madre no me daría para comprar ropa nueva, de modo que me convertí en una ladrona, tomando del dinero que mi padre le dejaba y tome doce dólares para ir a la tienda de segunda para comprar un poco de ropa para ir a la escuela, algo que me llevo a vivir muchos días con una enorme cantidad de culpa.

Me aparto de ellos y veo a Rhonda Wellington Lloyd viniendo por el pasillo, rodeada de sus fanáticos, esa es una excelente razón para darme la vuelta y huir a pies de polvorosa en dirección contraria, por lo visto no me ha visto, así que alcanzo las escaleras y hago mi retirada por ellas hacia el segundo piso, lo que se me hará llegar a mi primera hora tarde, odio hacerlo pues evito llamar la atención lo menos posible y esto pondrá los sensores sobre mí.

Rhonda es mi principal… enemiga, aunque no sé si puedo o debo llamarla así, pues hubo un momento en que fuimos amigas, aunque eso sucedió hace muchos años, antes de entrar en la escuela secundaria, cuando volvimos ambas éramos diferentes. Por alguna razón yo comencé a desagradarle a partir de nuestro primer día de escuela, recuerdo que la vi llegar despampanante con su cabello negro cayendo en cascada sobre sus hombros y riendo rodeada de los que fueron nuestros compañeros de clase y quienes en un tiempo también fueron mis amigos.

Por alguna razón comenzó a lanzar dardos contra mí haciéndome acreedora de los más horrendos chismes lo bueno era que estábamos por terminar nuestro último año de secundaria y sabía que después todo sería diferente, pero y al verla llegar a nuestro primer año de preparatoria despampanante y confiada y eso trajo una racha de crueldad y me hizo ser un blanco perfecto para su crueldad.

Cuando llegue a su grupito de chicos recién ingresados a la preparatoria, todos guardaron silencio y me miraron y después a ella.

- ¿Qué estas haciendo aquí? – me pregunto despectivamente – No pertenece a nosotros. – mire a los demás esperando a que me defendieran o por lo menos dijeran algo habíamos crecido juntos, eran mis amigos, pero al final todos cedieron al poder y malicia de Rhonda de modo que me di vuelta y me marche humillada.

A partir de ese momento ella comenzó a ser cruel, al parecer su padre le había hablado de mis padres y los problemas que estábamos viviendo, comenzó a decir sobre mi padre alcohólico y mi madre drogadicta, ni siquiera pude defenderme pues yo era consciente de esa realidad en casa. Claro ella no sabía la historia completa, de cómo mi hermana había huido con Jumper a su lado mientras me abandonaba prometiendo volver para llevarme cuando se estableciera, de eso hacía más de cuatro años y no había sabido más de ella, pero no le daría más armas para atacarme.

Con su maldad y su aplastamiento diario, mi autoestima comenzó a caer y no tuve la fuerza para levantarla, no luche cuando me molestaba o insultaba, pronto fui la burla de Paty y todos los demás, a veces veía a Harold o a Stinky mis antiguos compañeros mirarme con lastima, pero ninguno hacía nada para detenerla y pronto todos en la escuela se hicieron parte de sus juegos, debo decir que fue sorprendentemente rápido como todos se prestaron a sus juegos, y me volví el saco de boxeo favorito de toda la escuela, aunque había otros inadaptados, yo era el premio principal.

De modo que cada día es un juego de supervivencia, he aprendido a ocultarme e intentar pasar desapercibida, trato de no estar cerca de los lugares donde ella esta o puede estar, no le he dicho nada a mis profesores porque no quiero que llamen a mis padres, esto me podría ocasionar más problemas y golpes de los que deseo tener, que en realidad no deseo ninguno.

Creí que las cosas con el paso del tiempo cambiaran pues todos maduramos ¿no? pero de pronto todos los que fueron mis amigos, se convirtieron en mis verdugos, de modo que huyo todo el tiempo de los insultos y empujones que terminan dejándome moretones en cada parte del cuerpo.

Mi cabello rubio ha crecido mucho, agradezco eso porque se convierte en un velo para esconderse, al principio lo llevaba en un par de coletas, pero después de estirones y chicles en mis broches decidí llevarlo suelto y eso lo hace un blanco fácil para el que quiera tirar de él.

Mientras corro por los pasillos intentando ocultarme y pasar desapercibida para pasar a mi siguiente clase, con la cabeza gacha e intentando mirar todo lo que me rodea para evitar el peligro, y las señales de un próximo ataque, y es en ese momento cuando lo veo.

Arnold Shortman

Me quedo congelada donde estoy y lo miro fijamente con la boca abierta, su vista me trae recuerdos olvidados en mi mente, que se pasaron hace muchísimo tiempo.

Él y yo fuimos juntos a la escuela desde el jardín de infantes, desde que tengo memoria fuimos amigos y cuando no estábamos juntos él estaba con su mejor amigo Gerald Johansenn, quien entro en nuestra escuela preparatoria el año anterior, pero pareció olvidarme, pero eso sí, nunca fue parte de lo que me hacían, pero siempre me aparte de su camino, era demasiado grande y fortachón que por mi seguridad huía de él. Arnold era ese tipo de chicos con el que todos quieren estar, de ese tipo que es popular por naturaleza pero sin importarle si lo era. Había admirado su buen humor y amistad en esos momentos en que mi vida se había oscurecido, el me trato amablemente hasta que se marchó y salió de mi vida.

Cada día durante meses me hablo, aun cuando yo intentaba ocultarme y pasar desapercibida pues los problemas en la casa, el me invitaba a jugar a la pelota y durante el almuerzo se sentaba junto a mí, cuando estábamos en febrero de sexto año, el me dio una tarjeta de San Valentín, una hermosa tarjeta que el hizo con sus propias manos, no era de esas baratas, sino una especial, hecha para mí y eso me dio la esperanza de que quizá sentía algo por mí, como yo lo sentía por él desde tiempo atrás.

También recuerdo mi primer y único beso, ese que le di en el armario de los abrigos, eso me hace sonrojarme mientras lo miro y recuerdo los siguientes días en la hora del recreo mientras el sostenía mi mano mientras íbamos al área de juegos, no hubo otro beso, solo hablábamos de lo que un niño suele hablar, quizá ambos éramos muy tímidos para volver a intentarlo.

Se había mudado ese mismo verano, no lo supe hasta que regresamos de vacaciones y el había desaparecido y toda mi vida cambio.

Pero aquí está ahora, estoy segura de eso, es él.

Ha crecido mucho, es alto, quizá mida como metro ochenta, su cabello rubio es corto a los lados y tiene picos en la parte superior de su cabeza, mientras pasa su mano por él puedo ver que es ese tipo de peinados que te hace pasar horas frente al espejo para que sea perfecto, su espalda es ancha y sigue teniendo la misma extraña cabeza de balón que siempre me gusto de él, su mandíbula es fuerte y su sonrisa resplandeciente, la promesa del chico lindo se ha convertido en un joven increíblemente hermoso.

Se rie de algo que alguien le dice y me doy cuenta que es la misma sonrisa que recuerdo, frente a él esta Johannsen y ambos son parte de un recuerdo que hay en mi mente, me quedo aquí mirándolo fijamente, olvidando protegerme de codos y pies en mi camino, así que cuando un codo llega y me tira mis libros, desparramándolos en el suelo, no estoy preparada. El ruido de la caída llama su atención, sus ojos se encuentran con los míos y veo un destello de reconocimiento y en su boca se forma una sonrisa perpleja en su boca, lo veo mirarme sorprendido. Me siento horrorizada y recojo todo con rapidez y huyo por las escaleras, me siento avergonzada y lo único que no quiero es que sepa en el deporte en que me he convertido y no quiero que se dé cuenta de esto.


En verdad esta será una historia muy diferente, en lugar de ser la abusona, es la abusada, y pues hay que notar que esto es parte de nuestra sociedad y si en donde tu vas a estudiar o trabajar ves que abusan de alguien o se burlan no seas parte de esto, mejor hay que ver porque lo hacemos ¿no?

Disfruten la lectura, espero sus REVIEWS que son en verdad de gran animo para mí y nos vemos en un mes...

Saludos y que tengan un excelente fin de semana.

IRES