Un Hogar Vacío

Por: Balthezarian

Traducción: Mya Fanfiction

Nota de la Autora: para responder a la inevitable pregunta del tiempo, esta historia comienza apenas un año después de la saga de Buu.

Nota de la Traductora: Acá me tienen con un nuevo trabajo que espero estar trayéndoles todas las semanas. Aprovecho para darle las gracias públicamente a mi Beta estrella la Gran Schala S que me va a acompañar durante toda esta travesía, este es uno de los fics que más me han gustado y que tú estés allí, guiándome, encontrando los errores y señalándomelos como solo tú sabes hacerlo me emociona mucho, ¡No sabes cuánto!

Y por supuesto, a Balthezarian, por permitirme traerles esta maravillosa historia a ff . net en español.

Link al original: fanfiction(punto)net/s/4656565

Capítulo 01:


—¡Por última vez, mujer, no! —gritó Vegeta mientras caminaba a la cocina.

Pero Bulma Briefs nunca había tomado esa orden particularmente bien. De hecho, nunca la había tomado. —Oh, vamos, Vegeta —chilló, siguiendo a su esposo—. No te estoy pidiendo que vayas de compras conmigo.

Sin siquiera mirar atrás, el Saiyajin espetó. —¡Es exactamente a eso lo que intentas llevarme y nosotros tenemos un acuerdo al respecto! Tú no me arrastras a tus ridículas tiendas y yo no aterrorizo al público general. ¡Es una situación donde ambos ganamos!

Poniendo los ojos en blanco, Bulma logró meterse entre su irritado esposo y la nevera. —Bueno, lo que hago no involucra una tienda, así que el acuerdo no está relacionado con eso. De hecho es una hermosa casa histórica que ha sido establecida para…

—¿Serás capaz de comprar cosas allí?

—Bueno, técnicamente…

—Entonces es una tienda. —Vegeta estiró la mano y agarró firmemente la puerta que estaba entre él y su almuerzo—. Ahora quítate.

La heredera sacó el labio inferior, intentando hacer su mejor puchero.

—¿Por favor, cariño? En serio podrías serme útil allá. Es sólo que hay tantas cosas que necesitaré traer y algunas podrían ser bastante grandes, de verdad podría requerir a un hombre hermoso y fuerte para que me ayude.

—¡Entonces llama a Kakarotto! —espetó el príncipe peligrosamente, la paciencia se le estaba agotando.

Optando por una estrategia diferente, la heredera fulminó con la mirada a su esposo. —¿Por qué cada vez que te pido que me ayudes con algo no lo haces? Digo, ¿Es tanto como pedirte que saques la basura, cortes el césped o ayudes con los platos? ¡No! ¡No lo es! ¿Entonces por qué nunca…

De repente, Bulma fue silenciada por una mano colocada firmemente en su boca. —No me parece, mujer —dijo Vegeta con una sonrisa—. No hago ninguno de esos quehaceres por la misma razón que no los haces: porque construiste robots que lo hacen por ti. Y antes de que comiences a gritar de cuánto tiempo pasas haciéndolos, ¿necesito recordarte que sé perfectamente bien que el mantenimiento de éstos fue diseñado por tu padre y que tú solo añadiste algunos toques finales que fueron, en general,para atractivo estético?

Gritando, Bulma bajó bruscamente la mano que tapaba su boca. Lo hizo con tanta fuerza como pudo y a pesar de que nunca habría sido suficiente para moverla, para ambos quedó claro lo que significaba, que era momento de soltarla. —¡Maldición, Vegeta! —chilló acariciándosela—. Sé que odias hacer esto, sé que va en contra de nuestro acuerdo y sé que me desespero, podría llamar a Gokú. ¡Pero de verdad haría mi vida más simple si tú me ayudaras! ¡Son antigüedades las que estoy buscando! ¡No es como si pudiera encapsularlas o algo así! ¡Y si tengo que escoger entre tú amenazando a cada hombre que me mire y el increíble desorden de déficit de atención de Gokú, escogería tu violencia mil veces!

Vegeta cerró los ojos por un momento. Sus labios se apretaron y Bulma supo que eso significaba que había llegado el final de la discusión. Era la cara que tenía justo antes de acceder a algo, negarse y dejar el complejo para que ella no lo molestara, o estar tan molesto como para irse del lugar porque estaba a punto de explotar frente a su familia. Bulma sabía que no sería lo último, pero eso no le facilitaba la espera.

El príncipe abrió los ojos, y antes de decir palabra, Bulma tenía su respuesta. Conocía esos ojos de acá a un kilómetro. Era la mirada «¡Podrás ganar una batalla, pero la Guerra siempre será mía!», comenzó a reír con placer y se abrazó al cuello de su esposo.

—No voy a ir contigo.

Los ojos de ella se abrieron, se separó del príncipe. —¿A qué demonios te refieres con que no irás conmigo?

Los ojos de Vegeta se pusieron en blanco mientras estiraba los brazos y atraía a su esposa a su pecho. —Me refiero a que no hay manera en este planeta de que me hagas ir a una tienda. Menos a una de tecnología anticuada, pero si me llamas cuando termines, te ayudaré a llevar las compras al carro.

Los rasgos de Bulma se suavizaron cuando vio a su esposo a los ojos. Incluso después de diez años juntos, todavía era extraño que él hiciese esa clase de oferta. En realidad había sido en el curso del último año que había comenzado a excusarse e intentado encontrar un punto medio y pacífico en sus peleas. Aunque nunca se atrevería a decirlo en voz alta, ella sabía lo que había originado el cambio.

Ella le sonrió y posó una mano en su mejilla. —Creo que se oye maravilloso —dijo suavemente. Lo besó delicada y suavemente antes de separarse. Se ajustó la cartera al hombro, sonriéndole radiantemente al hombre que amaba—. Sabrás de mí en unas cinco horas. Va a tomarme casi una sólo llegar allá. ¡Gracias, Vegeta!

Mientras giraba para dirigirse a la puerta, sintió detenerse. No estaba segura por qué, pero sintió como si el momento entre ellos no hubiese terminado. Se dio la vuelta para mirar a su esposo, más que sorprendida de ver que en lugar de estar saqueando la nevera, seguía observándola.

Bulma soltó la cartera en la mesa de la cocina y caminó hacia él. Simultáneamente abrieron los brazos y se sumieron en un apasionado beso. Se aferraron al momento por casi un minuto cuando su hijo de nueve años entró en escena.

—¡Ew, qué asco! —gritó—. ¡Demostración Parental de afecto!

—Cállate —respondieron sus padres en voz queda. Bulma se puso de puntas para un beso rápido y suave antes de echarse un poco hacia atrás—. Te amo, Vegeta —susurró.

—Lo sé —respondió.

No era lo más romántico para responder, pero era lo más cercano que diría a lo que ella esperaba oír. Era suficiente para ella, al menos por ahora. Dándole un beso final en la mejilla y diciendo adiós con la mano, Bulma prácticamente voló por la puerta. ¡Estaba de muy buen humor y nadie iba a quitárselo!

Treinta minutos después se encontraban Vegeta, Trunks, Gokú, Gohan y Goten en campo abierto, enfrascados en lo que ellos describían como una pelea libre. En realidad, estaba cerca de ser un combate de entrenamiento entre los dos Saiyajin puros con los más pequeños de los mestizos ayudando a sus respectivos padres y Gohan intentando que los más jóvenes no salieran lastimados seriamente por accidente.

No era necesario decir que el adolescente la estaba pasando mal.

—¡Maldita sea, Goten! —gritó el mayor de los hermanos, halando el gi de su hermanito para ponerlo a salvo— ¡No hagas eso!

Goten se dio la vuelta, con los ojos bien abiertos y encaró al mayor. —¡Gohan! ¡Dijiste una grosería!

—¡Jaja, el nerdo dijo una palabrota! —Se burló Trunks, intentando dar vueltas alrededor para atacar a Gokú por un costado. Casi se maldijo cuando el Saiyajin puro lo bloqueó otra vez.

Goten todavía no estaba feliz. —¡Gohan! ¿Por qué tuviste que halarme?

—¡Porque NUNCA es una buena idea estar entre el pecho de mi papá y el puño de Vegeta!

Goten hizo un puchero, pero no pudo argumentar contra ese punto. Le habría gustado tanto agarrar a Vegeta con la guardia baja que se había forzado deliberadamente entre dos adultos. Aunque tuvo el deseado efecto de confundir a Vegeta, no le dio el tiempo suficiente para aguantar el golpe. Si no hubiese sido porque Gohan anticipó el movimiento de su hermano, la habría pasado muy, muy mal.

—Lo siento, Gohan. No lo haré de nuevo.

Gohan le sonrió al más pequeño, sabiendo que era cuestión de tiempo para que otra decisión estúpida como esa fuese tomada. Goten, al igual que Trunks, tenía un sentido superdesarrollado de lo que podía o no hacer, lo cual concluyó era el resultado de crecer con tanto poder y sin un enemigo con quien usarlo.

—Sólo ten cuidado, enano —dijo con una sonrisa, alborotando el cabello de su hermano—. Ahora regresemos a la acción. ¡Parece que Trunks finalmente logró darle a papá!

Goten volteó la cabeza para darse cuenta de que lo que decía su hermano era verdad. Sin previo aviso, se lanzó nuevamente al ataque.

Otros diez minutos pasaron y los cinco Saiyajin se estaban perfeccionando. Estaban en su elemento, haciendo lo que mejor hacían. Para lo que habían nacido. Lo único que podían hacer con el otro. No podían sentirse tan vivos en ninguna otra parte.

Repentinamente, Vegeta gritó:

—¡ALTO!

Los cinco Saiyajin se detuvieron de golpe y Vegeta se quedó pálido. —Oh, mierda… —susurró. Abruptamente, se separó del grupo y alzó vuelo con cara de pánico.

Sin perder ni un segundo los demás lo siguieron. Trunks sintió un vuelco en el estómago y duplicó los esfuerzos para alcanzar a su padre.

Los Son no sabían qué estaba pasando, pero suponían que era malo. Vegeta nunca detenía una pelea. No se marchaba para ir a chequear algo. No tomaba una pausa. Jamás.

Pronto averiguaron qué lo había detenido.

Cuando aterrizaron, Vegeta ya estaba halando la puerta del carro medio destrozado. Trunks intentó alcanzarlo, pero se encontró retenido por Gokú.

—¡Suéltame! —gritó— ¡Suéltame! ¡Ella me necesita!

Gokú intentó tranquilizar al príncipe histérico susurrándole palabras alentadoras. Goten sólo flotaba ahí, mirando, sin saber cómo reaccionar. Gohan, necesitando ayudar, se unió al príncipe en el suelo.

El carro de Bulma estaba abandonado en la base de un pequeño precipicio cerca de una autopista sinuosa. Era obvio que había perdido el control del vehículo y que se había saltado el riel de seguridad y caído por el acantilado. La trompa del carro estaba completamente destrozada y el humo y las llamas comenzaban a levantarse.

Gokú observaba desde la distancia mientras Gohan y Vegeta sacaban a su vieja amiga de los restos. Abrazaba en silencio a Trunks contra su pecho mientras los veía dejar su cuerpo destrozado y ensangrentado en el suelo, buscando un pulso, miró estoicamente mientras su hijo y colega Saiyajin intentaban resucitarla.

Nunca se había sentido tan inútil en toda su vida.