N/A: Gracias a todas por la aceptación que ha tenido el prólogo del fic, ya que pensamos que no iba a gustar la trama o el estilo de narración. Gracias por cada comentario y por animarnos a seguir; también por todo el cariño y la respuesta que habéis dado en las historias anteriores.

Esperamos no defraudaros con esta historia. Será una historia más corta de extensión, menos capítulos, pero esperamos que disfrutéis leyéndola.

Este fic está dedicado a las personas que han estado ahí desde el principio, a toda y cada una de vosotras por hacerlo tan especial. Aún así, nos vais a permitir dedicárselo a Zoraida y Carmen por ser las verdaderas impulsoras de la historia, ya que sin su ayuda y sin sus opiniones... nada de esto saldría hoy a la luz.

Un saludo para todas y muchas gracias.

PD: Cualquier duda, como siempre, estamos a vuestra disposición en facebook o por privado.


Celda 066

Intenté resistirme, con todas mis fuerzas, el entrar allí y ver a cientos de chicas gritando y aporreando las celdas cuando se abrieron las puertas. Es como cuando quieren llevar a una vaca al matadero; eso era lo que me esperaba si entraba allí: un auténtico matadero. Hubiera preferido que me encerrasen en un cuarto oscuro, sola y aislada.

-¡Andando!- gritó mientras me empujaba para que avanzara.

-No me dejes, por favor- supliqué al guardia con temor.

-Sólo te están dando la bienvenida-.

Con paso tembloroso, fui avanzando por el pasillo lleno de celdas. A ambos lados veía cómo las mujeres, que se encontraban allí, me observaban como un trozo de carne, como un juguete nuevo.

-Guapa, vente a mi celda- gritó una mujer mientras me miraba con cara lasciva.

-¿A dónde me llevan?- le pregunté al guardia con miedo.

-Te hemos asignado una celda-.

Pude escuchar la mayoría de insultos y obscenidades provenientes del pasillo; todas las mujeres hacían ruido y silbaban, gritaban algo como "martes de presa". El guardia se detuvo ante una de las celdas, levanté la cabeza y pude observar a una mujer alta y morena de ojos oscuros; tenía algunos tatuajes que se le asomaban por las mangas de la camisa de presidaria, pero… lo que más me estaba asustando, era la cara con la que me miraba, de arriba a abajo mientras se relamía los labios.

-Por fin algo de entretenimiento- me miró a la vez que se frotaba las manos.

-¡Martínez! Échese a un lado, vamos a abrir la celda y no quiero problemas ¿Entendido?- ordenó mientras amenazaba con la porra.

-No se preocupé agente Weston, sé cómo tratar a una dama-.

-Abre la celda 081- comunicó por el walky.

Cuando vi que la puerta de aquella celda se abría, y que la tal Martínez me miraba como si fuera de su posesión… noté cómo el mundo se me venía encima. Las piernas no me respondían y la boca se me quedó seca.

-¡Agente Weston!- gritó una mujer de unas celdas continuas.

-Ahora no es tiempo de hablar, ¡Cada uno a su celda!- gritó enfadado.

-Quiero que la señorita se quede en mi celda-.

-Estarás de broma, ¿no? ¡La chica es mía!- gritó enfadada la mujer que iba a ser mi compañera.

Cuando escuché la voz que provenía de la celda, todas las presas se quedaron en silencio. Al parecer, la chica que había hablado imponía respeto o así lo parecía. Vi cómo el agente volvía a dar una orden para que cerraran la celda de la señorita Martínez, y se dirigía hacia otra celda. Pude observar cómo el agente parecía estar discutiendo con aquella chica, pero estaba lo suficientemente lejos para no poder escuchar nada. No sabía qué era peor… si quedarme en la celda de Martínez, o que me tocara compartir habitáculo con lo que parecía la mafia de la cárcel.

Pasaron sólo un par de minutos, que para mi parecer fueron eternos, cuando noté que el agente Weston se encontraba de vuelta.

-Parece que es tu día de suerte- me dijo mientras me llevaba al lugar de dónde venía.

-¿Por qué me han cambiado de celda?- pregunté extrañada por el cambio de comportamiento del agente y de la situación.

-Mejor no preguntes, pero eres la chica más afortunada de la prisión-.

El chico me detuvo ante la nueva celda pero, al contrario que las demás, no podía ver a nadie en su interior; sólo una sombra procedente de la litera de arriba. La voz del agente Weston me asustó.

-Abre la celda 066- volvió a dirigirse a su compañero por walky. –Cambio de planes, hay un traslado de una presa de la 081 a la 066- esperó respuesta de centralita. -¡Es una orden!- exclamó enfadado.

A los pocos segundos de que el hombre cortará la conexión con el walky, vi como las puertas de la que ahora sería mi celda se abrían, mostrándome con mejor detalle lo que había en su interior.

-Ésta es tu nueva celda- habló mientras me quitaba las esposas y me arrastraba a su interior. –El desayuno es a las 9 en punto; a las 9:05 quién no esté en el comedor… no entra. Las comidas son a las 14 con el margen de 5 minutos, como en el desayuno, y lo mismo sucede con las cenas que son a las 20 horas. A partir de las 10 es la hora libre, después se les asignará un trabajo- me explicaba a la vez que las puertas de las celdas se cerraban.

-¡Esperen! ¿Dónde están mis cosas?- pregunté mientras veía cómo el agente se marchaba sin responderme.

-Yo de ti no esperaría que te las devolvieran- dijo una voz que provenía de lo alto de la litera.

-Policía corrupta- susurré por lo bajo para que no se escuchara.

-¡Hey rubia! La pequeña morena es mía, ¿me escuchaste? ¡Yo la vi primero! Y lo que quiero lo consigo- gritó Martínez desde su celda.

A mi compañera de celda no le importó escuchar las amenazas de esa mujer, apenas se inmutó de la cama. Aproveché la situación para observar más detenidamente el lugar. Las paredes eran grises, proporcionando a la habitación más seriedad de la que ya tenían; la celda era pequeña y tenían un pequeño orinal, tal y como lo pintaban las películas policiacas; pero, lo que más me extrañó de aquel lugar, era que tenía un escritorio con un montón de libros encima de la mesa. No me atreví a acercarme a la mesa así que opté por examinar mi cama que, al parecer, estaba repleta de libros, al igual que la mesa.

-Lo siento, pero no estoy acostumbrada a tener compañera- se disculpó bajándose de la litera y, por lo tanto, mostrándose.

-Soy Rachel Berry- intenté ser cortés.

-La simpatía y las buenas maneras no te van a servir de mucho aquí- dijo a la vez que despejaba mi nueva cama.

No quise seguir tentando a la suerte y decidí hacer la cama, con las sábanas que habían colocado a los pies de la misma, junto a la almohada. Deduje que la cama de abajo sería la mía, ya que la chica rubia había vuelto a subir a la cama de arriba, dándome a entender que no era una mujer de muchas palabras.

Intenté que el tiempo que estuve entretenida haciendo la cama, y colocando mis cosas en la pequeña estantería situada a los pies de las literas, calmara el estado de nervios que sufría en aquel entonces. Cuando lo tuve todo ordenado, y sin saber qué más hacer… me senté en mi cama a pensar una manera de sobrevivir en este lugar.

-¿Por qué te han encerrado?- preguntó desde arriba.

-¿Eso importa?-.

-Para mí sí, te acabo de meter en mi celda. Al menos me gustaría saber qué has hecho-.

Mi nueva compañera "desconocida" me estaba sacando de mis casillas con tanta preguntita. Acababa de pasar un infierno y, encima, tenía que aguantar otro interrogatorio, como si ya no hubiese pasado suficientes…

-No suelo hablar de mi vida con desconocidos- me crucé de brazos.

-Yo no soy una desconocida, su tu nueva compañera de celda- asomó la cabeza por la litera.

-Al menos dime cómo te llamas- expresé en tono malhumorado.

-¿No te cansas de hablar?- preguntó con media sonrisa.

-Es sólo que me gustaría saber el nombre de la persona con la que voy a convivir-.

Silencio, eso es lo que recibí después de soltar todo por mi boca. Ahora sí que la había fastidiado, la había enfadado y ahora tendría que dormir con un ojo abierto por si decidía hacerme algo.

-Quinn- susurró a los 5 minutos de estar en silencio.

-¿Qué?- pregunté al escuchar esa palabra.

Escuché cómo la chica tomaba impulso desde arriba para después saltar hacía donde me encontraba; se quedó de pie, frente a mí, y pude al menos observarla desde más cerca. Vestía unos pantalones marrones con una camiseta de tirantes blanca, el pelo lo tenía corto y algo alborotado. La verdad es que podría pasar por modelo perfectamente si no la hubiera conocido en estas circunstancias.

-Quinn Fabray, mi nombre es Quinn- me tendió la mano.

-Rachel Berry- estreché su mano.

-Lo sé, ya me lo has dicho… ¿Me vas a decir qué has hecho para acabar aquí?-.

Iba a responder cuando un ruido ensordecedor se escuchó por todo el pabellón de celdas dónde nos encontrábamos. Me alteré al ver cómo las celdas se abrían automáticamente y me metí por inercia en la cama, quedándome pegada contra la pared.

-¿Qué es eso?– pregunté a mi compañera.

-Es el aviso de la comida. Deben de ser ya las dos de la tarde- me contestó mientras se cambiaba de ropa.

Me quedé parada viendo cómo la chica se cambiaba de ropa ante mis ojos, colocándose la horrible camisa de color beige que minutos antes me habían dado a mí.

-¡Vamos! Sólo tenemos 5 minutos para llegar al comedor. ¡Cámbiate!- me gritó extrañada por mi reacción.

-No tengo hambre-.

-Tienes que comer, si no, no probarás bocado hasta las 8-.

-Prefiero quedarme aquí- dije mientras me agarraba las piernas como una niña pequeña.

-Lo que tú quieras, pero no te muevas de la celda-.

Quinn salió de la celda un tanto preocupada, al fin y al cabo no era tan mala como la pinté al principio. Yo necesitaba estar a solas ese tiempo que duraba la comida.

A los 5 minutos de estar sentada en la cama, decidí acercarme al escritorio que se situaba en la pared de enfrente, junto a una silla y una lamparita de luz. El poco tiempo que había estado frente a la celda de Martínez, había sido suficiente para cerciorarme de que no tenía como ésta un escritorio y, aun así, daba la sensación de ser una celda más pequeña.

Miré el montoncito de libros de la mesa y encontré libros de literatura clásica, arte e historia… Al parecer, mi compañera tenía muy buen gusto con la lectura, pero no fue lo que realmente me llamó más la atención del lugar. Sí lo hizo el gran montón de fotografías que pude observar en la pared que se situaba frente al escritorio, junto a la litera de arriba; eso despertó mi curiosidad mucho más incluso que su afición a la lectura.

-He estado esperando a que aparecieras en la comida, morena- dijo una voz familiar.

-¿Qué quieres?- pregunté con algo de temor al ver que Martínez se encontraba apoyada en la puerta de mi celda.

-Tú y yo tenemos algo pendiente- contestó mientras se acercaba a mí con paso firme.

-No sé de qué me hablas-.

No había más espacio y mi espalda tocó el final de la celda, dejándome en una posición un tanto fácil. Noté cómo aquella mujer se acercaba, con la misma cara de sádica con la que me había mirado minutos antes, y me agarró fuertemente de los hombros.

-No, por favor, no me hagas nada- cerré los ojos con fuerza.

-Tranquila, si en el fondo te va a gustar y todo. Conmigo no te va a pasar nada aquí dentro- espetó mientras pasaba la lengua por mi cara, dejando su saliva en mi rostro.

-¡Suéltala Adriana!- exclamó Quinn atravesando con la mirada el cuerpo de la latina.

-No te metas Fabray. Cuando acabe con ella, si quieres jugamos tú y yo un rato…- le insinuó mientras me apretaba más contra su cuerpo.

-No te lo voy a repetir. Suelta a la chica y sal de mi celda-.

-Esto no es asunto tuyo-.

Volví a cerrar los ojos. Estaba perdida entre los brazos de la tal Adriana cuando, de repente, escuché un fuerte golpe. Abrí los ojos y vi el gran armario que tenía sobre mí; ahora me encontraba tendida en el suelo. No podía creer que Quinn tuviese la fuerza necesaria para tumbar a la chica.

-¿Estás bien?- preguntó mirándome de arriba abajo.

Sólo asentí con la cabeza. El miedo que tenía en el cuerpo me había paralizado las cuerdas vocales y más me asusté cuando vi cómo la chica se abalanzaba sobre Quinn propinándole una serie de golpes. El escándalo que se montó, debido a los gritos de ambas, alertaron a los guardas que, en pocos minutos, se metieron en la celda armados con sus porras.

-¡Chicas! ¡Sepárense!- gritó uno de ellos mientras empujaba a las chicas.

Pude observar cómo el agente que me había traído a la celda se llevaba a Adriana fuera de la misma. Me quedé un tanto sorprendida por ver a Quinn sentada, apoyada en la pared de la celda, mientras se tocaba el labio; poniendo cara de dolor por tal acto.

-¿Por qué lo has hecho?- pregunté mientras me acercaba hacia donde se encontraba.

-No me gusta que entren en mi celda- espetó clavándome la mirada.

En ese momento me quedé decepcionada con su respuesta. Ilusa de mí por creer que se preocupaba por mí… En este lugar la única persona que importa es uno mismo y tus posesiones y, viendo nuestra celda, comprendía que la gente quisiera entrar en ella.

-Gracias- le agradecí a pesar de su respuesta.

-La próxima vez ten más cuidado- se levantó con dificultad del suelo.

-Sólo estaba…-.

Era algo extraño, pero la chica que se encontraba frente a mí imponía y, por alguna extraña razón, me dejaba sin habla.

-Fabray, tiene que venir conmigo- ordenó el agente entrando de nuevo en la celda.

-Vengo en seguida, no te metas en más problemas… Por cierto, no intentes tocar mis cosas- me dijo antes de irse con aquel agente.