Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por EBay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Tres, dos, uno... ¡Estamos al aire!

Summary: "¿Qué tal amigas? Les habla Isa. Amor, desamor, ¿algún corazón roto el día de hoy?—las palabras 'al aire' estaban encendidas de un color rojo en un pequeño letrero, me acomodé los auriculares y apreté el botón del número uno que estaba encendido en blanco". OoC. TH. AU. Bella & Edward.


¡Sin betear!


Capítulo 17: La abuela Marie.


—¿Cuándo es que llega la vieja?

Le di un golpe en el brazo a Rose por hablar así de la abuela.

—Mamá y ella llegarán… —miré el reloj que colgaba en nuestra sala de estar— Uh, aproximadamente una hora. —bebí de mi té y suspiré luego. Mis manos temblaban y tenía ese tic en el ojo al solo pensar en la abuela en mis dominios— Estarás aquí, ¿no?

—Claro, no me perdería a la vieja lidiando con los paparazis de allá fuera —Rosie sonrió torcidamente— Ayer ni siquiera me dejaban entrara a casa, tuve que amenazar a algunos —rodé mis ojos y dejé una revista de cotilleo sobre la mesa descuidadamente para llamar su atención.

—Claramente esta portada tiene razón de ser, entonces.

Rosalie tomó la revista amarillista entre sus manos.

Juro que sus ojos estuvieron a punto de salirse de sus cuencas debido al asombro. Ahora fue mi turno de reír al ver como su rostro se iba tornan de una fuerte tonalidad de rojo al ver su figura en la portada de la revista Seattle Gossip. Ahí estaba ella luciendo su vestimenta deportiva, esa que se pone cada vez que sale a correr por las mañanas. Tenía el cabello enmarañado aun y cuando llevaba una cola de cabello, su rostro estaba sudoroso y tenía una expresión sumamente agresiva. Parecía que saldría del periódico y te comería de un bocado como una bestia. Tal vez en ese momento fue cuando amenazó al tipo.

. . . . . . .

"Corazón Radial y su mascota"

"Esperando obtener primicias de la nueva sensación del momento, Isabella Swan, locutora estelar de Corazón Radial, uno de nuestros esforzados reporteros se toparon con una bestia que, supones, podría ser la mascota de nuestra locutora estrella. ¡Y qué mascota! Nuestros reporteros no sufrieron daños aparentes, aunque no podemos decir lo mismo de la pobre cámara con la que se tomó aquella fotografía.

¡Isabella Swan, recuerda mantener a los animales enjaulados!"

. . . . . . .

Rosalie permanecía con la boca abierta.

Bueno, la habían llamado mi mascota, yo probablemente reaccionaría igual.

Seguí tomando de mi té, aunque una sonrisilla bailaba en mis labios. Rose dejó la revista sobre la mesa lentamente, la miré por el rabillo de mi ojo solo para ver una pacífica expresión en su rostro. Sus ojos estaban cerrado y una diminuta sonrisa estaba justo allí sobre sus labios. Oh, oh. Eso no presagiaba nada bueno. Posó ambas de sus manos sobre la mesa e hizo su silla hacia atrás para ponerse de pie. Finalmente entendí que era lo que planeaba así que me puse de pie en conjunto con ella y corrí para atajar a la bestia que quería salir del departamento a cometer uno que otro asesinato.

—Rose, ¡cálmate!

—¡Ellos me llamaron animal! —chilló, tratando de zafarse de mi abrazo demoledor— ¡Ellos dijeron que era tu puta mascota! No es suficiente con que Emmett me llame amiga para arruinarme la vida, ¡no! ¡Ahora resulta que soy tu mascota! —ella realmente ahora lucía como una bestia, pero no era algo que iba a decir en voz alta.

—Rosie, linda, respira… Trata de encontrar tu paz… Eso dulce, vamos… —Rose comenzó a respirar pausadamente para tratar de tranquilizarse. Dio un último y gran suspiro, hasta que finalmente dejó de removerse entre mis brazos— ¿Crees que puedo soltarte ahora? ¿Se han ido los instintos asesinos?

—Los instintos están aquí, hermana, pero ahora están encerrados —Rose dio un último suspiro e hizo como que cerraba su boca con una llave— Bien encerrados bajo llave. Otra provocación así y no respondo de ninguna manera.

Sonreí por sus palabras.

—Tranquila, y lo siento por esto.

—Oh, no te preocupes Bells, me gusta un poco… —una sonrisa torcida apareció en sus labios, me guiñó un ojo y movió su melena rubia de un lado a otro— Ya sabes, la atención es buena en algunos momentos, me hace sentir como una famosa… La amiga de una famosa, en este caso.

—No seas absurda —rodé mis ojos—, ni siquiera soy famosa.

—¡Sales en el periódico y en las revistas!

—¡Solo de Seattle!

—Por algo se empieza, nena —volvió a guiñarme un ojo y me estremecí fingidamente de horror— Y… —Rose se paseó frente a mi despreocupadamente, sus ojos nunca hicieron contacto conmigo. Eso solo significaba que ella quería información sobre ese tema que no-puede-ser-nombrado, con ciertos hombres cabezas de chorlitos— ¿Qué has sabido de los especímenes que tienes tras tu trasero?

—Nada.

Ella asintió lentamente, sin comprar mi escueta respuesta.

—Nada… —frunció sus labios y se acercó lentamente al teléfono que teníamos en casa. Ella arqueó una de sus cejas y luego apuntó a la contestadora. Tragué saliva nerviosamente— ¿Estás segura que nada? —y apretó el tonto botón de la máquina contestadora.

Ahí comenzaron a reproducirse los sesenta y siete mensajes que tenía.

Veintinueve eran mensajes de reporteros pidiendo una exclusiva.

Ocho mensajes de la abuela Marie.

Y… Y por último había treinta mensajes de Edward y Seth.

"Bella, uh, siento estar haciendo esto… ¿Has escuchado mis otros mensajes? Yo… Creo que no, no he tenido respuesta alguna. Volveré a decirlo cuantas veces sean necesarias, pequeña: No me rendiré ahora. Tenemos una conversación pendiente… Soy Seth".

"Hey, gatito gruñón, ¿podrías por favor sacarme de la friendzone? He estado pensando sobre ello y no es justo. Digo, nos besamos, ¡los amigos no se besan así que no puedo estar en la friendzone! Y sé que te gustó… Y no, no gruñas ahora al leer eso, porque es la verdad. ¡Te gustó!"

Esos eran los últimos que sonaron. Era… Ellos eran tan distintos, mientras que Seth insistía como el caballero de brillante armadura que siempre fue, Edward hacía comentarios aleatorios de todo y nada a la vez. No había querido escuchar ninguno de esos mensajes, yo realmente había querido desconectarme de todo, pero ya ven, con la mejor amiga que me gasto y la pronta llegada de la abuela no es que se pueda hacer mucho para desconectarse de la realidad por unos míseros segundos.

—¿Qué?

—Eso no me suena a nada —bufé y tomé mi taza de té entre mis manos. Caminé hacia la cocina ignorando a Rosalie, solo pensando en lavar la vajilla—… ¡Deja de ignorarme Bella y dime qué demonios pasó realmente con esos dos!

—No pasó nada, Rosie —enjuagué la taza lentamente, cubriéndola de espuma por todos lados— Esa es la verdad. La horda salvaje de periodistas estaba ahí, yo iba corriendo en círculos hasta que ¡zaz! Me jalaron de los brazos y me metieron dentro de una habitación. Era el cuarto de grabado de Jessica y Lauren…

—Ugh, el olor a zorra que debe haber tenido ese lugar…

Sonreí y seguí hablando.

—Ahí estaban esos dos. ¿Por qué estaban juntos? No tengo ni la menor idea, pero estaban allí. Ni siquiera alcanzamos a hablar algo realmente, ellos están empeñados en "no rendirse" —dejé la taza limpia sobre el lavabo y suspiré— ¿Rendirse en qué, realmente? No es como si yo les hubiera dado alguna razón.

—Pusiste al acosador en la friendzone.

—¡Y debería alegrarse de que acepte ser su amiga! ¡Podría poner una orden de alejamiento en cambio!

Rosalie se apoyó contra la encimera y me dio esa mirada.

La mirada seria.

La mirada que dice "soy tu mejor amiga y hablaremos de esto como tal".

—Bells… ¿Qué es lo que realmente siente tu corazoncito?

—Nada, es un músculo, ¿por qué un músculo tendría que sentir algo?

—Isabella, ¡nada de esas respuestas listillas que tienes bajo la manga! —Rosalie frunció el ceño y luego suspiró con cansancio, tomó asiento frente a la encimera sobre un taburete y se dejó caer despreocupadamente sobre la superficie— Vamos, Bells, si no hablas de estos temas conmigo, ¿con quién vas a hacerlo? ¿con Isa? —rodó los ojos irónicamente al hacer esa pregunta.

—Realmente no hay nada que hablar.

—Odio cuando te pones en plan robot, ¿sabes? —ella comenzó a hacer extraños ruiditos y movimientos mecánicos con sus brazos— Soy Isabot, no tengo sentimientos.

—Idiota —reí por lo absurda que se veía—, yo no sé lo que siento. Uh, es… Extraño, digo… No tengo mucho de conocer a Edward, en realidad no sé si lo conozco, ¿y si el idiota adorable es una farsa? Dios, él estaba haciéndose pasar por otra persona para meterse conmigo de una manera ridícula.

—¿Y qué pasó con ese beso del que él habló y tú nunca me dijiste? —su tono de voz me dejaba entender las palabras entre líneas "eres una mala amiga", sip, eso pensaba ella.

—Bueno yo… Vale, hubo un poco de mariposas y taquicardia. Solo una mínima parte.

—Te gusta Edward.

—Yo… creo que él es simpático.

—Bella… —entorné mis ojos y suspiré.

—Me agrada, sí, es un bobo y eso me hace reír. Es… despreocupado y ligero —suspiré y negué lentamente con mi cabeza— No lo conozco, Rosie, ¿cómo se supone que sepa si me gusta o no? Digo, el envase me gusta, es un tipo bastante guapo, más que guapo… ¡Pero no he tenido el tiempo de conocerlo! ¿Cómo puedo sentir algo por una persona de la que apenas y sé su nombre?

—Conociste a sus padres.

—Rosalie Hale, por favor, fue una coincidencia que ellos llamaran a la radial.

—O tal vez el destino —me guiñó un ojo y yo bufé

—Coincidencia nada más. Además, él al principio se acercó a mí por todo ese embrollo con Jacob. ¿Qué hombre de su edad se presta para esos juegos? —entorné mis ojos— No es como si realmente me molestara, todos nos equivocamos y merecemos una segunda oportunidad…

Sus ojos azules brillaron con malicia, era como si me dijeran "te tengo justo donde quería".

—Entonces… —bajó la mirada y comenzó a trazar extrañas figuras sobre la superficie frente a ella con sus largas uñas, tratando de lucir despreocupada del asunto— estarías dispuesta a darle una segunda oportunidad al viejo profesor Clearwater…

Sentí el calor apoderarse de mi rostro.

—¿Qué? Yo no dije eso, yo… ¡Mira la hora que es! Abue y mamá deben estar por llegar, debo ir por ellas a la estación. ¡Nos vemos Rosie! —salí de la cocina como alma que lleva el diablo. Por alguna razón en la que no quería profundizar me había puesto nerviosa.

¡Se lo que hiciste Isabella, no te salvarás de esta!

Cerré la puerta de nuestro apartamento y suspiré con alivio al verme lejos de la Inquisición. Miré el reloj de pulsera que llevaba, mamá y la abuela estarían por llegar en cualquier momento así que era mejor partir en su búsqueda. Cuando llegué a la planta baja del edificio dudé sobre salir o no. Todo el embrollo me había vuelto en una de las celebridades de la ciudad perseguida por la prensa rosa de la misma. Ugh. Era exasperante, ellos eran exasperantes, ¿acaso creían que al esconderse en mis arbustos podrían salirse con la suya? ¡Por favor! ¡Mi coeficiente intelectual no era tan bajo como para no suponerlo! Acomodé mis gafas y tomé el pomo de la puerta entre mis manos.

Ah, estaba temblando un poco.

¿Y si abalanzaban sobre mí sin piedad alguna?

A veces amaba ser Isa, en ocasiones así simplemente lo detestaba.

¿Hola?, ¿Dios?, ¿podrías abrir un hoyo en el piso para mí por favor?

—¿Puedo ayudarte en algo? —di un pequeño respingo al escuchar una voz tras de mí. Miré por sobre mi hombro al susodicho y me llevé una enorme sorpresa. Él sonrió dulcemente y ladeó su cabeza mientras escondía ambas manos dentro de los bolsillos delanteros de su pantalón. Malditos sean los hombres— Esto no es lo que estás…

—¿Pensando? —entorné mis ojos— ¿Podrías iluminarme entonces? Ya fue bastante extraño el modo en le que nos reencontramos, Seth —tuvo la decencia de parecer avergonzado— Así que lo preguntaré de manera firme y concisa, ¿qué diantres estás haciendo en mi apartamento?

No me dejé llevar por la adorable expresión que mostró su rostro al verse atrapado.

No-me-dejé-llevar.

—Yo… Bueno, no tengo excusa, realmente vine aquí a hablar contigo. —Arqueé una de mis cejas y él negó fervientemente con su cabeza— ¡Pero te aseguro que no te estaba siguiendo! —mordí mi labio inferior tratando de contener la sonrisa que pugnaba por formarse en mis labios— Consigue tu dirección de ¿Michael Newton? Creo que ese era su nombre.

¡Maldito seas entre todos los hombres Mikey!

—Mira, Seth, ahora mismo voy de salida. Mi madre viene… —suspiré— ¿Podemos dejarlo para otro momento? —di vuelta el pomo de la puerta para salir de una vez por todos pero él me detuvo con delicadeza.

—Yo no te recomendaría salir por allí —tomó mi brazo entre sus manos suavemente, dándole un suave jalón—, tuve que dar la vuelta para poder entrar, ellos son bastante insistente. Uh, creo que me reconocieron de… —se sonrojó y yo recordé al tímido profesor del que me había enamorado siendo una cría— Bueno, ya sabes, el espectáculo que arme con ese otro muchacho.

—Y pensar que eres un hombre de treinta y cuatro años… —murmuré un tanto prendada de su coloreado rostro, sin escuchar realmente lo que me estaba diciendo— No puedo creer que aun te sonrojes, ¿de qué planeta vienes exactamente? —mi mano se movió por si sola y cuando menos lo pensé, ésta estaba sobre su mejilla.

Supongo que su expresión sorprendida era una copia de la mía.

Retiré mi mano rápidamente de su rostro, sentí el calor agolparse en mis mejillas en un santiamén.

—Sígueme.

Me deje guiar sin decir palabra alguna, ni poner un alto cuando tomó mi mano entre la suya.

Ah, recórcholis, odiaba cómo me hacía sentir este hombre. ¿Qué tan estúpida pude haber quedado luego de ese innecesario intercambio que era él quien me guiaba por mi apartamento? Se suponía que yo era la persona que vivía aquí. Llegamos a la salida de emergencias que bordeaba el edificio, la retaguardia estaba totalmente despejada. ¡No había moros en la costa! ¡Por qué no había pensado en esto antes!

—Uh, gracias por esto —quité mi mano de la suya para nada sutilmente.

—Puedo llevarte, mi carro está por aquí.

—Gracias, pero no, gracias.

—Bella, por favor… —desvié la mirada de su rostro cuando una expresión de súplica se apoderó de él. ¡Era un manipulador de primera! ¡No fuera a saberlo yo!— Solo déjame llevarte, ¿sí? Estaré más tranquilo si veo que llegas sana y salva a tu destino.

Dilemas, dilemas, malditos sean los dilemas.

—¿Sabes? Puedes irte ya, no es necesario que estés aquí conmigo.

Al aceptar que Seth me llevara a la estación de buses, pensé que sería solo eso. Ya saben, él me llevaría y luego seguiría su camino y yo el mío, claramente estaba equivocada. Seth estaba de pie junto a mí esperando a mi madre y mi abuela, haciéndome compañía que no necesitaba, pero el hombre era un tanto terco e ignoraba olímpicamente mis intentos de echarlo de mi lado.

Volví a mirar mi reloj de pulsera.

¿Por qué tardaban tanto? Su bus debería estar aquí ya.

Comencé a repiquetear mi pie contra el suelo inconscientemente, mientras me cruzaba de brazos y no dejaba de mirar el reloj. Podía sentir el calor emanar desde el cuerpo de Seth, él estaba demasiado cerca, ¿o era yo la que estaba cerca? Ugh, odiaba ser tan consciente de su cercanía, de su olor, de sus expresiones, de su persona en sí. Realmente, realmente lo odiaba.

Di un respingo demasiado obvio cuando tocó mi hombro para llamar mi atención.

—¿Bella? —me observó con confusión y yo desvié la mirada— ¿Estás bien? Te noto algo pálida, no… Espera… Ahora estás completamente roja —frunció el ceño y tomó mi barbilla con su mano derecha, a la vez que posaba su mano izquierda sobre mi frente— No tienes fiebre, extraño, ¿estás realmente bien, pequeña?

Ah, Dios.

—Por favor no me llames así…

—¡Mira Renée! ¡Aquí está la mocosa! ¡Y mira qué compañía se trae, es uno de los buenosmozos con los que salía en el periódico! —empujé a Seth con mis manos para ver a la viejecita que estaba de pie tras él apuntándome con su dedo sin vergüenza alguna— ¡Apresúrate mujer!

Mamá venía a unos cuantos pasos más atrás cargando todas las maletas.

—Dios, abuela… —negué con mi cabeza y me preparé para ir a ayudar a mamá.

—Déjalo, yo la ayudo —Seth se me adelantó, trotó hacia mi madre y como el caballero de brillante armadura que era tomó el equipaje entre sus manos, luego de regalarle una hermosa sonrisa que hizo que las mejillas de mamá se tornaran de un suave rosa. Suspiré con cansancio.

—Entonces, mocosa, ¿elegiste a ese? —Abuela Marie se paró junto a mi y colocó su mano en su barbilla, sus ojos inspeccionando minuciosamente a Seth que venía junto a mamá— No está nada mal, me recuerda a uno de mis amores de verano por allá por los sesenta, ¡qué buenos tiempos! Y míralo —me dio un golpe en el brazo con su arrugada mano, luego soltó una coqueta risita— tiene una buena retaguardia, ¡esa es mi nieta! ¡Ven aquí mocosa y dale un abrazo a la abuela! —me jaló hacia sus brazos y sonreí.

Estrujé su menudo cuerpo un abrazo y aspiré su peculiar aroma.

Ya saben, ese olor a abuela que todas las abuelas tienen, ¿no?

—Te extrañé, abue.

—¿Ah si? Pues no lo parece mocosa ingrata, ¡ni siquiera una llamada por días! No me vengas con mentiras aquí… —resopló y me hizo un desprecio. Rodé mis ojos por su infantil actitud— ¡Renée no tenemos todo el tiempo! ¡Estas más joven que yo y no puedes apurar esas piernas! —la abuela Marie cubrió su boca ligeramente y susurró hacia mí— Ha estado haciendo ejercicio pero esas piernas de pollo no tienen solución… —negó con su cabeza lentamente y yo no pude hacer más que reír.

Definitivamente había extrañado a la abuela.

—¡Eres terrible abuela!

—¿Cuántas veces tengo que decirte que soy Marie para ti? Por Dios, ni que estuviera tan vieja para ser tu abuela —hizo una mueca con sus labios y Seth rio, pero cubrió rápidamente su boca con una de sus manos cuando la atención de la abuela Marie fue a dar en él. Ella se cruzó de brazos y lo repasó con la mirada duramente. Desde la punta de sus refinados zapatos hasta el último de sus oscuros cabellos. Los ojos de la abuela brillaron con malicia— ¿Cuáles son tus intenciones con mi nieta?

—Uh, yo… Yo…

—¿Qué edad tienes?

—¿Treinta y cuatro años?

—¿Me ves cara de ser tu madre? ¿Por qué diantres me preguntas si tienes treinta y cuatro años? —Seth se sonrojó hasta las orejas, la abuela sonrió con malicia— Bella, Bella, pensé que te había enseñado mejor niña, ¡tienes a un niño en el cuerpo de un hombre! —La abuela suspiró con cansancio— Debes ganarte a la abuela para ganarte a la nieta, guapo. Ten mi bolso —le entregó su bolso de mano y caminó con todo el estilo posible hacia la entrada de la estación— ¿Dónde está mi taxi, mocosa?

Ya me había dado jaqueca y apenas llevábamos unos minutos juntas.

Después de decirle a la abuela Marie que no habría taxi ya que Seth se había ofrecido amablemente a llevarnos a mi edificio en su automóvil –justo y cuando pensé que finalmente me libraría de él y, si los dioses estaban de mi lado, la abuela Marie se olvidaría de él–, nos montamos en el carro en un mortal silencio que era cortado por las quejas de la abuela.

Mamá la interrumpió justo a tiempo cuando la abue iba a hablar sobre su famoso ungüento.

—Entonces, Bella, cariño, ¿cómo está yendo todo con la popularidad de tu programa?

—Bastante bien mamá, no es como si fuera tan famosa.

—Hay paparazis acampando fuera de tu casa, Bella. —Quise golpear a Seth por decir eso.

—Si, bueno, se aburrirán pronto, ¿sabes? —me incliné un poco hacia él, ya que estaba sentada en el asiento del copiloto— No era necesario que dijeras eso, Seth, muchas gracias —murmuré entre dientes para que solo él escuchara.

—Tu familia debería saber sobre eso.

—Es mi deber informarles, no el tuyo.

—¿Paparazis? —la abuela habló llamando la atención nuevamente.

—Uh-huh, míralos, allí están —habíamos llegado a la esquina contigua a la entrada de mi edificio, apunté hacia donde estaba la camioneta y en los arbustos donde aún se podían ver algunas que otras personas con cámaras colgando desde sus cuellos.

—¿¡Paparazis!? —la voz de la abuela salió más aguda de lo normal— Tú, guapo, ¡estaciona aquí inmediatamente!

—No creo que sea una buena idea, señora…

—¡No te he preguntado si es una buena idea o no mocoso, estaciona!

Seth, que había pensado en dar la vuelta para entrar por la salida de emergencia que utilizamos para salir del edificio al principio, estacionó en la entrada del edificio. Lo que sucedió a continuación fue como una escena de película. Los paparazis se aglomeraron entorno al auto y la abuela bajo de él como si se tratara de Meryl Streep. Ella se colocó unas gafas oscuras y sonrió, una gigantesca y "soy mejor que todos ustedes, mocosos" sonrisa en sus labios pintados de un fuerte borgoña. Atónitos observamos cómo se dejaba sacar fotografías y soltaba una que otra palabra con esas alimañas del infierno. ¡Ellos incluso abrieron un camino para que la abue pudiera pasar sin problema cuando se vieron satisfechos!

¿Qué demonios acababa de ocurrir?

—No puedo creerlo, ella… —alzó mis manos al aire— ¡Ella los tiene enrollados en su meñique!

—Esa es el poder de Marie, hija —mamá sonrió— Siempre ha sido así.

—¿Vieron eso? Así es como se maneja una estrella —la abuela caminó hacia nosotros luciendo tan fresca y saludable como siempre— Ellos solo necesitan una que otra palabrita para tranquilizarse, son como animalitos hambrientos. Dejaran de molestarte por un tiempo, mocosa, agradécemelo luego —me guiñó un ojo y volvió a colocarse las gafas, sin tomar siquiera su bolso de mano, caminó hacia el ascensor más cercano y se montó sobre él.

—¡Quinto piso! —grité, cuando mamá se subió con ella y me dejó a mí y a Seth a cargo de las maletas.

—Tienes una familia bastante única.

—Sí, bueno —me encogí de hombros— Ellos son un dolor en el trasero, pero los quiero como a nadie.

—Bella… —nos montamos en el elevador cargando las maletas— Siento haberme aparecido así como así.

—No te preocupes —apreté el número cinco y rogué a Dios que llegáramos en un abrir y cerrar de ojos.

—Lo hago, yo sé que piensas que soy una molestia, pero yo realmente quiero hablar contigo, solo los dos, sin tapujos. Estaba desesperado, no contestas mis llamadas… —desordenó su cabello— Probablemente me estoy comportando como un instigador, he estado haciendo eso, ¿no? Lo siento, Bella.

—Seth, yo solo necesito un tiempo a solas, ¿sí? Edward y tú… —fruncí el ceño cuando el elevador hizo un extraño ruido. Habíamos llegado a nuestro piso pero las puertas no se abrían— ¿Qué está pasando? —apreté el número cinco una vez más y nada— ¡Tienes que estar bromeando! —y la luces se fueron en un pestañear— Genial, ¡simplemente genial!

—¿Te gusta ese muchacho?

—Oh por Dios, Seth, no puedes estar hablando enserio —comencé a apretar todos los estúpidos botones como una desquiciada— ¡Estamos atrapados aquí y tú me preguntas si me gusta Edward! ¡Eres increíble! —estaba entrando en un estado de pánico absurdo.

No sabía si era por estar atascada en el ascensor o por el hecho de que estaba son Seth atrapada.

Tal vez ambos.

—Si él te gusta yo me haré a un lado.

—¿Puedes dejar de hablar de eso? —comencé a golpear las puertas de acero con mis puños— ¡Sáquennos de aquí de una vez! ¿Aló? ¡Hay gente atrapada en esta maldita caja mecánica! —contuve el aire cuando me sentí rodeada por los brazos del hombre que me acompañaba. Su respiración golpeaba tenuemente contra mi cuello— Seth, ¿qué estás haciendo? —odié que mi voz sonara tan afectada.

—Solo respóndeme. Sí o no. No pido nada más, pequeña. ¿Te gusta?

—No tienes derecho a preguntarme eso, ¡no tienes derecho a venir después de años y creerte el dueño de todo!

—Nunca pude olvidarte, Bella, ¿tienes una idea de cuánto te busqué? La primera vez que te vi, sentada en el suelo de la biblioteca rodeada de libros, me pareciste adorable. Una chiquilla adorable de la cual nunca pensé me enamoraría… ¡Yo estaba casado, por Dios! —tragué saliva cuando sentí sus labios curvarse en una sonrisa— Un matrimonio que no tenía futuro, pero por cobarde no me atrevía a terminar. Tú fuiste mi escape, tú fuiste la luz que necesitaba… Yo realmente te quería, Bella, yo te amaba… Siempre te he amado.

—Bueno, yo… —carraspeé ante su confesión.

¿Qué se supone que debía responder a eso?

La luz volvió repentinamente y, luego de un nuevo extraño sonido, las puertas del elevador se abrieron de par en par. Seth no se había alejado de mí así que nos encontrábamos en una posición bastante íntima. Me quedé completamente de piedra al ver que prácticamente todos estaban fuera del elevador esperando por nosotros. Pero no fue solo eso, fue la sorpresa y el indescriptible terror al ver unos ojos verdes mirarme fijamente. En realidad, esos ojos miraban al hombre que abrazaba mi cuerpo hacia el suyo como si la vida le dependiera de eso.

—¡Pero mira nada más la que te traía entre manos mocosa! —la abuela sonrió y palmeó el hombro de Edward, quien estaba igual de petrificado que yo— Acabo de conocer a este otro muchachito, tienes un gusto bueno, niña, ¡saliste a la abuela en eso gracias al cielo!

Mi cara estaba tan caliente debido a la vergüenza que me embargaba.

—¿Qué mierda haces aquí, anciano?

—Yo podría hacerte la misma pregunta, niño.

Seth se separó de mí y dio un paso hacia el frente, ocultando parcialmente mi cuerpo de la vista de Edward. La abuela Marie observaba la escena completamente extasiada, como si ella fuera la heroína en apuro que necesitaba ser salvada por estos dos trogloditas que tenía en frente y se rugían entre sí. La abuela junto ambas palmas y dio suaves aplausos, ella incluso dio pequeños saltitos de alegría.

—¡Mira Renée, la mocosa finalmente podrá usar de mi ungüento teniendo a estos dos sementales para ella!

Mi vida era un caos, un completo y horrendo caos.


¡Buenas madrugadas!

Capítulo arriba recién salido del horno, está sin betear por si encuentran uno que otro error por ahí. ¡Espero les haya gustado! Les pido perdón como siempre por la demora y les aviso desde ya que no se para cuando tendré el próximo, me demoraré aun más que antes por problemas personales, y esto será con todos los fics :( En el grupo de fics que tengo en facebook (y que está el link en el perfil) di los motivos del por qué. No dejaré ningún fic, los terminaré como sea, así me demore mil años en hacerlo. No se como me aguantan enserio, yo no me aguantaría (?)

¡Muuuuchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos!, pero sobretodo, ¡gracias enormes por su paciencia!

Lamb~