Deslizó la yema de los dedos por la blanquecina espalda de la chica. Repasó cada línea, cada curva, cada pequeño lunar que encontraba en su piel. Notó cómo a cada leve caricia, el pequeño cuerpo de la fémina se estremecía. Dibujó objetos, dibujó formas, escribió su propio nombre, marcándola emocionalmente de su propiedad. No sabía ya cuánto tiempo llevaba así.

Toda la noche fue espectacular. Nunca esperó haber sentido eso por una mujer de la tripulación de los Sombrero de paja. Ni siquiera la emperatriz pirata le hacía erizar el vello cómo ella. A cada ligero movimiento, lo ponía en alerta.

Quiso volver a perderse en ella.

Retorció los naranjas rizos de su cabello,dándoles forma y acicalandalos de mala manera. Su mano rodó hasta el hombro izquierdo. Volvió a tocar el tatuaje en un gesto posesivo.

"Después de todo, tanto tu tatuaje cómo los míos tienen historia."

Tampoco había esperado que ella correspondiese sus "sentimientos". No. Él no lo quería llamar así. Atracción con cariño quizás.

Apartó los rizos con delicadeza, dejando parcialmente a la vista el rostro y el cuello. Con el mínimo movimiento de su cabello, el olor a mandarinas inundaba los pulmones de Law. Observó las marcas de mordiscos y pequeños hematomas que rodeaban el cuello y el hombro de su amante. Cada uno le recordaba lo sucedido la noche anterior. Los gemidos, los gritos, el puro placer.

Sonrió. La hizo suya. Y quería hacerla suya más veces. Tenerla cerca, sentirla. No separarse de ella.

Apartó los rebeldes mechones que aún rondaban por el rostro de la chica. La acarició. Haciendo contraste con su palidez, el sonrojo aún perduraba en las mejillas, dándole un toque tierno a su apariencia. Otro recuerdo de lo acontecido horas atrás.

Ella tenía los labios entreabiertos y respiraba entrecortadamente. Law quiso volver a besar, volver a morder esos labios que ya consideraba suyos. Besarla hasta que le doliera, morderla hasta hacer sus labios sangrar.

Se contuvo. No quería despertarla, aún no había amanecido.

Aún sin apartar la mano de su mejilla, buscó alguna emoción en el rostro de Nami. Lo único que encontró fue cansancio.

Volvió a recorren la preciosa figura de la chica. Se detuvo en sus caderas. El cuerpo de esa mujer era perfecto. Ya no sólo por su figura, si no por su piel. La palidez dejaba que las marcas se notasen con más fuerza. En las caderas de Nami, las marcas de las manos de Law, seguían intactas.

"¿Psicópata? Puede. Sinceramente, me da igual."

Él sabía controlarse. Pero con semejante mujer, cualquiera pierde los estribos. Sonrió maliciosamente.

Se la imaginó tomando el sol ignorando la existencia de las marcas. También se imaginó al cocinero pervertido maldiciéndole. Sonrió aún más. Se imaginó a Luffy preguntándole a su navegante si la habían atacado por la noche para robarle sus mandarinas. Sería divertido.

Por la pequeña escotilla, la primera luz del alba lo tomó por sorpresa. ¿Toda la noche observándola? Sus ojeras serían más prominentes. No tardó en escuchar la música de un violín seguida de un montón de golpes y gritos. No sin pesar, se levantó para buscar sus pantalones, pero alguien lo detuvo agarrando su muñeca.

-¿Te vas ya? -Preguntó aún medio dormida y con la mayoría del pelo delante de la cara. Simplemente preciosa.

Ese día, la sonrisa de Trafalgar Law no desaparecería fácilmente de sus labios.

-Buenos días dormilona-ya.

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NereaMugiwara~