NOTAS: Realmente creo que debería de haber más fanfics de Lost Girl en español, y sobre todo de doccubus, porque es una pareja bastante inspiradora. Con este relato corto he querido aportar mi granito de arena para la comunidad de Lost Girl en español. Constará de solo tres capítulos (y posiblemente de un epílogo). La historia podía situarse en la primera temporada, cuando aún Bo y Lauren se están conociendo.

Este fanfic se lo quiero dedicar a una buena amiga pesada que siempre me molestaba para que escribiera algo como esto, ella sabrá quién es cuando lea uno de los comentarios de Bo hacia Lauren.

Si les gusta, queréis hacer alguna crítica o si tenéis ideas, encantada leo vuestros comentarios/reviews.

Ninguno de los personajes son de mi propiedad.

Totalmente libre de spoilers


Apoyó su rostro entre sus manos mientras la escuchaba hablar. Era tan viva y alegre que no podía parar de sonreír a cada comentario suyo. Diablos, parecía una niña de quince años, ¡qué iba a pensar de ella si seguía comportándose así! ¿Y desde cuándo le importaba lo que opinara otro? Habían pasado algunos años desde que no salía con nadie, ni siquiera con amigos. Bueno, realmente tampoco se había preocupado en formar relaciones de ningún tipo. Sin embargo, cuando aquella fae se presentó en su laboratorio rogándole por su ayuda, no supo cómo negarse. Era evidente que aquello no iba a ser consentido por el Ash, y si se llegase a enterar de que ayudaba a un fae sin bando a espaldas de él, es probable que las consecuencias no fueran de su agrado.

Bo dejó de hablar y volteó su mirada hacia ella. Sus ojos se encontraron, pero no pudo mantener el contacto visual ni siquiera tres segundos. Los ojos oscuros de aquella mujer parecían meterse dentro de su cabeza y leer todos sus pensamientos. La asustaban, pero le producían un calor y bienestar que hacía mucho tiempo que no sentía.

—Oh, he sonrojado a la doctora —exclamó la súcubo con una amplia sonrisa.

—No, es… es el alcohol —se excusó apartando el vaso que había delante de ella.

Estaban en un bar humano, tomando unas copas. Bo se había empeñado en sacarla a dar una vuelta con la excusa de agradecerle lo que estaba haciendo. No debía y no quería formar lazos entre ellas dos. Su vida era muy complicada y no quería dar explicaciones sobre muchas cosas que guardaba con recelo. Pero lo cierto era, que de alguna forma, se convenció a sí misma de que necesitaba desconectar de sus problemas, dejar de lado sus pensamientos y preocupaciones. Tampoco había nada malo en querer salir después de tanto tiempo, en divertirse y conocer algo mejor a aquella mujer a la que estaba ayudando. Sentía tanta admiración por las increíbles habilidades y cualidades que tenía. Jamás había estudiado a una súcubo, jamás había tenido esa clase de fae tan cerca y tan disponible. Sí, había trabajado con un íncubo, pero eran criaturas totalmente diferentes. Lauren se sintió un poco incómoda. No quería pensar en Bo como un proyecto en el que trabajar. Ella, ciertamente, había traído alegría a su vida. Bo le había recordado que había mucho más allá de su trabajo y que la compañía de una persona era un confort infravalorado, pero igualmente preciado y necesario.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Lauren levantó la mirada de nuevo hacia ella como gesto de aprobación. Bo sonrió pícaramente. La doctora supo en seguida que se iba a arrepentir de dar su consentimiento.

—Mmm —Lauren siguió con los ojos el acercamiento de la mano de Bo hacia la de ella sobre la superficie de la barra—, me preguntaba cómo una doctora como tú podía tener unos brazos como esos.

La doctora la miró sin pronunciar palabra mientras una suave sonrisa se dibujaba en su rostro. Después, dejó escapar una carcajada y tomó un largo trago de la copa que hacía un momento había apartado, tratando de disimular el rubor que se formó en sus mejillas.

—Si no me respondes voy a pensar mal, ¿sabes? —rozó ligeramente la mano de la rubia con su dedo índice.

—Bien, ¿puede ser por mis labores en el laboratorio? —respondió ella retirando involuntariamente su mano unos centímetros y sintiéndose incómoda al hacerlo.

—Oh —exclamó Bo mientras retraía sus dedos y dejaba su puño cerrado en el mismo lugar—, y yo creyendo que los científicos como tú solo trabajaban con tubos de esos tuyos.

—Probetas, quizá —la corrigió casi riendo mientras posaba su mano gentilmente sobre el puño de la morena—. Verás, muchos científicos como yo deben ser bastantes habilidosos para trabajar de forma eficiente en el laboratorio.

—¿Y eso qué tiene que ver con tus brazos? —preguntó la otra mientras se acercaba a la rubia.

—Que soy capaz de hacer cosas maravillosas con estas manos —le contestó ella sin apartar la mirada—, realmente es importante tener gran habilidad manual durante algunas tareas.

Bo retrocedió un poco y sonrió. Lauren apartó su mano de la de ella. La morena la observó de reojo. Aquella mujer a veces no era buena para su hambre.

—Ahora es la súcubo la que se ha sonrojado —exclamó ella con un gesto de victoria.

—No —le respondió mientras le robaba la copa y se terminaba de beber su contenido—, es el alcohol.

—¿Sabes que hablaba del laboratorio, verdad? No sabía que la ciencia fuera tan intimidante para ti.

Bo sonrió algo avergonzada por el efecto que a veces producía Lauren en ella. Normalmente era la súcubo la que flirteaba y seducía, y no al revés. Finalmente, acabaron de nuevo riendo mientras la morena pedía al camarero nuevas copas.

La desesperación la había acercado a ella. El hecho de que no fuera fae la tranquilizaba. Todo ese nuevo mundo, toda esa locura inherente a ellos… era algo que la asustaba. Era un mundo frío, lleno de arrogancia, miedos y muertes. Ella era de ese mundo, era una fae, era como ellos, pero no quería serlo. Nadie le había pedido su opinión, nadie le había hecho un ofrecimiento, ni pedido amablemente nada. Habían llegado a su vida como un huracán, desordenando todo, haciendo exigencias. No sabía nada de ellos, salvo una cosa: no iban a construir su vida. Lauren era como un respiro. Ella era humana, no era como ellos. Le había hablado de la importancia de elegir bando, pero no le había exigido que tomara una decisión. Ella era la única que realmente parecía interesada en ayudarla de verdad. Bo no quería una solución temporal. No deseaba que su vida girara en torno a aquella urgencia biológica que la obligaba a matar. Bo ansiaba poder amar sin miedo, disfrutar de su naturaleza, hacer que otros pudieran disfrutar de ella, dormir con la seguridad de que su amante amanecería a su lado y le regalaría la más hermosa sonrisa al despertar. Su vida estaba llena de muertes y dolor. No quería lo que le ofrecía Dyson, necesitaba una solución permanente, deseaba lo que le ofrecía Lauren, realmente lo quería.

Bo observó detenidamente cómo la doctora tomaba la copa entre sus dedos, cómo sonreía al hablar, cómo sus labios se pegaban al cristal, cómo el líquido entraba en su boca, cómo sus ojos se encontraban instantáneamente con los de ella. Ambas sonrieron a la vez y ambas retiraron la vista al mismo tiempo. La súcubo acarició el vaso lleno que descansaba sobre la barra. Lo agarró y dejó que su contenido se vertiera en su interior. Sintió el ardor de la bebida bajar por su garganta. Adoraba esa sensación. Bo pidió de nuevo que sus vasos fueran llenados y casi se emocionó cuando encontró la complicidad en la mirada de la rubia que asentía complacida.

Tres copas después, Lauren reía apoyando su frente en el hombro de la súcubo. Había dos hombres en el fondo del bar que les estaban echando miradas desde hace rato. A la doctora le parecía divertido. Bo miró en la dirección en la que se encontraban. Eran realmente atractivos, pero se sorprendió cuando no le dio importancia. Volvió su mirada hacia Lauren. Ella reía mientras los miraba a ellos, ajena al examen visual a la que era sometida por la súcubo. Pronto se dio cuenta que lo único a lo que podía prestarle atención esa noche era a ella.

Bo retiró su mirada hacia el nuevo vaso rebosante que estaba en la barra. Se sentía aturdida. Quizá era por el alcohol. Creía que era lo más probable. Sí, podía engañarse de esa manera para apartar lo que realmente sentía hacía ella. Se sentía inmensamente cómoda a su lado, trataba de buscar siempre la cercanía cuando estaba con ella, temblaba al sentir el mínimo contacto de sus manos sobre su piel, quería volver a su lado nada más salir de su laboratorio, adoraba cuando le hablaba de los faes, cuando hablaba en general y movía sus manos acentuando cada palabra, cómo se arrugaba su nariz cuando estaba nerviosa, cómo se curvaban sus labios cuando sonreía… Bo suspiró con nerviosismo y se llevó rápidamente su bebida a la boca. Le gustaba estar con Lauren. Ella… Bo dejó su vaso bruscamente en la barra. Ella realmente le gustaba. Esa era la verdad, le gustaba y le aterraba al mismo tiempo. No quería estar con ella, no debía. ¡Era humana! Era una completa locura, podía matarla en cualquier momento. Lo sabía perfectamente y odiaba cuando sus ojos la miraban fijamente y se olvidaba por unos instantes de esos detalles. Bo tenía que pensar en otra cosa, tenía que concentrarse en Dyson y en esa extraña relación que tenían. Con él no había peligro, podía amarlo sin temor. Él… Sus pensamientos se esfumaron rápidamente cuando sintió a la doctora agarrarse a su brazo férreamente. Bo volteó la cabeza hacia ella rápidamente y se encontró a la rubia apoyada adorablemente sobre su hombro.

—Demasiado alcohol —balbuceó mientras se reía—, casi me caigo.

Bo solo pudo dejar salir una carcajada y sujetarla para que no perdiera el equilibrio.

—¿Cómo puedes mantenerte tan bien después de tantas copas? —exclamó Lauren incrédula—. Bueno, normalmente luces muy bien, pero ¿cómo puedes seguir de pie?

—Noches largas de entrenamiento con Kenzi, ¿quizá? —la súcubo volvió a reír—. Me encanta esta Lauren, voy a tener que sacarte más del laboratorio.

—Por ahora —respondió ella con esfuerzo—, vas a tener que llevarme de nuevo porque no puedo dar ni un paso y… —sus ojos de pronto se abrieron exageradamente—. ¿Qué diablos tenía esa bebida? Por dios, ¡el suelo se está moviendo solo!

Bo comenzó a reírse de forma descontrolada mientras trataba de buscar algún asiento libre en el bar donde poder sentarse ambas. Pronto lo halló, bastante cerca de aquellos hombres que las observaban. La súcubo bufó incómoda de que las molestaran con su mirada indiscreta, y se volvió a sorprender, porque normalmente eso la halagaba. Cuando sentó a la doctora y ella le preguntó qué le pasaba, Bo se dio cuenta que lo que le molestaba era que se fijaran en Lauren. La súcubo se sentó en el asiento contiguo a ella y se quedó mirando hacia sus admiradores.

—Esos dos nos llevan observando toda la noche —le explicó Bo—, quizá deberíamos de invitarlos a una copa y charlar con ellos.

—Los protocolos sociales indican que debería ser al revés. Pero estaba más interesada en cierta morena…

Bo miró repentinamente hacia Lauren y sintió cierto rubor en sus mejillas. Pronto se dio cuenta de que la doctora se refería a una mujer despampanante que estaba sentada en la barra y miraba hacia ellas. Se sintió completamente idiota en ese momento y le dio por reír.

—¿Sabías que lleva toda la noche mirándote? Sobre todo a tus pechos. Creo que está interesada en ti… Bueno, no la culpo. ¡Eh! —Lauren le dio un codazo a Bo de pronto— ¡Acaba de sonreírme! Creo que a ella sí deberíamos acercarnos e invitarla a una copa.

Bo se quedó mirándola sorprendida con una ceja alzada y con una sonrisa absurda en su boca. La doctora se encogió de hombros y comenzó a reír.

—Creo que voy a sacarla a bailar, aunque supongo que estará más complacida si lo haces tú, porque no deja de mirarte a… —colocó sus manos a la altura de su pecho e hizo gestos exagerados hacia delante.

—Mmm, doctora, ¿qué pasó con su profesionalidad, eh? —exclamó Bo entre risas—. Creo que mejor te llevo a casa, ya hemos bebido demasiado.

—Mi cabeza —Lauren se llevó las manos a las sienes—, todo me está dando vueltas. Necesito dormir un rato.

—¿Quieres que pasemos antes por mi casa? Está más cerca, ¿te parece?

—Vale —asintió ella—, pero no te aproveches de mí en este estado.

—¿No crees que es pedirle mucho a un súcubo? —bromeó Bo mientras se levantaba y le ofrecía su mano para ayudarla a incorporarse.

Lauren se levantó tan bruscamente que se tambaleó y Bo tuvo que sujetarla entre sus brazos antes de que perdiera el equilibrio y cayera al suelo. La súcubo se sintió totalmente indefensa cuando sintió todo el peso del cuerpo de la rubia sobre el suyo. Su interior pareció estremecerse al sentir su risa y su aliento en su cuello.

—Ahora estoy en tus manos, súcubo. Confío en ti —le susurró.