Disclaimer: Los personajes son propiedad de Meyer, la historia es de mi imaginación.

Summary:

"Edward Cullen, el jugador de fútbol más exitoso tiene una vida bastante complicada con un revoltoso niño de cinco años. Lo que menos necesita ahora mismo es esa atractiva mujer que llegará a controlar su carrera y probablemente su corazón."


CAPÍTULO VEINTISIETE

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Bella se volteó para quedar de frente a su madre y le miró de mala manera, Renée sabía que Bella le estaba mirando de mala manera porque su rostro estaba bastante serio y su mirada era pesada. La sonrisa de su rostro se borró y de manera impaciente se limpió el sudor de las manos en su vestido.

— ¿En qué cosa estabas pensando en hacer ese tipo de escándalo con la madre de Edward? —dijo Bella, frunciendo levemente su entrecejo y con las manos en las caderas. Estaba enfadada y agotada.

—No ibas a dejar que esa mujer me insultara… ¿no? —Contraatacó Renée, cruzándose de brazos—. Además, esa bruja ni siquiera te trata bien, ¿Por qué debería detenerme y dejar que te diga ese tipo de cosas?

—Mamá, Elizabeth es así, a mí me viene y me va que me diga esas cosas. Lo que hiciste fue inmaduro.

—Hija, no vengas a decirme lo que es inmaduro y lo que no…

—Simplemente digo como se desarrollaron las cosas esta tarde, mamá. ¿Rebajarte a su nivel? ¿Acaso querías golpearla?

—Ganas no me faltaban —bufó la mujer de ojos azules y rodó los ojos.

—Será mejor que ya vayas a dormir, madre. Por el bien de todos.

— ¿Me estas echando a mi habitación, Isabella?

—Claro que lo estoy haciendo, ahora, hazlo —dijo con voz firme. Sin duda no estaba enojada, simplemente estaba diciéndole las cosas a su madre como eran. A veces se comportaba como una verdadera niña.

—Isabella…

—No, ve a tu habitación, madre.

—Pero yo…

—Ahora —dijo con voz baja pero firme. Renée le miró unos largos segundos sin decir nada y después se volvió a la puerta de la enorme casa, agitando su cabello y caminó dentro sin decir una palabra más.

Cuando su madre desapareció de su vista, soltó todo el aire contenido y se frotó el rostro con las manos —gesto que había adquirido gracias a Edward—, al escuchar como alguien estaba removiendo los platos sucios de la mesa, se apresuró a ir con su padre y le ayudó a recogerlo. Ya estaba oscuro afuera pero las luces del jardín ayudaban bastante.

—No tienes que hacer esto, papá, yo puedo sola.

—No digas eso, caramelo, voy a ayudarte. Es lo menos que puedo hacer por el comportamiento de tu mamá —dijo Charlie con una leve sonrisa en el rostro. Se había divertido al ver a Renée comportándose de esa manera aunque sabía que estaba mal haberlo disfrutado, sobretodo porque Niklaus no estaba contento con eso.

—Pero sólo ayúdame a llevar los platos, ¿de acuerdo? Le diré a Edward que baje a ayudarme con lo demás, luces demasiado cansado, ¿Qué fue lo que hiciste toda la mañana?

Charlie siguió trabajando en la mesa mientras hablaba.

—Estuve armando el parque de Niklaus, pero tú no me escuchabas porque estabas enfrascada en la comida mientras cantabas esa música tan buena que te enseñé cuando era una niña —sonrió—. Edward ayudó, y después fui por Microbio.

Bella bufó antes el nombre de nuevo.

— ¿De quién fue la idea de ese nombre?

—Niklaus… ese niño tiene una mente bastante loca —dijo riendo sin poder evitarlo.

—Pues claro, está rodeado de gente loca, ¿cómo esperas que no se comporte así? —sonrió Bella y caminó en dirección a la casa con algunos platos y cubiertos sobre una bandeja.

—Es un niño asombroso, hija… —Charlie colocó los platos en el fregadero y se recargó en él, con los brazos cruzados y mirando a su hija con una bella sonrisa de orgullo—. Estoy orgulloso de ti, ¿sabes? —Bella se volvió a él rápidamente. Su padre amaba a su hija, todo el tiempo se lo demostraba, ella estaba acostumbrada a que su padre le dijera ese tipo de cosas pero… lo que le había dicho en esos momentos, y la forma en que lo había hecho le hizo mirarle en silencio—. Estas haciendo un gran trabajo con Niklaus, por lo que escuchado… ese niño estaba acostumbrado a ser un malcriado, me cuesta creerlo al ver cómo se comporta ahora… y el cariño y el respeto que te tiene.

—Papá yo…

—Espera, por favor, deja que termine —Charlie le tomó de la mano y bajó la mirada a ella—. Debo admitir que al principio, cuando supe que estabas de pareja con Edward, quien tenía un niño de seis años… me aterré. No creí que fueras capaz de aceptar a un niño como tu hijo así como si nada. Cuando tu madre me dijo que Niklaus ya te llamaba mamá… supe que estaba equivocado. Es un niño bastante selectivo. Se le nota, y que él te considerara de esa manera me hizo darme cuenta de que estaba equivocado al pensar que no podrías con todo esto. Un niño es una responsabilidad, hija, ser pareja de alguien tan famoso como Edward también, sobre todo a tu edad que estás buscando algo serio… Pero el trabajo que llevas, para todos los compromisos que tienes, no es sano. Necesitas tu espacio. Sé que ahora puedes con todo esto porque eres joven… y esas ojeras me dicen que no has estado durmiendo lo necesario… Hija, no tomes responsabilidades muy rápido, piensa las cosas… Toma vitaminas y come, estás comenzando a verte delgada. Me preocupo por ti, pero estoy muy orgulloso de ti también porque eres una mujer muy responsable.

Bella sonrió, una sonrisa sincera y amplia para después ir a los brazos de su padre y abrazarlo, pegando su cara a su hombro y aspiró su familiar aroma.

—Gracias por preocuparte, papá —le dijo en voz baja—. Te prometo que voy a cuidarme, voy a comer, y tendré mi peso de vuelta.

—Por favor, cariño, y duerme mucho que es muy importante. Este trabajo es bastante ajetreado… no puedes tener una familia muy bien atendida de afecto cuando eres el encargado de llevar la vida de una persona bastante famosa. Tuve suerte de que tu mamá decidiera salir de trabajar para cuidarte. Sé que nunca te faltó mi cariño, pero no estaba todo el tiempo contigo y viajaba mucho… —Charlie le acarició sus cabello y le dio un beso—. Es una buena idea lo que hacen con Niklaus, mantenerlo ocupado mientras ustedes trabajan, pero debes decirle a Edward que no puedes con él todo el tiempo. No se puede quitar responsabilidades sólo porque tú estás con el niño ahora.

—Lo sé —asintió Bella, separándose de su padre—. Hablaré con él, papá. Gracias por tus consejos.

—Lo hago porque me preocupo por ti, cariño —bostezó y apretó los ojos—. Lo siento.

Bella rio al mismo tiempo que sacudía la cabeza y se ponía frente al fregadero.

—Ve a dormir, papá, por favor.

—Claro, pero tengo un regalo para Niklaus mañana.

— ¿Más regalos?

—Es para Edward y Niklaus.

—Papá, lo están consintiendo demasiado —dijo Bella no tan feliz de lo que estaba haciendo sus padres, definitivamente. Niklaus planearía refugiarse con ellos o les llamaría cuando se sintiera con menos poder—. ¿Qué es?

—Pases para el partido de los Lakers la próxima semana.

—Será mejor que vayas a dormir ahora antes de que decida golpearte con algo, ¿sí?

Charlie se echó a reír y se acercó a darle un beso en la frente a su hija, igual que cuando estaba pequeña.

—Buenas noches, preciosa.

—Buenas noches, papá.

Durante la siguiente media hora, Bella estuvo trabajando en la cocina con los platos sucios, limpiar la mesa, terminar de recoger todo lo que estaba en el jardín y limpiar la cocina. No era mucho, debido a que Esme y Renée habían ayudado un poco con el orden, pero Bella tenía esa manía de cuidar que todo estuviera perfectamente bien colocado.

Cuando finalmente terminó con todo, subió las escaleras a las habitaciones, asegurándose de dejar todas las puertas cerradas y las alamas puertas. Fue directo a la habitación de Niklaus, pasando de largo la habitación de Edward, abrió con cuidado la puerta, y encontró sólo la luz de la lámpara junto a la cama encendida, baja, tenue. En la cama yacía Niklaus, con los cabellos revueltos y durmiendo profundamente. Bella se sorprendió porque no pensó que Niklaus dormiría sin que ella lo fuera a ver, y realmente fue un alivio, comenzaba a preocuparse de que Niklaus dependiera de ella bastante pronto y siendo tan pequeño. En silencio, salió otra vez de la habitación y se dirigió donde seguramente estaba Edward. Al entrar, escuchó el agua correr en la ducha.

Sabía que Edward estaba enfadado por todas las cosas que sus madres habían hecho ese día en la tarde. Ella no sabía que era lo que Edward había hablado con ambas, y no dejó que Renée le dijera algo al respecto. Tal vez podría saberlo el día de mañana.

Despojándose de sus ropas, caminó hacía el cuarto de baño, donde encontró a Edward en la ducha, dándole la espalda. Bella amaba realmente el cuerpo de Edward. Su cuerpo era jodidamente perfecto. Y daba las gracias al futbol por mantener las nalgas de Edward en forma. Abrió la puerta de vidrio de la ducha y dio un paso dentro. Presionó sus pechos desnudos contra la resbaladiza piel de su espalda mientras sus brazos se envolvieron alrededor de su cintura. Inmediatamente él gimió y tiró de sus brazos más alrededor de él.

Lamió su espalda y su nuca, sintiendo las gotas de agua. Sus manos se deslizaron por su duro abdomen para poder tocar su erección. Y claro que estaba totalmente erecto. El contacto de sus cuerpos, la frente de Bella en su espalda y la sensación de su longitud palpitante pulsando bajo sus dedos hacían que Bella se excitara bastante y se olvidara de todo el cansancio que tenía encima por esa tarde ajetreada y llena de problemas.

Atreves del sonido de las gotas de agua golpeando sus cuerpos, Edward soltó un gemido, rasguñando la pared en donde descansaban sus manos.

—Tócame, nena —murmuró, tomando sus manos mientras le guiaba de arriba hacia abajo sobre su miembro.

Un caliente estremecimiento recorrió todo el cuerpo de Bella al sentir las manos de Edward sobre las suyas. Estaba idiotamente erotizada por su larga dureza. Sintiendo un ardor agradablemente caliente entre sus piernas, lamió las gotas de agua por su ancha y musculosa espalda. Sintiéndose necesitada, comenzó a frotar sus doloridos pezones por lo largo de la espalda.

Edward se volteó, tomando el castaño cabello de Bella en su mano, echando suavemente su cabeza hacia atrás para que sus miradas se encontrasen. Le miró fijamente, con sus ojos verdes llenos de deseo. Bella sintió como su sexo palpitaba en necesidad.

—Isabella Swan —murmuró Edward, mirándole los labios sonrosados y mojados.

En respuesta, Bella gimió por la forma en que había pronunciado su nombre. Edward, sonriendo de lado, con esa sonrisa matadora, retrocedió, devorándola con la mirada. Sus ojos totalmente verdes persistieron en sus pechos grandes, desnudos, altos, mojados y con pezones erectos. La salvaje necesidad de su rostro hizo que la respiración de Bella se hiciera entrecortada. Volvió a acercarse a su cuerpo, deslizándose hacia abajo, con su boca cubriendo su pecho, chupándole tan ferozmente como siempre. Acarició su otro pezón sonrosado y erecto con su mano libre, su palma hábil y urgente. Expertamente apretó su carne y chupó la cálida punta en el cálido interior de su boca, su otra mano estaba firme alrededor de las muñecas de Bella detrás de su espalda.

Bella se estremeció contra él, su coño estaba apretándose con necesidad. La niebla de vapor envolvía sus cuerpos mientras el agua golpeaba la espalda de Edward, volviéndola frenética, y de repente, se dio cuenta de que lo necesitaba rápido, con urgencia.

—Tómame —suplicó, intentando zafar sus manos para poder jalarle hacia arriba. Edward no cedió.

Sus ojos verdes centellaron mientras pellizcaba de nuevo sus pezones.

—Ese es el plan, nena.

La levantó con facilidad por la cintura, pero en vez de bajarla sobre su polla, llevó sus pechos a su boca. Chupó uno, luego el otro, con fuerza, usando los dientes. Los músculos de sus brazos estaban flexionados mientras la mantenían en el aire, alimentándose de sus pezones, jalando, succionando, volviéndola loca. Las sensaciones la golpeaban como un rayo. Cada vez que chupaba sus pezones, se encendía hasta los dedos. Y cuando no podía dejar de lloriquear y hacer muecas por el alucinante placer que le causaba, la bajó en su erección con tanta fuerza que al instante se embistió dentro de ella.

— ¿Es demasiado duro? —la voz de Edward se escuchaba jadeante, con deseo y a la vez preocupación. Le tiró hacia arriba con sus bíceps sobresaliendo mientras esperaba que ella hablara.

Sin aliento, Bella sacudió la cabeza y agarró los anchos hombros de Edward.

—Te quiero —susurró—. Por favor, déjame sentirte. Quiero tenerte.

Con un gemido ante las palabras de Bella, la bajó más lentamente esa vez. Pero aún seguía siendo masivamente grande y se arrastraba con fuerza sobre cada centímetro de su canal. Lagrimas quemaban desde la garganta de Bella mientras se colgó de sus duros hombros, y, cuando empezó a moverse de verdad, le estaba follando de verdad. Ella se perdió y casi vagamente pasó su lengua a lo largo de su mandíbula, chupó su oreja, jadeando y gimiendo mientras lo montaba tan rápido como podía. Tan rápido como él la estaba follando.

Escalofríos bajaron por la columna de Bella cuando él deslizó su lengua en su oído, follándole suavemente con ella.

—Amo —dijo con voz áspera, usando esa sexy forma de hablar, enviándola al borde del orgasmo—, como encajas en mí.

Él tiró del lóbulo de su oreja con sus dientes. Su respiración era rápida, tensando sus músculos de su pecho mientras la sostenía apretadamente en sus brazos y le hablaba al oído, aun empujando contra ella.

—Estás tan apretada. Tan mojada… Se siente tan bien, nena. Hueles tan jodidamente bien. ¿Eres mía? ¿Sólo mía?

—Sí —jadeó Bella, maullando casi porque amaba cada palabra que él le estaba diciendo. Sintiendo la necesidad de encenderlo también, le regresó el susurro—. Dame más, Edward, quiero todo de ti. Más duro, por favor, más duro, más rápido —dijo con los dientes apretados. Inmediatamente Edward hizo lo que ella le estaba pidiendo y en poco tiempo Bella sintió como los espasmos de su coño apretaban rítmicamente su polla mientras sentía su liberación dentro de ella.

Cuando se dejó caer a su alrededor, Edward agarró la parte posterior de su cabeza y la sostuvo firmemente enterrada en su cuello. Ella ni siquiera trató de poner sus pies en el suelo. Edward apagó la ducha y los sacó, frotando una toalla delicadamente en su cuerpo antes de arrastrarla sobre sí mismo, teniéndola toda empalagosa porque era tan fuerte y sexy que ni siquiera tenía que bajarla antes de dirigirse inmediatamente a través de la habitación, lanzándose con ella a la cama, desnudos.

Edward la metió dentro, cubriéndolos, y cuando se dio cuenta de que Bella seguía atontada por el orgasmo, la ajustó con su cuerpo, haciéndole cucharita. Acercó su nariz a la parte posterior de su oreja, oliéndola. Ella sintió su mano rozar su pelo, acariciándola con dulzura. Su lengua seguía lamiendo el lugar en su cuello que había mordido en la ducha. Arrastró la lengua a los largo de la curva de sus hombros, sus oídos, despertando cada centímetro de su piel, otra vez.

—Nena, no puedes dormirte —murmuró cerca de su oído, acariciando con su mano su cintura—. Aún nos queda mucha noche.

Sonriendo, Bella se volteó hacia a él, empujando sus caderas contras las suyas. Totalmente despierta.

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Al día siguiente, Renée y Charlie decidieron que querían pasar el tiempo en familia, con Niklaus, Edward y Bella, así que, siendo Edward tan amable, les ofreció llevarlos a dar una vuelta por las calles principales de Londres. Bella estaba cansadísima, pero decidió que los acompañaría porque cuando había dicho que no, mientras estaba tumbada en la cama, Niklaus y Edward le miraron con cara de perrito triste y se lanzaron sobre ella, intentando convencerla y darle motivos para ir, aunque lo único que repetían era: "Porque queremos que vayas". Accedió, y hubo bastantes líos. Renée y Edward habían discutido por como Niklaus debía ir vestido cuando salían a la calle en verano pero siendo Londres. Niklaus se cansó de todo y decidió que iría con la ropa que Bella había dejado lista en su cama, sin discutir nada. También, Renée y Edward habían discutido una vez más por el auto que debían conducir y el lugar donde debían dejarlo porque Renée había visto el mapa de Londres en internet.

Después, el domingo en la noche, Renée y Charlie tomaron su vuelo de nuevo a Seattle, Renée tomaría de nuevo su lugar como enfermera en el pequeño hospital de Forks y Niklaus volvería al colegio. Edward volvió a los entrenamientos y Bella a su trabajo y ejercicios. El martes, fueron al partido de hockey con Cara. Bella se sorprendió al ver lo grade que estaba después de no verla alrededor de dos semanas. Ella no se separó de Niklaus y no parecía que Niklaus quisiera separarse de ella. Bella se preguntó como tomaba Jasper todo eso.

El jueves, dos días antes de la sesión de fotos de Edward y Bella para Calvin Klein, ella estaba más que a gusto con su cuerpo ahora. Y vaya que le gustaba mirarse en el espejo y ver su bonito culo respingado. Sus pechos también estaban en una muy buena proporción y su cintura era estrecha. El abdomen estaba plano y firme gracias a sus ejercicios. Después de la escuela, Bella había decidido ir a la casa de Edward —donde prácticamente estaba viviendo allí todos los días—, y pasarla con Niklaus mientras arreglaba los cestos de ropa. La semana de la señora Harriet se había alargado una más porque, al parecer, su hijo estaba realmente enfermo.

—Niklaus, baja el cesto de ropa sucia, por favor —dijo Bella en voz alta, con la cabeza asomada por la puerta del cuarto de lavado.

—Bajo en unos segundos, mamá —respondió el niño gritando también.

Bella volvió a tomar asiento en el banquillo junto al cesto de la ropa limpia que había salido de la secadora y comenzó a separar la de entrenamiento de Niklaus, con los uniformes y la casual. Bella realmente odiaba el servicio de la lavandería cuando en casa podían hacerlo perfectamente. Su teléfono comenzó a sonar y ella hizo una mueca. Le había dejado en la mesa del comedor.

— ¡Mami, está pesado! —exclamó Niklaus con la voz agitada.

Suspirando, Bella se puso rápidamente de pie, y en cuanto estuvo firme, todo a su alrededor comenzó a dar vueltas, igual que hacía unos días. Se sostuvo con sus manos sobre la secadora con los ojos cerrados, esperando a que el mareo pasara y cuando se aseguró de que era así, caminó rápido a las escaleras, encontrándose con Niklaus y el cesto de ropa sucia.

—Está bien, ya lo tengo yo —le dijo al mismo tiempo que Niklaus lo soltaba. Bella bajó las escaleras y lo dejó allí. Su teléfono celular seguía insistiendo y, después de tomar una respiración, sintiendo aun la pulsación en su cabeza, caminó hacia allí—. Arrástralo hasta el cuarto de lavado, Nik, por favor.

—A la orden, mami.

Cuando Bella llegó a la mesa del comedor, alcanzó el aparato y deslizó la flecha hacia el pequeño dibujo del teléfono verde, sin ni siquiera mirar el contacto que le estaba llamando.

—Isabella Swan —contestó con voz diplomática.

— ¿Señorita Swan?

Bella frunció el ceño ante la voz vagamente familiar de su ginecólogo.

—Sí…

—Habla el doctor Ross. Esta llamada es con el fin de informarle que usted ha faltado a tres citas en los últimos dos meses, y… necesitaba saber si usted está siguiendo algún otro tratamiento anticonceptivo.

Bella palideció.

— ¿Tres citas? —su voz sonaba temblorosa, sus manos estaban temblando y todo volvió a girar otra vez a su alrededor—. ¿Cómo es eso posible? Yo… he asistido a las citas —ella sabía que estaba mintiendo, hasta le costaba creerse lo que ella misma decía.

—Lo lamento, señorita Swan, pero usted ha faltado a las tres últimas citas para poder colocarle la inyección.

—Vaya…yo… ¿Cuándo puedo ir a su consultorio?

—Tengo libre esta tarde, a las… cinco—dijo el doctor, viéndose también un poco preocupado por el estado de Bella en esos momentos.

—De acuerdo, estaré allí a esa hora. Gracias por el aviso.

Inmediatamente colgó y miró el reloj de su pulsera. Tenía una hora y media para llegar al consultorio. Con paso apresurado fue al cuarto de lavado y se aseguró de meter toda la ropa en un cesto, separando la limpia de la sucia, Klaus había desaparecido de nuevo. Apagó todo lo que estaba allí y subió las escaleras a las habitaciones, sosteniéndose del pasamano, sintiendo que si no lo hacía caería. Una vez que llegó arriba, cerró los ojos y tomó respiraciones profundas. Al abrirlos ojos se encontró con Niklaus sentado en el suelo del pasillo, con un montón de pistas de autos, armando su propia carretera.

—Mami, ¿estás bien? —le peguntó con el ceño fruncido, dejando caer el auto que estaba por dejar deslizar a una rampa. Se puso de pie rápidamente.

—Sí, mi amor, estoy bien. Pero vamos a salir ahora, ¿de acuerdo? —Le tomó de las mejillas—. Tengo una cita médica y lo había olvidado.

—Pero mañana iremos con mi doctor, mami.

—Lo sé, pero hoy debemos ir con el mío.

— ¿Y te van a poner una inyección?

Espero que aun estemos a tiempo para eso, pensó.

—No lo sé, por eso debemos ir y me dirán si debo ponerme una inyección o no.

—No quiero que te inyecten, mami. Las inyecciones duelen.

—Pero son necesarias, mi amor. Ahora ven, vamos a tomar un baño para ir al doctor, ¿de acuerdo?

—Pero no he tomado teta.

Bella suspiró, tomando la mano de Niklaus y caminó por el pasillo, esquivando los juguetes que estaban por allí y se dirigió a la habitación de Edward.

—Después, mi amor, ahora debemos darnos un baño. Ve a buscar ropa para esta tarde, la noche estará un poco fría, así que asegúrate de usar suéter.

Niklaus salió disparado de allí, siguiendo las órdenes que le daba Bella. Ella, en estado de shock, buscó ropa para ella también en el enorme armario de Edward, donde él le había dicho que colocara su ropa también. Lo hizo en forma automática. Era un vestido azul marino, con botones al frente. Lo acompañaría con un abrigo tejido a mano de color beige y unas sandalias a juego. Todo lo dejó en la cama, listo y preparado. Fue a llenar la enorme bañera para poder bañar a Niklaus, el niño apareció en el cuarto de baño inmediatamente.

—Mami… ¿Por qué tiemblan tus manos? —Preguntó Niklaus, mirándole las manos temblorosas a Bella mientras ella lo comenzaba a desvestir para que entrara a la bañera—. ¿Te sientes bien? ¿Quieres que llame a papi?

¡Edward!

—No, cariño —se apresuró a decir Bella mientras lo liberaba de todas sus ropas—. No es necesario llamar a tu papi ahora, lo haré cuando estemos saliendo, ¿sí? Ahora metete al agua.

Niklaus lo hizo sin decir nada más, sintiendo la tensión de Bella. Se dejó lavar el cuerpo y el cabello en silencio. Cuando Bella lo enjuagó, le dijo que se metiera con él también. Ella miró el reloj que había dejado a un lado una vez más. Tenían bastante tiempo. En silencio, se dejó solo con las bragas y se metió con Niklaus al agua, recargando su espada en un extremo. El niño le miró de nuevo en silencio.

— ¿Segura que estás bien, mami? —preguntó al mismo tiempo que bostezaba.

—Sí, mi amor, estoy bien —le sonrió de manera tranquilizadora—. ¿Quieres teta? Creo que todavía tenemos tiempo para eso.

Sonriendo, Niklaus se acercó a ella, ahuecando su cuerpo con el suyo y llevó su pecho a su boca, jalando con un poco de fuerza. Llevaban un poco más de la semana haciendo eso y Bella estaba esperando el momento en que sus hormonas reaccionaran. Suspirando, dejó su cabeza recargarse en la pared de azulejo detrás de ella y con su mano tomó un poco agua que estaba alrededor de ellos y le mojó el cabello —que ahora era corto— a Niklaus.

Tres citas. Tres citas sin asistir al ginecólogo para que le colocara la inyección o le diera las píldoras. En los últimos dos meses Edward y ella habían tenido varios encuentros sexuales. Y ni siquiera recordaba cuando había sido la última vez que había tenido la regla. Y ella era bastante puntual con eso. Sin embargo, el estrés que estaba llevando no era normal.

Ella no podía estar embarazada.

No podía.

Cerró los ojos con fuerza y volvió a dejar escapar un suspiro. ¿Qué jodidos iba a decirle a Edward si es que estaba embarazada? Vale, ellos iban enserio, se miraban a sí mismo en una relación a largo plazo, y se lo decían todo el tiempo. Edward incluso bromeaba con el matrimonio. Ella aceptaba eso sin problemas, pero los dos sabían que no era tiempo todavía. Debían inscribir a Niklaus en clases extracurriculares porque no podían atenderlo todo el tiempo. Esa era la realidad. Eso era lo que su padre le había dicho. Ni Edward ni ella tenían tiempo para un bebé en esos momentos. No había tiempo para nada. La vida de ambos era bastante ocupada.

Bajó la mirada a Niklaus, quien no dejaba de jugar con la cadena de oro que estaba alrededor de su cuello mientras tenía los ojos cerrados. ¿Qué pasaba si estaba embarazada? Niklaus no era del tipo de niños que pedían hermanitos. Era bastante celoso, ¡Era celoso incluso de los perros! Cuando Bella le prestaba atención a uno de los perros Niklaus iba e intentaba llamar su atención.

Intentó relajarse. Ni siquiera sabía si de verdad estaba embarazada o no y ya estaba imaginando cosas… intentó relajarse de verdad, cuidando de mantener la cabeza de Niklaus mojada para que no se enfermara. Después de casi veinte minutos allí, Bella pasó los dedos por el brazo de Niklaus, utilizando suavemente su uña contra su piel.

—Bebé —susurró en voz baja y bajó la cabeza para darle un beso. De inmediato, Niklaus volvió a mamar, despertando y abrazándose a ella—. Nik, debemos salir de aquí, se hará tarde —le dijo en voz baja.

En respuesta, Niklaus sacudió la cabeza, enterrando su rostro en su pecho y apretando sus ojos.

—Cariño, vas a enfermarte, no quiero que te enfermes, vas a tener inyecciones…

—No —murmuró.

—Levántate, el agua está helada.

—No quiero —renegó, apretando su pecho.

—Niklaus, estás lastimándome, por favor, levántate.

Con un gruñido, Niklaus se separó de ella, estremeciéndose un poco y después se puso de pie. Tomó la toalla que Bella le indicó y se fue a la habitación. Ella se puso de pie y abrió la regadera que estaba allí encima. Se apresuró a darse una ducha, lavándose el cuerpo y el cabello de manera casi en trance todavía. Cuando terminó, secó su cuerpo y envolvió su cabello en otra toalla más pequeña. Al salir a la habitación, encontró a Niklaus en la cama con su ropa interior puesta y dormido. En silencio, ella le terminó de colocar la ropa que estaba a un lado y después se vistió. Escuchó su teléfono celular sonar con el tono de Edward pero lo dejó pasar. No tenía tiempo de hablar con él en esos momentos. Él sabría que algo pasaba mal y comenzaría las preguntas.

Después de maquillarse un poco y arreglar su cabello de manera que quedara en ondas y sobre sus hombros, se colocó el abrigo beige y los zapatos. Tomó el iPad de Niklaus y lo colocó dentro de su bolso junto con las llaves de la casa y del auto. Edward le había cedido oficialmente la camioneta, donde normalmente salía cuando estaba con Niklaus. Después, con cuidado, y con mucho esfuerzo, cargó a un Niklaus somnoliento, descansó su cabeza rubia en su hombro y se dirigió abajo.

Su pequeño no tenía la culpa de que lo sacara en la hora de su siesta de los jueves y martes.

—Mami… ¿Dónde vamos? —murmuró Niklaus, frotándose los ojos una vez que Bella lo aseguró en el asiento trasero con el cinturón de seguridad.

—Vamos al doctor, Nik, te lo había dicho.

—No me gusta el doctor, es aburrido.

Bella subió al auto y lo encendió rápidamente, haciéndole un gesto a Acher, quien estaba allí detrás de ellos en su auto, el hombre corpulento le devolvió el gesto mientras hablaba por teléfono. Ella sabía que pronto tendría una llamada de Edward si es que el contestaba a Acher.

Cuando estaban a la mitad del camino, su teléfono celular volvió a sonar, finalmente Bella lo tomó y lo dejó en altavoz.

— ¿Nena?

—Hola, Edward.

—Papi —exclamó Niklaus en el asiento trasero del auto mientras jugaba en su aparato, bastante entretenido.

—Hola… ¿sucede algo?

—Estamos yendo al doctor de mamá porque se le ha olvidado una cita —explicó Niklaus en voz baja.

Después de eso, el silencio en al auto duró alrededor de cinco segundos.

— ¿Nena? ¿Puedes hablar ahora?

—Cariño, estoy conduciendo. Es la cita con el ginecólogo… Acher está con nosotros.

—Sí, lo sé, el me lo dijo —suspiró Edward—. Estoy por salir del entrenamiento, ¿quieres que te alcance allá?

—No, no —se apresuró a decir Bella—. No hay ninguna necesidad de llevar tantos autos, cariño. Será rápido. No he preparado la cena… ¿quieres ir a algún lugar? ¿O llevar comida a casa?

—Taco Bell —gritó Niklaus.

—Creo que iremos a Taco Bell —dijo Edward con una sonrisa. Bella casi sonrió también—. Pero iré a cambiarme a casa y después le pediré a Acher que me lleve con ustedes, ¿bien?

—Perfecto —contestó ella al mismo tiempo que estacionaba el auto frente al edificio médico—. Amor, debo colgar, hemos llegado.

—Hasta luego, campeón.

— ¡Adiós, papi!

—Te amo, nena.

—También te amo, cariño, hasta más tarde.

Después de finalizar la llamada, Bella tomó una gran respiración y bajó del auto para abrirle la puerta a Niklaus. El niño de inmediato tomó su mano y caminaron dentro. Cuando llegaron a la recepción, una mujer de mediana edad les sonrió a ambos con amabilidad.

— ¿Señorita Swan?

—Sí, soy yo.

—El docto Ross le está esperando —dijo la mujer, poniéndose de pie y le envió una mirada a Niklaus—. Tú, pequeño, tal vez quieras quedarte un momento aquí en lo que tu mami entra con el doctor.

—No, yo…

—Tiene razón, chiquito —interrumpió Bella y le tendió su iPad y su teléfono celular—. Tú cuidarás esto, si alguien llama dices que mamá está ocupada, ¿bien? —el niño asintió mientras tomaba asiento en uno de los cómodos sillones que estaban allí—. No tardaré, te lo prometo, todo va a salir bien.

Después de que Niklaus le diera un abrazo, Bella le pidió a la señorita que le cuidara y que no dejara que se saliera de allí. Igual, ella sabía que Acher estaría esperando fuera del consultorio. Finalmente entró con el doctor.

—Señorita Swan —saludó el hombre de sesenta años, con mucho cabello blanco en su cabeza y enormes anteojos. Se acercó a darle un apretón de manos—. Supongo que no es necesario que le pregunte como se siente.

—Sólo… necesito saber si estoy embarazada o aun puedo seguir con los anticonceptivos —dijo ella de manera nerviosa.

El doctor le miró con cierta preocupación y asintió, extendiendo su mano hacia la camilla moderna que estaba al fondo de la habitación.

—De acuerdo, señorita Swan, como usted tiene casi un mes y medio que no asiste, haremos un ultrasonido interno para verificar si usted está embarazada.

Bella se estremeció ante la palabra. Hizo en silencio lo que el doctor le estaba diciendo. Supo que, cuando sintió que la bata temblaba en sus manos, se estaba comportando como una tonta por eso. Debía afrontar las cosas ya, no debía tener miedo. Si estaba embarazada… ¿Qué más se debía hacer? Debía aceptarlo, era un bebé, no un monstruo que arruinaría sus vidas. Se lo diría a Edward en cuanto estuvieran solos, sin rodeos, esperar tanto no le serviría de nada. Y si no lo estaba… también debía comentarle sobre eso, sobre lo que ella había sentido y como pensó que él se sentiría.

Con esos pensamientos de cierta motivación, salió del baño y se recostó en la camilla que el doctor le había indicado. Tragó saliva al ver cómo le colocaba un preservativo de los que ella nunca se había molestado en usar, a un extraño objeto alargado y blanco.

—No le lastimaré, tranquila, si siente dolor, dígamelo rápidamente, ¿de acuerdo? —ella sólo atinó a asentir y abrió sus piernas, con la mirada en el techo. Sintió como esa cosa un poco fría se introducía en ella y apretó los puños ante la extraña sensación. Cuando finalmente el doctor terminó de introducirlo soltó el aire—. Muy bien… señorita Swan… —el doctor Ross guardó silencio un momento y Bella le miró mientras él observaba la moderna pantalla que tenía a un lado—. Felicidades, tiene un bebé de seis semanas.

Bella se quedó quieta, callada, tragando pesado mientras volvía la mirada al techo. Tomó una gran respiración y se tapó el rostro con sus manos durante unos segundos, aun sintiendo el aparato dentro de ella. Se destapó el rostro y movió la cabeza para ver la pantalla en blanco y negro.

— ¿Seis semanas? —dijo con voz ronca.

—Sí, está con alrededor de seis semanas… es ese pequeño punto blanco de allí —señaló la pantalla. Lo único que Bella podía ver era exactamente un punto blanco sin forma. Pero era eso, su bebé—. ¿Quiere algunas fotografías?

—Sí, por favor —se apresuró a decir, embobada en la pantalla.

El doctor sonrió y congeló la imagen varias veces para después sacar el aparato sutilmente. A Bella ni siquiera le importó lo incomodo que le había resultado, su mirada estaba en la pantalla frente a ella, en ese puntito blanco. No sabía cómo reaccionar. Era su bebé. Allí, en la pantalla. Un bebé bastante chiquitito.

—Puede ir a vestirse, señorita Swan —le dijo en cuanto le tendió las fotografías.

Bella se quedó aun tumbada en la camilla, mirando las fotos del ultrasonido que tenía en sus manos. Y, sin darse cuenta, hasta que sus mejillas dolieron, supo que estaba sonriendo. Pasó su dedo pulgar sobre el punto blanco que le había indicado el doctor. Después de un par de minutos, bajó de la camilla y fue a vestirse. El doctor había desaparecido. Cuando salió, lo encontró sentado en el escritorio.

—Enserio que no se lo esperaba.

Bella le sonrió.

—No, realmente no —dijo sincera.

—Bueno… pues va siendo hora de comenzar a cuidar su alimentación, señorita Swan. Ya lo sabe… nada de alcohol, o nicotina, por el bien del bebé. Debe tomar mucha agua y los ejercicios que haga deben ser leves.

Ella asintió, mirándolo pero acariciando las fotografías que tenía en las manos. De repente, recordó que el bebé significaba dar leche materna… algo que Niklaus estaba esperando obtener.

—Tengo… ciertas dudas, doctor, ¿puedo preguntarle algo?

—Claro que sí.

—Yo… verá, es un poco extraño, pero, un niño de seis años, está comenzando a… amamantarse de mi —dijo con voz firme, estudiado la expresión del doctor frente a ella—. Y me preguntaba si es verdad que después de un tiempo comenzaré a producir leche… aunque no estuviera embarazada.

—Oh… bueno, señorita Swan, se sorprendería realmente de cuantas mujeres me han dicho lo mismo. Cuando comienzan a querer dar de amantar a niños que no son suyos y que, por supuesto, no habían quedado embarazadas antes. Después de un poco más de una semana usted comenzara a producir leche… pero ahora que sabemos que está embarazada será mucho más rápido —asintió—. La leche que comenzará a producir no daña en nada al niño, tampoco le va a causar complicaciones en el embarazo. Lo que sí pasará es que sus pezones pueden hacerse más sensibles, y en algunos casos puede que ni siquiera quiera tocarlos. Sin embargo, no es todos los casos de las mujeres… además, si el niño sigue aceptando lo que usted produzca, le ayudará a que el pequeño bebé que viene se le facilite más el alimentarse de usted. Cuando el bebé nazca, lo único que tiene que hacer es procurarlo a que coma como se debe, que mantenga su peso adecuado y moje el pañal al menos seis veces al día —sacudió la cabeza y después le sonrió—. Algunas veces los niños mayores se destetan solos por el tipo de sabor de la leche que va cambiando conforme el bebé recién nacido crece. Pero no hay nada de malo con eso. No se sorprenda si en unos de estos días comienza a producir leche. ¿Cuándo tiempo lleva el niño estimulando sus pechos?

—Alrededor de una semana —se apresuró a contestar Bella, aliviada en cierto modo porque no podría soportar quitarle la teta a Niklaus cuando supiera que ella estaba embarazada. No sabría la reacción.

—Espere un poco más y será así —asintió el doctor con una sonrisa.

—Muchas gracias —ella se puso de pie y el doctor le imitó al mismo tiempo que estrechaban las manos y le tendía algunos folletos.

—Su siguiente cita será en dos semanas, después, será cada cuatro, ¿de acuerdo? —ella asintió—. Felicidades, señorita Swan.

Después de regalarle otra sonrisa grande, Bella guardó las fotografías en su bolso y salió de allí. En cuanto cerró la puerta, ya tenía los brazos de Niklaus alrededor de su cintura y su cabeza enterrada en su estómago.

—Mami, tardaste mucho.

—Ya estoy aquí, mi amor —le acarició los cabellos—. Iré con la señorita un momento.

Después de acordar la fecha de su cita con la mujer de la recepción del consultorio, salieron a la calle. Bella miró que a los costados estaban dos adolescentes plásticas tomándole fotos a ella y a Niklaus mientras salían de allí. Estaba segura de que incluso tomaban video. Cuando Bella le envió una mirada a Acher, él rápidamente salió de allí para ir por Edward a la casa mientras ella y Niklaus subían de nuevo a la camioneta, al instante, el teléfono de Bella sonó, recibiendo un mensaje. Aseguró a Niklaus y tomó e teléfono. Edward estaba en casa esperando por Acher.

—Mami, ¿Qué te dijo el doctor? —preguntó Niklaus, mirándola por el espejo retrovisor.

—Nada… a mamá no la inyectaron, ¿no es eso bueno?

—Sí, te salvaste de la aguja en tu pompi —asintió el pequeño, pero su rostro seguía serio—. ¿Por qué estaban dos señoras con barrigas donde tenían bebés allí afuera? Les pregunté y dijeron que estaban allí para ver al doctor dentro porque sus bebés necesitaban ser revisados.

—Oh sí, el doctor con el que fui también mira bebés, pero cuando los bebés salen de las panzas de sus madres, los mira el doctor que te mira a ti. Yo sólo fui por un medicamento —se encogió de hombros y codujo hacia el restaurante donde habían quedado con Edward.

—Oh… entonces no tienes un bebé allí dentro.

—Pues yo creo que no —dijo Bella de manera casual, fingiendo estar ocupada mirando la carretera. Niklaus no podía saberlo antes que Edward. Se lo soltaría sin más, sin explicación, y probablemente se pondría como un loco.

Al llegar al restaurante, Niklaus se apretó a ella con fuerza, sintiendo algunas miradas sobre él. No estaba acostumbrado a salir y que le miraran si su padre no iba con él. Finalmente entraron, encontraron una mesa vacía y fueron a sentarse allí. Pidieron algunas bebidas para comenzar y cuando Bella divisó la figura de Edward entrar al restaurante, Niklaus se despidió de ella para ir al baño él sólo.

Se puso de pie cuando Edward se acercó a la mesa, sus manos se estaban retorciendo y Edward supo de inmediato que algo no estaba bien con ella. Cuando él tomó sus manos, Bella volvió a sentarse y de inmediato Edward le imitó. Ella pegó su delgado cuerpo al musculoso de Edward y respiró su aroma a limpio, a jabón. Tomó las fotografías del ultrasonido y se las colocó en las manos. Alzó su cabeza para besarle el cuello y cuando Edward bajó la mirada a las fotografías, Bella habló en un susurro con voz temblorosa.

—Estamos embarazados.


¡ESA NO SE LA ESPERABAN! ¡Ja! Sólo no me maten... es muy pronto... pero Niklaus se hace grande con cada segundo que pasa :( Necesita hermanitos, además, así es como la historia ya estaba planeada :D ¿Cuál piensan que será la reacción de Edward ante semejante noticia? Definitivamente no puede ponerse como un loco en un restaurante lleno de personas que estan a una tecla de las redes sociales... tampoco podría ponerse gruñón... ¿o sí? ¡Y Niklaus! Ese niño sí que se pondrá extraño cuando sepa lo de su hermanit ... además... ¿sólo uno o multiple? Hay tantas cosas que ustedes podrían suponer...

Por otro lado... LLEGAMOS A LOS MIL REVIEWS. ESTOY TAN EMOCIONADA. MUCHAS GRACIAS 3

Gracias por sus comentarios a: PottericaTwilighterVictoria, NoeLiia, zonihviolet, marieisahale, greihalecullen, isakristen, Nandita21unaxplained, aguabellisima, Vero Grey Cullen, AleLupis, DarkWardObsession, Naye15, , dracullen, torposoplo12, MONELITA CULLEN, KeyAl, whit cullen, Maria, Kristenst, maferpatts, lunanelice, solecitopucheta, Angel twilighter, Tecupi, Tata XOXO, Ilse Masen, Brensa-Cullen-Ivanshcov, PRISGPE, ali cullen, cary, galadrielcullen, Annaniicolle, theparadise, Manligrez, salyluna, Chriarat, Acqua Cullen Potter, VAnonimo, Nadiia16, , PEYCI CULLEN, EmDreams Hunter, Maya Masen Cullen, pera l.t, M Ale Ch M, Manue Peralta, Cristiana Rey, Karlie7, Marie Mars, Bella Kristen Marie Swa, amanecer2601, DiAnA FeR, liduvina, Bennetty Cullen, conejoazul, jupy, OrizMartha

A todos los que me agregaron a favoritos, alertas y los que leen mi historia cuando no leen una incompleta también, gracias, y a todos los anónimos :)

Para los que se quieran unir al grupo de facebook aquí está, allí se pubican fotos y las sesiones de fotos que Niklaus tiene o cualquier tipo de imagen referente al fic: groups/170869393079182/

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¡Nos leemos pronto y ahora sí... FELIZ AÑO NUEVO!