Entre espinas una rosa distante

En una helada y nevosa tarde la historia de la vida de Candice Blanca Ardlay (Mizuki) empieza en 1898. Las buenas mujeres a cargo del humilde orfanatorio corrieron a fuera a encontrar a dos criaturas que lloraban. Annie fue encontrada primero dentro de una canasta cubierta con frazadas; en una nota su madre indico que por causas económicas ya no podía cuidar de su pequeña hija. Candice fue encontrada cobijada en su canasta bajo un árbol a solo pasos de Annie. Pero no se hallaba nota ninguna que indicara el nombre de la criatura ni la razón de su abandono, solo la acompañaba una muñeca. Las mujeres vieron el nombre de "Candice" bordado en la vestimenta de la muñeca. Ellas entonces decidieron ponerle a la bebe tal nombre. Blanca, su segundo nombre, surgió de la nieve en cual las buenas mujeres encontraron a Candice en esa tormentosa tarde.

¿En realidad, quien es nuestra querida Candice Blanca? ¿De dónde viene y porque fue abandonada en esa tormentosa tarde? Estas preguntas han rondado y torturado los pensamientos de Candice y de todo aquel quien la rodeo. A continuación, capitulo por capitulo, y mucho antes y después del nacimiento de Candice Blanca Ardlay, se descubrirá una historia de amor, traición, y nuevas facetas en las vidas de la prestigiosa familia Ardlay.

Capitulo 1- La primavera de 1860

"Señorita Cora, me podría hacer el favor de prestar atención a lo que le estoy intuyendo a tocar" dijo el instructor de piano, "necesito su total atención, ciertamente afuera de esas ventanas no puede haber algo más importante que estas teclas de marfil." Le regaño el Señor Milner quien le ha instruido por diez años. El es un hombre alto y delgado de edad media con buena postura, muy bien vestido y siempre con juego de trajes de colores oscuros. Al escuchar a su aprendiz tocar piezas musicales el Sr. Milner constantemente le da por rodar su bigote entre sus dedos. "Perdóneme Sr. Milner, no volverá a suceder" dijo Cora avergonzada. "Bueno, creo que mi tiempo está por concluirse. Me encargare de que practique su pieza, para la semana entrante debe estar lista para tocarla." Dijo firmemente el instructor mientras Cora asintió con su cabeza en aceptación.

Era un día placentero, los rayos del sol radiaban por las grandes ventanas del cuarto de música de la inmensa mansión. Cora es una chica de dieciséis años, de estatura mediana y de buen cuerpo. Su cabello es castaño y sus ojos son color pardo, delineados naturalmente con sus oscuras y largas pestañas. Cora es una joven radiante a quien le agrada salir a caminar por el jardín de la mansión durante el día con Janette, quien es su hermana mayor de cabellos rubio rojizo, de ojos verdes, y de piel blanca con pecas. A pesar de la diferencia llevada de siete años, las hermanas son emocionalmente muy apegadas. Todo detalle ocurrido del día es compartido, especialmente cuando se trataba de hablar mal del Sr. Milner. "!Señorita Cora, por favor de prestar atención la, la, la! Señorita Cora esto… Señorita Cora lo otro. ¿A caso el no sabe que su aliento es atroz? ¡Creo que me desmayare la próxima vez que se me acerque con ese bigote! Exclama Cora al burlar al Sr. Milner.

"Ay Cora, cuanto te compadezco querida, una hora completa con él es más de lo que yo podría soportar." respondió Janette. "¿Qué hay de nuestro adorado paseo, estas lista hermana? Yo de seguro lo estoy después de exponerme a ese ratón gris de labios delgados con horrible aliento." Cora continuo diciendo mientras las dos empezaron su paseo por el jardín. "¿Janette recudas el muchacho que fue invitado con su familia para la cena de negocios que Papa celebro el mes pasado? ¿El caballero que mantuvo su mirada en mi la mayor parte de la tarde, cual hizo que derramara mi vaso con su penetrante mirada?" pregunto Cora. "Pues, claro que sí, es más si recuerdo correctamente su nombre es Edgar. El es un joven de diecinueve años y muy guapo, con hermosos ojos como el celeste azul del cielo. Y sin ignorar, que grata sonrisa. Si dime, que pasa con el." Respondió Janette. "! Edgar me ha escrito! Desea verme e ir de paseo conmigo al parque." Dijo Cora felizmente. "¿Y cuando nos alistamos? Tendremos que avisarles a nuestros padres primero para ver si nos dan su permiso. Espero les sea suficiente que sea yo la que te acompañe y no Henry de chaperón." Dijo Janette feliz y luego con preocupación. "Ay si, prefiero que seas tú en vez de nuestro hermano, y como a él le gusta hablar tanto de negocios, creo que manipulara la conversación, me aburrirá y me dejara fuera de ella." Cora se es el hermano mayor de las hermanas. Un hombre alto, rubio, de ojos tiernos color azul, buenmozo de veintiocho años y casado con una noble joven rubia de diecinueve años llamada Priscilla Wellington de bello semblante y alta estatura. La dulce ojiverde proviene de una familia sumamente adinerada. La pareja vivían también en la grande mansión. Henry trabajaba como gerente en partes del negocio de familia, con acciones y propiedades alrededor del Chicago.

"¿Puedes creer que hoy es el día en que Edgar y yo iremos de paseo por primera vez? ¡Estoy que salto de la alegría! Dijo Cora felizmente. "Si querida, pero no será hasta después de tu clase de piano con el Sr. Milner." Janette le recordó. "Ay, qué bueno, creo que me llenare las fosas nasales con hojas de menta para soportar su aliento por hoy." Dijo Cora sarcásticamente. "A lo mejor deberíamos de brindarle un té de menta para sanarlo, en vez del vaso de brandy, o agua de alcantarillado que parece beber." Dijo Janette riéndose.

"Señorita Cora tengo el placer de anunciarle que le he enseñado todo lo que sé en contenido musical, ya no será necesario que yo la instruya." Dijo el Sr. Milner con orgullo. Cora cordial y gentilmente se inclino ante su profesor, luego él le dio un beso en su mano para despedirse de ella. Tan pronto el Sr. Milner se alejo del cuarto, Cora pego un salto de felicidad y se asomo a la ventana para hacerle señas a su hermana. "!Janette, ven ayudarme a alistarme, tengo que verme angelical para Edgar! Exclamo Cora.

Una vez en el carruaje Cora y Janette compartieron su felicidad y a la vez repasando las reglas de cortejo. Cora trajo su abanico para dar sus señales tácitas a su pretendiente. Las chicas practicaron la una con la otra tomando el papel del hombre, cual fue causa de muchas risas histéricas. Janette sostuvo su abanico y comienza a abanicar con rapidez. "¿Cora que trato de decirte?" Pregunto Janette. "Eres independiente." Contesto Cora. Abanicando despacio. "¿Cora y ahora?" Pregunto Janette. "Estas comprometida." Ahora Janette con el abanico en la mano derecha y enfrente de su cara. "y ahora" dijo Janette. "Significa que se puede proceder hacia a ti." Respondió Cora. Abanico en mano izquierda en frente de su cara. "Veamos Cora si recuerdas." Dijo Janette. "Significa que se aleje de ti." Respondió Cora. Abriendo y cerrando el abanico. "Ay ese es fácil, significa que te puede besar" Respondió Cora riéndose. Abanico abierto. "!Sientes amor!" Exclamo Cora. Abanico abierto a medias. "Solo amigos." Dijo Cora. Abanico cerrado. "Ay esto significa que sientes odio." Respondió Cora. "Muy bien, este es el ultimo." Balanceando el abanico por el tirante. "Lo invitas a casa" Respondió Cora con un suspiro.

Al llegar al lugar apropiado las chicas vieron a Edgar y su asistente dentro de un elegante carruaje. El asistente educadamente le introduce las chicas a su jefe. Edgar inclina su cabeza reverentemente y toma las manos estrechadas de las chicas y las besa consecutivamente. Edgar y Cora parecían disfrutar realmente de la compañía de cada cual y Janette estaba emocionada con la nueva felicidad de su hermana.

Varias salidas se llegaron a planear, paseos, visitas al teatro, y por ultimo Cora balanceo su abanico dándole entender a Edgar que al fin es invitado a verla en su casa. Las visitas a casa de Cora pasaron con más frecuencia, hasta que al fin en el cuarto de tomar el sol Edgar noto que Cora, mientras se mantenía sentada, abría y cerraba su abanico. Ella sin prestarle atención a lo que hacía, pues ya se sentía augusto estando en compañía de Edgar, no se dio cuenta que el comenzó a acercarse hacia ella por detrás y le dio a Cora un leve beso en su mejilla. De repente ella se levanto dejando el abanico en su asiento pero con su cabeza baja, sus mejillas sonrojadas, y quedándose muda. Edgar se acerco más y al estar a su lado comenzó a acariciar la nuca expuesta de Cora pues ella seguía mirando sus propias manos. Cora nunca antes había sido besada por un caballero, ella sentía el latir de su corazón fuertemente en su pecho y hasta en sus oídos. Mientras Edgar continuaba acariciando lentamente y sutilmente el cuello de Cora sus manos siguieron su rumbo hacia la delineada quijada, suavemente y gentilmente siguen los dedos de Edgar hasta llegar a la barbilla de Cora. Edgar le levanto la barbilla y le hizo subir la cabeza. Una vez frente a él, Cora empiezo a levantar su mirada hasta parar en el pecho de Edgar. Mientras su mano se mantuvieron en la barbilla de Cora, Edgar empezó a rozar el labio inferior de Cora; ella al fin empiezo a mirar sus azules ojos. Una vez que sus ojos se encontraron Edgar comienzo a susurrar. "¿Tienes alguna idea cuanto he estado añorando el poder besar tus bellos labios?" Los labios de Cora eran carnosos y naturalmente color rosa. Edgar entonces se acerco a Cora y sutilmente le pregunto: "¿Me permites besarte? Ella sin recobrar el habla bajo la mirada y cabeceo afirmativamente. Edgar entonces capto el rostro de Cora entre sus manos tiernamente; acariciando sus mejillas con sus dedos pulgares, comienzo levantándole el rostro a Cora y acercando lo al suyo. Cora con ojos completamente abiertos permito el roce de labios hasta por fin llegar a cerrar sus ojos en completa aceptación y entrega del beso que Edgar inicio. Edgar continuo besándola suavemente mientras sus manos comenzaron a moverse hacia los hombros de Cora hasta llegar a sus brazos; el entonces tomo ambas manos y las beso. Edgar sabía que tenía que ser sutil y paciente con Cora, pues todo esto era nuevo para ella.

Luego Edgar miro a Cora entre pestañas y le dijo: "Quiero que sepas que un día serás mi esposa." Cora al fin pudo responder y le dijo: "¿Es acaso esto una promesa que piensas en cumplir?" Cora sonrio tímidamente. "Soy tan feliz cuando estoy contigo Cora, deseo que estés conmigo todos mis días y todas mis noches." Respondió Edgar. Luego se abrazaron y se mantuvieron abrazados hasta Edgar volver a besarla.

Un mes después, Edgar fue a una junta con su padre Horace y sus socios de negocio en Chicago. Un anuncio de gran importancia les será dado sobre las ganancias y las pérdidas que han tomado a la compañía por sorpresa. Desafortunadamente, las bolsas de valores de los Muir habían bajado y todo lo que estuvo envuelto será perdido. Estas noticias fueron devastadoras para el Sr. Horace y su hijo Edgar Muir, pues serán forcados a vender muchas propiedades a bajos costos. Pero en otra mano, los Ardlay, los Elroy, y los McDonnell llegaron a tener ganancias cuádruples, y sus negocios fueron asegurados con más compras de propiedades alrededor del mundo.

Edgar pensó en Cora y que sus planes para el futuro de ellos llegarían a un alto. Ambas familias habían estado de acuerdo con la unión de Edgar y Cora, no por amor si no para reforzar los bienes de las familias. "¿Que será de mi familia y todo nuestro gran esfuerzo y labor? ¿Qué será de mi Cora? Tengo miedo de perderla… me reúso a perderla." Edgar pensó profundamente.