Este fic participa en el reto anual "Long Story" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black


Disclaimer: Tanto Hermione, como Fred, y los demás personajes, escenarios, etc, pertenecen a Jotaká. Solo hago uso de ellos por diversión.


I

Miedo.


—¡Hermione, Hermione! —sintió que alguien le gritaba a lo lejos, y se volteó. Esa voz hacía que el corazón le latiera más fuerte que de costumbre. Parecía querer salir de su pecho para ir al encuentro de quien la llamaba. La marea de estudiantes tratando de escapar del colegio no le dejaban caminar en sentido contrario, y se vio obligada a empujar a unos cuantos para poder encontrarse con él. Lo extrañaba más que a nada, y era uno de los motivos por el cual estaba allí a punto de hacer comenzar una batalla que no tendría retorno.

—¡Fred! —exclamó cuando finalmente logró abrazarlo. Así como estaban, entraron a un salón vacío y pudieron besarse luego de tantos meses, tantos días, tantas horas, ocultos nuevamente de todo el mundo—. Ay, Fred, te extrañé tanto...

—Shh, ahora estoy contigo.

—Tengo miedo —confesó ella, y él volvió a abrazarla, mientras le acariciaba el cabello con ternura.

—No temas, no te pasará nada, aunque no esté a tu lado en medio de la batalla, sé que Ron y Harry sabrán cuidarte a la perfección —trató de tranquilizarla, pero Hermione sonrió con lágrimas en los ojos.

—No seas tonto, Fred, no tengo miedo por mi... tengo miedo por ti.

—¡Tonta eres tú, Herms! ¿Crees que no sé cuidarme solo? ¡Uy! Ve, tonta, ve y protégete bien, hazme el favor. No quiero tener que llorarte después —le pidió con seriedad, y ella se pegó aún más a su cuerpo.

—No me quiero ir, no quiero tener que extrañarte; quiero quedarme contigo —suplicó llorando.

—Estaré contigo para siempre, te lo juro —le respondió el gemelo, volviendo a besarla y llevándola hacia una mesa.

—¿Lo juras de verdad? —quiso saber Hermione, temblando con la sola posibilidad de perderlo, dejando de besarlo por un segundo.

—"Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas", ¿comprendes ahora? —y ante esto, ambos sonrieron mientras volvían a internarse en los labios del otro, para disfrutar del poco tiempo que les quedaba de paz antes de que todo comenzara... y acabara.


Una explosión hizo que el mundo pareciera terminarse. Los escombros le saltaban sobre su cuerpo, la aplastaban, la herían, pero ella no sentía absolutamente nada. El dolor no existía en su cuerpo, existía en su alma. Tenía miedo, más miedo del que jamás había sentido en su vida, más miedo que el que había tenido a los 11 años, cuando un troll casi la mata. Más miedo del que había sentido cuando el basilisco andaba cerca, y tuvo que salir de la biblioteca con un espejo por si se lo encontraba. Más miedo del que tuvo al saber que un asesino andaba suelto en Hogwarts, y que buscaba a su mejor amigo para matarlo. Más miedo del que tuvo cuando supo que Voldemort había vuelto. Más miedo del que sintió al saber que Dumbledore había muerto y que el colegio había quedado sin protección. Más miedo del que tuvo al separarse de Fred sin saber si lo volvería a ver.

Más miedo que nunca.

Y en ese momento, comprendió que antes no había conocido el miedo, sino el temor. El miedo era otra cosa, era cruel, era algo que se metía por todos los poros de su cuerpo y la dejaba sin aire. Era lo que hacía que su corazón latiera a toda velocidad, y que se parara en seco al saber a sus amigos en peligro. Era algo que no sentía por ella, sino por los demás. Era terror.

Sintió que alguien tiraba de ella. ¿Es que acaso era posible? ¿No acababa de terminar todo? ¿No se estaba quemando en su propio infierno personal, alejada del ruido y del sufrimiento de una batalla que parecía no tener fin? Vio una cabellera pelirroja al final del túnel, y el corazón le dio un vuelco antes de comprender que no era Fred, sino Ron. Lo abrazó con fuerza, deseando que Harry estuviera bien, pero antes de poder preguntarle nada, lo vio.

Sonreía. ¿Cómo no? Estaba allí, sonriendo, y el cuerpo de Percy llorando sobre él no era nada, no existía. Es más, el colegio no existía, los brazos de Ron alrededor de ella no existían, los escombros de la reciente explosión no existían. Lo único que existía para ella era el hecho de que su gran amor había dejado de existir. Había sonreído hasta la muerte, ¿no era esa su meta en la vida? ¿Reír y hacer reír hasta la eternidad?

Hermione no podía moverse, no podía respirar, no podía sentir el latido de su corazón, porque la única cosa que estaba en su mente era lo imposible de que Fred Weasley hubiera muerto. Había roto su promesa, se había ido, la había dejado sola, y ya no había vuelta atrás. ¡Tonto Fred Weasley! No tendría que haber prometido algo que no podría cumplir luego. Porque ya no estaría junto a ella el resto de la eternidad, ya no podrían volver a besarse a hurtadillas en los pasillos de La Madriguera, en los pasillos del colegio, y tampoco podrían finalmente confesarle al mundo su amor, no podrían volver a estar juntos nunca más.

Sintió a Harry tomar el lugar de Ron alrededor de sus brazos, pero no se movió, no hizo nada. Sabía que las lágrimas rodaban por sus mejillas sin descanso, que el dolor de su alma era más insoportable que nunca, pero debía ser fuerte, no podía derrumbarse así nada más. Tenía que luchar hasta el final, tenía que vengarse.

Sin saber cómo, se encontró en la Casa de los Gritos, pero el tiempo no parecía pasar con coherencia. Sabía que había hablado, sabía que había dejado de llorar, sabía que seguía en pie y que estaba ayudando a sus amigos, pero parecía que el pasar del tiempo, y todo a su alrededor se habían desvanecido, y que su cuerpo hacía todo el trabajo por ella, sin dejarla siquiera pensar en el presente. Vio a Voldemort matar a Snape, pero no sintió nada más que asco, asco por los asesinos, y ganas de venganza. Esos sentimientos fueron los únicos que realmente invadieron su cuerpo mientras su alma se encontraba en esa especie de limbo extraterrenal en el cual lloraba y sufría por la muerte de su amado.

Se mantuvo así hasta llegar al colegio, y apenas notó que los brazos de Ron nuevamente la apresaban mientras Harry los dejaba adelantarse. Todo en su mente giraba en torno a Fred y sus promesas rotas, en su cuerpo sin vida, y en el miedo que sabía que jamás volvería a sentir.

Todo había acabado con él.