El encuentro según Draco

—Muévete, Granger —espeto al verlos acercarse en dirección opuesta por el pasillo —. No hay espacio suficiente para la gente normal y esa cosa en tu cabeza que llamas cabello.

—No hace falta, Ronald —se apresura a frenar al pelirrojo que ya se adelantaba a rebatir mi comentario —. Malfoy —eleva la voz girándose hacia mí, pero sin quitar la mano que había puesto sobre el hombro de su amigo —, tus insultos se están volviendo algo reiterativos últimamente, ¿no crees que ya va siendo hora de que renueves el repertorio?

Weasley y Potter ríen como idiotas ante el comentario de la castaña, que me dirige una mirada propia de una Slytherin. Pero esto no se va a quedar así, no señor.

—Oh, que dulce, Granger, me alegra saber que prestas tanta atención a lo que digo que hasta llegas al extremo de memorizarlo —objetivo cumplido, Weasley me mira con la furia reflejada en sus ojos azules; sus orejas se tiñen de rosa y aprieta tanto los puños que pierden el poco color que ya de por sí tienen. En serio, es divertidísimo hacer enojar a este chico —. Pero, lo lamento —agrego al ver que la chica despega los labios —, las sangre sucia no son mi tipo.

Esta vez Granger no es capaz de controlar a Weasley, quien se abalanza sobre mí acorralándome entre la fría pared y su cálido cuerpo. ¿Cuándo creció tanto la comadreja? Sé que no es el momento para perderme en mis pensamientos, pero es lo primero que viene a mi mente.

— ¡Ron, no!

— ¡Déjame, Hermione! —la hace a un lado de un empujón —¡Voy a matarlo! —vocifera tan cerca de mí que su aliento choca contra mi cara, obligándome a cerrar los ojos momentáneamente. Pero el golpe no llega, en su lugar siento el peso de su cuerpo caer sobre el mío y me resbalo por la pared hasta quedar sentado en el piso junto al inconsciente pelirrojo.

—Debería aprender a controlar mejor su temperamento, señor Weasley —dice de repente una voz calmada que todos reconocemos.

— ¡Profesor Dumbledore! —es Potter quien rompe el silencio —Usted verá, Malfoy…

—Lo mismo va para usted, señor Malfoy —lo interrumpe el anciano posando su mirada escrutadora sobre mí —la violencia verbal es tan mala como la física —con un movimiento de su varita hace que Weasley recobre el conocimiento y nos informa a ambos: —Castigados. Los espero en mi despacho al terminar las clases de la tarde —y sin más continúa su camino tarareando despreocupado.

Me levanto de un salto y sacudo el polvo de mi túnica.

—Muchas gracias, Weasley —llamo su atención utilizando mi tono más despreciativo —. Espero que estés satisfecho, tu estupidez nos ganó un castigo.

—Tú fuiste el que empezó, Malfoy —me recalca la sangre sucia, saliendo a la defensa de su querido amigo mientras le ofrece una mano para que se levante.

—Déjalo, Hermione —interviene Potter lanzándome una mirada de odio —. No vale la pena.

Apenas escucho el comentario de Potter como un susurro; estoy demasiado concentrado en la escena que trascurre entre el pelirrojo y la castaña. Me dan asco, ella murmura un "gracias Ron, pero no hace falta que me defiendas", él asiente en silencio, aparta la mirada y sus orejas vuelven a teñirse. En serio me dan asco. ¿Acaso soy el único que piensa que es totalmente obvio que esos dos se gustan? La sola idea hace que mi estómago se revuelva y decido que es hora de salir de allí.

—Comadreja —carraspeo fuertemente —, siento interrumpir tu patético momento romántico —sus orejas se ponen más coloradas si es que acaso era posible e incluso Granger se sonroja —, pero más te vale no llegar tarde a nuestro castigo.

Ya no resisto las nauseas, me voy antes de que puedan contestarme; cinco minutos después mi reflejo en el espejo del baño me pregunta con una media sonrisa:

— ¿Contento, Draco? Al fin lograste captar su atención.

—Oh, cállate —contesto enojado contemplando el tono rosa de mis mejillas, que tanto contrasta con mi pálida piel.